18 de marzo de 2017

Las devastadoras secuelas bélicas del Real Oviedo

En la temporada 39-40 el Oviedo no jugó la Liga al no tener campo
Estadio de Buenavista (Oviedo), destruido durante la Guerra Civil española, vista de la grada
Noventa años de historia dan para mucho. Y en caso del Oviedo, a las cuestiones deportivas y extradeportivas, que han sido muchas y variadas, se le une el periplo por diferentes campos de la ciudad
Estadio de Buenavista (Oviedo), destruido durante la Guerra Civil española
Desde Teatinos al nuevo Tartiere, el sentir azul siempre ha sido notable. Ni la Guerra Civil española que asoló la ciudad pudo con este sentimiento que día a día traspasa más fronteras.
En la primera temporada del Oviedo (1926-1927), el estadio donde se celebraban los partidos estaba situado en el barrio de Teatinos, aunque sólo durante seis años, ya que el recinto en sí no ofrecía ninguna comodidad ni a jugadores ni a los aficionados que acudían al mismo. La última temporada que disputó en este estadio fue la 1931-1932, temporada que sirvió de preludio del primer ascenso azul a la Primera un año después, pero ya en el campo de Buenavista.
El aforo de este primer estadio oviedista era de 10.000 espectadores, de los cuales 1.648 tenían el privilegio de poder contar con una localidad de asiento. Por aquel entonces el número de socios no era muy elevado: 1.889.

Aficionados del Real Oviedo en el campo de Teatinos 
El primer partido que disputó el Real Oviedo tras la fusión en este estadio de Teatinos fue en el año 1926, un amistoso que enfrentó a los azules y al Arenas de Guecho. Vencieron los vascos por 4-6. La primera alineación azul en este estadio estuvo conformada por el portero Oscar; los defensas Mariscal y Solís; los medios Justo, Mieres y Abdón, y los delanteros Lorences, Paladini, Zabala, Barril y Servando.
En la campaña 1932-1933 el Real Oviedo abandona Teatinos para irse a jugar al campo ubicado en Ciudad Jardín, en Buenavista, encuadrado en el mismo lugar donde está el viejo Tartiere, aunque reformado en su totalidad. Este campo ofreció la primera tribuna de España con 100 metros de longitud y sin ninguna columna de sujeción que impidiera la visibilidad. El 22 de abril de 1932 quedó inaugurado el estadio con un partido disputado entre España y Yugoslavia, con el campo totalmente abarrotado de público.
Con el estallido de la Guerra Civil, en 1936, Oviedo y sus infraestructuras se vieron seriamente afectadas. Entre ellas, el estadio oviedista. Las consecuencias del conflicto bélico fueron terribles, quedando inservible para la práctica del fútbol. En el campo se excavó una trinchera a lo largo del césped que sirvió de refugio a los soldados y las bombas terminaron de destrozar el resto del equipamiento del estadio. Los daños sufridos fueron tan importantes que el Real Oviedo no pudo disputar la temporada 39-40 al no disponer de estadio disponible al efecto. La Federación le guardó la plaza en Primera durante ese año, competición que el conjunto carbayón retomó en la temporada 40-41 con su feudo ya arreglado de las devastadoras secuelas bélicas.
Seguidores entrando en el campo de Buenavista, antes de la guerra
Para acoger el Campeonato del Mundo en 1982, el estadio de Buenavista fue totalmente remodelado, reinaugurándose el 29 de abril de 1982 con el partido entre el Real Oviedo y la selección nacional de Chile (0-0). En 1991 este estadio vivió el estreno en competición europea de los azules, en el partido de la Copa de la UEFA entre el Real Oviedo y el Génova, que finalizó con victoria oviedista por 1-0. En 1998 la normativa impuesta en materia de seguridad en recintos deportivos obligó a suprimir gran parte de las localidades de pie. El aforo del estadio se redujo hasta los 16.485 espectadores (13.605 de asiento y 2.880 de pie). Al igual que en los primeros pasos del club, surgió en este momento la necesidad de un nuevo hogar para el club. El 27 de enero de 2003 comenzó su demolición, que se completó en dos meses. Actualmente su parcela la ocupa el Palacio de Exposiciones y Congresos Ciudad de Oviedo.
El 20 de septiembre de 2000 se inauguró oficialmente el Nuevo Carlos Tartiere, estadio donde el equipo disputa actualmente sus partidos y donde los aficionados azules dan rienda a su pasión futbolera jornada a jornada. Este primer partido en el nuevo campo fue el enfrentamiento entre el Real Oviedo y el Partizán de Belgrado, partido que concluyó con la derrota del equipo azul por 0-2. Este fue el partido oficial, ya que tres días antes, el 17 de septiembre de 2000, ya se había disputado un encuentro oficial entre el Real Oviedo y la U.D. Las Palmas, correspondiente al Campeonato de Liga de 1.ª División que concluyó con empate a dos goles.
En los 16 años que el Oviedo lleva jugando en este estadio sólo en una campaña militó en Primera División. Con su diseño y su capacidad para más de 30.000 personas se merece volver a ver desfilar por su césped a los mejores jugadores del mundo.
Vistas aéreas del antiguo Carlos Tartiere
Grandes capitanes del Real Oviedo, goleadores y leyendas
De Lángara a Esteban pasando por Herrerita, Dely Valdés o Carlos Muñoz, muchos han sido los futbolistas que han escrito en mayúsculas la historia del Real Oviedo
Muchos han sido los futbolistas que han defendido, con mayor o menor fortuna, la camiseta del Real Oviedo en sus noventa años de historia. De todos ellos, sólo un nutrido grupo ha pasado a la historia del club azul, ya fuera por sus grandes gestas, su carisma o su pundonor. Grandes jugadores que tienen en común el orgullo, el valor y la garra que ponían en cada encuentro, los verdaderos valores que ha de mostrar siempre un oviedista.
El  delantero Antón, jugador de la mítica 'delantera eléctrica' de los años treinta y cuarenta del pasado siglo
En las primeras temporadas de la entidad oviedista hubo un hombre que destacó sobre el resto: Isidro Lángara, un goleador vasco sin igual que hizo vibrar a la afición. Lángara, que llegó al club azul en 1930, finalizó su primera etapa con la elástica oviedista en 1936, tras estallar el conflicto bélico. Con sus goles ayudó a que el equipo lograra el ascenso a la Primera División en 1933. Esta etapa en el equipo asturiano fue la más brillante de su carrera, siendo máximo goleador de la Liga española en las tres primeras temporadas que jugó con el Oviedo en la Primera División española. A finales de los 40, Lángara volvió al Oviedo. Jugó dos temporada y en 1948 colgó las botas.
Otro nombre inexcusablemente asociado al oviedismo es el de Herrerita. Nacido en Gijón, siempre se le ha considerado la gran figura de la entidad carbayona, en la que militó durante 16 temporadas. Considerado uno de los mejores interiores de la historia del fútbol español, personificó y representó la Edad de Oro oviedista desde su irrupción en Primera División, en 1933, hasta el primer descenso en 1950. Junto a Emilín formó una dupla mítica del fútbol clásico patrio y su calidad, su bravura y sobre todo su carácter ganador le convirtieron en una leyenda azul que pasa de generación a generación.
Langara
Antón, con su inseparable boina, es otro de los futbolistas azules que siempre será recordado. Nacido en Oviedo, y tras pasar por las categorías inferiores de la entidad, en 1935 debutó con el primer equipo marcando dos goles en un enfrentamiento en casa del Racing de Santander. Antonio Sánchez Valdés, Antón, defendió la elástica azul durante la mayor parte de su etapa futbolística, en los años 30 y 40 del pasado siglo. El estallido de la Guerra Civil frenó el desarrollo futbolístico de Antón. Al reanudarse la competición en la temporada 1939-40 jugó cedido en el Zaragoza. Regresó al Real Oviedo un año después y formó parte de la llamada "tercera delantera eléctrica" junto a Goyín, Echevarría, Herrerita y Emilín. Dejó el club en 1950. Sus números lo dicen todo: 324 partidos y 108 goles que lo convierten en el cuarto mejor goleador de la historia oviedista tras Herrerita, Lángara y Carlos Muñoz.
El mierense Berto en el Real Oviedo
FUENTE: E.C. (LA NUEVA ESPAÑA)
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