23 de noviembre de 2013

La historia de Hildegart Rodríguez, una niña del bando perdedor (la Virgen Roja)

Vida breve de una virgen roja
Madre e hija en una fotografía de la época www.farodevigo.es
Un repaso a la trayectoria de Hildegart Rodríguez, toda una leyenda de la política española en los años treinta, quien llegó a ofrecer una conferencia para las Juventudes Socialistas en Mieres
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Hildegart alcanzó tanta fama en los años 30 que al citar su nombre no hacía falta ponerle apellido para saber de quien se estaba hablando. Y además llevaba el mismo de su madre Aurora Rodríguez, porque había sido concebida por ella sin más ayuda de varón que la estrictamente necesaria para lograr un embarazo. Por eso nunca tuvo padre y creció con la única guía de su progenitora, obsesionada por educar a un ser perfecto, culto y destinado a dirigir a las masas.
La mujer ya había intentado antes su proyecto con otro niño que le había dejado su hermana Josefa, madre soltera: se llamaba Pepito Arriola, con el segundo apellido de su abuelo materno y lo convirtió en un precoz director de orquesta hasta que Josefa decidió recuperar la custodia para administrar su lucrativa carrera. Cuando dejó de estar bajo su férreo control, Pepito se hundió en la mediocridad, pero eso ahora no nos interesa.
Para no repetir aquel error, la tenaz Aurora decidió convertirse en madre. Según su proyecto, después de un embarazo surrealista en el que la gestante apenas abandonó el lecho y todos los días le leía a su feto textos cuidadosamente escogidos, la pequeña nació en Madrid el 9 de diciembre de 1914 y los genes de aquel desconocido que doña Aurora había buscado con mimo por todo el país para que prendiesen en su óvulo dieron un fruto excelente.
Hildegart pasó su infancia estudiando, ajena a cualquier juego, y a los 14 años, con un expediente cuajado de sobresalientes y hablando a la perfección cuatro idiomas, consiguió una dispensa para iniciar los estudios de Derecho, que concluyó dos años más tarde, para matricularse a renglón seguido en la Facultad de Medicina.

Fue cofundadora −con el Dr. Gregorio Marañón y otros− de la 'Liga para la Reforma Sexual Española
La segunda parte del plan pasaba por hacerla entrar en política, de modo que en enero de 1929 pidió su ingresó en la UGT y en las Juventudes Socialistas madrileñas, donde no tardó en alcanzar una fama merecida como columnista en su prensa. Aunque las ideas de doña Aurora simpatizaban más con el mundo libertario, la mujer la dejó hacer confiando en que fuese ella misma quien se convenciese al conocer desde dentro el funcionamiento de las estructuras socialistas españolas; además en aquel momento la CNT, el sindicato anarquista, malvivía en la clandestinidad mientras la UGT, tolerada por el gobierno de la Dictadura pasaba por sus mejores días.
Fue también buena oradora y empezó a ser demandada por toda España como conferenciante especializada en temas relacionados con el feminismo y la sexualidad de la mujer, participando junto a Gregorio Marañón en la fundación de la Liga Española para la Reforma Sexual. Tampoco tardó en ser conocida en otros países e incluso llegó a rechazar la invitación para trasladar su actividad a Inglaterra que le hizo el escritor H. G. Wells durante una de sus visitas a Madrid.
Pero su madre no se había equivocado. El pensamiento político de Hildegart era demasiado avanzado para convivir con la realidad que se vivía en el PSOE, dividido en dos tendencias que estaban más interesadas en encabezar -cada una con su estrategia- el pujante movimiento obrero del momento que por enredarse en otras discusiones teóricas.
La "Virgen Roja", como iba a ser apodada, era a sus pocos años, una intelectual que no entraba en aquel ambiente y sus discrepancias empezaron a castigarse marginándola en los actos públicos y los mítines de su partido. Desde diciembre de 1930 "El Socialista" se negó a publicar muchos de sus artículos y en las fiestas del 1 de mayo de 1931 y 1932 no fue llamada a la tribuna de oradores de Madrid. Incluso se trató de impedir que acudiese a las provincias que querían contar con su presencia, llegando en este empeño a ocultar la correspondencia que se le enviaba a la sede de la agrupación y a contestar a aquellas peticiones dando falsas disculpas en su nombre sin que ella se enterase.
En medio de este mal ambiente, cuando se convocó en febrero de 1932 el Congreso de las Juventudes Socialistas, decidió no asistir, pero pudo saber que el delegado por Asturias Graciano Antuña, la había criticado allí por su pensamiento izquierdista, mientras otros compañeros de Levante y Santander salían en su defensa.
Antuña, miembro destacado de la Federación Estatal de la Minería y de la Federación Socialista Asturiana, era entonces secretario general del SOMA y al llegar las elecciones de febrero de 1936 sería diputado electo por el Frente Popular para acabar fusilado delante de las tapias del cementerio de Luarca en mayo de 1937. Ella no lo conocía personalmente, pero sabía que detrás de su ataque estaba Wenceslao Carrillo al que los celos por su éxito habían convertido en uno de sus enemigos más acérrimos dentro del partido.
Wenceslao era además el padre de su amigo Santiago Carrillo, que entonces se llevaba de calle a las mocitas de la izquierda madrileña y con el que había hablado alguna vez a solas escapando del control de su madre para recibir después las reprimendas consiguientes de aquella mujer dominante, tan pegada a ella que se aseguraba que nadie había llegado a ver a Hildegart sin que a pocos metros estuviese su rostro severo y vigilante.
Con ese resquemor, poco después la joven aceptó visitar Asturias para impartir un ciclo de conferencias en diferentes ateneos y aprovechó para desplazarse hasta Mieres donde tenía intención de hablar para la Juventud Socialista de la villa. Aquí, el recibimiento de sus compañeros de militancia fue mucho peor de lo que hubiese podido imaginar: todos la ignoraron, desde el alcalde y los concejales socialistas, hasta los directivos de Casa del Pueblo y los afiliados que cumplieron la consigna de no asistir a aquel acto.
Sin embargo la joven fue apoyada por los republicanos y comunistas, que entonces formaban la directiva del Ateneo, y ante la sospecha de que en Oviedo podía suceder lo mismo, decidió suspender una segunda conferencia que tenía prevista para la capital, a pesar de la expectación con la que era esperada.
Las organizaciones de Asturias representaban desde la época de Manuel Llaneza el ala más conservadora del PSOE y aprovecharon el plante de Hildegart para presentarlo en Madrid como un acto de indisciplina y la Juventud Socialista madrileña le abrió un nuevo expediente que culminó el martes 13 de septiembre con su expulsión por 52 votos contra 10. Una semana más tarde, ella misma enviaba su baja a la Agrupación Socialista Madrileña.
Tras su ruptura con los socialistas, la joven revolucionaria encontró acomodo en las filas del Partido Republicano Federal, donde tenía muchos amigos que llevaban tiempo invitándola a estar a su lado. Las simpatías sindicales de los federales se inclinaban por la CNT y algunos de sus dirigentes no ocultaban su apoyo a la acción directa que habría de llevar a la revolución de 1934 y que ella ya no pudo ver. Con el nuevo aire de libertad dio rienda suelta a su pluma en varias revistas internacionales, pero sobre todo en "La Libertad" y "La Tierra".
En este último periódico publicó una serie llamada "Cuatro años de militante socialista", en la que contó los acontecimientos que les acabo de resumir y que venía a complementar lo expresado en las 400 páginas del libro "¿Se equivocó Marx?", también escrito en 1932 y que alcanzó una enorme difusión. En la madrugada del 9 de junio de 1933, cuando solo había vivido 18 años, su propia madre puso fin a la criatura que había creado disparándole cuatro tiros mientras dormía. Nunca se aclararon sus motivos, aunque seguramente el principal fue que la joven había manifestado la decisión de volar por su cuenta. Detrás dejaba numerosos artículos de prensa y once libros que se habían vendido rápidamente.
La noticia de la muerte de Hildegart supuso una conmoción en la España republicana y su truculenta historia sirvió para inspirar varias novelas y películas de éxito. Su madre fue condenada a veintiséis años, ocho meses y un día de reclusión, pero en julio de 1936, el pueblo madrileño decidido a combatir el levantamiento militar del General Franco, abrió las puertas de las cárceles de la capital y los presos comunes supieron aprovechar la libertad que se buscaba para los políticos.
Cuando se descorrió el cerrojo, Aurora Rodríguez salió sin prisas y esperó en la calle a que los grupos de parientes y amigos que abrazaban a los suyos se fuesen marchando. Luego, echó a andar. Nunca se supo en qué dirección.

Ilustración de: Alfonso Zapico.

FUENTE: 


Hildegart Rodríguez, el experimento humano



En la historia igual que en la actualidad ocurre que ciertas acciones quedan oscurecidas por su cercanía a otras tan enormes que las esclipsan. En el caso de Hildegart Rodríguez (1914-1933), a su historia le hizo sombra la Guerra Civil española, y 40 años de dictadura pasaron de exponerla como una muestra de la "degeneración roja" a sepultarla en el olvido.
 Casi 80 años después su rastro histórico se limita a unos pocos recortes de hemeroteca, como si más que su excepcional vida ya solo importara su truculenta muerte.
La historia de Hildegart Rodríguez solo tiene sentido desde la óptica de su madre, que la concibió, literalmente, como un experimento. De familia acaudalada, Aurora Rodríguez nunca recibió una educación formal, pero a base de lecturas marxistas, textos de Nietzsche y las entonces novedosas teorías eugenésicas que pretendían la creación de una raza superior (y que ya estaban gestando en Alemania lo que todos conocemos), se formó una línea de pensamiento propia, errática y alucinada, entre lo científico, lo socialista y lo mesiánico, según la cual se propuso dar vida al primer ejemplar humano de una nueva era. A los 35 años, cuando muere su padre y hereda toda su fortuna, selecciona según ciertos criterios a un hombre que la deje embarazada de forma "pura" (para ella, "sin placer y sin amor") y se traslada a Madrid, donde da a luz a su hija el 9 de diciembre de 1914.
Aislada y sometida a una dictadura pedagógica y una vigilancia obsesiva de su comportamiento hasta en el más mínimo detalle , Hildegart pasó su infancia siguiendo el plan paranoico de su madre para convertirla en la primera mujer de una nueva raza de seres humanos sabios, perfectos y libres de prejuicios y ataduras, que alumbrarían un futuro de paz social y prosperidad. Obligada a estudiar cada minuto del día, de todos los días, Hildegart se fue convirtiendo en una niña prodigio que a los 3 años hablaba, leía y escribía, y a los 8 lo hacía también a la perfección en inglés, francés y alemán; antes de cumplir los 13 termina el bachillerato y ya publica y da conferencias, sobre la liberación de la mujer, la libertad sexual y los derechos del proletariado; y siguiendo el plan comienza su carrera política en el PSOE y la UGT y, con una dispensa por la edad, se matricula en la carrera de Derecho que finalizará a los 17 años.
Mientras obtiene una segunda licenciatura en Filosofía y Letras (posteriormente iniciará también Medicina), Hildegart, que no puede ejercer la abogacía por ser menor de edad, se convierte en una pionera del reformismo, cofundadora junto al Doctor Gregorio Marañón de la "Liga para la Reforma Sexual Española" en defensa de la emancipación de la mujer, su acceso a la educación y la igualdad de derechos, y una pionera en el estudio científico de la sexualidad, que además de producir su propia obra traduce a grandes sociólogos europeos como Havelock Ellis, de quien recibió su sobrenombre de "La Virgen Roja", pues no dejaba de resultar paradójico que una de las más influyentes pioneras en la revolución sexual, no sólo en España sino en toda Europa, admirada intelectualmente y exponente del espíritu de la II República fuera una joven de apenas 18 años que iba a todas partes acompañada de una madre que públicamente expresaba su repugnancia hacia el sexo y que la impedía todo contacto con el género masculino.
Pero Hildegart se hace mujer, y quiere vivir. Quiere para sí un poco de esa libertad de la que escribe y habla; siendo una punta de lanza de un tipo de revolución, no es capaz de obtener de su madre, que la amenaza incluso con suicidarse, ni siquiera el poder acudir a la facultad, o las reuniones de partido o editoriales, sola. Su opresión y su sufrimiento, se hacen más palpables a ojos de todos, llegando al punto de que el escritor inglés H.G Wells, que admira su figura y la relevancia de sus escritos, le ofrece una salida: que se mude para trabajar con él a Londres. Este hecho desata una crisis en la locura irredenta de su madre que se convence de que fuerzas del espionaje extranjero pretenden arrebatarle "su obra", o peor, corromperla, un sentimiento que se acrecienta peligrosamente cuando la joven empieza a cuidar su aspecto e incluso a flirtear con un compañero de partido.
A partir de ese momento Hildegart pasa de sufrir sus amenazas a ser prácticamente secuestrada por ella en su piso de la calle Galileo, sin poder salir ni ver a nadie, encerrada en la habitación que ambas comparten y
asfixiada por los brotes paranoides de su madre, que incluso llegó a arrancar el teléfono, hasta que finalmente el 9 de junio de 1933 asesina a su hija de cuatro disparos mientras duerme, convencida de que su experimento se ha ido al traste y no merece la pena asistir a su degradación.
Condenada a 26 años de prisión, el rastro de Aurora Rodríguez se pierde, durante las turbulencias de la Guerra Civil española, en el manicomio de Ciempozuelos.
FUENTE: 

La hija creada, la hija destruida, Hildegart Rodríguez (1914-1933).

La historia de Hildegart Rodríguez es la historia de una niña víctima de las locuras y paranoias de su madre, una mujer demente que le dio la vida y luego se la quitó. Aurora Rodríguez hizo de Hildegart una niña prodigio a la búsqueda de una raza de seres humanos puros y perfectos. Cuando Hildegart quiso volar del nido, su madre no lo consintió y no dudó con terminar con su vida. Con la vida de su propia hija.

El capricho de la heredera.
Hildegart Rodríguez nació el 9 de diciembre de 1914 en Madrid. Su madre, Aurora Rodríguez, es una mujer que pertenecía a una rica familia de Galicia. Cuando Aurora quedó huérfana de padre heredó una importante fortuna familiar. Tenía 35 años y la cabeza repleta de mensajes recibidos de las múltiples lecturas a las que dedicó todo el tiempo que no fue educada de manera convencional. Marx, Nietzsche y, sobretodo, las nuevas ideas sobre la raza y la eugenesia que defendían la creación de seres puros y superiores al resto de la humanidad, calaron hondo en Aurora. 
Su misión en la vida fue entonces engendrar uno de esos seres perfectos. Buscó a un hombre para que la dejara embarazada y se marchó a Madrid donde Hildegart nacería en el invierno de 1914. A pesar de que durante un tiempo el padre pudo visitarla, cuando Aurora vio una posible influencia paterna en la pequeña le prohibió que volviera a verla.

La niña prodigio.
Aurora empezó entonces su proyecto de crear una niña perfecta. Aislada del mundo infantil, su madre sometió a Hildegart a una más que estricta educación y vigilancia constante. La primera fase de su aberrante proyecto dio sus frutos. Con tan solo tres años, Hildegart hablaba, sabía leer y escribir y con ocho conocía otras lenguas como el inglés, el francés y el alemán. Con trece años terminó el bachillerato y empezó derecho, carrera de la que se licenció con diecisiete años. Filosofía y letras y medicina fueron otras carreras que también estudió.
En todo este tiempo de estricta educación, Hildegart empezó a ser conocida por su excepcional currículum académico y fue invitada a dar conferencias y a participar activamente en la vida política en las filas del PSOE y del sindicato UGT. 
Implicada en distintos temas sociales, Hildegart ayudó con sus conocimientos y su fama a la iniciativa del doctor Gregorio Marañón de crear la Liga para la Reforma Sexual Española en defensa de la emancipación de la mujer tanto en la educación, la libertad sexual como en la igualdad de derechos. Su monografía sobre la Revolución Sexual llegó a vender ocho mil ejemplares en la capital española en sólo una semana. 
La niña rebelde.
Mientras Hildegart crecía, estudiaba y participaba en distintas campañas políticas, la sombra de su madre prevalecía siempre a su lado. Aurora revisaba y controlaba todos los movimientos de su hija a la que dirigía en silencio desde su nacimiento.
Pero era inevitable que tarde o temprano Hildegart quisiera volar libre y cortar de una vez por todas el rígido cordón umbilical que aún le unía involuntariamente a su madre. Su capacidad de trabajo y su fama que ya era internacional la hicieron entrar en contacto con grandes intelectuales del momento. Uno de ellos, el famoso escritor inglés, H.G. Wells, la visitó en Madrid y le propuso que viajara con él a Londres donde le ofrecía un trabajo como su secretaria. 
Ya en distintas ocasiones Hildegart había intentado alejarse de su madre o había empezado a arreglarse e incluso a flirtear con algún chico. Como toda respuesta de su madre, recibía una amenaza de suicidio.
                             El cadaver de hidelgart
La niña destruida.
La proposición de Wells fue posiblemente la que desató la última paranoia de aquella mujer demente. Empezó a creer que una conspiración secreta quería arrebatarle su gran obra, creyendo que todo el tiempo y el esfuerzo invertido en Hildegart iría a parar a otros. 
Ante la disyuntiva de dejar marchar a su hija o continuar agarrándola con fuerza, Aurora no pensó otra cosa que una solución drástica: deshacerse de ella. Ella la había creado, ella la destruiría. Así, el 9 de junio de 1933, cuando Hildegart dormía, Aurora la mató disparándole cuatro tiros a bocajarro.
Terminaba así una truculenta, triste y desdichada historia. 
Aurora Rodríguez fue condenada a veintiséis años de prisión. Durante la Guerra Civil su rastro desaparece en el manicomio de Ciempozuelos.
                   El entierro de Hidelgart acompañado de una gran multitud
                          Aurora Rodríguez al poco de su llegada a la carcel de mujeres-mundo grafico 31-10-1933
                                  Reclusas con Aurora Rodríguez haciendole la cama mundo grafico.11-10-1933

                                              Aurora Rodríguez aseandose en su celda de la carcel de mujeres
La historia de Hildegart, una niña del bando perdedor, fue sepultada durante los años de la dictadura. Su triste y dramático final ensombreció la vida prodigiosa de esta mujer.

 Si quieres leer sobre ella:

Mi querida hija Hildegart: Una historia que conmocionó a la España de la Segunda República, Carmen Domingo






La virgen roja, Fernando Arrabal





 Películas que hablan de ella 


Mi hija Hildegart





Sandra Ferrer

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