5 de abril de 2018

La Guerra Civil en Asturias [1936-1937]. (II)

Un conflicto mundialmente conocido
Dinamiteros en el frente de Oviedo, 1937. (LNE)
Guerra civil en Asturias, no Asturias durante la guerra de España, nombre con el que pronto este conflicto sería mundialmente conocido
Una de las fotografías más conocidas de la lucha en Oviedo: en primer término, una posición de los sitiadores republicanos, con la Catedral y, al fondo, la silueta del Naranco. (Historia de Asturias)
Situación que diferirá de la del resto de las regiones y, en especial, de las más cercanas: Galicia y Castilla-León, prácticamente en poder de los sublevados de principio a fin de la contienda, Cantabria enteramente republicana hasta agosto de 1937. En Asturias, en cambio, las fuerzas leales al gobierno de la República predominarán en la reglón pero no se impondrán en la totalidad de ésta.  Durante los quince meses del conflicto, el ejército republicano deberá luchar en dos frentes, uno interno configurado en torno a Oviedo, que resistió primero un asedio y después varias ofensivas, y el más convencional de las fronteras naturales de la región (los ríos Eo y Deva, los puertos de la cordillera Cantábrica) partiendo de ellas y con la ausencia de enfrentamientos en el mar, que registrará mayor dinamismo.
Ametralladoras antiaéreas en Oviedo durante la Guerra Civil. (LNE)
Pero en Asturias, como en el resto de España, el curso de la guerra apenas lograría modificar a corto plazo la situación resultante de la sublevación militar cuando el levantamiento no fue enteramente abortado. De ahí la importancia que también aquí revestirán los dramáticamente célebres tres días de julio (18, 19, 20) de 1936.
Ilustración de Alfonso Zapico (La Balada del Norte)

TRIUNFO PARCIAL DE LA SUBLEVACIÓN MILITAR
Un coronel indeciso y oportunista que acaba por traicionar al gobierno del Frente Popular democráticamente elegido, una izquierda excesivamente confiada en la lealtad de los mandos militares, y una derecha civil que se debate entre la simpatía por los militares sublevados y el pánico ante los obreros en armas en trance de protagonizar una nueva secuencia del octubre de 1934 son las tres actitudes que sobresalen en la capital asturiana en los tres días de julio anteriormente citados.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
El oportunismo y la traición correrán a cargo del coronel Antonio Aranda, comandante de las fuerzas gubernamentales radicadas en Asturias (Ejército, Guardia Civil, Asalto, Carabineros) que sumaban un total de 3.200 hombres. Una vez conocida la sublevación de grupo de generales el día 18, la reacción de Aranda oscilará del atentísimo y las manifestaciones de fidelidad al rechazo explícito de la orden del gobierno de armar al pueblo para, a continuación, encabezar la sublevación en Asturias. Bajo su orientación, el coronel Pinilla secundaría la rebelión en los cuarteles de Gijón.
Dinamiteros Asturianos durante la Guerra Civil 1936-1937. (Historia de Asturias)
Simultáneamente, un sector de la izquierda se apresuraría a pertrechar una columna compuesta de mineros armados destinada a Madrid, solicitada por la dirección socialista en ayuda de la capital de la República. Varios automóviles, cuatro autobuses, un tren de quince vagones y tres máquinas salieron a lo largo del 18 de julio, transportando a dos mil quinientos mineros. Otros tres camiones salieron cargados de dinamita. Obstaculizados los expedicionarios en León, donde había triunfado la sublevación, parte de ellos se desviarán a Benavente desde donde intentarán el regreso a Asturias al ser informados de la traición de Aranda. Hostigados y dispersos por tierras leonesas, algunos centenares lograrán, no obstante, entrar de nuevo en Asturias y formar la primera unidad de combatientes contra los sublevados de Oviedo. 
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
El retorno de los expedicionarios de su breve y angustioso periplo castellano coincidirá con la concentración en la capital regional de los efectivos de la Guardia Civil diseminados por la provincia (excepto los de Gijón), decidida por el coronel rebelde. Fue así como en las horas más decisivas, la improcedente petición de los socialistas madrileños, unida a la calculada ambigüedad de Aranda, daría a éste su principal ventaja: alejamiento del sector más combativo contra la rebelión y reforzamiento de la propia posición con los más dispuestos a secundarla.
La Guerra Civil en Asturias 1936-1937. (Historia de Asturias)
Mineros a Madrid, guardias civiles a Oviedo, se lamentaría la izquierda. Pero la operación Aranda, además del control de las fuerzas armadas, precisaba del respaldo masivo de la población civil. Y ello porque mientras sucesivos grupos de milicianos tomaban posiciones en los alrededores de la ciudad, la alocución radiada del coronel a los ovetenses apenas encontraría eco. Entre los cincuenta mil habitantes de la ciudad que, aproximadamente, cayeron bajo influencia de los sublevados, no llegaron al millar el número de voluntarios que se presentaron, en su mayoría afiliados a Falange Española. La burguesía local, algunas de cuyas familias habían abandonado la ciudad e incluso la reglón, a raíz del triunfo electoral del Frente Popular, apenas suministrará efectivos humanos para formar un batallón tres semanas después del alzamiento. Así pues, una vez cerrado el cerco, el peso del asedio recaería principalmente sobre la guarnición militar.
La Guerra Civil en Asturias 1936-1937. (Historia de Asturias)
EL TIEMPO DE LOS ASEDIOS: JULIO-OCTUBRE DE 1936
Dada la división territorial que arrojó el semi-fracasado golpe de Estado a los tres días de haberse iniciado, acabar con los focos rebeldes sería el objetivo prioritario de los republicanos en Asturias. El de los rebeldes cercados en Oviedo, en cambio, resistir hasta la llegada de las fuerzas que desde Galicia se preparaban para avanzar sobre la capital asturiana.
Ilustración de Alfonso Zapico
La dirección republicana
Menos confusa probablemente que en otras reglones y ciudades españolas, la movilización obrera y popular de los primeros días en Asturias dio lugar a la proliferación de comités y a cierto grado de descoordinación que no concluyó hasta una semana después del alzamiento al constituirse el Comité Provincial del Frente Popular. Radicado éste en Sama de Langreo, en la misma localidad minera que dos años antes se había establecido el último Comité de la Insurrección, sus primeras tareas consistirán en la organización de las milicias, garantizar los abastecimientos y mantener la disciplina en la retaguardia. Aunque teóricamente este comité se había erigido en la máxima autoridad política de la región, circunstancias de ámbito local determinaron la actuación y colaboración con el Comité de Guerra de los cenetistas gijoneses, surgido al conocer la Insubordinación de los cuarteles de la ciudad.
La Guerra Civil en Asturias 1936-1937. (Historia de Asturias)
Aunque ambos órganos de poder se volcaron en los asuntos militares, la ruptura política que supuso el levantamiento armado explicaría su Intervención también en otros planos que afectaron a amplios sectores de población. La huida de grandes propietarios industriales llevará a la incautación de fábricas; las tierras de reputados simpatizantes de los sublevados, a su confiscación. La necesidad de atraerse a los campesinos, a la cancelación de rentas y deudas por éstos contraídas; la de la población urbana, a la supresión de los impuestos municipales. 
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
La búsqueda de la mayor eficacia política llevará finalmente a la dirección única, constituyéndose el nuevo Comité Provincial a primeros de septiembre en Gijón. Presidido por el veterano Belarmino Tomás (el papel que jugó en octubre de 1934 Influyó en que fuera respaldado para el cargo por la CNT); en él estarán representados los partidos del Frente Popular y los cenetistas. Por el PSOE, B. Tomás y Amador Fernández, en la consejería de Régimen Interior; por el PCE, Juan Ambou en la de Guerra y José García en Agricultura; por Izquierda Republicana, Joaquín F. Paredes en Sanidad y José Sanmartín en Obras Públicas; y por la CNT José Tourman, Eduardo Vázquez y Eladio Fanjul en las de Industria, Marina Mercante y Asistencia Social, respectivamente. Disueltos a partir de entonces los comités locales actuantes, el nuevo Comité Provincial (poco después Consejo Interprovincial de Asturias y León) radicará en Gijón hasta su disolución en octubre de 1937.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)

El «Simancas» se rinde. Oviedo resiste
Dada la situación general, el traslado a Gijón de la capitalidad republicana no fue ajena a la rendición de los cuarteles rebeldes registrada dos semanas antes de la formalización del nuevo gobierno. A fin de cuentas, la caída de los cuarteles supuso la primera victoria contra los sublevados en Asturias lograda bajo la dirección del Comité de Guerra gijonés. A grandes rasgos, tres fases se distinguen en los treinta y tres días que duró el asedio contra las fuerzas del coronel Pinilla. Del 18 al 28 de julio, la primera, por registrarse en esta última fecha la primera Intervención del crucero «Almirante Cervera», en favor de los sitiados bombardeando la ciudad.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
La segunda se extenderá hasta el 16 de agosto, en que cayó uno de los cuarteles, el del Coto, refugiándose los supervivientes en el «Simancas». La tercera y última, en la que la lucha adquirió mayor intensidad y dramatismo, se librará, en torno a y dentro de este último, a lo largo de casi una semana, hasta el 21 de agosto.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)

Coordinada la acción de los leales por el comandante Gallego en quien el Comité de Guerra delegó la dirección militar, una serie de je­fes de milicias adquirirán especial notoriedad: Higinio Carrocera y Víc­tor Álvarez, entre los cenetistas; Antonio Muñiz, Luis Bárzana y Planerías, entre los comunistas. En cuanto al comportamiento de los asediados cabe señalar la grosera explotación propagandista ulterior de la por todos reconocida heroicidad de que dieron pruebas.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
Medio siglo después de aquellos acontecimientos, el testimonio del telegrafista encargado de transmitir uno de los últimos mensajes desde el «Simancas» al «Cervera» ha permitido desvelar la tergiversación perpetrada en el texto por los eruditos franquistas. Gracias al citado testimonio (ver en A. Montaña, Memorias de un perdedor. Gijón, 1988; pp. 45-46) el largamente celebrado por la dictadura «el enemigo está dentro, disparad sobre nosotros», se ha tornado ya en el más plausible y coherente «el enemigo está dentro, disparan sobre nosotros, alargad el tiro». 
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte) 

La caída de los cuarteles de Gijón, «gesta del Simancas» Incluida, esfumó el proyecto del comandan te de Oviedo, Aranda, de establecer un enlace con aquella guarnición, intentado sin éxito el 25 de julio. Una tentativa posterior de enlazar con Trubia, a la semana siguiente, también fracasará. Fue a partir de entonces cuando realmente se inicia el asedio de la capital que se prolongará hasta el 17 de octubre. La acción de las milicias obreras organizadas paulatinamente en una serie de batallones («Sangre de Octubre», «Aida Lafuente», «Pablo Iglesias» y otros), sumando alrededor de tres mil hombres deficientemente armados, se estrellará durante semanas frente a los 2.400 hombres de Aranda armados con 200 ametralladoras, artillería y disponiendo de diez mil fusiles.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)

No obstante, la vida en el interior de la ciudad se vio seriamente alterada. Mientras la euforia inicial de los sitiadores les llevaba a confiar en la inmediatez de «tomar café en Peñalba», en alusión al más céntrico y acreditado de los existentes en la capital, al estado de guerra que regía en ésta desde la sublevación de Aranda se sumaban los problemas de alimentación, y los que afectaron a los principales servicios como los cortes de energía eléctrica y, sobre todo, el del agua que fue particularmente grave. Pero quizás el fenómeno más singular por su apariencia contradictoria fue el bajo nivel de represión física registrado bajo el asedio de Oviedo, en especial si se compara con las matanzas y «paseos» de los sublevados en Extremadura y Castilla.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
La explicación no parece tener relación con una actitud de mayor tolerancia de militares y fascistas ovetenses
hacia el adversa­rio, sino deberse más bien a una decisión táctica condicionada por factores sociopolíticos: la mayoría de la población ovetense simpati­zaba con el Frente Popular, como lo había demostrado en las elecciones de febrero. Que la contención represora fue coyuntural, mientras duró el asedio, se advertirá al día siguiente, prácticamente, de con­cluir éste, con la llegada de las co­lumnas gallegas.
La Guerra Civil en Asturias. (Historia de Asturias)
La liberación llega de Galicia
Fue parcial pero procedería, efectivamente, de Galicia. Ahora bien, la tensión que vivió la ciudad en los dos meses transcurridos entre la caída de Gijón y la entrada de los nacionalistas al mando del teniente coronel Teijeiro, se debió en mucho mayor medida al fuego del enemigo exterior que al potencial peligro interior. En torno a Oviedo, a la toma de posiciones por los milicianos en los últimos días de julio sucedería en agosto el cierre del cerco y a ésta, la primera ofensiva en toda regla que tendrá lugar en la primera quincena de octubre, coincidiendo el comienzo de las operaciones con el segundo aniversario de la revolución de 1934. Pero, como en aquella ocasión, la ocupación por las milicias de los barrios periféricos y la penetración Incluso hasta el parque central de San Francisco no culminó en el triunfo definitivo. La resistencia de los asediados fue la suficiente para dar tiempo a la llegada de los más de veinte mil soldados nacionalistas y romper el cerco.
Ilustración de Alfonso Zapico
Ciertamente, no había sido vertiginoso el avance de las columnas gallegas hacia Oviedo, pese a que el primer tramo, del Eo a Luarca, lo cubrieron en poco más de una semana, tras la decisión del general Mola de efectuar la entrada en Asturias por occidente y no por los puertos de la cordillera, frente que se le presentaba más problemático. En cambio, la distancia Luarca- Oviedo costará a las cuatro columnas citadas más de dos meses en ocuparla y recorrerla.
Ilustración de Alfonso Zapico. (La Balada del Norte)
La diferencia estribará en el Incremento de las fuerzas de contención republicanas tras el triunfo de Gijón, en la necesidad de concentrarlas frente al nuevo ejército invasor, como opinaban algunos miembros del Consejo, o en continuar atacando el frente de Oviedo simultáneamente, como finalmente se hizo. No obstante, como acabamos de apuntar, los enfrentamientos fueron múltiples e intensos, destacando los librados en La Cabruñana a mediados del mes de septiembre, que permitiría a los nacionalistas la ocupación de la zona de Grado. Restaba para éstos la apertura de una franja o corredor («pasillo» de Grado) que les comunicara con los defensores de la capital, batalla prolongada que concluiría el 17 de octubre. La lucha entraba en una nueva fase.
Ilustración de Alfonso Zapico
Bibliografía  Consultada: 
Textos extraídos de “Historia de Asturias” (La Nueva España - Caja de ahorros de Asturias)

FUENTE: DAVID RUIZ GONZÁLEZ



DAVID RUIZ GONZÁLEZ  
Catedrático de historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo. 
Foto de Nacho Orejas (La Nueva España)






Las Ilustraciones (Dibujos) de este artículo son de Alfonso Zapico
Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981). Historietista e ilustrador freelance. Profesional gráfico desde el año 2006. Trabaja en proyectos educativos del Principado de Asturias (Aula Didáctica de los Oficios) e impartido talleres de ilustración en centros educativos de Asturias y Poitou-Charente (Francia).  Realiza ilustraciones, diseños y campañas para diversas agencias de publicidad, editoriales e instituciones. Es ilustrador de prensa en diarios regionales asturianos (La Nueva España, Cuenca del Nalón, Les Noticies…).
Se estrena en 2006 con un álbum de corte histórico para el mercado franco-belga, La guerra del profesor Bertenev (Dolmen, 2009). Su primer trabajo publicado directamente en España es Café Budapest (Astiberri, 2008), donde se mete de lleno en una ficción determinada por los orígenes del todavía no resuelto conflicto palestino-israelí. Acto seguido apuesta por recrear en cómic la vida de James Joyce, Dublinés (Astiberri, 2011), que gana el Premio Nacional del Cómic 2012 y a raíz del cual surge el cuaderno de viaje La ruta Joyce (Astiberri, 2011).
Vive en la localidad francesa de Angouléme, donde, tras realizar El otro mar (Astiberri, 2013) a caballo de su Asturias natal, a la que vuelve con regularidad, se encuentra preparando su nueva y ambiciosa obra, “La balada del norte”, que constará finalmente de tres tomos.
Esta magnífica obra es un autentico tesoro de la novela gráfica española y refleja la negrura de los valles mineros de Asturias de los que surgen personajes luminosos, y bajo el ruido atronador de las minas de carbón se escucha el susurro de una canción antigua. Los viejos y nuevos tiempos chocan brutalmente poniendo a prueba al protagonista, pronto a la Humanidad entera. Éste es el sonido de "La balada del norte".

Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán o polaco. (…) http://alfonsozapico.com
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