16 de enero de 2015

Miguel de Unamuno el escritor y catedratico Vasco, visito Sama en 1923 (y II)

Unamuno en Sama para hablar en "La Montera"(yII).

Miguel de Unamuno, nació en Bilbao, en 1864 y murió en Salamanca, en 1936, ciudad en cuya universidad fue catedrático de lengua griega y rector. Inicialmente sus preocupaciones intelectuales se centraron en las cuestiones éticas y los móviles de su fe, pero pronto la filosofía y sus sistemas le resultaron insuficientes. Comienza entonces el Unamuno literario (“Niebla”, 1914) que alcanza su culminación en “La tía Tula” (1921). También cultivó la poesía como vehículo de su pensamiento. Desencantado con la II República, que apoyó en sus inicios, brindó su prestigio a los sublevados al declararse la Guerra Civil, para terminar retractándose en su célebre respuesta a Millán-Astray, el día que asumió de nuevo el cargo de rector en Salamanca. Fue una figura compleja debido a su radical independencia intelectual. http://www.españaescultura.es
Reseña de la conferencia que el escritor y catedrático vasco ofreció en Langreo el 23 de marzo de 1923.
Casino Sdad. La Montera. 


Habíamos dejado, en el anterior artículo, a Miguel de Unamuno a punto de comenzar a dictar su conferencia, "Cuestiones de Actualidad" y el corresponsal de "La Prensa" transcribe lo que personaje tan sobresaliente dijo:
"Amigos míos -pues siempre lo son del que habla los que le escuchan-. Yo quisiera venir aquí a aprender, y no a enseñar, a oír y no a que me oyesen, pero se me ha invitado a dirigiros la palabra, y acepto esta invitación con agrado.
Manifiesta que se complace en venir a este pueblo de mineros, pues él también nació en otro pueblo de mineros.
Juzga al oficio de minero y del ferroviario como los más nacionales, y por eso cree que los obreros deben ser políticos.
Habla del apoliticismo, del que no es partidario y dice que el concepto que en Rusia se tuvo de aquél perjudicó al país, aunque no niega que consiguió beneficios del cambio de régimen.
Todo sentido internacional que niega las patrias, ha sido un verdadero contrasentido cuando lo sostienen los obreros.
La guerra europea lo demostró, pues los socialistas alemanes, belgas y franceses, etcétera, antes que socialistas eran alemanes, belgas, franceses.
Dice que sí hubo una minoría que se oponía a la guerra; pero esa minoría se juntó a la mayoría y se hizo conservadora, porque las minorías se hacen conservadoras.

Vista general de la villa de Sama en el año 1910
Cuando Carlos Marx y Engels, en 1864, publicaron aquel manifiesto, en que recomendaban la unión a los proletarios de todos los países, creyeron que iban a concluir con el Estado constituido y con las luchas nacionales; pero la realidad histórica ha demostrado que esto no era más que un sentimiento generoso de Marx, como descendiente de judíos pues los judíos no tienen patria propia. Las luchas siguen y no son sólo nacionales, sino también regionales, locales e individuales.
Le da pena cómo los obreros se hallan divididos, no por ideología, sino casi siempre por personalismo, por deseos de encumbramiento, por envidia.
Me parecen bien los sindicatos -dice- pero yo no quiero pertenecer a ellos, porque no quiero atarme a los acuerdos que toma. No creo que la tierra deba ser del que la cultiva, ni la mina del que la explota, sino de la comunidad. En Rusia hay unas cosas que están muy bien, otras menos bien, otras mal, y otras menos mal. El que estudie aquello desapasionadamente, verá que el fracaso de Lenin fue en parte debido a los aldeanos que no querían que la tierra fuese de la comunidad, sino de quien la laboraba. Se dice que en Rusia se va templando la cosa. ¡Claro! ¡Como que aquella minoría que hizo la revolución se hizo mayoría y, ya es conservadora! Los internacionalistas no pueden ser proteccionistas. Todo proteccionismo es burgués. Toda colectividad es burguesa y conservadora. Yo mismo, en el claustro, con los demás, soy conservador; sólo, en casa, no.
Dice que, sin embargo, es consolador que aquella lucha de Rusia haya conseguido hacer el milagro de que trabajen los que antes fueron ricos, y cita una copla andaluza que produjo risas"
Gracias a la buena memoria de Ceferino García Sanfrechoso pude escuchar varias veces, desde 1977, la coplilla omitida en la reseña de prensa y que hoy reproducimos aquí: "Muy pronto llegará el día,/ que la tortilla de vuelta, /que los pobres coman pan, /y, los ricos, coman mierda".
Hecho este inciso aclaratorio, continúa el corresponsal de "La Prensa":
"No obstante, cree que la mayor dificultad que encontró el gobierno ruso para sostener sus principios, estuvo en el desconocimiento del comercio. No supieron ser buenos comerciantes, buenos administradores. Creo que hay que educar un pueblo enseñándole a gastar mejor que a ganar, pues durante la época de la guerra, en España se ganó mucho, pero no supo gastarse; se derrochó.
Alude al sentimiento patrio, que es propio de todos los individuos.
Miguel de Unamuno sostiene a su nieto mayor, Miguel Quiroga Unamuno
Dice que la huelga de 1917 fue un pleito de soberanía, aún latente, y, además , que hay interés en sostener las luchas entre libres y únicos en Barcelona, para que los obreros no puedan hacer política, porque esto perjudicaría a los actuales políticos.
Combate la guerra de Marruecos, que dice envilece a España y degenera la raza. Aquello era una timba y una casa de lenocinio. Exhorta a que cada uno cumpla con su obligación y añade:
-Yo digo lo que creo que es verdad sobre todo las verdades que otros no se atreven a decir. Quiero que los obreros estudien los problemas en España y hagan política para modificar las leyes. Dice que hay que hacer que los obreros estudien historia, ya que la historia es la conciencia del pueblo y que el pueblo que no tiene conciencia, no tiene vida. Si hubiera conciencia en todos los españoles, no habría guerra en África para quince días".
Unamuno, que habló durante poco más de hora y cuarto, conversó luego con el Presidente y directivos monteristas, así como con los muchos seguidores y curiosos que se les acercaron.
Miguel de Unamuno emprende su regreso a Oviedo acompañado por su amigo, Pedro González, y los samenses Julián García Muñiz y José Loredo Aparicio."La Montera" acababa de vivir todo un acontecimiento cultural y del que hoy, los más, sólo había escuchado el consabido Unamuno estuvo en "La Montera".
Este ha sido el recuerdo y homenaje a un hombre que, con sus defectos, puede considerarse como uno de los verdaderos gigantes que ha tenido España y una voz independiente, insobornable, digna, de la que esta España de hoy, tanto necesitaría. Ortega y Gasset muy certeramente nos alertaba de lo que estaba por venir cuando escribe en "La Nación", el 4 de enero de 1937, estas líneas:
"... La voz de Unamuno sonaba sin parar en los ámbitos de España desde hace un cuarto de siglo. Al cesar para siempre, temo que padezca nuestro país una era de atroz silencio".             
Fotografía de Don Miguel de Unamuno, con su autógrafo
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