27 de noviembre de 2013

El encuentro en Paris de Aniceto Sela y el barón Pierre de Coubertin en 1892.

Crónica de un encuentro en París.

El intelectual mierense Aniceto Sela se entrevistó en 1892 con el barón Pierre de Coubertin, pero no llegó a participar en las deliberaciones del congreso que restableció los Juegos Olímpicos.


                                                Barón Pierre de Coubertin.

En la fachada del Colegio Público Aniceto Sela, se colocó hace años una placa para resumir la vida del intelectual más destacado que hasta el momento ha nacido en Mieres. El texto escrito en nuestra lengua vernácula dice así: "Miembru fundador d´Extensión Universitaria y de la Institución Libre de Enseñanza n´Asturies, y representante d´España nel primer Congresu celebráu en Paris, presidíu por Pierre de Coubertain pa la organización de los primeros xuegos olímpicos de la era moderna".
En la inscripción hay que corregir el pequeño error de llamar al barón francés Coubertain en vez de Coubertin, que es lo correcto, pero también sería de justicia revisar el currículo de don Aniceto, ya que el texto se queda tristemente corto al citar sus cargos académicos y además lo del olimpismo no parece tan claro.
La culpa no es del redactor del texto, porque seguramente se limitó a copiar lo que citan la mayor parte de las biografías de nuestro sabio, dando por hecho que este dato deportivo es cierto. Tanto es así, que incluso en 1992 se publicó un libro con el título "Los pioneros del olimpismo moderno. Adolfo Buylla. Aniceto Sela. Adolfo Posada", que abunda en esta cuestión y les confieso que yo mismo tampoco lo he puesto en duda hasta hace muy poco tiempo. Pero la realidad es otra y se la voy a contar en esta página para que ustedes saquen sus propias conclusiones.
Pierre de Fredy, Barón de Coubertin, fue un pedagogo francés que a la vuelta de un viaje por Inglaterra y Estados Unidos, a principios de la década de 1880, empezó a masticar la idea de trasladar a su país la importancia que se le daba allí a la enseñanza del deporte y, dando un paso más, en noviembre 1892 expresó públicamente en una asamblea universitaria de La Sorbona su intención de restablecer los Juegos Olímpicos a partir de un congreso internacional.
Una vez decididos el lugar y la fecha -París, entre el 16 y 23 de junio de 1894- el barón empezó a buscar apoyos en los círculos progresistas de otros países. Para ello contactó en España con la Casa Real y con la Institución Libre de Enseñanza, les envió su programa y a la vez solicitó información sobre aquellas sociedades o personas que pudiesen acudir al evento. Los elegidos fueron tres profesores de la Universidad de Oviedo: Aniceto Sela, Adolfo Posada y Adolfo Álvarez-Buylla, como así consta en diversas cartas y documentos que aún se conservan. Tres hombres comprometidos con el movimiento de renovación pedagógica, que no negaban su simpatía con el krausismo, una doctrina que se había extendido por Europa defendiendo la libertad de cátedra y la adaptación de la enseñanza a los nuevos tiempos.
A aquella asamblea, llamada "Conferencia de París", asistieron finalmente 69 delegados de 12 países que aprobaron por unanimidad la propuesta de restauración de los Juegos Olímpicos y su celebración en Atenas para que quedase clara desde un principio su intención de recuperar el espíritu de los que se celebraban en la antigua Grecia.
En aquel momento, cuando el país heleno se encontraba en una profunda crisis económica y su gobierno no podía hacer frente a la costosa organización, la financiación llegó por sorpresa desde la cartera del filántropo George Averoff, quien donó un millón de dracmas para reconstruir el estadio panatenaico con el mismo mármol blanco del monte Pentélico que había lucido en su origen y por fin, en abril de 1896 se abrió la I Olimpiada de la era moderna.
Pero lo que nos interesa saber es cuál fue la participación real de Sela, Álvarez Buylla y Posada en este logro, una duda que surge cuando vemos que en el primer Comité Olímpico Internacional salido de aquella conferencia están representados únicamente doce países: Argentina, Austria-Bohemia, Bélgica, Estados Unidos, Reino Unido, Grecia, Hungría, Italia, Nueva Zelanda, Rusia, Suecia y la propia Francia, mientras se echa de menos a España.
Es verdad que los profesores estuvieron en París en aquellas fechas y se entrevistaron con Coubertin, pero contamos con un informe sobre el viaje que nos aclara como se produjo aquel encuentro. Lo publicó en agosto de 1894 en la revista "La España Moderna" uno de los viajeros, el catedrático de derecho Adolfo Posada, y es un extenso resumen de aquel desplazamiento organizado por encargo del Director General de Instrucción Pública, quien había comisionado a los tres miembros del llamado "Grupo de Oviedo" para que conociesen de cerca las nuevas tendencias educativas francesas, con el objetivo de importar aquellas ideas que pudiesen mejorar aquí el funcionamiento de nuestras escuelas.
Don Adolfo se apresuró a señalar en su escrito que allí no hubo dietas, viáticos ni cosas por el estilo, de forma que cada cual se pagó sus gastos, "viajando en tercera por un franco diez o un franco veinticinco y comiendo por un franco cincuenta o un franco setenta y cinco". De esta forma, los tres comisionados recorrieron mil kilómetros en los ferrocarriles españoles y más de tres mil en los franceses; pudieron conocer una treintena de establecimientos educativos y estuvieron en Francia cerca de un mes por menos de 500 pesetas.
Llegaron a París a principios de junio y a pesar de que el curso galo no terminaba hasta mediados de julio, muchas de las enseñanzas más interesantes ya habían concluido. Entre las visitas de trabajo a centros de enseñanza de todo tipo, destacaron las que hicieron al Colegio de Francia; la Escuela Normal Superior de Saint Cloud donde se formaban los maestros con un plan de trabajo tan estricto que dejaban el lecho a las cinco de la mañana y se recogían a las nueve y media de la noche; la Facultad de Derecho, que les defraudó por que seguía ajena a cualquier cambio y el Ministerio de Comercio. También estuvieron en la casa del pedagogo Enrique Marion, con el que mantuvieron una conversación de varias horas que le sirvió a Adolfo Posada para escribir su libro "Pedagogos en acción" y sí: en el despacho del barón de Coubertin.
Leamos el párrafo donde se narra este encuentro: "Aprovechando nuestra estancia en París y aceptando la invitación dirigida a la Universidad de Oviedo, por el barón de Coubertin, asistimos a algunas sesiones del Congreso del Sport. Tratábase en ellas de dos temas principales: las condiciones del sport, como oficio y como ocupación de aficionados, y del establecimiento de los juegos olímpicos internacionales. Nuestras muchísimas ocupaciones nos impidieron tomar parte activa en las deliberaciones del Congreso. Lo más interesante para nosotros era conocer al barón de Coubertin, que es uno de los iniciadores y mantenedores del renacimiento de la educación física en Francia. Francamente, yo esperaba encontrarme con un sportman (en lo físico) y me llevé un gran chasco. El barón de Coubertin, persona finísima, agradable, que con tanto entusiasmo defiende los juegos del sport, es un hombre de corta estatura, y que bajo ningún concepto se asemeja a un atleta. No se parece a aquel reverendo, director de Eton, a quien en 1886 conocimos en Inglaterra y que es en su país el más decidido defensor de la atlética. ¡Qué musculatura, que puños los del insigne reverendo Warre!...".
Vemos como en una sola frase se nos aclara todo: "Nuestras muchísimas ocupaciones nos impidieron tomar parte activa en las deliberaciones del Congreso" -escribió Posada-, y no hay más que decir. En cuanto a la pobre impresión que les produjo la apariencia física del barón, no viene al caso. Solo aclarar que el reverendo Warre, al que se cita, fue un profesor del prestigioso Colegio del Rey de Nuestra Señora de Eton, muy cerca de Windsor, donde llegó a ser rector, según parece más por sus éxitos como remero que por méritos académicos. Ya saben, cosas de los ingleses.
Todavía se conservan las tarjetas que llevaron los docentes a la reunión de París y que al parecer usaron muy poco; aunque, siempre atentos a cualquier movimiento que pudiese fomentar las relaciones de amistad entre los países europeos, no dejaron de interesarse por este tema. Un ejemplo es la carta personal que su regreso a España, Aniceto Sela envió a Coubertin preguntándole por las conclusiones del Congreso para difundirlas en la prensa nacional.
Esta tarde comienzan en Mieres los actos conmemorativos del 150 aniversario del nacimiento de don Aniceto, catedrático de derecho, defensor del internacionalismo; secretario de la Junta de Extensión Universitaria y rector de la Universidad de Oviedo; director general de Enseñanza Primaria; delegado por el Gobierno de España ante la Sociedad de Naciones; senador por el partido reformista; empresario y miembro activo de la Asociación Patronal de Mineros Asturianos. Uno de los personajes más interesantes de nuestra historia reciente que aún tiene mucho que enseñarnos.

                                Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: 

Pierre de Coubertin.
 
Barón Pierre de Coubertin, (1915).

http://es.wikipedia.org
Pierre de Frédy, más conocido como el barón Pierre de Coubertin, (París, Francia, 1 de enero de 1863 - Ginebra, Suiza, 2 de septiembre de 1937), fue un pedagogo e historiador francés, y fundador de los Juegos Olímpicos modernos.

Su padre, el barón Carlos Luis de Coubertin, quería que fuera militar, pero su temperamento sensible chocó con la dura disciplina de la Escuela Especial Militar de Saint-Cyr. Decidió dedicarse a la pedagogía, donde se sintió realizado por sus ideales. Se mudó a Inglaterra para perfeccionar sus estudios, donde conoce la «singular» doctrina del cristianismo muscular: la búsqueda de la perfección espiritual por medio del deporte y la higiene. Uno de los más destacados seguidores de esta ideología fue el pastor anglicano Thomas Arnold, del que Pierre se convirtió en discípulo.
Comienza a divulgar estos métodos por toda Francia: Crea sociedades atléticas en los institutos que se asocian en la Unión de los Deportes Atléticos (Union des Sports Athlétiques). Funda la primera revista dedicada al deporte: la Revue Athlétique, logrando que el gobierno francés acceda a incluirla en sus programas de la Exposición Universal de 1889.
El ministro de educación le envía a los Estados Unidos para que continúe su investigación sobre los métodos de enseñanza. El deporte comenzó a ser tomado en serio. De ser practicado por minorías o en el colegio, pasa a estar de moda y despertar entusiasmo
Pierre comienza a soñar con unir en una extraordinaria competición a los deportistas de todo el mundo, bajo el signo de la unión y la hermandad, sin ánimo de lucro y sólo por el deseo de conseguir la gloria, competir por competir, como dice la frase de Ethelbert Talbot “Lo importante no es vencer, sino participar”, frase mal atribuida a Pierre de Coubertin. La idea de Coubertin parecía insensata y chocó con mucha incomprensión.
Intentando convencer a todos, viajó por todo el mundo hablando de paz, comprensión entre los hombres y de unión, mezclándolo todo con la palabra Deporte. Al fin, en la última sesión del Congreso Internacional de Educación Física que se celebró en la Sorbona de París, el 26 de junio de 1894, se decide instituir los Juegos Olímpicos.
En Inglaterra, esta idea no es bien recibida y la opinión pública decide quedar al margen. Alemania reaccionó intentando boicotear los juegos. Grecia se opone, y su jefe de gobierno, Tricoupis, quiso impedir su realización, pues aquel lío salía muy caro a su país.
Coubertin consiguió que el príncipe heredero de Grecia, el Duque de Esparta, intercediera ante el káiser Guillermo, emperador de Alemania cuñado suyo, convenciendo a los ingleses y a su propio Gobierno. El príncipe consigue que se emita una serie de sellos conmemorativos para conseguir el dinero para los juegos. Además crea una suscripción pública con tan buenos resultados que consigue que Jorge Averof, un rico de Alejandría, corra con los gastos de la reconstrucción del estadio de Atenas.
El 24 de marzo de 1896, día de Pascua de Resurrección, el Duque de Esparta, tras un discurso, descubre la estatua del mecenas Jorge Averof. El rey Jorge de Grecia pronuncia por primera vez las palabras rituales:
Declaro abierto los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas.
Lema: "Lo esencial en la vida no es vencer, sino luchar bien"
Este modesto principio sería el origen del movimiento olímpico moderno. Los Juegos Olímpicos se han celebrado, con las excepciones de la Primera Guerra Mundial y de la Segunda Guerra Mundial, durante todo el siglo XX y principios del XXI, convirtiéndose en uno de los acontecimientos más populares del planeta.
FUENTE:  http://es.wikipedia.org
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Pierre Coubertin, Biografía.

(Pierre Coubertin, barón de Coubertin) Historiador y pedagogo francés que creó los Juegos Olímpicos de la era moderna (París, 1863 - Ginebra, 1937). Su doble dedicación le hizo concebir la idea de restaurar los Juegos Olímpicos que se celebraban en la antigua Grecia, para fomentar el deporte a escala mundial con fines educativos. Con estos certámenes, limitados a deportistas aficionados, pretendía impulsar las relaciones pacíficas y constructivas entre las naciones, fomentando un espíritu de superación personal, juego limpio y sana competencia (el «espíritu olímpico»).
En 1888 proclamó en la Universidad de la Sorbona la restauración de los Juegos Olímpicos, cuya primera edición moderna se celebraría en 1896 en Atenas, para enlazar simbólicamente con las raíces griegas. Creó el Comité Olímpico Internacional, del que fue segundo presidente (1906), tras ceder una primera presidencia honorífica a un griego. Coubertin reglamentó los juegos y presidió la organización de las Olimpiadas de París (1900), San Luis (1904), Londres (1908) y Estocolmo (1912).
Coincidiendo con el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914), que interrumpió la celebración de los Juegos cada cuatro años, diseñó la bandera olímpica con los cinco aros enlazados (símbolo de la fraternidad entre los cinco continentes). En 1925 dimitió, al haberse arruinado donando toda su fortuna al «movimiento olímpico» y no poder seguir apoyándolo financieramente.

FUENTE:  http://www.biografiasyvidas.com
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Pierre de Coubertin, “el más famoso desconocido de la historia”.

Al igual que ocurre en todos los tipos de historia, la historia del deporte también cuenta con numerosos expertos, defensores acérrimos de sus hipótesis acerca de los diferentes hechos ocurridos en el pasado. No es casualidad que el olimpismo sea un claro ejemplo de ello. Los medallistas, las sedes o la creación de los distintos organismos son objeto de estudios profundos que requieren la visita a numerosos archivos, la consulta de infinidad de fuentes y la traducción de textos del griego, del francés o de cualquier idioma que se preste.
En España el cabecilla y el que quizás ha dedicado más tiempo a ello es Conrado Durántez (Ferrol, 1935), presidente de la Academia Olímpica Española (AOE) y de la Asociación de Academias Olímpicas Iberoamericanas, presidente de honor del Comité Internacional Pierre de Coubertin y miembro de la Comisión para la Cultura y la Educación Olímpica del COI, entre otros cargos. Él, magistrado del Tribunal Superior de Justicia en la actualidad, desde que –como nos comenta- “visité Olimpia el 1 de junio de 1961 y me impresionó tanto”, lleva más de medio siglo trabajando en estas investigaciones.
De todas maneras no es el único, ya que desde sus comienzos le han salido competidores, o como él los llama, “rebuscadores de prensa”. Periodistas del Mundo Deportivo como Joan Fauría o historiadores como Félix Martialay y Fernando Arrechea (Tarragona, 1972) han tratado de echar abajo algunas de sus, para ellos, teorías. Este segundo, con el que tuvimos la oportunidad también de hablar, se adentró en este mundo “después de leer en 2004 una noticia que decía que el COI alteraba el medallero de 1900 y que España tenía una medalla de pelota vasca ganada por unos tales Villota y Amézola”. La noticia le “intrigó” y se puso a indagar ya que “vio que nadie lo investigaba”.
Así lo cataloga el señor Durántez, quizás el mayor conocedor en el mundo de la vida de Pierre de Fredy, barón de Coubertin, del que ha escrito numerosos libros y al que ha dedicado gran parte de su tiempo de sus disquisiciones. Como explica, pese a que el olimpismo con sus juegos se han erigido en los albores del siglo XXI como la fuerza sociológica del momento, la abundante obra escrita por él legada y todo las batallas en las que luchó para lograr el triunfo de su empresa van hundiéndose en la penumbra del olvido.
Pierre de Coubertin, como es conocido mundialmente, nació el 1 de enero de 1863 en París (Francia) en el seno de una familia acomodada y noble de ascendencia italiana. “Tenía medios, tenía dinero y tenía una instrucción, una educación que le permitía pensar en otras cosas”, añade el señor Durántez sobre el francés, que se graduó en la Universidad de Políticas y vivió durante muchos años en el castillo de Mirville (Normandía). “Era un hombre con inquietudes, un eclairé que dirían los franceses, un visionario que ve 200 años por encima de los que vive”, comenta sobre el hombre que orientó su vida a la pedagogía después de un viaje por Inglaterra y América del Norte.
En  1894 se crea el Comité Olímpico Internacional (COI), dos años después de una conferencia de Coubertin en la Sorbona en la que anunciaba el restablecimiento de los Juegos Olímpicos. Quería crear “un organismo de rectores de aquel movimiento, en el que curiosamente casi todos eran pedagogos”. También en ese momento se designó como primera sede de los JJ. OO. Modernos a Atenas, que tendrían lugar en 1896. Para Conrado Durántez, “son la manifestación más importante de la humanidad, pues el olimpismo es la primera fuerza sociológica de la humanidad”.
Los Juegos de Atenas presentaron algunos problemas de organización, pero se logró que saliesen adelante. No fue tan fácil en los dos eventos siguientes, París 1900 y San Luis 1904, que coincidieron tanto para el señor Durántez como para Fernando Arrechea con “el peor momento de la historia del olimpismo". Explica el magistrado que en la ciudad francesa, al barón “no le gustó nada que coincidiesen con la Exposición Universal, ya que pretendía que no existiesen. Esa exposición opacó los Juegos”. Por su parte, el señor Arrechea califica de “patochada” la edición de 1900. También la de 1904, en la que  se celebraron paralelamente “unos juegos antropológicos que se hicieron para reírse de los indios, de los pigmeos y de otros pueblos minoritarios”. Concluye que fue una época en la que el olimpismo “estuvo en crisis total y los Juegos Olímpicos habían desaparecido”.
¿Los Juegos fantasma o los Juegos que salvaron el olimpismo?
El primer punto en el que chocan las teorías de los dos entrevistados es el del evento celebrado en Atenas en 1906, a los que, como indica Conrado Durántez, Pierre de Coubertin “no quiso asistir”. Ambos coinciden en que “estuvieron mejor organizados que los anteriores”, pero Fernando Arrechea subraya que “suponen el resurgir, la primera vez que se hacen unos Juegos Olímpicos serios con participación de casi todos los países”. En cambio, el magistrado gallego se basa en la hipótesis del COI, que “no los reconoce, los llama Juegos fantasma o Juegos espurios pues nunca fueron Juegos Olímpicos”. “Coubertin –añade- también lo dijo y no quiso viajar a Atenas”, algo que el historiador catalán rebate, argumentando que “a Coubertin, que fue el presidente del Comité Olímpico francés para esos Juegos, no le gustaron porque le suponía una pérdida de poder y de control para él. Los aceptó a regañadientes porque no tuvo más remedio. Y en cuanto pasaron esos Juegos y él recuperó el poder, el control completo del COI, los borró, como si nunca hubieran existido”. Reitera que “es algo muy injusto porque esos Juegos salvaron el olimpismo”.
"Nunca fueron unos Juegos Olímpicos"
En el año 2004 se organizó un simposio en Volos (Grecia), previo a los Juegos de Atenas para discutir si el COI reconocía o no estos Juegos. Al señor Durántez, nos cuenta, le tocó “una ponencia sobre la participación hispánica en los Juegos de 1906” y sacó la conclusión de que “ningún país había participado, ni España, ni nadie”. En ese momento de la conversación agrega que “además lo organizó el Comité Olímpico Griego, no el COI”. El señor Arrechea contesta: “Eso es hablar por hablar”. 
Según él, en la organización de los JJ. OO. de París 1900 y en los de 1904 tampoco intervino el organismo internacional. Afirma que si que fue un comité local griego, pero se llamaba “Comité de los Juegos Olímpicos y ni siquiera figuraba el nombre de Grecia”. Prosigue, apuntando que los de Atenas 1906 “iban a ser los primeros Juegos intercalados, pero había intención de hacerlos cada cuatro años en Grecias, es decir, en 1910, en 1914, en 1918, etc. Pero lo que ocurrió fue que en 1910 no se pudieron celebrar por culpa de una guerra balcánica y en 1914 por la I Guerra Mundial. Entonces –finaliza- se dejaron de celebrar, hecho motivado también por los problemas internos griegos económicos”.
"Supusieron el resugir del olimpismo"
Las conjeturas del tarraconense no acaban ahí: “Se intenta reescribir la historia a medida y eso hay que decir que el COI lo ha hecho mucho. Lo hizo con los de 1900, que en realidad no fueron unos Juegos Olímpicos, pero les vino bien decir que sí, que habían sido los mejores Juegos Olímpicos e incorporarlos al palmarés”. Según él, fue la primera vez que elementos tan habituales en los Juegos actuales como el desfile o la villa olímpica aparecieron en escena. De hecho, precisa que “la mayoría de historiadores hoy en día defendemos que es una alcaldada de Coubertin haberlos borrado del palmarés y que se deberían recuperar y colocar en el lugar que merecen”.
Termina, Fernando Arrechea, aclarando que en aquella época absolutamente nadie tuvo la más mínima duda de que aquellos Juegos Olímpicos eran mucho más olímpicos que los de 1900 o 1904, donde ni siquiera se pronunció la palabra ‘Juegos Olímpicos’”. Remite a quien quiera a consultarlo en hemeroteca –Mundo Deportivo, La Vanguardia, ABC, etc.-.
Los últimos años de Coubertin.
Desde 2008, el programa de los Juegos Olímpicos de Verano incluye 26 deportes con 36 disciplinas y aproximadamente 300 disciplinas. Entre todos hay uno que quizá sea el más desconocido y por el que la gente más se pregunta: el pentatlón moderno. Esta especialidad incluye tiro, esgrima, hípica, natación y atletismo, y en la actualidad se disputa dentro del periodo de dos días.  Fue creado por el barón de Coubertin “como una supervivencia nobiliaria”, afirma Conrado Durántez, “un homenaje permanente que mantiene el COI al francés”, comenta Fernando Arrechea. Apareció por primera vez en los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 y desde entonces no ha faltado a su cita.
El magistrado asegura que “hoy en día están luchando a brazo partido para mantenerlo y que en su día Samaranch echó una mano para que continuase en el programa, aunque por lo que yo oigo, está en una situación crítica”.  El señor Arrechea pronostica “ que seguirá siglo tras siglo en los Juegos, a pesar de que muchos argumenten que es un deporte minoritario y que se practica cada vez menos”. Remarca que si no fuera porque Coubertin fue el inventor y porque varios dicen que es “olimpismo puro”, ya habría sido suprimido hace muchos años.
Tras Estocolmo, llegó la I Guerra Mundial y la inevitable suspensión de los Juegos que se iban a celebrar en Berlín en 1916. Entre medias, el nobiliario galo trasladó los archivos del COI a Laussane (Suiza) y a partir de ese momento ya nunca más volvió a Francia. Como explica el señor Durántez, “París no reconocía los JJ. OO. y él nunca fue querido ni comprendido en Francia”. Vivió como presidente del COI los eventos de Amberes 1920 y París 1924, dejando el cargo en 1925 al belga Henri de Baillet-Latour.
A pesar de este cambio, su relación con el movimiento olímpico se mantuvo viva hasta el día de su muerte. Conrado Durántez, presidente de la Academia Olímpica Española, nos revela la manera en la que surgió la idea de crear esta entidad. “Después de Berlín 1936, Pierre de Coubertin mandó una carta al III Reich proponiéndole un centro de estudios olímpicos, al que ‘legaría sus papeles y sus ideas de olimpismo recién restauradas –imita las palabras del barón-, contra el cual se han cometido muchos errores y mucho me temo que seguirán cometiéndose’. Entonces se creó el Centro de Estudios Olímpicos de Berlín, dirigido por Carl Diem, un gran amigo suyo”. Todos los esfuerzos tuvieron que detenerse debido al estallido de la II Guerra Mundial y hasta el 11 de junio de 1961, después de una serie de circunstancias, no se crearía la Academia Olímpica Internacional en Olimpia, momento en el que estuvo presente el juez ferrolano. “Es la escuela del olimpismo, una filosofía que dice como tiene que ser el deporte”, puntualiza.
Pierre de Coubertin falleció el 2 de septiembre de 1937 cuando paseaba perdido en sus meditaciones por el Parque de la Grange en Ginebra. El señor Durántez explica que el francés “se arruinó por poner en marcha el movimiento olímpico y los últimos años para él fueron críticos”. Aclara, como anécdota, que “los suizos le ayudaron y hasta Hitler dio un donativo para Coubertin cuando ya estaba en una situación calamitosa”.
                                             Año 1900 - Baron Pierre de COUBERTIN
FUENTE:  Álvaro Alonso Filgueira - http://www.vavel.com

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