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| Viejo cañón en el muelle de Lastres. Textos e imágenes extraídos del libro “Asturias y La Mar”. © Editorial Prensa Asturiana S. A. Páginas de la nº 765 a la nº 774. Autores de fotos: página nº 3 del libro. Autores de Imágenes: página nº 3 del libro. Foto: Archivo. La Nueva España. |
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| Mosaico que representa la defensa del puerto de Luarca por la batería de La Atalaya. Textos e imágenes extraídos del libro “Asturias y La Mar”. © Editorial Prensa Asturiana S. A. Páginas de la nº 765 a la nº 774. Autores de fotos: página nº 3 del libro. Autores de Imágenes: página nº 3 del libro. Foto: Archivo. La Nueva España. |
El corsario era una especie de pirata que actuaba amparado y al servicio del rey o del estado, que en ocasiones lo financiaban. Hasta tal punto el rey participaba de las acciones de los barcos corsarios en su nombre, que éstos debían entregarle una parte del botín conseguido. El rey otorgaba o concedía lo que se denominaba “patente de corso”, y el capitán y la nave que la recibían quedaban bajo su amparo y patrocinio.
"La navegación en corso era un recurso muy efectivo desde el punto de vista militar y muy provechoso económicamente. Como ya señalara F. Braudel en su clásico libro “El Mediterráneo en la época de Felipe II”, el corsarismo “es una industria tan vieja como la historia”. La nao Santiago y sus mercancías, que los portugueses tomaron al marino y comerciarte avilesino Gómez Arias de Inclán en 1474, fuerce valoradas en 8.000 doblas de oro castellanas".
Destacados marinos asturianos actuaron durarse determinados períodos de su carrera como corsarios. Tal es el caso, por ejemplo, de Pedro Menéndez de Avilés (1519-1574) o de su yerno Pedro de Valdés (1544-1615).














