6 de noviembre de 2013

La historia no olvida en Turón, "La verdad sobre el Pozu Fortuna"

La verdad sobre el "Pozu Fortuna".

                                                Ilustración de: Alfonso zapico 

De cómo los vencedores de la Guerra Civil hicieron desaparecer en un agujero del valle de Turón a un número indeterminado de opositores, que puede llegar a los 300.


                                      Ilustración de: Alfonso zapico.
http://www.lne.es
Parte - I.
Noviembre de 1938, El pequeño Florentino González baja solo por el camino que une San Justo con Villandio, donde vive con su familia. El hambre que dejó la guerra le obliga a subir frecuentemente hasta el pueblo más alto del concejo de Mieres para recoger unas botellas de leche que le guardan allí sus tías. Nunca sale de allí a una hora tan avanzada, pero esta tarde la niebla ha tardado en despejar los montes y les ha costado encontrar las vacas, que son el principal sustento de todos.
Florentino baja sintiendo entre los castaños el aire que ahora le acompaña en su vuelta a casa, ya está casi abajo y puede ver la explanada donde se abre el Pozu Rincón, un enorme agujero de treinta metros de profundidad y un diámetro de cuatro en el que se estaba trabajando para abrir una explotación minera cuando el alzamiento de los militares contra la República paralizó el país.
Ahora oye con claridad el sonido de un motor y atendiendo el consejo de su padre se esconde rápidamente. Serán las dos de la madrugada cuando distingue las luces de una camioneta que sube por la carretera desde Turón. Él está oculto tras el depósito de agua que domina el paraje y tiene la desgracia de contemplar una escena que aún recuerda con claridad a sus 86 años: Es un vehículo como los que utilizan los guardias de asalto, con toldo verde, y ve descender de su caja a un grupo de hombres y mujeres; poco después, por el sentido contrario de la carretera, desde Urbiés, bajan otros dos camiones que aparcan en el lugar para dejar también su propia carga humana.
Luego llega el horror. El niño contempla paralizado como uno tras otro y sin que medien disparos aquellos infelices son arrojados vivos al pozo; ni sus gritos de súplica ni su llanto hacen mella en los asesinos, vestidos de paisano, que no respetan edades e incluso se jactan de su acción cuando una mujer embarazada les hace saber su condición pidiendo clemencia.
Cuando Florentino llega a casa, el miedo le gana la partida y se impone el silencio. Lo mismo que sucede con los testigos de otras noches similares y con aquellos que cuando vuelve la luz de la mañana evitan pasar por el lugar para no oír los estremecedores lamentos a veces lanzan algunos moribundos desde su agonía en las profundidades. El infierno no puede ser peor que eso.
Parte - II.
El proyecto de profundización del pozu Rincón se inició en junio de 1930 con una petición por parte de la Sociedad Hulleras de Turón al Ayuntamiento de Mieres solicitando permiso para desviar la carretera que busca la salida del valle por el paso de Urbiés. La propuesta que se presentó consistía en desviar unos 60 metros de carretera para despejar el terreno firme necesario para asentar las máquinas, permitir la maniobra de vagones y empezar el brocal del pozo en una propiedad que pertenecía en parte a la propia empresa y el resto de la viuda de Inocencio Fernández, que había cambiado su apellido por el de Figaredo en 1925.
Con la guerra civil se interrumpió la operación de calado y el lugar fue elegido a partir de 1937 para hacer desaparecer a un número indeterminado de opositores a la política de los vencedores, que puede llegar a los 300, ya que consta que fue utilizado en varias ocasiones con este fin hasta pasado el inicio de la década de los 40, cuando se supo que había aparecido el cadáver de una mujer flotando en el agua que en aquel momento anegaba el pozo. El cuerpo no se había llegado a hundir porque la habían arrojado allí con un tronco atado en la parte posterior de las rodillas, seguramente a consecuencia de alguna tortura y fue enterrado apresuradamente a pocos metros de donde fue encontrado.
Se ha escrito que cuando acabaron las matanzas la empresa Hulleras de Turón selló el pozo y cerró la explotación y que una vez recuperada la actividad extractiva en el valle, no pensó nunca más en su apertura, pero no es así. El investigador José Luis Soto ha localizado los planos de un nuevo proyecto de profundización fechado el 4 de febrero de 1966. El documento presenta el plan diseñado por una empresa alemana para una jaula de dos pisos con dos compartimentos capaces de soportar el peso de 4 vagonetas y 44 personas, pero lo más llamativo es que estaba pensada para una explotación con nada menos que 15 plantas y 790 metros de profundidad. Lógicamente nunca llegó a ponerse en marcha, seguramente para evitar que el inevitable encuentro con los restos trajese de nuevo el recuerdo de aquellas matanzas.
Luego llegaron décadas de miedo, silencio y olvido, hasta el punto de que la mayor parte de quienes siguieron trabajando en las instalaciones de Fortuna, abiertas a pocos metros de la ubicación del pozo de la infamia, conocían su historia pero eran incapaces de reconocer el lugar exacto en el que se encontraba.
Parte - III.
En el año 2003, Alfredo Valles "Audaz", se empeñó en sacar a la luz el lugar exacto en el que se ubicaba la caña del pozo Rincón con el objeto de honrar la memoria de los asesinados y de convertir la fosa en una tumba digna donde se pudiese recordar su tragedia. La búsqueda arrancó en la primavera con el empleo de un moderno georradar que no logró cumplir su objetivo, pero en mayo aparecieron los restos humanos de aquella mujer que había sido sepultada al lado del pozo y que siempre se identificó con una vecina de Urbiés y el juzgado de Mieres ordenó paralizar la investigación hasta que se determinase con claridad su antigüedad.
Cuando los forenses aseguraron que se trataba de un enterramiento que superaba los cincuenta años, se reanudaron las prospecciones, pero esta vez Alfredo Valles, aprovechando que en la plaza del pozu Fortuna se encontraba una máquina de obras del Principado de Asturias a la espera de iniciar unos trabajos de adecuación de la zona, solicitó al responsable de los trabajos la autorización del Gobierno regional para realizar unas catas en el terreno a modo de sondeo para localizar la falla en el terreno.
De nuevo llegó la desilusión, porque después de abrir en más de una veintena de puntos, no se llegó a ningún resultado. Más tarde se supo que una de las razones era que mientras la pala llegaba a profundizar 1,50 metros el arquillado del pozo se encontraba a 1,70 metros, aunque la explicación definitiva de aquel misterio demostró que había otro motivo para que el pozo no apareciese.
Fue de nuevo "Audaz" quien tuvo la idea de buscar en la documentación lo que se negaba a dar la tierra y para ello le pidió a la historiadora mierense Nuria Vila que intentase localizar los planos originales del lugar. Esta vez sí hubo suerte y Nuria pudo encontrar en el Archivo Histórico de Asturias un mapa de Hulleras de Turón fechado en 1927, formando parte de un expediente para un proyecto que consistía en levantar dos tolvas en la plaza del pozo. La sorpresa llegó cuando se pudo comprobar que durante el franquismo la carretera se había desviado intencionadamente de su trazado original para que pasase por encima de la caña.
Un plan de ocultación perfecto que se vino abajo cuando en diciembre de aquel año la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, con la ayuda de los trabajadores del Ayuntamiento de Mieres por fin pudo sacar a la luz el reborde del pozo.
Desde aquel momento empezaron a depositarse ramos de flores sobre el fatídico hueco al tiempo que se sopesaba la posibilidad de exhumar los cadáveres, pero después de un examen directo, dada la cantidad de restos y su pésimo estado de conservación que iba a imposibilitar su identificación y contemplando también las diferentes opiniones de las pocas familias que tenían la seguridad tener allí algún muerto, se optó por convertir al propio pozo en un panteón colectivo que sirviese de recuerdo común a todos los que fueron asesinados allí.
El 14 de abril de 2006 la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica ya pudo convocar su primer acto público en la explanada del Fortuna y finalmente en octubre de aquel año quedó inaugurada la Senda Verde de Turón, financiada por la Viceconsejería de Medio Ambiente del Principado, cuya apertura había sido decisiva para impulsar la localización. Hoy el pozo está dignificado con un monolito que lo señala, promovido por el Ayuntamiento de Mieres y realizado por el artista turonés Varela, junto a él pueden verse una serie de paneles informativos sobre su historia y cuenta con un centro de interpretación abierto en lo que fue la antigua carpintería de la explotación minera.
También en su nombre se da anualmente un premio cuyo renombre traspasa nuestras fronteras, que distingue a aquellas personas o colectivos destacados en la lucha por la paz, la concordia y la defensa de la justicia. El día de la entrega se reúnen allí los familiares de los asesinados y muchos ciudadanos que quieren honrar su memoria. También cada año se repite la letanía de aquellos que se empecinan en silenciar esta parte de nuestra historia. Allá cada cual con su conciencia, pero no deberían olvidar que las víctimas del Pozu Rincón dieron sus vida por conseguir las libertades que hoy disfrutamos todos, ellos incluidos.


                                     Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR.
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La Nueva España     *Prensa escrita - <<miércoles 3 de mayo de 2006>>


El pozo Fortuna, de Turón, símbolo de la represión. 

                          Ilustración de: Alfonso zapico.

En Mieres, el pozo Fortuna, en Turón, tiene el macabro honor de ser uno de los símbolos de la represión. Posiblemente haya más de 300 víctimas. Aún existen testigos vivos que presenciaron desde el bosque la llegada de camiones y cómo arrojaban los cuerpos al pozo. «En Mieres, cerca del lugar donde se encuentra actualmente un concesionario de coches hay testimonios de una fosa con varias zanjas que, por su tamaño, podría acoger a más de una veintena de víctimas», asegura Álvarez.

Otras informaciones también hablan de posibles enterramientos colectivos bajo el patio del Colegio La Salle, en el Llanu la Tabla o en los montes de Urbiés. También se alude a enterramientos en Peña Rega, al sur del Picu Siana, y en la Güeria de San Juan. En Lena, hay datos sobre fosas en la subida a Pajares. En una de ellas se habla de siete asesinados. También hay reclamados de una fosa en La Ceposa, en las cercanía de Sotiello. Sin embargo, en el valle del Caudal también hay abundantes túmulos con uno o dos asesinados, cuya localización no aparece descrita.
                                
                                       Ilustración de: Alfonso zapico.

Otra de las zonas más castigadas por la represión fue el concejo de Aller. «En la fosa de Felechosa hay varias personas reclamadas, entre ellas una niña de 15 años que, según se cuenta, reconoció a su padrino entre los asesinos; allí puede haber entre 25 y 35 víctimas. En El Puente de las Muñecas hay varias reclamaciones, pero las estimaciones sobre el número de enterrados son contradictorias ya que unos hablan de unas 15 víctimas y otros de más de 30», apunta Álvarez. En la carretera de subida a San Isidro se estima la existencia de numerosas fosas de pocas víctimas.

En el resto del concejo de Aller existen reclamaciones de personas enterradas en la Colladona, Cabañaquinta, Moreda o Caborana. También hay informaciones de otras en El Pino, El Rasón o la estación de Collanzo. «La cifra final de desaparecidos del concejo no se conoce, pero podrían estar entre los 300 y los 400», apostilla Álvarez.
                         
                                      Ilustración de: Alfonso zapico.

FUENTE: M. A. G. - La Nueva España                                                      [-------------------------------------------]

* Prensa escrita <<Archivo - 30 de noviembre de 2003>>

El mapa que abre la fosa del pozo Fortuna

Una historiadora mierense halla un documento de Hulleras de Turón de 1927 que permite localizar la caña de la explotación.
                                      Ilustración de: Alfonso zapico

El pozo Fortuna dejó de ser en la guerra civil una explotación minera para convertirse en una tumba. Toneladas de tierra y el paso de los años dejaron en el olvido aquella fosa común del valle de Turón que desde hace meses tratan de localizar sin éxito los integrantes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Un antiguo mapa con más de setenta años ha permitido fijar ahora con exactitud el lugar donde se encuentra la caña de la vieja explotación, cercana al pueblo de San Andrés.
El documento dormía en el Archivo Histórico de Asturias, en Oviedo, y allí dio con él la historiadora mierense Nuria Vila. El mapa data de 1927 y forma parte de un expediente de Hulleras de Turón, la compañía que explotaba el pozo Fortuna. La empresa proyectaba levantar dos tolvas y por ello efectuó este diseño que recoge toda la plaza del pozo, incluida la caña. Vila aseguró que "no fue complicado dar con el documento, ya que este tipo de fondos mineros están en el Archivo Histórico".
Ahora será posible iniciar la excavación. Una década después de que el ingeniero de Hulleras de Turón firmara el plano, el pozo Fortuna se transformó en la fosa común de uno de los valles mineros más ahogados por la represión franquista. Uno de los miembros del colectivo para la Recuperación de la Memoria y vecino de la zona, Alfredo Vallés, asegura que ahora la búsqueda de la caña será sencilla. Pero quizás nunca se consiga es averiguar el número de ajusticiados arrojados al pozo en torno al año 1937. "Nadie sabe cuántos cadáveres hay dentro", explica. Por el momento, hay unas quince reclamaciones de vecinos del valle turonés con familiares desaparecidos que creen que pudieran estar en el Fortuna. Tras la guerra, la compañía minera selló el pozo y cerró la explotación.
Las excavaciones se reanudarán en breve. Los trabajos para localizar la caña arrancaron la pasada primavera, pero ni siquiera un moderno georradar logró dar con la boca. En mayo, el juzgado de Mieres ordenó paralizar la investigación cuando aparecieron huesos humanos en la zona. Los forenses determinaron finalmente que los restos encontrados llevaban allí más de cincuenta años y el juzgado permitió reanudar las prospecciones.
El gobierno de Mieres colaborará de forma activa en estas tareas. De hecho, ya puso todos los medios técnicos para tratar de dar con la caña del pozo. En el presupuesto municipal hay una partida reservada para levantar un monolito en recuerdo de las víctimas una vez que esté localizada la boca del Fortuna. El ejecutivo local no quiere que los fallecidos sean olvidados, aunque aún no se ha definido que tipo de construcción conmemorativa se erigirá finalmente.
La de San Andrés de Turón es la segunda excavación de una fosa común en la comarca. El mismo colectivo inició en Cabañaquinta (Aller) la primera exhumación en suelo asturiano. Los trabajos, sin embargo, resultaron infructuosos hasta que un testigo reorientó a los investigadores sobre el lugar exacto donde estaban los restos.

                                               Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE:  BELEN ALONSO
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"Memoria". Autor: Carlos Barros, Director de "Radio Parpayuela" - Mieres.

                               Ilustración de: Alfonso zapico.
En recuerdo de las personas represaliadas en el Pozo Fortuna o en la fosa de Cabacheros.
                               Ilustración de: Alfonso zapico
http://noticiasparpayuela.blogspot.com.es
Era de noche, ya casi de madrugada, de un día de primavera de 1942. En la única habitación de la casa más «ruina» del Barrio Gonzalín, en Mieres, dormían en una cama tres muchachos de 21, 12 y 11 años y, al lado, en otra, su madre de 42 con sus dos hermanas de 16 y 10 años.
En medio del silencio y del miedo que reinaba en aquella casa, hacía apenas un año que habían fusilado al padre de 42 años por el único delito de confiscar una estufa, alguien llamó a la puerta, en el interior, a pesar de que aún no dormían, se dio la callada por respuesta. Aquellos días por el barrio, por todo Mieres y por toda Asturias, era normal que grupos de fascistas descontrolados, con la aquiescencia y complicidad del régimen franquista, se dieran una vuelta a altas horas, acompañados de la soberbia y el odio más visceral, a buscar hombres, mujeres y jóvenes muchachos para invitarles a dar un «paseo» en medio de las tinieblas.
Así, no era raro el día en que alguien apareciese muerto de varios tiros al lado del camino, otro día, aquél al que invitaron a «pasear» nunca volvió, de él nunca más se supo, jamás se investigó su desaparición, a pesar de que todo el mundo sabía que lo habían matado y enterrado «allí», justo no donde debía ocurrírsete jamás ir a mirar si no querías acompañar al cadáver donde este yacía.
En el mismo momento de aquella noche de 1942, cuando en la casa del Barrio Gonzalín se escuchaban cada vez con más fuerza los golpes en la puerta, un camión, acompañado de un coche que le seguía, transportaba seis hombres y dos mujeres con las manos atadas a la espalda en su caja, estaba previsto que cruzasen el Puerto San Isidro y llegasen a la cárcel de San Marcos de León horas después.
Alguien seguía aporreando la puerta, los golpes se tornaban cada vez mas violentos, dentro de la casa todos estaban tensos, el miedo que se olía hacia minutos, les recorría la columna vertebral y atenazaba sus gargantas, deseaban, suplicaban que aquello no fuese verdad, que no estuviese sucediendo. El aliento y los golpes del corazón se agolpaban en la garganta y la respiración apenas se quedaba en la boca, hasta que el chico mayor, con un hilo de voz, se acerco a la madre y le dijo: «No aguanto más madre, voy a abrir».
El ruido que producían el coche y el camión, abrían una brecha desigual en el silencio de la oscuridad, sentados en la caja aquél puñado de hombres y mujeres no hablaban, solo deseaban que no se detuviesen? por favor, que no se detuviesen?, acababan de pasar las tenues luces de Felechosa y las montañas del puerto, que apenas se percibían, parecían un muro infranqueable.
«Por tus hermanas y tu padre, que en paz esté, te pido que no abras», suplicó la madre, «no aguanto más madre», le respondió y soltándole las manos con firmeza pero con ternura le dijo: «Déjeme por favor» ambos sabían que, tarde o temprano, tendrían que enfrentarse al miedo, en aquel momento, con la resignación que sólo viven los que van a ser ajusticiados, la madre solo pudo bajar los ojos que estaban ya llenos de lágrimas y esperó.
La comitiva redujo la velocidad lentamente y aparcó al borde de la carretera, del camión bajaron cuatro hombres de uniforme y del coche lo hicieron otros cuatro que iban de paisano, todos ellos armados con fusiles y metralletas.
El muchacho se acercó a la puerta y respiró ampliamente llenando sus pulmones, el corazón palpitaba cada vez más rápido en su pecho, lo sentía en los oídos y en las encías de los dientes, pensó que si no contestaba inmediatamente perdería el conocimiento: «¿Quién llama?».
El portón trasero del camión se abrió al tiempo que se escuchó: «Vamos bajad, bajad», uno de los detenidos gritó: «¿Qué pasa, por qué paramos aquí? La respuesta llegó de uno que vestía de paisano: «Y a ti qué cojones te importa hijo puta». Otro con ropas de militar se apresuró a decir: «Vamos bajad, tenemos que echarle agua al motor que se ha calentado, bajad». Todos obedecieron, no dijeron nada más, deseaban, necesitaban creer en aquellas palabras y mansamente se apearon. «Colocaos allí, todos juntos y de rodillas», y a empujones fueron llevados hasta el borde del camino, haciéndoles arrodillarse.
«¿Vive ahí, Ramón el panaeru?», preguntaron desde fuera. «No, aquí no vive, ¿quién pregunta por él?», preguntó el muchacho. «Soy un campañeru d'el, ye que tenemos que ir a trabayar y ta faciéndose muy tarde», el muchacho abrió el cuarterón de la puerta casi con ira. «¿Quién coño eres?» al tiempo que preguntaba, percibió la figura de un hombre que se tambaleaba ebrio. «Soy Quelo oh, toy buscando a Ramón to la noche y?». El muchacho no le dejó acabar. «Vive dos casa mas arriba», le contestó y tras cerrar con brusquedad la puerta, apoyó la espalda contra ésta y deslizándose lentamente cayó de rodillas, y mientras sollozaba dejó que el miedo le fuese abandonando en silencio.
Su madre se acercó y le rodeó con los brazos apretándole contra sí tan intensamente como pudo, después todos sus hermanos le abrazaron, en ese preciso momento sintió como su cuerpo, agonizante, retornaba de la pesadilla.
La tarde de aquel día que se acababa, había llovido y el frío y la humedad del suelo se notaba en las rodillas a través del pantalón. Fue lo último que sintieron, el sonido de los disparos que reventaron sus cabezas solo los escucharon sus asesinos que, a patadas, empujaron los cadáveres un par de metros más atrás, justo donde días antes habían abierto una zanja para albergar sus cuerpos.
Aquella noche no le tocó morir a aquel muchacho de 21 años, aquella noche morían otros en Cabacheros, asesinados cruelmente por un grupo de fascistas resentidos.
El otro día oí a alguien que decía a mi interlocutor, de quien me había alejado unos metros tras hablar con él un rato de memoria histórica: «Tanta memoria histórica, tanta memoria histórica, yo lo que quiero ye que el mi fiu tenga trabayu, eso de la memoria no importa a nadie».
Por aquella madre y por aquellos muchachos que vivieron décadas con el corazón encogido sin marido y sin padre, por los asesinados y enterrados en las fosas comunes, por los que apostaron por la República y por la libertad, por todos los que dieron su vida por ella, ¡cállate, bocazas cállate, quién te pide nada a ti!
Fue tanta la pena y el desamparo, la miseria y el desprecio, fueron tantas las injusticias, fueron tantos los años teniendo que cruzarse por la calle con los asesinos de sus padres, de sus madres, de sus hermanos, de sus hijos..., se derramaron tantas lágrimas entonces, y aún quedan tantas por derramar?
Quien no lo crea, puede ir al Pozu Fortuna el día en el que se celebra el homenaje a los que allí fueron arrojados, y comprobará que son muchas las personas que se acercan a su brocal para «ver» a sus seres queridos a través de la tapa de cemento que lo recubre, así sabrá porque las flores que allí se depositan van cargadas de amor, de ternura y de admiración y salpicadas de unas gotas de rabia contenida y de impotencia.
El camión y el coche dieron media vuelta cumplido el encargo. Al llegar a sus casas, los asesinos aún tuvieron tiempo para dar las buenas noches a sus hijos y hacer el amor con sus mujeres, aunque todo ello debería ser muy rápido, al día siguiente tenían que llegar pronto a misa de diez, había que estar, como siempre, en primera fila.
                     Carlos Barros en los estudios de Radio Parpayuela (Mieres).

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NOTA: Todas las ilustraciones de este reportaje son del dibujante asturiano Alfonso Zapico

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