1 de noviembre de 2013

La introductora del balonmano en Asturias, Purina Zapico, hija de Mariano Zapico Menéndez-Valdés, que fue Gobernador civil de Cádiz en 1936.

La vida apasionada de Purina Zapico.

foto de juventud de Purina Zapico

La introductora del balonmano en Asturias, de origen lavianés y fallecida recientemente en Venezuela, cuidó a "niños de la guerra" en Londres, enseñó inglés a niñas invidentes en Caracas e hizo dos expediciones al Amazonas.

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Purificación Zapico Maroto, "Purina", está considerada una de las pioneras del balonmano en España, deporte que introdujo en Asturias, concretamente en Laviana, donde se guarda un recuerdo imborrable de ella. Hija de un militar lavianés, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, el último gobernador civil de la República en Cádiz, fusilado por los sublevados al inicio de la Guerra Civil, se mantuvo firme en sus convicciones republicanas, abandonó España en 1939 con el que poco después sería su marido, Antonio Stuyck, y no regresó hasta la muerte de Franco. Su vida fue apasionada y apasionante. No sólo fue una mujer adelantada a su tiempo, deportista y estudiosa, merced a las convicciones liberales de su padre, sino también altruista. En Londres, por ejemplo, cuidó de los "niños de la guerra", junto a Luis Gabriel Portillo, padre del político conservador británico Michael Portillo. Y en Caracas, donde se estableció en 1947, enseñó en un colegio para niñas invidentes. A mediados de los cincuenta se embarcó, además, en dos expediciones al Amazonas. Aunque nacida en Valladolid, cuando se le preguntaba aseguraba sin dudar: "Soy asturiana". Falleció en Venezuela el pasado 15 de agosto, a los 96 años.
Pero si Purina Zapico se hizo conocida fue por practicar y divulgar deportes poco comunes en España, como el balonmano o el hockey sobre hierba, de cuya selección nacional formó parte en un torneo preolímpico celebrado en el Berlín de 1936, como señala su hija Ana María, "Mamby", Stuyck, afincada en Venezuela. "Fue la única vez que estuvo en Alemania", asegura. No consiguieron clasificarse para las Olimpiadas, aquellas en las que Jessie Owens humilló al orgullo nazi.
El balonmano en España empezó a introducirse en los años veinte, con los Boy Scouts, pero su mayor impulso fue en los años de la II República, con el desarrollo del deporte femenino universitario. Por alguna razón se consideraba que el balonmano era un deporte "muy apto" para mujeres. Lo cierto es que era una modalidad deportiva muy distinta del balonmano actual. Para empezar, se jugaba en un campo de fútbol, con equipos de once jugadores y con un balón más grande. El área, que ahora es de siete metros, tenía entonces diez. Las pioneras del balonmano a once, como Purina Zapico, tenían, además, otras limitaciones, las que establecía el decoro de entonces, que las obligaba a jugar con unos grandes faldones que casi les llegaban a los tobillos. Entre septiembre y octubre de 1932 se realizaron algunos partidos de exhibición de "hand-ball" a cargo de la Federación Universitaria Escolar (FUE). Y ese mismo año se crearon equipos en centros como el Instituto-Escuela, el Liceo Francés, el Colegio Akademos, el Instituto Cervantes, el Instituto Lope de Vega, el Instituto Cardenal Cisneros y el Instituto Velázquez, en el que estaba Purina Zapico.
El primer torneo castellano se celebró en 1934, con la colaboración del Deutsche Turnverein o círculo deportivo de la colonia alemana en España, que prestó su asesoramiento técnico. El segundo torneo se celebró en 1935. Purina Zapico ya se había convertido en una de las mayores animadoras de este deporte en Madrid, como lo prueba un artículo publicado en 1936 en la revista "Aviación y Deportes", en el que se auguraba una excelente temporada para el balonmano femenino.
Pero 1936 iba a cambiar las vidas de todas aquellas deportistas universitarias. El 18 de julio Purina Zapico estaba en Cádiz, junto a su familia. Tras el golpe de Estado y la detención de su padre, que sería fusilado poco después, la familia fue confinada y sometida a especial vigilancia por las tropas sublevadas en Medina Sidonia. Más tarde, destrozados por el trágico final del cabeza de familia, se trasladarían a Valladolid. La hija de Purina Zapico asegura que su madre "no hablaba mucho de este período, porque lo pasó muy mal". Mamby Stuyck asegura que su madre acudió a Pola de Laviana en 1938 como miembro del Auxilio Social, "para que le dieran el pasaporte y poder salir de España". Allí estaba su abuela, Luisa Menéndez Valdés, viuda de Zapico. Apenas estuvo en Laviana nueve meses, pero el poso que dejaron ella y su hermana Carmina ha perdurado más de setenta años.

Luisa Álvarez, en su casa. Arriba, un recorte de las pioneras del balonmano en Madrid y una foto de la final que ganó Asturias en 1944.

Una prueba de ello es la admiración que aún transmite una de sus pupilas, Luisa Álvarez, capitana de la selección asturiana que en 1944 ganó el Campeonato de España frente al combinado de Madrid, un hito en la historia del balonmano asturiano. "No teníamos gran cosa que hacer y nuestros padres estaban contentos de que saliésemos de casa, donde no había mucho para comer", asegura esta veterana de casi 85 años, que aún reside en Pola de Laviana. "Íbamos a misa de ocho todos los días y a continuación entrenábamos en el campo de deportes de Fontoria, donde el frontón. Hacíamos una rueda y nos pasábamos el balón", rememora. No recuerda a Purina Zapico como una entrenadora dura, pero sí plena de encanto. "Era muy salada. La que nos enseñó fue ella, aunque también hay que acordarse de Carmina, que jugaba con nosotras", asegura. "Jugábamos con un balón de fútbol y con las porterías del Titánico. Teníamos que comprar los calcetines y las alpargatas, pero fueron los mejores años de nuestra vida", reconoce esta mujer. La primera salida que hicieron fue a La Coruña. "Lo llevamos de calle", señala con orgullo. En Laviana llegó a haber unas cuarenta chicas practicando el balonmano. Posteriormente se extendería a las universitarias. Una de las jugadoras pioneras fue "China" Santamaría, madre de la profesora de Derecho Internacional de la Universidad de Oviedo Paz de Andrés. "En Pola de Laviana llegamos a tener dos equipos, las azules y las blancas, y las familias se dividían. Luego se extendió al resto de Asturias", añade Luisa Álvarez. Años después, el Ayuntamiento de Laviana rindió un homenaje y les entregó unas medallas. Hicieron llegar una a Purina Zapico, que entonces ya residía en Venezuela. Su hija relata que la enseñaba con orgullo a cualquiera que la visitaba.


Purina Zapico salió de España a principios de 1939, al filo del final de la guerra. Se casó en París con Antonio Stuyck (un republicano convencido que había luchado en la guerra, descendiente de un médico de Alfonso XIII), pero poco después partieron hacia Londres. Ya sonaban los tambores de la II Guerra Mundial. "Estaban a punto de salir en un barco hacía México cuando estalló la guerra y no pudieron partir", señala Ana María Stuyck, que nació en Londres en 1942, dos después que su hermano José Miguel, que vio la luz cerca de Oxford, adonde la habían evacuado en plena batalla de Inglaterra. "Fueron tiempos de guerra, pero mis padres tenían un recuerdo fabuloso. Los que ayudaban a los republicanos les facilitaron una casa nada más llegar, con la nevera llena. Mi madre estuvo ayudando a los "niños de la guerra" vascos, asturianos y catalanes que estaban en Inglaterra. Incluso trabajó de traductora para la BBC", señala su hija.
No se quedaron en Inglaterra por el clima, que hacía mucho daño a la salud de su padre. En el 47 se marcharon a Venezuela. "Mi madre estuvo trabajando hasta 1959 para la naviera Alcoa Steamship Company, y luego estuvo dando clases de inglés durante quince años en un colegio para niñas invidentes. Estaba muy orgullosa, porque muchas de ellas se labraron una carrera", indica Mamby Stuyck.
La hija de Purina Zapico también revela la faceta más aventurera de esta lavianesa de adopción. "A mediados de los cincuenta hizo con la madrina de mi hermano, una británica, dos expediciones al Amazonas, siguiendo la ruta de Humboldt. Era una mujer muy vital, sumamente deportista. Nunca dejó el deporte. Cuando se fue haciendo mayor, practicaba tenis y golf", añade la hija de Purina Zapico. "Sentía nostalgia de España, pero también quería mucho a Venezuela, que nos acogió y donde había una mentalidad diferente de la que había dejado. Mis padres podían regresar a España sin problema, porque no se les acusaba de delitos de sangre, pero por principios no volvieron hasta la muerte de Franco", indica la hija. Con el fallecimiento de Purina Zapico se perdió una página heroica del deporte español.

 
 Retrato de Purina Zapico, poco antes de fallecer.

Una placa en Pola de Laviana.


Purificación Zapico Maroto no pudo acudir a Pola de Laviana, la ciudad que vio nacer a su padre y a la que estaba emocionalmente unida, cuando en el año 2010 se descubrió una placa en honor a las pioneras del balonmano en Asturias. No obstante, le hicieron llegar una medalla que guardó como oro en paño y mostraba a quienquiera que fuese a visitarla a su casa de Caracas. De los seis hermanos Zapico Maroto sólo sobrevive, ya nonagenario, José Manuel, que fue marino. Luisa Álvarez le recuerda enseñando a nadar a los chicos de Laviana en el Nalón, en el Pozu La Tella y el Pozu La Chalana, cuando eran unos adolescentes, terminada ya la Guerra Civil en Asturias.


 
 Recorte de un periódico de 1935 en el que aparece Pura Zapico, que jugaba en el Instituto Velázquez de Madrid.

Fiel a la República hasta el final.

Fiel a la República hasta el final. El padre de Purina Zapico, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, comandante retirado de artillería, miembro destacado de Izquierda Republicana, pagó cara su resistencia a la sublevación de 1936. Había nacido el 20 de abril de 1886 en Pola de Laviana (otras fuentes indican que fue en 1890), hijo de un militar que murió joven. En 1912 se graduó en la Escuela de Artillería como primer teniente y partió a Marruecos, donde hervía la guerra contra los kabileños. Recibió dos cruces con distintivo rojo, las que se ganan en combate. Ausente del Ejército desde 1917, regresó como capitán en 1921, y estuvo destinado primero en Menorca y luego en Valladolid, ciudad de la que era su esposa, María Antonia Maroto Rodríguez. Allí nacerían Purina y tres de sus hermanos, los otros dos, en Madrid. Ascendido a comandante en 1930, tras la proclamación de la República, Zapico fue nombrado jefe del Grupo de Artillería Antiaérea número 1, con base en Madrid. Viaja a Bélgica y Holanda y escribe "El ataque aéreo y la defensa contra aeronaves", libro en el que advierte de que en la próxima guerra los civiles estarán tan expuestos al poder destructivo de las armas como los soldados del frente. En marzo de 1936 sustituye, a propuesta del presidente Manuel Azaña, al gobernador de Cádiz, José Montañés Serena, defenestrado tras la quema de varias iglesias. Zapico plantaría cara brevemente a las tropas de los sublevados López-Pinto y Varela. El lavianés se encerró en el Gobierno Civil gaditano con un grupo de guardias de asalto, militares y civiles, desde las cuatro de la tarde del 18 de julio hasta las siete de la mañana del 19. Es célebre la frase que espetó al comandante Baturone, cuando éste le pidió entregarse: "¡No me rindo ante ningún poder faccioso!". La amenaza de los cañones del "Churruca", aún en manos de los sublevados, le obligó a izar la bandera blanca. El 22 de julio se inició el juicio contra Zapico y otros republicanos en el castillo de Santa Catalina, bajo la acusación de rebelión militar. El 6 de agosto sería fusilado ante el terraplén del castillo de San Sebastián.

FUENTE:

La tragedia del gobernador Zapico.

El 6 de agosto de 1936 fue fusilado el representante del gobierno de la República en Cádiz.
 
                              Mariano Antonio Zapico Menéndez(-Valdés)

http://www.diariodecadiz.es
Es sobradamente conocido que el gobernador civil de la provincia, Mariano Zapico Menéndez-Valdés, fue quien encabezó la larga nómina de fusilados en la brutal represión que sufrió nuestra ciudad siguiendo las directrices marcadas desde Sevilla por el general Queipo de Llano.
Son numerosos los textos que citan a Zapico, si bien no aportan mayor información personal que la de ser comandante de Artillería. Pero, ¿quién era realmente este personaje?. Hasta hoy pocos más datos biográficos se habían publicado. Ahora, su hoja de servicios y un manuscrito inédito, redactado hace siete décadas por un soldado, aportan luz sobre quien fue hasta el último momento de su vida todo un caballero y un hombre de honor.
Vida militar.
Había nacido en la localidad asturiana de Pola de Laviana el 27 de octubre de 1890 y sus padres eran el primer teniente de Infantería Emilio Zapico Martínez -fallecido muy tempranamente- y Luisa Menéndez García.
Cuando todavía tenía 15 años de edad marchó a Segovia e ingresó en la Academia de Artillería, donde tras cursar sus estudios castrenses obtuvo en junio de 1912, el empleo de primer teniente. Nada más salir se incorporó a Melilla, ciudad entonces muy directamente afectada por las campañas de Marruecos.
Destinado al mando de una batería, su hoja de servicios fue forjándose durante los dos años siguientes en Melilla, Larache, Alcazarquivir, Zeluán y una infinidad de posiciones repartidas por todo el Protectorado. Como recompensa "por los méritos contraídos en los hechos de armas, operaciones efectuadas y servicios prestados" durante ese periodo, le fueron concedidas dos cruces de primera clase del mérito militar con distintivo rojo.
En octubre de 1914 pasó al Sexto Regimiento Montado de Artillería en Valladolid, donde permaneció tres años prestando servicio ordinario, hasta que a petición propia le fue concedida la situación de supernumerario sin sueldo.
Reincorporado al servicio activo en octubre de 1921 -ya como capitán- estuvo destinado en la Comandancia de Artillería de Menorca y después, en el Parque del Ejército en Valladolid. Un par de años más tarde fue nombrado profesor del Colegio de Huérfanos de Santa Bárbara y San Fernando en Carabanchel Alto.
Durante ese periodo contrajo matrimonio canónico con María Antonia Maroto Rodríguez, con quien tuvo siete hijos llamados José, Manuel, Purificación, Mariano, Carmina, Antonio y Luis.
En diciembre de 1926 fue destinado al Octavo Regimiento de Artillería a pie, en Astorga, pasando tres meses más tarde nuevamente a la situación de supernumerario hasta que en julio de 1928 se le designó para hacerse cargo de la administración del Colegio de Santa Bárbara y San Fernando.
En diciembre de 1930 ascendió a comandante y tras la proclamación de la Segunda República se le confirió el mando del Grupo de Artillería Antiaérea número 1 en Madrid, realizando sendos viajes para asistir a las experiencias de material artillero en Bélgica y Holanda, destacando por sus conocimientos técnicos.
Gobernador civil de Cádiz.
El 11 de marzo de 1936, cesó en su destino y de conformidad con el Consejo de Ministros y a propuesta del presidente del gobierno, Manuel Azaña Díaz, el presidente de la República, Niceto Alcalá-Zamora Torres, lo nombró gobernador civil de la provincia de Cádiz.
Simultáneamente se aceptó la dimisión de su antecesor, José Montañés Sereno, como consecuencia de los graves incidentes acontecidos tres días antes en la capital gaditana, donde un grupo de extremistas incendiaron las iglesias de la Merced, Santa María y Santo Domingo.
Difícil tarea tenía por delante Zapico, máxime si se tiene en cuenta de que desde la proclamación de la Segunda República le habían precedido en su cargo trece gobernadores, de los cuales tres de ellos en los tres primeros meses de 1936. Ello no era un sello de identidad de la provincia gaditana sino fiel reflejo de la convulsa situación política que se vivía en España y que había motivado también un número similar de ministros de la gobernación desde el 14 de abril de 1931.
Pero ahora no había sólo un nuevo gobernador civil. El 20 de marzo de 1936 Diario de Cádiz publicaba en portada las fotos realizadas por Dubois, tanto a Zapico como al nuevo gobernador militar, el general José López-Pinto Berizo. La ironía de la historia pondría frente a frente, cuatro meses después, a los dos oficiales de Artillería.
La sublevación.
                           
                     El Gobierno Civil de Cádiz en 1936.

Sobre las cuatro de la tarde del 18 de julio, las tropas de los regimientos de Artillería de Costa número 1 y de Infantería número 33, rodearon el edificio del gobierno civil, donde Zapico se había atrincherado con un grupo de guardias de Asalto mandados por el capitán Antonio Yáñez-Barnuevo, también procedente de Artillería y otro grupo de personas, militares y civiles. El desenlace de lo ocurrido ya es suficientemente conocido.
Sin embargo, el reciente hallazgo de un extenso manuscrito hasta ahora inédito, redactado el 20 de junio de 1938 por Miguel García Hervías, ha permitido conocer numerosos detalles de lo acontecido en su interior. Dicho joven había sido testigo de todo lo sucedido en la tarde-noche del 18 al 19 de julio, pues siendo soldado de cuota de infantería fue detenido a punta de pistola por militantes frentepopulistas y trasladado al gobierno civil junto a varios compañeros cuando intentaban incorporarse a su cuartel.
A lo largo de tan valioso texto se perfila como principal protagonista, la singular figura de Mariano Zapico, y de quien su autor siempre afirmó, que se trataba de todo un caballero. Gracias al minucioso relato de aquel joven soldado hoy día se conocen numerosas anécdotas.
Entre ellas destacan como el propio Zapico impidió que los frentepopulistas registraran a los militares allí detenidos, diciendo "¡a los militares no se les cachea nunca!"; la contestación de "¡no me rindo ante ningún poder faccioso!" que le espetó al comandante Manuel Baturone Colombo, cuando al comenzar el cerco le pidió que se entregara; o como reprochó a un frentepopulista que se lamentó en voz alta de no haber disparado a aquél por la espalda cuando abandonaba el gobierno civil, "¡Eso no!. ¡Era un parlamentario de guerra y a los parlamentarios de guerra se les respeta siempre!".
Zapico, a quien como escribió García Hervías, se le "veía" el uniforme por encima del traje de paisano, tenía un alto sentido del honor, motivo por el cual nunca entendió las traiciones que sufrió. De ideas muy claras al respecto, cuando el 28 de julio le tomaron declaración indagatoria, hizo constar que si él hubiese cometido el paradójico delito de rebelión militar del que se le acusaba, "hubiera merecido el desprecio de las personas de honor".
Capitán Antonio Yáñez-Barnuevo  se convirtió en el principal apoyo del Gobernador Civil  Mariano Zapico y se atrincheró con él en el edificio del Gobierno civil de Cädiz  el 18 de julio de 1936.
FUENTE:  Jesús Nuñez

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