17 de diciembre de 2012

Manuel Mejido Tejón

Manuel Mejido, el Kapuscinski de Felechosa.

 

El periodista astur-mexicano, hijo de emigrantes alleranos, relata en un libro sus vivencias junto a destacados líderes mundiales durante 57 años de profesión

El astur-mexicano, 
con el presidente estadounidense 
Dwight Eisenhower.






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El periodista astur-mexicano Manuel Mejido Tejón (Tierra Blanca, Veracruz, 1932) ha recorrido el mundo y ha tratado a la mayor parte de los poderosos del siglo XX. Confiesa que su secreto ha sido «estar y llegar al lugar adecuado en el momento justo». Tras cincuenta y siete años de profesión y ocho libros a la espalda, el viaje que guarda con más cariño es el que realizó hace diez años a Felechosa, localidad allerana, en la que nacieron sus padres, Luciano Mejido Alonso -que en 1907 salió de Gijón rumbo a Cuba, aunque el destino lo dejó en el puerto mexicano de Veracruz-, y Generosa Tejón. «Fue un choque emocional muy fuerte. Ellos me decían que era un pueblo de emigrantes con 500 habitantes y lo que yo encontré era más o menos lo mismo», relata. Una experiencia que recogen sus memorias, tituladas «Con la máquina al hombro».

Mejido, Premio Nacional de Periodismo en su país en 18 ocasiones, intercala en el libro vida personal y profesional, sin obviar jugosas anécdotas con celebridades de todo el planeta. El volumen también homenajea a sus padres, emigrantes asturianos. Relata cómo, en 1923, Luciano Mejido era ya uno de los comerciantes más prósperos de México. Se casó por poderes con su prima segunda Generosa Tejón, la allerana que lo acompañó en la aventura americana. El reportero, con doble nacionalidad española y mexicana desde hace doce años, aseguró en conversación telefónica con LA NUEVA ESPAÑA desde Cuernavaca, donde el viernes las universidades mexicanas lo declararon «ciudadano del mundo», que sus padres le enseñaron a «amar a Asturias», tal como relata en su libro «A esos viejos pueblos celtas del norte de España».

El periodista estudió para químico metalúrgico y es padre de tres hijas que han seguido su carrera y un hijo economista, graduado en la Universidad inglesa de Kent. Empezó como cronista taurino en la revista «Claridades». Su primera misión internacional, con 20 dólares en el bolsillo, fue como enviado a Moscú del mítico diario mexicano «Excelsior», para entrevistar a Nikita Jrushov, presidente de la entonces Unión Soviética en un momento de tensión internacional. Entre otras hazañas, Mejido destaca la serie de reportajes sobre la caída de Salvador Allende en Chile, que logró transmitir en directo desde Santiago.

Manuel Mejido, durante una entrevista a Alexander Kerenski, ex presidente ruso. A la derecha, el periodista junto a Nikita Jrushov, en Moscu

Sus peripecias llevaron al famoso periodista mexicano Rafael Cardona a compararlo con Kapuscinski. De hecho, la lista de personalidades con las que se cruzó en su carrera es tan extensa como su currículum. Picasso le obsequió con una pincelada en un automóvil. Con Ben Gurion, padre del Estado de Israel, logró hablar llamando directamente a su casa. Algo parecido le pasó con Sartre en París. Dwight Eisenhower, Ronald Reagan, el Sha de Irán, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez también forman parte del historial de entrevistas del reportero, considerado por la revista «Time» uno de los mejores de México en su edición especial del año 2000. Incluso su libro «México amargo» sirvió de inspiración al subcomandante Marcos, líder de la guerra de Chiapas.

Ahora, su proyecto en mente más anhelado es repetir viaje a Asturias, programado para dentro de dos años a fin de celebrar las bodas de oro con su esposa, Estela, hijos, y nietos. Se muere de ganas de ver terminada la estación invernal de Fuentes de Invierno y de observar los progresos de Felechosa en materia turística. «Cuando fui la primera vez, estaban empezando con los proyectos», comenta.

Además de su faceta profesional, Mejido también ha destacado por ser un hombre respetado en el terreno de lo ético. «La moral no tiene religión», sentencia. Y opina que no sólo se está perdiendo el respeto a la vida de los periodistas, «sino a la vida humana en general». A esa falta de principios atribuye algunas de las recientes actuaciones gubernamentales en Sudamérica, como las expropiaciones de filiales de Repsol y Red Eléctrica en Argentina y Bolivia, respectivamente. «Amo a España, único país que está invirtiendo en Iberoamérica. Todos los países tienen derecho a ser soberanos de sus recursos naturales; pero si expropian, que paguen: lo contrario es incautar y robar», sentencia. Sobre las dificultades económicas de Europa, el viejo mundo del que Mejido y su familia se sienten parte, asegura que los gobiernos deben promover el bienestar de los ciudadanos. «Y eso parece no tenerse en cuenta», sentencia.

Su visión crítica se extiende también al Gobierno conservador de Felipe Calderón en México. De hecho, sus simpatías se decantan hacia el opositor PRI, que en julio aspira a recuperar el poder que perdió en 2000. «El actual presidente y su antecesor, Vicente Fox, se rigen por lo que digan el "New York Times" y el "Washington Post". Nos tocó vivir con el vecino malo, es como dormir como un elefante, te aplasta, se mueva a un lado o a otro», afirma sobre la relación con Estados Unidos.

Algo que tiene tan claro como su pasión por Asturias. «Tengo el corazón partío. Es el problema eterno del criollo, que tiene dividida el alma: una mitad está en España y, la otra mitad, en México», concluye.
  El periodista Manuel Mejido Tejón, charla con Pablo Picasso

FUENTE: María José IGLESIAS

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