11 de marzo de 2017

No sólo reinó el león en la Asturias del Pleistoceno

León Cavernario. (algo más que huesos)
El león, del que recientemente se han encontrado nuevos restos, no reinó sólo en la Asturias del Pleistoceno; rivalizó con hienas, cuones, leopardos, linces y grandes osos
Hiena del pleistoceno. (Universidad de Málaga)
http://www.lne.es
El reinado del león, hoy decadente en el África subsahariana y apenas una sombra en sus dominios asiáticos, se extendió en la Prehistoria a Europa y alcanzó Asturias durante buena parte de la última edad del hielo. Los restos del león de Porrúa, en Llanes, de cuyo hallazgo dio noticia LA NUEVA ESPAÑA en los últimos días, constituyen la huella más completa de la presencia de este gran félido en Asturias. Pero no son los únicos. Ni es ésta la única fiera que habitó en un pasado remoto en la región, donde hoy dominan dos carnívoros que presenciaron el esplendor, el declive y la extinción del "rey león": el lobo y el oso pardo. Aquí hubo también hiena manchada, leopardo, cuón, osos etrusco y de las cavernas, linces boreal e ibérico, e incluso los espectaculares dientes de sable, junto a una corte de medianos y pequeños cazadores que prosperaron y les han sobrevivido: zorro, gato montés, nutria, tejón, turón, armiño y comadreja.

Cuón (Cuon alpinus)
Hay restos de león dispersos por seis yacimientos paleontológicos asturianos. Según su datación, se atribuyen al león de las cavernas, que habitó Asturias en el Wurm antiguo (La Parte y Porrúa), o al león actual, más pequeño, que sucedió en el Wurm reciente a su ancestro. Éste no sobrevivió al final de la última glaciación. El león de las cavernas estuvo ampliamente extendido por el hemisferio Norte en el Pleistoceno: desde la península Ibérica hasta Alaska (Estados Unidos) y Yukón (Canadá); cruzó de Siberia a Norteamérica (donde, además, hubo otro león americano), por el puente de Beringia.
Tigre Dientes de Sable. (Infobae)
Antes de la aparición del león de las cavernas, otro gran felino (de tamaño semejante) ocupaba su lugar: un dientes de sable. No llegó a coincidir con el león (unos y otros sí se encontraron en América, donde convivieron gracias a la especialización de los dientes de sable en la caza de presas de gran tamaño), pero sí con el oso etrusco, que desapareció antes que él. Los restos de ambas especies se han hallado exclusivamente en El Milagro, en Cangas de Onís, el único yacimiento asturiano con horizontes del Pleistoceno Inferior. Entre la extinción de estos dos depredadores y la aparición del león hay un gran vacío en el registro fósil, del mismo modo que, una vez el león entra en escena, éste acapara la cúspide de las redes tróficas durante largo tiempo.
Cronología de las fieras cuaternarias
La corte del león aparece en el período interglaciar de Holstein y, sobre todo, durante la glaciación de Riss, dentro de un lapso temporal de entre 450.000 y 140.000 años. La hiena manchada se extinguió hace 30.000 años, y poco después la siguió el leopardo; la primera ha dejado abundantes restos, tanto huesos como coprolitos (excrementos fosilizados), lo que permite inferir que fue una especie común, mientras que de leopardo tan sólo se han encontrado fósiles en La Riera y en Llonín. La primera de esas dos cavidades ha dado también los únicos restos conocidos de cuón. Este perro salvaje sigue habitando en Asia meridional y oriental. El oso de las cavernas se extinguió hace 20.000 años.
De todas aquellas fieras, sólo los linces sobrevivieron hasta períodos históricos, con seguridad hasta el siglo XIX y tal vez incluso hasta el XX. Altuna identificó en 1976 unos restos excavados en Tito Bustillo como pertenecientes al lince ibérico. Sin embargo, los hallazgos más recientes, en la sierra del Sueve y en el macizo de Ubiña, en Quirós, ambos bien identificados y de edad holocena, corresponden a linces boreales.
Lince Boreal (YouTube)
La cordillera Cantábrica frenó el paso de la fauna glacial a la península Ibérica
Mamuts y rinocerontes lanudos llegaron a Asturias hace 150.000 años huyendo del frío del centro y el norte de Europa.
La cordillera Cantábrica frenó durante el Pleistoceno la expansión al resto de la península Ibérica de los grandes mamíferos propios de épocas glaciales. Las dificultades de la orografía limitaron el paso de especies como el mamut lanudo, el rinoceronte lanudo y el reno, que encontraron en la cornisa cantábrica un hábitat propicio al que llegaron procedentes de Europa. Aunque con el tiempo se dispersaron por todo el territorio, llegando hasta lo que hoy es Granada, se sabe que su presencia por debajo de la franja Cantábrica fue muy limitada.
Estas y otras averiguaciones forman parte del trabajo que acaban de publicar en la revista científica internacional «Quaternary International» el biólogo Diego Álvarez-Lao, de la Universidad de Oviedo, y Nuria García, de la Universidad Complutense de Madrid.
Recreación artística de una mujer neandertal con un oso de las cavernas. www.agenciasinc.es
La presencia de estos grandes mamíferos propios de épocas glaciales en la Península comenzó hace unos 150.000 años, aunque de ese momento los hallazgos son muy escasos y aislados, los de épocas de hace 44.000 años se van haciendo más comunes. Está presencia en el territorio no es, sin embargo, continuada, sino que se corresponde con los momentos fríos, que durante el Pleistoceno se alternaban con otros templados. Estas fluctuaciones climáticas conllevan un tipo de vegetación formada por grandes estepas que, según los investigadores, se pudo conocer a partir de los análisis de polen. En aquellos momentos Asturias se caracterizaba por una vegetación herbácea con escasos árboles, gran frío y aridez ambiental. En esas condiciones especies tan adaptadas como el rinoceronte y el mamut lanudos, el reno y, en menor medida, el zorro ártico, el buey almizclero y el antílope saiga se paseaban por las estepas asturianas como lo hacían por las del norte de Europa.
Mamut como los que se encontraban en Asturias hace 40.000 años. Ilustración de Diego Álvarez Lao
La fauna glacial fue mucho más abundante y regular en Asturias, Cantabria y el País Vasco que en la Meseta. Aunque restos de estos animales que convivieron con el hombre prehistórico se localizaron en 72 yacimientos ibéricos, la mayoría se concentran en el norte de la Península. En Asturias al menos diez cuevas, entre las que están Tito Bustillo, Las Caldas, La Riera y La Güelga, entre otras, muestran evidencias de la presencia de la fauna glacial en nuestro territorio. Los últimos hallazgos de estas especies se encontraron en yacimientos de hace 10.000 años, lo que indica que la fauna convivió en un principio con la especie neandertal y, más tarde, con el «Homo sapiens». Estos últimos dejaron representaciones artísticas de estos animales en cuevas como Tito Bustillo o el Pindal.
Lobo ( Canis lupus ). Manada. manuelsosa.com
Otro de los puntos de interés del trabajo de Lao y García es la posibilidad de haber relacionado los resultados del estudio de los hielos de Groenlandia, que permiten conocer los momentos de clima frío en la Tierra, y su relación con la presencia de fauna fría y con los análisis de polen que muestran la existencia de una vegetación propia de épocas glaciales. Los hallazgos de este tipo de fauna coinciden con los momentos de mayor enfriamiento global, lo que explica por qué estas especies del frío entran en España huyendo de las duras condiciones ambientales del centro y norte de Europa, que los obligan a emprender viaje hacia el Sur.
Yacimientos del Pleistoceno en Asturias
FUENTE: LUIS MARIO ARCE - M. S. MARQUÉS



Luis Mario Arce es periodista, coordinador del grupo local SEO-Asturias y colabora como guía de viajes internacionales con SEO/BirdLife






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