31 de enero de 2013

Graciano Martínez Suárez, misionero agustino lavianés

El desengañado de Filipinas

Graciano Martínez Suárez, misionero agustino lavianés, relató en un libro su cautiverio de dieciséis meses en la isla asiática tras la derrota militar de 1898 y criticó con dureza a las autoridades españolas
Ilustración de Alfonso Zapico
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Graciano Martínez Suárez, misionero agustino lavianés, relató en un libro su cautiverio de dieciséis meses en la isla asiática tras la derrota militar de 1898 y criticó con dureza a las autoridades españolas Al amanecer del 1 de mayo de 1898 sonó un cañonazo en las aguas de Cavite. La Armada americana había disparado primero e iba a seguir haciéndolo a placer mientras los barcos mandados por el almirante Patricio Montojo apenas podían defenderse y los proyectiles de la artillería costera, que estaban demasiado lejos, se perdían antes de llegar a su objetivo. Cuatro horas más tarde en Filipinas se había repetido el desastre cubano y los españoles residentes en el archipiélago intentaban dejarlo por cualquier medio para retornar a la metrópoli. Entre ellos estaba el misionero agustino Graciano Martínez Suárez, nacido el martes 23 de marzo de 1869 en la casa conocida como La Portalada, en el callejón de la capilla de San José de Pola de Laviana. El fraile llevaba poco tiempo en Asia. Había sido destinado al norte de la isla de Luzón, primero en la provincia de Abra, luego ocho meses en Ilocos y finalmente en las montañas de Sapao, entre los indios igorotes, conocidos porque hacía poco que habían dejado la terrible costumbre de coleccionar las cabezas de sus víctimas. Allí pudo vivir de cerca todos los avatares de la revolución independentista; hasta que cayó prisionero el 26 de agosto de 1898.

30 de enero de 2013

Las rocas de Asturias, antes de la historia

Asturias antes de la historia de Asturias

 






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Los geólogos son unos científicos que se caracterizan, entre otras cosas, por las historias insólitas que cuentan. Si hemos de creerles, los continentes se juntan y se separan, los océanos se abren y se cierran, las montañas surgen del mar y luego son arrasadas. Nada hay permanente sobre la superficie de la Tierra. Y todo esto son capaces de leerlo en las rocas que aparecen debajo de la hierba, los árboles y los suelos. Así elaboran una historia, medida en cifras de millones de años, que nos explican con la seguridad del que habla de algo que vio ayer. Lo que dicen parece ciencia ficción, pero ellos juran que es ciencia auténtica. En Oviedo hay un importante vivero de esta rara especie en la Facultad de Geología, la primera del país según diversas encuestas, sita en el campus de Llamaquique. A continuación formulamos una serie de preguntas con sus correspondientes respuestas que contribuyen a aclararnos el pasado más remoto.
-¿Cómo se las arregla un geólogo para saber la edad de las rocas?
-Existen diversos métodos. Las rocas estratificadas como areniscas, calizas o pizarras, que son las más frecuentes en Asturias, se forman a partir de sedimentos depositados en cuencas que frecuentemente se sitúan en el mar. Estas rocas contienen muchas veces fósiles, que son restos de organismos que vivían cuando los sedimentos se formaron y quedaron enterrados con ellos. Sabemos que los animales y plantas que viven en la Tierra han ido cambiando con el tiempo, porque están sometidos a procesos de evolución, y por ello, estudiando sucesiones de rocas de todo el mundo, ha sido posible establecer una división de épocas sucesivas caracterizadas por fósiles diferentes. Al final, los fósiles son como una especie de etiqueta que nos dice la edad de las rocas.
-Pero los fósiles no les dicen que una roca se formó hace 100 millones de años. ¿Cómo llegan a saber eso?
-Para saberlo hay que acudir a otro tipo importante de rocas que son las que se originan por solidificación de una masa fundida de rocas, es decir, un magma, las rocas ígneas. En Asturias tenemos por ejemplo los granitos de Boal, o los basaltos de la Punta del Castro, junto al Cabo Peñas. Algunos minerales de estas rocas contienen átomos radiactivos, y en cuanto se forma el mineral a partir del magma, estos átomos empiezan a sufrir transformaciones que siguen leyes perfectamente conocidas de la desintegración radiactiva. Estos minerales se convierten así en una especie de reloj y analizándolos podemos saber la edad casi exacta de las rocas.
-Si el método es aplicable sólo a rocas ígneas, ¿cómo se puede saber la edad de una roca sedimentaria?

-Se puede llegar a saber porque en muchos sitios del mundo existen series en las que se intercalan rocas volcánicas en las sucesiones sedimentarias, debido a erupciones volcánicas que  había al mismo tiempo que se depositaban los sedimentos. De esta forma, el trabajo de muchos geólogos durante mucho tiempo y en muchas partes del mundo ha permitido establecer una equivalencia entre la escala de edad de los fósiles y la de los tiempos en millones de años, y hoy día ya puede decirse que los fósiles indican una edad en años con bastante precisión.
-Y aplicando esos métodos, ¿cuál es la edad de las rocas de Asturias?

-Las rocas de Asturias con más edad tienen en torno a 600 millones de años y están entre las más viejas de España. Corresponden a una época denominada Precámbrico, en que los fósiles son muy escasos porque la vida estaba entonces empezando a desarrollarse y no había todavía seres con partes duras susceptibles de fosilizar. Son pizarras y areniscas que aparecen en un corredor desde la zona de Leitariegos hacia el Norte, pasando por Cangas del Narcea, hasta llegar a la costa en Cudillero. Los geólogos llamamos a este corredor el «Antiforme del Narcea». Y divide Asturias en una parte oriental y otra occidental que tienen características distintas. Después de esta época, hay un período largo de tiempo que va aproximadamente desde hace 550 hasta hace 300 millones de años, es decir, casi todo lo que llamamos era Paleozoica, en el que se forman la mayor parte de las rocas que encontramos actualmente en Asturias, desde las pizarras del Occidente o las que afloran en la Cuenca, hasta las cuarcitas que forman el Cabo Busto o el Cabo Peñas o las calizas de los Picos de Europa. Estas rocas se forman con pocas excepciones a partir de los sedimentos depositados en cuencas marinas. Y esto es muy claro porque los fósiles marinos son muy frecuentes en ellas.
-¿Quiere esto decir que la mayor parte de las rocas que ahora forman Asturias se originaron debajo del mar?

-Efectivamente. Cuando vamos en avión, por ejemplo, y volamos sobre el mar podemos imaginar que vemos Asturias tal como era en aquella época. De todas formas había un continente cerca, del que procedían los sedimentos que se depositaban en el fondo del mar. A ese continente se le ha dado el nombre de Gondwana. El hecho es que las rocas que ahora vemos formando la parte oriental de Asturias, en aquella época se formaban en el fondo del mar, pero más próximas a la tierra de Gondwana. En ellas son más frecuentes las calizas que caracterizan el paisaje del oriente de Asturias. En las rocas del Occidente, que se formaron más lejos del continente, predominan las pizarras y las areniscas.
-¿Y cuándo surgieron del mar esas rocas?

-Aquí conviene comentar un aspecto importante del que no hemos hablado. Ahora, gracias a la teoría de la Tectónica de Placas, sabemos que los continentes cambian su posición relativa sobre la superficie de la Tierra. De esta forma, a veces dos continentes colisionan y en ese momento los materiales de las cuencas marinas próximas a ellos son deformados intensamente, doblándose y rompiéndose, y se elevan en una gran cordillera. Por poner un ejemplo muy claro de esto, hace unos 30 millones de años, la India chocó con Asia y eso produjo la gran cordillera de los Himalayas. Bueno, pues hace unos 350 a 300 millones de años, Gondwana colisionó con otro continente situado al Norte y como resultado se originó una gran cordillera, la cordillera Varisca. En esa época, las rocas que se habían formado en el margen de Gondwana emergieron. No obstante, debido al tiempo transcurrido, esta cordillera se encuentra hoy arrasada y no tiene sentido orográfico, pero la franja con rocas deformadas en esa edad, debido a esa colisión, se extiende en Europa desde la península Ibérica, pasando por Francia y Alemania, hasta el macizo Bohémico en la República Checa.
-¿Cuáles son las principales características de esa deformación en Asturias?

-En estas cordilleras originadas por colisión de continentes muchas veces se observa una transición desde zonas donde las rocas se deformaron a mayor temperatura a otras donde la temperatura era menor. En Asturias, el «Antiforme del Narcea», del que hablábamos antes, divide precisamente una parte oriental, deformada a más baja temperatura, de otra occidental con temperaturas mayores que llegaron a sobrepasar los 400º C en algunos sitios. En la zona occidental, por efecto de esa temperatura mayor, las rocas adquirieron ese lajado característico que los geólogos llamamos clivaje. Éste tiene un desarrollo muy intenso en las pizarras y hace que puedan usarse como rocas de techar. Los tejados de pizarra del occidente de Asturias son una consecuencia de ese cambio lateral de la temperatura de la deformación en la cordillera Varisca.
-¿Y qué relación hay entre esa cordillera Varisca y la actual cordillera Cantábrica ?
-La cordillera Varisca tenía un trazado N-S, y desde el N de España seguía en Bretaña, pues el golfo de Vizcaya no existía en ese momento. La apertura posterior de este golfo comenzó una serie de acontecimientos que culminaron en la formación de los Pirineos y la cordillera Cantábrica, que llevan un trazado distinto, E-W. Pero esto ocurrió hace muy poco tiempo, hace sólo unos 25 millones de años, que geológicamente es como anteayer.

FUENTE: Jesús ALLER

Gaspar Casal y Julián

Un naturalista asturiano de adopción.

Dos siglos y medio de la publicación del libro del Doctor Casal

Este año se cumplen dos siglos y medio de la publicación del libro de una figura señera del denominado Siglo de las Luces, popularmente conocida por su céntrica y concurrida calle en Oviedo con el nombre de Doctor Casal. El ilustre personaje, de nombre completo Gaspar Casal Julián (Gerona 1680-Madrid 1759), nació en Cataluña, pero pronto se desplazó junto a su familia a Soria -tierra de su madre- y a Guadalajara, donde vivió parte de su juventud en Atienza. Una vez graduado en Medicina -probablemente en la Universidad de Alcalá de Henares, aunque este extremo no está confirmado-, ejerció en Madrid hasta 1718.

En esta fecha decide trasladarse a Asturias, donde residió treinta y tres años, casi la mitad de su vida. Poco después de llegar a Oviedo fue nombrado médico del municipio y, gracias a la fama ganada, en marzo de 1729 las autoridades catedralicias le responsabilizan de la salud del cabildo. Contemporáneo de Feijoo, le unía amistad con el fraile benedictino, con el cual compartía tertulia. En 1751 regresa a Madrid y ejerce de galeno de la Corte, llegando a atender al propio rey Fernando VI. Pasó a la historia como el Hipócrates asturiano debido a sus continuas referencias al más importante médico de la Antigua Grecia.

Una de sus aportaciones terapéuticas más notables fue anticiparse en la interpretación de lo que denominó «mal de la rosa» (pelagra; del italiano «pelle»: piel y «agra»: áspera), percatándose de que era una enfermedad causada por el excesivo consumo de maíz, alimento omnipresente en la alimentación asturiana de su tiempo. Además de sus quehaceres profesionales, se dedicó a recopilar documentación acerca de los males habituales y sobre otras variadas disciplinas naturalistas (climatología, fauna, flora y mineralogía).

Sus pesquisas son publicadas en Madrid, de manera póstuma, con el título «Historia natural y médica del Principado de Asturias», cuya edición príncipe data de 1762. La obra reúne una temática pluridisciplinar: aguas, piedras, minerales y metales, sigue con otros capítulos dedicados a árboles y plantas, la atmósfera y diversas enfermedades endémicas. Desde un punto de vista geológico, se refiere a varios materiales: jaspes, piedra imán, carbón, trípoli y minerales de hierro, plomo, cobre, etcétera. Esta edición fue ampliamente elogiada por su claridad expositiva y su profundidad temática, siendo reeditada diversas veces.

Dedica especial atención al succino o ámbar -sustancia resultante de la fosilización de la resina de los árboles-, erigiéndose pionero en describir dos yacimientos asturianos, uno en Beloncio (Piloña) y otro en Arenas (Valdesoto, Siero). Puntualiza que «se inflama y arde como una tea, despidiendo un humo intenso y negro y exhalando un olor suave que dura tanto como permanece la llama, y aún extinguida ésta despide un aroma agradable como el del incienso ordinario». No debe extrañar el interés mostrado por Casal respecto al ámbar, pues era creencia cultural que poseía propiedades místicas o mágicas (se le han atribuido propiedades de la sabiduría y de la virtud), siendo utilizado como talismán y también como remedio medicinal contra problemas de pulmón, garganta, dolores de cabeza, circulatorios, etcétera.

Aparte del ámbar, describe azabache en el yacimiento piloñés indicando que, en su opinión, debe denominarse «ámbar negro», pues creía equívocamente que la génesis de ambos era similar. También se preocupa del cristal de roca (cuarzo), relatando la existencia de dos «minas», en Berbes (Ribadesella) y Las Caldas de Priorio (Oviedo); los cristales de la primera son «tan hermosos, tan puros, nítidos, brillantes y diáfanos, que apenas se pueden distinguir de los diamantes», sin embargo, en la segunda «no hay un solo cristal que sea diáfano (...). La superficie está perfectamente pulimentada, pero su color es entre azul y negro»; transcurrido el tiempo estos pequeños cristales prismáticos apuntados por pirámides fueron conocidos en la bibliografía como «diamantes de Las Caldas».

Fue un avanzado divulgador de las aguas termominerales de Las Caldas de Priorio (Oviedo) y de Fuensanta (Nava) al percatarse de sus bondades salutíferas. Relata de las de Priorio: «Son en sumo cristalinas, sin sabor ni olor perceptible», y refiriéndose a las de Fuensanta describe que son «claras y puramente tibias en grado remiso. Exhala la fuente un hedor cenagoso sulfúreo hasta enfadoso (...). Puesta dentro de la fuente o su arroyuelo alguna moneda o alhajilla de plata se vuelve en poco tiempo de color de oro».

No cabe duda de sus habilidades interpretativas, pudiendo considerársele un adelantado del método científico. Así lo demuestra en el caso de las mencionadas aguas termales de Las Caldas, sobre las que realizó múltiples experimentos para determinar su naturaleza.

FUENTE:  MANUEL GUTIÉRREZ CLAVEROL DEPARTAMENTO DE GEOLOGÍA DE LA UNIVERSIDAD.
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 http://www.fgcasal.org

El médico" de Francisco de Goya. Se postula que puede tratarse de Gaspar Casal

La figura: Gaspar Casal y Julián
La Fundación adoptó el nombre de Gaspar Casal por ser el primer médico epidemiólogo español. Describió magistralmente la pelagra o 'el mal de la rosa' en el año 1730. Su conocimiento se plasmó en su libro póstumo: Historia natural y Médica del Principado de Asturias. Su gran aportación a la ciencia fue el cambio conceptual de la medicina, partiendo de la observación y registro e inducción de la enfermedad basada en los hechos. Analiza la Epidemiología de la Asturias de su tiempo, y relaciona el mal clima, con la pérdida de cosechas maíz, patata,…. con déficit vitamínico y de los componentes esenciales de la dieta de sus habitantes, para que aparecieran distintas enfermedades.



  • Nacido en Gerona en 1680
  • A los 22 años ejerció la Medicina en Madrid y la Alcarria.
  • En 1717 marchó a Oviedo y permaneció hasta 1751 donde destacó por sus virtudes: el candor, la crítica, la verdad y la sinceridad, además gran prestigio como clínico e investigador.
  • Describió la pelagra o ‘el mal de la rosa’ en el año 1730.
  • Más tarde fue médico personal de Fernando VI.
  • Murió en Madrid 1759.
  • A los cuatro años de su muerte apareció su libro póstumo: Historia natural y Médica del principado de Asturias.
  • Durante la Ilustración, la medicina española rompe su aislamiento cultural, y trata de incorporarse a sus nuevas corrientes.
  • Gaspar Casal, toma de referente, a la medicina sydenhaniana basada en la observación y en oposición al dogmatismo galénico.
  • Su aportación a la ciencia es el cambio conceptual de la medicina estructurado a partir de la observación y teorización de la enfermedad basada en los hechos.
  • Analiza la Epidemiología de la Asturias de su tiempo, y relaciona la dieta de los enfermos con los trastornos físicos de la enfermedad.

El Prof. Francisco García-Valdecasas en una ponencia en la Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares con motivo del segundo aniversario de la muerte de Gaspar Casal le dedica las siguientes palabras: "me ha sorprendido por su claridad de entendimiento y por su objetividad y ausencia de perjuicios, haciendo observación de los hechos, sin dejarse influir por la serie de principios filosóficos y deducciones sistemáticas en que naufragaban los ingenios de su tiempo. Su independencia de criterio frente a los prejuicios de la época no se encuentran en ningún autor de aquellos tiempos, ni aún de cien años después. Si bien es de destacar el descubrimiento del Mal de la Rosa, a mi juicio su claridad e independencia le colocan a la cabeza de los grandes hombres de su época".

Fichas de las ediciones de su obra:
1762
Dr.Juan
Joseph
García
Sevillano
1900
Dr.A Buylla
y Alegre
y Dr.Sarandeses
y Álvarez







1959
Prólogo del
Dr.Gregorio
Marañón
1988
Introducción e índice-glosario por
D.José Ramón Tolivar

24 de enero de 2013

Jesús Fernández Duro, piloto de aeróstatos

El valor de cinco francos.

El Grand Prix del Aéro Club de France 1905, del que FERNÁNDEZ DURO fue uno de los protagonistas (archivo González-Betes)

 lne.es 

Las aventuras aeronáuticas de Jesús Fernández Duro, que atravesó los Pirineos en globo y fue nombrado caballero de la Legión de Honor francesa

Cuando uno ve por la televisión a esos supuestos aventureros informatizados que llegan al fondo de cavernas nunca holladas por el hombre o avanzan en solitario por el Polo Norte, se pregunta cómo es posible que si son ellos los primeros en estar allí, alguien pueda manejar la cámara que filma su descenso desde el fondo de la cueva o su marcha sobre el hielo a veinte metros de distancia y sospecha que se nos quiere tomar por imbéciles.
Hace ya mucho que es imposible encontrar un viaje inédito o realizar una actividad que merezca correr un riesgo sin caer en el ridículo. Es verdad que nadie ha subido aún al Everest culo atrás -creo que es lo único que le queda por ver a la sufrida cumbre-, pero en cambio abundan los individuos que se tiran desde los puentes vestidos de polichinela, hacen la Ruta de la Seda en patinete, o suben corriendo por la escalera hasta el último piso de un rascacielos; incluso he visto a un sujeto patrocinado por una marca de refrescos que se ha lanzado en caída libre desde el espacio exterior, llegando a la Tierra tan ileso que no hizo falta ni ponerle una tirita.



FERNÁNDEZ DURO es alabado en "La Vie au Grand Air" tras su hazaña del cruce de los Pirineos (archivo Gus)
 http://pilotosmuertos.blogspot.com.es
Hoy les voy a hablar de un aventurero de verdad, al que ya cité en otra de estas historias hace ya cinco años, aunque ahora quiero ampliarles más cosas. Nuestro hombre se llamaba Jesús Fernández Duro y fue capaz de ir y volver desde Asturias hasta Moscú con un automóvil Panhard & Levassor que tenía 15 CV y las comodidades que se pueden suponer para los principios del siglo XX, en el viaje más largo que se había hecho hasta aquel momento, cuando apenas había gasolineras ni mapas de carreteras y la fantasía no podía imaginar un GPS.
Recorrió en aquella empresa miles de kilómetros de un firme que haría buena a cualquier caleya con dos compañeros: su amigo Fernando Muñoz Bernaldo de Quirós, que sería el tercer duque de Riansares y el mecánico Marcelino Laujedo. No se equivocan si suponen que esas cosas solo las podía hacer un hombre rico, porque esa fue su condición. Si quieren seguir leyendo, ahora les cuento como transcurrió su frenética vida, empezando por el drama que supuso su nacimiento en 1878 en La Felguera, ya que su madre, que era hija de Pedro Duro, el fundador de la empresa que aún lleva su apellido, falleció a las pocas semanas del parto, por unas complicaciones que no pudo superar.
Nuestro hombre pasó su primera infancia en la cuenca del Nalón, luego estudió con los jesuitas en Palencia y con los agustinos en Barcelona para concluir su formación en París y Ginebra, donde asistió a una escuela politécnica para estudiar ingeniería mecánica. En 1900 se estableció en Madrid donde estaba el domicilio social de la Sociedad Metalúrgica Duro-Felguera, que presidía su padre, aunque ya nunca abandonó la querencia por lo francés. Allí había conseguido su título de piloto de aeróstatos, realizado sus primeros vuelos y encargado su primer globo, el Alcotán, estrenado en París, con el que levantó la admiración de los madrileños efectuando exhibiciones y observaciones meteorológicas y astronómicas.
También fue parisino el automóvil que les cité antes, adquirido cuando aceptó trabajar como interprete de la empresa familiar en el pabellón de la Exposición Universal y que resultó el complemento perfecto para una existencia dedicada a los deportes caros.


 Monumento a Jesús Fernández Duro (Gentileza de Pablo Gómez 2007)
 http://www.esculturaurbana.com

Le gustaba la velocidad y supo compaginar las diversiones con su actividad como empresario en un negocio de importación y reparación de coches; pero su obsesión eran los vuelos. En mayo de 1905, siguiendo la idea que había visto en Francia, fundó junto al teniente-coronel Pedro Vives el Real Aero Club de España, cuyas siglas coinciden con las del popular RACE, en el que se agrupan actualmente miles de automovilistas españoles. Vives era otro pionero del aire y aunque su objetivo pasaba por organizar la aviación militar española, ambos se entendieron bien y coincidieron en abrir escuelas de pilotos y colaborar con el Aero Club Francés, del que podían aprender muchas cosas.
Cuando la idea se hizo realidad, ellos quedaron en un segundo plano, como sucede a menudo, mientras la presidencia del RACE fue para el marqués de Viana y la vicepresidencia para Alfredo Kindelán, pero lo más importante ya estaba hecho y el día de la inauguración, el 18 de Mayo de 1905, el rey Alfonso XIII estuvo presente en el Parque de Aerostación, junto a la Fábrica del Gas del paseo de las Acacias de Madrid para ver como Jesús Fernández Duro ascendía en su globo mientras lanzaba flores a los asistentes y todo el país se enteraba por la prensa de que el mundo de la aviación entraba a formar parte de nuestra vida cotidiana.
A pesar de que tuvo una vida breve, no cesó en su actividad y obtuvo galardones en todas las competiciones que se organizaron en su tiempo, lo que le valió el reconocimiento como Caballero de la Legión de Honor francesa. No hay espacio para reseñar sus movimientos, pero si debemos pararnos en 1906, su año más brillante.
Aquel enero ganó la Copa de los Pirineos al realizar una travesía en solitario a bordo del Cierzo desde Pau, en Francia, hasta Guadix, en Granada. El viaje duró dos días y el aventurero llegó a soportar hasta 16 grados bajo cero a 3.500 m de altitud, pero incluso en esas condiciones extremas se las arregló para no perder del todo los hábitos de su buena vida y no dejó de fumar. Pueden ustedes suponer el riesgo que entraña mantener el vicio del tabaco a bordo de un globo que puede inflamarse en cualquier momento. Él lo logró encendiendo los cigarros con un reóstato eléctrico y protegiéndolos con una envoltura de malla metálica. Lo curioso es que como la fortuna protege a los audaces, el tabaco le salvó la vida, ya que se acordó de subir los habanos, pero olvidó la linterna en tierra y por la noche solo pudo consultar la brújula y el barómetro a la luz de las caladas.
Dos meses más tarde trató de atravesar el Mediterráneo partiendo de Barcelona, aunque las malas condiciones climáticas le hicieron apearse en Francia. He tenido la suerte de encontrar una carta fechada el 16 de febrero de 1906, recogida por una publicación de la época, en la que le cuenta a un amigo los planes previstos para engañar al teniente-coronel Vives, entonces jefe del parque de Guadalajara, quien no era muy propicio a consentir la empresa por los riesgos que entrañaba y debía dar el consentimiento para que lo acompañase en la aventura el joven duque de Riansares, que entonces era teniente y estaba bajo sus órdenes. Vean este párrafo:
«Le diremos que antes de emprender el viaje definitivo haremos pruebas con poco viento y seguidos por un barco, para probar los estabilizadores y desviadores. Escríbele en este sentido y dile que haremos todo lo que creas ha de convencerle. Pero en realidad la cosa será muy distinta. Mi plan es no hacer ninguna prueba y en cuanto haya un viento O. SO. que nos parezca bastante fuerte, inflar y salir inmediatamente». El cierre de esta misiva también refleja la manera el carácter despreocupado de nuestro personaje que juega con su apellido transformando las cinco pesetas en moneda francesa: «Un fuerte abrazo de tu buen amigo 5 francs (Duro)».


Por fin, el 25 de marzo el Huracán ya estaba en Barcelona lleno de gas, pero el cambio de viento retrasó el despegue hasta el día 2 de abril a las 5, 50 de la tarde cuando los dos hombres pudieron partir con viento favorable, aunque su travesía se interrumpió después de más de 15 horas de viaje, cuando se encontraban a 7 km al norte de Salses, en el Rosellón galo. De todas formas, la prensa celebró aquello como un éxito porque habían logrado recorrer 380 km, de ellos 310 sobre el mar.
Luego vino el viaje por carretera hasta Rusia y, cuando se encontraba en lo mejor de su carrera, preparándose para otras competiciones y realizando las pruebas para la construcción de un hidroavión que él mismo estaba financiando en París, lo que no pudieron hacer los elementos lo consiguieron los microbios: el jueves 9 de Agosto de 1906, Jesús Fernández Duro falleció en San Juan de La Luz, a causa de unas fiebres tifoideas.
En aquel momento solo tenía 28 años, aunque a pesar de su juventud ya contaba -como dije más arriba- con la Legión de Honor de Francia, y también con otras condecoraciones de aquel país como la medalla del Automóvil Club francés y el Aeroclub de París; también el Aeroclub de Berlín le había distinguido por su contribución a la divulgación del deporte y la ciencia aeronáutica; era, en suma, un personaje popular a ambos lados de Los Pirineos y la noticia ocupó varias páginas en las revistas francesas y españolas.
Aunque tardó en ser reconocido en su tierra, actualmente cuenta con un monumento en su honor que se inauguró en La Felguera el 21 de marzo de 2004, un círculo aeronáutico lleva su nombre y la Sociedad de Festejos y Cultura «San Pedro» se ha ocupado de publicar su biografía. Si ustedes quieren conocer menos anécdotas y más datos sobre nuestro aventurero, no duden en recurrir a ella.


 Ilustración de: Alfonso Zapico
FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR
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Jesús FERNÁNDEZ DURO emprende su viaje Oviedo/Moscú
(archivo César Oliver)


Jesús Félix Fernández Duro (La Felguera, España, 1878 - San Juan de Luz, Francia, 1906) fue un aeronauta español, Caballero de Honor de la Legión Francesa, fundador del Real Aero Club de España y primer hombre en cruzar los Pirineos por aire, entre otros logros.

Biografía

Nació en 1878 en La Felguera (Langreo, Asturias), hijo de Pilar Duro y Matías Fernández Bayo, y nieto del empresario Pedro Duro, fundador de la primera gran siderurgia española. En esta localidad pasó su infancia con sus hermanos Dolores (futura Marquesa de la Felguera), Josefina, Pedro y Matías (su madre Pilar falleció después del parto de Jesús), hasta que se mudó a Francia, donde estudió Ingienería Mecánica en París y donde obtuvo el título de piloto de globo. Después de esto regresó a España donde hizo numerosas giras con su globo, elAlcotán, por diferentes puntos del país y fundó una empresa de importación y reparación de coches en Madrid. En 1902 realiza el mayor viaje en automóvil conocido hasta entonces, 10.000 kilómetros, al partir desde Gijón a Moscú y volver, sin mapas. Tras muchos intentos, en 1905, en Madrid, logra fundar el Real Aero Club de España, inspirado en el francés. Más tarde fue nombrado Caballero de Honor de la Legión francesa en París, gracias a sus numerosos logros en competiciones internacionales.
En 1906 gana la Copa de los Pirineos, atravesando en solitario la cordillera que separa Francia de España, desde Pau a Granada, a la par de ser el primer hombre que hacía tal proeza. Ese mismo año se convierte el primer europeo que construye un aeroplano, para una de sus competiciones, el cual no puede extrenar debido a su prematura muerte. Falleció en San Juan de La Luz debido a fiebres tifoideas, a la edad de 28 años. Además de ser condecorado por la Legión de Honor de Francia, lo fue también con la medalla del Automobile Club de France, el Aeroclub de Berlín y el Aeroclub de París por sus constribuciones al deporte y la ciencia aeronáutica. Su muerte ocupó varias páginas en la prensa francesa y española.

Homenajes y centenario

En el año 2004, se inauguró en La Felguera un monumento en honor al célebre aeronauta, que contó con la presencia del Ejército del Aire, un agregado de la embaja de Francia en España, el General Jefe del Estado Mayor del Ejército del Aire, el Presidente del Real Aero Club, los Marqueses de La Felguera, reactores C-101 de Salamanca y helicópteros del ejército, militares, diversas autoridas provinciales y civiles.
A lo largo de 2006 y 2007 se celebraron tanto en su localidad natal como en Francia numerosos actos con motivo del centenario de la travesía en globo de los Pirineos, en los que los Príncipes de Asturias fueron presidentes de honor. También se publicó su biografía y se fundó el "Círculo Aeronáutico Jesús F. Duro". Actualmente se planea construir en su ciudad natal un pequeño museo de la aviación. En el monumento felguerino se puede leer el siguiente cantar popular:
Un águila subió al cielo,
para quejarse al Señor,
que un hijo de La Felguera,
en los aires la humilló.

Obra biográfica

  • 2005 "Al encuentro con Jesús Fernández Duro" José David Vigil-Escalera
  • 2006 "Jesús Fernández Duro. In Memóriam" VVAA
                          Preparando otro vuelo (archivo Gus)
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Traslado de los restos mortales de Jesús Fernández Duro


En julio de 1906, unos meses más tarde de haber conquistado la Copa de los Pirineos, por haber sido el primer hombre en cruzar la cadena montañosa por los aires, alcanzando la mayor distancia desde el punto de salida (la ciudad de PAU, en el sudoeste francés) 704 km. hasta Guadix (Granada), y tan solo unas semana después de haber realizado un vuelo sobre su pueblo natal, La Felguera (Asturias), Jesús Fernández Duro se instaló en San Juan de lUZ (Francia) para allí, ayudado por los ingenieros aeronáuticos franceses, Maurice Mallet y Victor Tatín, intentar concluir un aeroplano de su invención y ser el primer europeo en conseguir volar en una máquina “más pesada que el aire”.
Los ensayos hechos en una réplica a escala habían sido positivos y las ilusiones por lograr la gloria para España eran inmensas. Pero…al poco tiempo de su estancia y trabajo en San Juan de Luz, “allí un vaso de agua, una fruta ingerida en malas condiciones, cualquier agente morboso que se introdujo en el misterio del complicado mecanismo humano, bastó a destruir un cuerpo joven y vigoroso de veintiocho años”. En definitiva, unas fiebres tifoideas supusieron la muerte de aquel héroe español, conquistador de los aires. Era el 9 de agosto de 1906 cuando la imprevista y desoladora noticia circulaba por todos los telégrafos del mundo.
El día 11, por dificultades para traspasar fronteras con un fallecido por aquella que entonces se condideraba contagiosa enfermedad, era enterrado en San Juan De Luz, y según la ley francesa vigente para los enterramientos habrían de esperarse al menos diez años para su desenterramiento y traslado.

Mientras, en La Felguera, su villa natal, y en el entorno familiar…
En la segunda decena del pasado siglo XX, el progresivo crecimiento de la fábrica de Hierros Duro y Cía. fundada por el abuelo de Jesús en La Felguera, ya convertida en sociedad anónima y bajo la denominación social de Sociedad Metalúrgica Duro Felguera, hizo pensar a su, por aquel entonces, Presidente Don Antonio Velázquez Duro, cuñado del aeronauta,la necesidad de ocupar, con instalaciones productivas, los espacios que ocupaban, dentro del recinto fabril, la amplia Capilla de la riojana Virgen de la Valvanera, a quien la familia Duro dirigía todas sus oraciones, y su pequeño campo santo donde reposaban los restos del fundador Don Pedro Duro Benito, junto con los de su única hija Pilar y los de sus hermanos Don Julián y Doña Felipa.
Para ello mando construir, adosado al lateral de la esbelta iglesia parroquial de La Felguera, sobre planos del muy acreditado arquitecto Rodríguez Bustelo, “una capilla-mausoleo, de bruñidos mármoles, artística sobriedad y estilo bizantino. Su portada de piedra moneban(SIC), de medio punto, con artísticas columnas y finísimos zócalos. En el centro, sobre un hermosísimo sarcófago, destinado a guardar las venerables reliquias de Don Pedro Duro, se erige una escultura de esmeradísima construcción, representado la Fé. Tras él, en el fondo tres series de nichos superpuestos. En la preciosa bóveda, de forma de medio cañón, toda de riquísimo mosaico veneciano, destacaba una greca, esmaltada en diversidad de colores, sobresaliendo los dorados, con figuras de ángeles, cortada por dos ventanales de artísticas vidrieras y dos lunetas, encerrando muy hermosos bajorrelieves. Llamaban poderosamente la atención seis candelabros y una cruz, de bronce, de puro estilo bizantino, adaptado a la rica ornamentación de la capilla. Igualmente merecía especial mención la extraordinaria y bellísima puerta de hierro forjado, trabajada con verdadero arte y a través de la cual el pueblo tenía la visión de la tumba del prócer fundador. Las dos vidrieras, dedicadas a San Antonio Abad y a la Virgen de los Dolores, testimoniaban la inequívoca voluntad de Don Antonio Velázquez Duro y su esposa, nieta de Don Pedro, Doña Dolores Fernández Duro, de que su descanso eterno tuviera lugar en La Felguera, donde ella había nacido y él, llegado a los cinco años, había crecido, amado y sido amado por todo el pueblo.
El matrimonio sería, años mas tarde y a solicitud popular, distinguidos por S.M. el Rey Alfonso XIII con el título de Marqueses de La Felguera”.
El sábado 26 de agosto de 1916, un silencioso y multitudinario cortejo fúnebre, trasladaba los restos de la familia Duro desde la fábrica al descrito mausoleo en la Iglesia parroquial. Dos días antes, procedentes de San Juan de Luz (Francia), habían llegado los restos mortales del nieto menor de Don Pedro, el insigne aeronauta Don Jesús Fernández Duro, fundador de la aeronáutica civil española, del Real Aero Club de España, recordman de distancia en automóvil (1902 Gijón-Moscú-Gijón) primer hombre que cruzó los pirineos por el aire, condecorado con las más destacadas distinciones aeronáuticas europeas y con la Cruz de Caballero de la Legión de Honor francesa. Había fallecido con tan solo 28 años, de fiebres tifoideas, cuando construía el que hubiera sido el primer aeroplano de construcción europea.
Veinte años más tarde, en 1936, las milicias del Frente Popular decidieron volar e incendiar la Iglesia de La Felguera y ello dio motivo a que una vez más se comprobase el concepto que sobre la grandeza humana de Don Pedro pervivía en La Felguera, cuarenta y tres años después de su fallecimiento.
Decidida la destrucción de la Iglesia, que arrastraría con ella el mausoleo de la familia Duro, la CNT de La Felguera, detiene la acción hasta que la familia Duro pueda retirar los restos mortales de Don Pedro y su familia. Les dicen a sus deudos que pueden rescatar no solamente los restos de sus familiares sino todos los objetos que figuran en la capilla por si desean reconstruirla en otro lugar. Es más, les comunican que lo hagan con tranquilidad, que ellos, la CNT de La Felguera, les protegerá y no se procederá a la destrucción del templo hasta que ellos hayan concluido el trabajo. Y así se hizo, la familia Duro allí enterrada, fue rescatada por la familia Cuesta Ajuria y llevada al panteón de estos en el cementerio felguerino de Pando.
Muchos de los objetos ornamentales rescatados con los restos mortales –la imagen de la Fé, la grandiosa puerta de hierro forjado y otros enseres-, se conservan aún en la Quinta Duro, hoy hotel rural regentado por el nieto menor de los primeros Marqueses de La Felguera, Don Carlos Velázquez-Duro. Con independencia de la repulsa que el acto de destruir una iglesia merece a quien esto firma, cabe reconocer en el proceder de la CNT felguerina, la virtud del agradecimiento, respeto y sana veneración por unas personas que en su vida dieron muestras de preocupación, amor y solidaridad con sus trabajadores y con sus vecinos. Sería muy largo el detallar aquí las muchas pruebas de todo ello que dejaron en este pueblo.


Acabada la guerra civil, los restos mortales fueron trasladados, dentro del propio cementerio de Pando en La Felguera, desde el panteón de los Cuesta Ajuria a una muy modesta tumba, construida para ello, destacada en lo alto de la escalinata central y a los pies de la capilla del cementerio, con una placa de mármol que expresa que en esa tumba “descansan provisionalmente”.
Ahora, el domingo 29 de junio de 2008, día de San Pedro, en que se celebraba el primer centenario la Sociedad de Festejos que organiza las fiestas en recuerdo y homenaje a Don Pedro Duro, y mismo año en que se cumplen ciento cincuenta –siglo y medio- desde que la primera colada de hierro fundido saliera de un horno en la fábrica de La Felguera, llamada entonces Fábrica de Hierros de Duro y Compañía, predecesora de la actual Duro Felguera, los restos mortales del patriarca de tan noble familia, gran hombre, bienhechor, Don Pedro Duro abandonarán la provisionalidad del cementerio de Pando, para volver a la Iglesia Parroquial de La Felguera, a la cripta que, bajo proyecto y generosa financiación de Duro Felguera, ha sido dignificada para acoger, como se merece y ya para siempre, al fundador de la industria metalúrgica, desgraciadamente ya desaparecida, pero que subsiste en una gran empresa de prestigio mundial a quien, nosotros desearíamos, que los felguerinos del futuro, recordasen, por méritos que contraigan con este pueblo, a sus directivos, con el mismo afecto, respeto y veneración con el que “los obreros de su fábrica” y La Felguera entera, mostraron siempre –y aún lo hacen hoy- hacia Don Pedro Duro Benito y familiares anteriormente mencionados.
Y recordamos también, como apunte para historiadores y estudiosos, que en este traslado, le acompaña, entre otros familiares, en restos mortales, nuestro insigne aeronauta y personaje de mayor actualidad Don Jesús Fernández Duro.
Esperemos que este “último vuelo, en la intimidad de sus deudos” hacia un lugar de veneración permanente de su convecinos y admiradores, el aeronauta español que tantas jornadas de gloria dió a Espsña, descanse para siempre.
Digamos por último que, pese a los 102 años transcurridos desde su muerte, y los traslados sufridos por sus restos mortales, el cuerpo de Jesús Fernández Duro fue encontrado en muy buen estado de conservación gracias a haber sido embalsamado a su fallecimiento en San Juan de Luz.

  AL ENCUENTRO CON JESUS FERNANDEZ DURO - JOSE DAVID VIGIL

20 de enero de 2013

El domingo 11 de abril de 1920 en Moreda

Nuestro domingo sangriento

  Moreda de Aller.






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El 11 de abril de 1920 es un día que resalta en el calendario de fechas malditas de las Cuencas. Aquel domingo, Moreda se convirtió en un pueblo sin más ley que la de las balas y el final de la jornada se cerró con el balance de 11 muertos y 35 heridos por arma de fuego. Sin embargo, es un episodio por el que los historiadores han pasado de puntillas debido a que los responsables de lo sucedido fueron los mitos del sindicalismo minero en las dos variantes que agrupaban a los trabajadores en aquellos momentos: Vicente Madera Peña, líder del Sindicato Católico de Obreros Mineros, y Manuel Llaneza, fundador del SOMA.
Hace años, dediqué algunos de los ratos libres que me dejaba mi trabajo en el instituto allerano a recoger toda la información sobre aquella jornada, con la ayuda de mi amigo Guillermo Fernández Lorenzo, el archivo del desaparecido Joaquín Rodríguez Muñiz y los testimonios de los familiares de quienes habían vivido los hechos. El resumen que hice con todas las notas y que tengo guardado en un cajón concluía con la certeza de que este asunto se había intentado olvidar por los herederos ideológicos de aquellas organizaciones porque a todos les resultaba incómodo recordar lo sucedido. Hoy se lo voy a contar con trazos gruesos para que juzguen ustedes mismos.
En una época marcada por los conflictos sociales, las huelgas continuas y el crecimiento de las ideas socialistas entre las masas obreras, algunos empresarios con fuertes convicciones religiosas decidieron apoyar una alternativa consistente en desarrollar sindicatos de carácter católico en los que los capitalistas no se viesen como el enemigo a combatir sino como los protectores de los obreros de su fábricas.
En las cuencas mineras, don Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, se convirtió en el paradigma del patrono ejemplar, el «instrumento de Dios en la Tierra», financiando a la Compañía de Jesús y propagando por toda España los Círculos y las Asociaciones de Obreros Católicos hasta que finalmente en 1912 creó su propio sindicato, costeando con 16.000 pesetas su sede en Valdefarrucos. A él pertenecían la práctica totalidad de los mineros de las explotaciones de la empresa repartidas por el concejo allerano, Ujo, Santa Cruz y por supuesto Bustiello, un poblado minero cuidado con mimo para que sirviese como ejemplo de las bondades que adornaban a las familias cristianas y trabajadoras.
El empeño por impedir la entrada de la propaganda socialista en este pequeño mundo solo podía compararse con la obsesión de los hombres de Manuel Llaneza por lograrlo, de forma que cada conflicto se convertía en un pulso constante entre las dos organizaciones. Entre los procedimientos que solían emplear los socialistas intentando lograr su expansión estaban las marchas de trabajadores organizadas desde el concejo de Mieres hasta el de Aller para demostrar su fuerza y atraer en los mítines del SOMA a los obreros del marqués, pero éstos en su mayoría se resistían a acudir, bien por propia convicción o para evitar las represalias que podía traerles en su trabajo.
En el mes de abril de 1920, se vivía en la Hullera Española una de las escasas huelgas que habían logrado organizarse; como todas las que había vivido la empresa el seguimiento era desigual y para lograr que el paro se extendiese se convocó una reunión de los afiliados socialistas en Villallana fechada en la madrugada del viernes 9. Entonces se produjo el primer incidente serio del conflicto cuando un grupo de militantes del sindicato católico acompañado por la Guardia Civil interrumpió la sesión obligando a los asistentes a formar ante ellos levantando los brazos mientras les dirigían toda clase de insultos.
Así las cosas, el SOMA decidió celebrar un mitin en Moreda para el domingo inmediato. Al llegar la mañana de aquel día 11 los oradores se situaron en los balcones de la llamada «casa de los Gallegos», una taberna abierta entonces a la orilla de la carretera general que cruza la localidad, mientras un público muy numeroso, que como siempre había acudido desde otras zonas, llenaba toda la calzada e incluso una amplia huerta colindante, sobre la que se acabaría levantando posteriormente el cuartel de la Guardia Civil que aún existe allí.
Todos los informadores coinciden en que los discursos fueron exaltados y el ambiente se caldeó excesivamente y algún testigo claramente parcial, como puede verse por el tono empleado, llegó a escribir que «ya durante el acto, un hermano del jefecillo del Sindicato Católico y un primo suyo, ambos clasificados por todo el mundo como matones de oficio, haciendo alarde de su matonismo y empuñando pistolas se dedicaron a la provocación; pero los huelguistas, bien orientados y mejor aconsejados, les contestaron con olímpico desdén y siguieron escuchando a los oradores sin hacerles caso».
Pero el desastre llegó por la tarde, cuando casi todos, incluyendo a los oradores, habían regresado a sus lugares de origen y en Moreda solo quedaban los obreros que residían en la localidad. Lo que ocurrió realmente ya está en la tumba con quienes lo vivieron y a pesar de que decenas de personas certificaron su propio testimonio, hasta el día de hoy y supongo que ya para siempre, siguen existiendo dos versiones sobre quien inició el tiroteo.
Para los partidarios del Sindicato Católico lo que sucedió es que un pequeño grupo de sus afiliados se dirigía, como todas las tardes de los domingos, a tomar el café a la fonda La Restinga, situada un poco más arriba de la taberna de los socialistas, cuando al pasar por delante de la «casa de los Gallegos» fueron tiroteados desde uno de su balcones y se vieron obligados a repeler la agresión. El diario derechista «El Carbayón» defendía esta versión aportando detalles como que aquella casa era un reducto donde se refugiaban numerosos elementos perturbadores: «Más de diez bocas de revólver asomaban por huecos y ventanas. Los agresores protegían sus cuerpos con colchones que de antemano habían colocado en los balcones de la casa y en descargas y lluvias de fuego pasaron de 40 los disparos hechos contra los católicos y la Guardia Civil».
En la misma línea, cuando a los pocos días los diputados asturianos discutieron sobre los hechos en una sesión del Congreso madrileño, el conservador Armando Alas Pumariño se enfrentó al socialista Teodomiro Menéndez, que había investigado personalmente lo sucedido trasladándose a sus escenarios, al afirmar que la causa de todo habían sido las violencias de palabra empleadas por la mañana y que la demostración de que los primeros disparos fueron socialistas estaba en que «el primero que cayó muerto fue el minero católico Madera. Después intervino la Guardia Civil para cumplir con su deber».
Para la izquierda sin embargo las cosas sucedieron de manera muy distinta: Manuel Vigil Montoto cuenta en sus memorias que los católicos «se colocaron frente a la casa desde cuyo balcón habían hablado los oradores del mitin y empezaron a disparar hacia dentro de ella, causando la muerte de la esposa del inquilino de la casa, que tenía una niña en brazos. A tal provocación respondieron el esposo y sus hermanos, que con él convivían, cayendo muerto uno de los provocadores».
También existen divergencias sobre la actuación posterior de la Guardia Civil. Mientras para los derechistas se trató de una verdadera batalla generalizada por toda la villa, Vigil Montoto replica que «aquella pequeña refriega culminó en una matanza general de cuantas personas encontraban a su paso, por la calle o en los establecimientos de recreo dominguero, causando 11 víctimas que incluso ignoraban lo que había sucedido frente a la casa del mitin».
Lo seguro es que, además del enfrentamiento de la «casa de los Gallegos», en cuyo interior se recogieron 3 muertos, hubo otro punto negro en la casa que entonces habitaba Rosa Ordóñez, viuda y con una hija de 18 años, y en donde se habían reunido a merendar unos amigos, 4 de los cuales también fueron abatidos a tiros.
Debería contarles ahora que Camilo Madera, el primer fallecido, era hermano de Vicente, el líder de los católicos y que este hecho marcó para siempre su vida y su evolución política; también me gustaría extenderme en la reacción de Manuel Llaneza, el orador que contrariamente a su costumbre había perdido los nervios aquella mañana y que al conocer los hechos llegó a caballo hasta el límite del concejo de Aller cerrado a cal y canto por la fuerza pública y fue forzado a dar la vuelta por sus propios compañeros. Tendría que relatarles el impacto extraordinario que tuvo la noticia en todos los obreros asturianos y como supieron reaccionar con una calma tensa que no se iba a romper hasta 1934; quienes fueron las otras víctimas y que pasó en los entierros y con sus familias; qué sucedió en el Parlamento y por qué no hubo ningún culpable, pero una semana más se me acabó el espacio. Lo siento.

 Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

18 de enero de 2013

El comandante Silvino Moran (batallon 241)

Así murió Silvino Morán 
Un 26 de Noviembre de 1937, el comandante del Batallón 241, Silvino Morán, permanecía escondido desde la caída definitiva del Frente Norte, intentando regresar a zona republicana para continuar luchando. Esa tarde, Silvino Morán, su mujer Asunción Rodríguez Pulgar, su cuñada Elvira, Ángel "el de Misiegos" y su hijo Dionisio y un miliciano llamado Delfino, se refugiaron en una cabaña de el Rasón, cerca de la zona de Aller (Asturias). A las 6 de la mañana, rodeados sin saberlo por militares y falangistas, comienza el tiroteo mientras Delfino estaba de guardia, que abandona su puesto sin avisar a sus compañeros.Comienzan las ráfagas y las bombas de mano, Silvino se levanta y coge rápidamente su fusil ametrallador, defendiendo la cabaña junto a sus compañeros. Pero una trágica bala impacta en su cabeza matándolo en el acto. Asunción y Elvira arrojan como pueden las granadas fuera de la cabaña. Ángel y Dionisio son acribillados, Asunción, que estaba embarazada, y Elvira, caen heridas.Los asesinos entran en la cabaña y cogen el cadáver de Silvino Morán, su trofeo. Discuten si rematar o no a las mujeres, que finalmente sobreviven. Deciden dejar los cadáveres de Ángel y Dionisio en la cabaña, donde permanecerán varios días hasta que ordenan a varios vecinos que los entierren en la zona unos dias después. http://guerraenlauniversidad.blogspot.com.es

La caída de este combatiente republicano a los 30 años, cuando ya se había convertido en un mito, fue utilizada por el franquismo como una acción heroica en la Guerra Civil en Asturias
Ilustración de Alfonso Zapico

Silvino Morán es uno de esos nombres que salen a relucir cuando se habla de la Guerra Civil en Asturias, aunque casi siempre se le trata con poco rigor, hasta el punto de que en publicaciones muy serias puede leerse que fue uno de los protagonistas del intento de fuga masiva que protagonizaron en Tazones centenares de combatientes que permanecieron huidos en nuestros montes tras la caída del Frente Norte. Pero eso nunca pudo ser por la sencilla evidencia de que aquel luctuoso episodio tuvo lugar el 14 de enero de 1939, cuando Silvino llevaba muchos meses muerto, ya que había caído durante una emboscada en la noche del 25 de noviembre de 1937 en una cabaña del puerto de El Rasón. Cuando comenzó la contienda, nuestro hombre, minero y comunista, ya era un luchador conocido que había demostrado en la Revolución de Octubre su capacidad de mando, siendo juzgado en rebeldía por algunos sucesos que saltaron después a la prensa nacional. En aquel momento pudo escapar de la prisión que sufrieron muchos de sus compañeros y se exilió en Francia, donde permaneció hasta que la victoria del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936 trajo la amnistía para todos los encausados por la insurrección obrera.

Los Heredia y el Palacio de Villarejo (Santullano)

La caída de la Casa Heredia
Palacio de Villarejo,Santullano
Entre los cuentos más celebrados de Edgar Allan Poe está «La caída de la casa Usher», una aventura macabra que sigue sorprendiendo a generaciones de lectores
Ilustración de Alfonso Zapico
https://www.lne.es
Nada que ver con lo que hoy les voy a contar, pero he plagiado este título porque se ajusta perfectamente a lo que sucedió con una rama del linaje de los Heredia, que en la Edad Moderna fue de los más poderosos de Asturias y con el cambio de estructuras se fue desprendiendo de sus posesiones en la región. Lo primero, recordarles quienes eran. En la primera mitad del siglo XVI el apellido llegó a Oviedo traído desde la tierra de Pastrana, en la Alcarria castellana, por Martín Fernández de Heredia, doctor y teniente de corregidor, quién se casó con Ana González de Santillana vinculándose definitivamente a esta tierra. Su hijo Bernardo ya nació aquí y pasa por ser el primero de los Heredia asturianos, por eso sus descendientes le llamaron «el viejo».

La taberna de Manuel Maurenzu (Lago - Turón)

El crimen de las madreñas
 Ilustración de Alfonso Zapico
La única forma que tengo para conocer los gustos de quienes leen habitualmente esta página pasa por considerar la opinión de aquellos que me paran por la calle, lo que es, dicho sea de paso, un método agradable y además fiable teniendo en cuenta que cuando la cosa va bien te lo hacen saber y cuando va mal se lo callan por amistad
 Ilustración de Alfonso Zapico

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Así sé que los relatos de sucesos de otro tiempo gustan bastante porque mientras dura la lectura nos trasladan a otros tiempos peores y cuando pasamos a la siguiente hoja del diario la realidad cotidiana nos parece menos dura. Ya les he contado inundaciones, incendios, robos, suicidios y crímenes que sucedieron hace un siglo, y en el relato de estos últimos seguramente se habrán dado cuenta de que los motivos que conducen al homicidio siempre son los mismos: las pasiones, el dinero o la enajenación que produce el alcohol. Igual que hoy, si le añadimos a esta cocina del crimen una pizca de drogas y otra de imbecilidad y matoismo. Afortunadamente ha desaparecido de los juzgados otro argumento en nombre del que se derramó mucha sangre en la época de nuestros abuelos: la rivalidad regional entre vecinos y compañeros de trabajo, sustituida ahora por el racismo y quizás también por el fanatismo de los ultras asilvestrados del mundo del fútbol, que de vez en cuando produce sus propias víctimas.

El papel de algunos paisanos el 2 de mayo de 1808

La sangre del Dos de Mayo

El 2 de Mayo de 1808 los madrileños se levantaron, sin apenas armas, contra el ejército francés que había invadido España.





 
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Cuando los ciudadanos de este país aún eran capaces de recordar media docena de fechas sobre su historia, el Dos de Mayo de 1808 era una que brillaba con luz propia mostrando el afán de libertad de nuestro pueblo ante los opresores, de modo que todos los regímenes políticos tanto monárquicos como republicanos e incluso dictadores militares la celebraron como algo propio. Antes de seguir, les voy a recordar en unas líneas como se produjeron los hechos aquel día en que el pueblo madrileño se alzó contra uno de los ejércitos más poderosos que jamás han existido; luego conoceremos el papel que jugaron allí algunos de nuestros paisanos de la Montaña Central de Asturias. A ello.
La gestación de una guerra siempre es compleja, pero los inicios de esta que marcó a varias generaciones hay que buscarla en la inteligencia de Napoleón, quien supo aprovechar la enemistad entre el Príncipe de Asturias, el futuro Fernando VII, y Godoy, el valido de su padre Carlos IV. El emperador firmó un convenio secreto con éstos últimos por el cual se autorizaba a sus tropas a cruzar la Península para conquistar Portugal y hacer de él tres partes: el norte para el rey español; el llamado reino de los Algarbes para Godoy y el resto para los reyes de Etruria, que acababa de ser ocupado por el Emperador francés.
Un caramelo que lógicamente nunca les dio a sus incautos aliados, tan crédulos que incluso les convenció para que enviasen hasta Holanda y Dinamarca a 10.000 soldados para así tener menos resistencia a la hora de invadir España que era lo que único que le importaba desde el principio.
El caso es que aquel Dos de Mayo los dos Borbones, padre e hijo, ya se encontraban en Bayona peleándose por nuestra corona en uno de los espectáculos más lamentables que haya protagonizado una dinastía europea, mientras el pueblo indignado estaba convencido de que habían sido secuestrados y dispuesto a evitar que la última hija del rey que quedaba en Madrid, María Isabel de Borbón, y su marido el infante don Francisco corriesen la misma suerte.
Cuando los coches que debían llevarlos ya estaban preparados para la partida, una mujer del pueblo gritó: ¡Válgame Dios, que se llevan a toda la familia real! Y así empezó todo. La multitud se lanzó contra la escolta francesa y el general Murat decidió enviar hasta allí fuerzas de infantería y artillería para contener el tumulto. El resto es sabido, los madrileños en vez de amilanarse respondieron a las bayonetas con palos, tijeras, herramientas y todo aquello que pudiese convertirse en arma y algunos soldados encabezados por los capitanes Pedro Velarde y Luís Daoíz y el teniente Ruiz se unieron al movimiento prendiendo la llama de una hoguera de guerra que iba a acabar prendiendo por todo el país.

Desde la conclusión de la Guerra de la Independencia se han manejado varias cifras sobre las víctimas de aquella sangrienta jornada, aunque casi siempre tendiendo a la exageración por las dos partes. Los españoles magnificaban de esta forma la gesta de los patriotas sublevados y a los franceses les interesaba demostrar su firmeza ante las revueltas. El mismo Murat dejó escrito en una carta que en aquella jornada habían perecido en las calles 1.200 personas. Finalmente, después de rastrear todos los archivos en los que se fueron anotando los ingresos del día, el total que aceptan los historiadores asciende a 581 víctimas, de los cuales 410 fallecieron y 171 fueron atendidos por heridas de diferente consideración.
Entre ellos había militares, civiles e incluso eclesiásticos y también numerosas mujeres y niños y en muchos casos, junto a su nombre y edad encontramos también datos sobre su procedencia y su trabajo y a veces hasta un pequeño relato de la acción en la que fueron alcanzados. Por eso sabemos que allí estaban asturianos de diferentes concejos, aunque resulta imposible conocer el número exacto que corresponde a cada uno porque en ocasiones casi no hay datos.
Vean una muestra de lo que les digo: «Domingo Girón, de treinta y seis años, natural de Asturias, casado, carbonero; murió en el tumulto del día 2 de Mayo de 1808 de un balazo, calle de Bordadores, frente de la bóveda de esta iglesia (San Ginés) y fue entregado a ésta por la justicia y enterrado de limosna en el día 3»; «Domingo Méndez, natural de Asturias, criado del convento de la Merced; fusilado en el Prado»; «Ramón Huerto, natural de Asturias, mozo de cuerda»?Y a estos debemos añadir los que puedan encontrarse también entre aquellos que no tienen ni nombre y solo aparecen como «un hombre», «un hombre joven», «una mujer» o «un pordiosero», por ejemplo.
Entre los que están plenamente identificados, hay dos langreanos. Una es una mujer con apellidos suficientemente conocidos en el Nalón, Bernarda de La Huelga y Argüelles que según consta en la parroquia de San Martín murió el 30 de agosto a consecuencia de las heridas que había recibido el Dos de Mayo en su propio domicilio de la calle conde Leganitos. El otro es Antonio Fernando Garrido, albañil de 20 años, natural de Turiellos, herido en el Parque de Artillería y muerto en el Hospital General de Madrid el 10 de Mayo.
Pero curiosamente, el personaje de quien conocemos más cosas entre todos los que lucharon aquel día, es un herido del que no nos consta que acabase muriendo por su causa, al menos en los meses inmediatos. Se trata de Manuel Armayor, maestro cerrajero, natural de San Pedro de Ladines, en Sobrescobio y que tiene el honor de aparecer en una página de la novela Un día de cólera, donde el ínclito Arturo Pérez Reverte reconstruye aquellos hechos a partir precisamente de la información que puede leerse en las partidas de defunción y los libros de hospital.
Vean primero lo que aparece en el Archivo municipal de Madrid: «Manuel Armayor, natural de Sobrescovio (Asturias), maestro cerrajero; fue herido en las primeras descargas que se tiraron en la Plaza de Palacio. Al retirarlo herido hacia su casa recibió otros tres tiros, que por fortuna no le dieron. Vivía en la calle de Segovia, donde había sido grande la mortandad que el pueblo había hecho de los soldados franceses. Uno de éstos sé hallaba muerto y tendido junto a la puerta de su casa, por lo que los que lo conducían, aunque se iba desangrando, no lo quisieron dejar allí, sino llamando a su mujer, y con todos sus penates, fueron a albergarse a casa de un criado del Príncipe de Anglona, en la Morería vieja. Mientras se verificaba esta traslación, en que le acompañaban, para defenderle en caso necesario, los sirvientes de la Condesa-Duquesa de Benavente y los lacayos del Príncipe, los franceses pusieron fuego al domicilio abandonado. Del pánico de aquellas escenas, la mujer de Armayor murió a pocos días».
Y ahora la interpretación del autor, que sitúa a uno de sus personajes en aquella escena: «Al crepitar la fusilada y llenarse la plaza de humo y sangre, Blas Molina corre aterrado agachando la cabeza. En mitad del tumulto, mientras pierde la capa y la busca, ve caer herido a otro cerrajero al que conoce, el asturiano Manuel Armayor. También cree identificar, en una mujer que está en el suelo con la cabeza abierta de un balazo, a la alta y bien parecida que entró con él en Palacio agitando un pañuelo blanco. Deteniéndose un instante, Molina intenta socorrer al colega caído, pero el fuego francés es intenso, así que desiste y corre como todos, buscando ponerse a salvo. En cuanto a Manuel Armayor, alcanzado por las primeras descargas, consigue al fin levantarse y, dando traspiés, corre hasta caer desmayado en manos de un grupo de fugitivos. Entre todos lo llevan a rastras hasta su casa en la calle de Segovia; desangrándose, pues mientras lo retiran recibe tres disparos más».
Creo que estarán conmigo en que es una interpretación impecable para un relato histórico.
Sabemos poco más de este personaje; sin embargo Fermín Canella, recogió en Sobrescobio una canción de la Guerra de la Independencia, a medias entre el castellano y el bable, atribuyéndola a un Manuel Armayor, que posiblemente sea el mismo una vez retornado a su tierra: «Si viene Pepe Botella / chacha tienes i que dar / todo un pelleyu de vino / regüeltu con rejalgar. / Ya verás que lu suerve enseguida, / ya verás que gusto le da / y ojalá que con ello reviente / ¡Ojalá, ojalá y ojalá!»
Debo decirles que esta semana he intentado encontrar a alguien que guardase en Ladines el recuerdo de este héroe del Ddos de Mayo que debe ser antepasado de muchos vecinos a juzgar por la abundancia del apellido Armayor en la zona. Ha sido en vano, pero a lo mejor ahora, con este artículo, tengo más suerte. Si es así, no duden en llamarme, que la historia -ya lo saben- debemos hacerla entre todos y así no corremos el riesgo de que la tuerzan los académicos en Madrid.
Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

La semana santa en Mieres

Aquellas Semanas Santas.






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Hay a quien le gusta y hay quien la odia. Hay quien no se explica por qué en el siglo XXI en nombre de una religión se siguen cortando las principales calles de las ciudades y se paraliza durante dos días la vida en muchos pueblos de este país, y quien lo justifica como una salvaguarda de las tradiciones y por el rendimiento económico y turístico que producen las procesiones. Por último -y aunque debería ser el motivo principal no es el que más abunda- hay también quien acude a ellas movido únicamente por la fe. Todos, unos y otros, tienen sus razones y mis respetos y no es ésta una página que busque la polémica. Mi labor es la de entretener con estos escritos a quienes quieran leerlos y de paso devolver a la memoria las cosas de un pueblo que se niega a perder sus recuerdos. Hoy les voy a contar cómo era la Semana Santa cuando era semana y santa.

Hubo una época, hace apenas treinta años, en la que existían en Mieres dos cofradías que sacaban sus pasos en procesión para recorrer las calles con sus capuchones, sus cirios y sus tambores, e incluso en alguna ocasión se recuerda el inicio de alguna saeta que fue rápidamente abortado por la autoridad competente -léase Cabo Blanco- que no entendía de cantos foráneos ni de costumbres sureñas. El 3 de marzo de 1954 tuvo su bautismo la Cofradía de la Celeste, Real y Militar Orden de La Merced, una denominación que por su pomposidad podría corresponder a cualquier histórica agrupación de Valladolid o Sevilla y que sin embargo radicaba en la villa del Caudal. Llegaba apadrinada por la junta de gobierno de la Cofradía de La Merced de Oviedo y la integraban en su inicio los miembros de la Delegación Local de Excautivos con el beneplácito y la ayuda económica del Ayuntamiento.

Recuerdo perfectamente cómo era su hábito: manto blanco, escapulario y capirote rojo, porque todos los años, al acercarse estas fechas, lo veía por el patio interior colgado en el tendal de una familia cuyos dos hijos varones, un poco mayores que yo, lo lucían con orgullo la noche del Viernes Santo. Yo, la verdad, hubiera dado entonces cualquier cosa por llevar uno de aquellos capirotes, pero la vida va deprisa y al poco tiempo ellos, convertidos en destacados miembros de la izquierda extraparlamentaria, también hubiesen dado cualquier cosa por no haberlos llevado nunca. Como ésta es una crónica piadosa, mejor poner un punto y aparte.

En 1957 llegó la segunda agrupación, la veterana Cofradía de La Pasión, que partía del convento de los Padres Pasionistas. Parece mentira cómo el tiempo acaba alterando la percepción de las cosas; al preguntar por su hábito me han asegurado que era completamente negro, como el de la orden, pero con un cíngulo blanco rodeando la cintura que sustituía a la tradicional correa de los frailes, otros me han dicho que era morado y con el cíngulo amarillo, incluso hay quien lo recordaba marrón. Afortunadamente Juanita Cuesta, que conserva todavía el de su marido, cofrade de La Pasión, me ha sacado de dudas: era negro y con el capirote y la capa rojos.

En Mieres hubo procesiones religiosas desde muy antiguo y en diferentes épocas del año; de la documentación que he podido consultar en estos días deduzco que, entre las que tienen relación con estas fechas, las más arraigadas fueron las de Sábado Santo y posteriormente también las del Viernes, y más cercana en el tiempo, la del Domingo de Ramos.

Con respecto a esta última, antiguamente los niños desfilaban desde La Villa hasta La Pasera por la calle Ramón y Cajal y ya a mediados del siglo XX, el ceremonial consistía en la bendición de los ramos y de las palmas, que se hacía en el patio del Colegio de La Salle, allí se leyó también algún año el pregón que indicaba la semana, y luego actuaba la Banda de Música o agrupaciones corales de carácter religioso como el «Orfeón Pasionista», que por cierto es una agrupación que ha pasado al más absoluto de los olvidos. Todos iban con sus mejores galas, «el que no estrena el Domingo de Ramos no tiene ni pies ni manos»- se decía. Las primeras palmas las comercializó en Mieres el bazar El Pilar. Llegaban en bruto desde Elche para trenzarse unos días antes en la galería de la casa familiar, donde colaboraban parientes y amigos en medio de un ambiente similar al de las esfoyazas del maíz, aunque aquí el escenario era más urbano y las hojas que acababan tapizando el suelo provenían de las palmeras mediterráneas.

El Viernes Santo también había dos procesiones, en la de la noche volvía a salir la Virgen de la Soledad, pero la más importante era del Santo Entierro, que se iniciaba tras el sermón en la vieja iglesia de San Juan, entonces se encendían los hachones de cera y los faroles que sólo se sacaban en estas ocasiones y la comitiva salía a la calle precedida por los estandartes parroquiales y presidida por los curas del concejo, que la encabezaban detrás de dos cruces que portaban ellos mismos. El paso era una imagen de Jesús yacente dentro de una urna de bronce y cristal que al decir de quienes llegaron a moverla resultaba extremadamente pesada.

Pero el día más solemne era el Sábado Santo. A finales del siglo XIX, se celebraba por la mañana la procesión del Encuentro, en la que la imagen de la Virgen de La Soledad era bajada desde La Villa para hacerla coincidir con la de San Juan Bautista, que salía de la pequeña parroquia románica de La Pasera cuando nadie pensaba todavía en sustituirla por otro templo mayor. Al llegar a la altura del Casino se encontraban y se acababa el luto: el manto negro de la Virgen se cambiaba por otro de seda azul con bordados de plata y las campanas repicaban tocando a gloria. En esta jornada se leía también el sermón del encuentro, que contó en alguna ocasión con prestigiosos oradores de lo sagrado como el conocido padre Coloma, y también aquí se pudo ver en otras ocasiones el signo de los tiempos cuando en un año marcado por las huelgas los hombres se negaron a portar las andas y la imagen salió, a pesar de todo, a hombros de las mujeres. Éstas no eran las únicas celebraciones de la Semana Santa, otra tradición que se recuerda en Mieres y que a mí todavía me tocó ver en sus últimos momentos era la de matar judíos. En otras provincias esta costumbre tan «políticamente incorrecta» consiste en recorrer los bares bebiendo lo que se estile en cada sitio y acompañándolo a veces con trozos de pan, pero aquí se trataba de meter ruido con carracas de madera, algunas de gran tamaño, que niños y adolescentes hacían girar tras el sermón del mandato el día de Jueves Santo.

También he encontrado otra costumbre ya desaparecida: la «quema del Xudas», que se hacía la Pascua Florida en la campa de los Mártires: consistía en prender fuego a un muñeco relleno de trapos simbolizando las cosas malas para que se las llevase el humo. En algunos pueblos de España, y sobre todo en Hispanoamérica, sigue haciéndose algo parecido, aunque a veces se cambia la fecha por el 31 de diciembre y se sustituye la quema por el linchamiento del muñeco, al que a veces se le da la personalidad de un personaje público, como ocurre en Venezuela; pero en Uruguay y en algunos estados mexicanos sigue haciéndose lo mismo que en Cuna.

Y es que la Pascua siempre tuvo en el valle de Cenera mucho arraigo, hasta el punto de que desde Roma se dictó una bula papal para los que acudiesen allí a su cumplimiento. Otro lugar en el que se celebraba (y probablemente fuese una de las fiestas más antiguas del concejo) era la cima de La Meruxega; allí organizaban las gentes de Ablaña la fiesta de La Merendina pasando el día en torno a una fuente que secaron las minas hace décadas.

El año culminante de la Semana Santa mierense fue 1961. Nunca salieron tantos pasos ni hubo procesiones tan largas, la de la noche del viernes duró tres horas y en ella desfilaron las dos cofradías y la Hermandad de Caballeros Legionarios, que entonces participaba en muchos de los actos de la villa; además, la música habitual se vio reforzada por otra banda de trompetas. También fue el año en que se vieron más penitentes descalzos y portando sus propias cruces.
Aunque la verdadera novedad de aquel año se produjo en el viacrucis penitencial: a las 9 de la noche salieron del convento, como todos los años, los pasos del Cristo de la Buena Muerte y de la Dolorosa portados por la Cofradía de La Pasión; la sorpresa estaba en las estaciones en las que se iba parando la comitiva, eran unas pinturas salidas del taller de Urbina que sorprendieron a todos por su calidad y su interpretación del tema de la crucifixión, luego acabaron de mala manera en una dependencia municipal y no sé en qué estado se encuentran ahoraÉ pero ésa ya es otra historia y se me ha acabado el espacio. Perdonen.


FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR