18 de diciembre de 2012

El Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA)

Obreros con la mano tendida. 

Primera sede del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA), en Vegadotos (Mieres), muy cerca del Pozo Tres Amigos.

Fundado el 10 de noviembre de 1910 en Vegadotos, Mieres, el sindicato de Llaneza usó el arma de la «negociación sin descanso» frente a las «bravuconadas» mineras habituales hasta entonces

                                       Manuel Llaneza




 http://www.lne.es
Manuel Llaneza Zapico, junto al resto de fundadores del Sindicato de los Obreros Mineros de Asturias (SOMA), extrajo del más hondo de los fracasos el oro del éxito. Lo logró hace ahora un siglo y aún brilla.

En 1906, Llaneza, un minero de 27 años de la aldea langreana de Los Veneros que se había criado al pie de la minas de Barruelo, en Palencia, fue despedido de la explotación de Vegadotos en la que trabajaba por su participación en la «huelgona» de Fábrica de Mieres. Fue una protesta inútil que duró cerca de dos meses, que se saldó con más de 800 despidos, que prácticamente provocó el desmantelamiento de las organizaciones sindicales en las Cuencas y que puso de manifiesto la debilidad organizativa de los trabajadores de la industria asturiana. Era el enésimo fracaso del incipiente movimiento obrero, y Llaneza, sin empleo, se vio obligado a emigrar. Acabó trabajando en las minas del norte de Francia, en la región de Norte-Paso de Calais, y allí descubrió la veta de los nuevos modelos de organización sindical inspirados en los postulados de Jean Jaurès y Jules Guesde, donde se agrupaban obreros de distintas localidades y empresas en una organización minera unitaria, centralizada y que contaba con una fuerte caja central de resistencia para sostener luchas prolongadas.

Llaneza regresó a Asturias en 1910 y retomó el contacto con los socialistas que quedaban en la mermada agrupación de Mieres tras la debacle de la «huelgona». Él se había afiliado al PSOE en 1903 y sus compañeros de partido no eran ajenos a las teorías sindicales en boga en Europa. Llaneza las había palpado y les convenció para intentar poner en explotación el modelo en Asturias. Así, el 10 de noviembre de 1910, en Vegadotos, nació el SOMA. Cuentan que se fundó en una castañal. Era la época de la gueta y los frutos aún se siguen recogiendo.

«Los fundadores del Sindicato, inspirándose en los sindicatos extranjeros y en las enseñanzas que se derivan de lo acontecido en Asturias anteriormente, idearon la nueva organización en los moldes del centralismo para evitar que fuese flor de un día el nuevo despertar de los mineros asturianos», señalaba cuatro años después «El minero de la hulla», el boletín del SOMA.

La primera ejecutiva del SOMA, con Llaneza en la fila del medio, el segundo por la derecha

Llaneza y sus compañeros socialistas crearon el primer sindicato de industria del movimiento obrero español, en el que se encuadraban todos los trabajadores de la minería y de las actividades complementarias fuera cual fuera la localización de la actividad en Asturias, la empresa y la cualificación profesional del trabajador. Se superaba así el modelo imperante hasta entonces de sindicato de oficio y se creaba una organización disciplinada y centralista, en la que los afiliados (que pagaban una cuota que iba directamente a la caja central de la organización) se encuadraban en secciones locales sometidas siempre a la dirección de un comité ejecutivo central, que ostentaba todo el poder, y que se elegía en la asamblea general del sindicato. Un modelo de organización que se mantendrá hasta la actualidad. «Sin esos dos pilares sólidamente establecidos, sin esa capacidad de centralizar y sin esa capacidad de autodisciplinarse, la historia del Sindicato Minero hubiera sido necesariamente distinta. Hubiera sido, probablemente, menos brillante, menos importante, de lo que el tiempo se ha encargado de ir demostrando», ha destacado José Ángel Fernández Villa, actual secretario general del SOMA-FIA-UGT y junto a Manuel Llaneza el dirigente que más tiempo ha estado al frente de la organización.

El carisma de los líderes también ha sido una constante en el sindicato, al igual que la estrategia de mano tendida, siempre dispuestos a negociar y «negociar sin descanso», pero con el arma de la movilización y la huelga encima de la mesa. La táctica moderada, contrapuesta a las bravuconadas huelguísticas que se practicaban hasta entonces, dio resultados desde el principio. La aparición del sindicato coincidió con el inicio de un período de expansión económica. Con la I Guerra Mundial no había competencia del carbón británico y los patronos mineros españoles acaparaban el mercado interior. Por nada querían ver interrumpida la producción, ante el aumento de demanda y precios, y en esa coyuntura el SOMA logró sus primeros triunfos con la readmisión de trabajadores despedidos en Fábrica de Mieres o con el reconocimiento del sindicato por parte de las empresas. La bola comenzaba a rodar. A cada logro, más afiliados.



En 1911, año en el que el SOMA se adhiere a la UGT, el Sindicato Minero tenía 1.800 afiliados. Un año después, 10.000 y en 1919 alcanza los 28.883 afiliados, el 84% de los mineros. Por medio, victorias como el reconocimiento del salario mínimo a partir del cual se pagaría el destajo. Esa medida, lograda en 1914 y a la que siguió un aumento salarial para todos los mineros de 50 céntimos en 1915, se acordó en el seno de comisión mixta obrero-patronal establecida por el SOMA y la Asociación Patronal de Mineros Asturianos, una organización que aglutinaba a los grandes productores de carbón y que fue creada para contrarrestar la fuerza que estaba adquiriendo el Sindicato Minero. Se establecía así un moderno marco de negociación empresas-trabajadores inédito hasta entonces. Sólo la Hullera Española del marqués de Comillas, la gran empresa de la cuenca del Aller paradigma de paternalismo catolicista, se quedó al margen de la asociación patronal y para tratar de frenar el avance de la organización socialista impulsó el Sindicato Católico de Mineros Españoles, al que el SOMA logró doblegar incluso en su feudo.

El objetivo del sindicato liderado por Manuel Llaneza era mejorar la calidad de vida de sus afiliados y no se limitará, por tanto, a las luchas salariales. Aspiraba a crear «un estado dentro del Estado», idea que Llaneza explicitó por primera vez en un texto de 1913 en el que señala: «Tenemos que prepararnos para el porvenir, y esta preparación consiste en hacer del Sindicato Minero un estado, dentro del cual encuentre el obrero sin ocupación ayuda y solidaridad; el obrero enfermo cuidados y pensiones que le hagan recobrar la salud; nuestros hogares protección; en suma: que todos los obreros hallen en el sindicato beneficios inmensos que sólo puedan disfrutar perteneciendo a él». En esa línea, en 1915, se creó en Mieres la Cooperativa «La Fiesta del Trabajo» y la Mutualidad del Sindicato Minero, y en 1916 se inició un ambicioso plan de construcción de casas del pueblo que recibió un empujón definitivo al año siguiente con la firma de un convenio con la Asociación Patronal por el cual las empresas aportaban una cantidad para la creación de centros obreros (inicialmente de 1,25 pesetas) por cada tonelada de hulla producida. Con ello, y con el trabajo y aportaciones de los mineros, se inició la construcción de casas del pueblo en Mieres, Ciaño, Sama, Moreda, Caborana?, que, además de locales para el sindicato, disponían de biblioteca, farmacia, consultorio, cooperativas de consumos, colegios?

Las casas del pueblo se extendieron por todas las zonas mineras en años posteriores y el momento culminante de los planes sociales de Llaneza se produjo en agosto de 1929 cuando un Consejo de Ministros celebrado en Oviedo fijó el establecimiento de un impuesto por tonelada de carbón extraída en las minas asturianas para crear el Orfanato Minero, equipamiento que aún existe, convertido en centro intergeneracional, pero que Llaneza no pudo ver en vida.

El SOMA desbordaba el campo de actuación sindical y ocupaba el espacio político reservado a un partido. Pero al mismo tiempo, su vertiginoso ascenso permitió también la expansión de las agrupaciones socialistas, puesto que el sindicato, desde su autonomía, siempre se identificará con el proyecto global del socialismo. Sus militantes engordaron la afiliación de la Federación Socialista Asturiana (FSA) y a través de ella el sindicato logró otro de sus objetivos, que los representantes de los trabajadores tuvieran presencia en las instituciones para defender desde allí sus intereses. Así, Manuel Llaneza consiguió en 1918 ser alcalde de Mieres (cargo desde el que impulsará la Mancomunidad de Municipios Mineros) y en 1923 fue elegido diputado en las Cortes Generales. Décadas más tarde, José Ángel Fernández Villa, secretario general del sindicato desde 1978, también llegará a ser diputado regional y senador.

En su primer lustro de vida, el SOMA ya había logrado importantes avances para los mineros y había establecido un fructífero marco estable de negociación con la patronal, una situación que se quebrará con la huelga general de agosto de 1917, que el sindicato secundó por los compromisos derivados de su pertenencia a la UGT y al margen de la situación del sector hullero. La huelga duró en Asturias mes y medio y el Gobierno respondió con una dura represión que llevó a cientos de huelguistas a la cárcel, entre ellos al propio Llaneza, que salió del presidio con una amnistía decretada el mes de mayo de 1918.


El SOMA logró reorganizarse, pero la nueva coyuntura económica surgida del fin de la Guerra Mundial puso freno a la expansión de la minería en España. Había que cambiar de táctica. Las demandas económicas fueron sustituidas por la mejora de las condiciones laborales y a finales de 1919 el SOMA logra una sus mayores conquistas: la jornada de siete horas en el interior de las minas.

Tras el triunfo, las dificultades. A partir de 1920, la vuelta de la competencia del carbón británico y el retroceso de la demanda de mineral pusieron contra las cuerdas a las empresas mineras. Vuelven a surgir los conflictos entre una patronal sin margen de beneficios y un sindicato que no puede ceder en los salarios ni en las condiciones de trabajo logradas. El SOMA se vio obligado a adoptar una estrategia defensiva y a reclamar al Estado, al igual que la patronal, medidas proteccionistas para el sector. La coincidencia con los patronos y los recortes salariales encendieron las críticas dentro del sindicato en un momento en el que ya se estaba produciendo una división interna entre defensores y detractores de la III Internacional. La rama comunista, que exigía una radicalización de la estrategia sindical, llegó a tomar las riendas del SOMA en agosto de 1921 (con Enrique García como secretario general) y pretendía unirse con los anarquistas del recién creado Sindicato Único de los Obreros Mineros de Asturias; pero dos meses después, la línea sindical representada por Llaneza recuperó el control del comité ejecutivo y al año siguiente expulsó a los comunistas por no acatar la disciplina de la organización. El sindicato se mantenía fiel a sus principios, pero la caída de afiliación era notable. De los 28.883 afiliados de 1919 se pasa a 7.500 en 1922. La organización minera se imponía una reflexión.

  Fiesta del 1 de Mayo de 1910, en Mieres del Camino (Asturias)

FUENTE:  Pablo CASTAÑO

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