21 de marzo de 2017

UNINSA, la fusión de las tres grandes compañías siderúrgicas asturianas

Hilo de acero
Ilustración de trabajadores de Altos Hornos. (Pintor y Grabador)
La Unión de Siderúrgicas Asturianas Sociedad Anónima, más conocida por su acrónimo Uninsa, forma parte muy destacada de la industrialización de Gijón durante el desarrollismo de los años sesenta del siglo pasado
Las primeras instalaciones de Uninsa en Veriña 
Su heredera, la actual planta siderúrgica de Arcelor-Mittal, sigue siendo, como hace más de medio siglo años lo fue Uninsa, el hilo de acero del que pende, en buena medida, la salud económica y laboral de la villa y puerto. También fue la Unión de Siderúrgicas el gran desencadenante del desarrollo urbano y demográfico de Gijón, que si en 1960 tenía una población de 125.000 habitantes, en 1970 ya censaba 188.000 almas y 256.000 en 1981.
El Arzobispo Mercán, bendiciendo las instalaciones de UNINSA el año 1966, en presencia de. El Arzobispo de Oviedo, Gabino Díaz Merchán
El 30 de mayo de 1961, se firmaba el pacto constituyente de Uninsa, que tomó su nombre de la fusión de las tres grandes compañía siderúrgicas privadas que existían en Asturias e implantadas en el siglo XIX, a saber: Fábrica de Mieres, Sociedad Metalúrgica Duro Felguera y Sociedad Moreda-Gijón.
Cinco años después, el 19 de marzo de 1966, LA NUEVA ESPAÑA abría su primera página, a las seis columnas, con la siguiente noticia: «Firmada la Acción Concertada de Uninsa». En el antetítulo se indicaba que la firma (el viernes 18 de marzo) había tenido lugar en Madrid, en la sede del Ministerio de Industria, y en dos sumarios se indicaba: «El valor total de las nuevas instalaciones y ampliaciones se eleva a 17.109 millones de pesetas (...) Se asegura la creación de nueve mil nuevos puestos de trabajo». Era el inicio de la gran planta siderúrgica que se levantaría en terrenos de las parroquias de Poago, Fresno y Veriña, fundamentalmente.
Franco y el alcalde Luis Cueto Felgueroso en Gijón (Inauguración de UNINSA en 1966)
Firmaba la información el corresponsal del periódico en Madrid, Manuel Vázquez-Prada, facultativo de Minas y periodista (fue profesor de la Escuela Oficial de Periodismo) y hermano de los también periodistas Fernando y Ricardo Vázquez-Prada, este último director durante cerca de cuarenta años del diario «Región».
Y en su crónica matritense, con aroma a lo que había escrito en 1903 Armando Palacio Valdés en su novela «La aldea perdida», Manolo Vázquez-Prada acertaba hace más de 50 años al prever lo que ocurriría en Mieres con la construcción de una gran siderúrgica en Gijón: «Repito que la noticia de esta firma que confirma y completa un proceso iniciado hace un lustro me deja un saborcillo de temores y sobre todo de añoranzas.
Los comienzos de la fábrica de Mieres en 1877, según grabado de Daniel Perea en La Ilustración Española y Americana.
Todo puede darse por bueno si, al final, los resultados son satisfactorios para todos. Que así sea. Para un mierense de adopción que pasó su vida de rapaz por los llerones, bajo el humo de la fábrica, el pitido de las máquinas, el polvillo del carbón y el encanto de la bocamina y sus secretos, no es fácil suponerse el nuevo paisaje trastocado. Pero también es maravilloso aceptar un rascacielos donde antes gozábamos de la sombra de un álamo, aliviarnos de la bruma permanente del carbón y las altas chimeneas, y entregarnos al goce del contemplar con un fondo nuevo de nuevas instalaciones donde el hombre encuentre también sus nuevos puestos de trabajo y el encanto de vivir en paz sin indebidas preocupaciones».
Ricardo Vázquez-Prada Blanco, director durante cerca de cuarenta años del diario «Región»
En otra parte de su crónica, Vázquez-Prada informaba: «el emplazamiento de la nueva factoría integral a instalar tiene una superficie de tres millones de metros cuadrados, fácilmente explanable, que permitirá en un futuro una ampliación de hasta cuatro millones de toneladas de acero al año. Se ha elegido esta situación de Veriña al tener en cuenta su proximidad al puerto del Musel y a la escasa distancia del ferrocarril y carretera. Lo que facilitará extraordinariamente las complejas operaciones que una industria de este porte y de esta naturaleza supone».
Imagen de la construcción del horno alto. (El Comercio). Construcción. Un cartel anuncia los futuros hornos altos. - E. C. (El Comercio)
La noticia, entonces, era de tal importancia, que el resto de la prensa española se hizo eco. Por ejemplo, en «La Vanguardia», de Barcelona, diario que en su número del 19 de marzo de 1966 explicaba que tras la firma de la Acción Concertada «el programa de expansión será financiado con los créditos oficiales derivados de la Acción Concertada, créditos en divisas y por una ampliación del capital social de Uninsa, en el que participarán el INI (Instituto Nacional de Industria), Krupp (la gran empresa alemana) y bancos y cajas de ahorros nacionales».
El martes, 7 de septiembre de 1971, LA NUEVA ESPAÑA abría su primera página con un titular a un tipo especialmente grande: «Asturias aclamó a Franco en Gijón». Tales muestras de afecto se debían, seguimos leyendo, a que «El Jefe del Estado inauguró la factoría de Uninsa en Veriña», acompañado por los ministros del Ejército, de la Gobernación, de Industria y del Secretario General del Movimiento».
Luis Cueto-Felgueroso Granda, el anfitrión del general Franco el entonces alcalde de Gijón
«El día espléndido, de sol radiante, sin que resultase demasiado caluroso, contribuyó de forma importante a propiciar la brillantez de la jornada. Las calles de Gijón, profusamente engalanadas con banderas y arcos de triunfo que saludaban al Caudillo, fueron insuficientes para acoger a los miles de asturianos que guardaban sitio bastante tiempo antes de que las sirenas del puerto anunciasen la llegada del Jefe del Estado al muelle local», contó LA NUEVA ESPAÑA al inicio de la crónica.
Fue el anfitrión del general Franco el entonces alcalde de Gijón, el médico Luis Cueto-Felgueroso Granda, descendiente de la familia langreana que había puesto en producción Mina La Camocha. Franco saludó desde el balcón de la Casa Consistorial, acompañado de su esposa, Carmen Polo. Luego se trasladó a la factoría siderúrgica, donde Gabino Díaz Merchán, arzobispo de Oviedo, bendijo las instalaciones fabriles.
José María López de Letona, Ministro de Industria
En el acto, el ministro de Industria, que lo era José María López de Letona (uno de los tres «lópeces» ministros del franquismo junto a Laureano López Rodó y Gregorio López-Bravo), dirigiéndose a Carmen Polo (al primer horno alto se le puso el nombre de «Carmen» en su honor), dijo: «Las instalaciones hoy inauguradas con vuestro nombre van a prestar una valiosa contribución al desarrollo nacional y sus frutos van a esparcirse sobre muchos hogares españoles».
Pero la cosa no fue bien. En 1973, Ensidesa, la empresa nacional siderúrgica que tenía una gran planta en Avilés desde mediados de los años cincuenta, tuvo que absorber Uninsa. Cuatro décadas después de su inauguración, el hilo de acero de la economía y el empleo local dependen del magnate indio Lakshmi Mittal, con residencia habitual en Kensington Palace Gardens, la calle de Londres donde se levantan algunas de las casas más grandes y caras del mundo.
ENSIDESA, Avilés, Asturias. Vista general de la nueva laminación en frío, obras muy adelantadas
FUENTE: J. M. CEINOS
_________________________________________________________________________
_________________________________________________________________________
NOTA: Si te ha interesado esta entrada y quieres preguntar, comentar o aportar algo al respecto, puedes dejar un comentario o escribir a mi dirección de “correo del blog” con la seguridad de ser prontamente atendido.

¡¡¡Difunde “El blog de Acebedo”  entre tus amistades!!!

Sígueme en:

·                     § - FACEBOOK - Roberto Cortina Mieres
·                     § Twitter – “El blog de Acebedo”
·                     § - Blog-Blogger.  http://elblogdeacebedo.blogspot.com.es

1 comentario:

  1. Un buen artículo, con datos históricos, que una mayoría de asturianos desconocen. Yo por mis años, recuerdo todo el proceso y además tuve la suerte de inaugurar ( como trabajador ) UNINSA, y despedirme en Arcelor-Mittal. Lo que fue bueno para GIJÓN, no fue tanto para las cuencas, ya que con la desaparición de la SIDERURGIA en las CUENCAS, empieza el declive. ( Una opinión muy personal)

    ResponderEliminar