12 de diciembre de 2012

la Restauración borbónica, entre 1874 y 1923

Los coletazos del caciquismo.

 La España de la Restauración borbónica (1874-1931) estuvo aquejada por una serie de problemas congénitos como el denominado pucherazo, modelo de fraude electoral para manipular mediante la actuación de los caciques el turno de partidos incluso en las elecciones municipales.


Aunque vaya contra el pensamiento académico y normalizado plantear estas cosas, a veces creo que el hilo del tiempo tiene nudos en los que, sin que sepamos por qué, los acontecimientos se enredan de tal forma que podemos encontrar en una semana más hechos reseñables que en veinte meses de tedio y rutina. Es algo parecido a lo que se afirma en el dicho popular de que las desgracias nunca vienen solas: los eventos históricos tampoco.
El invierno que comenzó en 1932 fue uno de esos momentos para la Montaña Central. Desde el 21 de noviembre se vivía una larga huelga en Duro Felguera a la que se unió, en febrero de 1933, otra convocada en Fábrica de Mieres y en la que participaron juntos obreros de diferentes tendencias anticipando lo que habría de ser la unidad revolucionaria del Octubre rojo. Por su parte las empresas anunciaban despidos masivos y en el resto del país la tensión acabó estallando en un rosario de violentas revueltas alimentadas por el hambre y la desesperación, que tuvieron su colofón en los famosos sucesos de la localidad gaditana de Casas Viejas, pero en medio de esta ambiente aún quedaba sitio para lo más cercano, representado en la política de los Ayuntamientos.
La República había llegado con el apoyo de unos y la expectación de otros, que después de observar la situación habían decidido valerse de ella para seguir con sus privilegios perpetuando la costumbre que dos generaciones atrás habían instaurado aquellos que el pueblo soberano denominó enseguida caciques, como recuerdo a los jefecillos indios que habían encontraron los descubridores al llegar a América.

 Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia. El reinado de Alfonso XIII se caracterizará por una constante agitación social y política, que desembocaría en la dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930) y en el exilio del rey y la posterior proclamación de la Segunda República en 1931. Al respecto de la cuestión social, las constantes desigualdades sociales causadas por la creciente industrialización del país provocaron numerosos disturbios, agravados a partir de 1917, con el triunfo de la revolución bolchevique en Rusia. El auge del anarquismo en España acompañó las protestas sociales.

Les recuerdo que los historiadores dan el nombre de caciquismo al sistema que se consolidó en España durante la Restauración borbónica, entre 1874 y 1923, aunque la evidencia nos dice que algunas de sus formas perduraron bastante tiempo e incluso hoy todavía podemos encontrarlas en situaciones que aceptamos con normalidad: altos cargos de la administración elegidos a dedo, puestos de trabajo diseñados para los amigos del gobernante local, enchufes de todo tipo, amiguismo e incluso venerables profesores universitarios y políticos que convierten sus trabajos en hereditarios sin que a sus compañeros de facultad o de partido se les mueva una pestaña.
En fin, volviendo a los caciques de otra época, dependiendo de su importancia podían ejercer su control tanto en un pequeño pueblo como en una región entera, manejando los resultados electorales, controlando los votos de los vivos y también resucitando a los muertos para que engordasen las listas de sus partidos; a veces llegaban a emplear la violencia para intimidar a sus convecinos y siempre se rodeaban de una corte de lameculos que les aplaudían las gracias buscando su propio interés.
En la fecha que les indiqué más arriba los municipios estaban regidos por corporaciones elegidas en las urnas, lo que en teoría garantizaba su comportamiento democrático, pero en muchas zonas apartadas de las grandes ciudades seguían los mismos perros con distintos collares, que se adornaban con los colores de la izquierda e incluso del republicanismo más puro.
Así sucedía en la zona de Laviana y Sobrescobio, donde el candidato del radical-socialismo, después de convencer a los electores de sus bondades, traicionó sus esperanzas rigiendo el consistorio con los vicios de la monarquía. Puede parecer extraño que esta ideología que los investigadores nos presentan como una de las más avanzadas de este periodo pudiese albergar en su seno a quienes practicaban todo lo contrario, pero cuando nos vamos a la letra pequeña de la historia encontramos la explicación al ver un cajón de sastre que creció admitiendo en sus filas a todo aquel que quiso afiliarse, lo que le permitió conseguir 54 escaños en las elecciones de 1931 formando parte de una coalición.
El Partido Republicano Radical Socialista, o simplemente Partido Radical Socialista, había nacido en 1929 como una escisión por la izquierda del Partido Radical de Alejandro Lerroux, nefasto personaje con una evolución política que le llevó desde el discurso en el que a principios del siglo XX les hablaba de las monjas a sus Jóvenes Bárbaros con aquella frase que hizo tanto daño a la imagen de la República: «Levantad sus hábitos y elevadlas a la categoría de madres», pasando por 1934 cuando se encargó de encargar la violenta represión de la Revolución de Asturias, para finalizar concluyendo su vida cómodamente en la España franquista con la mayor parte de sus partidarios ya muertos o exiliados.
Ignorantes de lo que iba a hacer su padre ideológico, el PRS presumía de ser liberal, democrático, pacifista, laico y defensor de las mejoras sociales, sin embargo, dos años más tarde las contradicciones ocasionaron su fragmentación y cuando en 1933 concurrió en solitario a las urnas, solo pudo obtener un diputado; aquel fue uno de los mayores desastres electorales que se recuerdan en este país, luego cada mochuelo se fue a su olivo y el partido se disolvió en una sopa de letras que se integró en otras coaliciones.
Una experiencia de la que deberían aprender ahora quienes están formando en Asturias ex novo una organización que lleva camino de convertirse en un «camarote de los hermanos Marx» de la derecha. Pero como ese no es un asunto de mi incumbencia, vuelvo a lo mío.
El regidor de Sobrescobio llevaba una temporada haciendo mangas y capirotes de la ley imponiendo su voluntad en contra del parecer del pueblo y el ambiente era tan denso que hasta el párroco de la localidad Manuel Suárez había tenido que dirigir una carta al diario socialista Avance para desmentir las acusaciones de ser uno de los culpables del malestar que reinaba en el concejo y de que estaba entre los enemigos del régimen republicano; en vez de ello afirmaba que en septiembre había sido encarcelado por el alcalde por haberse negado a hacer entrega del cementerio municipal al ayuntamiento?
Pero la gota que colmó el vaso de la indignación fue la suspensión del secretario del Ayuntamiento; un hombre calificado de honradísimo y probo que fue sustituido temporalmente por otro porque no se sometía a los caprichosos mandatos del oligarca radical-socialista. La suspensión se ordenó inicialmente por un mes, pero cuando se iba a cumplir el plazo se trató de hacerla definitiva y el día previsto para firmar la orden el pueblo en masa hizo acto de presencia ante el Ayuntamiento obligando a salir al alcalde y a los concejales que lo apoyaban, por una puerta trasera.
Luego, después de buscar inútilmente la llave del edificio consistorial, los alborotadores decidieron quitar la cerradura y poner otra nueva para impedir así que los expulsados volviesen a ocupar su puesto y nombraron una comisión para que se dirigiese hasta Oviedo a exponer al Gobernador el motivo de su acción; sin embargo sus planes se truncaron porque a última hora del día llegó hasta Sobrescobio un camión con guardias de asalto mandados por un teniente y procedentes de la Felguera, que los disolvió, procediendo a la detención del secretario destituido y de nueve personas más, todas jóvenes que fueron conducidos a la cárcel de Laviana.
Según el informe que presentó ante el juez el oficial de los guardias, que lógicamente no había presenciado el asalto, el promotor de todo había sido el teniente de alcalde Nazario Iglesias Miyares, secundado por José Álvarez, Nicanor Almenflor, Hermenegildo Miyares, Cesar González y Daniel Gutiérrez, todos ellos personas de solvencia, que estaban entre los encarcelados. Para forzar una apariencia de imparcialidad también se llevó hasta Laviana a cuatro partidarios del alcalde, pero al día siguiente ya estaban en la calle sin haber pagado ninguna fianza, mientras que los otros permanecieron incomunicados hasta el martes. La crónica de El Noroeste, que se ocupó de la noticia desde su inicio, contó que cuando salieron de sus celdas y llegaron a Sobrescobio les recibió una manifestación dando vivas a la libertad y mueras al enchufismo radical-socialista.
La pequeña revuelta de Sobrescobio fue repetida inmediatamente en otros puntos de Asturias y pueden suponerse que aquel Alcalde no volvió a ganar más elecciones, pero estos episodios, con ser interesantes, se olvidaron pronto y ahora resulta difícil sacarlos a la luz, porque el baño de sangre que llegó a las Cuencas mineras pocos meses después puso un punto y aparte en la memoria de quienes fueron sus protagonistas. De cualquier forma, de todo se aprende.
 Ilustración de: Alfonso Zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

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