28 de octubre de 2013

Aviles, la primera villa del Cantábrico

La primera villa del Cantábrico.

Aviles, puerto local, imagen, de 1912- ARCHIVO FOTO FRAN  http://www.elcomercio.es

El Fuero de Alfonso VI convierte a Avilés en el municipio más antiguo de la cornisa marítima, lo que, según los medievalistas, propició la apertura de Asturias a la navegación atlántica.

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Los primeros avilesinos vivían anegados por una mano de ríos que morían en una lengua de mar que alcanzaba la actual parroquia de Trasona y que se desarrollaba a la sombra del castillo de Gauzón, legendaria fortaleza desde la que los reyes asturianos gobernaban un estuario salvaje, un territorio inhóspito que, con el correr de los siglos, acogería en sus orillas las principales industrias del país: acero, vidrio, cinc, aluminio, abonos... El certificado de nacimiento de la villa de Avilés lo extendió el rey Alfonso VI de León en el año 1085. Su nieto, el séptimo Alfonso, ratificó el aforamiento. Y comenzó la historia y la prosperidad de la primera villa del Cantábrico, tal y como expone el catedrático Ignacio Ruiz de la Peña, coeditor de las actas del congreso «Los fueros de Avilés y su época», un encuentro cultural promovido en su día por el Ayuntamiento de Avilés y el Real Instituto de Estudios Asturianos (RIDEA) con motivo de la recuperación de la segunda copia del documento que transformó una aldea de pescadores en un centro de negocios de primera envergadura. En plena Edad Media.

Plano de la torre y bateria antigua de San Juan de Aviles (octobre de 1775)

¿Y qué era un fuero? El profesor Javier Alvarado, de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), lo dejó claro durante el desarrollo del congreso avilesino (entre los días 6 y 9 de octubre de 2010). Los fueros y cartas pueblas eran documentos que ordenaban las relaciones ciudadanas y que determinaban qué tributos cedía el monarca al concejo recién nacido para invertir en su propio desarrollo. Alfonso VI y, después, su sucesor se empeñaron en controlar los extremos de sus territorios y para ello accedieron a perder riqueza a cambio de la fidelidad de los concejos recién colonizados. «Y Avilés durante toda la Edad Media fue siempre una villa de realengo, es decir, del rey», explicó Miguel Calleja Fuentes, otro coeditor de las actas del congreso de los fueros y el responsable de certificar la autentificación de la segunda copia de la partida de bautismo de la capital del alfoz de Gauzón, recuperada por el Ayuntamiento avilesino, con el apoyo de un grupo de empresarios locales.

   Puerto antiguo de Avilés (Dibujo de CÁSTOR)

La importancia del Fuero de Avilés es capital para la historia del Principado, el catedrático Ignacio Ruiz de la Peña no se cansa de decirlo. Y es que Avilés es la villa más antigua del Cantábrico. «Bilbao, por ejemplo, se fundó en 1300; San Sebastián, en 1180; La Coruña, en 1208; Laredo, en 1200, y Santander, en 1186». Ruiz de la Peña califica de «trascendental» la fundación de la villa, que todavía no era «del Adelantado». Y es que la prioridad fundacional de Avilés, dice el catedrático, «explica la temprana apertura de la fachada litoral asturiana a la navegación atlántica, comercial y pesquera». O sea, el Fuero de Avilés organiza la ciudad y la enaltece. El puerto principal del reino de León fue el de Avilés, que desde principios del siglo XIV se transforma en la capital de un alfoz desperdigado desde que la Monarquía cedió a la Orden de Santiago el gobierno del castillo de Gauzón, que había sido el centro de la administración real. El rey Fernando IV da aire a las ciudades y se lo quita a los castillos y otras fortalezas. Y Avilés se benefició de aquella política municipalista. Aquellos avilesinos medievales, pues, se situaron en el centro del universo. «Muy pronto, efectivamente, veremos definirse un eje comercial terrestre que une el puerto avilesino y Oviedo con la ciudad de León, ramificándose hacia otros mercados interiores, hasta el Duero e, incluso, más allá», escribe Ruiz de la Peña. Y todo por el aforamiento de la ciudad. Avilés y Oviedo se desarrollan en paralelo. Las dos establecen relaciones comerciales con puertos de la costa francesa y de las de Flandes o Portugal. Los muelles de Avilés son foco de atracción de riqueza. El catedrático señala la madera y el hierro como principales materias primas objeto de exportación. Ruiz de la Peña apunta también algunas referencias al comercio del vino. Pero no todo fueron mercancías. La villa de Avilés acogió en aquellos primeros años de la ciudad organizada una emigración profunda de franceses y occitanos. El Fuero puso a Avilés y a Asturias en el mapa internacional.
 Alfonso VII el Emperador, que ratificó el Fuero de Avilés. 

 
Plano antiguo de la villa de Avilés. reproducción de ricardo solís del libro «cuando avilés construyó un teatro».

FUENTE: La Nueva España » Asturama
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 Bibliografía.

Alfonso VI.   http://el.tesorodeoviedo.es

Alfonso VI

Rey de León desde el año 1065 al 1071 y de Castilla y León desde 1072 a 1109.
A la muerte de Fernando I se divide el reino entre sus cinco hijos, Sancho, García, Alfonso, Elvira y Urraca. Las relaciones entre los hermanos fueron buenas hasta el fallecimiento de la madre, Doña Sancha, en el año 1067. A partir de este acontecimiento Sancho se propone reunificar bajo su mandato los territorios que su padre había dividido, considerando que había sido perjudicado en el reparto, y atacó en primer lugar a Alfonso, a quien venció en julio de 1068 a orillas del Pisuerga, en la provincia de Palencia, en Llantada. Tras esta primera batalla entre hermanos, pasaron tres años sin que hubiese entre ellos más hostilidades.
En el año 1072 se enfrentan de nuevo los dos hermanos en la batalla de Golpejera (llamada también Vulpejar y Vulpecularia), siendo esta vez el ganador Alfonso, quien prohibió que se persiguiese y prendiese a los vencidos. En aquél momento, Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid, estaba en el ejército de Sancho y aconsejó al monarca coger desprevenidos a los leoneses. Sancho hizo caso al Cid, venciendo a los leoneses que no se esperaban el ataque. Alfonso se refugia en la iglesia de Santa María de Carrión, pero le encuentran y le conducen a Burgos.
Urraca, envía al conde Pedro Ansúrez como embajador a su hermano Sancho, para pedir la libertad de Alfonso. Sancho accedió a liberarle con la condición de que vistiese el hábito en el monasterio de Sahagún. Tal acuerdo sirvió para diseñar un plan de fuga, y una vez encaminado al monasterio Urraca puso las condiciones necesarias para la huida de su hermano Alfonso, quien se refugió en la corte de Al-Mamún de Toledo acompañado de los tres hermanos Ansúrez.
De su amistad con Al-Mamún de Toledo, Alfonso tuvo el beneficio del castillo de Brihuega, lugar donde reunió a su corte y a aquellos vasallos que reconocían su autoridad. En torno a esta amistad surgieron diversas leyendas y anécdotas.
El 6 de octubre del año 1072 muere Sancho asesinado, sin dejar sucesor a la corona, por lo que Alfonso encuentra el camino libre para proclamarse nuevo rey de Castilla. En torno a este suceso se centra el argumento del pasaje del Cantar de Mio Cid La Jura de Santa Gadea, según el cuál Alfonso es obligado por el Cid a jurar que no ha participado en la muerte de su hermano. Se trata de un pacto más amplio, por el cual los nobles se sometieron al reinado de Alfonso siempre que este confirmarse su inocencia en el asesinato de Sancho.
Al ser proclamado rey, su hermano García abandonó su residencia en Sevilla para reclamar la corona de Galicia, pero Alfonso VI le encarceló en el castillo de Luna hasta su muerte, en 1090.
Para poder asumir la corona, tuvo Alfonso que pedir permiso a Al-Mamún, temiendo que sin su consentimiento no le dejaría el emir salir de sus dominios. La amistad entre ellos se selló con un pacto extensible al heredero de Al-Mamún en el que se comprometían como aliados permanentes. Tras su salida, se dio la ceremonia de Santa Gadea, donde tras el famoso juramento, Alfonso sería coronado como rey de Castilla, León y Galicia.

Alfonso VI y Oviedo

En el año 1075, Alfonso VI acude a Oviedo en compañía del Cid para presentar sus respetos ante los símbolos de sus antepasados, con la intención de donar a la catedral un arca de plata donde se guardarían las reliquias que custodiaba dicha ciudad. El 13 de marzo de este año, ante el rey y su séquito (tal como refleja el documento custodiado por el archivo de la catedral) se enumeran las reliquias existentes, y se recogen en este acta, conocida como Apertura del Arca Santa. Según este, además de Alfonso VI se encuentran presentes su hermana doña Urraca, El Cid, y su esposa Jimena.
Alfonso VI también favoreció a Oviedo como centro de peregrinación religiosa, al fomentar el Camino de Santiago, lo que ayudó al desarrollo de ciudades como Cluny.
Una de sus esposas, Isabel, fue monja en el Monasterio de San Pelayo.

Alfonso VI y Asturias.

Alfonso VI es el monarca que confirmó los fueros de Avilés.

Bibliografía. 

  • Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, Tomo I, págs. 934-935.
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El ilustre Avilesino, D. Pedro Menéndez de Avilés 


Pedro Menéndez de Avilés, (Avilés, 15 de febrero de 1519 - Santander, 16 de septiembre de 1574), adelantado, fue el primer gobernador español de Florida. Fundó la ciudad de San Agustín el 28 de agosto de 1565, el primer gran asentamiento europeo en los actuales Estados Unidos, destruyó la colonia francesa de Fort Caroline en el mismo año y fue Gobernador de la isla de Cuba desde 1567 hasta 1574. Hermano de los también marinos Alvar Sánchez de Avilés y Bartolomé Menéndez de Avilés. http://es.wikipedia.org/

Pedro Ménendez de Aviles era un hidalgo de familia pudiente. A los 14 años se escapa de su casa para alistarse como grumete en una flota española encargada de la persecución de corsarios. Comenzó su carrera como marino corsario en el mar Cantábrico, luchando principalmente contra los franceses y piratas que actuaban contra España por dicho mar.
Tras dos años de aventuras en el mar regresa a su casa donde su familia le obliga a casarse con Ana María de Solís de tan solo diez años de edad. La vida de casado no le mantiene en su casa y vuelve al mar. Arma un barco con cincuenta hombres y captura dos navíos franceses, tiene 19 años y es su primera acción de mérito.
En 1544 una escuadra francesa mandada por Jean Alphonse de Saintoge captura en Finisterre 18 naves vizcainas, Menéndez de Avilés le persigue hasta el puerto de La Rochela donde se ha refugiado y recupera cinco de las naves, aborda la capitana y personalmente da muerte a Jean Alphonse de Saintoge. A pesar de las fuerzas francesas del puerto de La Rochela, Pedro Menéndez de Avilés logra salir de allí con sus presas. El emperador Carlos V, le autoriza a continuar con sus acciones contra los franceses, siendo el marino asturiano el principal responsable de que finalizasen las correrías francesas por las costas gallegas y asturianas. Su fama es tal que el emperador le encarga en 1554 que le traslade a Flandes.

Honores y viajes a América

Fue caballero de la Orden de Santiago y Comendador de dicha Orden en Santa Cruz de la Zarza (Toledo, España).
En 1552 comienza sus viajes a América, como comandante de distintos barcos, para dos años más tarde cuanto tiene 35 años fue nombrado Capitán General de la flota de Indias por Felipe II, cargo que ocupará en nueve ocasiones desde 1555 hasta 1574. Tenía 46 años cuando alcanzó el máximo rango dentro de la Armada española.
En 1554 estuvo al mando de la flota que envió el rey Felipe II a Inglaterra para casarse con la reina María.
En 1555 estuvo al mando de la flota del Virrey del Perú Andrés Hurtado de Mendoza. Salida en Sanlúcar de Barrameda el 15 de octubre con setenta y ocho navíos mercantes, dos galeones de armada y tres carabelas grandes.
En 1556 fue nombrado capitán general de la Armada de Indias, y al año siguiente participó en la Batalla de San Quintín. En 1561 dirigió una gran flota de galeones que trasportaban metales preciosos desde México hasta España. Cuando llegó a su destino en España, pidió permiso para regresar en busca de un buque perdido, pero el permiso le fue denegado. Este era el buque donde viajaba su hijo y otros familiares y amigos.
Al regresar a España para pedir permiso para buscar a su hijo es detenido por la Casa de la Contratación de Sevilla junto con su hermano el también marino Bartolomé Menéndez de Avilés, que le había acompañado en aquel viaje. Dos años está encarcelado por razones poco claras, hasta que consigue salir apelando al rey, que hace que lo juzguen siendo condenados los hermanos a pagar una exigua multa.
Una vez fuera de la cárcel consigue que le permitan buscar a su hijo que cree naufrago en la Florida bajo la condición de que debería explorar y colonizar La Florida como adelantado del rey Felipe II. Para tal propósito financió de su propio bolsillo una expedición. Cuando estaba a punto de zarpar, llegaron órdenes de que debía eliminar a todos los intrusos protestantes que se encontraran allí o en cualquier rincón de las Indias.
Esto se debía a que el 22 de junio de 1564 una expedición francesa formada por tres barcos y 300 colonos, principalmente hugonotes, había fundado Fort Caroline, dirigidos por René Goulaine de Laudonnière (reforzados después por 800 colonos, marinos y soldados y 7 barcos de Jean Ribault llegados al año siguiente), desde donde de lanzaron diversos ataques contra colonias y barcos españoles lo que motivo a que el rey Felipe II ordenara una expedición de castigo. Los franceses rápidamente se aliaron con los caciques Saturiwa y Utina de los timucuas apoyandolos con hombres en sus luchas contra sus rivales, en especial, Potano.
Menéndez fracaso en su intento de atacar por mar el fuerte francés con 4 barcos, retirándose a su campamento, la futura ciudad de San Agustín, lo que motivo un contraataque de Ribault con cinco barcos y 500 hombres que fue hundida por un huracán. Con la flota enemiga destruida decidió atacar el fuerte marchando por tierra para evitar perder sus navíos por las tormentas, durante la marcha de tres días perdió a cien de sus quinientos soldados por enfermedades y deserciones.
Llegó a Fort Caroline el 20 de septiembre, día de San Agustín. La colonia francesa tenía apenas 150 habitantes, pero solo 20 eran hombres capaces de luchar, estaban dirigidos por Laudonnière que se encontraba enfermo. En un asalto sorpresa tomaron el fuerte y los franceses sobrevivientes tuvieron que escapar en los barcos que aún quedaban en el puerto. Rápidamente volvió a San Agustín y masacro a inicios de octubre a los sobrevivientes del naufragio de la flota francesa, el lugar paso a ser conocido como la bahía de Matanzas.
Después de estos hechos recorrió el Caribe persiguiendo piratas y regresó a España en 1567. En 1568 regresa a España para pedir ayuda al rey por serle negada este por el gobernador de Cuba para ayudar a los colonos de La Florida, el rey no solo escuchó su petición sino que le nombró gobernador de Cuba. Una vez toma posesión de su cargo regresa a la Florida para socorrer a los españoles de aquella colonia que habían quedado en malas condiciones. Como gobernador de Cuba mandó levantar su primera carta geográfica, además recorre las costas de los actuales estados de Florida, Georgia, Carolina del Sur y el Canal de Bahamas, capturando y eliminado a los corsarios de aquella zona.
Murió a su regreso a España en Santander, cuando el rey le había encomendado organizar una armada para atacar Inglaterra y apoyar a Luis de Requesens en Flandes.
En su honor, Avilés recibe el nombre de Villa del Adelantado.

FUENTE: http://es.wikipedia.org/
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Las alas, que sobrevuelan el paisaje histórico de Avilés.

Apellido de una familia tradicional avilesina, que tuvo una gran importancia a lo largo de los siglos, casi, desde los orígenes de la villa. http://www.elcomercio.es





Foto anterior a 1867 donde se pueden ver restos de la casa solariega de la familia de Las Alas, entre el palacio de Camposagrado, a la derecha, y la iglesia (parcialmente tapada por un árbol) a la izquierda. :: FOTO DE ENRIQUE BARONA EN EL LIBRO 'AVILÉS, UN PUERTO PARA UNA CIUDAD' DE JOSÉ MARTÍNEZ.
Decía Jardiel Poncela que la leyenda es la hija adoptiva de la historia. Sentencia que viene a cuento a la hora de hablar de la estirpe más famosa de la historia de Avilés: la de Las Alas.
La leyenda bautiza su nacimiento tal que así: cuando, en el siglo VIII, los árabes se apoderaron de Avilés, un caballero de nombre Martín Peláez, se hizo fuerte al refugiarse en Raíces, donde entre sus propiedades poseía una fortaleza (debe referirse al castillo de Gauzón) que vigilaba el estuario en cuyo fondo se asentaba Avilés, el más poderoso puerto del reino de Asturias.
Al tal caballero, los mahometanos lo cercaron y acorralaron en las torres del castillo, donde Martín se había escudado, defendiéndose a mandoble limpio. Pero comenzó a desfallecer en su agotadora decapitación de islámicos que seguían achuchándole como si nada, hasta que apareció en lo alto del castillo un ángel de grandes alas -he aquí el quid de la cuestión- con una espada en la mano y una cruz en la otra, oyéndose una voz que tronaba: «Venga Señor, a nos, tu causa». Y así Martín Peláez terminó triunfante y, desde entonces, fue conocido como Don Martín el de Las Alas.
Estas son leyendas y lo demás son cuentos.
Hay quien asegura que fue el mismísimo don Pelayo quien le concedió el escudo de armas, donde se refleja aquella leyenda, y que es uno de los más antiguos que se conocen (y del que existen variantes, expuestas por Francisco Mellén en su publicación 'Heráldica de Avilés'). Abundan los escudos de esta familia en distintos edificios de la ciudad, donde también hay una calle (antigua calleja del Moclín) llamada 'Los Alas', desde 1892.
En la Edad Media, construyeron una casa fortaleza, en pleno puerto, al lado de la histórica parroquia de San Nicolás de Bari (hoy iglesia de los Padres Franciscanos), que incluía un alcázar artillado y un palacio residencial, justo donde hoy está el de Camposagrado. Según fue avanzando el tiempo, encontramos mercaderes, guerreros, marinos, religiosos, políticos, ostentando el apellido de Las Alas.
Una familia tan alargada como esta es de botica, establecimiento donde solía haber de todo. Y ese todo contenía, generalmente, poder. Poderoso reconstituyente que hizo posible que desde sus remotos orígenes hasta el siglo XVII tuvieran subordinado a su patrimonio una tercera parte del asentamiento urbano medieval de la villa en la que desempeñaron, además, durante siglos un poder sin parangón al ocupar importantes cargos del gobierno local.
Tanto, que hasta llegaron a construir, en el XIV, y frente a su residencia, una capilla funeraria para la familia, con una preciosa puerta adornada de cabezas aladas, que hoy pasa por ser una de las joyas del arte religioso asturiano. Delante de ella -y durante mucho tiempo- tuvieron lugar las reuniones del concejo de Avilés (o sea el Ayuntamiento). Así que podríamos decir que los de Las Alas tenían de cara la política y de cruz la religión.
De entonces a acá, y por poner tres ejemplos, destacaría a Esteban de las Alas León, lugarteniente de Pedro Menéndez de Avilés, el marino local que fundó, en 1565, San Agustín de La Florida, la -hoy- ciudad más antigua de los Estados Unidos.
A Eulalia de las Alas Carreño, que casó en 1617 con un Bernaldo de Quirós, matrimonio que el rey Felipe IV 'bendijo' adjudicándoles el marquesado de Camposagrado.
Y a María de las Alas Pumariño, fundadora de la Asociación de Viudas de la República, que al recoger la medalla de Asturias, en 2001, de manos del Príncipe heredero, le espetó: «Alteza, usted me cae bien, pero yo soy republicana».
Los tiempos cambian y Las Alas, también. La vida.
Por tanto toca «vivir el presente, pues el pasado es leyenda y el futuro es un reto», según tiene sentenciado Anónimo.
Ánimo.
 
 Impresionante fotografía, antigua, de la actual calle Los Alas. :: FOTO CEDIDA POR CÁSTOR G. OVIES
FUENTE:  ALBERTO DEL RÍO LEGAZPI 
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Breve historia del Puerto de Avilés.

 
Puerto de Avilés, en 1920. (Foto Ayto. Avilés)

http://www.puertoaviles.es

Es imposible comprender la actualidad del Puerto de Avilés y su proyección en el siglo XXI sin aludir a sus orígenes.
Para ello hay que remontarse a la época medieval, momento en que comienza a desarrollarse la actividad pesquera. En el siglo XII es conocido nuestro Puerto por el monopolio para la descarga de sal, al haberle sido concedido bajo régimen de contrato con la Corona de Castilla la concesión de Alfolíes, o almacenes de sal, producto indispensable de la época y cuya producción se llevó a cabo a nivel local en un principio, necesitándose más tarde su adquisición de Francia, Portugal y Cádiz a medida que la necesidad de consumo se acrecienta. De igual manera, el Puerto destacaba por su importante tráfico de lana proveniente de Castilla con destino a Europa (he ahí el primer ejemplo de intermodalidad y de definición del área de influencia del Puerto), así como por la exportación de lino, madera o vino. El impulso mercantil del Puerto tuvo también base en el hecho de que será el primer abastecedor de la ciudad de Oviedo, importante económicamente en ese periodo por ser abrigo de los peregrinos en su camino a Santiago de Compostela.
Entre los siglos XV y XVIII los tráficos del Puerto se reducen considerablemente, entre otras causas, por el empeoramiento de las condiciones físicas del Puerto debido a la acumulación de arenas, problema heredado hasta la actualidad y por el cual los trabajos de dragado de mantenimiento son fundamentales para nuestra operatividad.
Panorámica del Puerto antes de la llegada de la siderurgia a la ciudad
 
Contamos con evidencia documental que señala una Real Provisión procurada por los Reyes Católicos en el año 1.488 para que las autoridades locales puedan recaudar una sysa destinada a obras de reparación en la barra de la ría puesto que ésta se cerraba junto con el canal de entrada impidiendo el paso a las naves.
Ya en el siglo XVI durante el reinado del rey Felipe II, y tras nuevas quejas de los comerciantes de la Villa por los problemas del entrada y maniobrabilidad del estuario, se ejecutan obras de reconstrucción de un cay, o muelle de cal a la altura del Puente de los Pilares, también mejorado en esa época, donde siglos después se asentaría el Puente de San Sebastián, lugar de conexión entre Avilés y el vecino municipio de Gozón.
Los siglos XVII y XVIII no verán una mejora de las condiciones del Puerto, que, por ende, continúa perdiendo tráficos a causa de los continuos aterramientos y la imposibilidad de mantener una navegación regular en el canal. Aunque se habían propuesto distintas medidas que paliaran estas dificultades, los problemas económicos y la falta de estructura organizativa adecuada en el puerto hicieron que ninguna de ellas se llegara a materializar.
Peor aún, Avilés perderá su importancia como puerto de cabecera de la región a favor del Puerto de Gijón a finales del XVIII. Además es en esta ciudad donde se centralizarán las Aduanas y la Administración Marítima, a lo que hay que añadir el establecimiento de Gijón como puerto abastecedor de la capital de la región, hecho apoyado en la mejora de conexión entre esta ciudad y Oviedo por carretera. Así las cosas, tanto el puerto como la Villa de Avilés entran en serio declive económico y poblacional.
Ante la tesitura de evolucionar o morir, el puerto entra en la tercera década del siglo XIX con unas necesidades urgentes de mejoras que transformen el perfil del estuario y mejoren sus condiciones de entrada y navegabilidad. 
  Carga de madera en el muelle local
 
En el siglo XIX el tráfico más importante del Puerto fueron los pasajeros. A causa del empobrecimiento de la población se provocó un éxodo masivo hacia el nuevo continente con la esperanza del enriquecimiento rápido. Se establece así un tráfico en el que la población emigra de España a América y en su regreso, los barcos de vela que realizan estas travesías transportan productos que abastecen los nuevos y exitosos negocios comerciales de ultramarinos. A la sombra de este comercio, crece también el negocio naviero, con la creación de nuevas compañías armadoras. A partir de finales de siglo, con la puesta en escena de los barcos de vapor, este tráfico se deriva a la vecina ciudad de Santander.
Fue también, en este siglo, cuando se formaliza el diseño del actual  puerto comercial, que coincide en el tiempo con la instalación en Arnao de la Real Compañía de Minas, primer proyecto industrial en Asturias, aunque con capital belga. Está empresa utiliza para el movimiento de sus mercancías la Dársena de San Juan de Nieva. Hasta ese momento el grueso de los tráficos eran movidos en los muelles locales, que paulatinamente van perdiendo actividad y el Puerto sufre un desplazamiento hacia los muelles de Raíces y la citada Dársena, completamente reformada gracias al impulso del tráfico de carbón, pilar vital en el desarrollo del Puerto a partir de mediados del siglo XIX. En la actualidad el 80% de los tráficos movidos por el puerto tienen lugar en este emplazamiento, y el principal cliente es heredero de la Real Compañía de Minas, Asturiana de Zinc, S.A., que recogió el testigo de empresa cabecera al aumentar sus tráficos de manera determinante una vez la siderurgia decae a finales del siglo XX. 
Panorámica de la Dársena de San Juan de Nieva con las rocas que dificultaban la entrada a Puerto, y la draga trabajando en el canal de entrada. Esta dársena se modernizará a partir del auge del tráfico de carbón, a finales del siglo XIX.
 
Entrado el siglo XX, el Puerto ve la creación en 1.915 de la Junta de Obras del Puerto de Avilés, y sufre un cambio drástico con la instalación de un magno proyecto siderúrgico. En torno a los años 50 comienzan las obras de lo que fue ENSIDESA, empresa siderúrgica que transformó tanto el puerto como la ciudad. La población de Avilés creció exponencialmente y el Puerto cambió de manera radical, los  tráficos generados por esta empresa fueron notables y pasó a ser el casi único cliente del puerto, pues generaba el 70 % de los movimientos. 
Final de la construcción de la Dársena de San Agustín con el antiguo muelle local en primer término. Desde aquí se cargarán y descargarán los productos siderúrgicos.
 
Después de 20 años de bonanza económica a finales de los 80 debido a la reconversión industrial y el cambio de la cabecera de esta a Veriña, los tráficos generados por ENSIDESA descendieron de manera alarmante y los muelles de la dársena de San Agustín quedaron infrautilizados.
Es en este momento de crisis cuando el Puerto de Avilés tiene que replantearse el futuro para intentar recuperar una parte importante del negocio perdido. Para ello, además de mantener los clientes existentes y los tráficos cautivos, se pretende una presencia en los foros tanto nacionales como internacionales del sector de logística y transporte y se hace una labor de divulgación de las ventajas competitivas que ofrece: situación, dinamismo, especialización.
Aunque, la antigua siderurgia, hoy Arcelor Mittal, no es ya el principal proveedor de tráficos del Puerto sigue siendo uno de los principales clientes, junto con Asturiana de Zinc, y otras empresas sin cuya presencia no podemos entender el futuro.
Todo lo anterior pasa por la adecuación de las infraestructuras de este histórico puerto, así hemos de relatar que comenzamos el siglo XXI con la construcción de un dique de contención de arenas en la bocana del puerto, la ampliación de 150 de muelle pesquero y, como colofón, la rehabilitación de la Dársena de San Juan de Nieva para redistribuir y aumentar los tráficos, ya que se aumenta tanto la longitud de atraque con mayor calado (10 y 12 m.) como la superficie de depósito.
A principios de este siglo el Puerto de Avilés  enfrenta su futuro para lograr la modernidad exigida por las nuevas necesidades del proceso de globalización y las exigencias de competitividad, a través del desarrollo de la margen derecha de la Ría. Así pues la capacidad y actividad de este puerto actualmente depende del desarrollo de infraestructuras en el único espacio no desarrollado, tanto la construcción de muelles como la búsqueda de espacios para acopio y manipulación y diversificación de mercancías.
El Puerto de Avilés afronta con gran optimismo el futuro de sus instalaciones. Debido a la asignación de Fondos Europeos de Cohesión (aproximadamente unos 30 millones de euros), la ampliación de nuestros muelles en la margen derecha se está haciendo una realidad. Se está dotando a la zona de unos 1.000 metros de muelles con profundidades de hasta 14 metros y una zona de actividades logísticas y de almacenamiento superior a 375.000 m2, lo que producirá un aumento de tráfico anual cercano a los dos millones de toneladas. No se están descuidando tampoco los accesos a la zona, aumentando la capacidad de la AS-328 y dando servicio ferroviario a través de la dársena de San Agustín.

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