20 de noviembre de 2013

El poeta sevillano, Luis Cernuda y Asturias

Luis Cernuda sufrió con Asturias en la revolución y en la guerra.
 

Fragmentos inéditos de unos diarios y un relato revelan la honda preocupación d por los sucesos del 34, en la etapa de Lerroux, y la ofensiva franquista del 37.
 
Luis Cernuda

http://www.lne.es
Luis Cernuda, el poeta del que este mes se cumplen 50 años de su muerte, escribió un "Diario íntimo" entre los años 1933 y 1934, que permanece inédito. El 5 de octubre de 1934 anotó en sus páginas:

 "Huelga general. Gobierno Lerroux-Ceda. Me enteré ayer por la tarde en casa de Concha Albornoz (?). Ni metro, ni tranvía, ni taxis; algunos coches mal conducidos. Atravesé Madrid dos veces; por la mañana tenía aire de fiesta. Pero esta tarde ya era más grave el aspecto. Calles apenas alumbradas; gente escasa; motos con guardias, carabina empuñada.
Tal vez esta noche haya algo (?).

Huelga, huelga. Pocas veces he tenido un disgusto, una preocupación colectiva como anoche. Qué asco, qué vergüenza que haya podido llegar a formarse semejante engendro de Gobierno".
El engendro de Gobierno que causaba asco al poeta Luis Cernuda era el formado en la tarde del 4 de octubre de 1934 por Alejandro Lerroux, con la participación de tres ministros de la CEDA.
La CEDA estaba presidida por el abogado salmantino José María Gil Robles y había obtenido 115 diputados en las elecciones de noviembre de 1933, siendo la minoría mayoritaria. Su posición política, abiertamente antirrepublicana, hizo que fuera el Partido Republicano Radical, que presidía Alejandro Lerroux, que había obtenido 104 escaños, el encargado de formar gobierno. La rectificación de la legislación reformista del primer bienio republicano (1931-1933) fue la línea directriz de la acción de gobierno de los radicales, apoyados en el Parlamento por la CEDA.
En septiembre de 1934, Gil Robles expuso a Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República, el deseo de su partido de entrar en el Gobierno, y al reanudar las Cortes sus sesiones el 1 de octubre de 1934 retiró la confianza al jefe del Gobierno, el republicano radical Ricardo Samper. La crisis se resolvió el 4 de octubre tal y como imponían los cedistas, y aceptaron los radicales, con la inclusión de tres ministros de la CEDA en el nuevo gabinete, que presidiría Lerroux.
La presencia de la CEDA en el Gobierno fue considerada unánimemente una provocación por todos los partidos republicanos y de izquierdas, y en la misma noche del 4 de octubre de 1934 se hizo un llamamiento a la huelga general. En Madrid y otros lugares, se inició un paro que duró unos días. En Barcelona, Lluis Companys, presidente de la Generalitat, proclamó el 6 de octubre el Estado Catalán de la República Federal Española. En la madrugada del día siguiente, las fuerzas militares que sitiaban los edificios de la Generalitat y del Ayuntamiento de Barcelona abrieron fuego contra ellos. Poco después, Companys telefoneaba al general Batet, capitán general de Cataluña, y solicitaba el alto el fuego, ofreciendo la rendición.


En Asturias, los revolucionarios asaltaron los cuartelillos de la Guardia Civil y se dirigieron hacia Oviedo. La guarnición militar de la capital se refugió en el cuartel de Pelayo (actual campus de Humanidades) y algunos otros puntos, permitiendo a los revolucionarios controlar la ciudad. Enterados del fracaso del movimiento en el resto de España, los revolucionarios asturianos decidieron seguir adelante. Después de dos semanas y tras un despliegue militar sin precedentes, la revolución asturiana fue sofocada con un trágico saldo de muertes, heridos y prisioneros. El saber popular resumió lo ocurrido en octubre el siguiente menú: "lengua a la catalana, gallina a la madrileña y huevos a la asturiana".
El año de 1935 estuvo marcado por la represión contra los revolucionarios de octubre y las campañas por el indulto a los condenados a muerte, que generaron divisiones entre el bloque gobernante. A la tensión política y social, se unieron los escándalos que salpicaron a miembros del Gobierno, como el del "estraperlo" (nombre compuesto de los empresarios Straus y Perlowitz, que introdujeron en los casinos españoles una ruleta fraudulenta), en el que estaba implicado el mismo Lerroux, o el escándalo Nombela, que afectó a otros políticos radicales. En esas circunstancias, el presidente Alcalá Zamora disolvió las Cortes el 7 de enero de 1936 y convocó elecciones para febrero.
Apenas cuatro meses después de la victoria del Frente Popular en las elecciones de 16 de febrero, los derrotados promovieron una sublevación militar que dio inicio a una guerra civil a partir del 18 de julio de 1936.
Luis Cernuda, gran amigo de Concha de Albornoz, hija del que fuera ministro de Justicia en el primer bienio republicano, el luarqués Álvaro de Albornoz, marchó con ambos a París, el 27 de julio de 1936, a trabajar en la secretaría de la Embajada de la República española en la capital francesa, de la que el político asturiano fue nombrado embajador. Sólo dos meses permaneció el poeta en Francia, al cabo de los cuales regresó a Madrid, de donde pasó a Valencia, donde colaboró en la revista "Hora de España". En su número X, publicado en octubre de 1937, aparece publicado su relato titulado "En la costa de Santiniebla", que rememora su estancia en Castropol dos años antes, colaborando con las Misiones Pedagógicas. En ese relato se incluye el siguiente párrafo: "Sólo unos pocos, sin armas ni medios de conseguirlas, a cientos de kilómetros de los amigos que luchaban por ellos y por nosotros allá abajo, ¿qué podíamos hacer? Quería uno gritar para sacar a la luz con su voz todo aquello que le corroía por dentro". Esta frase, puesta por Cernuda en boca de un marinero al que encuentra al borde de la ría y que habla al poeta de "cuando la última guerra civil en Santiniebla", resume el sentimiento que muchos tuvieron en Valencia y otros lugares de la España republicana ante la ofensiva franquista sobre Asturias y su soledad y aislamiento. "Luchar con ellos en esas condiciones era imposible. Tenían refuerzos y nosotros cada día éramos menos", es otra de las frases que Cernuda pone en boca del marinero de Santiniebla y que expresa el dolor e impotencia de toda Asturias en aquel momento.
El 1 de septiembre de 1937 había comenzado la gran ofensiva franquista sobre Asturias, único territorio republicano en el Norte, totalmente aislado del resto y bloqueado por mar, por donde cada vez era más difícil introducir armas y alimentos. Desde Asturias se sucedían las llamadas de socorro y las peticiones de armas. El presidente Azaña anota en sus "Diarios de guerra", el 16 de septiembre de 1937: "Entre los partes oficiales que recibo hoy, figura uno de Asturias, pidiendo un refuerzo de 10.000 hombres y municiones. Tendrán que entregarse, porque se les acaban. Califica de criminal el abandono en que se les deja. ¿Qué querrán del Gobierno? Es tarde para todo". Unos días antes, el 13 de septiembre, se habían celebrado en Valencia unos actos de solidaridad con el Norte, en los que se ofreció un apoyo simbólico a los asturianos y a los otros refugiados de la cornisa cantábrica que se acumulaban en su territorio.

El 5 de noviembre se cumplieron 50 años de la muerte de Luis Cernuda en Coyoacán (México), en la casa de Concha Méndez, primera esposa del poeta malagueño Manuel Altolaguirre, que fue el primer editor de su obra. Concha de Albornoz, su amiga asturiana, dirigió una carta a María Zambrano, contando la impresión que le produjo la noticia de su muerte. "Me he quedado como sorda desde que lo sé. Era un gran solitario. Creo que su sensitividad no le permitía tener muchos amigos. A su entierro, según me escribe mi madre, fueron veinte personas; cuatro de ellos de mi familia. No puedo hacer comentarios sobre lo ocurrido. Estoy no sólo sorda, sino también como sin palabras. No puedo creer que Luis ha desaparecido".
Rosa Chacel, la propia María Zambrano, María Teresa León, Nieves Madariaga y, por supuesto, Concha Méndez fueron las mejores amigas de Luis Cernuda, un gran solitario, que en palabras del poeta y escritor mexicano José Emilio Pacheco, premio "Cervantes" 2011: "Vivió en una arisca soledad, cercada de rencor por todas partes: legítima defensa de un ser vulnerable en extremo, de un caído en el infierno que acepta el mal y, al expresarlo, lo conjura".



 El poeta, en el verano de 1935, en la playa de La Linera, con Castropol al fondo.

FUENTE: 

 


Biografía y obra de Luis Cernuda. (1902-1963)

Luís Cernuda Bidón nace en Sevilla un 21 de Septiembre de 1902. Hijo de padre militar, se educó en un ambiente de rígidos principios. Ya desde pequeño se enfrenta a un choque entre unos valores familiares muy estrictos y la propia personalidad tímida y retraída del poeta. El poema "La familia" del libro Como quien espera el alba (1944) puede ser un buen testimonio de esos primeros años de la vida del poeta.
En esos primeros años marcados por la soledad descubre la literatura, y lo hace de manos de Bécquer, autor con el que su poesía presenta importantes contactos, tanto en sus primeros versos (Perfil del aire) como en otros libros posteriores (no debemos pasar por alto que el título del libro Donde habite el olvido está sacado de un verso de Bécquer).
En 1919 comenzó los estudios de Derecho en la Universidad de Sevilla. Allí conoció a Pedro Salinas, que fue su profesor e introductor serio en la literatura. En estos años descubre también a un autor francés que le influirá poderosamente, Andre Gide, y en el que encontrará el poeta sevillano un paralelo de sí mismo. En 1923, deja la Universidad para el servicio militar; ingresa en el regimiento de Caballería de Sevilla. En 1924, vuelve para seguir la carrera, la cual terminará en 1926. Asiste a los actos celebrados con motivo del tercer centenario de la muerte de Góngora, pero solo como oyente, aunque ya había conocido varios miembros de lo que sería denominado después la Generación del 27.
En 1928, Salinas le ayuda a conseguir una plaza como lector de español en la Universidad de Toulouse. Allí comenzará a redactar los poemas de lo que será su libro Un río, un amor, inspirado directamente en la música de jazz y blues (el poema "Quisiera estar solo en el sur" alude directamente a ella) y en el cine. Se muda a Madrid en 1929. Allí trabaja en la librería de León Sánchez Cuesta y se enamora de un tal Serafín que no le hizo ningún caso. A este amor corresponden los libros Donde habite el olvido y Los placeres prohibidos. Nunca negó su condición homosexual, factor por el que fue considerado siempre un rebelde, dada la mentalidad cerril y poco abierta de la España de Posguerra, "un país donde todo nace muerto, vive muerto y muere muerto", como dirá en Desolación de la Quimera. Aspecto también que le otorgaba siempre un grado de marginalidad, "como naipe cuya baraja se ha perdido" es una de sus frases más conocidas.
Al proclamarse la República, la recibe con ilusión, y siempre se mostrará dispuesto a colaborar con todo lo que fuera buscar una España más tolerante, liberal y culta. Como ejemplo de esto último tenemos su participación en la Misiones Pedagógicas y Culturales que organiza el gobierno de la II República desde 1934.
Estos años son también de compromiso y acción política: Cernuda se afilia al Partido Comunista por breve espacio de tiempo y colabora en revistas de marcado carácter izquierdista, como es el caso de El Heraldo o la revista Octubre, fundada por Rafael Alberti. Pero los primero años treinta son también los del descubrimiento por parte de Cernuda de la obra de los poetas románticos alemanes (Novalis, Heine, Hölderlin), así como el inicio de su faceta de traductor. Durante la Guerra Civil participó activamente desde las trincheras culturales organizando actividades de todo tipo, como es la fundación de la revista Hora de España, o la participación en el II Congreso de Intelectuales Antifascistas realizado en Valencia.
En 1938 viaja al Reino Unido, donde trabaja de lector de español en la Universidad de Glasgow, la Universidad de Cambridge y el Instituto Español de Londres, pasando los veranos en Oxford en compañía del pintor Gregorio Prieto. Ya no volvería más a España. Allí profundizará en la lectura de los clásicos ingleses y descubrirá la obra de autores que le influirán poderosamente, caso de T.S. Elliot.
En 1947, gracias a la mediación de su amiga Concha de Albornoz, consigue una plaza de profesor en la universidad norteamericana de Mount Holyoke, y logra por fin la ansiada estabilidad económica, y en la que permanecerá hasta 1952.
Pasó a México en 1952, donde se enamoró de un culturista, a quien están dedicados los Poemas para un cuerpo. Trató con Octavio Paz y con Manuel Altolaguirre.
Muere el 5 de noviembre de 1963 en la Ciudad de México y es enterrado pocos días después en la sección española del Panteón Jardín.
 Portada de edición de la antología del poeta sevillano Luis Cernuda. Esta edición de 1978 por Plaza & Janés, incluye un estudio de su vida y obra a cargo de Rafael Santos Torroella. http://www.mienciclo.es

No vengo yo en este momento a esta mesa como
amigo de Luís Cernuda, ni amigo vuestro, ni a
ofrecer este banquete para cumplir un rito
gastado ya en tantas farsas con discursitos
decorados, con envidias cubiertas de veneno y
lágrimas de cocodrilo. No vengo tampoco dispuesto
a que mi voz la lleve el aire para recibir en
cambio, como tantas veces, una bandeja de
aplausos coronada por un "muy interesante" de
merengue. Yo vengo para saludar con reverencia y
entusiasmo a mi "capillita" de poeta, quizá la mejor capilla
poética de Europa, y lanzar un vítor de
fe en honor del gran poeta del misterio,
delicadísimo poeta Luís Cernuda, para quien hay
que hacer otra vez, desde el siglo XVII, la
palabra divino, y a quien hay que entregar otra
vez agua, juncos y penumbra para su increíble
cisne renovado……


Federico García Lorca. 

FUENTE: Poetas Andaluces

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