30 de abril de 2014

¿qué sucedio con la gran colección de arte atesorada en vida por Jovellanos y en posesión del instituto que lleva su nombre, ubicado desde 1932 en colegio de la Inmaculada de Gijón?,

Simancas: ¿el tesoro está dentro?

           Aspecto del cuartel del Simancas, en llamas, durante el asedio.

El mayor enigma jovellanista podría despejarse con las prospecciones geotécnicas previstas en el subsuelo del Colegio de la Inmaculada.      

  Un grupo de milicianos, durante el asedio al cuartel. | lne
Fue el primero de los grandes y cruentos asedios de la contienda civil española y su célebre grito de guerra ha permanecido esculpido en la historia: «Disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro», mensaje que con alto grado de verificabilidad mandó transmitir al crucero «Almirante Cervera» el coronel Antonio Pinilla Barceló, oficial al frente del cuartel de Simancas de Gijón, que el 19 de julio de 1936 se había sublevado de parte del bando nacional contra la II República. El asedio se inició al día siguiente.
Poco más de un mes después, el 21 de agosto, cuando el cuartel, prácticamente destruido, estaba cayendo en manos de los asediadores frentepopulistas, se emitió el citado mensaje y a la vez nacía el gran enigma: ¿qué había sucedido con la gran colección de arte atesorada en vida por Jovellanos y en posesión del instituto que lleva su nombre, ubicado desde 1932 en colegio de la Inmaculada, tras la expulsión republicana de los jesuitas de España, y convertido en 1935 en cuartel del Regimiento Simancas?
¿Permanece aquel riquísimo legado artístico, de valor incalculable, enterrado en el silencioso subsuelo del que después de la guerra volvió a ser colegio de la Compañía de Jesús? El interrogante podría ser despejado en próximas fechas, ya que dicho centro educativo ha conveniado con el Ayuntamiento de Gijón realizar prospecciones geológicas hasta una profundidad de diez metros. La final de dicha ecografía de las entrañas de la Inmaculada es en principio meramente práctica: el centro construirá un estacionamiento subterráneo bajo una porción de sus patios y previamente desea verificar si existen restos de la contienda, como material bélico o construcciones militares, tipo trincheras o refugios antiaéreos. La historia enseña que cada vez que se ha cavado en el antiguo Simancas se han hallado balas, cartuchos, correajes, bayonetas, cascos e incluso cañones y ametralladoras. De hecho, era juego predilecto de sus alumnos en los años cuarenta, cincuenta y sesenta escarbar en zonas de obra para hallar alguna bala perdida. Las prospecciones ahora previstas podrán determinar si existe algún bulto de gran magnitud en el subsuelo, como las cajas de munición en las que supuestamente pudo ser guardado el tesoro artístico, o las piezas de la Virgen de mármol de Carrara, de dos metros de altura, que adornaba el jardín central del edificio y que nunca han sido halladas.
Tres son las hipótesis sobre el tesoro de Jovellanos, fruto de la probada afición al coleccionismo de arte del prócer gijonés. Jovino llegó a reunir cientos de grabados, dibujos y bocetos que tras su muerte en 1811 pasaron, por deseo suyo, al Instituto gijonés que había creado años atrás. Aquel legado serviría de modelo para los alumnos en las clases de dibujo. La colección se engrosó posteriormente con aportaciones de Ceán Bermúdez y de Acisclo Fernández Vallín. El resultado fueron unos 800 ejemplares de pintura española e italiana, fundamentalmente del siglo XVII. La nómina de autores era apabullante: Rafael, Miguel Ángel, Durero, Zurbarán, Velázquez, El Greco, Rembrandt, Carreño Miranda, Goya, Pereda, Vassari, Caravaggio, Herrera «El Viejo», Murillo, Sampieri, Ribalta... El «Catálogo de la Colección de Dibujos del Instituto Jovellanos» -publicado en 1969, a partir de un estudio de Moreno Villa de 1926- fue reeditado en 2003 por el Ayuntamiento de Gijón.
La primera suposición, la más oficial, aunque no totalmente verificada, es que la destrucción del cuartel fue tan brutal, y los últimos días del asedio tan caóticos, que todo ardió de modo irreparable junto con el maderamen de las estructuras del caserón de Simancas, al final del asedio. En tal caso, todo esfuerzo resultaría inútil. En los bajos fondos del Simancas/Inmaculada sólo permanecen las pavesas de lo que en su día fue una colección extraordinaria.
La segunda hipótesis habla de que de algún modo desconocido una o varias personas -de los defensores, o de los asediadores, o simplemente civiles conocedores de lo que allí se guardaba- se hicieran con el tesoro ya que se daba cierta permeabilidad de entradas y salidas nocturnas entre el exterior y el interior del cuartel. Dichas personas, realmente fantasmales, lograron que hasta el presente la colección haya permanecido completamente oculta en uno o varios lugares. De hecho, inmediatamente después de la guerra civil, se escucharon en Gijón rumores de que ciertas familias poseían alguna parte del legado.
Conectada con esta hipótesis, se ha manejado la posibilidad de que el tesoro sobreviviera a la destrucción y las autoridades frentepopulistas del Consejo de Asturias se incautaran de la colección, que inmediatamente salió de la ciudad o incluso del país. Y, como en el supuesto anterior, un profundo silencio y ocultamiento la ha acompañado desde entonces.
A favor de las hipótesis de la destrucción total o de la sustracción/incautación del material artístico se halla el dato de que durante casi ochenta años ninguno de los bocetos u obras del legado jovellanista, que está perfectamente inventariado e incluso fotografiado en gran parte, ha salido a subasta en ninguna casa de arte, ni se ha hallado en manos de ningún marchante. No obstante, alguna de dicha obras si salió a la luz pública, concretamente hace años, en París; pero los conocedores del material consideran que se trata más bien de algún pliego sustraído de la colección antes de la guerra.
Y la tercera hipótesis, que ahora se podría verificar o descartar definitivamente, es que los oficiales del Simancas fueran conscientes del valor de legado jovellanista allí depositado y que lo hubieran preservado desde el primer momento. Después, a medida que el cuartel era cuarteado por la artillería de los asediadores, o que los ataques causaban incendios que afectaban a zonas del inmueble, dichos oficiales, que además preveían resistir hasta un final seguramente trágico, decidieron emplear a un grupo selecto de zapadores (los del cuartel del Coto, también asediado en las mismas fechas y cuyas fuerzas huyeron de allí el 16 de agosto para refugiarse en el Simancas), para cavar una especie de mina, o estructura resistente, y en ella enterrar el tesoro jovellanista y las piezas de la Virgen de mármol de Carrara. La operación habría sido conocida y ejecutada por un círculo restringido de militares, principalmente oficiales, que evitaron que la tropa tuviera conocimiento de ello.
En cualquier caso, no existen testimonios directos con los que verificar ninguna de las tres hipótesis. Nadie ha contado haber visto arder directamente el tesoro de Jovellanos, nadie ha narrado si fue extraído de uno u otro modo y nadie ha dejado dato alguno acerca de un supuesto enterramiento. Simancas, ¿el tesoro está dentro y es momento de los geólogos?
 
                      Así quedó el cuartel de Simancas  en Gijón después del asalto.

FUENTE:  J. MORÁN
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29 de abril de 2014

En Octubre de 1937 comenzó el más vergonzoso episodio de la guerra civil Española.



BREVE HISTORIA DE LA FOSA COMUN DE OVIEDO.
Fusilamiento de Republicanos, la exhumación de las fosas y la imputación de los culpables son tan importantes como un relato objetivo de los hechos. http://nuevosrepublicanos1905.blogspot.com.es

http://www.parpayuela.com
La evolución de los movimientos políticos en Asturias parece estar condenada al mes de Octubre.
Durante la Guerra Civil española, cerca de 200.000 hombres y mujeres fueron asesinados lejos del frente, ejecutados extrajudicialmente o tras procesos poco legales. Murieron a raíz del golpe militar contra la Segunda República de los días 17 y 18 de julio de 1936. http://unviajeimposible.blogspot.com.es

Si en Octubre de 1934 la Revolución hizo tambalearse los cimientos más sólidos del poder, en Octubre de 1937 comenzó el más vergonzoso episodio de la guerra civil y la represión franquista en Oviedo, que a su vez terminaría en otro Octubre, el de 1952: la inhumación sistemática en una gran fosa común de unos 1.316 cadáveres identificados de combatientes republicanos o simplemente hombres y mujeres de izquierdas, ejecutados tras consejos de guerra que no eran sino meras representaciones teatrales.
Identificados unos, porque más de un centenar de personas acabaron en la fosa sin tan siquiera conocerse su identidad. En ese apartado de sus archivos se puede aún leer "procedente de la cárcel" o "paisanos rojos". Era bastante. La fosa común de Oviedo está emplazada el cementerio civil, que durante décadas estuvo separado del católico por fuertes muros de piedra. Solo en 1970 se derribó la mayor parte de esa separación vergonzosa, quedando ambos cementerios comunicados. La fosa, de 21 metros de largo por 12 de ancho, mantiene en secreto su profundidad, pero no así el número de los allí enterrados, una cifra que hace pensar en una excavación realmente profunda.
En esa profundidad yace el espíritu de aquélla Asturias que sufrió en sus carnes la más despiadada persecución por su abanderamiento de ideales revolucionarios. De los allí enterrados, muchos fueron transportados con vida al exterior del cementerio, y asesinados allí mismo, en un emplazamiento mirando a la sierra del Aramo; un lugar por lo general ignorado, pero nunca olvidado por quienes vivieron marcados por la tragedia, ni por sus descendientes.
Las flores que los familiares dejaban en ese lugar de ejecución eran con frecuencia pateadas y pisoteadas por oficiales a caballo. Los que tenían la desgracia de no morir en el mismo fusilamiento eran enterrados moribundos, sin tiro de gracia, cubiertos de cal viva y a menudo quedando al aire miembros que eran comidos por los perros y los cuervos. Los gritos de dolor de los desgraciados que aún no habían muerto podían ser escuchados por quienes vivían en las cercanías.
Otros habían sido secuestrados, paseados y ejecutados en otros lugares, transportados sus cadáveres en camiones, dejando restos de su sangre por las calles de Oviedo, y llevados a la fosa para cerrar episodios oscuros y a menudo anónimos. Y lo que está claro es que no todas las víctimas de la represión fascista en Oviedo están en la fosa: muchos fueron los que desaparecieron y murieron de forma extraoficial, siendo "paseados" y asesinados tanto por civiles como por militares, sin dejar constancia escrita y con flagrante impunidad y complicidad de las autoridades, ya terminada la guerra.
Este pozo (Pozo Fortuna en Turón - Mieres), fue utilizado como fosa común durante la Guerra Civil. Sobre él se encuentra un monolito, en homenaje a las víctimas que a él fueron arrojadas. http://www.foroporlamemoria.info
 
No todos los combatientes republicanos "oficialmente" asesinados fueron a parar a la fosa, ya que a los que confesaban y comulgaban antes de su ejecución se les adjudicaba un nicho en el cementerio católico. El total oficial de republicanos o izquierdistas asesinados en Oviedo o cercanías desde 1937 hasta 1952, sumando los más de 200 "arrepentidos" asciende a más de 1.600 personas. Existen además hasta doce sepulturas individuales junto a la fosa común, de víctimas ejecutadas entre 1948 y 1952. A su vez varios cuerpos fueron extraídos de la fosa a petición de sus familiares para su pertinente traslado, y por otra parte, hay en la fosa cuerpos inhumados que no tuvieron nada que ver con la República y la defensa de sus ideales, y que sin embargo terminaron en el mismo lugar: militares del bando nacional fusilados por rebelión o agresiones a superiores, o simplemente civiles acusados de atraco a mano armada o asesinato.
Todos estos datos nos indican que ni son todos los que están, ni están todos los que son. Desde el momento en que la fosa comenzó a acoger cuerpos, comenzó también el juego trágico de los familiares que querían visitar con dolor la tumba de sus seres queridos, al tener que esquivar la presencia de la Guardia Civil que vigilaba su acceso y convertía la honra a los muertos de izquierdas en algo clandestino. Prohibido acercarse a la fosa, prohibido llorar, prohibido tener memoria. Incluso las flores debían ser arrojadas desde el exterior, al estar siempre cerrada la puerta del cementerio civil. Viudas que tenían allí enterrados al marido, a los hijos o a todos, eran repelidas violentamente por la Benemérita. Solo el tiempo consiguió aplacar los odios de las autoridades franquistas de Oviedo, que poco a poco empezaron a permitir las visitas a la fosa.
Poco a poco empezaban a permitir recordar. Así, en 1967, familiares de los allí enterrados, en un alarde de valor dados los tiempos que corrían, solicitaron la construcción de un cerco de piedra como el que hoy día delimita la fosa; negada rotundamente la ayuda municipal, llegaron a publicar en la prensa un anuncio de la apertura de una cuenta corriente a tal efecto. No era poco, conseguir que el recinto tuviese unos límites reconocidos y separados del resto del cementerio civil; era tanto como rendir el primer homenaje a los allí sepultados, en plena dictadura. Ni que decir tiene que la respuesta fue tajantemente negativa por parte del Gobierno Civil, que automáticamente ordenó cancelar dicha cuenta.
Los cadáveres no son polvo, son huesos y cráneos que siguen apareciendo en fosas comunes.(Zapatos de mujer con huesos). http://lapiedracuadrada.blogspot.com.es.

Con todo, el gesto de valentía merece ser recordado, y ahí está hoy día el cerco de piedra para dar fe de la constancia y de la memoria. Ya en democracia, en vísperas del día de la Republica de 1986, se inauguró el monumento que actualmente domina el escenario de la fosa desde el centro de la misma, y que puede verse en la fotografía de la izquierda: un monumento dedicado a los Defensores de la República y del Frente Popular en Asturias. Antes del acto, algún franquista tan ruin y cobarde como esquizofrénico se entretuvo en embadurnar de verde la inscripción que los familiares de los fallecidos pusieron al pie de la fosa en memoria de todos, pero la vida y la historia no se detienen, y hechos así solo deben verse como anécdotas de la intransigencia.
El último y más importante homenaje a los asesinados se llevó a cabo el Día de la República de 2001: gracias al trabajo y el tesón de la Junta Directiva de la Asociación de Familiares y Amigos de la Fosa Común, se instalaron enormes placas de mármol en los muros que rodean la fosa, placas que contienen los nombres, edades y procedencia de todos los allí sepultados de los que se tiene conocimiento oficial, y que están ahí por haber defendido ideales de República y Libertad. Una iniciativa emocionante, digna de elogio y que por fin restituye el honor y la memoria de todos los que murieron por defender sus ideas frente al fanatismo ciego.
El presente y futuro de la fosa de Oviedo pasa por dos fechas al año en los que esta gran tumba se llena de vida y de color: el día de los difuntos y -¡cómo no!- cada 14 de Abril, Día de la República. En ambos días los familiares y amigos de los allí sepultados rinden homenaje y demuestran su fidelidad hasta el fín, cubriendo la fosa de incontables ramos de flores y desplegando al aire banderas tricolor de aquella República Española que creía en la democracia y en la libertad y que fue asesinada por el fascismo. Aún hoy, pasado más de medio siglo, la memoria permanece viva en todos nosotros, y no dejaremos que el tiempo se lleve los recuerdos.
Alguno puede perdonar, incluso pasar página, pero nunca debemos olvidar. En conclusión, en la fosa común del cementerio de Oviedo yacen los cuerpos de hombres, mujeres, jóvenes y mayores, asesinados todos en distintos lugares de la capital asturiana y sus alrededores, en la guerra y en la represión fascista de la post-guerra. La fosa denuncia la mayor vergüenza que puede sentir un pueblo: la de la guerra civil, y su sola presencia basta para que siempre lo recordemos. Al fin y al cabo, se dice que el pueblo que olvida su historia está obligado a repetirla. (http://www.fosacomun.com/)

 Caminante no hay camino se hace camino al andar (A. Machado) http://dimemarchena.blogspot.com.es

FUENTE:  http://www.parpayuela.com
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27 de abril de 2014

«Por el camino de Mieres», según Víctor Manuel San José.

La canción de los trenes perdidos.
Víctor Manuel de Joven durante el concurso de otoño en Mieres, Víctor Manuel nació el 7 de julio de 1947 en Mieres del Camino.
El cantante mierense Víctor Manuel recogió en Cudillero la  XXXV "Amuravela de oro" el sábado 26 de abril de 2014, (en un acto de más de 350 personas), 34 años después de componer "De Cudillero", una canción que hablaba de las primeras cuotas pesqueras europeas. La propuesta partió de la asociación "Amigos de Cudillero", entidad que le ha considerado merecedor de tan distinguido honor
Víctor Manuel durante una entrevista
www.lne.es 
Víctor Manuel repasa el Mieres distinto del que abandonó en los años sesenta y confirma lo que ya cantaba en los ochenta, que «no dejaron ni migajas de los años de abundancia».
Hay un verso escondido en una canción de 1983 que define sin retoques lo que pasa en la actualidad. En uno de los retratos cantados de su villa natal, «Por el camino de Mieres», Víctor Manuel San José ya escribió entonces, antes del último estribillo, una frase sin sujeto que dejaba en el aire la sentencia «no dejaron ni migajas de los años de abundancia». Sigue sirviendo hoy, con ese trazo valdría para redondear el dibujo. «Ni migajas, así fue». El cantautor mierense asiente, ratifica la lastimosa vigencia del aquel verso suelto, de la melodía con la que sigue pudiendo acompañar hoy la memoria de un pasado distinto. La certeza ha resurgido ahora, avanzado el siglo XXI, al volver a pensar en poner banda sonora a Mieres, en buscar letra y música para la comparación de aquella capital minera y siderúrgica atravesada por trenes de mercancías chirriantes con esta nueva villa más limpia y menos viva. La vida ha resucitado en el río Caudal -«ahora tiene peces, yo siempre lo vi negro»-, a medida que menguaba en un trazado urbano que ha llegado hasta hoy con menos población que nunca desde el apogeo mierense del carbón y del acero. «Ésa es la diferencia con el tejido industrial del País Vasco, por ejemplo», concluye Víctor Manuel. «El capitalismo vasco ha reinvertido históricamente. Nosotros..., deseando que nos comprase el Estado».

25 de abril de 2014

El minero asturiano conocido como "Juanón" fue asesinado a tiros en Barcelona en 1971,

La extraña muerte de Juan Guerrero.

                               Ilustración de Alfonso Zapico.

El minero asturiano conocido como "Juanón" fue asesinado a tiros en Barcelona en 1971, acusado por sus compañeros del PCE (i) de ser un delator de la Policía.

                               Ilustración de Alfonso Zapico.
http://www.lne.es
A finales de los años 60, los aires de la nueva izquierda que se extendían por Europa salpicaron al monolítico Partido Comunista de España que vio como muchos de sus militantes más jóvenes lo abandonaban para sumarse a otras tendencias más modernas surgidas del Frente de Liberación Popular y de los sectores católicos progresistas. Así nacieron muchos grupos que tuvieron una andadura corta, pero también partidos como el Movimiento Comunista de España, la Organización Revolucionaría de Trabajadores, Bandera Roja, el Partido del Trabajo de España, el PCE (m-l) o el PCE (i), por citar a los más importantes.
La historia de este último grupo es confusa incluso para quienes se han ocupado de investigar exhaustivamente esta época. Se formó en 1967 en Barcelona y de su complejidad dan idea las sucesivas escisiones que acabaron formando cuatro corrientes diferentes: el original Partido Comunista de España (internacional); Línea Proletaria; Quinta Fracción y el Partido Comunista de España (internacionalista), de un nombre casi idéntico al primero, por lo que para diferenciar a sus militantes se los conocía como los "istas".
Todos ellos basaban su teoría en la crítica al partido de Santiago Carrillo y en un radicalismo extremo que en ocasiones los llevó no sólo a justificar la lucha armada contra el Estado, sino a emplear la violencia verbal y también la física para resolver las diferencias entre sus mismos camaradas.
Para el historiador Tino Brugos, en Asturias el activista más destacado del PCE (i) fue Gonzalo Tejerina, quien trajo la idea desde Valladolid, donde estaba estudiando, para implantarla en la Universidad de Oviedo, dentro de las Facultades de Filosofía y Letras, y la de Biológicas. Por su parte, la dirección del partido envió desde Cataluña a Manuel Armenta Espejo, para introducirse en los sectores obreros de Mieres y Avilés y, en el Nalón, también hubo un grupo activo dirigido por Félix Alberdi "Felichu", quien ya había pagado tributo por su participación en las huelgas del 62; con él estaba su compañera Maruja Ramos y otro joven minero llamado Juan Guerrero Escaria.
La persecución policial acabó obligando al PCE (i) a funcionar con células clandestinas de tres personas que se coordinaban eligiendo un responsable que recibía y transmitía las órdenes elaboradas por un comité, de forma que esta medida de seguridad trajo la consecuencia de que muchas veces unos militantes no conocían a los otros y ahora es difícil saber con exactitud los movimientos que se produjeron entre las cuencas mineras y los núcleos que llegaron a funcionar en Avilés y Oviedo.
Por la misma razón, las continuas escisiones que se dieron en Cataluña, donde el partido era más numeroso y tenía una vida más activa, aquí no llegaron a comprenderse nunca del todo.
En la primavera de 1969, justo cuando se vivía uno de los momentos más tensos en la historia de este grupo, con el enfrentamiento que acabó separando a los "istas", se produjo la primera caída masiva del PCE (i). Como sucede con casi todo lo que rodea a este grupo, las circunstancias de esta acción también son confusas. Según se contó, la Guardia Civil había recibido la orden de vigilar el piso de Barcelona en el que se reunían y tuvo que actuar precipitadamente debido a unos disparos producidos en el fragor de la discusión entre las dos facciones del partido, que alarmaron a los vecinos.
Javier Tebar, director del Archivo Histórico de CC OO de Cataluña, explica así este momento: "Durante los meses de 1969 el propio PCE (i) había padecido una escisión en sus filas a raíz del asesinato de Juan Guerrero en Sant Fost, un pueblo del interior de la provincia de Barcelona, que fue atribuido a una orden de la dirección de la propia organización. Con ello se originó una nueva división de la que nacería el Partido Comunista de España (internacional)".

                                         Ilustración de Alfonso Zapico. 
Sin embargo, esto parece un fruto de la confusión de que les hablo, ya que Juan Guerrero siguió vivo hasta 1971. El 27 de abril de aquel año fueron detenidos en una redada 32 militantes, dejando tan tocada a la organización que estuvo a punto de desaparecer. Todo había sido consecuencia de una delación y hubo quien lo acusó a él de haber dado el chivatazo, lo que firmó su sentencia de muerte.
Muchos años después, ya en 1999, José Ramón Gómez Fouz en su libro "Clandestinos", aportó todo lujo de detalles apoyando esta acusación. Su información partía de los propios informes policiales a los que tuvo acceso, pero aún así, hay quienes siguen poniendo en duda las conclusiones del autor, basándose en que da una visión sesgada de los hechos que narra, y como prueba de esta parcialidad están los elogios que ha recibido de alguien tan marcado por su sectarismo como Pío Moa.
Gómez Fouz se empeñó en demostrar que Juan Guerrero Escaria fue sobre todo un destacado confidente policial. Según su versión, "Juanón", como lo llamaban en aquellos años, era natural de Valdepeñas, pero había pasado su niñez y adolescencia en Asturias, convirtiéndose en un minero alto y fibroso, muy valiente y combativo. Vivió en La Nisal, era militante del PCE y trabajó en el Pozo Fondón hasta que fue expulsado por su constante implicación en los conflictos laborales
Luego, después de una estancia en la cárcel, fue convencido por el conocido comisario Claudio Ramos para que trabajase a su servicio, pasó por Llascaras y Modesta y acabó colocado por el policía en una explotación de La Colladona, llamada Mina Miravalles. Era un pozo propiedad de Efrén García Fernández, adonde solían ir a parar obreros despedidos de otras minas, con fama de haber tenido responsabilidad en algún conflicto, para tenerlos a todos controlados en un mismo lugar. Más tarde, al comisario Ramos le interesó tener a alguien infiltrado en el Pozo Polio y lo trasladó hasta allí, teniendo que falsificar una placa de sus pulmones para ocultar la silicosis que ya padecía.
Siempre según Gómez Fouz, cuando empezaron los problemas entre los comunistas exiliados que dieron como fruto las escisiones de las que salieron el PCE (m-l) y el PCE (i), "Juanón" era una pieza tan importante en el aparato de información policial, que fue llevado a trabajar a Bélgica y luego a Francia, alternando su domicilio con Barcelona e incluso se le financió una estancia de seis meses en China, siempre bajo el control de las autoridades franquistas para que siempre pudiese estar en el meollo de estos grupos.
Con respecto a la caída del aparato en Barcelona, en "Clandestinos" puede leerse que Juan Guerrero informaba desde allí a sus contactos policiales, siendo suya la responsabilidad de las detenciones de aquel abril de 1971, hasta el punto de que la acción fue denominada con el nombre gijonés de Operación Mareo y cuando todo concluyó, el antiguo minero viajó de regreso a Asturias en un coche camuflado, recibiendo por sus servicios la cantidad de 100.000 pesetas de la época.

Parecen demasiados detalles para dudar de que las cosas no fuesen así, pero lo que sucedió más tarde ya no puede explicarse. Dos meses después, "Juanón" se empeñó en volver a Barcelona, a pesar de que los comisarios asturianos insistieron en que no lo hiciera y el día 13 de julio apareció asesinado de varios disparos. Gómez Fouz escribe sus propias conclusiones sobre este episodio, dando por buenas las sospechas de Claudio Ramos. Para el policía, quien apretó el gatillo fue otro infiltrado llamado José Luís Espinosa, que dependía de su siniestro colega el llamado "superagente" Roberto Conesa, y años más tarde iba a hacerse famoso al atentar también contra el líder independentista canario Antonio Cubillo.
La última reflexión de Gómez Fouz sobre este caso es la de que "a Juan Guerrero Escavia la muerte le privó de ser agente del CESID, la Central de Inteligencia española que se iría formando al año siguiente, y que no hubiera desaprovechado a un hombre de su valor".
Otro matiz lo da Lorenzo Peña, fundador del PCE (ml), en su libro "¡Abajo la oligarquía! ¡Muera el imperialismo yanquí! Anhelos y decepciones de un antifascista revolucionario". En sus páginas se aportan más detalles, como la confirmación de que Juan Guerrero estuvo en Francia entre comienzos de 1967 y primavera del 68, compartiendo piso con él. Afirma que allí lo conocían como "Roberto" y escribe que "más tarde se dijo que había pasado a ser confidente de la policía franquista y actuó en contra del PCE (ml) y a favor de aquella extraña organización que fue el PCE (i). También aprovecha para criticar la confusión de Gómez Fouz al referirse a estos dos partidos y llega a calificar a su libro como "de mal olor"".
Peña no duda de que fue el "Partido Comunista Internacional" quien ejecutó a "Juanón", "al parecer en Barcelona? quizá al haber descubierto estos sus lazos ocultos con la Brigada Político Social", pero no hace falta que les diga que aquí quedan muchas cosas en el aire. Ya lo ven: otro asunto por aclarar.
 

                           Ilustración de Alfonso Zapico.
 
FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR. 

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