30 de enero de 2015

D. Alfonso, (Conde de Noreña), el hijo bastardo de Enrique de Trastámara y Elvira Iñiguez

Alfonso Enriquez, el gran rebelde.
ENRIQUE II-DE TRASTAMARA
Hijo bastardo de Enrique de Trastámara y Elvira Iñiguez "La Corita", dama de compañía de los Garcilaso de la Vega, nace en Asturias en 1355 mientras su padre reclutaba fuerzas para una de sus revueltas.      
Asturias en el año 1378. Navia pertenecía a Pierre de Villaines, capitán francés de don Enrique, Ibias a Diego Fernández, Belmonte era un abadengo y Oviedo, Avilés, Lena y Llanes eran concejos independientes, no sujetos a ningún señor feudal.
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El reinado de Enrique II
Poco se sabe de su infancia hasta que el 13 de abril de 1367 se le localiza junto a su padre en la batalla de Nájera, donde presenció el descalabro de los suyos ante las tropas del Príncipe Negro. Como es bien sabido la derrota del Trastámara no supuso el fin de la guerra y en 1368 se encuentran, padre e hijo, asediando Toledo, donde Alfonso es nombrado por obra y gracia de su padre, señor de Noreña, titulo que don Enrique había heredado de Rodrigo Álvarez de las Asturias y que ahora transfería a su bastardo. Se habituaba el hijo de don Enrique a la guerra y en 1369 está junto a su padre en Montiel, donde todo acaba.
Nombrado caballero por su padre en Santiago de Compostela en 1372 y ascendido a la categoría de conde de Noreña y Gijón y de "La Puebla de Villaviciosa, e la de Colunga, con Cangas de Onís, e Cabranes, e Pongrin (Ponga) e Mariñán, e Parras(Parres) e Piloña, e Caso, e Haller, e las Pueblas de Grado, e de Pravia, e de Valdés, e de Salas, e de Luarca, con todos sus términos, e vasallos e fijos dalgo, e fueros, e con todas sus rentas, e pechos, e derechos, e con todas sus pertenencias, e con todo el señorío real e mero-mixto imperio...", este mismo año comienza a guerrear en Galicia contra los focos petristas que se mantenían rebeldes. Al año siguiente acompaña a su padre en la guerra contra Portugal, cuyo rey había recogido la antorcha del legitimismo petrista. Durante esta campaña toma y saquea Cascaes.
 Con la firma de la paz con Portugal se estipula que don Alfonso se casaría con una de las hijas del rey portugues, doña Isabel, a la sazón de ocho años, con lo que habría que esperar para realizar en el enlace. Alfonso, de 18 años se niega a casarse con la infanta portuguesa y huye a Francia desde Asturias. Desembarca en La Rochelle y busca el apoyo de Carlos V y del Papa Greorio XI, mientras en Castilla su padre le confisca todos sus bienes.
El rey de Francia, que estaba aliado con Castilla y había colaborado en la llegada al trono de Enrique II y no quería perder el apoyo de la marina castellana, aconseja a Alfonso que vuelva a Castilla y haga caso a su padre, pero el incipiente rebelde retrasa su regreso hasta 1376. Y es entonces cuando la que no se quiere casar es la infanta portuguesa, que se había enterado de que don Alfonso no la quería. Finalmente se celebra el matrimonio en Burgos en 1377, oficiado por el Arzobispo de Santiago, que pregunto por tres dos al conde de Noreña si quería casarse con la infanta portuguesa. Pero el conde permanecía en silencio. A la tercera vez que el arzobispo preguntó el rey don Enrique obligó a su hijo a contestar que sí. Pero todos los presentes tuvieron claro que había sido un "sí" forzado.
Se suele apuntar que uno de los motivos por los que el conde de Noreña pudiera no haber deseado ese matrimonio es por la ambición misma del conde, al cual, bastardo como él era, le parecía poco casarse con otra bastarda, por mucho que lo fuera del rey de Portugal, y apuntan esas mismas voces que don Alfonso albergaba la esperanza de casarse con la hija mayor y legitima del portugues. De ahí su negativa. Pero otras voces hablan del romance que don Alfonso mantenía con otra noble asturiana, doña Inés de Soto, del linaje de los Miranda. No es seguro que se conocieran ya en tan temprana fecha, pero si lo hicieran sería una buena (y romántica) explicación para la testarudez del conde en su casamiento.
El matrimonio no fue consumado, pero los cónyuges permanecieron juntos poco tiempo porque de nuevo la guerra, está vez contra Navarra, requirió de los servicios del joven pero experimentado guerrero.
A finales de 1379 la rápida campaña había concluido y lo mismo ocurrió con el rey don Enrique, que murió enfermo a finales de año.
 Don Alfonso tenía un nuevo señor, su hermanastro legitimo pero menor que subía al trono como Juan I. A éste don Alfonso no lo respetaba tanto como a su padre.
Máxima extensión de los dominios asturianos de Don Rodrigo
El reinado de Juan I
Para empezar, ya en 1380, el conde de Noreña se hace con las rentas del alfolí de Aviles, fuente de gran riqueza que controlaba prácticamente todo el tráfico de sal de casi todo el viejo reino de León. A continuación el conde hizo lo que no se atrevió en vida de su padre: solicitar la nulidad de su matrimonio con Isabel de Portugal, una humillación para la joven infanta, pero un peligro para las todavía tirantes relaciones con el reino vecino.
 El siguiente paso del conde fue intentar recaudar impuestos en tierras pertenecientes a al cabildo de la catedral. La reacción real fue inmediata y Juan I exigió al conde que se abstuviera de ello. El conde dio un paso atrás, pero solo para comenzar a conspirar con el Adelantado Mayor de Castilla contra el propio rey. Por suerte para el reino el propio hermano del Adelantado destapo la conjura. Alfonso Enriquez salió indemne, no así el adelantado que perdió cargo y libertad, pues acabo con sus huesos en la cárcel de Palencia.
 Las relaciones con Portugal se iban agravando a pasos agigantados. El rey de Castilla descubrió una conjura de los reyes de Portugal e Inglaterra para hacerse con su reino y se desplazó a Salamanca para prepararse para la guerra. Y es entonces cuando tiene conocimiento de que su hermano, desde Asturias, planea complotar con los enemigos del reino. A marchas forzadas el Juan I parte hacia Oviedo dispuesto a acabar con su hermano, pero don Alfonso no pierde el tiempo y solicita el perdón real antes de que la sangre llegue al río. En apenas dos años el conde de Noreña había sido descubierto en dos conjuras.              
Escudo de armas de los Álvarez de las Asturias
 El rey don Juan perdonó a su hermano y abandono Asturias de vuelta a la ralla con Portugal, pero no sin antes dejar aseguradas las Asturias de Oviedo, el formidable Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo, será su hombre fuerte en la región y demostrará estar a la altura de las circunstancias. El rey ordena a todos "los concejos e iueces, e otros qualesquier oficiales de todas las villas, lugares e cotos..." que obedeciesen al obispo en todo lo que ordenase.
 Bloqueado en Asturias por el enérgico obispo don Alfonso buscó maneras más sutiles para subvertir el poder de su hermano. Solicitó unirse a la embajada que se dirigía a Portugal con el pretexto de intentar hacer las paces con el país vecino, pero cuando la susodicha misión le fue concedida no perdió el tiempo y apenas pasó a Portugal ofreció sus servicios a lusos e ingleses. Y no debió de ser muy disimulado porqué de nuevo el rey don Juan tuvo noticias de la nueva traición de su hermanastro. Por si fuera poco el Duque de Lancaster, Juan de Gante, desembarcaba en Galicia titulándose rey de Castilla.
 Sin embargo, ni los ingleses ni los portugueses quisieron saber nada del conspirador conde, que se vió abandonado por todos en Portugal, mientras en Asturias don Gutierre se hacía con el control de todas sus posesiones. Fracasado de nuevo su intento de conspiración, y ya era el tercero, de nuevo don Alfonso solicita el perdón real.
 Y se le concede.
Y apenas llega a Asturias don Alfonso comienza a abastecer sus castillos y casas fuertes, en claro desafió al monarca, su hermanastro. Llega incluso a intentar sabotear las paces que se estaban firmando con Portugal y que culminarían con la boda del rey don Juan con la infanta portuguesa Beatriz. Pero de nuevo el conde fracaso en sus burdos intentos de intrigar y el rey se dispone a doblegarlo por la fuerza. Se abastecen cuatro galeras para patrullar la costa asturiana y se ordena a las naves de Santander que apoyen en lo necesario la operación. Cuatro capitanes; Pedro Fernández de Velasco, Pedro Ruiz Sarmiento, Gonzalo Martinez de Guzman y Pedro Suarez de Quiñones, serán los encargados de hacer la guerra por tierra al conde, todos ellos estarán bajo las ordenes del obispo don Gutierre.       
Es el verano de 1383.
 La resistencia fue dura, pero a finales de año todos los partidarios del conde habían sido reducidos. Especialmente violentos fueron los asedios del castillo de Tineo y del castillo de Vallado, en Cangas del Narcea, así mismo Arias Omaña luchó por el rey en la montaña Leonesa reduciendo a los partidarios del conde y matando a Rodrigo de Orda que era "mancebo muy valiente". De los Omaña ya hemos hablado en otro sitio.
 Derrotado en todos los frentes don Alfonso se refugio en la fortaleza de Gijón, villa con potentes murallas romanas que se encaramaba al cerro de Santa Catalina, pequeña península unida a tierra por un estrecho istmo que quedaba casi aislado con la marea alta. Junto al conde se refugiaban varios caballeros ingleses que quedaban en Castilla "de pasadas guerras". Esta vez el conde estaba dispuesto a todo y cuando el rey, a mediado de Julio, se acercó en persona a parlamentar lo recibió a ballestazos. Iniciándose entonces el asedio propiamente dicho.
 Pero los rebeldes se sabían cercados por tierra y mar. Y don Alfonso no debía de ser demasiado bien valorado, porqué apenas se iniciaron las hostilidades una parte de los sitiadores abrieron las puertas a los soldados del rey. El conde de Noreña, derrotado de nuevo, no tuvo más remedio que solicitar de nuevo el perdón real. Era la cuarta vez.
 Y está vez el rey perdona pero no olvida. Se concede el perdón a todos los vasallos del conde, excepto aquellos que habían defendido Tineo y Vallado, se concede Valencia de don Juan con título de condado a don Alfonso, pero se le retiran todas sus posesiones asturianas, que pasarán a la corona, excepto el condado de Noreña, que se entrega al obispo de Oviedo, en agradecimiento de sus buenos servicios. A su vez se ordenan batir muchas de las fortalezas asturianas, que solían ser usadas por los "nobles robadores" para saquear la tierra, siendo el caso más significativo el del castillo de Tudela de Oviedo, que había sido erigido por Alfonso III allá en el siglo X y en su dilatada historia había tanto protegido como amenazado a la ciudad. Por último el conde entregaría como rehenes a su hija Beatriz y a su esposa Isabel (si, la misma de antes, parece ser que no se llego a culminar la anulación y los cónyuges se habían reconciliado). Alejado de las montañosas tierras asturianas el conde rebelde ya no parecía ser un peligro. 
 Pero las andanzas de don Alfonso estaban lejos de terminar. La muerte de Fernando I de Portugal desemboco en una crisis dinástica que tanto el rey de Castilla como su hermanastro quisieron aprovechar en beneficio propio. A los dos les salió mal la jugada. Don Alfonso quiso de nuevo, ahora desde Valencia de don Juan, conspirar con los portugueses, pero una vez más fue descubierto y en está ocasión fue enviado, cargado de cadenas, al alcázar de Toledo, se pasaría unos cuantos años en esta y otras prisiones. Al rey don Juan la cuestión portuguesa también le salió cara. La sangre de los castellanos se derramaría en abundancia en Aljubarrota poniendo fin a la guerra con Portugal, que escogía a la dinastía de Avis como nuevos monarcas. Lamiéndose las heridas don Juan volvió a Castilla solo para ver como el Duque de Lancaster desembarcaba de nuevo en Galicia dispuesto a arrebatarle la corona, ayudado ahora por los vengativos portugueses.
 Pero la invasión anglo-lusa fracaso y Juan de Gante se avino a negociar con Juan de Trastamara. Se acordó el matrimonio de Catalina de Lancaster, hija del Duque, con don Enrique de Trastamara, hijo del rey y ambos los dos recibirían el título de Príncipes de Asturias, vinculando se desde entonces todos los señoríos de la región al heredero de la corona. Si don Alfonso no se hubiera rebelado y sus tierras no hubiesen sido requisadas está solución no hubiera sido posible. Pero el conde había sido demasiado ambicioso y ahora su viejo solar asturiano, desde el que tantos y tantos se habían rebelado, quedaba bajo el control directo del heredero al trono. Estamos en 1388 y había nacido el Principado de Asturias.
 Apenas dos años después Juan I moría en una aparatosa caída de caballo.                
Enrique III
El reinado de Enrique III
Don Enrique era todavía un niño cuando su padre muere en el desdichado accidente y como solía suceder en estos casos, la regencia del monarca desato una sorda lucha de poder entre diferentes facciones del reino. Era cuestión de tiempo que algunos de ellos acudieran al encerrado don Alfonso, que era el tío mayor del joven rey, para desequilibrar la balanza y en 1392, seis años después de haber sido encerrado, don Alfonso es puesto en libertad y sus posesiones en Asturias restituidas.
 Sin embargo, tras intensas negociaciones y diplomacias, las regencias del nuevo rey fueron poco satisfactorias para don Alfonso y sus parientes, los otros miembros de la casa de Trastamára, que se veían alejados del poder real, siendo sustituidos por las Cortes y por los linajes de segunda fila. Gentes ambiciosas y orgullosas como eran los Trastamára (el Duque de Benavente, el Conde de Trastamára, la reina Leonor de Navarra y el propio don Alfonso Enriquez) no iban a tardar en rebelarse, pero incapaces de organizarse minimamente y teniendo como único objetivo colmar su propia ambición, no tardarían en ser derrotados uno a uno por el joven rey, que ya en 1393 era declarado mayor de edad.
 A comienzos del año siguiente se reúnen los conjurados en las tierras de Lillo, al norte de León, a donde se dirige rápidamente el monarca con un ejercito de 2000 hombres. La decidida actitud del rey hace flaquear a los conjurados que no tardan en deponer su actitud y volver a la obediencia del rey. Todos menos uno. El viejo conde de Noreña.       
Escena de mercado medieval
El rey se dispone a entrar en Asturias con gentes de armas para acabar de una vez por todas con el rebelde. Se dispone que una flota de naves cantabras parta hacía Asturias para poner sitio a Gijón, la más formidable fortaleza del conde. Al mismo tiempo Enrique III jura en la iglesia de Santa María de la Regla de León desposeer al conde de todos sus bienes.
Presto para la defensa el conde fortificó no solo Gijón, sino también el poderoso castillo de San Martín, en la desembocadura del Nalón, dejando a cargo de la defensa a un hijo bastardo suyo. Intentó hacerse con el control de Oviedo, que en un principio le abre las puertas de su alcazar, pero que al enterarse sus ciudadanos de las aviesas intenciones del conde de Noreña, no dudan en armarse en intentar acabar con él en el castillo de la ciudad. Don Alfonso logra salvarse y reunirse con los suyos extramuros, pero la capital del principado se escapa de sus manos.  
 El cerco a Gijón fue el escenario principal de la lucha, cuyo punto destacado fue la quema por parte de los sitiadores de unas barcas que don Alfonso tenía amarradas al lado de la ciudadela. Los defensores intentaron evitar el golpe de mano, pero fue en vano, las barcas ardieron y el cerco, por mar y tierra se estrechaba sobre Gijón. Por cierto que se estrenaba en los hechos de armas el futuro corsario castellano Pero Niño.
 Pero el invierno se acercaba y un ejercito de 400 caballeros y 2000 escuderos y ballesteros era difícil de sostener en Asturias, donde la tierra "es muy fragosa" y don Enrique tenía miedo de quedar aislado de la meseta por el duro invierno asturiano, por lo que se recurrió de nuevo a la vía de la negociación. En esta ocasión las partes se concedieron un plazo de seis meses para que el rey de Francia dictara sentencia arbitral sobre el contencioso.
Pero se acaba el plazo y don Alfonso no aparece por Francia y cuando lo hace comienza a reclutar mercenarios y a intentar confundir a la corte francesa con mentiras flagrantes sobre su situación y el porqué se ha sublevado. El rey de Francia no llega a dictar sentencia pero recomienda a don Alfonso que se vuelva a la obediencia real y de paso prohíbe a los suyos alistarse a las ordenes del conde. Pero eso no detuvo al conde en su búsqueda de aliados pues parece que apareció por tierras de Bayona, que pertenecían a los ingleses y recluto para su socorro al por entonces famoso pirata Harry Pay de Poole, al que ofreció refugio en Gijón para que sus naves saquearan a placer el litoral gallego.
Mientras tanto en Castilla el rey Enrique había puesto sobre aviso al Adelantado Mayor de León Pedro Suarez de Quiñones para que se tomaran las medidas necesarias para mantener la tierra de Asturias, mientras él se acercaba desde Alcalá de Henares. Cuando el rey llega a León y tiene noticias de lo acontecido en Francia se dispone a poner sitio de forma definitiva a Gijón.
Juan Pablo Moratiel nos ofrece su visión del conde Alfonso Enriquez complotando con sus hombres.
Don Alfonso ya estaba de vuelta en Gijón para cuando comenzó el asedio de 1395, pero las fuerzas en su contra eran tan formidables y el cerco tan estrecho que decidió volver a Bayona para buscar más ayuda de los ingleses dejando al cargo de la defensa a su mujer Isabel de Portugal, aquella niña con la que no había querido casarse años atrás. La portuguesa, que era "mujer muy varonil" y contaba con caballeros muy valerosos defendió ferozmente la ciudadela, que estaba siendo sometida a un intenso fuego de artillería, pues parece que no menos de 70 carros tirados por bueyes habían transportado una importante cantidad de bombardas al sitio. Volvió a destacar en la lucha Pero Niño, que quemó el palenque que defendía la torre de Villaviciosa. Algunos dicen que ese palenque había sido levantado por "Arrypay" para defender sus naves.
En los meses de Julio-Agosto, se fue desarrollando una lucha violentisima entre las partidarios del conde y los del rey, pero la lucha llego a su fin cuando los sitiadores instalaron frente a las puertas la conocida como "bombarda de Gijón", un artilugio tan grande y aterrador que los defensores saltaron de sus adarves nada más verla. La visión del ingenio y la perdida de esperanza de un rescate por parte de don Alfonso forzaron a la condesa Isabel a rendir la plaza. Gijón se rendía al rey después de un duro asedio.
 Harry Pay de Poole pudo huir del sitio y parece ser que incendió parte de la villa de la que escapaba, tal vez para cubrirse las espaldas y sembrar un poco de confusión. El resultado no le debió parecer mal al rey Enrique II que decidió demoler la ciudad rebelde por completo, excepción hecha de la iglesia de Santa Catalina, quedando convertido en un despoblado la villa que tantas veces había sido sitiada por los ejércitos reales. Pasaría un siglo entero hasta que se volviera a ocupar el lugar.
 ¿Y don Alfonso? El padre Carvallo dice que vivió "desterrado de estos reinos" por el resto de sus días. Se dice que el rey Enrique II mando a un tal Pedro Gonzalez de Agüero, caballero cántabro, a prender y matar al conde, quién todavía se encontraba en Bayona. Don Pedro capturó en San Juan de Luz a don Alfonso, pero recibió contra orden del rey de liberar al viejo rebelde. El cántabro así lo hizo y volvió a tierras de Castilla.
 Y esa es la última vez que se oye hablar del conde de Noreña. Más adelante su mujer vuelve a aparecer por tierras de Portugal, donde ya parece que es viuda, y uno de sus hijos, posiblemente el bastardo Fernando que defendió el castillo de San Martín solicitó el perdón papal para poder ingresar como presbítero en un monasterio de Palencia. En Portugal los descendientes del conde darían lugar a la casa de Noronha. 
Recaudador de  impuestos
Ideas de Aventuras:
  • Los hombres del conde de Noreña han estado recaudando impuesto por las tierras de Siero. Una pequeña y pobre aldea prevenida de que los planes del malvado conde ha reunido un pequeña cantidad de dinero con la que pretende reclutar a siete mercenarios para que la defiendan del noble-bandido. ¿Aceptarán los personajes trabajar por tan poco dinero para salvar a unos miseros campesinos?
  • En las ruinas del castillo de Tudela, mandado derribar por Juan I durante una de las revueltas del conde, dicen que se ocultan un gran tesoro en unas galerías subterráneas que comunicaban el castillo con el río Nalón. El conde de Noreña ha oído hablar de ese tesoro y ha contratado a los personajes para que lo recuperen lo más rápidamente posible. Lo que nadie sabe es que las galerías bajo el castillo han sido cavadas hace cientos de años por los misteriosos mouros, los cuales no están dispuestos a que nadie les robe su tesoro.
Post scriptum: Alfonso Enriquez fue un hombre ambicioso que fracasó en todas sus sublevaciones para ser perdonado una y otra vez por los sucesivos reyes Trastamára. No deja de ser un triste emulo de su padre, bastardo como él, que también se sublevo varias veces contra el rey legítimo, pero que, al contrario que el conde, triunfó en su última batalla y logró hacerse con la corona. Don Alfonso no pudo o no supo conseguir los mismos éxitos que su padre, lo que lo convierte de alguna manera en un personaje un tanto tragicomico, casi un villano de opereta, que no deja de sublevarse y rebelarse para terminar, invariablemente fracasando. Casi como si fuera un villano al estilo "Pierre Nodoyuna".
 Lo cierto es que sus acciones tuvieron un efecto transcendental en el reino de Castilla, pues contribuyo, a su pesar, a la creación del Principado de Asturias, al fortalecimiento de las Cortes y al afianzamiento de la corona. Todo ello a base de fracasar, claro.   
En Asturias sus acciones trastocaron por completo el panorama. No solo el Principado colocaba bajo jurisdicción del heredero de la corona unas tierras que no habían hecho más que dar quebraderos de cabeza a los distintos reyes en los últimos cincuenta años, sino que desde entonces el obispo de Oviedo sería también conde de Noreña y, lo que fue muy importante para el s.XV asturiano, se afianzó el dominio en Asturias de una nueva casa noble; los Quiñones leoneses, quienes dominarían la región con puño de hierro hasta el reinado de los Reyes Católicos.
He tenido que simplificar un tanto la última parte de la vida del conde. Su último levantamiento se enmarca en un contexto más amplio de rebelión de la alta nobleza en defensa de sus intereses frente a las Cortes, la Corona y los linajes de segunda fila, que estuvo condenado al fracaso por la propia impericia de los sublevados. Entrar en detalles me pareció demasiado farragoso.
Respecto a Harry Pay de Poole, pirata inglés de la época, las versiones son contradictorias. En unas se dice que era amante de Isabel de Portugal, la esposa del conde, en otras que fue contratado por don Alfonso, en otras que prende fuego a Gijón después del sitio, es decir, como si Gijón no hubiese sido destruido por orden del rey Enrique "el Doliente". He escogido un poco de cada una y me he quedado con una visión en la que "Arrypay" pudo haberse enfrentado a Pero Niño y escapo de Gijón prendiendo fuego a la villa. Si era amante o no de doña Isabel queda a gusto de cada uno.
Y eso es todo sobre el conde don Alfonso Enriquez, gran rebelde, mal conspirador y buen villano para quién lo quiera usar en sus historias.                     
«Sepulcro de D. Rodrigo Álvarez de Asturias», pintado por Antonio Aparici.
Bibliografía: "Historia dibujada de Asturias"  Texto y guión de Carlos María de Luis, dibujos de Adolfo García, "El conde don Alfonso" de Juan Uría Maqua,  "Antigüedades y cosas memorables del Principado de Asturias" del Padre Carvallo y www.gespacho.com/TodoASTURIAS/Concejos/GijonSXIV.html.  
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1 comentario:

  1. Muy bueno. Pero me he quedado con las ganas de saber algo más de lo que calificas como "farragoso". Creo que no estaría de más que publicaras algo sobre esa última parte de la vida del conde. Muchos estaremos encantados de poder leerlo y enterarnos un poco más. Saludos.

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