22 de enero de 2015

"Que triste epitafio", la historia de una época pretérita de la minería del carbón en Riosa y Morcín

Adiós a 158 años de tradición minera.

Cuadro de antiguos mineros en un escenario de mina de montaña en los momentos previos a su entrada en el tajo. Es una estampa, con un cierto valor documental, de una época pretérita de la minería del carbón que el autor, Félix Magdalena conoció bien, pues su niñez trnscurrió conviviendo con los mineros de las explotaciones del valle de Mariana. El cuadro está pintado en tonos grises, pardos y azules en una gama fría para armonizar con el carácter poco alegre de la explotación carbonera. Titulo de la obra: "Mineros" de J.M. Félix Magdalena, Ingeniero Técnico de Minas, nacido en Brañanoveles (Mieres) el 14 de Octubre de 1.941, "gran pintor y escultor" mierense. http://www.felixmagdalena.com/es
El recién cerrado pozo Montsacro, que llegó a emplear a más de un millar de trabajadores, tuvo un estrecho vínculo con la industrialización asturiana.
El pozo Montsacro (Hunosa), ya cerrado, está situado en el límite entre Morcín y Riosa.
http://www.lne.es.
Con el cierre del pozo Montsacro de Hunosa, el pasado 31 de diciembre, se pone fin a 158 años de tradición minera en la explotación del carbón de hulla en los límites de los concejos de Riosa y Morcín, actividad que había comenzado el 24 de abril de 1846, con los primeros trabajos de extracción en las montañas de este coto minero que fue otorgado por ley a la Real Fábrica de Armas de Trubia, de propiedad estatal, para abastecerla ante la reorganización de la producción armamentística nacional por la Hacienda Pública, que advertía de la falta de suministro para el Ejército y la Marina.
El carbón extraído en esta comarca, muy rico en coque, se utilizaba en un principio para la fabricación de piezas de artillería de hierro colado como eran la fundición de cañones y proyectiles. "Este yacimiento carbonífero es uno de los primeros ejemplos de explotación en el Principado al ser pionero en su organización a gran escala y moderno en su planteamiento estratégico", afirma la historiadora ovetense afincada en Mieres María Fernanda Fernández Gutiérrez, autora de la ponencia "Minas de Riosa: un persistente éxito empresarial", que fue publicada con motivo del VIII Congreso de la Asociación Española de Historia Económica celebrado en 2005.
En mayo de 1844 se puso en marcha el nuevo proyecto para reactivar la Fábrica de Trubia, bajo la dirección del teniente coronel Francisco Antonio de Elorza, con el fin de garantizar un acopio regular y suficiente de hulla con calidad apropiada para su conversión en coque que alimentara los altos hornos. Esa incorporación de técnicas de fundición ya existentes en otros países de utilizar coque procedente de la hulla en lugar de carbón vegetal motivó que Elorza se decantase por esta zona privilegiada y solicitase su concesión obteniendo por ley el citado coto de Riosa y Morcín. Su superficie ronda los 50 kilómetros cuadrados y el 24 de abril de 1846 está documentado el comienzo de los trabajos en esta explotación minera.
Obra: "entibador", oleo de José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
Al frente de los trabajos estaba el experto ingeniero belga Denis Thiry Delmalle, que en esos mismos años participaría en otros importantes proyectos industriales, como la Real Compañía Asturiana de Minas de Arnao, de capital belga, e impulsaría sus propios negocios en el sector, como la fábrica de pólvora y luego de dinamita de La Manjoya en la década de los sesenta del XIX o la explotación de mineral de hierro en el monte Naranco. La figura del técnico convertido también en inversor se reitera en la Asturias de aquella época.
Por su parte, el ingeniero francés Adrien Paillette se ocupó del análisis de la caliza de montaña de este enclave para determinar la rentabilidad de su explotación y dictaminar el alto contenido en grisú de sus capas carboníferas. En este coto minero se encuentra el primer ejemplo documentado en España anterior a 1850 de empleo de lámparas para la detección del grisú ideadas por el ingeniero belga Mueseler en 1840.
Además del ingeniero jefe, la explotación contaba con un maestro minero que asumiría las tareas de capataz con una plantilla que llegó a superar los 400 trabajadores.
La extracción del mineral fue regular durante unos veinte años y llegó a superar en alguna anualidad una producción de 200.000 quintales de carbón. Al pie de la mina, ubicada en las inmediaciones de Porció, en Riosa, se instalaron también varios hornos de coquización.
Está constatado que en 1848 el arrastre del carbón hasta Trubia se realizaba mediante un "tranvía de sangre" en cinco carretas tiradas por bueyes. Desde la mina de Porció, que estaría ubicada actualmente a la altura del kilómetro cuatro de la ascensión ciclista al Angliru, por muy malos caminos, se transitaba hasta la Covarriella, collado ubicado entre el monte Monsacro y la actual área recreativa de Villapará, bajando después por los pueblos morciniegos de Cardeo, El Vallín, La Piñera y Peñerudes, para luego atravesar Lavarejos, Puerto y Caces hasta llegar a Trubia. En total, unos 15 kilómetros. Llegó a existir un proyecto de ferrocarril minero, redactado por David Sempil, que nunca se ejecutó por ser inviable la inversión.
La Fábrica de Trubia pagaba veinte pesetas a cada arriero que portaba unas treinta arrobas de mineral. Se tiene constancia que Andrés Fernández, de La Foz de Morcín, fue uno de los arrieros que más carbón transportaba. La duración del viaje era de siete horas ida y otras siete de vuelta. Por el camino existían posadas donde el carretero y los bueyes comían y recuperaban fuerzas. En los últimos años, desde Porció hasta El Vallín se arrastró el mineral con mulas, que eran más rápidas que los bueyes. A finales del siglo XIX se llegó a instalar un cable aéreo de accionamiento mecánico que llevaba la producción hasta la Fábrica de Trubia.
Los obstáculos que lastraban la explotación fueron los terrenos abruptos de estas estribaciones montañosas, que hacían muy difíciles el acceso y la evacuación de la producción, además de la posición de las capas de carbón y la presencia de grisú, gas inflamable que provocaba frecuentes explosiones. Sin embargo, se obtuvieron excelentes resultados ya que la calidad del carbón de este coto minero fue valorada muy positivamente en la Exposición Pública de la Industria Española celebrada en Madrid en 1850 e igualmente se presentó en la Exposición Universal de París de 1855, donde el Cuerpo de Artillería de Trubia obtuvo una medalla de primera clase y el ingeniero de minas otra, remitiendo ambos muestras de hulla y coque del coto minero de Riosa y Morcín.
Obra: Mineros, dibujo de: José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
A partir de 1860 la explotación fue languideciendo hasta abandonarse los trabajos, y en 1888 el Estado anuncia su venta en subasta pública, a la que solamente se presenta el empresario bilbaíno Martínez de las Rivas, pero cuyo resultado se anula. Posteriormente, se realizaron otras subastas públicas en fechas sucesivas, hasta que en 1899 tiene lugar la definitiva, en la que una sociedad anónima de capital asturiano se hace con el coto poniendo fin a esta primera etapa marcada por la presencia estatal y la supeditación a los intereses de la factoría trubieca.
Entre 1899 y 1905 la explotación del carbón corre a cargo de la sociedad anónima Minas de Riosa, de capital asturiano. Entre 1905 y 1914 se hacen cargo inversores franceses y entre 1914 y 1951 se reafirma el capital asturiano con la sociedad anónima Hulleras de Riosa. En 1952 las minas pasan a titularidad de Ensidesa hasta 1969, cuando se integran en Hunosa hasta el cierre administrativo del pasado 31 de diciembre.
A la subasta pública de abril de 1899 se presenta la recién constituida Minas de Riosa, S. A. con un capital de 16.000 pesetas. La sociedad integraba en su accionariado a dos miembros de la familia Fernández vinculada a los Figaredo: Juan Inocencio Fernández Martínez de la Vega (1851-1918) y su hijo Vicente Fernández Herrero (1876-1929). También participa en la sociedad asumiendo el cargo de director gerente Alfredo Santos, ingeniero de minas y familiar de los antedichos. El resto de capital lo aportan el empresario minero Vigil Escalera, los hermanos Santos de Arana, ambos ingenieros de minas, y el político Manuel Uría, que había ejercido como gobernador civil en la provincia de Oviedo. Hubo varias ampliaciones de capital que superaron los dos millones de pesetas a finales de 1899.
En 1900 comienzan a construirse en La Pereda, en Mieres, los cargaderos y otras instalaciones necesarias para el tratamiento del carbón en bruto, como el lavadero con balsas de decantación que comienza a operar en 1903. La coquización se realizaba con el primitivo método de montones de carbón en combustión al aire libre dando como resultado, sin embargo, un coque de gran calidad.
En julio de 1905 Minas de Riosa, S. A. transmite todas sus propiedades a la compañía francesa Compagnie des Houillères de Ujo-Mieres y Societé Française des Charbonnages de Laviana, por las que recibe a cambio un importante número de acciones valoradas en 1.350.000 pesetas. Entre 1910 y 1912 se llevan a cabo en este coto minero importantes inversiones que los obligan a sucesivas ampliaciones de capital para lograr en 1913 una mayor producción con mejor proporción del carbón lavado. Sin embargo, en 1914, por requerimiento de uno de los obligacionistas españoles que se amparó en el impago de un cupón de las obligaciones de la Compañía de Ujo a Minas de Riosa, los tribunales actuaron contra el grupo francés y nombraron un administrador judicial, y finalmente las minas y demás propiedades de Hulleras de Ujo-Mieres salieron a subasta, haciéndose con ellas de nuevo el grupo capitalista asturiano abanderado por los Figaredo. En la memoria popular y en los recuerdos de los vecinos se ha mantenido que esta operación obedeció a una estrategia empresarial de José Sela, relacionado con los Figaredo y con otros grupos mineros del Caudal, cuyo papel será decisivo en la siguiente etapa de Hulleras de Riosa, sociedad de la que será director gerente.
En 1905 la producción superó las 35.000 toneladas y en 1916, al calor de la Primera Guerra Mundial, rondó las 90.000 bajando en 1921 a las 45.000. Entre 1914 y 1920 se construye un ferrocarril de unos 9 kilómetros de longitud entre La Foz de Morcín y La Pereda, en Mieres, que supone una elevada inversión pero que será clave en los resultados económicos posteriores. Este proyecto supuso la mayor inversión de la empresa y fue ejecutado por José Vigil Escalera, ingeniero y accionista de la empresa, que dirigió la obra junto con José García Lago. Comenzaron las obras en 1914 y finalizaron en 1920, inaugurándose en 1921.
Reinerio y Horacio. Óleo sobre lienzo.Obra de: José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
Fue preciso perforar 11 túneles en la dura caliza, establecer numerosos pasos inferiores y ejecutar una notable obra con muros de sostenimiento y contención resultando un coste total de cuatro millones de pesetas. Con la entrada en funcionamiento de este ferrocarril se ponía fin al transporte, mucho más costoso, a través de una vía más estrecha, que operaba en los niveles más altos de la montaña por la trinchera de La Raíz atravesando el túnel de la Boqueriza para llegar mediante planos mecánicos inclinados hasta la mina Ana María camino de La Pereda.
En enero de 1914 aquellos capitalistas asturianos que habían creado Minas de Riosa se constituyen en empresa creando Hulleras de Riosa, S. A., domiciliada en Mieres, con un capital social de 6.000 pesetas, cuyo principal y probablemente único objetivo era concurrir a la subasta pública de las minas de la Compañía Ujo-Mieres. Participan en la sociedad miembros de la familia Figaredo y sus allegados Inocencio Fernández, que será nombrado presidente, y Alfredo Santos de Arana, como secretario, sumándose como accionista y director gerente José Sela y Sela, yerno del fundador de Minas de Figaredo, así como los Vigil Escalera de Siero y la Sociedad Herrero y Compañía de Oviedo.
Una vez se hacen con estos bienes en la subasta, en marzo de 1916 amplían su capital hasta el millón de pesetas y en 1920 se produce otra ampliación que alcanza los 10 millones de pesetas. La última ampliación tendrá lugar en 1945 por otros dos millones más cuando es presidente Isaac Figaredo Herrero y el secretario del consejo, su hermano Ismael; familia que está al frente del negocio en esta etapa privada hasta su venta al Estado en 1952.
En abril de 1932 se incorpora a Hulleras de Riosa el ingeniero de minas Luis Álvarez Fueyo, que supervisó la explotación hasta 1969, incluyendo la fase en la que las explotaciones pasaron a propiedad de Ensidesa en 1952. Fueyo se jubila en 1969 coincidiendo con la incorporación de la explotación minera a Hunosa. En esta etapa Fueyo logra unos rendimientos regulares con beneficios para los accionistas que permitieron nuevas inversiones.
La empresa pública Ensidesa, constituida en 1950, se hace cargo de la explotación en 1952 para abastecer de modo regular como combustible para sus altos hornos. Aunque la empresa siderúrgica mantuvo contactos con los propietarios de Mina La Camocha de Gijón, las negociaciones no prosperaron y finalmente compraron Hulleras de Riosa, S. A. por 30 millones de pesetas, precio que se consideró excesivo y muy superior al valor real de las acciones en aquella época. La operación resultó muy beneficiosa para los inversores del grupo Figaredo teniendo en cuenta la situación del mercado nacional de carbón en la segunda mitad del siglo XX.
Además del coste de adquisición de la empresa por el Instituto Nacional de Industria (INI) para dar servicio a la planta de siderurgia integral de Ensidesa, se vio entonces necesario crear unas nuevas instalaciones que superarían los 40 millones de pesetas de inversión. Estos cálculos hacían desaconsejable la operación desde una perspectiva estrictamente económica, pero no bastaron para desanimar al INI, que hizo primar criterios estratégicos, como garantizar el suministro de hulla coquizable como mecanismo de defensa y seguridad ante un mercado inestable, garantizando la independencia respecto a las importaciones en pro del "interés nacional" que primaba en la autarquía.

Obra: "Mineros de Cangas". Grupo escultórico colocado en Cangas del Narcea, realizado en bronce.
Se inauguró el día 4 de diciembre de 1984. Se compone de la escultura propiamente dicha de cerca de tres metros de altura y de un basamento de piedra caliza labrada en formas prismáticas alcanzando todo el conjunto una altura de más de cinco metros. Representa de una manera un tanto idealizada y sintética el arranque del carbón mediante dos figuras entrelazadas, una de ellas es un picador con el torso desnudo en plena labor empuñando el martillo neumático y la otra es un “Guaje” jovencito que “rampla” o palea el carbón fuera del tajo. Las figuras son representadas en movimiento y tensión para acentuar el esfuerzo físico, modeladas de manera realista en una composición que pretende reflejar la complementariedad de los profesionales de la mina en su labor, composición que de lejos recuerda algunas conocidas esculturas barrocas. Por otra parte se han escogido estos profesionales por su significación , el picador de alguna manera es el protagonista principal de la explotación y el “Guaje” que viene a ser el aprendiz. Autor: José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
Tras una breve etapa en la que se mantienen los Sela, Santos y Figaredo en el consejo de administración con un gerente impuesto por el INI, el ingeniero de minas Félix Aranguren Sabas, en noviembre de 1952 se define ya un nuevo consejo, con presencia mayoritaria de personal vinculado al INI, abriéndose un proceso de liquidación de Hulleras de Riosa, S. A., que concluirá en diciembre de 1957 con la disolución de la sociedad y la adjudicación definitiva de su patrimonio a favor de Ensidesa.
En septiembre de 1953 se adjudicó la obra de profundización del pozo Montsacro a la empresa Entrecanales y Távora (Eytasa). En junio de 1959 se coloca el castillete y en el segundo semestre de ese mismo año comienza la producción regular del pozo. Desde el inicio se plantea el uso de la polea Koëpe y el skip doble como ya se hacía en el resto de países europeos.
La mano de obra de las minas de Riosa y Morcín mantuvo un carácter mixto durante más de un siglo. El absentismo laboral debido a la estacionalidad de las labores agrícolas mermaba la producción en los meses de primavera y especialmente en verano. La mecanización llevada a cabo en los grupos de montaña nunca disminuyó la dependencia del factor humano, que rendía desigualmente y se mostró bastante esquivo a ser un mero colectivo asalariado como podía darse en el medio urbano. En esta nueva etapa que comienza con la profundización del pozo Montsacro se produce algo desconocido en la zona como fue la dotación de alojamientos para los obreros y nuevos equipamientos, como los grupos de viviendas de La Prunadiella, en Riosa, y Las Mazas, en Morcín, que rondaron el medio millar.
Obra: "Monumento al minero jubilado". Grupo escultórico ubicado en el Barrio “San Francisco” de Turón, realizado en bronce. Representa el relevo generacional, el minero viejo que se jubila entrega su lámpara al chaval que va a comenzar su “currículum” laboral. Está modelado a tamaño natural y estilo naturalista, siguiendo en cierta medida el modo de Constantín Meunier el gran escultor belga que trató repetidamente en sus obras los asuntos mineros. Se inauguró el día 4 de diciembre de 1979. En 1982, Mieres dedicaba el matasellos de su “Exfimieres 82” al monumento al Minero Jubilado. Autor: José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
Este antiguo coto hullero se integra en Hunosa entre 1969 y 1971. Hunosa se creó mediante decreto en marzo de 1967 con el concurso del INI y la aportación de varias empresas mineras que se unieron inicialmente a su accionariado y fue incorporando negocios como éste, que era excepcional por pertenecer ya al Estado.
El pozo Montsacro se integró en el Grupo San Nicolás, junto con Nicolasa y Olloniego. Esta etapa supuso el abandono y desmantelamiento del ferrocarril entre La Foz y La Pereda, optando por transportar el carbón bruto por carretera en camiones hasta el lavadero del Batán, en Mieres, empleando las mismas tolvas hasta que se instala una cinta transportadora interior que extrae la producción del Montsacro a través de la quinta planta de Nicolasa.
El pozo Montsacro llegó a emplear a más de un millar de trabajadores. Para darse una idea de la riqueza que generaba esta explotación en los concejos de Riosa y Morcín cabe señalar que en 1980 tenía una plantilla de 1.015 trabajadores, con 3 ingenieros, 17 ingenieros técnicos, 62 vigilantes, 10 administrativos, 236 picadores, 43 barrenistas, 24 posteadores y 607 mineros. La producción extraída en ese año superó las 350.000 toneladas, habiéndose utilizado más de 15.000 toneladas de madera, 23.000 kilos de explosivos y habiendo consumido 15 millones de kilovatios.
Como dato estadístico parejo al desarrollo y posterior declive de la minería, cabe señalar que la población de Morcín llegó a alcanzar en 1960 los 4.267 habitantes y en 2012 bajó a los 2.866. En 1960 Riosa alcanzó los 3.003 vecinos y en 2012 se redujo a 2.140. El envejecimiento de la población y la falta de oportunidades laborales para la juventud generan que esta inercia de pérdida de población se prolongue año tras año.
Mineros. Obra de: José Manuel Félix Magdalena. http://www.felixmagdalena.com/es
FUENTE: 

mi buen amigo, José Manuel Félix Magdalena, el escultor que se modeló a si mismo”. Artista atípico, sin antecedentes artísticos familiares ni en su entorno, polifacético, autodidacta y riguroso en sus planteamientos estéticos, Félix Magdalena nació el 14 de octubre de 1941 en Brañanoveles, empinada aldea de Mieres en Asturias. http://www.felixmagdalena.com/es
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Nómina de un picador de la explotación en el año 1947.
Trabajadores delante de la bocamina en Riosa en el año 1925
Mineros empleados en la explotación, año 1922
Mineros agrupados a la salida de la mina, en 1959
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1 comentario:

  1. Aparecí en la visa de mi padre, Manuel García Riera, capataz de minas, cuando vine al mundo casi ya al final de sus días, pues falleció cuando yo había cumplido 11 años, de modo que, él ya venía de una larguísima experiencia en el campo que ocupó desde su juventud toda su vida laboral...nacido en 1891, hijo de José García, el fraile, de donde ya le venía el apodo a esta familia no tengo ni idea desde quienes ni cuando, también capataz, lo mismo que otros hermanos y familiares. Leo bastante perpleja toda esta historia de la minería con su trayectoria de fechas y cambios y no puedo menos de pensar que tuvo que haber bastantes chanchullos e intereses creados en todo este follón que sobrepasa mis escasas capacidades para la buena comprensión de todas estas cuestiones...Y sabe Dios a quién pasó todo lo que rodeó a mi padre para que se hiciera justicia con sus descendientes, algunos de los cuales lo vivieron más de cerca por haber seguido de por vida vinculados al entorno que los vio nacer... yo sólo supe cuando aún era una niña adolescente, que, en casa, con mi madre recientemente viuda había un testamento en el que constaba que había unas minas "alquiladas por cien años," de algunas de las ganancias de las cuales, (no sé de cuantas o si de una sola) mi madre obtuvo durante un tiempo un beneficio mensual de 400 ptas de los años 50...(y otro tanto había correspondido a mis hermanos mayores, hijos de la primera mujer de mi padre, fallecido en 1947) Y que de pronto, y muy pronto, quizá hacia 1952, quedó cortado y sin efecto porque de algún modo todo se había venido abajo, y no supimos más que, en 1958, y por purísima casualidad nos enteramos de que una mina de Tudela Veguín, en la que también había tenido parte mi padre, cambiaba de dueños o algo así...y que gracias a que lo supo y se presentó en la oficina reclamando lo que le pudiera corresponder consiguió una mínima parte...y si no se entera por otros medios ajenos a la empresa, nadie le da cuenta de la situación...ni de aquella mina me suena que estuviera mi madre obteniendo beneficio alguno en aquellos últimos años...por otro lado, al enviudar mi madre y comenzar con los trámites para cobrar pensión de viudedad, se encontró con la sorpresa de que mi padre, al ser propietario, no tenía derecho mi madre a ninguna pensión, al parecer porque no se había cotizado...Como siempre, los que tienen las riendas del poder son los que se llevan su gato al agua...(sin duda muchos de ellos en aquellos tiempos, siguiendo tranquilamente con su misa de los domingos y su comunión) mientras la viuda de una persona vinculada toda su vida de trabajo al tema minero mantenía una lucha titánica por la vida con sus dos hijos para sobrevivir por el mundo adelante... Recuerdo que uno de mis hermanos mayores, hace tiempo fallecido, me comentó en alguna ocasión que mi padre, ya al finalizar sus días, en su lecho de muerte, había sostenido una discusión muy fuerte y violenta, con uno de sus socios...sin duda con el que más habitualmente aparecía por allí...y no me cabe duda de que hubo de ser por motivos económicos dada la situación... Cuando falleció mi padre en agosto de 1947, ya tenía él cincuenta y seis para cincuenta y siete años, y una larguísima y probada experiencia en el oficio que desempeñó con toda su gran valía y honestidad... (Algo me puso mal corazón una vez leído tanta historia sobre este tema minero que nos ocupa...y siento que hay heridas en lo profundo del alma que parecían cerradas, pero sus cicatrices a la mínima aún se reabren y sangran...)
    Para que conste, aunque a estas alturas de nuestra vida nada tenga ya remedio alguno.
    M. L. García Espina.

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