16 de noviembre de 2013

Gonzalo Castañón Escarano, en 1869 fundó en La Habana el periódico "La Voz de Cuba",

HIJOS DE MIERES.(artículo actualizado).

Gonzalo Castañón: un lenense en Cuba.

No voy a afirmar que el patriotismo sea una virtud cívica muy importante, no vaya a ser que los «familiares» de la «corrección política» me echen encima sambenito de retrógrado, pero cuando menos admitamos que es condición ciudadana muy conveniente. Bien debería saberlo cierto gobernante que se autoproclamaba, en días de vacas más gordas, feminista, progresista y «rojo», y que se consideraba ciudadano del mundo antes que jefe del Gobierno de su país, por lo que llegó a alentar y promover secesionismos estatutarios, pero que por no levantarse a su debido tiempo al paso de la bandera de una gran nación aliada hubo de pasar más de cinco años arrodillándose y babeando a las puertas de cierto despacho oval. Y es que la «progresía irredenta» considera que el patriotismo no es cosa de las democracias, acaso porque aquí lo utilizó en su interés una dictadura casposa, pero muy por el contrario, en la verdadera gran democracia del mundo, sin duda porque su democracia formal no cedió nunca a las incitaciones y dudosos paraísos del socialismo real ni a las buenas intenciones del socialismo moderado (que no son otra cosa que el preámbulo o pórtico del socialismo real), el patriotismo es un valor nacional muy activo y en toda Norteamérica ondean bandera con las barras y las estrellas como jamás ondearon en ninguna dictadura. Aunque para ser justos, cuando al socialismo real le convino excitar los sentimientos patrióticos de las masas, sus dirigentes, con el padrecito Stalin a la cabeza, lo hicieron sin el menor escrúpulo, y se enviaron masas humanas al matadero para defender el socialismo real del ataque del socialismo nacional. Mas la «progresía» que admite y venera la bandera roja con el martillo y la hoz, desprecia la bandera de las barras y estrellas, porque no perdona que los que la llevaban hayan evitado que la bandera roja ondeara sobre toda Europa, desde Gibraltar a los Urales. Parecido ocurre en España ahora, donde se ofende o evita la bandera española, al tiempo que los mismos que dicen no concederle importancia a las banderas, exaltan la tricolor o banderas locales. Esto no es una paradoja, pues los mismos, que son delicadamente antirracistas y afirman que un escandinavo es lo mismo que un negro, no admitirían jamás, en nombre de los mismos principios de corrección política inmaculada, que un vasco sea igual que un extremeño. El concepto del patriotismo de la «progresía» pasó de defender a una potencia extranjera a justificar los secesionismos dentro del mismo país. Actitud esta última que no entusiasmaba a un autor apropiado por esa «progresía», don Antonio Machado, que escribió con todas sus letras que «de aquellos que se dicen gallegos, catalanes, vascos... antes que españoles, desconfiad siempre. Suelen ser españoles incompletos, insuficientes, de quienes nada grande puede esperarse». Pero se comprende que Alfonso Guerra no haya leído a todo Machado. En cualquier caso, el consejo de desconfiar de los separatistas habría sido oportuno de haberlo seguido, ya que los catalanes traicionaron a la causa socialista en el 34 y los vascos, en Santoña, en 1937.
Estas cuestiones previas son propias del siglo XXI, y aún del tramo final del XX, pero no del XIX, que fue en el que vivió y murió el mierense Gonzalo Castañón, periodista español en Cuba. Es posible que hoy se interprete de manera torcida el patriotismo de Gonzalo Castañón, considerándole como un agente del colonialismo o cosas parecidas. Incluso el Gobierno de la metrópoli no parece haberle apoyado en su lucha españolista, de la misma manera que en la actualidad el partido conservador de esta monarquía puede apoyar a chorizos, pero no a quienes, coincidiendo con algunos de sus principios, podrían hacer causa común; me refiero al mal pago que se le dio a Jiménez Losantos, entre otros, que defendió España en España como Gonzalo Castañón defendió España en Cuba.
Gonzalo Castañón nació en La Cortina, localidad del concejo de Lena, en el seno de una familia medianamente acomodada, el año 1834. Cursó los estudios de leyes en la Universidad de Oviedo, graduándose en 1859 con una tesis sobre «El progreso de la penalidad», en la que analizaba las tendencias más recientes surgidas dentro del campo del derecho penal, y que se publicó en volumen. No fue ésta su primera publicación, ya que, siendo estudiante, funda en la Universidad la revista «La Tradición», en la que predominaban los trabajos de carácter literario, histórico y folclórico, sin ocultar la tendencia política anunciada en el título: «La Tradición», como no podía ser menos, era de carácter tradicionalista. No obstante, Castañón colaboró también, más adelante, con la Unión Liberal, y durante su etapa de periodista en La Habana defendió las pretensiones del duque de Montpensier, lo que no era una manera coherente de ser tradicionalista. No he encontrado datos a este respecto, pero quién sabe si el «montpensierismo» de Castañón obedecía más a motivos pecuniarios que verdaderamente ideológicos. Con esto no me permito insinuar que Castañón vendiera su pluma, aunque no deja de resultar raro que un tradicionalista tuviera algún atisbo más o menos liberal, tomando partido en una cuestión dinástica en apoyo a una de las facciones intrusas en lugar de hacerlo a la que ellos mismos consideraban legítima, que era, claro es, la carlista. Caso más acusado pudiera ser el de don Ramón del Valle-Inclán, el cual, sin renunciar claramente al carlismo esteticante de su juventud (en la que escribió obras tan destacadas como la trilogía dedicada a «La guerra carlista», la «Sonata de invierno» y el poema dramático «Voces de gesta»), fue en los últimos años uno de los habituales destacados de la corte republicana y laica de Manuel Azaña. A lo mejor opinaba don Ramón que ya que no era posible la restauración legitimista, merecía la pena la consolidación republicana antes que volviera a reinar la otra rama borbónica.
Mas no adelantemos acontecimientos en lo que a Castañón se refiere, a quien dejamos en la Universidad, donde también colabora en otra revista rotulada «El Invierno». Concluidos los estudios, el periodismo puede en él al derecho penal, por lo que marcha a Madrid en 1860, donde fue redactor de «El Día» y director de «Crónica de Ambos Mundos». Por aquellos días tuvieron lugar sus coqueteos con la Unión Liberal del general O'Donnell, pero no tarda en decepcionarse, publicando el folleto «Una ilusión menos, un desengaño más: la Unión Liberal», y regresando a Asturias en 1863, para continuar dedicándose al periodismo y a la política, y fue diputado provincial por el distrito de Lena en 1864 y profesor interino de la Universidad de Oviedo durante poco tiempo. En 1866 obtiene el cargo de letrado jefe de sección del Gobierno superior de la isla de Cuba, con residencia en La Habana, por lo que se traslada a la provincia-colonia en la que fija su residencia definitiva (aunque él tal vez no supiera que era definitiva). La marcha de Castañón a Cuba no obedece a los mismos motivos que la mayoría de los «indianos» que estamos considerando, sino que fue por motivos profesionales. No podemos considerar a Gonzalo Castañón como un «indiano» (como podía serlo el propio Pérez Moris al que nos hemos referido en la entrega anterior, que se dedicó al periodismo como podía haberse dedicado al comercio, que era lo habitual) sino como un funcionario, que lo mismo que a Cuba podía haber sido destinado a otra parte. Pero Castañón no tardó en hacer suyos los problemas cubanos, y siendo como era hombre apasionado, tomó partido, metiéndose en polémicas políticas y defendiendo posiciones radicalmente españolistas, que le acarrearon la enemistad y el odio de los elementos separatistas e insurrectos. Aunque continuó su carrera de funcionario como secretario del gobierno de la provincia de Puerto Príncipe, jefe de sección del Banco Español de Cuba y consejero de Instrucción Pública, no dejó por ello de escribir en los periódicos, y en 1869 funda el periódico «La Voz de Cuba», desde cuyas páginas se proponía combatir a los separatistas que en octubre de aquel año habían dado el Grito de Yara, que puso en marcha la guerra civil que antecedió a la definitiva, que en 1898 liquidaría la colonia. El periódico tenía un suplemento, «La Quincena», más extremista aún. A sus argumentos respondieron los separatistas desde el periódico «El Republicano», editado en Cayo Hueso, en Florida, y como el periodista asturiano se sintiera ofendido, retó duelo a su director, José María Reyes, el cual, alegando que no podía volver a Cuba, dada su condición de exilado político, invitó a Castañón a que fuera él a tierra norteamericana, y el asturiano, sin pensarlo dos veces, fue. Mas Reyes, que no lo esperaba, de la misma manera que Leopoldo Fortunato Galtieri no esperaba que la Armada inglesa recogiera el guante de sus balandronadas, se negó de nuevo a combatir, y Castañón le abofeteó en público. Las autoridades norteamericanas intervinieron entonces, condenando al asturiano a pagar una multa de 200 dólares por agresión. Una vez que los hubo pagado, al regresar Castañón a su hotel, fue abatido a tiros por cinco separatistas, aunque tuvo tiempo y fuerzas de hacer uso de su revólver y derribar de un balazo a uno de sus asesinos. Corría el año de 1870, y la causa española en Cuba había perdido, por gallardía, a uno de sus pilares.
Su traslado a la isla caribeña como letrado propició una intensa actividad periodística marcada por la lucha contra los independentistas
                                Ilustración de: Pablo García

FUENTE:  IGNACIO GRACIA NORIEGA.
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La muerte de Gonzalo Castañón en Cayo Hueso en 1870.




Gonzalo Castañón nació en el barrio de La Villa, el 2 de diciembre de 1834, fue uno de los fundadores y colaboradores principales del semanario estudiantil "La Tradición" (1857).
Escribió  después en El Invierno y El Día, dirigiendo después el periódico La Crónica de Ambos Mundos. 
En 1865 es destinado a Cuba, ocupando allí varios cargos, en 1869 fundó en La Habana el periódico "La Voz de Cuba", también fundó después "La Quincena".
En La Voz de Cuba libró valientes campañas contra los revolucionarios y contra los que se mostraban débiles en el mantenimiento de la causa de España.
Oficial de voluntarios,fue asesinado en Cayo Hueso el 31 de enero de 1870, por los enemigos de su patria, cuando había ido a aquella ciudad a desafiar a un periodista de los filibusteros, por su patriótico comportamiento y su muerte, mereció ser llamado por la posteridad "El Mártir de Cayo-Hueso".
El jefe superior político de Cuba dispuso que el cadáver de Castañón fuese trasladado a la Habana y recibiese honores militares de Capitán general, sus restos fueron trasladados a España en enero de 1887 y depositados en el panteón familiar.


 

Noticia del asesinato de Gonzalo Castañón:
El español Gonzalo Castañón Escarano, de 35 años de edad, coronel de los Voluntarios de La Habana y director del periódico quincenal La Voz de Cuba, se sintió ofendido al leer un editorial patriótico de José María Reyes, director del periódico independentista El Republicano en Cayo Hueso, Florida. Castañón respondió públicamente retando a duelo a Reyes el 21 de enero de 1870.
Ocho días después, Castañón llegó en vapor a Cayo Hueso, acompañado de su médico Estéban Pinilla y dos segundos, Felipe Alonso y Eugenio Arias, y se alojaron en el hotel Russell House en la calle Duval.
El coronel, quien había denunciado a los patriotas cubanos como “bandidos” y “prostitutas,” confrontó a Reyes, le mostró un ejemplar de El Republicano, y le preguntó si era el autor del editorial. Cuando el exiliado respondió positivamente, Castañón lo insultó, le restregó el periódico en la cara, y le dió una bofetada. Reyes, aturdido, corrió a la calle gritando, “Cubanos. ¡Cuba ha sido ofendida!” La policía detuvo a Castañón y lo llevaron a corte, donde le señalaron fecha de juicio para el 1 de mayo. El español pronto fue libertado bajo una fianza de $200 en oro. El incidente fue reportado en la primera plana del New York Times.
En la tarde del día 29 de enero, el vendedor de pan Mateo Orozco envió dos segundos con un ultimatum a Castañón: que en su periódico se retractara de sus ofensas contra las patrióticas mujeres cubanas o que lo retaba a un duelo a muerte. Castañón esquivó la confrontación durante dos días mientras esperaba el vapor de regreso a Cuba. Orozco y sus segundos, los hermanos Francisco y José Botella, entonces fueron a buscar a los españoles al Russell House al mediodía. Se intercambiaron palabras ofensivas en la veranda del hotel, lo cual provocó un tiroteo de armas cortas.
Castañón disparó su revólver cinco veces y Felipe Alonso tres, ambos sin atinar. Los cubanos dispararon doce balas, dos de las cuales hirieron mortalmente a Castañón en el cuello y en la ingle. Orozco se retiró al grito de “¡Viva Cuba Libre! ¡Cubanas, estais vengadas!” El inconsciente coronel fue llevado a su habitación, donde falleció a los quince minutos. Fue entonces que se descubrió que Castañón protegía su torso con una cota de malla. El revólver de Castañón fue ocupado por las autoridades como evidencia.
El niño Juan Pérez Rolo entonces tenía diez años de edad y medio siglo después escribió en sus memorias que al anunciarse la muerte de Castañón: “todo era alegría, y en la esquina de la botica del Dr. [José] Ramos instalaron un cañoncito y empezaron a hacer disparos. Se tomó cerveza en abundancia; se engalanaron los edificios, etc., apareciendo vestido de gala también el establecimiento de víveres del Sr. Andrés Alpizar, opuesto a la botica del Dr. Ramos.”
Esa noche una guardia militar custodió la residencia del cónsul español y diez cubanos fueron arrestados por complicidad en los hechos y puestos en libertad bajo fianza. Estos fueron: Arteaga, Francisco Aceituno, Joaquín y José Botella, Patricio Gonzalo, Alexander Mendoza, Valentín Moreira, Pedro Orozco, Domingo Rodríguez, y Pablo Vázquez. Fueron declarados fugitivos: Mateo Orozco, Carlos Rodríguez, y A. Lozano.
Al día siguiente los restos de Castañón fueron enviados a La Habana donde recibió un funeral de estado. A principios de mayo 1870, las autoridades de Cayo Hueso enviaron un telegrama a La Habana solicitando la presencia ante un gran jurado de los testigos españoles que acompañaron a Castañón. El capitán general de Cuba exigió inmunidad y protección federal para los testigos. Sin embargo, el gran jurado estatal decidió no esperar la acción federal y al no comparecer los testigos, anularon los cargos contra todos los acusados.
El folleto “Combate de Russell House”, que describe parte de estos eventos relatados por Mateo Orozco fue reproducido en La Habana en 1938.
Orozco escapó a Jamaica donde luego falleció. Los exiliados en Cayo Hueso años después rindieron homenaje a Orozco al tallar su nombre en el monumento a los mártires de la patria en el cementerio de la ciudad.

FUENTE: Dr. Antonio de la Cova  http://eichikawa.com
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GONZALO CASTAÑON Y ESCARANO.   
http://www.musicalenapepe.com
GONZALO CASTAÑON Y ESCARANO, nace en La Cortina, alumno sobresaliente en la Universidad de Oviedo, y en esta ciudad redactor de “El Invierno”, periódico estudiantil; de “La Tradición”, con su fraternal amigo el malogrado poeta Antonio Arango (Simbad el marino); el “El Faro Asturiano”; en Madrid en “El Dia”; “La Crónica de Ambos Mundos”, y otros órganos de la Unión Liberal, gozando merecida estimación de Ríos Rosas, Posada Herrera, Lorenzana y otras personalidades ilustres de la política.
Con esta  significación en Oviedo Diputado y Consejero Provincial hasta ser destinado a Cuba para el gobierno de Puerto Príncipe, donde regreso a La Habana como oficial letrado del Consejo de Administración del Banco Español, cargos que dimitió al fundar el periódico, “La Voz de Cuba” a raíz del grito de rebelión de Yara. Desde sus columnas sostuvo ruda y vigorosa campaña contra los filibusteros y las cartas que, bajo el seudónimo de “Juan Fernández”, dirigió al Capitán General  de la isla, abrió los ojos a los ilusos y expuso problemas e hizo proféticas manifestaciones que el tiempo se encargó de confirmar con la mas tremenda de las catástrofes de nuestra historia… Los enemigos de la patria después de viles insultos, le prepararon traidora y cobarde alevosía asesinándole en Cayo Hueso el 31 de enero de 1.870, cuando Castañón paso, en defensa de la integridad española que el simbolizaba con su leal periódico, para buscar honrosa reparación frente a frente de aquellos laborantes. Huyeron los asesinos naturalmente, a los Estados Unidos; impune quedó el cobarde crimen mientras La Habana en homenaje nunca visto de admiración y de entusiasmo, recibió los restos del escritor patriota y cubrió de flores su provisional sepulcro, hasta que las preciadas cenizas del mártir español, fueron trasladadas en 1.887 al humilde cementerio de La Cortina, al lado de las de amantes seres y cerca del hogar de sus antepasados. Allí a la vista de “Casa de Arriba” descansan los mortales despojos del inolvidable escritor, defensor de nuestra bandera, restos que la ingrata tierra de Cuba, no supo respetar el encarnizado odio de taimados enemigos.  (1)

(1)     Cuando la muerte alevosa de Gonzalo Castañón, los escritores asturianos le dedicaron una “Corona literaria” precedida de una completa biografía del mártir de Cayo Hueso, escrita por Fermín Canella.

4 comentarios:

  1. Gonzalo Castañon no era mierense, sino lenense, concretamente de la parroquia de La Cortina.

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  2. Estimado lector, error subsanado una vez comprobado, hay varias versiones de su origen, pero después de consultar diferentes fuentes, todo parece indicar que realmente nació en "La Cortina", localidad Lenense.
    Muchas gracias por visitar el blog y por aclararme el origen de Gonzalo Castañón.
    Saludos.

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    1. alguien sabe el origen del apellido escarano? es muy poco comun en cuba somos muy pocos gracias un saludo

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    2. alguien sabe el origen del apellido escarano? en cuba somos muy pocos gracias un saludo!

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