17 de noviembre de 2012

Historias de Fugaos

Héroes obligados. 

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Foto: GUERRILLEROS LEGENDARIOS:
Aurelio Caxigal y Manolo 'El Rubio' (se desconoce el nombre del guerrillero central)

El fallecimiento en París, el 28 de agosto de 2004, de Manuel Zapico, 'El Asturiano', guerrillero de las partidas que configuraron la Federación de León y Galicia (compuesta por socialistas, comunistas y anarquistas), hasta su disolución en 1948, ha  generado un período histórico que todavía ha sido insuficientemente estudiado, aunque la investigación de autores como Nicanor Rozada, Secundino Serrano, Alberto Bru o Jairo Fernández, entre otros, ha permitido arrojar luz en torno a esa oscura etapa.

Una nota del Gobierno Militar de Asturias, emitida el 28 de enero de 1948, a propósito de la muerte en la playa de La Franca y en Infiesto de guerrilleros tan legendarios como los hermanos Castiello, Constantino González Zapico ('Bóger') o Manuel Díez González ('Caxigal'), los presenta como «bandoleros».

Bandoleros o guerrilleros.

Tal vez huelgue la pregunta. Los numerosos testimonios recogidos de aquellos que se decidieron a fugarse al monte son coincidentes en su mayoría respecto de las razones que les empujaron a esa actuación. Tras tomar Asturias en octubre de 1937 las tropas sublevadas contra la II República, mientras los aviones lanzaban octavillas en las que se prometía respetar la vida de quienes no hubieran incurrido en delitos de sangre, la represión se desataba con una crudeza inaudita. En Gijón, primera ciudad que pasó a manos de los insurgentes, según relato de Enrique Llera Iglesias, se contaban por miles los republicanos de todo signo que fueron hacinados en la plaza de toros de El Bibio. Los fusilamientos se prodigaban en La Providencia y en el cementerio de Ceares. El miedo fue, junto a los principios ideológicos, uno de los motores principales de los fugados.

Ejemplo concreto es el de los mencionados Castiello, obligados a huir después de sufrir asedio en su casa de Peón (Villaviciosa) por los falangistas locales. O el de Josepón, el del Corralón, 'Pastrana' (La Nueva, Langreo), mencionado por Nicanor Rozada, quien sufrió por dos veces el incendio de su casa antes de emprender la actividad guerrillera. Los casos se repiten por toda la geografía asturiana. Y algunos analistas sostienen que de haberse producido una cierta generosidad de las fuerzas victoriosas, el enjambre de la resistencia habría tenido una menor magnitud.

Hay historiadores que dan cifras de 9.000 hombres en la montaña asturiana por las fechas inmediatamente posteriores al 21 de octubre de 1937, los cuales, sin embargo, se verían reducidos a un millar en mayo de 1938, habiéndose entregado el resto o siendo detenidos o asesinados.

El encuadre de los que permanecen en la lucha lo configura Alberto Bru en 16 partidas, que a su vez tendrían ramificaciones en subgrupos. Un 'reino de taifas', se ha dicho, que en ocasiones gozó de buen entendimiento entre los diferentes miembros y en otras, mantuvo discrepancias tácticas, estratégicas o ideológicas. Uno de los factores de estas discrepancias se observa en los criterios que mantenía José Mata, favorable a conceder prioridad a los postulados políticos, frente a Arístides Llaneza, partidario de la confrontación armada como primer argumento. Hablamos de dos sobresalientes representantes de un mismo ideario, el socialista. Así es que el Comité de Milicias Antifascistas de Asturias, que congregaba a socialistas y comunistas, fundado en 1943, tuvo una corta vida.

Sin duda, los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, que fueron derivando hacia el triunfo de las democracias, debió abrir nuevas expectativas en el seno del maquis. Cabía albergar la esperanza de que vencidos el nazismo y el fascismo, su homologación franquista española, también sucumbiera. Pero el juego de la política internacional dejó al margen a los demócratas españoles.

La guerrilla lo notaría en los años siguientes de modo efectivo. La Ley de Bandidaje de 1947 otorgaría poderes poco menos que absolutos a la Guardia Civil para la persecución de los resistentes. En 1946 y 1947, se producen grandes caídas, como la de Casto García Roza, torturado y muerto en la comisaría de Gijón. O la redada en el pico Polio (entre Langreo y Mieres), donde 50 guardias civiles abaten a cinco guerrilleros encabezados por Olegario Llaneza Rozada, uno de los hermanos apodados 'Gitanos', a quienes Alberto Bru atribuye excesos.

En efecto, al lado de personajes como los Pumarones -primer grupo guerrillero en el Nalón-, que acabaron delatados por una demasía de fe en el género humano, hubo excepciones que acaso cruzaron la raya entre la legítima defensa y las acciones indiscriminadas.
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Manuel Alonso González, ‘Manolín el de Llorío’, el último guerrillero vivo de Asturias, fallecia el viernes 16 de septiembre de 2011, a los 93 años, en la localidad de Laviana.  
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Manolín el de Llorío, a la izquierda. © Archivo Constantino Suárez del Museo del Pueblo de Asturias.
Pero hay mucho más. Porque  Manuel Alonso González, más conocido como Manolín el de Llorío, ―Manolín, lección de vida y ausencia, titulaba  este fin de semana uno de los muchos comentarios que han aparecido en los medios asturianos glosando la figura del último de sus resistentes―  tenía 18 años cuando, en julio de 1936, la noticia del estallido de la guerra civil le sorprendió mientras pescaba truchas en el río Nalón. Se alistó de inmediato y sólo pudo regresar a su casa tres décadas más tarde, tras pasar diez años combatiendo ―primero como miliciano y después como guerrillero antifranquista― y otros veinte en prisión. «La vida de maquis es pésima; no se la deseo ni a mi peor enemigo. A pesar de todo lo que pasé, no me arrepiento de nada porque sin lucha no caminamos», acostumbraba decir  “el último fugáu” de las Cuencas.
Sus cenizas han quedado depositadas en una de las muchas cuevas que le cobijaron durante los años que vivió huido en el monte. En bable, la “curuxa” es la lechuza; Manolín era un experto en reproducir el canto de la lechuza que en sus  ocho años de monte y clandestinidad le sirvió para contactar con otros maquis, y con las buenas gentes de la zona que les proveían de lo indispensable para sobrevivir.

«La historia de Manolín es la historia de la lucha por las libertades en este país y la defensa de la democracia frente al levantamiento fascista».
Cercano al Partido Comunista desde la juventud, fueron muchas las ocasiones en que escapó a una muerte “cantada”. Tenía 46 años cuando, después de veinte de cárcel, volvió a su Lorío natal y fue concejal por el PC en Laviana. ’El presu’, como le conocían en el pueblo, vivía en una casa modesta conviviendo con unos vecinos que no siempre fueron amigos pero que hoy le recuerdan con cariño, y asienten a las palabras de Angel González,  coordinador de IU en Asturias, en la despedida: «Manolín es un símbolo para la izquierda revolucionaria asturiana. Hoy lo hemos perdido pero se mantendrá su memoria porque la historia de Manolín es la historia de la lucha por las libertades en este país y la defensa de la democracia frente al levantamiento fascista».
En el pasado abril, y justo cuando se cumplían ochenta años de la proclamación de la Segunda República (14 de abril 1931), «el Cine Felgueroso de Sama se tiñó de rojo, amarillo y morado», se lee en una información  publicada en el diario La Nueva España,  “para homenajear a quienes dedicaron su vida a trabajar por la libertad y la democracia en la persona de Manuel Alonso González…con la presentación de  Extratexia y Sangre, dos cortometrajes del realizador Ramón Lluis Bande sobre la figura del guerrillero”, presente en la sala. El acto formaba parte de los Encuentros sobre la Memoria Histórica que periódicamente organiza el colectivo local Les Filanderes, y el cineasta habló del impacto que le causó conocer al guerrillero porque «es uno de los mejores ejemplos de entereza y dignidad que he conocido… Aparte de todo lo vivido, Manolín tiene la virtud de ser un gran narrador oral porque sabe jugar con elipsis y silencios».
Este  sábado ha sido la despedida. Con su justa dosis de emotividad cuando se escuchó a Chus Pedros cantar “Los Fugaos”,  y a Jesús Iglesias y Gaspar Llamazares glosar la figura del militante: «Manolín siempre entendió la reconciliación tras la dictadura como un acto de generosidad pero nunca aceptó que ésta significara amnesia y olvido. Lo hablé con él muchas veces. Mientras haya víctimas del franquismo en las cunetas, no habrá reconciliación… En cualquier país democrático sería un héroe de la resistencia contra la dictadura y contra el franquismo, en España desgraciadamente muchos de esos héroes están todavía en las cunetas y otros no han sido reconocidos. Creo que es una de las grandes deudas de la democracia y de la ley de Memoria Histórica que todavía no han sido reparadas».



FUENTE:  Fundación Horación Fernández Inguanzo.

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