26 de mayo de 2015

El gijones D. Claudio Alvargonzález Sánchez, el «Héroe de Abtao». (Huapi Abtao es una isla que queda al sur de Chile)

Un gijonés en aguas chilenas

Claudio Alvargonzález Sánchez

Juan Alvargonzález impulsó en 1995 la colocación de un busto de su antepasado el «Héroe de Abtao», un marino que se distinguió en la Guerra del Pacífico 

Monumento a Claudio Alvargonzález 
http://www.lne.es
El domingo 2 de mayo de 1897, el año anterior al llamado Desastre del 98, en el que España perdió a cañonazos sus últimas colonias de ultramar de Cuba, Puerto Rico y las Filipinas, el Ayuntamiento de Gijón colocó una placa, en un edificio de la plaza Mayor, en recuerdo de un destacado hijo de la villa. La placa, que se conserva en la fachada principal del actual hotel Asturias, tiene como objeto indicar que en dicho lugar había nacido el «ilustre hijo» de Gijón y «general de la Armada y héroe de Abtao» Claudio Alvargonzález y Sánchez.
Miembro de una de las familias más antiguas e influyentes de la villa (desde 1883 hasta 1917 se cuentan cinco alcaldes de Gijón que llevaban el apellido Alvargonzález: Juan Alvargonzález, Alejandro Alvargonzález, Faustino Alvargonzález, Fernando Galarga Alvargonzález y Santiago Piñera Alvargonzález), Claudio Alvargonzález y Sánchez pasó a la historia naval española por un hecho de armas ocurrido el 7 de febrero de 1866 en aguas sudamericanas del océano Pacífico.
El 6 de julio de 1995, en las escalinatas anejas al edificio de la antigua Comandancia Militar de Marina, frente al puerto viejo de Gijón, se descubrió un busto de Claudio Alvargonzález, en un homenaje impulsado por Juan Alvargonzález González, fallecido el pasado sábado, también marino de guerra y descendiente del «Héroe de Abtao».
Pero antes de entrar en los pormenores de lo sucedido ya hizo 147 años en Abtao, es preciso situar el lugar geográfico donde se desarrollaron los hechos que llevaron a que Claudio Alvargonzález fuera condecorado con la gran cruz de Isabel la Católica y declarado «Benemérito de la Patria».
Abtao es un lugar de la costa sur de Chile situado al Oeste de la ciudad portuaria de Puerto Montt y al Norte de la isla de Chiloé. Una costa intrincada, salpicada de islotes, con angosturas y cerradas ensenadas, verde a vista de barco, como la de Asturias, mientras a lo lejos preside el paisaje, hacia el Este, la línea del cielo que marcan los Andes.
Claudio Alvargonzález Sánchez
Por lo que respecta a la situación histórica, todo comenzó en 1864, cuando el Gobierno de la reina Isabel II, que sería destronada cuatro años después, ordenó a la Real Armada ocupar las islas Chinchas, situadas frente a la costa del Perú, tras un confuso incidente diplomático. Los hechos posteriores desencadenaron la que en la historia española se llama Guerra del Pacífico, que terminaría por involucrar contra España a una coalición formada por Perú, Chile, Bolivia y Ecuador.
Desde el punto de vista chileno, la historia se cuenta diciendo que España, con el propósito de un viaje de amistad y de comercio con las nacientes repúblicas del Pacífico que antes habían sido territorios españoles, envió una flotilla de tres buques de guerra, pero con otros fines que no eran otros, según la historiografía chilena, que reclamar los territorios que consideraba aún suyos. Además, las Chinchas eran ricas en guano (excrementos de ave muy apreciados como fertilizante), cuya venta proporcionaba al Perú de entonces grandes beneficios.
Reforzado el escuadrón naval español con nuevas unidades ante la posibilidad del inicio de las hostilidades, el Gobierno de Madrid ordenó a sus barcos de guerra bloquear los puertos de Chile y Perú. El capitán de navío Claudio Alvargonzález estaba al mando de la fragata «Villa de Madrid», que formaba parte del segundo escuadrón de la Real Armada despachado al Pacífico por el Gobierno de Madrid.
La placa que recuerda en el edificio del hotel Asturias al "Héroe de Abtao" . Foto: Ángel González

El almirante español Pareja mandaba las operaciones, pero eran muchas millas de costa las que debía controlar. Por su parte, la incipiente Marina de guerra chilena, que no tenía operativos más que dos buques, el mejor artillado de ellos la corbeta «Esmeralda», dio un golpe por sorpresa y capturó, en combate, la goleta española «Virgen de Covadonga» en aguas chilenas de Papudo el 26 de noviembre de 1865. Al conocer el resultado de la batalla el almirante Pareja se suicidó y fue reemplazado por el vigués Casto Méndez Núnez, que se vio en la imperiosa obligación de vengar la afrenta a la Armada española y a la nación. Los barcos chilenos, mientras tanto, pusieron proa al Sur con el botín y se refugiaron en aguas de Chiloé, uniéndose a varios buques enviados por Perú para formar una flotilla combinada.
Informado Méndez Núnez de la presencia de los buques enemigos en la zona del canal de Chiloé, despachó hacia aquellas aguas dos de sus fragatas para «vengar el orgullo nacional» y calmar las críticas que se le hacían desde Madrid.
Y ahora vamos a las páginas escritas por el que fuera cronista oficial de Gijón Joaquín Alonso Bonet en «Pequeñas historias de Gijón. (Del archivo de un periodista)», en las que relata que «inmediatamente, sonó un nombre (para mandar la delicada misión): el del capitán de navío don Claudio Alvargonzález».
El Combate Naval de Abtao 

Hacia el Sur de Chile, desde aguas de Valparaíso, partió Claudio Alvargonzález con las fragatas «Villa de Madrid» y «Blanca», esta última mandada por Juan Bautista Topete. Los dos buques se presentaron frente a Abtao, donde estaba apostada la escuadrilla naval chileno-peruana. «Y no queriendo esperar más tiempo, el marino gijonés abrió fuego contra Abtao, obligando a salir y aceptar combate a la fragata peruana "Aprimac" (en realidad "Apurímac") y las corbetas "América" y "Unión", que fueron vencidas y aniquiladas. Era el día 7 de febrero de 1866», escribió Alonso Bonet.
Por parte chilena, la historia se cuenta de otra manera. Por ejemplo, en «Historia de Chile», libro editado en dicho país sudamericano en 1992 y del que son autores Julio Maltés y Alejandro Concha Cruz, se relata que el de Abtao fue «un combate sin mayores consecuencias», dado que la acción se redujo al intercambio de descargas a gran distancia.
Después de Abtao prosiguió la guerra, con el bombardeo del puerto peruano del Callao por los barcos de Méndez Núnez y cinco años después se acordó un tratado de tregua que se convertiría en uno de paz en 1882. Así terminó la Guerra del Pacífico, en la que varios marinos españoles fueron elevados a la categoría de héroes, entre ellos Claudio Alvargonzález y Sánchez (Gijón, 1816-1896).
El mismo año del fallecimiento del «Héroe de Abtao», el Ayuntamiento de Gijón decidió poner su nombre a la calle que bordea el puerto viejo desde los jardines de la Reina hasta el dique de Santa Catalina.
El busto de Claudio Alvargonzález, que mira al antiguo muelle de Abtao del puerto viejo de Gijón. ángel gonzález
FUENTE: J. M. CEINOS
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Claudio Alvargonzález Sánchez  

"Conocido como el “héroe de Abtao".
Óleo de don Claudio Román Alvargonzález Sánchez. Brigadier de la Real Armada Española.
http://el.tesorodeoviedo.es
Marino y escritor nacido en Gijón el nueve de agosto de 1816 y fallecido en su ciudad natal el veintiuno de agosto de 1896, con el grado de brigadier.
Perteneciente a una familia de comerciantes y marinos, estudia en el Instituto Jovellanos de Gijón donde aprende las primeras letras y obtiene el título de piloto. Ingresa en el cuerpo de Guardias Marinas el dos de julio de 1835 en la Escuela de Ferrol. Intervino en las batallas navales de la I Guerra Carlista, libradas en el Cantábrico.
En 1844 asciende a Teniente de Navío, siendo destinado a diversos buques tanto en la Península como en Ultramar. En 1853 embarca en el vapor Fernando el Católico con el que logra cubrir la distancia de la Habana a Vigo en quince días, la travesía más rápida de su época. En 1855 asciende a Capitán de Fragata y pasa a Santander como Comandante de la plaza; ocupa este cargo durante tres años: el único periodo de su carrera en que permaneció desembarcado. En 1861 es ascendido a Capitán de Navío, concediéndosele el mando de la fragata de hélice “Villa de Madrid”.
El veinte de diciembre de 1864 se une a la Escuadra del Pacífico, integrada por seis fragatas, cinco de ellas de madera y en mal estado. El siete de febrero de 1866 se topan en aguas de la isla chilena de Abtao con la escuadra chileno-peruana, con la que entablan combate, sufriendo graves daños los americanos. Bombardean a continuación Valparaíso y el dos de mayo de 1866, escasos de carbón y víveres, la Escuadra del Pacífico se acerca al puerto del Callao, defendido por noventa cañones y torres acorazadas, en orden de batalla. Los españoles bombardean el puerto logrando desmontar todas las piezas enemigas menos tres; esta acción constituiría la última gesta reseñable de la Marina Española en las costas americanas del Pacífico. Tras la acción de Callao la escuadra regresa a España siendo la fragata mandada por Alvargonzález la primera en tocar las costas de Cádiz, donde se les tributa un homenaje popular. Una real orden de veintinueve de julio de 1866 lo promueve al empleo de brigadier con el que culmina su carrera militar.
De ideología marcadamente liberal, es sin embargo absolutamente fiel a la reina Isabel II, por lo que al triunfar la Revolución Gloriosa en 1868 pide el retiro voluntario, a pesar de que sus compañeros de armas lo animan a ocupar cargos ministeriales. Con la restauración borbónica, tras el fracaso de Amadeo de Saboya y de la I República, vuelve al servicio activo durante algunos años hasta que le llega la edad de jubilación reglamentaria.
Pasa los últimos años de su vida en Gijón, su villa natal, participando activamente en la vida pública de la ciudad a través de sus negocios y a través de la prensa local, con la que colaboró sobre todo con artículos acerca de temas marineros. El consistorio gijonés le rindió homenaje poniendo su nombre a una calle y colocando una placa conmemorativa en su casa natal.
Recibió algunas de las más altas condecoraciones del estado como la Gran Cruz de Isabel la Católica, el título de Benemérito de la Patria y la Gran Cruz de San Hermenegildo.
La Fragata Numancia, buque insinia de la batalla de Abtao, además  fue un buque con una dilatadísima vida, que participó en prácticamente todos los hechos navales reseñables de la historia de España del último tercio de siglo.
FUENTE: "El Tesoro de Oviedo" (http://el.tesorodeoviedo.es)
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ABTAO: UNA GESTA BINACIONAL

Las fragatas españolas Villa de Madrid y Blanca durante el combate de Abtao. (1866)
El Combate Naval de Abtao, tuvo lugar entre el 7 y el 8 de febrero de 1866, enfrentó a la escuadra peruano-chilena, también conocida como aliada, contra la flota española. 
Casto Méndez Núñez, contraalmirante de la Real Armada Española 
Este acontecimiento formó parte de la guerra con España de 1864 a 1866, en la que la ex potencia colonial se apropió ex profeso de las islas guaneras de Chincha, por lo que debió enfrentar no solo a Perú, sino a una cuádruple unión sudamericana que también integraron Chile, Ecuador y Bolivia.Huapi Abtao es el nombre de una isla que queda muy al sur de Chile y forma parte del archipiélago de Calbuco. Allí se enfrentaron la escuadra aliada, conformada por los barcos peruanos Apurímac, Unión y América más los chilenos Covadonga, Lautaro y Antonio Varas, contra los españoles Villa Madrid y Blanca.Debido al poderío de las naves españolas, la formación que ofreció la alianza peruano-chilena fue más bien defensiva, para lo que aprovechó su favorable posición en una ensenada, cuyos accesos bloqueó, disponiéndose la flota en forma de herradura. Al contrario, las naves españolas, peor ubicadas, no podían acercarse demasiado so riesgo de varar o encallar. A las 3:30 p.m. del 7 de febrero de 1866, la fragata peruana Apurímac abrió los fuegos de un combate en el que ambas escuadras se cañonearon encontrándose bastante alejadas una de la otra. El combate duró alrededor de dos horas y en él se efectuaron aproximadamente 2 000 tiros de cañón.El enfrentamiento concluyó al caer de la tarde y al día siguiente las naves españolas apuraron máquinas hasta Valparaíso para reunirse con el resto de su flota. Enterado de la acción naval, el contralmirante de la Armada Española Casto Méndez Núñez se dirigió a Abtao con la poderosa fragata Numancia, su buque insignia. Sin embargo, no pudo acercarse a la flota aliada debido a las fuertes corrientes, islotes y espesas nieblas de la región de Chiloé que impedían la visibilidad. Por esa razón, zarpó de nuevo rumbo a Valparaíso sin poder hundir a la flotilla sudamericana, que era visiblemente inferior y que tuvo la pericia de realizar una arriesgada maniobra defensiva que le permitió evadir a su temible y poderoso enemigo.La paradoja del Combate Naval de Abtao es que allí pelearon juntos los marinos de Perú y Chile que luego se enfrentaron en la Guerra del Salitre de 1879. A bordo de la Covadonga se encontraban Arturo Prat y Carlos Condell, mientras que los navíos peruanos estuvieron tripulados por Miguel Grau, Juan Guillermo More, Elías Aguirre, Enrique Palacios y Diego Ferré. Además, en el Apurímac se destacó un joven y audaz guardamarina: Leoncio Prado.La guerra de la alianza peruano-chilena contra España fue una gesta en contra del atropello de una potencia imperial que no se resignaba a haber perdido sus antiguas colonias y que intentó en vano, a través de la fuerza de sus cañonazos, atacar a las repúblicas que se habían fundado en Sudamérica 40 años antes. Por eso no es exagerado decir que el 7 y 8 de febrero de 1866 peruanos y chilenos lucharon juntos por la libertad.En esta columna no predicamos el olvido del pasado doloroso que compartimos con Chile, pero sí creemos que junto a ese pasado existe otro que se caracterizó por la colaboración mutua y que es obligatorio conmemorar precisamente cuando ambos países estamos a punto de dar un paso fundamental en nuestra historia. Con el acatamiento del fallo de La Haya, si el tiempo y la autoridad lo permiten, habremos resuelto por la vía civilizada nuestra última diferencia y con ello habremos apostado, una vez más, por la integración del continente, utopía que hace 146 años defendieron juntos Miguel Grau y Arturo Prat en Abtao.
Rubén Vargas Ugarte, historiador peruano, al analizar los resultados del combate de Abtao, concluye: Unos y otros, pues, se atribuyeron el triunfo; en realidad hay que aceptar que unos y otros cumplieron su deber; la escuadra aliada [...] no se hallaba en condiciones de enfrentarse a las naves españolas en mar abierto por el mal estado de sus máquinas, y, a su vez, las naves españolas no podían forzar la entrada de la bahía de Abtao, pues, como lo dice el mismo Álvar González (sic), esta operación habría sido funesta; se limitaron, por tanto, a hacer un despliegue de fuerza, al cual contestó con energía la escuadra aliada. http://es.wikipedia.org
Vargas Ugarte, Rubén: Historia General del Perú, tomo 9, pág.119. 1984.
FUENTE: Daniel Parodi (Historiador, profesor de la PUCP) http://clioperu.blogspot.com.es
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