12 de enero de 2015

Los barcos de vapor tuvieron un gran auge en Luanco antes de la guerra civil española.

Cuando el humo impedía ver el muelle.

Puerto de Luanco (Asturias).Tinta . Autor: Demetrio Losada Montero
Los barcos de vapor tuvieron su auge en Luanco desde finales del siglo XIX hasta la Guerra Civil, cuando empezaron a desaparecer por la llegada del motor diésel.
Vapores pesqueros, en el muelle de Luanco hacia 1922.

Hubo una época en el humo de los barcos de vapor no permitía ver el muelle de Luanco debido a la cantidad de embarcaciones que atracaban junto al puerto. Esos barcos comenzaron a faenar en la costa a finales del siglo XIX, más concretamente en 1896, cuando "El Primero de Luanco" se echó a la mar. Esta embarcación era propiedad de José María Mori, que trabajaba para la fábrica conservera de Cabo Peñas. "La mayoría de estos barcos eran comprados por los industriales conserveras para asegurar el pescado en sus fábricas", explica el historiador Toño Cuervo. Los barcos de vapor dejaron de existir paulatinamente, pero fue en la década de los años sesenta cuando fueron sustituidos por los barcos con motor diésel. Los barcos de vapor transformaron la pesca. Disponían de un equipo propulsor en la caldera, que convertía el agua en vapor y contaban también con una carbonera y un aljibe para almacenar el agua. "Daba más seguridad a las embarcaciones y permitía llegan antes a puerto en días de galerna", destaca Toño Cuervo. También era más cómodos para los marineros, que podían dormir y descansar a techo, y por su motor, ya que permitía que los barcos permanecieran más días en alta mar llegando incluso a realizar travesías de varios días y alcanzar el Gran Sol. Empleaban cualquier arte de pesca: cacea para el bonito, palangre para el besugo y red, para cualquier tipo de capturas.
Vapores pesqueros, en el muelle de Luanco hacia 1922.
"En la década de 1910, había dos o tres vapores y veinte lanchonas; en 1915 ya había 10 vapores y en 1920 no quedaba ninguna lanchona", señala el investigador, que relata además que la "época dorada" de este tipo de embarcaciones fue desde los años veinte hasta la Guerra Civil. "Llegó a haber setenta vapores distintos y trabajando simultáneamente, unos treinta", cuenta Cuervo.
En aquellos tiempos, además, la villa contaba con cuatro conserveras y otros oficios auxiliares como los carpinteros de ribera debido al auge de la pesca. "La mayoría de Luanco dependía estrictamente de la mar. De hecho, en 1931 se subastaron en la rula de Luanco 600.000 kilos de bonito, 300.000 de palometa y todo ello sin contar el bocarte", cuenta Toño Cuervo. En los años veinte también se aplica una nueva modalidad de pesca, el arrastre a la pareja mediante la que faenaban dos vapores juntos. "La riqueza del pueblo entraba por la cabecera del muelle", relata Cuervo.
La dotación de cada barco de vapor estaba formada por unos doce o catorce tripulantes. Dos de ellos, eran patrones. Uno era el de rueda o costa que se dedicaba a controlar el barco en todo momento, menos a la hora de pescar, y otro era el de pesca propiamente dicho y estaban muy valorados. Además, había personal de mantenimiento y un maquinista y dos fogoneros. "La llegada de las neveras, sumado a las condiciones del propio barco de vapor, permitían estar cuatro o cinco días faenando, aunque esa limitación estaba marcada por el carbón", afirma Cuervo.
Los barcos de vapor no solo tenían ventajas, también inconvenientes. De hecho, se registraron varios casos trágicos como consecuencia de la explosión de la caldera, como ocurrió en 1921 en "La Pilarica", donde fallecieron dos tripulantes, y en 1929 en "La Alicantina", que trajo consigo la muerte de seis personas.
La historia de los barcos de vapor fue clave también en la Guerra Civil española en Luanco. En octubre de 1937, cuando los nacionales entraron en Asturias dos de esas embarcaciones fueron atacadas por las tropas de Francisco Franco. Se trataba de la "Mariano Suárez Pola" y "La Luanquina". "Los pescadores recuerdan que el 20 de octubre ya se oían los tiros, lo que obligó a los republicanos a escapar por mar en tres barcos desde el Gayo: "La Santa", "Romana" y "La Adelina", relata Toño Cuervo. Entre los milicianos y republicanos que se exiliaron por mar estaba presente el alcalde, Evaristo Gutiérrez, y fueron a parar a distintos puertos franceses. "'El Aurora' salió de El Dique con milicianos y nunca más se supo de él y otro barco luanquín, 'Alicina', que partió de Avilés fue atrapado por los barcos nacionales", añade.
En los años cuarenta, los barcos de vapor eran las embarcaciones predominantes en Luanco. Las mejoras en las carboneras permitían más autonomía, que les permitía alcanzar las costas del sur de Irlanda. En los cincuenta del pasado siglo, comienza el declive; terminarán por desaparecer en la década de los sesenta debido a la aparición de las lanchas cubiertas con motor diésel que en Luanco se denominaron "merluceras" pese a que también servían para capturar otros pescados como el bonito. "El combustible era más barato que el carbón y además, el motor ocupaba mucho menos espacio en la embarcación, era además más limpio y con más potencia", dice Cuervo.
Los barcos de vapor tenían unos quince metros de eslora de media y, a día de hoy, solo residen en la memoria de los viejos lobos de mar. Había series de barcos como los siete de "Pesquerías", los cuatro "Audaces", tres de "Las Golondrinas" y otros tantos de "Los Salvadores". En 1940, se construyó el Mariano Suárez Pola en El Dique a manos de Anselmo Artime. Costó 30.000 de las antiguas pesetas, de las cuales 10.000 se destinaron a los materiales y a la mano de obra del casco. Ninguna caldera se construía en Luanco, sino que dependían de talleres vascos o gijoneses.       
Pescadores luanquinos, a bordo del vapor Cuba hacia 1959
FUENTE:   
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