30 de noviembre de 2012

Vital Aza, hijo adoptivo de Mieres el 29/11/2012

                                      Vital Aza Álvarez-Buylla

Sobre Vital Aza (padre e hijo), ya se hizo referencia en este blog el 3 de agosto de 2012.

En el pleno Municipal del Ilmo Ayto de Mieres del día 29 de noviembre de 2012 el Sr. D Vital Aza Álvarez-Buylla es nombrado "HIJO ADOPTIVO DE MIERES" a titulo postumo, por unanimidad de sus 21 concejales.
 


El próximo  día 13 de diciembre de 2012 se cumple el centenario  de la muerte de Vital Aza Álvarez Buylla. Vital Aza  se licencio en medicina en Madrid, aunque nunca ejerció y fue fundamentalmente escritor, comediografo, periodista, poeta y humorista. Su intensa actividad teatral no fue obstáculo par que Aza siguiera cultivando la poesia festiva en periódicos y revisras.
En 1882 contrae matrimonio con Dña. Maximina Díaz Sampil, natural de Gijón, aunque orúnda de Mieres, quedando a partir  de entonces muy vinculado a la villa de Mieres, donde paso la mayoria de sus veranos, tal es así que en 1907 llega a solicitar al Ayto de Mieres su empadronamiento como vecino de esta villa en el barrio de Oñón.
El 16 de junio de 1889 funda la Sociedad de Autores Españoles (SAE):
  • Sinesio Delgado
  • Ruperto Chapi
  • Miguel Ramos Carrión
  • José Francos Rodríguez
  • Tomás López Torregrosa
  • Carlos Arniches
  • Quinito Valverde
  • José López Silva
  • Eugenio Sellés
  • Eusebio Sierra
  • Vital Aza Álvarez-buylla
Aza fue el primer presidente.
Muere en Madrid el 13 de diciembre de 1912 y por su expreso deseo, su cuerpo embalsamado, es trasladado a Mieres en cuyo cementerio se encuentra enterrado desde entonces.
La vinculación de Vital Aza con Mieres fue reconocida a los pocos años de su muerte y así el día 9 de noviembre de 1919 se inaugura a las 15:30 horas, en el Salón de Plenos del Ayto de Mieres la Biblioteca Municipal, que desde aquella fecha lleva el nombre de Vital Aza, así mismo el Pleno del Ayto de Mieres el 13 de diciembre de 1983, en el punto V del orden del día, le otorga la calle que va desde los jardines del Ayto a la calle Covadonga.
Cuando de niño empecé
a darme a la poesía,
tan en serio lo tomé
que sólo en serio escribía.
Romántico exagerado,
era lo triste mi fuerte.
¡Válgame Dios! ¡Le he soltado
cada soneto A la muerte!
La fatalidad, el sino,
el hado, la parca fiera,
el arroyo cristalino
y la tórtola parlera...
Todo junto le servía
a mi necia inspiración
para hacer una elegía
que partía el corazón.
No hubo desgracia ni duelo
que en verso no describiera...
¡Sí, estaba pidiendo al cielo
que la gente se muriera!
¿Que airado el mar se tragaba
la barca de un pescador?
Pues yo en mi lira lanzaba
los lamentos del dolor.
¿Que un amigo se moría,
viejo o joven, listo o zafio?
Pues ¡zas!, al siguiente día
publicaba su epitafio.
¿Que una madre acongojada
gemía en llanto deshecha?
¿Que por una granizada
se perdía la cosecha?
Pues yo enjugaba aquel llanto
en versos de arte mayor
y maldecía en un Canto
al Granizo destructor.
Escéptico y pesimista,
¡me hacía unas reflexiones!...
Sirva de ejemplo esta lista
de varias composiciones:
Ludribio, Dios iracundo,
Profanación y adulterio,
Los desengaños del mundo,
el ciprés del cementerio.
Pues  ¿y una composición
en que imitando a otros vates
con la mejor intención
decía estos disparates?
"¡Ay! El mundo en su falsía
aumentará mi delito,
vertiendo en el alma mía
la duda de lo infinito.
Triste, errante y moribundo
sigo el ignoto sendero,
sin encontrar en el mundo
un amigo verdadero.
¡Todo es falsedad, mentira!
¡En vano busco la calma!
¡Sin las cuerdas de mi lira,
sensibles fibras del alma!
El mundo, en su loco anhelo,
me empuja hacia el hondo abismo.
¡Dudo de Dios y del cielo
y hasta dudo de mí mismo!
¡Esta existencia me hastía!
¡Nada en el mundo es verdad!..."
              ...............
¡Y todo esto lo decía
a los quince años de edad!
Francamente, yo no sé
cómo algún lector sensato
no me pegó un puntapié
por necio y por mentecato.
Por fortuna, ya no siento
aquellas melancolías,
ni doy a nadie tormento
con vanas filosofías.
Ya no me meto en honduras,
ni hablo de llantos y penas,
ni canto mis amarguras
ni las desdichas ajenas.
He cambiado de tal modo,
que soy otro diferente:
pues hoy me río de todo
Vital Aza Álvarez- Buylla, nació en Pola de Lena el 28 de abril de 1851.
Su infancia y adolescencia transcurren en medios urbanos  de la zona centro asturiana. La influencia de aquella Asturias intensamente rural y de su participación en el tendido del ferrocarril y en el nacimiento del desarrollo industrial se manifiestan en su obra "La Praviana", una de las últimas, estrenada en 1896.
Desde muy joven participa en la prensa regional con sus escritos  humorísticos, influenciado por el gran ambiente literario de la época (es coetáneo de Leopoldo Alas y de Armando Palacio Valdés). 
Siendo muy joven se traslada a Madrid para estudiar Medicina , pero nunca llegó a ejercer la carrera.
Su primera obra, "Basta de Matemáticas" lo sitúa como autor de comedia, estilo que mantiene a lo largo de su creación literaria. Con "Aprobados y suspensos" se consagra en su época, y continuó produciendo una gran cantidad de títulos (38 obras originales y 24 en colaboración con otros autores, en especial Ramos Carrión). 
Además de la comedia cultivó la poesía satírica, publicándola en "Madrid cómico" y en "Blanco y Negro".
No gozaba de muy buena salud, por lo que solía pasar los inviernos en Málaga y los veranos en Mieres. Falleció en Madrid el 13 de diciembre de 1912.

Casa natal de Vital Aza


Descripción

La casa natal de Vital Aza es una vivienda urbana con trazas populares situada en el centro de la villa de La Pola.

La construcción tiene forma de paralelepípedo y se adapta al desnivel del terreno con dirección Este-Oeste; presentando dos plantas en la fachada principal, mientras que las secundarias se distribuyen en tres. Los vanos, tanto puertas como ventanas, son enrasados y adintelados con obra de cantería.

En la vivienda se reconocen, al menos, dos fases constructivas que quedan bien diferenciadas por una línea de sillares en vertical dispuestos a soga y tizón en las paredes norte y sur; además de los empalmes del pronunciado alero del corredor en la fachada meridional y el diferente tratamiento de las paredes maestras.

Por las trazas la parte más antigua correspondería al siglo XVIII y las más recientes, que pertenecen a la ampliación, serían del siglo XIX. En los últimos diez años su actual propietario ha hecho diversas reformas, sobre todo en el interior de la vivienda, para adaptarla a sus necesidades. La construcción por su apariencia rústica y por estar integrada en una manzana formó parte de las dependencias auxiliares de la casa del Marqués de Carrizo o de Regueral, inmueble con el que linda al norte y del que aparece separado por un muro de mampostería.

Los aleros son de madera con doble fila de canecillos y triple en el corredor.

Se utiliza sillería en esquinas, vanos, imposta de separación de pisos y cornisa bajo el alero de la fachada principal. La distribución espacial de las tres plantas es como sigue:

  • Planta baja: cuadradas con pavimento de cantos rodados.
  • Planta primera: cocina, comedor, dormitorio, farmacia y laboratorio.
  • Planta segunda: salón y dormitorios.
En la fachada tiene una inscripción señalando la fecha del nacimiento del escritor y su muerte, 1851-1912.


Fuente: BOPA 156 del viernes 7 de julio de 2006
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Vital Aza, un recuerdo centenario

Lena y Mieres, junto con el Principado y la SGAE, se vuelcan en la celebración de los 100 años de la muerte del dramaturgo de la Pola







«Al despuntar la mañana, / tras una noche serena / y en fecha ya muy lejana / nací en la Pola de Lena, / hermosa villa asturiana». De esta manera rendía tributo el poeta y dramaturgo Vital Aza Álvarez- Buylla (Pola de Lena, 1852-1912) a su villa natal. Cien años después de su fallecimiento, es su municipio, al igual que Mieres, quien le quiere rendir homenaje.

Ambos concejos han elaborado una completa propuesta de actividades que pasa por la edición de una publicación antológica que incluirá manuscritos de Vital Aza, así como la celebración de diversos eventos artísticos en su honor. También se realizarán actividades didácticas para divulgar su figura en los centros educativos, iniciativa a la que también se sumará el concejo de Pravia. El interés de los concejos mineros se puso de manifiesto durante la reunión de la comisión del primer centenario de Vital Aza, que tuvo lugar en el palacio de Longoria, en Madrid, sede de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), en la que participó el regidor de Mieres, Aníbal Vázquez.

El motivo de que la SGAE también se involucre a esta celebración es que el dramaturgo fue uno de los fundadores y primer presidente de la Sociedad de Autores Españoles (SAE), embrión de la actual SGAE. Por ello, la sociedad de autores ha sido uno de los principales impulsores de la iniciativa, programando una exposición en su sede, una gala lírica a cargo de la compañía madrileña «Ópera Cómica», la grabación y edición de este concierto en DVD, y un ciclo de charlas divulgativas que, en este caso, se llevarán a cabo en colaboración con la Universidad de Oviedo. Otra entidad que también participará en las celebraciones será el Principado de Asturias. El viceconsejero de Cultura, Alejandro Calvo, abogó por «sintetizar iniciativas» y ofreció la ayuda activa de su departamento a través de la colaboración con las compañías teatrales asturianas.

La comisión del primer centenario de Vital Aza tampoco ha querido limitar la participación a los promotores. Dejaron claro que es una iniciativa abierta, principalmente a Oviedo y Gijón, por su estrecho vínculo con el escritor, pero también a otras ciudades donde residió el dramaturgo, como es el caso de Málaga.

Quizá lo más destacable de Vital Aza Álvarez-Buylla es que fuera una persona multidisciplinar. A las profesiones de dramaturgo y poeta se unen también la de matemático, delineante y médico. Sin embargo, su vocación artística destacó sobre el resto. De hecho, Vital Aza estrenó su primera obra «Basta de matemáticas» cuando todavía era estudiante. La buena acogida de la obra hizo que se centrase sobre todo en la creación teatral.

Especializado en comedia y sainete, el dramaturgo llegó a estrenar 63 obras, entre teatro y zarzuela, que en su mayoría fueron escritas con su amigo Miguel Ramos Carrión. Entre sus trabajos más exitosos se encuentran zarzuelas como «El rey que rabió», con música de Ruperto Chapi y escrita en colaboración con Ramos Carrión; y comedias como «El sombrero de copa», su mayor hito, que fue traducido en varios idiomas. Como escritor, su firma era habitual en revistas y periódicos madrileños, donde pasó gran parte de su vida. Destacada era su participación en el semanario «Madrid Cómico». En 1889 fundó la SAE junto a otros destacados creadores, presidiendo la sociedad hasta 1903. Vital Aza falleció el 13 de diciembre de 1912. Su muerte causó una conmoción en el mundo de la cultura.

FUENTE:  J. VIVAS 

                                  Caricartura de Vital Aza


 Casa Vital Aza en Mieres, en el barrio de Oñón

27 de noviembre de 2012

Pilar González Pastor, comunista de Mieres

La confesión de Pilar González


Lo relacionado con el dinero interesa a todos, principalmente cuando afecta a la economía particular y el euro de cada casa, pero también a muchos nos apetece conocer en el aspecto histórico, lo que pasó con el dinero o los billetes que un día cambiaron de sitio en medio de la violencia y las revoluciones. Sobre la aventura del oro del Banco de España tras la Guerra Civil se ha escrito un montón, en cambio de lo ocurrido tras el robo de la delegación de la misma entidad en el Oviedo de octubre de 1934 casi no se habla porque todo parece más claro, pero hoy les voy a contar aquí un caso curioso que evidencia que en este asunto también se pasó página demasiado rápido. Les explico el porqué.
A las 7 de la mañana del día 7 de octubre de 1934 la revolución de los mineros asturianos iniciaba una de sus acciones más controvertidas con el asalto al edificio del Banco de España en Oviedo en una maniobra supervisada por Ramón González Peña. La resistencia en el interior fue tan enconada que en la noche del día 9 hubo que utilizar una pieza de artillería para cañonear la fachada suroeste mientras se lanzaba una batería de bombas de mano por la posterior. Por fin, a la mañana siguiente, la guarnición compuesta por un sargento, un cabo, seis soldados y tres carabineros era anulada y se procedía sin dilación a la voladura de la cámara acorazada.
La operación estuvo lejos de ser limpia: para empezar una parte del botín se perdió para siempre en el mismo momento de la detonación con lo que las cifras que se han manejado siempre, exactas hasta la calderilla, no lo son tanto porque no tienen en cuenta los billetes deshechos por efecto de la dinamita; otro hecho llamativo fue que con las prisas, para las que no parecen existir razones, se dejaron en un armario de un pasillo nada menos que 4.013.000 pesetas.
Finalmente los responsables de la entidad fijaron la cantidad total de lo sustraído en 14.425.000 pesetas. Los historiadores aclararon posteriormente que de ellos hay que descontar 1.000.000, invalidado por tratarse de billetes viejos que llevaban la efigie del rey Alfonso XIII y que por ello se iban retirando desde la proclamación de la República en abril de 1931; posteriormente, en la segunda quincena de noviembre, se anularon otras 400.000 pesetas repartidas en 2.000 billetes de cien pesetas y 4.000 de 50 pesetas por la razón contraria, ya que eran tan nuevos que aún no habían llegado a circular y por ello tenían su numeración controlada. Luego, en los meses que siguieron a la derrota de los revolucionarios se fueron recuperando otras cantidades ocultas en diferentes escondrijos hasta sumar 4.575.607 pesetas. Tiro de calculadora y me quedan 8.449.393. Sobre lo que ocurrió con el dinero restante tenemos la propia declaración de Ramón González Peña, quien manifestó ante el tribunal que se lo había dado al comité para que lo distribuyera entre las viudas, los huérfanos y los revolucionarios que hubiesen quedado inútiles a consecuencia de la lucha. Por su parte, Andrés Saborit en sus memorias también dejó escrito que una parte de lo saqueado se quemó por el temor a las represalias policiales, aunque esta es una acción que no parece lógica ya que hubiese sido más sencillo limitarse a esconderlo o, en último caso, entregarlo sin más.
Para seguir la pista del resto podemos dar por bueno el relato que Juan José Menéndez García hizo en su biografía de Ramón González Peña publicada en 2002. Él parte de que la cantidad que quedó en manos de los revolucionarios fue de 9.449.393 pesetas (coincide con nuestro cálculo si no tenemos en cuenta los billetes anulados por lucir la figura del monarca) que se repartieron así: 100.000 se emplearon para la huida a Dieppe, en el canal de La Mancha, y a Rusia; al comité de Grado se le entregaron 30.000; a Bélgica llegaron 900.000; a Francia, otros dos envíos de 4.000.000 y 250.000 respectivamente y por último Negrín se quedó 100.000 para ayudar en los juicios y en la red de fugas. De modo que nos quedan todavía más de 3.000.000 sin localizar.
Lo que pasó más tarde con el dinero controlado también tiene su miga, aunque no sea importante para lo que hoy quiero contarles, pero se lo resumo diciéndoles que hubo un robo de 500.000 en la sede del comité en el exilio en París y un desfalco de la misma cantidad que se llevó a Argentina un miembro del SOMA desengañado tras un drama personal. Por su parte, Amador Fernández logro juntar en sus manos 5.000.000 que tuvo primero en París y más tarde en Bélgica manteniéndolo en secreto incluso a miembros destacados del propio PSOE hasta que se invirtieron en la publicación de «Avance», el órgano del partido, para comprar en 1935 una moderna rotativa y financiar luego el terreno y las obras de construcción del edificio para este periódico.
Como han podido notar, hasta ahora solo hemos hecho referencia a la parte del dinero manejado por los socialistas, pero ojeando la prensa del año 1935 he encontrado un noticia curiosa que demuestra que el PCE también tuvo en sus manos una buena cantidad. Se trata de la detención el 20 de septiembre de ese año de la joven Pilar González Pastor por una pareja de la Guardia Civil en las inmediaciones de la Cuesta de Las Perdices en la carretera de La Coruña a la salida de Madrid. Según contó la prensa en aquel momento, la joven levantó las sospechas de la Benemérita cuando la vieron paseando sola, como si esperase a alguien, a las 9 y media de la noche por aquel paraje solitario y al ser requerida manifestó que era vecina de Langreo y pertenecía a la Juventud Comunista de Asturias, célula de Mieres, de donde era natural y que se encontraba esperando un camión de los que llegaban diariamente desde Santander a Madrid transportando pescado para que la llevase hasta la capital. En el interrogatorio posterior Pilar, seguramente hastiada de la clandestinidad, no escatimó los detalles de lo que había vivido en aquellos meses: dijo que había intervenido en la revolución, primero como camillera y luego proveyendo a los revolucionarios de dinamita sacada de Duro Felguera destinada a volar los cuarteles de Sama, Mieres y Oviedo, junto a un hombre cuyo nombre desconocía y una amiga llamada María que había fallecido hacía poco tiempo y que el día 15, cuando todo estaba perdido, se refugió en los montes de Quirós donde estuvo hasta junio junto a otros seis compañeros entre los que podía recordar a una mujer llamada Josefina Hevia y tres varones llamados Ricardo, Faustino y José, este último vecino de Turón.
Como no era muy conocida ya que nunca había desempeñado cargos de responsabilidad, se encargaba de bajar a Mieres y Cabañaquinta a por provisiones, hasta que decidió marchar con Josefina a la cabaña de dos pastores llamados Avelino y Carlos quienes les dieron leche y pan; desde allí Josefina se fue a su pueblo y ella a Fayacaba a casa de una tal María, luego pasó a Mieres y a Sama a casa de otra mujer de nombre Rosalía, más tarde estuvo trabajando en el campo de Iranzo (Navarra) y por último volvió a Asturias después de haber pasado unos días en Santander. En ese punto de la confesión aclaró que en Sama había recibido un sobre con 90.000 duros en billetes de 1.000 pesetas procedentes de los fondos del asalto al Banco de España de manos del dirigente comunista Polo Barral, miembro del comité revolucionario de Sotrondio, con la misión de entregárselo en la estación del Norte de Madrid a un individuo llamado Antonio Fernández de 27 años. Así lo hizo el 11 de septiembre y aquel sujeto, una vez recogido el paquete, la recomendó que volviese a Oviedo mientras él marchaba a Francia por Barcelona. En la Dirección General de Seguridad adonde la llevó detenida la Guardia Civil proporcionó una lista de escondrijos con armas, municiones e incluso un cañón y los nombres de los responsables que los mantenían, luego fue conducida al juzgado de instrucción y tras ratificarse en presencia del fiscal ingresó en la cárcel de mujeres en espera de su traslado a Asturias.
Y hasta aquí la historia de Pilar González y su última misión para la revolución: nada menos que 450.000 pesetas y además en billetes de mil. Sorprende tanto la cantidad como la confianza que se depositó en una joven sin mucha experiencia que en principio no parece la persona más indicada para algo de tanta importancia, sin embargo no hay razón para desconfiar de una declaración tan pródiga en detalles que lo único que podía traerle eran más cargos para basar la acusación contra ella.
Lo último que nos queda por aclarar es lo que se hizo con el dinero cuando llegó a Francia, ¿Se ayudó con él a los militantes presos y heridos tras el octubre rojo o se le dio otra utilidad? Seguramente ya nunca lo sabremos.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

Nuestra identidad en la historia

Dos mil años no es nada


Parece normal que, cuando alguno de estos capítulos se acerca al siglo XX, haya quien se pueda sentir aludido, seguramente porque hay temas que a pesar del tiempo transcurrido se asemejan aún a los de hoy. Por eso es relativamente lógico que las referencias a algunos colectivos e instituciones, que inevitablemente visitan esta página, interesen a quienes los integran en la actualidad, aunque ni sus miembros ni sus acciones tengan ya ningún parecido ni la mínima responsabilidad con lo ocurrido en otras épocas más duras. Me consta que a la mayoría le gusta conocer estas cosas, pero entiendo también que haya quienes consideran que lo ocurrido hace un siglo pueda tener cierta proximidad.
Más extraño resulta observar esta misma reacción cuando escribimos sobre episodios que se vivieron hace dos mil años, pero sucede, y sepan que aquí se levantan pasiones aún más exacerbadas, dividiendo a sus partidarios en dos tendencias. Por resumir, les diré que la madre del cordero está en la importancia que pudo haber tenido la resistencia a la romanización en Asturias porque de ella se puede deducir que los asturianos tengamos actualmente más o menos identidad y seamos, o no, un país.
Un ejemplo se da en torno al ya emblemático monte Curriechos: mientras los arqueólogos que vienen trabajando en su excavación sostienen es uno de los conjuntos bélicos «más destacados de Europa por su magnitud y su expresividad» y albergó un campamento con miles de legionarios, necesarios para domeñar a los indómitos pueblos de este lado de la cordillera, otros, como el catedrático de Historia Antigua de la Universidad de Oviedo Narciso Santos Yanguas, consideran que aquí «no hay signo de violencia ni presencia del ejército haciendo frente a las comunidades indígenas. Hubo una penetración pero no de legiones, sino de destacamentos de cientos de soldados pero nunca en plan de conquista».
La disparidad de los especialistas, en principio siempre es sana y cuenta con sus respectivos apoyos, pero no olviden que en Asturias nada es inocente. Ya ven lo ocurrido con el investigador Ángel Villa -al que desde aquí mando mi humilde apoyo-, que sufre una vergonzosa persecución desde la Consejería de Cultura por haber sacado a la luz pública el desastre de la Campa Torres, donde cientos de restos arqueológicos llevaban años escondidos en un estado lamentable.
Así, aprovechando que los argumentos científicos dejan muchos flecos abiertos, hay quien aprovecha para arrimar el ascua a su sardina ideológica y mientras para los nacionalistas, nuestros ancestros eran un pueblo indómito, rebelde y capaz de unirse ante un enemigo exterior, desde la propia Consejería de Cultura y otros organismos como la Universidad Autónoma de Madrid se niega, a veces hasta el ridículo, esta posibilidad.
En fin, no sé si ustedes recuerdan el caso de las murallas localizadas por el mismo equipo del campamento de La Carisa muy cerca de allí, en el Homón de Faro, donde se mantuvo con todo lujo de detalles que se trataba de unos muros defensivos levantados por los astures, hasta que los laboratorios Beta Analityc, de Miami establecieron su datación entre el 650 y 708 de nuestra era, siete siglos después de lo que se esperaba.
En esta misma página escribí allá por el año 2007 que a partir de este hecho debían extremarse las precauciones antes de concluir nada, y sigo manteniendo lo mismo cuando leo la rápida interpretación que se ha publicado en la prensa regional sobre el reciente hallazgo de las huellas de lo que parece una antigua construcción en la zona de La Col.lá Propinde, detectadas casualmente desde el aire por una avioneta del Instituto francés Ausonios, de Burdeos, que realizaba un vuelo de reconocimiento para completar un atlas con los enclaves bélicos de la vieja Hispania.
Según se informó, dos arqueólogos se desplazaron unos días más tarde hasta el Picu L.lagüezos y se encontraron con que un incendio forestal había dejado limpio el terreno; allí hicieron las primeras indagaciones sobre el hallazgo y tras una rápida investigación posterior, dedujeron que el asentamiento guarda los restos de una estructura «con una finalidad militar, cuyas características no resultan muy distintas del tipo agger fossaque, propio de las castramentaciones romanas».
Jorge Camino, uno de los investigadores, se extendió hablando incluso de un hallazgo que tiene «unas dimensiones importantes y a primera vista piensa que pueda tratarse de se trata de una construcción de piedra, base de una empalizada, en lugar de una muralla», manejando la hipótesis de que el lugar pudo haber un frente defensivo o un lugar de paso para las legiones; e incluso se arriesgó a anticipar una datación: «en cuanto a fechas, el arqueólogo prefiere mostrarse prudente pero apunta a la época romana, probablemente entre los años 26 y 23 antes de Cristo».
Jorge Camino es un arqueólogo de reconocido prestigio, trabajador incansable y buen divulgador, al que debemos agradecer el esfuerzo que viene haciendo por dar a conocer todo lo relacionado con La Carisa, un proyecto que ha calado entre los vecinos de Lena y Aller y en el que están puestas muchas ilusiones, pero creo que la prudencia es buena para todo el mundo y más en este caso, donde hay quien está esperando cualquier error para pasar a la descalificación.
Luego supimos que el Ayuntamiento de Lena va a apoyar el nuevo yacimiento aportando tres trabajadores y financiando las imprescindibles pruebas de Carbono 14. Nos queda esperar los primeros resultados de la excavación que con el deseo de que Camino haya acertado en su observación y se pueda dar un paso más en el conocimiento de nuestro pasado.
Entre tanto, las murallas del Homón de Faro se han convertido en un ejemplo de lo que les decía más arriba y sirven para basar algunas teorías que a veces van contra el sentido común. Por ejemplo, hay quien da por hecho que, dada su similitud con la que se erigió en el Camín de la Mesa, y seguramente con otras que pueden ir apareciendo en otros pasos de la Cordillera, todas formaban parte de un mismo plan para defender este pequeño país de las invasiones exteriores, lo que implicaría la existencia de una estructura organizativa, anterior incluso a la monarquía asturiana.
La fantasía es tal, que se pasan por alto evidencias tan elementales como el hecho de que nuestra muralla tiene solo 400 metros de largo y para librarla o atacarla por la retaguardia cualquier destacamento militar solo tendría que variar su camino y buscar otro a menor altura. Cualquiera que conozca la zona sabe de lo que hablo.
Más les sorprenderá saber que últimamente está tomando fuerza la idea de que el lugar puede ser la llamada «roca de Pelayo», citada por el historiador egipcio Ahmad al-Nuwayri como el escenario de una batalla entre cristianos y musulmanes entre los años 712 y 714, es decir, 6 u 8 años antes de la Batalla de Covadonga y que hasta ahora, a falta de más datos, se identificaba con el cerro de Santa Catalina, donde se emplaza el bullicioso barrio gijonés de Cimadevilla.
Verdaderamente, con el mismo fundamento puede sostenerse la hipótesis de la roca con cualquiera de estos dos lugares, pero también con el que a ustedes se les antoje, aunque primero es preciso conocer el dato de que el señor Nuwayri vivió entre los años 1278 y 1332, en plena Reconquista, cuando todo lo relacionado con Pelayo y Covadonga ya formaba parte de la mitología cristiana y el Islam lleva varios siglos alejado de Asturias, por lo que los datos que tuvo que manejar para su obra no parecen muy fiables.
A la luz de lo que sabemos, cada historiador puede elaborar su propia teoría sobre quienes y por qué levantaron la muralla del Homón de Faro entre el año 650 y el 708, pero la cosa está difícil porque el conocimiento de esta época es muy escaso. Si la datación es acertada, aún faltaban algunos años para que los musulmanes cruzasen el Estrecho y llegasen hasta aquí, por lo que tenemos que pensar en otra posibilidad; también se ha hablado de un ejército visigodo mandado por el rey Wamba para someter una revuelta de los astures. El problema es que tampoco hay constancia de esta expedición.
Por ello resulta tan importante conocer con exactitud si el descubrimiento que ahora se nos presenta se corresponde realmente con una defensa, y si es así, establecer con seguridad su datación para saber si se trata de una obra romana, indígena o cristiana. La profesionalidad de Jorge Camino es una garantía, pero en estos casos a veces debe acompañar también la suerte. Desde aquí le deseo a él y a su equipo toda la del mundo en este nuevo reto.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

Braulio Vigón Casquero

«Vientu de caín, amor de bruxes».

D. Braulio Vigón Casquero nació en Mieres en 1849 y pasó su infancia entre la villa y Laviana, por lo que hay que incluirlo por derecho entre los hijos ilustres de la Montaña Central de Asturias.


«Vientu de caín, amor de bruxes». Que traducido al castellano viene a ser algo así como «viento del Oeste, amor de brujas». Eso reza un refrán marinero, recogido en Colunga por Braulio Vigón que hace referencia al caín, con minúscula, esa niebla espesa que a veces cubre la costa haciendo que, por ejemplo, los aviones no puedan operar en el aeropuerto de Ranón, mientras en el interior gozamos de un día espléndido.
Al parecer, solo la disipa el viento del Oeste, pero por más vueltas que le doy, no sé lo que quiere decir el aforismo, porque desde mi infancia aprendí a entender mejor el pensamiento de los mineros que el de los hombres del mar, pero aún así, hoy lo he elegido para titular está página pensando en todo lo que uno puede imaginarse cuando lo escucha.
Don Braulio recogió este y otros refranes en un trabajo sobre el folklore del mar, que fue publicado en 1889 en un revista de Palermo. Y es que fue un hombre de costa, que pasó la mayor parte de su vida trabajando y escribiendo en Colunga, por eso durante mucho tiempo se dio por hecho que había nacido allí.
Pero no. Braulio Vigón Casquero vino al mundo el 7 de noviembre de 1849 en Mieres y pasó su infancia entre esta villa y el concejo de Laviana, por lo que debemos incluirlo por derecho entre los hijos ilustres de la Montaña Central. Sabemos que aquí estudió sus primeras letras antes de marchar para Llanes y, aún adolescente, se embarcó para La Habana en un intento fallido de hacer fortuna. La razón de estas mudanzas infantiles estaba en el trabajo de su padre, Juan Vigón, miembro de una de las primeras promociones de la guardia civil que se había fundado en 1844 para proteger la seguridad pública en las zonas rurales y aún no vestía su característico uniforme verde, sino el original azul oscuro con detalles en grana.
Hablamos de unos años en los que la industrialización estaba en mantillas y Mieres, aunque era ya Ayuntamiento, todavía no existía como pueblo, puesto que sus escasos habitantes se repartían en dos pequeños núcleos -Requejo y La Villa- separados por un kilómetro de carretera real. En La Villa se estableció la primera casa-cuartel de la Benemérita, con la finalidad de proteger a las diligencias que frecuentaban aquella ruta yendo y viniendo de Asturias a León.
Don Juan se había casado un año antes con la joven Rita Casquero, a la que llevaba 12 años, una diferencia de edad que se notaba más en aquel tiempo que ahora, y con ella iba a tener otras dos hijas. La familia fue viviendo por diferentes puntos de la región, siguiendo los destinos de su padre, hasta que 1869 le llegó el retiro en Colunga. En aquel momento solo era cabo primero y en consecuencia la paga de su jubilación no daba para mucho.
Braulio Vigón, tenía entonces 20 años y hacía tiempo que había regresado del Caribe para trabajar como dependiente en un comercio de Gijón al mismo tiempo que asistía a clases nocturnas para mejorar su formación, pero para ayudar a la economía de los suyos buscó empleo en un tienda colunguesa, cercana a la casa de sus padres; aunque para mantener su independencia decidió quedarse a vivir solo en una habitación inmediata al mismo comercio. Dos años más tarde, se convertiría en propietario de aquel establecimiento, lo que le permitió contraer matrimonio con María del Rosario Suerodíaz Montoto, quién sería la madre de sus once hijos, de los que sobrevivieron nueve.
El mierense murió en Colunga en 1914, después de haber dedicado su vida a esta población, compaginando los cargos municipales con su negocio; fue elegido alcalde en 1877 y, directa o indirectamente, la villa costera debe a sus gestiones numerosas obras públicas, carreteras, escuelas e incluso la construcción de su iglesia; pero Braulio Vigón no ha pasado a la historia por esto, sino por su labor como investigador de la historia, las tradiciones y las costumbres asturianas.
Su interés por esta tierra comenzó, como ha sucedido en casos parecidos, como una afición para ocupar sus momentos libres; estudiando primero los castros y los restos romanos más próximos a su residencia de los alrededores, para pasar enseguida a interesarse por las leyendas y las formas de expresarse de sus vecinos y así hizo el camino desde el paisaje al paisanaje para llegar por fin al país. Y este país no era otro que Asturias.
Posiblemente, el momento más importante de su vida intelectual se produjo a finales de 1872 cuando se puso en contacto con Fermín Canella, entonces secretario de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Oviedo, para entregarle algunos materiales que había encontrado en sus excursiones arqueológicas.
Don Fermín, quién sería en 1906 rector de la Universidad ovetense, estaba empeñado en aquel momento en reunir a los investigadores que venían publicando trabajos dispersos sobre temas asturianos desde diferentes puntos de la región, para coordinarlos en un mismo grupo; de esta manera los conocimientos de cada uno podían ayudar a los demás y al mismo tiempo, el trato entre todos podía evitar que se repitiesen inútilmente los mismos temas mientras otros aspectos de nuestra cultura permanecían inéditos.
Con estas premisas, en 1881 los dos amigos fundaron el grupo asturianista «La Quintana» al que pertenecieron entre otros Máximo Fuertes Acebedo y Joaquín García Caveda «Xuaco les Mariñes», que murieron pronto; Rogelio Jove; el banquero y, aunque parezca contradictorio, buen investigador, Fortunato de Selgas «Fortún de Cudillero»; Bernardo Acebedo; Ciriaco Miguel Vigil, cronista de Asturias, y Julio Somoza «Xulín de Xixón». Pero la utopía duró poco y al final los intereses personales de algunos minaron la moral de los demás haciendo que todo se fuese al traste.
En aquel ambiente cultural, Braulio Vigón y Fermín Canella fueron acrecentando poco a poco su amistad. De las cartas pasaron a las visitas y acabaron compartiendo ideales políticos y anhelos morales. Ambos fueron republicanos y masones. Braulio desempeñó el cargo de secretario del Comité de la Juventud Republicana de Gijón y tuvo el cargo de maestro (Grado 3º) en la prestigiosa logia ovetense Juan González Río, tomando el nombre simbólico de Martínez Marina.
En la misma logia se sentaron también otros cinco mierenses, que les cito a continuación porque sé que estas cosas satisfacen la curiosidad de muchos lectores: Rafael García Cañete, Julio Fernández, Demetrio Fernández Nespral, Dionisio Muñiz y Eugenio Quintana Lavilla. Si no encuentran aquí a su bisabuelo y dudan sobre su pertenencia a la fraternidad, no duden en preguntarme, ya que este no fue el único taller masónico que funcionó en la Asturias del siglo XIX y en las listas de los otros aparecen once mierenses más y trece vecinos de los concejos del Nalón.
Vigón publicó «Antigüedades romanas de Colunga», «Tradiciones populares de Asturias. Juegos y rimas infantiles recogidos en los concejos de Villaviciosa, Colunga y Caravia» y «Vocabulario dialectológico del concejo de Colunga», además de numerosos artículos sobre etnología en revistas especializadas, lo que le valió el reconocimiento de los expertos internacionales de la época con los que en algún caso llegó a cartearse frecuentemente.
Cuando murió estaba en posesión de las medallas de la Orden de Isabel la Católica y de la Real Academia de la Historia y actualmente en Colunga, donde un colegio lleva su nombre, su figura está suficientemente reconocida con el nombramiento de hijo adoptivo de la localidad. Sin embargo en Mieres, de donde era hijo natural, no intenten ustedes buscar ningún recuerdo suyo, porque no lo encontrarán.

Ilustración de: Alfonso zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HITORIADOR
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Braulio Vigón Casquero.

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Braulio Vigón, hijo adoptivo de Colunga.

Braulio Vigón Casquero nació en Mieres el 7 de noviembre de 1849, hijo de Juan Vigón García y de Rita Casquero Piniella y falleció en Colunga en 1914. Vivió su infancia en la villa del Caudal, Laviana, Llanes y Colunga. También residió unos meses en La Habana y por fin volvió a Asturias donde se matriculó en el Instituto Jovellanos de Gijón.
Acabó fijando su residencia en Colunga donde se casó en 1871 con María del Rosario Suerodíaz Montoto. Allí se dedicó al comercio y fue Alcalde en 1877 destacando siempre en el impulso a las obras benéficas y la creación de centros de enseñanza en su municipio.
Republicano y maestro masón (Grado 3.º) perteneció a la logia ovetense «Juan González Río» colaborando en su juventud en los periódicos «La República Española» de Gijón y «La Opinión» de Villaviciosa. Más tarde escribió para la «Revista de Asturias», dirigida por Félix Aramburu. En 1881 estuvo entre los fundadores del grupo asturianista «La Quintana» al que se sumaron la mayor parte de los intelectuales progresistas de la región y también fue miembro de la Academia Demológica Asturiana.
Escribió numerosas obras dedicadas a la historia y el folclore de la comarca de la sidra, entre las que destacan:
  • «Antigüedades romanas de Colunga»
  • «Tradiciones populares de Asturias. Juegos y rimas infantiles recogidos en los concejos de Villaviciosa, Colunga y Caravia»
  • «Vocabulario dialectológico del concejo de Colunga>>.
A su muerte estaba en posesión de numerosos galardones, entre ellos la Orden de Isabel la Católica (1879) y la medalla de la real Academia de la Historia (1882). Mieres no guarda ningún recuerdo de su presencia en la villa.
Sirva para conocer un poco más a este ilustre colungués de adopción la siguiente conversación que tuvo lugar en Gijón en el verano de 1881, con Julio Somoza, amigo y miembro del grupo «La Quintana», ambos se encontraban charlando ante el mar...
-Ya he decidido mi seudónimo, Julio. Me gusta la idea de firmar en asturiano, si se trata de reivindicar lo nuestro debemos empezar por dar ejemplo. Los lectores deben saber que Julio Somoza puede ser también «Xulín de Xixón», Fermín Canella «Firme d'Uviéu» y Fortunato de Selgas «Fortún de Cudillero». Así que yo he pensado que voy a rematar mis escritos como «Braulio del Sueve».
-Tú verás, Braulio, pero yo siempre te he oído decir que eres de Mieres y, sin embargo, ahora no lo escoges para tu nuevo nombre.
-Sí, es verdad, en Mieres vi la primera luz y estoy orgulloso de esa tierra, pero hace ya tiempo que mis sentimientos están en Colunga. Toda mi familia y los amigos más íntimos son de allí y además, como Alcalde, mi mayor preocupación son sus vecinos, especialmente los más desfavorecidos. Ahora mismo tengo el proyecto de hablar con unos indianos para ver la posibilidad de abrir una fundación benéfica.

-Explícame entonces lo de tu nacimiento.
-Muy sencillo: Juan, mi padre, fue uno de los primeros que se alistaron en Asturias en la Guardia Civil cuando ésta se creó y al principio tuvo que recorrer toda la región de un pueblo a otro según lo demandaba el servicio. En uno de aquellos destinos mi madre se puso de parto y yo acabé bautizado en la parroquia de San Juan, en La Pasera. El recuerdo de mi infancia lo llenan los viajes y los uniformes. De esta forma te explicarás también que llegase a la adolescencia casi sin saber escribir.
-Si, ahí se puede haber forjado tu obsesión por el tema de la enseñanza y tus desvelos por llenar Colunga de escuelas.
-En efecto, estoy convencido de que la educación es el principal cimiento de los pueblos y no quiero que los niños de mis vecinos pasen el mismo frío que yo sufrí recibiendo las clases en los pórticos de las iglesias.
-Sabes que muchos ayuntamientos incumplen las leyes que obligan a dotar de escuelas dignas a sus poblaciones, y, lo que es peor, a muchas familias éste es un tema que les trae sin cuidado. De todas formas tendrás tiempo para revivir tus recuerdos en Mieres, porque es uno de los lugares que tendremos que visitar antes de ultimar ese trabajo que tenemos pendiente sobre la danza prima.
-Puedes estar seguro de que cuando puedo me gusta volver a pasear por sus calles y que, a pesar del cambio en las costumbres que ha llegado allí con la Fábrica de Numa Gilhou, los mierenses siguen conservando las tradiciones como en pocas partes, y en cuanto a la danza prima, aún guardo en la memoria la que se bailaba en las fiestas de San Juan y tu mismo podrás ver que es la más pura de toda la región.
-Asturias se nos escapa, Braulio, todo se lo está llevando la industrialización y resulta difícil ver en el bosque del progreso las huellas de nuestros mayores.
-Por eso creo que nuestro empeño es acertado. «La Quintana» debe ser un primer paso para la recuperación de nuestra historia, nuestra lengua, las tradiciones y costumbres y, en fin, todo aquello que forma parte del carácter asturiano y que hasta este momento nadie ha estudiado. Hasta los juegos infantiles reflejan la identidad de un pueblo.
-Tendríamos que juntarnos todos más a menudo. Fermín Canella me ha dicho que acaba de encontrar una pensión en Oviedo donde podemos disponer de una habitación para las reuniones.
-Y yo estoy de acuerdo, pero es que acercarse hasta la capital a algunos nos cuesta mucho, las carreteras son malas y yo llego siempre con los riñones molidos.
-Aún así es preciso hacer el esfuerzo. Hay muchas cosas que necesitan el acuerdo de todos: por ejemplo, determinar un orden para las publicaciones; consultar las dudas a los demás, o comunicar los descubrimientos que vamos haciendo. Yo ahora mismo tengo la corazonada de que puede haber unas ruinas romanas junto al arenal de San Lorenzo y estoy seguro de que algún día me decidiré a excavar allí.
-¡Ah, la arqueología! Es una asignatura pendiente en la que estoy metido de lleno. Ya sabes que soy miembro de la Comisión Provincial de Monumentos y tengo el empeño de que los asturianos podamos exponer en el Museo Arqueológico unas colecciones tan dignas como las que se ven en otras partes de España.
-Hombre, piezas no faltan, y mientras haya gente como tu que se gastan sus dineros en comprar lo que van encontrando para donarlo después, los fondos del Museo estarán asegurados.
-Creo que esa es mi obligación; unas veces al desconocer el valor de las cosas se destrozan sin más miramientos, y otras, sabiendo lo que valen, se venden al extranjero, y así nos vamos quedando sin nuestro patrimonio. Yo sólo hago lo que creo que debo hacer: Asturias es mi vida.

Rimas Infantiles - Juegos Infantiles recogidos por Braulio Vigón

EL BORRIQUIN:
Se pone al niño sobre una o las dos rodillas y se hace como que va a caballo, utilizándose diversas fórmulas como por ejemplo:
ARRE BORRIQUITO
VAMOS A BELÉN
QUE MAÑANA É FIESTA
Y PASAU TAMIÉN
o esta otra menos conocida:
VA LA SEÑORITINA
DE LA SALA A LA COCINA
TIPITIPITINA, TIPITIPITINA
IBA ´ L SEÑORON
DE LA SALA PAL SALON
TIQUITIN TIQUITON (es aquí donde se producen los sormenones)
o esta:
ASERRIN ASERRAN
MADERINOS DE SAN JUAN
LOS DEL REY SIERREN BIEN
LOS DE LA REINA TAMIEN
LOS DEL DUQUE MANZANUQUE
TRUQUE ..TRUQUE TRUQUE TRUQUE......
otro muy famoso, que aún se da es el siguiente:
Se le pone al niño algo ligero en la cabeza sin que él se percate.. y se recita
BURRIN VALIENTE
LLEVA LA CARGA
Y NON LA SIENTE....

Referencias Bibliográficas

El libro de 1.980 es una miscelánea, pues incorpora varios temas publicados por separado a finales del XIX y principios del XX que se describen detalladamente a continuación:
El título de la miscelánea es: VIGON CASQUERO, BRAULIO : FOLKLORE DEL MAR JUEGOS INFANTILES, POESIA POPULAR Y OTROS ESTUDIOS ASTURIANOS, y está publicado en la famosa BIBLIOTECA POPULAR ASTURIANA en 1.980
Ahora las antigualla:.
1º LA DE 1894: Se refiere únicamente a TRADICIONES POPULARES DE ASTURIAS: JUEGOS Y RIMAS INFANTILES RECOGIOS EN LOS CONCEJOS DE VILLAVICIOSA COLUNGA Y CARAVIA POR BRAULIO VIGON.- VILLAVICIOSA [s.n.] , 1894 (Imprenta la Opinión) 150 p. 20. LOCALIZACION: BIBLIOTECA JOVELLANOS DE GIJON.
2º La de 1895: Tradiciones populares de Asturias :juegos y rimas infantiles recogidos en los concejos de Villaviciosa Colunga y Caravia .... por B.Vigón. Villaviciosa (Imprenta la Opinión) 167p. 18 cm. O-BA Ast. ER.92: Enc.hol.conservando enc. original.- O-BA Ast. M.T/C.I-2:Enc. original.- Real Instituto de Estudios Asturianos RIDEA (Oviedo) F.153, C.A.-I/3: Encuadernación rústica; Ann, ms. Marginales.- Real Instituto de Estudios Asturianos. RIDEA (Oviedo) VIGIL/42:Enc. tela.- O(G) BJ 41/28: Enc.hol. LOCALIZACION: Biblioteca Central del CSIC-Biblioteca Central: Biblioteca de Asturias Ramón Pérez de Ayala (Oviedo) (la del Fontán) Real Instituto de Estudios Asturianos RIDEA (Oviedo) y Biblioteca Jovellanos de Gijón.

FUENTE:  http://www.buscolu.com

Los Pasionistas de Mieres, "ya nadie podia dormir"

Pasionistas en la Revolución de Octubre

La violenta muerte de Salvador de María Virgen y Alberto de la Inmaculada tras abandonar el convento de la orden en Mieres y ser detenidos cerca de Requexáu


La Orden Pasionista fue fundada en 1741 por San Pablo de la Cruz y abrió su primer convento en España, en Deusto, en 1880. Diez años más tarde sus miembros se acercaron a Asturias pensando en abrir un convento en el corazón de la cuenca minera, contando con el apoyo de los marqueses de Camposagrado, quienes les proporcionaron un alojamiento provisional mientras duraron las obras de lo que iba ser su residencia definitiva, y del arzobispo de Oviedo, que les permitió administrar de la capilla del Carmen en la Villa, hasta que pudieron tener su propio templo.
El 23 de mayo de 1909, la comunidad ya pudo ocupar solemnemente el nuevo edificio y después de superar un obstáculo administrativo inesperado, cuando alguien cayó en la cuenta de que la comunidad estaba en la ilegalidad ya que no se había inscrito en el Registro Civil, por fin el 11 de noviembre de 1910 inauguró su iglesia en Mieres.
Alguna vez he escrito que las diferentes congregaciones religiosas que se establecieron en esos años en la Montaña Central lo hicieron con la mentalidad misionera de quienes llegaban a un territorio en el que la tradición monástica era inexistente y el ateismo estaba tan asentado como las ideas marxistas que ilusionaban a una mayoría de sus habitantes, mineros y metalúrgicos, que en muchos casos habían llegado desde otras regiones.
Así no es de extrañar que la construcción pasionista estuviese pensada como una fortaleza, de manera que según las palabras de uno de sus cronistas «tan sólidos y unidos quedaron los muros que toda la enorme cantidad de furia marxista, represada por espacio de veintisiete años -y debe ser mucha- no pudo, hay que decirlo muy alto, con cajas y más cajas de dinamita en la noche del cinco de octubre pasado, derribar la más mínima parte de aquellos muros sagrados».
La cita es textual y procede de un libro publicado en 1935 por los propios religiosos desde la editorial de «El Pasionario», en Santander, que constituye un documento histórico de primera mano sobre lo ocurrido unos meses antes, ya que además de aportar los datos exactos relacionados con el convento mierense, nos proporciona también la interpretación personal de quienes fueron perseguidos por vestir aquel hábito.
En las 253 páginas agrupadas bajo el título de «Episodios de la Revolución en Asturias» se van contando una por una la experiencia de los veintinueve religiosos que, junto a un lego, habitaban aquel recinto. Cuando todo concluyó, tres estaban muertos y el resto habían sufrido su propia odisea: catorce pasaron aquellos días detenidos, uno en Oviedo, otro en la capilla de Ablaña, habilitada como cárcel provisional, dos en Pola de Lena, otros dos en Valdecuna y Moreda y ocho en Mieres. Mientras tanto, los otros doce pudieron refugiarse en casas particulares o esconderse en refugios improvisados.
Como ustedes saben, desde aquí siempre hemos defendido que el conocimiento de los hechos históricos, por desgraciados que sean, es fundamental para evitar que se repitan, y en esta línea hoy les vamos a contar lo que pasó con estos religiosos, igual que en otras ocasiones les hemos contado detalles sobre la represión que sufrieron quienes habían tomado las armas en 1934 para cambiar la situación de desigualdad y miseria en la que vivían.
Según el testimonio escrito que les cité más arriba, cuando la comunidad pasionista se fue a acostar en la noche del jueves 4 de octubre, ya tenían conocimiento de que en Mieres se habían repartido armas entre los obreros, aunque la noticia no les pareció más que otro de los rumores que venían repitiéndose cada cierto tiempo, pero sobre las tres de la madrugada ya se empezaron a oír los primeros tiros de fusil, que fueron en aumento, hasta que, tres cuartos de hora más tarde, toda la población se quedó a oscuras y con la única y siniestra iluminación de los fogonazos aislados causados por las explosiones que también empezaban a repetirse.
Ya nadie pudo dormir, aunque siguiendo la rutina habitual, los frailes bajaron al amanecer a celebrar su primera misa y entonces ya pudieron ver con claridad a los grupos armados que cruzaban por las calles inmediatas próximas. Así tuvieron la percepción de aquella vez la cosa iba en serio y decidieron preguntar a la central de teléfonos cual era el alcance de los incidentes. Al otro lado de la línea, una voz les informó de que había estallado una verdadera revolución para responder a la entrada en el gobierno de varios ministros de la CEDA.
Ante la más que segura posibilidad de que el convento fuese asaltado a lo largo de aquel día, el padre rector convocó a todos los estudiantes y les autorizó a vestirse de seglares, repartiendo entre todos el dinero que guardaba la comunidad y dándoles licencia para que cada uno procurase evitar la zona de conflicto como buenamente pudiese. En aquel momento quedaban en el recinto 27 hombres, contando al criado, que también recibió las mismas instrucciones, ya que tres frailes habían salido de Mieres la tarde anterior con diferentes misiones: uno a Pelúgano para predicar un triduo, otro a Caborana para confesar a los niños del Colegio de los Hermanos de la Doctrina Cristiana, y el tercero, el padre Inocencio de La Inmaculada, a Turón, donde iba a acabar fusilado junto a los frailes de La Salle en un episodio que ya es suficientemente conocido y que he tratado en esta página en varias ocasiones.
Seguramente se sabe mucho menos de la muerte de los dos otros hermanos. Uno había elegido como nombre religioso el de Salvador de María Virgen; este, fue uno de los primeros en abandonar la comunidad, junto a dos jóvenes estudiantes, Gerardo de La Dolorosa y Benigno del Costado de Jesús. Los tres se dirigieron a la otra orilla del río cruzando el antiguo puente de La Perra y siguieron la vía del Norte hasta llegar a Requexáu donde fueron reconocidos y perseguidos por un grupo de niños y mujeres, hasta que dos hombres les cortaron el camino disparando al alto e instándoles a identificarse, pero en vez de detenerse, cada uno intentó correr por donde pudo.
El hermano Salvador, que al parecer era corpulento y más lento que sus compañeros fue abatido, al lado de la vía del Vasco, a unos 500 metros del convento, donde al parecer pretendía regresar, y según los testigos recibió numerosas pedradas y una cuchillada antes de ser rematado a tiros. Por su parte el caso de uno de sus acompañantes, el hermano Benigno del Costado de Jesús, fue el más curioso de los ocurridos aquellos días, ya que también llegó la noticia de su muerte y se hicieron misas por su alma en Europa y América; sin embargo se había salvado cuando los revolucionarios lo localizaron en Ujo y lo entregaron al Comité de Santa Cruz. Allí se responsabilizó de su custodia a María Castañón, una mujer del pueblo, conocida por su catolicismo, que permanecía retenida en su propia casa.
La otra víctima mortal fue el hermano Alberto de La Inmaculada, quien emprendió su huida acompañado de otro hermano llamado Cayo, de 71 años, que tenía la idea de refugiarse en Valdecuna en casa de un feligrés, hermano de otro pasionista que estaba en Cuba. También fueron detenidos en Requexáu, lugar de nefasto recuerdo para esta Orden, allí intentaron disimular y seguir el paso mientras eran insultados por los vecinos, hasta que cuatro individuos les frenaron y, casi sin mediar palabra, uno de ellos disparó dos tiros sobre el más joven. Su anciano acompañante recibió varios garrotazos antes de ser abandonado en la cuneta, donde pudo sobrevivir, pero el herido por las balas seguramente tardó en morir, ya que su cadáver se encontró tendido junto al río, a kilómetro y medio del lugar de la agresión.
Es imposible resumir aquí la aventura personal de cada uno de los otros frailes, que en algún caso tiene ribetes de novela. Por ejemplo, el Rector y el Vicario de la Comunidad encontraron refugio en el domicilio de doña Encarnación Pulgar de García, donde permanecieron los quince días de revolución; otros también fueron escondidos por sus feligreses o detenidos en diferentes puntos, algunos lejos del Concejo y en general todos fueron respetados por los miembros de los Comités, que sin embargo no dudaron en segar las vidas de algunos de los curas de las mismas zonas.
Un ejemplo lo tenemos en la experiencia del padre Leandro de San Luís conducido a la capilla de Ablaña, donde compartió prisión con personas tan significadas como el Conde de Mieres; el capellán de la Gerencia; el director de la Fábrica Manuel San Juan; Manzano, un rico propietario de la localidad; Sergio León, entonces delegado del Gobierno y también con el coadjutor de La Rebollada, don Ramón Merediz. Todos, incluyendo a este último, fueron bien tratados, mientras a pocos metros de su cautiverio se deliberaba sobre el futuro del párroco de esta iglesia que fue finalmente fusilado en Loredo después de hacerle cavar su propia fosa. Ya sé que estos recuerdos no gustan, pero así es nuestra historia.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

Historias de la otra cuenca

Un entierro accidentado

 
En 1926, cuando España vivía la dictadura de Miguel Primo de Rivera, el pozo «San Vicente» en San Martín del Rey Aurelio, pasó a ser controlado por el SOMA de Manuel Llaneza. Según sus palabras, aquel era el primer paso en un ensayo de nacionalización de minas de cuyo resultado dependía el que otras empresas pudiesen seguir su ejemplo e ir pasando a manos de los trabajadores.

Los socialistas del PSOE y la UGT, donde se integraba el Sindicato Minero, se encontraban en aquel momento viviendo la contradicción que suponía continuar libremente con sus actividades mientras se había prohibido hacer lo mismo a la CNT y al recién nacido Partido Comunista de España, con lo que los enfrentamientos entre los militantes de unas y otras organizaciones estaban al orden del día, y el pozo «San Vicente» no era una excepción porque en él también existía una minoría de simpatizantes del Sindicato Único, de ideología comunista.

Desde un principio, el traspaso de propiedad de la explotación fue polémico. La mina se encontraba al borde de la ruina, con numerosas deudas y salarios atrasados sin pagar, y el mismo Gobierno no tuvo inconveniente en apoyar la operación de saneamiento económico concediendo un anticipo reintegrable anunciando además que se iba a hacer cargo de toda la producción, destinando una parte a los barcos de la Marina, lo que, además de salvar los trapos a la patronal que se deshacía sin más inconvenientes de un mal negocio, hacía aflorar un extraño acuerdo entre militares golpistas que defendían los intereses de los poderosos y líderes sindicales que hablaban de un futuro de empresas controladas por los trabajadores.

Pero Llaneza puedo convencer a sus seguidores de que lo más importante era la conservación de los puestos de trabajo y les hizo ver que si imperaba la disciplina y los mineros aceptaban la empresa como algo propio, el pozo, que producía 4.000 toneladas mensuales, podía ser rentable económica y políticamente.

Desde aquel momento, al tener la producción vendida de antemano sus trabajadores pasaron a ser los mejor pagados de las Cuencas y la mina se convirtió en la niña mimada del socialismo asturiano. Amador Fernández fue nombrado gerente y Belarmino Tomás director de los trabajos del interior, mientras otros destacados dirigentes del SOMA ocuparon los puestos de mayor responsabilidad, y aunque de puertas para afuera parecía que nada turbaba aquella tranquilidad, en el tajo resultaba inevitable que se reprodujesen los roces que se daban en todas partes entre socialistas y comunistas. Desgraciadamente, aquí, uno de aquellos enfrentamientos condujo a la tragedia.

Todo empezó a gestarse cuando el minero de 28 años Ramón Gutiérrez, que colaboraba con la prensa comunista, fue despedido por publicar una artículo en La Antorcha en el que acusaba al vigilante socialista José Iglesias «Pepón de Claudia» de ser un déspota con los hombres que tenía a su cargo; el joven intentó entonces ganarse la vida abriendo un pequeño establecimiento de bebidas en Ciaño, pero fracasó en su empeño y entonces, imaginando que detrás de sus males estaba la mano de Belarmino Tomás, decidió tomarse la justicia por su mano matándoles a los dos.

Esperó un momento en el que ambos se encontrasen juntos y el sábado 19 de noviembre de 1927 vio la oportunidad. En las oficinas de la mina estaban reunidos «Pepón de Claudia», Belarmino Tomás y el capataz Leopoldo Fernández Nespral examinando unos papeles cuando Ramón abrió la puerta y se dirigió al grupo. «Examinad también este documento», les dijo mostrando su pistola e inmediatamente abrió fuego sobre sus dos objetivos. José Iglesias cayó muerto al momento con el corazón atravesado por un balazo y Belarmino resultó herido en la barbilla y en un brazo. Después el agresor se echó al monte.

La noticia del atentado conmocionó el valle del Nalón, ya que «Pepón de Claudia» era muy conocido y querido por sus compañeros de sindicato y además dejaba mujer y ocho hijos, pero como las desgracias nunca vienen solas, un suceso inesperado vino a sumarse a lo que ya se estaba viviendo el mismo día del entierro.

La conducción del cadáver del vigilante se inició a las tres y media del domingo desde la Casa del Pueblo, con una comitiva nutrida principalmente por sus compañeros del sindicato en «San Vicente», pero también por muchos mineros llegados desde Mieres y Turón y por otros socialistas de Oviedo, Gijón y diferentes puntos de Asturias donde los socialistas tenían implantación. A los pocos minutos de ponerse en marcha el cortejo se produjo la fatalidad cuando el cortejo pasaba sobre el puente colgante de La Oscura y se rompieron los cables de sujeción, arrastrando al río la estructura y a la multitud que lo cruzaba en aquel momento.

La confusión inicial fue enorme, en los primeros momentos se mezclaron las carreras alocadas de quienes salían indemnes del cauce con los gritos de los heridos, lo que contribuyó a aumentar el desconcierto, y aunque algunas personas trataron de organizar los primeros trabajos de salvamento, cada cual andaba a los suyo, de manera que todo hacía creer que había varios muertos y más de doscientos heridos y hasta hubo quien aseguró que había visto flotar cadáveres corriente abajo, así que las primeras noticias que llegaron hasta la capital hicieron temer una tragedia de enormes dimensiones.

Cuando por fin se pudo poner algo de orden, los que ya habían ganado la orilla empezaron a ayudar a los que no podían salir del agua por tener algún miembro fracturado y con toda rapidez los lesionados empezaron a trasladarse hasta la Casa de Socorro y el Sanatorio de lo doctores Ortiz-Cuervo para ser atendidos por los médicos locales José y Emilio García Jove que tuvieron reclamar la ayuda de otros colegas de Sama y Sotrondio, y ya con más calma pudieron conocerse los detalles de lo ocurrido y las cifras, aunque graves, dejaron de ser tan alarmantes.

El accidente se había producido cuando el féretro, conducido a hombros de cuatro militantes del Sindicato Minero, trasponía ya el final del puente acompañado por la multitud y a causa del peso se hundió con gran estrépito haciendo saltar al vacío a más de 600 personas, y entre ellos, como detalle curioso, el féretro, que también cayó al lecho del río, casualmente en un lugar sin agua, sufriendo solo ligeros desperfectos, y con él los cuatro mineros que lo portaban, que no sufrieron heridas de gravedad.

A los pocos momentos la solidaridad surgió por todas partes. Destacaron los empleados del ferrocarril que prestaron una ayuda eficacísima con una máquina arrastrando un furgón para trasladar a los heridos, dispuesta sobre la marcha por el jefe de la estación de La Oscura. También cooperó la Sociedad Duro-Felguera enviando a sus facultativos hasta los puestos de auxilio con el material sanitario de la empresa y la población en masa acudió al lugar del accidente, ayudando a recoger heridos, trasladando a unos a sus propios hogares y facilitando a otros ropas y albergue; aunque como siempre hay una cruz para la cara de la moneda, la prensa contrastó la actitud de dos hermanos industriales vecinos de la zona del puente que para evitar el tener que prestar ayuda cerraron las puertas de su casa y al ver publicada su actitud se vieron obligados días después a dar explicaciones enviando una carta al diario El Noroeste.

En cuanto a la Guardia Civil, su participación también fue elogiada por los vecinos. El teniente del puesto se personó en el puente con varios números del Cuerpo para colaborar en el rescate y en cuanto pudieron se encargaron de practicar sondeos y registrar las ensenadas del río por si hubiese algún cadáver, afortunadamente sin encontrar ninguno.

Finalmente, la mayoría de los atendidos sólo sufrieron pequeñas contusiones a causa de los golpes de la caída, pero también hubo numerosas fracturas y algunos heridos de mayor gravedad, entre ellos José Fernández Flórez, el alcalde de San Martín del Rey Aurelio, que se encontraba entre las autoridades que asistían al acto.

En los días que siguieron no faltó el rumor de que el hecho no había sido casual y se debía también a un atentado, aunque la actuación del juzgado y la investigación subsiguiente dejaron claro que la razón de que las grapas se hubiesen abierto no era otra que el peso excesivo que no pudieron soportar. Mientras tanto Belarmino Tomás, que pudo haber dejado su vida en aquella oficina, se recuperaba sin poder imaginar todavía que el destino le estaba preparando un papel de primer orden en los acontecimientos que se avecinaban.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

La mejor novela de Concha Espina.

 «El metal de los muertos»
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En 1920 salió de la imprenta «El metal de los muertos», seguramente la mejor novela de Concha Espina; una obra de tema minero en la que narrando el desarrollo de un conflicto laboral se denuncian las penosas condiciones de trabajo y la miseria que rodeaba las explotaciones a finales del siglo XIX. El texto está considerado como uno de los pilares de lo que luego se llamaría literatura social y fue muy bien recibido por la crítica y el público en general y mereció la atención de Unamuno y de Maeztu.

Concha Espina es una escritora que hoy ha pasado a un segundo plano, a pesar de que su extensa obra -50 libros- fue premiada en la España de la posguerra y alcanzó el reconocimiento internacional hasta el punto de que estuvo a un solo voto de alcanzar el premio Nobel; lo que hoy casi no se recuerda es que antes de cruzar el Atlántico para buscar el éxito americano vivió los años centrales de su juventud en Ujo, donde su padre trabajó como contable para las minas del marqués de Comillas. Lógicamente, aquí pudo conocer el ambiente minero mejor que en ningún otro sitio, y, sin embargo, a la hora de elegir un escenario para su novela minera prefirió buscar el escenario de Riotinto, en Huelva, en vez de plasmar lo que había conocido de primera mano en la cuenca del Caudal, ¿por qué? Busquemos alguna clave en esta actitud.

Concha se llamaba en realidad María de la Concepción Jesusa Basilisa Espina y había nacido en el barrio santanderino de Sotileza el 15 de abril de 1877, siendo la séptima entre los diez hijos que tenía el matrimonio formado por Víctor Rodríguez Espina y Olivares y Ascensión García Tagle y de la Vega. Una familia de posibles, ya que el padre fue armador de barcos e incluso por un tiempo cónsul de Argentina en la capital cántabra.

El hispanista Millard Rosenberg afirmaba en una conferencia publicada el 26 de febrero de 1927 en la Public Library de Los Ángeles que la escritora había pasado en Santander los primeros quince años de su vida disfrutando de sus padres y sus hermanas, y dadas las favorables circunstancias familiares pudo aprovecharse de todas las ventajas para obtener una educación superior, recibiendo principalmente el entendimiento de su madre, que se convirtió en su principal valedora.

Pero en 1891 pintaron bastos: doña Ascensión falleció y la mala suerte hizo que a esta pérdida se juntasen también unas inesperadas dificultades económicas, con lo que el padre no tuvo más remedio que recurrir a Claudio López Bru, el segundo marqués de Comillas, a quien conocía por los negocios marítimos, para que le proporcionase un trabajo. Precisamente en aquellos meses el marqués ultimaba en la cuenca central asturiana la creación de la Sociedad Hullera Española, que se acabaría constituyendo en 1892, con la finalidad de abastecer a los barcos de su propiedad en la Compañía Transatlántica, y estaba presidida por él mismo, teniendo como director gerente a su primo Santiago López, el marqués de Casa Quijano, también socio de la naviera y católico hasta el tuétano. Así, la petición de don Víctor, cántabro y de confianza, fue bien aceptada y se le contrató en las oficinas.

A pesar de su extrema juventud, cuando Concha Espina llegó a Ujo poseía una madurez admirable para las letras, ya escribía versos e incluso había publicado algunos en «El Atlántico» de Santander, firmándolos como Ana Coe Snichp. La familia estableció su residencia en el barrio El Lugarín y allí se vio inmersa de repente en el opresivo ambiente ultrarreligioso que el marqués de Comillas establecía entre sus empleados. En Ujo pudo asistir a la visita que don Claudio realizó a la cuenca del Caudal en octubre de 1892 y conoció de cerca las prácticas de su paternalismo empresarial; vio cómo ejercía su generosidad con los obreros ejemplares, a la vez que se mantenía inflexible con los revoltosos, que habían sido despedidos tras las huelgas convocadas en el coto de Aller en los primeros de mayo de 1890 y 1891.

A las primeras de cambio buscó la manera de escapar de aquel ambiente y lo hizo a las bravas: el 12 de enero de 1893 se tuvo que casar deprisa con otro joven cántabro, Ramón de la Serna, con el que marchó a vivir a Valparaíso, en Chile. Allí estuvieron hasta 1898 para retornar de nuevo a España, pero ya no volvieron a Ujo. Su nuevo destino fue la casona familiar del marido, en Mazcuerras, una pequeña localidad en la que Concha iba a escribir su primera novela: «La niña de Luzmela». En los años que siguieron, Concha Espina tuvo una vida intensa, no dejó de publicar, y en 1920, cuando llegó a la imprenta «El metal de los muertos» había visto nacer a cinco hijos y morir a uno, su relación matrimonial hacía aguas y la salida de la novela estuvo marcada por el fallecimiento de su padre. Para documentar esta narración minera la escritora apenas aprovechó su experiencia asturiana, prefirió viajar hasta Riotinto e inspirarse en los yacimientos de Pueblo Nuevo del Terrible, Linares y Almadén. Mientras estuvo en Andalucía se alojó en la pensión Casino de Nerva, habitual entre los artistas que visitaban la zona, y allí se produjo una anécdota curiosa cuando, debido a su aspecto moderno y al sombrero que entonces solía llevar, fue confundida con una cantante que esperaban en el pueblo. El hecho no tiene más interés que el de servir como ejemplo del carácter innovador que la escritora mostraba en sus costumbres y que, sin embargo, no lo era tanto en sus narraciones, marcadas por la influencia de las creencias cristianas que había adquirido en su infancia y primera juventud. El argumento de «El metal de los muertos» se centra en las demandas de un líder obrero que busca detener los estragos que la minería del cobre producía en las personas y en el medio ambiente y se esfuerza por que sean condenados los culpables de la represión de una huelga que había concluido en medio de un baño de sangre. Como diríamos hoy en el cine, todo está basado en hechos reales y concretamente en los acontecimientos que tuvieron lugar en la cuenca onubense en 1888, cuando el Ejército impuso a tiros el fin de una protesta contra la contaminación. Lo que no deja de llamar la atención es que la autora eligiese desplazarse hasta Andalucía en vez de a volver a Asturias, donde la historia ya había dado ejemplos parecidos en la «huelgona» de 1906 o en las jornadas revolucionarias de 1917, y donde vivía Manuel Llaneza, el sindicalista más conocido en la España de aquellos años; pero por lo que fuese, Concha Espina siempre evitó en su obra cualquier referencia a esta cuenca minera y en las escasas ocasiones en las que se refirió a nuestra región lo hizo siempre para hablar de sus paisajes o de la devoción a la Virgen de Covadonga, como sucede en otra de sus novelas, «Altar mayor».

Precisamente, esta obra, que obtuvo en 1927 el Premio Nacional de Literatura, fue llevada al cine después de la guerra civil por el director Gonzalo Delgrás, que contó en su reparto con un jovencísimo galán allerano, José Suárez, quien pocos años más tarde también intervendría en la versión cinematográfica de «La niña de Luzmela». En fin, Concha Espina nunca pudo ver el rostro de sus personajes en la pantalla porque se quedó completamente ciega en 1940, pero a pesar de ello se las arregló para seguir escribiendo una densa obra en la que se dejan traslucir sus ideas progresistas y su peculiar visión de la religión. En una entrevista publicada a los pocos meses de la proclamación de la República, manifestaba: «La forma actual del Gobierno tiene mis mayores esperanzas porque mi ilusión política de toda la vida fue la República», y más adelante: «Soy católica y a mi juicio la Iglesia gana en sus fines al separarse del Estado. La fe ahora ha de vibrar limpiamente como nunca. A la Iglesia de hoy, estancada, mohosa, sucederá una Iglesia viva, fuerte. La fe ahora ha de vibrar limpiamente, como nuncaÉ».

Supondrán ustedes que afirmar ambas cosas en 1931 la enemistaba a la vez con las «dos Españas», que inmediatamente la consideraban en el lado opuesto de cada una, pero así era ella: valiente y sincera. Como suele suceder en estos casos, sus posiciones ideológicas hacen que su figura siga resultando incómoda para todos y nadie se acuerde de rescatar su magnífica producción literaria. Nosotros, aunque fuese por poco tiempo, la tuvimos como vecina. Por eso la traemos hoy a esta página.


FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

El escritor lenense José Manuel Castañón

Castañón, los libros vencieron a las balas

 
 Afortunadamente, la libertad es un atributo de los hombres y cada vez que hacemos uso de ella nos volvemos más humanos. Por esta página ya han ido pasando algunos personajes que en la España convulsa del siglo XX decidieron cambiar de bando y pasarse al de enfrente, dando un vuelco a su vida. No nos interesan aquellos que lo hicieron forzados por la necesidad, aunque tampoco los criticamos, porque ninguno de nosotros puede decir que está libre de comulgar con esa postura hasta que las circunstancias no nos fuercen a demostrarlo. Los que merecen ser recordados son la minoría que meditó su decisión y obró con convencimiento asumiendo todos los riesgos.
Entre estos, destaca la figura del escritor lenense José Manuel Castañón de La Peña, nacido en 1920 en el seno de una de las pocas casas de la villa que contaba entonces con una biblioteca familiar, la de su padre, el abogado Guillermo Castañón Díaz-Faes, un hombre culto y con ideales de republicano moderado.
Allí aprendió a amar la literatura, sin saber aún que las letras iban a convertirse en su profesión, y allí también fueron prendiendo en él los comentarios que escuchaba diariamente a las numerosas mujeres que acompañaron su adolescencia: su propia madre, dos tías de su padre, que vivían con ellos y cuatro hermanas, además de otros dos hermanos. La mayoría, según los testimonios que recogieron en su día los biógrafos de nuestro escritor, cristianas practicantes, de misa diaria y como tal, alarmadas por los sentimientos anticlericales que en aquellos años crecían en España.
De manera, que nadie se extrañó cuando, al inicio de la guerra civil, el joven e impulsivo José Manuel decidió abandonar, sin avisar a los suyos, la cuenca minera, donde las izquierdas eran mayoría, para vestir una camisa azul y huir junto a un amigo hasta el pueblo leonés de Caldas de Luna. Tardó poco en incorporarse a un Batallón de Infantería con el que participó en la liberación de Oviedo, la católica capital de Asturias en la que se habían atrincherando los franquistas tras el alzamiento contra la legalidad republicana. Nuestro hombre actuaba convencido en aquel momento -como tantos otros- de que la razón estaba de su lado y con la valentía que impulsa a los jóvenes combatió en primera línea hasta que una bala buscó la carne y se alojó en su mano derecha inutilizándola para siempre.
En cuanto José Manuel Castañón cumplió los 18 años, alcanzó el segundo requisito exigido (el otro era tener el bachillerato) para convertirse en Alférez Provisional, un grado creado por el ejército sublevado en septiembre de 1936 para organizar a la multitud de reclutas que se incorporaron a la contienda. 23.000 estudiantes pasaron por las academias militares para realizar un curso acelerado del que salían con una estrella de seis puntas en el pecho para ser los primeros en entrar en combate; murieron tantos que la fantasía popular llegó a decir que su vida media en el frente era de menos de media hora, pero el de Lena tuvo suerte y pudo ver la victoria de los suyos.
La guerra no había hecho más que fortalecer sus convicciones y en aquel momento, desoyendo los consejos de su padre, tuvo claro que su futuro pasaba por la milicia; de la península pasó a los cuarteles de Marruecos y, en cuanto escuchó el llamamiento para combatir el comunismo en Rusia, corrió a presentarse para dirigir una sección de voluntarios. En la División Azul escribió un relato de su aventura cotidiana, que mantuvo inédito hasta 1991, cuando salió a las librerías con el título «El Diario de una Aventura».
Cuando regresó, seguramente ya empezaba a ver las cosas de otra manera. Volvió a los estudios para licenciarse en Derecho por la Universidad de Oviedo en 1945; se casó con su prima Nieves, de la que se había enamorado antes de la locura bélica con un sentimiento que entonces volvió a aflorar para no irse nunca. José Manuel Castañón, ya asentado en la capital de Asturias, podría haber aprovechado su historial para conseguir alguna prebenda en la nueva España de Franco, pero las dudas ante lo que veía cada vez eran más grandes y el desencanto dio paso primero a la desilusión y luego al arrepentimiento. Sus críticas a la política del régimen por el que había derramado su sangre y la de muchos otros, cada vez se hicieron más acidas y desde su bufete pudo conocer la otra cara de la moneda y el sufrimiento de los vencidos y de sus familias.
En 1953 cambió su domicilio a Madrid, donde fundó la revista «Aramo», con monografías sobre las provincias españolas, pero comprendiendo que la represión y el miedo cercenaban las peticiones de los perdedores, que no se atrevían a reclamar los derechos más mínimos, entendió a aquellos que había tenido en la trinchera de enfrente y se convirtió en la voz de su protesta; hasta el punto de que fue acusado de fomentar la subversión por sus antiguos compañeros, juzgado y condenado a purgar en la prisión su conversión a las ideas igualitarias.
A veces el destino juega sus cartas de la manera más inesperada, José Manuel Castañón ocupó su condena escribiendo otro relato largo «Moletú-Volevá», calificado por él mismo como «la novela de la locura dolarista», una sátira de la sociedad de consumo. Desde el momento de su publicación se convirtió en uno de los libros mejor tratados por la crítica a mediados de la década de los 50, con un argumento que cobra actualidad en el tiempo presente y que de manera inexplicable supo burlar a la rígida censura del momento que pasó por alto textos como esta parodia de Padrenuestro que enseña Macuto, su protagonista, un pacífico loco predicador de la fe en el dinero:
«Padre Dólar, rey del bien, que estás en los Bancos, santificada sea tu presencia, hágasenos tu transferencia así a los macutonianos como a los desperrados. El dólar nuestro de cada día, apetecido por cristianos y mahometanos, dánoslo en secreto a los macutonianos; no le des en pequeña cantidad para sufragar placeres, vicios y mujeres, y no nos dejes caer en la miseria; mas líbranos de tu ausencia, Amen».
Aquel éxito le abrió un camino hacia la literatura que no iba a abandonar hasta su muerte, aunque para seguirlo el autor tuvo que abandonar su país y buscar nuevos horizontes, y lo hizo rompiendo conscientemente con su pasado: tras renunciar a su graduación militar -que entonces ya era la de capitán-, envió una carta al gobierno español solicitando que la paga por su herida en el combate le fuese entregada a algún excombatiente republicano que estuviese en su misma situación.
Su primer destino fue Francia; desde allí se fue a Genova donde embarcó rumbo a Venezuela para dedicarse exclusivamente a escribir y en cuanto tuvo la certeza de que ya podía ofrecer un porvenir a su familia, reclamó la presencia en Caracas de su mujer y sus cinco hijos.
José Manuel Castañón permaneció dos décadas en América, viajando por todo el continente, donde se le conocía tanto como por su propia producción como por sus dotes como rapsoda a la hora de recitar a los poetas de habla hispana de ambos lados del Océano; pero mantuvo siempre dos referencias personales: la Venezuela bolivariana y la admiración por la obra del peruano César Vallejo. Siempre que tuvo ocasión, manifestó su querencia por la poesía, a la que consideraba un arte superior a la prosa, pero sin embargo, el pasó a la historia de la literatura como novelista con una larga lista de éxitos en los que supo mezclar la ficción con sus propias vivencias: «Bezana roja»; «Pasión por Vallejo»; «Una balandra encalla en tierra firme», escrita en el barco que le condujo a tierras venezolanas; «El virus»; «Encuentro con Venezuela»; «Confesiones de un vivir absurdo»; «Andrés cuenta su historia» (la novela de un español que combatió en los dos bandos)?
No regresó a España hasta 1977, tras la muerte del dictador, para dedicarse a reeditar aquí sus libros, pero su recuerdo no se perdió al otro lado del mar. En 1983 fue nombrado hijo adoptivo de Santiago de Chuco, lugar de nacimiento de César Vallejo y cinco años más tarde recibió la máxima condecoración cultural venezolana que le impuso Rigoberto Enríquez, entonces embajador del país que le había acogido. El acto de entrega tuvo lugar en Pola de Lena -respetando su deseo de que la ceremonia se hiciese en Asturias-, y años más tarde su patria chica también reconoció sus méritos nombrándole hijo predilecto del concejo, en abril de 1999.
José Manuel Castañón de La Peña, el hombre que tardó en descubrir su propia libertad, falleció en Madrid en el año 2001; su obra sigue viva y recordarla nos trae un poco de aire fresco.

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

25 de noviembre de 2012

La pita Astur

La Pita Pinta Asturiana

1. Introducción
La Pita (gallina) Pinta Asturiana es la única población de gallina autóctona del Principado de Asturias. El veterinario y biólogo Rafael Eguiño Marcos. Por motivos laborales Rafael Eguiño recorrió buena parte del territorio asturiano en lo años 80 encontrando en lugares de difícil accesos ejemplares de características fenotípicas definidas que no se correspondían a estirpes mejoradas o híbridos comerciales y que eran identificados por los ganaderos como les pites d’enantes. En estos ejemplares encontró cuatro grupos bien definidos que después formaron las variedades pinta, roxa, negro abedul y blanca. Tiene especial importancia la coloración de la variedad pinta, que da nombre a la raza, por ser infrecuente y probablemente ligada a un fenotipo ancestral. Los ejemplares fundadores de la raza tenían en común su rusticidad y carácter maternal característicos de las gallinas del Arco Atlántico. Tras años de falta de apoyo oficial, el Gobierno del Principado de Asturias, haciendo suyos los estudios de Rafael Eguiño, promovió su inclusión en el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España.
Desde el año 2003 existe la Asociación de Criadores de la Pita Pinta Asturiana (ACPPA), e-mail: info@lapitapintaasturiana.com, que trabaja para conseguir su conservación e intenta mejorar los aspectos productivos de la raza sin dejar de preservar su carácter de rusticidad.
2. Origen e historia
La Pita Pinta Asturiana pertenece, según Orozco, al Tronco Atlántico. En ese sentido, la Pita Pinta estaría relacionada con la Eusko-Oiloa vasca y con gallinas centro y nord-europeas, así como con las británicas. La variedad roxa de la Pita Pinta presenta evidentes similitudes con la variedad marradune de la Eusko-Oiloa vasca. Su distribución debió ser genral por toda la región hasta el la introducción de las gallinas mejoradas en Asturias en el primer tercio del siglo XX y que terminaron por crear una potente avicultura industrial en la región nucleada por la Cooperativa de Agricultores de Gijón en los años 50 y 60 y 70. En lo años 80 se encontraron animales de la raza en zonas de León limítrofes con Asturias y hasta el área de Pola de Gordón que fueron utilizados en la recuperación de la araza.
3. Distribución geográfica
La Asociación de Criadores de la Pita Pinta Asturiana (ACPPA) integra actualmente a un total de 52 criadores y unos 1842 ejemplares. Los criadores se encuentran principalmente en el concejo de Gijón pero están distribuidos por todo el territorio regional, nacional y por paises extranjeros tales como Italia, Francia, Belgica, Luxemburgo, Holanda y Alemania .
4. Descripción de la raza
Es un animal eumétrico, semipesado, de cola más bien corta; ojos de color anaranjado, cresta y barbillas de tamaño mediano, pequeñas en las hembras y orejillas siempre rojas. Patas y pico de color amarillo con manchas negras. Buena mediana ponedora, rústica y ambiental, conservando en semilibertad un carácter maternal muy bien desarrollado. El plumón del pollo es de color negro y blanco en las variedades pinta negra y negro abedul y roxu y blanco en la variedad roxa, pero distribuidos de una manera particular y uniforme, que esta directamente relacionada con las características de la pluma definitiva en el animal adulto. Según de distribuya la zona pigmentada (negra o roxa) por el cuerpo del pollo, dará lugar a las distintas variedades de la raza (variedad pinta, blanca, roxa y abedul). En la variedad pinta, el negro se extiende siempre dorsalmente desde la cabeza hasta la rabadilla, sin incluirla, abarcando a su vez el tercio proximal del ala y descendiendo de manera más o menos simétrica por ambos lados del cuerpo, abarcando la parte posterior del muslo. En el color del plumaje machos y hembras son iguales hasta la aparición de los caracteres sexuales secundarios. Las rémiges 1º y 2º de las alas son blancas, así como las timoneras de la cola y las hoces de los machos. El brillo de las plumas es azul verdoso. El plumaje del adulto es negro pero cada pluma tiene el extremo blanco lo cual produce el moteado típico. Los huevos son de color crema tostado y suaves al tacto. El peso del gallo ronda los 4-4,5 kg. y el de la gallina los 2,7 kg.
5. Situación actual y perspectivas
El Boletín Oficial del Estado publicó el 15 de octubre de 2004 una orden del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) por la que se actualiza el Catálogo Oficial de Razas de Ganado de España para incluir, entre otras, la Pita Pinta entre las razas de gallinas de protección especial. A partir de este momento se abren mejores perspectivas para una raza especialmente amenazada: las iniciativas a realizar deberán comprender tanto la realización de estudios para la caracterización genética y productiva de la raza como la creación de un núcleo de selección y multiplicación de ejemplares.
6. Productos de interés, generados por la raza
La Pita Pinta tiene doble aptitud: puesta de huevos y carne. Tradicionalmente la función principal de la Pita Pinta en la casería asturiana era la producción de huevos por lo que esta característica resulta especialmente destacada a pesar de su rusticidad, falta de selección y notable tamaño. En este sentido, los buenos pesos alcanzados por los ejemplares de la raza hacen posible su cría a pasto para la producción del tradicional pitu de caleya asturiano. A medio plazo no debe descartarse la posibilidad de instrumentar un sistema de protección geográfica de esta producción. En cualquier caso la Pita Pinta tiene un gran valor ornamental por las especiales características de su plumaje y juega un interesante papel en establecimientos agroturísticos.


 
Esta raza, originaria de Asturias y ampliamente distribuida en el medio rural asturiano, debido al auge que en los años 50 y 60 tuvieron los híbridos industriales, fue barrida literalmente de su territorio. Prácticamente desaparecida, se inicia su recuperación entre 1980 y 1990 gracias a la labor realizada por el veterinario y biólogo Rafael Eguiño Marcos, actual presidente de la Asociación de Criadores de Pita Pinta Asturiana (ACPPA). Durante este periodo por selección se termina de reconstituir la raza obteniéndose núcleos genéticamente fijados y comprobados. La Pita Pinta se cría también en otras regiones de España y en algunos países de Europa.
La Asociación de Criadores de la Pita Pinta Asturiana (ACPPA) lleva el libro genealógico de esta raza aviar y trabaja para conseguir su conservación e intentar mejorar los aspectos productivos de la raza sin dejar de preservar su carácter de rusticidad.

La Pita Pinta Asturiana es una raza de gallinas del tronco atlántico de la especie, es de tamaño medio, semipesada, con orejillas de color rojo, rústica, vivaz y de doble aptitud; pues produce carne de buena calidad y huevos en cantidad interesante como campera. Sus plumas también se emplean para la fabricación de moscas para la pesca. Presenta como propias cuatro variedades de color: pinta en negro, pinta roxa, negra y blanca.
Huevo: De 60 65 gr. Cáscara de color crema tostado, muy suave al tacto.
Peso del ave: Gallo de 4 4,5 kg. Gallina 2,5 3 kg.
Diámetro de las anillas: Gallo, 20 y gallina, 18



Morfología del gallo

 

Cabeza: De tamaño mediano, redondeada y ancha.
Cara: Lisa y de color rojo.
Cresta: Sencilla, de tamaño mediano, derecha y firme. Presenta entre 5 y 7 dientes bien definidos, no muy profundos, con el espolón elevado con respecto a la línea del cuello y de color rojo vivo.
Barbillas: Medianas, bien desarrolladas, redondeadas, lisas, finas y de color rojo vivo.
Orejillas: Medianas, alargadas, pegadas a la cara, lisas y finas como las barbillas y siempre rojas.
Pico: Mediano, fuerte, bien curvado, de color amarillo con manchas negras distribuidas irregularmente.
Ojos: Redondeados, proporcionados a la cara, iris de color anaranjado, párpados con el borde negro en todo su perímetro o a trozos.
Cuello: De longitud media, robusto, esclavina abundante que se apoya con uniformidad en la espalda uniéndolo bien al tronco.
Tronco: Ancho, bien desarrollado, no muy largo y ligeramente inclinado hacia atrás.
Dorso: Ancho, casi horizontal, algo inclinado hacia la cola, abundantes caireles que no pasan de la mitad de la espalda.
Pecho: Ancho y profundo, bien musculado.
Cola: De tamaño medio, bien poblada, timoneras anchas y superpuestas, las hoces moderadamente largas y bien curvadas, en su conjunto resulta algo elevada sin ser vertical.
Abdomen: Ancho y bien desarrollado.
Alas: Más largas que anchas, bien plegadas y ceñidas al cuerpo.
Muslos: Fuertes y bien musculados.
Tarsos: Proporcionados, lisos de color amarillo con motas negras (roña).
Dedos: En número de cuatro, bien separados, fuertes y derechos, de color amarillo con motas negras como los tarsos.
Portes: Armónico y vigoroso.

Morfología de la gallina

 

Las características morfológicas de la gallina son iguales que en el gallo, salvo las diferencias debidas al sexo.
Cresta: Sencilla, más bien pequeña y con el espolón elevado con respecto a la línea del cuello.
Barbillas: Pequeñas y redondeadas.
Orejillas: Más pequeñas que en el macho y redondeadas.
Dorso: Más horizontal que en el gallo.
Cola: De tamaño no muy grande, menos elevada que en el gallo, formando un ángulo de 401/451 respecto a la horizontal, bien poblada, superponiéndose perfectamente las timoneras.
Coloración
Cresta, barbillas y orejillas: En todas las variedades de color rojo vivo.
Patas y pico:-Variedad moteada en negro (Pinta Negra) y variedad blanca: Como se ha descrito de color amarillo con zonas pigmentadas en negro distribuidas irregularmente.
-Variedad moteada en anaranjado (Pinta Roxa): De color amarillo con zonas pigmentadas en marrón tostado distribuidas irregularmente.
-Variedad abedul (Negra): Tarso pigmentado uniformemente en color pizarroso en su parte anterior a diferencia de su parte posterior que presenta una coloración amarilla con zonas pigmentadas en negro.
BEl pico en esta variedad es de color pizarroso córneo con la punta y zonas amarillas.
Variedades de color
Moteada en negro (Pinta Negra): Punta de las plumas de positivo blanco, produciendo un moteado uniforme en ambos sexos, con las diferencias propias del sexo, presentando en el gallo el brillo y la forma características: En esclavina y cárieles, la zona blanca del extremo de las plumas toma forma de punta de flecha, pudiendo presentar en diferentes ejemplares reflejos plateados o dorado luminoso. El color negro es intenso y uniforme con irisaciones tornasoladas y brillo azul verdoso. Las rémiges primarias y secundarias y timoneras, así como las hoces de los machos son blancas.
Moteada en anaranjado (Pinta Roxa): Punta de las plumas de positivo blanco, sobre anaranjado o crema tostado -nunca rojo-, produciendo un moteado uniforme en ambos sexos, con las diferencias propias del sexo. Las rémiges primarias y secundarias y timoneras, así como las hoces de los machos son blancas.
Variedad blanca (Blanca): Blanca en todas las secciones.
Variedad abedul (Negra): Se describe también esta variedad aunque puede representar cierto grado de impureza pues sus poblaciones siempre segregan a la variedad pinta.
-Gallo: De fenotipo denominado "abedul" el negro de la pluma presenta las mismas características del pinto, con irisaciones tornasoladas y brillo azul verdoso, muy ostensibles en la cola. El manto (esclavina, dorso, hombros, silla y cárieles) es plateado o blanco amarillento.
-Gallina: Negra con briznas blanquecinas en cuello y garganta.
Ambos sexos presentan alguna pluma moteada entre las del frente del ala, las cobijas del vuelo y en las más próximas a los tarsos, así como algunas plumas blancas entre las rémiges primarias, siempre de manera simétrica.