25 de enero de 2017

El enorme instinto de supervivencia del salmón en Asturias

El mes del amor del "Rey del río"
Los años dorados de la pesca del salmón en Asturias
Ver artículo del blog “Los salmones asturianos” http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es/2013/06/los-salmones-asturianos.html
Diciembre es el momento del solemne ritual de la reproducción de los salmones atlánticos, el denominado desove, que convierte los caudales asturianos en testigos de seducciones y romances
Concentración de salmones
Los primeros mantos de nieve en las cumbres presagian la recta final de un otoño que, pese a todo, se resiste a finalizar. Las puras y cristalinas aguas de los ríos cantábricos se visten de gala para recibir uno de los mayores espectáculos naturales que, año tras año, tiene lugar en tierras astures: la reproducción de los salmones atlánticos. Otra de tantas riquezas que posee esta maravillosa tierra. Después de meses de espera, después de recorrer miles de kilómetros desde el Atlántico Norte, después de superar cientos de peligros y sortear todo tipo de obstáculos, los salmones asturianos han alcanzado sus zonas de desove, generalmente ubicadas en las cabeceras de los ríos.

Cientos de salmones completan su ciclo vital en los ríos asturianos
Los supervivientes han llegado a la última etapa de su ciclo biológico, se encuentran en el mismo lugar donde nacieron años atrás. El enorme instinto de supervivencia con que está dotado esta admirable especie les hace regresar a sus raíces, a sus orígenes, al punto exacto en que vinieron al mundo. Tienen el deber y la obligación de emular a sus antecesores para perpetuar la especie. Tarea nada fácil que solo unos pocos conseguirán. Selección natural.
Después de haber permanecido un período de uno a tres años engordando en aguas oceánicas, los salmones sienten la llamada de sus ríos de origen, a los cuales regresan tras realizar un largo y aventurado viaje desde las islas Faroe y Groenlandia. Su etapa marina no está exenta de peligros. Tanto predadores naturales como focas o lubinas y, principalmente, la pesca industrial, producen un importante número de bajas. A su regreso, las rías y estuarios son las puertas de acceso al final del viaje. Los primeros en arribar, en los meses de febrero y marzo, son los denominados "vernales", generalmente los mayores del año, actualmente con una presencia meramente testimonial.
Concentración de peces a la espera del momento cumbre de la reproducción
Posteriormente llegan los "abrileños" y "mayucos", que suponen el mayor remonte en cuanto a número de ejemplares se refiere. Los pequeños salmones de verano, denominados "añales" por su breve estancia de un solo invierno en agua salada, y los rezagados de principios de otoño completan el grueso de salmones adultos, sexualmente maduros, que tendrán la difícil tarea de perpetuar la especie.
Desde que se adentran en agua dulce dejan de alimentarse, nutriéndose exclusivamente de las reservas de grasa que traen acumuladas de su período oceánico. Otro de tantos misterios que rodean estos magníficos peces. En realidad siguen siendo grandes desconocidos. Durante su estancia en agua dulce, poco a poco, van ascendiendo río arriba, parando a descansar en los distintos pozos y corrientes que se encuentran en su trayecto. Esta etapa fluvial tampoco está libre de peligros. Los rigores del cambio climático hacen que los períodos estivales sean cada vez más secos y prolongados. Los ríos cantábricos se resienten ante la escasas precipitaciones de verano, y los exiguos caudales son el denominador común durante los meses de estío. Los peces tienen que sobrevivir en unas aguas poco oxigenadas y con temperaturas más elevadas de lo recomendable. En estas circunstancias el río apenas pueden esconder sus tesoros, haciendo más visibles y vulnerables a los salmones que moran en sus aguas.
Cabeza de un salmón
Una vez finalizada la temporada de pesca, en el mes de agosto, los peces han ganado un merecido descanso. Los salmones se agrupan en los pozos en espera de la llamada del agua para remontar a las zonas altas, a sus áreas de freza. Aguardan pacientemente la llegada de las lluvias para continuar con su viaje y así poder cumplir con el único fin que les ha hecho regresar. Miles de kilómetros y cientos de peligros han quedado atrás. Otros aún están por llegar.
La danza de los salmones. Por fin llegan las primeras lluvias de otoño. Los ríos acogen ese necesario aporte y ven incrementados sus caudales significativamente. Un reclamo que muestra a los salmones el camino a seguir. Recorrido lleno de obstáculos, tanto naturales como artificiales, que han de superar con las escasas fuerzas que poseen a estas alturas. Se produce así otro ceremonioso ritual en los ríos asturianos relacionado con estos prodigiosos luchadores: el remonte de obstáculos. No se me ocurre mejor forma para describirlo que rememorar el título de la fábula novelada de Mercedes Salisach, editada por primera vez en 1985, "La danza de los salmones", en la que sus protagonistas Patricio y Potámide, dos salmones, nos aportan una historia llena de enseñanza y valores, directamente relacionada con el complejo ciclo biológico de estos emblemáticos peces.
La máxima expresión de este espectáculo tiene lugar en el río Sella, en la localidad de Caño. El agua se precipita con fuerza entre rocas y peñas, modelando uno de los parajes más bonitos del cauce cangués. Para facilitar el ascenso de los salmones, se construyó una escala a modo de artesas.
Pequeño macho de salmón junto a la hembra
En ese afán por alcanzar su objetivo, los salmones nos obsequian con docenas de saltos, demostrando todo su poderío, elegancia, y esa tremenda lucha por la supervivencia que les caracteriza. Una maravilla. Algunos consiguen superar los obstáculos sin mayor problema, otros, los menos ágiles, fallan algunos de sus intentos. Imágenes que regalan al afortunado espectador que lo contempla bellas estampas que no hacen otra cosa que aumentar nuestra admiración por estos guerreros. Sentarse al pie de la presa y contemplar esta exhibición es un regalo visual.
El baile nupcial. A pesar de la llegada del inminente inverno el río sigue teniendo vida, más vida, si cabe, que en otras épocas del año. Es tiempo de amoríos y cortejos. Diciembre es sinónimo de apareamiento de salmónidos. Los salmones, junto a truchas y reos, ya se encuentran en sus zonas de desove. En unos casos será en las cabeceras de los ríos y en pequeños arroyos y afluentes de los mismos; en otros, en su curso medio y bajo. Las cristalinas aguas del Ponga, Sella, Dobra, Cares, Pigüeña, Narcea, Trubia... son marcos incomparables que nos permiten ser voyeurs durante unos días. Escenarios naturales de belleza sin igual.
Rutas de los salmones asturianos. (Senderismo en Asturias)
Se producen las primeras contiendas entre los machos, generalmente más numerosos que las hembras. Comienzan las pugnas por ganarse la compañía de sus damas. Los salmones sufrirán importantes cambios fisiológicos, sus libreas se tiñen con pinturas de guerra. Su aspecto nada tiene que ver con el de aquellos peces plateados y pletóricos que llegaron del mar meses atrás. Las hembras adquieren un color oliváceo, con pintas negras, abultando su abdomen por el aumento de los ovarios. Desarrollan, además, una papila genital muy prominente, a la altura del ano, por donde proyectarán las huevas al exterior. Los machos alcanzan una tonalidad amarilla verdosa en el vientre, con manchas rojas y amarillentas en lomo y costado. Pero su rasgo más significativo es la deformación de su maxilar inferior en forma de gancho con una gran dentadura, el cual emplean como arma de defensa en las disputas que mantendrán con ejemplares de su mismo sexo. No es raro que estas disputas finalicen con la muerte de alguno de los contendientes.
El cortejo tiene lugar en zonas poco profundas, con lecho de fina grava y aguas frías de corriente moderada, limpia y oxigenada. Serán las hembras las encargadas de escoger el lugar adecuado. Se ponen de costado y mediante enérgicas y rápidas batidas de su aleta caudal sacuden las pequeñas piedras del fondo, haciendo una cama donde posteriormente depositarán las huevas. Estas zonas, denominadas "fregones", quedarán más claras que el resto del fondo del río, siendo fácil localizarlas. Mientras, los machos siguen pugnando entre sí por adquirir una posición de privilegio. Solo los más fuertes lo conseguirán. La selección natural sigue su curso. Los ejemplares que no salgan airosos de estos combates son los denominados "satélites", que durante todo el proceso permanecerán a cierta distancia de la pareja esperando su oportunidad y cumplirán un importante y necesario papel de actores secundarios.
Una hembra prepara la cama en el lecho del río ante la atenta mirada de un macho
En los instantes previos a la puesta, la hembra permanece en posición arqueada con su aleta anal apoyada en el sustrato. El macho, cada cierto tiempo flirtea con ella, se aproxima y, mediante vibraciones de su cuerpo, trata de estimularla. Juegos de seducción que no tardarán en dar sus frutos. El momento cumbre se acerca. Ambos ejemplares ponen sus cuerpos paralelos, completamente excitados, con sus mandíbulas abiertas. La hembra despide toda la vida que durante meses ha llevado dentro, expulsa las huevas al tiempo que el macho hace lo propio con el esperma. Un manto blanco cubre el escenario durante unos breves instantes. Un baile nupcial, de apenas unos segundos, que dará comienzo a una nueva vida, a un nuevo ciclo vital. Todo aquello por lo que han luchado durante meses, se resume en este efímero momento.
Es importante que la pareja actúe en perfecta sincronía, la fecundación sólo será viable en los segundos posteriores a la puesta. Los machos "satélite", atentos en todo momento, también acuden a expulsar el esperma, reclamando su parte de protagonismo. De esta forma se evita que las huevas queden sin fertilizar ante la posible esterilidad del macho dominante. La hembra, mediante el mismo sistema con que hizo la cama, cubre la puesta para proteger las huevas de posibles peligros.
Salmón hembra, preparando la cama
Finalizado el proceso, los ejemplares descansan tratando de recuperar fuerzas. El desgaste ha sido desmesurado, y su espíritu de lucha tiene un precio muy alto. Muchos no superan esta fase, especialmente los machos, seriamente dañados después de las contiendas, y después de cumplir con su objetivo, mueren. Los cadáveres de aquellos que entregaron su vida por perpetuar la especie, reposan en las orillas y en los pozos junto a esa nueva generación que está a punto de nacer. El precio de la supervivencia. Un injusto, triste y necesario final para semejantes luchadores. Aquellos que logran sobrevivir, se dejan llevar por la corriente río abajo, son los denominados "zancados". De media han perdido la mitad de su peso desde que llegaron del mar, lo que demuestra el tremendo esfuerzo que realizan para cumplir su propósito. Si las escasas fuerzas y la fortuna les permite alcanzar las aguas salobres, emprenderán de nuevo su singladura marina, teniendo oportunidad de regresar de nuevo al río. En Asturias solo un 5% de los salmones consiguen realizar por segunda vez su ciclo biológico.
Entre las piedras del lecho del río descansan las huevas. Dependiendo de la temperatura del agua, aproximadamente dos o tres meses después de la puesta nacen los alevines. El río vuelve a llenarse de vida. Una nueva generación de salmones que deberá enfrentarse a todos los obstáculos y peligros que anteriormente superaron con éxito sus progenitores. Deberán ser tan fuertes como ellos, tan listos y astutos como ellos. Tendrán un mismo y único objetivo: dar continuidad a su especie. Permanecerán en los arroyos y ríos donde nacieron un período de uno a dos años para, después, sentir la llamada del océano, emprender su viaje marino para engordar y, posteriormente, regresar a sus ríos de origen y cerrar su fascinante ciclo biológico.
Suelta de un salmón en el río Esva (La voz de Asturias)
FUENTE: MIGUEL AGUILAR
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