18 de noviembre de 2012

Socrates Quintana

Más de un cuarto de siglo (28 años) sin Sócrates Quintana.

 
RETRATO DEL MIERENSE SÓCRATES QUINTANA (1892-1984) REALIZADO POR EL MIERENSE ALBERTO VÁZQUEZ.
SÓCRATES QUINTANA ,NACIDO EN MIERES,HIZO SU CARRERA EN MADRID.
ADEMÁS DE PINTOR Y XILÓGRAFO FUÉ UN DEPORTISTA DE ÉLITE (FÚTBOL,NATACIÓN ,ATLETISMO,ETC.) Y FUNCIONARIO DE HACIENDA

El artista mierense, considerado el último gran maestro del impresionismo español, fue un deportista polifacético y pionero del alpinismo.

Vigésimo octavo aniversario de la muerte del artista mierense Sócrates Quintana.
Fallecido en 1984 se cumplió en febrero de este año (2012) 3 años más de un cuarto de siglo del adiós dado a uno de los más grandes nombres que Asturias ha dado al arte y su vida y obra apenas se han divulgado en fecha tan señalada. Veinticinco años pasados desde su muerte han sido tiempo suficiente para conmemoraciones, recuerdos o exposiciones que no han llegado. A buen seguro que, de haber nacido en Francia, Inglaterra o en los Estados Unidos o de haber sido, tal vez, autor literario que plasmara en verso y prosa los avatares de su vida, Sócrates Quintana -un lord Byron, Hemingway, Burton, Blaise Cendrars o London asturiano- gozaría de amplia bibliografía y referencias continuas. Por encima de todo, artista y maestro de artistas; pionero del alpinismo y del senderismo en una España de singular bohemia; gimnasta, aficionado al ciclismo, tirador de esgrima, campeón de atletismo, futbolista de cierto reconocimiento e incluso árbitro profesional y todo esto aderezado por su labor de funcionario de Hacienda en la Casa de la Moneda. Sócrates Quintana había nacido en Mieres un 18 de diciembre de 1891.
Las reseñas bibliográficas más precisas señalan de este universal artista mierense que fue hijo de la joven Aurora (17 años) y de Samuel (25 años) amante de la filosofía griega y que bautizó como Diógenes a otro de sus hijos.
Residente desde los 9 o 10 años en Madrid, inició en la capital sus estudios en la Escuela de Artes y Oficios además de estudiar Dibujo en el Círculo de Bellas Artes con Francisco Alcántara. Allí, compitiendo frente a nombres señalados como Bartolozzi, Ribas y Penagos, obtiene Quintana su primer gran éxito al lograr el segundo premio en el Concurso de carteles para los Carnavales de 1916. Continúa con su labor de aprendizaje y docencia y en 1921 la Junta para la Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas le concede una beca para estudiar la aplicación del dibujo artístico a la industria del grabado para papelería de libros y cartelería. En Londres estudia Xilografía y prosigue aprendizaje por Italia, Francia y Alemania para ingresar poco después como administrativo en la Casa de la Moneda tras su matrimonio con María Rosa Castilla Polo. Su labor de grabador se centra casi en exclusiva en el arte de la Xilografía, con la que ganaría su mayor fama pero sin olvidar el dibujo, el óleo y la acuarela.
Con sus xilografías lograría los más importantes premios españoles de grafismo y sus obras ilustran prestigiosos trabajos editoriales. Premio Nacional de Dibujo y presidente durante varios años de la Asociación de Acuarelistas Españoles. Como pintor se catapulta desde el Salón de Otoño de 1922 y años sucesivos pero su primera exposición individual de pintura no llega hasta 1948 en la sala madrileña de la Revista de Occidente. Desde esa época entabla gran amistad con Ortega y Gasset y prosigue tanto en la capital de España como en Asturias con numerosas exposiciones.

 RETRATO DE JUANIN DE MIERES POR SÓCRATES QUINTANA,EN EL AYUNTAMIENTO DE MIERES

De su técnica artística destaca la crítica especializada «la rotundidad del trazo, la exactitud y justeza expresiva del dibujo, los amplios ritmos de matiz modernista y su inclinación hacia soluciones de saber popular, tomadas, sin duda, de los viejos maestros de la ilustración religiosa, por lo que algunos de sus grabados muestran evidente talante neorromántico». La crítica continúa indicando que la obra de Sócrates Quintana camina pareja a la ortodoxia impresionista de Darío Regoyos o Beruete en la técnica pero con modos propios. Esto mismo lo reseñaba el propio Quintana al indicar que en sus viajes por el extranjero no dejó de empaparse del tecnicismo de maestros consagrados pero que «muchas de las cosas que ellos hacían en su pintura yo -indica el artista- ya las realizaba desde joven en España como propias antes de salir al extranjero». Esta originalidad y singularidad del arte de Sócrates Quintana le convierten -se señala- en el último gran maestro del impresionismo español.
Grabados y carteles de Sócrates Quintana han vivido también exposiciones colectivas compartidas con grandes artistas nacionales y europeos de la especialidad. Bastantes de sus obras fueron donadas al Ayuntamiento de Mieres hace más de tres décadas y estuvieron necesitadas de restauración tras ilógico olvido. Pinturas suyas donde se combinan la esencia de lo rural y lo minero cuelgan de las paredes del Consistorio mierense y de Juanín de Mieres quizá haya sido este convecino suyo, Sócrates Quintana, quien mejor supo plasmar el gesto vocal y racial del «almirante de la canción asturiana». Veinticinco años de ausencia y la llegada del Museo de la tonada a la villa del Caudal son un buen momento para recordar merecida y conjuntamente a estos dos genios asturianos a través de un cartel realizado en 1957.
El anecdotario que envuelve la vida plena de Sócrates Quintana -Arte aparte pero no menos artística y enriquecedora- se abre con «la poza de Sócrates» del -ahora- modesto arroyo de las Guarramillas, en el Guadarrama, junto al refugio del Pingarrón. Cuenta este anecdotario -uno más de la vertiente deportiva de Sócrates Quintana- que un excursionista alemán que paseaba por aquel paraje de la sierra del Guadarrama le comentó a otro que allí se hallaba que «en verdad esta poza y arroyuelo eran dignos de llevar el nombre del filósofo griego pues eran apropiados para la meditación y el sosiego». El otro excursionista quiso responderle que del filósofo griego siempre había dicho su esposa Xantipa que nunca se lavaba y que no habría podido bautizar poza alguna. Le respondió entonces que, en efecto, la poza llevaba el nombre de Sócrates pero en honor a un artista asturiano, de Mieres, que para más señas era su cuñado, el artista Sócrates Quintana.
Delegado del albergue y refugio del Pingarrón, componente de la recordada Centuria de Montañeros (Rabadá, Navarro, Félix Méndez), Quintana llegaba como pionero del alpinismo con sus colegas hasta donde entonces sólo se adentraba el Ejército para cartografiar y reconocer. Sócrates acondicionó en la posguerra un muro en ese arroyo para que se bañaran los socios del albergue en aquel entonces. Fundador del Club Alpino Español desde 1914, también fue responsable del refugio al que se llegaba por el camino de Cabezas de Hierro y Valdemartín. Deportista autodidacta y versátil, el público asistente a las «Olimpiadas Madrileñas» que se celebraban el mismo año de inicio de la I Guerra Mundial vieron con asombro cómo se encumbraba un joven atleta hiperactivo «y culto». Sócrates Quintana batía todos los récords de deportes al aire libre que iban entrando a España desde el resto de esa Europa envuelta en guerra. Campeón nacional de salto con pértiga, de lanzamiento de disco, gimnasta multidisciplinar de decatlón o campeón de 800 metros además de ciclista y esgrimista. Sus logros atléticos -señalaba el mismo Sócrates Quintana años antes de su muerte- no eran debidos al férreo entrenamiento. Se inspiraba para el salto con pértiga, al que se aficionó, «tras ver saltar a los tradicionales guirrios con la garrocha». Esto es apego a una tierra que no es que haya hecho mucho por «rescatar» su nombre de los muchos errores de procedencia y ubicación donde se encasillaba a Sócrates Quintana cuando se hablaba de deporte, y a veces de Arte.
Compitiendo por las federaciones castellana (Gimnástica de Onón) se le cita como atleta castellano o, absurdamente y sin lógica posible, como pionero vasco de la pértiga y el atletismo junto a Reice, Barrena o Elósegui.
Y en el mundo del fútbol, un atleta tan completo y hombre culto como lo era Sócrates Quintana, ¿qué precio tendría en el mercado de fichajes actual donde los únicos grabados que se ven son los tatuajes exagerados que lucen algunas estrellas? Hasta aquí también llega el equívoco con Sócrates Quintana y quizás esto demuestre la necesidad de, a veinticinco años vista de su adiós, un merecido homenaje. ¿Jugaba el Atlético de Madrid -Atlético Aviación- con doce jugadores cuando lo hacía este mierense? Las alineaciones de la época lo atestiguan. Delantera madrileña de entonces (1918): Madariaga, Fajardo, Patarrieta, Yáñez, Sócrates y... Quintana.
Con aquel inicial Atlético de Madrid llegó a ser este artista mierense campeón de España frente al Español de Barcelona. Lo ubica mejor la detallada memoria futbolística del estudioso Bernardo Salazar donde refleja por varias temporadas a Quintana en el segundo equipo de la capital con catorce partidos disputados en lo que entonces era la Liga regional. Por si esto fuera poco, el mundo del fútbol le tentó hasta el punto de llegar a ser árbitro y pitar varios partidos del mismísimo Real Madrid. Con el cuero del balón Sócrates Quintana grababa arabescos en el aire y venció, definitivamente, el pincel. ¿Existe personaje asturiano tan ilustre y singular necesitado de merecido recuerdo? ¿Tendrá que pasar otro cuarto de siglo?

FUENTE:  AURELIO ARGEL.
::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

 La poza de Sócrates    http://www.lne.es





Seguro que saben bien quién fue Sócrates Quintana, también conocerán su faceta artística y a lo mejor hasta recuerdan que en Mieres se conserva gran parte de su obra, repartida en colecciones particulares y, sobre todo, en un lote de 23 grabados y varios óleos y acuarelas que él mismo donó al Ayuntamiento en 1972 y que -por esas cosas que pasan y a las que ya estamos habituados desde siempre- después del momento de euforia inicial y agradecimiento se arrinconaron en un oscuro y húmedo almacén municipal, de manera que cuando se quisieron exponer, dos décadas más tarde, con motivo del centenario del nacimiento del pintor, hubo que restaurarlas.

Por cierto, quien se encargó de aquella labor fue Inocencio Urbina, digno heredero del título de «pintor de Mieres» por el que Sócrates fue conocido popularmente hasta su muerte.

Pues bien, nuestro hombre vino al mundo en la villa del Caudal el 18 de diciembre de 1891, cuando su madre Aurora sólo contaba 17 años, ocho menos que Samuel, su padre, un hombre que tenía querencia por los filósofos griegos y no dudó en bautizar a otro de sus hijos, también nacido en Mieres, con el nombre de Diógenes, aquel que elevó el cinismo a la categoría de escuela de pensamiento. Desde su infancia vivió en Madrid, allí estudió en la Escuela de Artes y Oficios y en el Círculo de Bellas Artes y a lo largo de su existencia obtuvo un sinnúmero de premios y galardones relacionados con esta actividad. Pero hoy, aunque no lo parezca por las líneas que llevan leídas, no voy a contarles nada más sobre la habilidad y el gusto para la composición pictórica que tenía Sócrates.

Eso pueden leerlo en cualquier enciclopedia y supongo que verlo de cerca cuando se inaugure el Museo de la Tonada, porque allí no puede faltar el fantástico cartel encargado para el homenaje a Juanín de Mieres en mayo de 1957, que se trabajó en tonos rojos y negros a partir de un boceto realizado en directo sobre una actuación del «Almirante de la canción asturiana». Quienes vieron cantar a Juanín en aquellos años y comparan su recuerdo con la pose del cartel, afirman que es imposible expresar más cosas con un dibujo tan sencillo.

En fin, a lo que iba. Vamos a cambiar de escenario y dejar por un momento nuestra montaña central para ir hasta la Sierra madrileña, concretamente a un kilómetro al sur del puerto de Cotos, junto al refugio del Pingarón, donde el arroyo de las Guarramillas forma con una pequeña cascada una pequeña poza que los montañeros conocen como la Poza de Sócrates. Lo lógico es pensar que el lugar se llama así en honor del sabio griego y, de hecho, si ustedes preguntan a los visitantes que se acercan hasta el paradisiaco enclave, todos le contestarán que no hay nada más que ver la soledad del sitio, con el rumor constante de las aguas que caen desde las rocas y el gran tejo que ofrece su sombra para el descanso tras la caminata, para explicar la vinculación con el filósofo. Y, sin embargo, no es así.

En realidad, la Poza recuerda con su nombre a nuestro Sócrates Quintana, quien fue fundador del Club Alpino Español y uno de los pioneros del deporte de montaña en este país. Él descubrió muchas de las sendas de las que todavía disfrutan los aficionados y tuvo bajo su cargo el albergue que aquella sociedad abrió en el mencionado puerto de Cotos.

En su intento por mejorar las instalaciones -les estoy hablando del año 1914- tuvo la idea de reformar el remanso que formaba la Naturaleza aumentando su capacidad con un oportuno murete de piedra formando así una pequeña piscina para el solaz de los montañeros. Pueden suponer también que, años más tarde, cuando se empezó a mirar por las cosas de la ecología con una visión más moderna, la pequeña obra fue retirada y las aguas volvieron a su cauce natural. Pero, con todo, el Club Alpino nunca olvidó las buenas intenciones de su pionero y en 1983 sus miembros colocaron allí una placa en honor del mierense. También es normal que se imaginen, y estarán en lo cierto, que dado lo solitario del lugar, la placa pasó pronto a mejor vida para divertir a esos gamberros que nunca faltan a la cita con su propia tontería.

En efecto, Sócrates destacó en las primeras décadas del siglo XX como montañero en todas sus variantes, desde la caminata al alpinismo, pero no fue esta su única actividad deportiva. Sorpréndase al saber que en abril de aquel mismo 1914, cuando se celebraron en la capital los llamados «Juegos Olímpicos Madrileños», el dinámico artista batió todos los récords absolutos al aire libre en las diferentes modalidades de vallas, y no sólo eso: interesado en los nuevos deportes que estaban asomando por las fronteras europeas, fue también buen gimnasta y campeón de lanzamiento de disco, salto de altura y pértiga. Ahora esto sería imposible, pero eran otros tiempos y otras gentes capaces de todo, hasta de seguir su lista de éxitos con triunfos en el ciclismo y la esgrima?

No me resisto a contar en este punto lo que Sócrates Quintana respondía en una entrevista para «Comarca» en el mes de julio de 1967 cuando él ya tenía 76 años y sorprendía a sus amistades de infancia conduciendo de una tirada desde Madrid hasta aquí su propio Seat 600, algo que en aquella época ya era reseñable por sí mismo. Pues bien, se le preguntaba por sus métodos de entrenamiento en la juventud y su respuesta era ésta: «Nunca tuve entrenador ni cosa parecida. Por ejemplo, en salto de pértiga, me inspiré y aficioné nuestros guirrios, de verlos aquí en Mieres saltar con la garrocha», ¿Lo quieren más auténtico?

Y aún no he terminado, vamos ahora al fútbol: Sócrates, viviendo en la villa del oso y el madroño, adonde lo llevaron al cumplir los 9 años, nunca perdió la vinculación con la cuenca del Caudal e incluso la aumentó al final de su vida. Aquí pasó los veranos de niñez y adolescencia y su inquietud deportiva lo movió a integrarse en una de las primeras escuadras de la Gimnástica de Oñón, a pesar de que él era del barrio de La Villa; en aquellos encuentros de patatal se descubrió su valía y al volver a casa pasó nada menos que al Atlético de Madrid.

Con ellos estuvo varias temporadas y jugó la final del Campeonato de España en 1914 contra el Español. Luego, cuando los grandes clubes empezaron a hacerse profesionales, tuvo que elegir entre el pincel y el balón, y se quedó con lo primero, aunque siguió ligado a los estadios como árbitro, llegando a pitar en 1920 varios partidos del Real Madrid.

Al año siguiente, una beca de la Junta de Ampliación y Estudios e Investigaciones Científicas del Ministerio de Instrucción Pública lo llevó a perfeccionarse en el dibujo artístico aplicado a las industrias del libro y el cartel en diferentes instituciones de Inglaterra, Alemania, Francia y otros países europeos, obteniendo varios premios a su regreso. Con ello su vocación ya no tuvo marcha atrás, aunque el arte tampoco dio nunca lo suficiente para mantener la economía familiar y tras su matrimonio con María Rosa Castilla Polo tuvo que trabajar para el Ministerio de Hacienda, como administrativo en la Casa de la Moneda.

Lo curioso es que en las historias que se vienen publicando sobre el atletismo español Sócrates Quintana, como es lógico, no deja de aparecer, pero nunca en su condición de asturiano. Cuando compitió en Madrid lo hizo dentro de la Federación Castellana y así se le considera generalmente madrileño, aunque los expertos en pértiga no dudan en incluirlo -no sé con qué criterio- entre los pioneros vascos como José Luis Elósegui, Julio Barrena y Juan B. Reice, aunque la palma del disparate se la lleva el propio Atlético de Madrid, que en algunas de sus publicaciones, al citarlo en la plantilla del club, lo hacen separando nombre y apellido y convirtiendo así al mierense en dos personas. Vean, por ejemplo, la alineación oficial del año 1918: Carcer, Goyarrola, Nevada, Garrido, Sáez, Iturbe, Sócrates, Quintana, Patarrieta, Fajardo, Yáñez, Arzadún y Madariaga.

Aunque no me extraña que considerando todos los campos que tocó en su existencia haya quien piense que es imposible que un solo hombre haya podido ser colaborador y amigo de José Ortega y Gasset en su «Revista de Occidente», presidente de la Unión de Dibujantes Españoles, pintor, grabador, cartelista, ciclista, futbolista montañero y atleta de éxito, además de funcionario, y cien cosas más. Por haber vivido plenamente y ser siempre amigo de tus amigos, aquí va hoy un pequeño homenaje a tu memoria, Sócrates.

FUENTE: ERNESTO BURGOS

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada