16 de noviembre de 2013

La expedición Malaspina (1789-1794)

Malaspina, Jovellanos y los cazatesoros.

Alexandro Malaspina. 

El litigio sobre el oro del pecio del «Mercedes» rescata la aventura de la expedición científica española que, promovida por un ministro de Marina asturiano, recorrió las costas del Imperio.

El 5 de octubre de 1804 una flotilla española con casi 1.100 hombres al mando del brigadier José de Bustamante y Guerra navegaba en las aguas del Atlántico y estaba a punto ya de alcanzar las costas del Algarve, en Portugal. Había salido casi dos meses antes de Montevideo y el viaje había resultado plácido. Pero a las puertas de España surgió la tragedia. Una flota inglesa interceptó al «Nuestra Señora de las Mercedes», «La Clara», «La Medea» y «La Fama». Una flota con ganas de guerra. Incomprensible, porque España y Gran Bretaña vivían tiempos de paz. El resultado fue estremecedor: dos buques españoles hundidos, 269 hombres muertos (por tan sólo dos de los ingleses) y las otras dos fragatas apresadas. Tres semanas más tarde, España declaraba la guerra a los ingleses. En Francia, un recién coronado emperador Napoleón se frotaba las manos.
La historia naval conoce aquel suceso como la batalla del cabo de Santa María, y uno de los barcos españoles destruidos y hundidos era la fragata «Nuestra Señora de las Mercedes», la misma de la que los cazatesoros de la empresa norteamericana Odyssey Marine Exploration extrajeron decenas de toneladas de oro que ahora reclama el Gobierno español. El supuesto expolio en alta mar se produjo en 2007 y desde entonces late un litigio internacional cuyo primer gran asalto lo ganó, fuera de casa, España, cuando un Juzgado de Tampa (Estados Unidos) dio la razón a nuestro país en su objetivo de recuperar el tesoro. La lucha es a brazo (judicial) partido, porque lo que Odyssey recuperó de las tripas carcomidas de la fragata se estima en unos 3.000 millones de euros de los de hoy.
Con el hundimiento del «Mercedes» se hundió también buena parte de la fama de Bustamante, un marino cántabro que con 25 años ya era capitán de fragata y que tuvo que pasar un injusto consejo de guerra para explicar la rendición frente a los ingleses. Salió absuelto, y quizás en ello tuvo que ver la increíble aventura que Bustamante había vivido años atrás como protagonista de la «expedición Malaspina», el mayor proyecto científico emprendido por España hasta aquella fecha y el mayor reto de investigación náutica de la Europa del momento. La «Malaspina» comenzó en 1789 y terminó en 1794. Durante cinco años dos buques diseñados para la ocasión recorrieron una a una las costas del Imperio español, desde América del Sur hasta Alaska, y desde México hasta Filipinas y Australia. Malaspina era el apellido del segundo promotor de la aventura. Alexandro Malaspina era italiano, marino de vocación y profesión a las órdenes de la Corona de España. Un tipo intrépido que, cuando regresó a España después de cinco años de servicios a bordo, no se le ocurrió otra cosa que criticar la situación de las colonias. Acabó preso.
En la génesis del gran viaje científico español a finales del siglo XVIII encontramos una conexión asturiana. Su principal valedor en la corte fue el entonces ministro de Marina, Antonio Valdés y Fernández Bazán, quien, aunque nacido en Burgos, tenía amplios orígenes en el Principado. De aquella saga nos queda el llamado palacio de Candamo, hoy sede del centro de interpretación del arte rupestre en el citado concejo astur. Antonio era hijo de Fernando de Valdés Quirós, que había sido ministro de Hacienda, relacionado con el marquesado de Casa Valdés. El segundo marqués en la lista nobiliaria fue José Félix Valdés, casado con Manuela Armada de los Ríos, un matrimonio que entroncaba dos estirpes familiares de enorme influencia en Asturias, tanto anterior como posterior al siglo XVIII. El palacio de Candamo, declarado en 2004 bien de interés cultural (BIC) asturiano, fue posteriormente propiedad de los marqueses de Santa Cruz.
Antonio Valdés y Fernández Bazán llegó a ministro de Marina con 38 años y obtuvo el rango de capitán general de la Armada. Llegó a tener una buena amistad con el asturiano Gaspar Melchor de Jovellanos. Se asegura que Antonio Valdés fue decisivo a la hora de elegir Gijón, y no Oviedo, como sede del Instituto de Náutica y Mineralogía, el embrión del Instituto Jovellanos, promovido por el político gijonés. Cuando Jovellanos plantea la idea, diversos sectores ovetenses defendieron la opción de la capital, que a fin de cuentas era la sede de la Universidad asturiana. Jovellanos barría para casa y contó, además, con el respaldo del ministro. No había más que hablar.

                   Gaspar Melchor de Jovellanos: 1797

Es seguro que Jovellanos conocía la «expedición Malaspina». Las fragatas «Atrevida» y «Descubierta» partieron del puerto de Cádiz el 30 de julio de 1789, llevando a bordo astrónomos, hidrógrafos, botánicos y una marinería selecta y escogida. Se incluían también naturalistas, dibujantes y marinos de carrera como Alcalá Galiano, que años más tarde se convertiría en uno de los héroes de Trafalgar.
Cuando la expedición parte rumbo a América, en 1789 (el año de la Revolución Francesa), Jovellanos había caído en desgracia. Meses después iniciaría su injusto aunque muy provechoso destierro en Asturias. A la vuelta de la «Malaspina», en 1794, Jovellanos veía inaugurado su Instituto de Náutica.
Los promotores de la expedición, Bustamante y Malaspina, dejaron atrás una España y se encontraron a la vuelta con otra bien distinta. Godoy era ya primer ministro, Luis XVI había sido guillotinado en Francia y una ola de conservadurismo campaba por la piel de toro. Los miles de dibujos, catálogos minerales, mapas y escritos que los hombres de la «Malaspina» habían realizado durante cinco largos años en el mar y de costa a costa acabaron en el baúl del olvido y algunos irremediablemente perdidos. El tiempo los fue rescatando, en parte. El herbario del botánico Luis Née fue heredado por el Botánico de Madrid. Allí sigue.
Fernando Ramírez de Haro es el XV Conde de Murillo y grande de España, pero su salto a la «fama» tiene que ver con su mujer, Esperanza Aguirre, la presidenta de la Comunidad de Madrid. El segundo apellido del conde es Valdés, que inevitablemente le emparenta con Asturias. La relación le viene de su madre, Beatriz Valdés y Ozores, marquesa de Casa Valdés, casa nobiliaria del Principado, nacida en 1926. Beatriz e Ignacio Fernando Ramírez de Haro se casaron en los años cuarenta y tuvieron seis hijos.
De hecho, Fernando Ramírez de Haro y Esperanza Aguirre suelen pasar todos los años algún día del verano en Pravia, donde la familia tiene casa. Siguen, así, una tradición familiar mantenida desde hace generaciones. Los más veteranos de la villa recuerdan a Beatriz Valdés, junto a sus hermanas María y Micaela. Eran nietas de Félix Valdés de los Ríos, titular del marquesado, e hijas de Juan Valdés Armada, que se casó con María Teresa Ozores Saavedra. Juan Valdés murió en 1982, dejando una inmensa fortuna a sus descendientes.
Beatriz Valdés es suegra de Esperanza Aguirre. Siempre ha sido rica y siempre ha sido discreta. Fuentes periodísticas le atribuyen la propiedad de casi un millón y medio de metros cuadrados de terreno en fincas en la provincia de Guadalajara, directa o indirectamente afectadas por el paso del tren de Alta Velocidad. Esperanza Aguirre y Fernando Ramírez de Haro se casaron en 1974 y tienen dos hijos.
                        Antonio Valdés y Fernández Bazán.

FUENTE:  EDUARDO GARCÍA
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Malaspina, Alejandro.


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Alejandro Malaspina. Fue un noble y marino italiano al servicio de España, brigadier de la Real Armada, célebre por protagonizar uno de los grandes viajes científicos de la era ilustrada, la llamada Expedición Malaspina (1788-94). Tras conspirar para derribar a Manuel Godoy, cayó en desgracia, lo que llevó al olvido de sus grandes logros.

 Alejandro Malaspina y Melilupi (Mulazzo, 5 de noviembre de 1754 - Pontremoli, 9 de abril de 1809) Alessandro Malaspina nació en Mulazzo, actual Italia, entonces parte del Gran Ducado de Toscana. Sus padres fueron el marqués Carlo Morelo y Caterina Meli Lupi di Soragna. De 1762 a 1765 él y su familia vivieron en Palermo, bajo la protección de su tío, el virrey de Sicilia Giovanni Fogliani d'Aragona. De 1765 a 1773 estudió en el Colegio Clementino en Roma, aceptando en 1773 ingresar en la Orden de Malta. Vivió en Malta un año, donde aprendió rudimentos de navegación en la flota de la Orden. En 1774 ingresó en la Marina Real española. El 18 de noviembre de ese año recibió el grado de guardiamarina.
  Al servicio de España. Durante los años 1775 y 1776 Malaspina tomó parte en varias acciones armadas en el norte de África (una de ellas, en enero de 1775, una expedición en auxilio de Melilla, asediada por partidas de piratas berberiscos). De 1777 a 1779, a bordo de la fragata Astrea, participó en un viaje a las Filipinas (ida y vuelta rodeando el Cabo de Buena Esperanza). Durante el mismo fue ascendido a teniente de fragata (1778). Tomó parte en varias acciones contra los británicos en 1780, tras lo cual fue ascendido a teniente de navío.
En 1782 Alejandro Malaspina fue denunciado ante la Inquisición como hereje, pero no fue encarcelado ni juzgado. Ese año tomó parte en el Gran Asedio a Gibraltar. Durante 1783 y 1784, Malaspina como segundo del comandante de la fragata Asunción, llevó a cabo un segundo viaje a las Filipinas. De septiembre de 1786 a mayo de 1788, al mando de la fragata Astrea, hizo un tercer viaje a las Filipinas, comisionado por la Real Compañía de Filipinas. Esta vez se trataba de una vuelta al mundo. 

                        José de Bustamante y Guerra, colega de Malaspina

La expedición Malaspina. En septiembre de 1788, junto con su colega José de Bustamante y Guerra, propone al gobierno español organizar una expedición político-científica con el fin de visitar casi todas las posesiones españolas en América y Asia. Este viaje se conocería como expedición Malaspina. La expedición zarpó de Cádiz el 30 de julio de 1789. 

Mercado de Manila, llamado el Parián. Juan Francisco de Ravenet y Bunel. Colección de dibujos y grabados de la Expedición Malaspina 1789-1794. MN Es éste el único dibujo conocido del barrio chino de Manila, poco antes de que se ordenase su demolición. Buena parte de los personajes representados fueron objeto de un retrato por parte del mismo artista. 

Regreso y caída en desgracia. Alejandro Malaspina a su regreso a España (21 de septiembre de 1794), presentó un informe, Viaje político-científico alrededor del mundo, que incluía un informe político confidencial, con observaciones críticas de carácter político acerca de las instituciones coloniales españolas y favorable a la concesión de una amplia autonomía a las colonias españolas americanas y del Pacífico dentro de una confederación de estados relacionados mediante el comercio.

En septiembre de 1795, Alejandro Malaspina envió al gobierno español sus escritos, pero éste juzgó poco oportuna su publicación en la situación política por entonces existente. Desencantado, Malaspina tomó parte en una conspiración para derribar a Manuel Godoy, lo que condujo a su arresto el 23 de noviembre. Tras un juicio dudoso, el 20 de abril de 1796 fue condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón de La Coruña. Durante su encarcelamiento, Malaspina escribió ensayos sobre estética, economía y literatura.  


Vista de una torre y parte del pueblo de Samboangan. Fernando Brambila. Colección de dibujos y grabados de la Expedición Malaspina. 1789-1794. MN La casa indígena de Filipinas se caracterizaba por un tejado de dos o cuatro aguas, sostenido por una armadura que descansa sobre cuatro o más pilares de madera, y estaba elevada sobre el terreno con una plataforma de tierra.

Alejandro Malaspina no llegaría a cumplir la totalidad de la condena, pues a finales de 1802 fue puesto en libertad debido a las presiones de Napoleón (a instancias de Francesco Melzi d'Eril) y deportado a Italia. Malaspina partió para su localidad natal a través de Génova, asentándose finalmente en Pontremoli, a 10 km de Mulazzo, entonces parte del reino de Etruria. Allí se involucró en la política local. En 1804 se desplazó a Milán, capital de la República Italiana. En diciembre de ese año, el gobierno de la república le encargó la organización de la cuarentena entre la república y el reino de Etruria durante una epidemia de fiebre amarilla en Livorno. En 1805 fue nombrado miembro del Consejo de Estado del napoleónico Reino de Italia (en el que se había transformado la República Italiana). En diciembre de 1806, se desplazó a la corte del reino de Etruria en Florencia, siendo admitido en la Sociedad Colombina. 

Malaspina en 1782 fue denunciado ante la Inquisición como hereje, pero no fue encarcelado ni juzgado. Ese año tomó parte en el Gran Asedio a Gibraltar. Pero viviría 27 años mas; Alejandro Malaspina murió en Pontremoli en 1809. 

 Expedición Malaspina. 
                     José J. Bustamante y Guerra con Alejandro Malaspina.
 
En septiembre de 1788, Alejandro Malaspina, junto con su colega José de Bustamante y Guerra, proponen al gobierno español la organización de una expedición político-científica, con el fin de visitar casi todas las posesiones españolas en América y Asia. Este viaje se conocería como
expedición Malaspina.

Antecedentes y prolegómenos. 
  
Vista de la ciudad de Buenos Aires. Aguada atribuida al italiano Fernando Brambila, 1794 Fernando Brambila.          (Italia, 1763 - Madrid,1832). 

En 1789 se enroló en la expedición científica de Alejandro Malaspina en calidad de pintor. Especialista en perspectiva, Brambilla pintó paisajes de Guam, las Filipinas, la colonia británica de Sydney, Macao, Perú, Chile y Argentina. De regreso en España, colaboró en la ejecución de grabados basados en sus pinturas, como preparación de la publicación de la memoria de la expedición Malaspina, que nunca se llevó a cabo.

El historiador británico Felipe Fernández-Armesto señala que:
La monarquía española de la época dedicaba al desarrollo científico un presupuesto incomparablemente superior al del resto de naciones europeas. El imperio del Nuevo Mundo era un vasto laboratorio para la experimentación y una inmensa fuente de muestras. Carlos III amaba todo lo referente a la ciencia y la técnica, de la relojería a la arqueología, de los globos aerostáticos a la silvicultura. En las últimas cuatro décadas del siglo XVIII , una asombrosa cantidad de expediciones científicas recorrieron el imperio español. Expediciones botánicas a Nueva Granada, México, Perú y Chile reuniendo un completo muestrario de la flora americana. La más ambiciosa de aquellas expediciones fue un viaje hasta América y a través del Pacífico por un súbdito español de origen napolitano, Alejandro Malaspina.
  
Los propósitos de la expedición serían los siguientes
Incrementar el conocimiento sobre ciencias naturales (botánica, zoología, geología), realizar observaciones astronómicas y «construir cartas hidrográficas para las regiones más remotas de América». El proyecto recibió la aprobación de Carlos III, dos meses exactos antes de su muerte. La expedición, que contaba con las fragatas Atrevida y Descubierta, zarpó de Cádiz el 30 de julio de 1789, llevando a bordo a la flor y nata de los astrónomos e hidrógrafos de la Marina española, como Juan Gutiérrez de la Concha, acompañados también por grandes naturalistas y dibujantes, como el profesor de pintura José del Pozo, los pintores José Guío y Fernando Brambila, el dibujante y cronista Tomás de Suria, el botánico Luis Née, los naturalistas Antonio Pineda y Tadeo Haenke (la calidad de la tripulación no se reducía a su dotación científica: asimismo participó en la expedición Alcalá Galiano, que moriría heroicamente en Trafalgar). Los navíos fueron diseñados y construidos especialmente para el viaje y fueron bautizados por Malaspina en honor de los navíos de James Cook Resolution y Discovery (Atrevida y Descubierta). 

                                Grabado "Baile de mujeres en Vavao"

La expedición.

Después de fondear durante unos días en las islas Canarias, navegaron por las costas de Sudamérica hasta el Río de la Plata, llegando a Montevideo el 20 de septiembre. De ahí, siguieron hasta las islas Malvinas, recalando antes en la Patagonia. Doblaron el Cabo de Hornos y pasaron al Pacífico (13 de noviembre), explorando la costa y recalando en la isla de Chiloé, Talcahuano, Valparaíso, Santiago de Chile, El Callao, Guayaquil y Panamá, para alcanzar finalmente Acapulco en abril de 1791.

Al llegar allí, recibieron el encargo del rey Carlos IV de encontrar el Paso del Noroeste, que se suponía unía los océanos Pacífico y Atlántico. Malaspina, en lugar de visitar Hawaii como pretendía, siguió las órdenes del rey, llegando hasta la bahía de Yakutat y el fiordo Prince William (Alaska), donde se convencieron de que no había tal paso. Volvió hacia el sur, hasta Acapulco (a donde arribó el 19 de octubre de 1791), después de haber pasado por el puesto español de Nutka (en la isla de Vancouver) y el de Monterrey en California.

En Acapulco, el virrey de Nueva España ordenó a Malaspina reconocer y cartografiar el estrecho de Juan de Fuca, al sur de Nutka. Malaspina requisó dos pequeños navíos, Sutil y Mexicana, poniéndolos bajo el mando de dos de sus oficiales, Alcalá Galiano y Cayetano Valdez. Dichos barcos dejaron la expedición y se dirigieron al estrecho de Juan de Fuca para cumplir la orden. 


 Expedición de Alejandro Malaspina. Vista del Chimborazo con parte del Río Guayaquil (Guayas). José Cardero. Tinta y aguada sepia MN Ms. 1726 (41) Museo Naval Madrid.
  
El resto de la expedición puso rumbo al Pacífico, navegando luego a través de las islas Marshall y Marianas y fondeando en Manila (Filipinas) en marzo de 1792. Allí, las fragatas se separaron. Mientras que la Atrevida se dirigió a Macao, la Descubierta exploró las costas filipinas. En Manila moriría por unas fiebres el botánico Antonio Pineda. Reunidas de nuevo, en noviembre de 1792, ambas fragatas dejaron Filipinas y navegaron a través de las Célebes y las Molucas, dirigiéndose posteriormente a la isla Sur de Nueva Zelanda (25 de febrero de 1793), cartografiando el fiordo de Doubtful Sound. La siguiente escala fue la colonia británica de Sydney, desde donde volvieron al puerto de El Callao, tocando en la isla de Tonga, y desde allí, por el Cabo de Hornos, regresaron a Cádiz el 21 de septiembre de 1794.  

              Buenos Aires vista desde el río. Grabado de Malaspina.

La expedición levantó mapas, compuso catálogos minerales y de flora y realizó otras investigaciones científicas. Pero no abordó simplemente cuestiones relativas a la geografía o a la historia natural. En cada escala, los miembros de la expedición establecieron inmediato contacto con las autoridades locales y eventuales científicos para ampliar las tareas de investigación.

A su regreso a España, Malaspina presentó un informe, Viaje político-científico alrededor del mundo (1794), que incluía un informe político confidencial, con observaciones críticas de carácter político acerca de las instituciones coloniales españolas y favorable a la concesión de una amplia autonomía a las colonias americanas y del Pacífico, lo que le valió que, en noviembre de 1795, fuera acusado por Manuel Godoy de revolucionario y conspirador y condenado a diez años de prisión en el castillo de San Antón de La Coruña, Galicia, España. 


 Las fragatas Atrevida y Descubierta. Puerto de Palapa en la isla de Samar. Actualmente este dibujo se encuentra en paradero desconocido. La única referencia que se conserva es la reproducción que figura en el 'Album fotográfico' de la expedición Malaspina, regalado a la Princesa de Asturias en 1875, tras su visita a la Dirección de Hidrografía. Hay ejemplares de este Album en la Biblioteca del Palacio Real y en el Archivo del Naval. 

Resultados de la expedición Malaspina.

El objetivo de Malaspina era realmente ambicioso. Aspiraba a dibujar un cuadro razonado y coherente de los dominios de la monarquía española. Para ello, no sólo contaba con los trabajos de sus colaboradores, sino que también investigó en los materiales de los principales archivos y fondos de la América española. A través de sus diarios y escritos, tuvieron cabida los distintos aspectos de la realidad del imperio, desde la minería y las virtudes medicinales de las plantas hasta la cultura, y desde la población de la Patagonia hasta el comercio filipino. De esta forma culmina, siguiendo los principios de la Ilustración, la experiencia descubridora y científica de tres siglos de conocimiento del Nuevo Mundo y la tradición hispana de relaciones geográficas y cuestionarios de Indias. Y lo hacen bajo una fórmula característica del período, pues, imbuido del credo cientifista y naturalista de la Ilustración, lo que hizo Malaspina en realidad fue componer una verdadera física de la Monarquía.

A su regreso, la expedición Malaspina había acumulado una cantidad ingente de material: la colección de especies botánicas y minerales, así como observaciones científicas (llegaron a trazar setenta nuevas cartas náuticas) y dibujos, croquis, bocetos y pinturas, era impresionante y, sin duda, la mayor que habrían de reunir en un solo viaje navegantes españoles en toda su historia. 

Ubicación de la localidad portuguesa de Faro en cuyas cercanías se hundió la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, en la Batalla del Cabo de Santa María. 

 De todo ese cúmulo de conocimientos y de la insuperable experiencia apenas se publicó un Atlas con 34 cartas náuticas. Durante el proceso de Malaspina en 1795 se habían pretendido eliminar los materiales de la expedición, que, sin embargo, fueron preservados en la Dirección de Hidrografía del Ministerio de Marina en Madrid. El grueso de aquel trabajo habría de permanecer inédito hasta 1885, cuando el teniente de navío Pedro de Novo y Colson publicó su obra Viaje político-científico alrededor del mundo de las corbetas Descubierta y Atrevida al mando de los capitanes de navío D. Alejandro Malaspina y D. José Bustamante y Guerra desde 1789 a 1794 (desgraciadamente, algunos materiales, como ciertas observaciones astronómicas y de historia natural, se habían perdido para siempre). No obstante, parte de las colecciones de historia natural acopiadas durante la Expedición, sobre todo las relacionadas con la Botánica, corrieron mejor suerte: el herbario de Luis Née fue donado al Real Jardín Botánico de Madrid, donde se conserva actualmente, y muchas especies fueron descritas gracias a estos materiales por su director de entonces, Antonio José Cavanilles.

 Ruta de la Descubierta. Esto es un mapa de la ruta tomada por Alejandro Malaspina durante su expedición de 1789-1794. El mapa muestra sólo la ruta de la fragata "Descubierta" de Malaspina. Un segundo barco, "Atrevida", bajo el mando del brigadier José Bustamante y Guerra acompañó a Malaspina en buena parte de la expedición. El mapa no muestra la ruta de vuelta de Tonga a España. Pfly, hizo este mapa, usando varias fuentes que describen la expedición. 

                      Glaciar Malaspina en Alaska.

La expedición en la actualidad.

Hasta el siglo XX la historia no ha sabido apreciar la verdadera magnitud de aquella empresa, cuyos objetivos de superar los logros científicos de ingleses y franceses fueron plenamente cumplidos. Tan sólo, recientemente, se ha comenzado a reconocer el valor de la información obtenida en la expedición de Malaspina, cumbre de la Ilustración española, pero aún sigue siendo oscurecida en la historia por los viajes de Cook, de La Pérouse y de Bougainville, que, como señala Felipe Fernández-Armesto, «siguen teniendo el papel predominante en el discurso y en la imaginación de los historiadores».

En reconocimiento a la aportación de Malaspina, actualmente diversas instituciones españolas han puesto en marcha una gran expedición científica de circunnavegación que recibe su nombre. La expedición Malaspina (2010-2011) es un proyecto de investigación interdisciplinar que tiene como principales objetivos estudiar el cambio global y la biodiversidad en el océano. Desde de diciembre de 2010 hasta julio de 2011, más de 250 científicos a bordo de los buques de investigación oceanográfica Hespérides (A-33) y Sarmiento de Gamboa llevarán a cabo una expedición que aúna la investigación científica con la formación de jóvenes investigadores y el fomento de las ciencias marinas y la cultura científica en la sociedad.
 
                         Retrato de José de Bustamante y Guerra.

 José Joaquín de Bustamante y Guerra (Ontaneda, Cantabria, 1 de abril de 1759 - Madrid, 10 de marzo de 1825), marino y político español. Descendía de los Bustamante de Toranzo y de los Guerra de Ibio; su padre fue Joaquín Antonio de Bustamante y Rueda, natural de Alceda, y su madre Clara Guerra de la Vega, natural de Santander. Solicitó una plaza de guardia marina de Cádiz en 1770, a los 11 años; ya era alférez de fragata en junio de 1771. Sirvió en varias campañas de mar en la escuadra al mando de don Pedro de Castejón. Emprendió su primer viaje a América pocos años más tarde cuando estuvo en Puerto Rico, Cuba y las Bahamas. En 1784, con una brillante hoja de servicios, alcanza el empleo de capitán de fragata. Primero se las ve con los piratas berberiscos; lo apresaron los ingleses en el navío Santa Inés tras una refriega en la que detuvieron su rumbo a Filipinas y estuvo cautivo un año en Irlanda, tras lo cual le dejaron volver. El 20 de octubre de 1782 tomó parte en el combate naval de Gibraltar, contra la escuadra de Lord Richard Howe, primer conde de Howe, a pesar de que estaba herido. Su barco fue muy dañado en una batalla librada cerca de Cádiz. Bustamante entonces preparó una proyectada conquista de Jamaica, lo que no llevó a cabo por la Paz de París en 1783. Ingresa como caballero de la Orden de Santiago el 21 de octubre de 1784. Por entonces proyecta con su camarada Alessandro Malaspina, uno de los personajes más singulares de su época, un viaje científico por el mundo colonial de influencia hispana. En 1789 emprenden la llamada expedición de Malaspina con una tripulación selecta compuesta por la mejor oficialidad del momento, a la que se añadieron botánicos, pintores, médicos y otros humanistas ilustrados, y navegaron entre 1789 y 1794 a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida, esta última dirigida por él mismo, construidas especialmente para el viaje. Es recompensado con el grado de capitán de navío (1791). Desde Cádiz franquearon el Atlántico para alcanzar Buenos Aires y Montevideo y, tras recorrer la Patagonia, salvan el Cabo de Hornos y, bordeando la costa oeste de los virreinatos de Perú y Nueva Granada, recorren Nueva España, California y Alaska. Dejan atrás América y ponen rumbo al Pacífico, navegando por la Polinesia, las Islas Marianas, las Filipinas, Macao, Mindanao, Nueva Guinea, las Nuevas Hébridas, Nueva Zelanda, Australia y el Archipiélago de los Amigos hasta el puerto de Callao. Cumplen con creces todas las expectativas científicas previstas. Se dibujaron modernas cartas de navegación y actuales mapas geográficos, se confeccionaron magníficas colecciones minerales y botánicas con especies hasta entonces desconocidas y se aportó una gran documentación visual con precisos informes referentes al estado social, político y militar de las colonias.
                                   Firma del militar 

José de Bustamante y Guerra a su regreso a España en septiembre de 1794 entrega el diario del viaje, es recibido por el rey y fue ascendido a brigadier; pero Malaespina es encarcelado y Godoy requisa todo el archivo de la expedición, que permanece confinado y olvidado hasta que en 1885 otro militar, el teniente de navío Pedro Novo y Colson, lo recupera y publica, gracias a lo cual se conocieron muchos detalles de la expedición. Bustamante fue nombrado Gobernador de Montevideo en 1796 y se asentó en aquella ciudad el 11 de febrero de 1797. Además se le nombra Comandante General de los bajeles del Río de la Plata con la misión de poner en marcha su plan de defensa de la América meridional; es al regresar a España en el año 1804 al mando de una flotilla de cuatro fragatas cuando fue interceptado al llegar frente a las costas del Algarve (Portugal), el 5 de octubre, por una escuadra inglesa al mando del comodoro Graham Moore e, inexplicablemente, pues España estaba en paz con Gran Bretaña, el 4 de octubre de 1804 se entabló un combate naval, conocido como la batalla del Cabo de Santa María. Dos fragatas, entre ellas La Mercedes fueron voladas con un cargamento de cuatro millones de pesos de caudales de comerciantes de Lima y Buenos Aires. Vista la inferioridad de su flotilla y herido, el Brigadier Bustamante rindió las fragatas que resistían, que fueron apresadas y transportadas al puerto de Gosport en Inglaterra. Una vez liberado, se sometió a un consejo de guerra en España, que le absolvió. Tuvo tiempo para luchar en la Batalla de Trafalgar. En 1807 fue nombrado vocal de la Junta de fortificaciones y defensa de las Indias. En 1808 abandonó Madrid por no querer prestar juramento al rey intruso José Bonaparte y huyó disfrazado de fraile a Sevilla, donde se puso al orden de la Junta Suprema Central que le ascendió a Teniente General. El Consejo de Regencia le nombró Presidente de la Audiencia de Charcas, luego de Cuzco, cargos que declinó por causas desconocidas. Por entonces abraza el absolutismo de Fernando VII. En 1810 es destinado a la Capitanía de Guatemala, en una época de gran actividad independentista; desarrolla una política reformista de corte ilustrado, pero ante la revolución de Hidalgo y Morelos en México preparó tropas en Guatemala y creó el "cuerpo de voluntarios de Fernando VII" y desde su puesto se enfrentó a los constitucionalistas locales, reprimiendo duramente a los insurgentes; se opuso a la constitución liberal de 1812, denunció a su sucesor nombrado Juan Antonio de Tornos, Intendente de Honduras, por supuestas tendencias liberales y así logró su confirmación en su puesto por Fernando VII en 1814. Fue destituido en agosto de 1817 y volvió a España en 1819. Ese mismo año entró nuevamente a formar parte de la Junta de Indias. En 1820 fue recompensado con la Gran Cruz de la Orden Americana de Isabel la Católica y se le nombra director general de la Armada hasta 1822. En 1823 fue integrante de la Junta de expediciones a América, y un año después, volvió otra vez a la Dirección General de la Armada y trabajó en el Ministerio de Marina de Madrid hasta su muerte en 1825. En su testamento dona una cantidad importante de dinero para sufragar las escuelas de niños de Ontaneda, fundadas por Francisco, su hermano. 


La voladura de la Fragata Mercedes y el apresamiento de la escuadrilla de Bustamante el 5 de Octubre de 1804 originó la declaración de guerra a Inglaterra y es el antecedente inmediato de la batalla de Trafalgar. Reproducción del cuadro de Francis Sartorius propiedad del Museo Marítimo Nacional de Reino Unido.

 Batalla del Cabo de Santa María

  La fragata Mercedes es alcanzada en la santabarbara el 5 de octubre de 1804 (Batalla del Cabo de Santa Maria).

La Batalla del Cabo de Santa María fue un combate naval que tuvo lugar el 5 de octubre de 1804 frente al Cabo de Santa María, en la costa portuguesa del Algarve, en la que la escuadra comandada por el Brigadier José de Bustamante y Guerra es atacada por una escuadra británica al mando del Comodoro Graham Moore.

El Brigadier Bustamante rinde las tres fragatas que resisten a medio día, que son apresadas y transportadas al puerto de Gosport en Inglaterra. Bustamante había zarpado de Montevideo en tiempo de paz el 9 de agosto de 1804.


Lienzo que describe la expedición,en 1789, de las dos corbetas Descubierta y Atrevida, en su singladura de circunnavegación que lideró el marino Alejandro Malaspina y que duró cinco años.

 Retrato de Alejandro Malaspina y Melilupi (1754–1810). Brigadier de la Real Armada Española. Anónimo. Óleo sobre tela, 95 x 105 cm. Museo Naval de España en Madrid.

FUENTES Y AGRADECIMIENTOS A:
wikipedia, kalipedia, biografias y vidas, fuenterrebollo, el pais, miyomedia, skyscrapercity, abc.gov.ar, madrimasd.org, prensalibre, isidrojimenez.blogspot.com y otras de Internet. http://www.foroxerbar.com

1 comentario:

  1. Que yo sepa, Bustamante no estuvo en Trafalgar. Estuvo preso en Inglaterra, después de lo del Cabo Santa María y no participó en la campaña.

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