20 de enero de 2015

Grandes nevadas en Asturias. (con fotos de grandes nevadas en el concejo de Mieres).


Cuando las nevadas eran «de verdad».

Fotografía de la plaza cubierta de Mieres nevada. Instantanea de Fank en el año 1935
Los vecinos de la comarcas de montaña agradecen que los avances eviten las penurias de décadas atrás, cuando pasaban semanas aislados por la nieve.
 
El tren de madera (el Vasco) en la estación de Mieres, entre un montón de nieve. Magnífica imagen,capturada por el fotografo FRANK en 1935.
Los habitantes de las zonas altas del Occidente están acostumbrados a que la nieve forme parte de su vida. Sin embargo, en el litoral la caída de copos es un acontecimiento.

«Lo de antes sí que eran nevadas». «Antiguamente nevaba de verdad». «Lo de ahora no es nada comparado con lo de hace años». Siempre los mismos comentarios cuando llega el invierno y la nieve, y los mayores restan importancia a los temporales de hoy en día, porque echan la vista atrás y aseguran que los de hace años sí que eran fuertes, comparados con los de ahora.
Nevar encima del pan. Así se refieren los somedanos del Valle del Lago a las nevadas por encima de los 1.200 metros, habituales en la comarca en los inviernos, que dejan caer los copos sobre el trigo. Pero en la zona alta sigue nevando como siempre, «Ni antes era todo el invierno nevando ni ahora no nieva nada, son ciclos», asegura María Teresa Lana, hija de los dueños de Casa Lauteiro, el mítico bar del pueblo de El Valle.
Recuerda Lana que cuando era pequeña los inviernos eran parecidos a los de ahora pero que si la nieve llegaba a El Valle se quedaba durante más tiempo entre los valles somedanos. Así, comenta que en la memoria colectiva de los vecinos está un invierno, en los años de la Guerra Civil, en el que no nevó en los tres meses de la estación, mientras que durante la década de los ochenta hubo un año completo de nieve.
Para Lana, aunque sí advierte un aumento de la temperatura media, lo que ha cambiado en los últimos tiempos no ha sido el clima sino las mejores condiciones de vida. Antes, hasta los años noventa, cuando nevaba el pueblo se quedaba aislado durante cuatro o cinco días. Y el que quería bajar a La Pola de Somiedo tenía que hacerlo andando. En una ocasión, siendo ella una niña, recuerda que falleció una vecina de Urría y para subirla a El Valle para el sepelio tuvieron que llevar a hombros el féretro entre la nieve, a pie.

Jugando con la nieve en la carretera de Santomiliano (Mieres). Foto de Julio León Costales
Los vecinos se organizaban en sextaferias para limpiar. Tenían en marcha un sistema para abrir el camino de un pueblo a otro. Empezaban los de las zonas altas a retirar la nieve y así iban sumando gente de pueblo en pueblo. Otro de los problemas que planteaba la nieve era que las vacas no podían salir a comer ni a beber. En algunas zonas de El Valle, se acumula mucho la nieve, lo que los somedanos llaman «trabe», por lo que los vecinos cavaban un túnel para pasar a los animales hacia la fuente.
Lana recuerdas grandes nevadas. Por ejemplo, la de 2005, cuando ya en el puente festivo de El Pilar, el doce de octubre, tuvieron que mandar las quitanieves a los puertos. También de marzo de 1996 . La quitanieves no pudo ni llegar a la población y tuvieron que depender de una máquina turbo para abrir camino. Cuando llegaron a la escuela, donde trabajaba, vieron que el peso de la nieve había destrozado el invernadero.
En los años 70, y cuando aún no estaba en funcionamiento la estación de esquí de Leitariegos, los vecinos del concejo de Degaña subían a esquiar al puerto de Cerredo. Las nevadas eran tan impresionantes que, una vez, un autobús quedó completamente cubierto y hubo que comenzar a quitarle la nieve, con las palas, empezando por el techo.
Gil Barrero, que fue administrativo en el Ayuntamiento de Degaña durante más de 30 años, cuenta aquellas experiencias: «Antes no se abría la carretera y pasábamos semanas aislados. Se dependía más de los vecinos y había más convivencia que ahora. Quedábamos encerrados en casa, ayudándonos los unos a los otros, hasta que se podía volver a pasar por la carretera». Sobre lo de subir a esquiar, Barrero explica: «No era nada profesional, ni mucho menos, pero había una pequeña bajada y una llanada después y la gente iba a divertirse».
La Pasera nevada. Foto Alonso 1955
Que nieve es muy guapo, sobre todo, para los niños. Pero para los mayores la cosa se complica y más si se vive en un pueblo apartado o en zonas con dificultades de comunicación. Eso lo saben muy bien en Somiedo, donde antaño para ir a trabajar o ir al médico, en pleno invierno, vivían una pequeña odisea. Y en estos casos siempre es muy socorrida la ayuda vecinal. A falta de los medios de los ayuntamientos, que no pueden acceder a los pueblos más incomunicados, contar con la ayuda del vecino es muy importante. Es el caso de un grupo de jóvenes somedanos de los noventa, que a primera hora echaron mano de las palas para abrir camino a un vecino, para que fuera al médico.
Laureana Martínez se remonta al año 1948 para rememorar la última nevada de consideración en la costa castropolense (Castropol), nada menos que hace 66 años. Esta figueirense de 86 primaveras no se olvida de aquel año, pues fue el de su boda. Corría el mes de febrero cuando la nieve llegó al mar y tiñó de blanco esta localidad a orillas del Eo. «Me acuerdo perfectamente porque aquel día nació una sobrina de mi marido, después fuimos sus padrinos. Además, me casé en abril, dos meses después. Fue el último año que cayó una nevada gorda de verdad», relata Martínez. Cuatro años antes, en 1944, la nieve también había hecho acto de presencia en la zona. «Fuimos a un entierro en plena nevada. Cuando llegamos al cementerio, ya que se iba andando desde el pueblo, la caja estaba blanca». Esta figueirense recuerda calzarse sus madreñas (galochas o zocas en la zona) para caminar por la nieve, pues era el único calzado resistente y seguro. «Aquella nevada duró un par de días», recuerda. A Martínez le gustaba ver nevar, «trapear» como ella dice, pero no el frío que acompañaba la nevada. «Era guapo pero muy frío, y yo siempre fui muy friolera», zanja.
Esta figueirense recuerda jugar de niña en un campo junto a su casa de Granda: «Era un campo pendiente, libre de árboles, y jugábamos a hacer muñecos de nieve y tirar bolas. La verdad es que era muy guapo ver los árboles cargados de nieve».
El Campo en Santomiliano (Mieres, Asturias), durante una nevada en el año 2009. Foto: antena3.com
FUENTE:  T. CASCUDO
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Asturias quedó aislada hace setenta años tras un gran temporal de nieve.
Parque Jovellanos de Mieres, antiguo estanque nevado. Foto de J.R.Viejo
http://www.lne.es
Desde hace muchos años se viene observando un declive continuado de las precipitaciones de nieve, aunque hubo algunos inviernos que rompían esa dinámica. Los expertos en climatología sitúan a principios de los años 60 el descenso de nieve en la cordillera. Hace 40 años, en enero de 1975, Ricardo Luis Arias informaba en el diario "Región" de la "tremenda crisis de nieve en nuestras estaciones invernales", hecho insólito porque nadie recordaba a mediados del citado mes la ausencia de nieve. Era el primer aldabonazo de la deriva de los años posteriores. Sorprende que en el mes de diciembre, tradicionalmente el que hacía de soporte y reserva para todo el invierno registrando varios días de lluvia, en zonas relativamente altas no se hayan superado los 30 centímetros de espesor por encima de los 1.500 metros. Recuerdo en mi adolescencia, en Felechosa, que el citado espesor se alcanzaba en una sola noche.
La Plaza nevada en 1954. Foto Alonso
La gran nevada de 1945. No existen antecedentes en el siglo pasado de una nevada de las proporciones de la ocurrida en 1945. Hay referencias de una importante en 1905 sin datos de su espesor. Si existen de otra anterior, en febrero de 1888, la mayor conocida. En 1945, en Felechosa, se midió una altura de 1,80 metros y las lecturas de 1888, en Caso, en altitudes similares a Felechosa (650 metros), en pueblos como Caleao, Orlé o Bezanes se registró una altura entre 2,25 y 2,50 metros desconocida por varias generaciones.
La citada nevada de 1945, hace 70 años, empezó a fraguarse a partir del día de San Esteban, 26 de diciembre, y no cesó de nevar hasta el 19 de enero. El día 12 de enero, por ejemplo, lo hizo de forma continuada las 24 horas.
Entrada al Parque Jovellanos de Mieres, nevado. Foto de J.R.Viejo
Asturias aislada. Las comunicaciones terrestres por carretera y ferrocarril quedaron suprimidas casi totalmente en la región asturiana. El día 9 de enero el expreso Gijón-Madrid quedó inmovilizado en Puente de los Fierros y, en sentido inverso, el Madrid-Gijón no pudo pasar de León. El correo se mantenía a través de Bilbao. Centenares de soldados movilizados lucharon denodamente para dejar expedita la vía, pero los frecuentes aludes hacían estéril el trabajo. Por otra parte, entre Villamanín y Pola de Lena permanecían varios trenes de mercancías bloqueados por la impresionante nevada. Curiosamente uno de los vagones de un mercancías que transportaba cerdos para una red de economatos quedó varado en Busdongo. Ante la prolongación del aislamiento los vecinos pidieron permiso al destinatario en Oviedo - Sr. Azpiroz- para sacrificar algunos cerdos. En las Cuencas, el ferrocarril del Vasco tardó 40 días en llegar a Collanzo y en Caso la línea de El Carbonero demoró mucho tiempo su servicio a los pueblos altos. Después de 10 días se abrió paso el primer tren de pasajeros por Pajares. La carretera se demoró hasta el 5 de febrero, casi un mes sin circulación por ella.
Antiguo Parque Jovellanos de Mieres Nevado. Foto de J.R.Viejo
Las secuelas de aquella tremenda nevada afectaron seriamente a toda Asturias, los primeros servicios en desaparecer fueron la energía y el teléfono al destruirse la mayoría de los postes. Los pasajeros del expreso detenido en León permanecieron durante díez días en los vagones con muchos cristales rotos y unas temperaturas cercanas a los 10 bajo cero. El tren rápido Gijón-Madrid se suprimió por falta de carbón. Abundaron los derrumbamientos de viviendas y cabañas, y en los tejados hubo que hacer espaleo dos o tres veces. No se registraron víctimas mortales como en la de 1888, en que una avalancha en el pueblo de Pajares causó 13 muertos. Sí coincidió con una catástrofe minera en Collanzo, el día 10 de enero, en la mina "Ampliación a la Asturiana", originada por una explosión de grisú con cinco muertos y varios heridos. Los funerales tuvieron que aplazarse casi un mes.
Después de 1945 llegarían otras nevadas de cierta envergadura como la de finales de enero de 1954 y más tarde en los años 1957-1958. A partir de 1960 hay un punto de inflexión en la dimensión de las nevadas, aunque ha habido alguna que otra considerable pero lejos del nivel de las señaladas.
La plaza de requejo nevada. Foto de J.R.Viejo
FUENTE: 








3 comentarios:

  1. Se te ha olvidado una de las mayores, que fue la del 63

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  2. Ya no es como antes que gusto da ver esas imágenes aunque si vas en invierno por bulnes y esa zona de picos hay estampas muy bonitas

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