11 de diciembre de 2012

Alcaldesa Perpetua Mayor de Aller

La alcaldesa de piedra.

             Iglesia de Miravalles (Aller)

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El viajero -como diría Camilo José Cela- va andando por el centro de Gijón y tiene que mirar donde pisa para no tropezar con una vieira dorada que sobresale sobre la cera recordándole que por allí pasa el camino de Santiago, ¡Ah bien!, si cruza Mieres es lógico que atraviese Oviedo y luego llegue hasta aquí. Otro día conduce por una carretera secundaria desde Navia a Tapia de Casariego y ve en el arcén una enorme cruz que señala el mismo camino: no le extraña, de Gijón a Avilés, de allí a Luarca y después a Galicia.

Pero a la semana siguiente el viajero encuentra otra señal del camino en Llanes, y ya se mosquea, aunque piensa que si la ruta principal es la que pasa por León y de allí tira para El Bierzo y la secundaria es la que se separa en la capital meseteña para cruzar Pajares, también puede haber otra terciaria que venga desde Santander, aunque la cosa se complica cuando vuelve a ver otra indicación en Proaza y más tarde otra huella en Laviana y una señal en Cabañaquinta y otra en Sotiello de Lena y en? ¿Por dónde pasa realmente el camino de Santiago?

Hace años escribí que en Asturias lo hacía por todas partes, como tejiendo una red, y ahora cada vez estoy más convencido de que los peregrinos que se aventuraban por esta tierra indómita era los que no tenían ninguna prisa para llegar hasta el apóstol y aprovechaban para ir recorriendo iglesias y lugares de fe que en ocasiones los llevaban a lugares alejados del itinerario principal.

Quienes se desviaban en Ujo para subir por el concejo de Aller, o bien aquellos que preferían entrar en Asturias por San Isidro o Vegarada tenían una parada obligatoria en el santuario de Miravalles, en un extremo de Soto de Aller donde también saludaba a los piadosos viajeros un castillo, propiedad del noble Pedro Díaz y del que queda como testigo parte de la torre del homenaje, desafiando al tiempo y a la incompetencia de las autoridades que tendrían que impulsar su rehabilitación. Pero lo importante en aquella época no eran las cosas de los hombres sino las de Dios, y por ello la fortaleza se dejaba de lado para buscar la iglesia.

El templo actual se empezó a construir en 1740 y la obra dirigida por el maestro ovetense Ramón Faedo tardó en rematarse cuatro años, aunque con mucha anterioridad ya existía en Soto un monasterio dedicado a San Martín que aparece citado por primera vez en una donación del rey Ordoño I al obispo de León Fruminio, allá por el 860. San Martín, como seguramente recuerdan es el patrono del concejo, pero en este lugar su culto fue reemplazado por el de la Virgen porque, según la tradición, en una época que desconocemos ella misma lo quiso así.

Me explico: en la campa de Miravalles entre un avellano y unos salgueros mana una fuente con un agua que siempre tuvo fama de curar las enfermedades de la vista. Deben saber que cuando el cristianismo llegó a estas tierras tuvo que competir duramente con las creencias de los autóctonos y en ocasiones optó por integrarlas en su propio culto. Si hacen memoria recordarán enseguida la cantidad de ermitas que tienen ante su pórtico un tejo, árbol venerado por nuestros antepasados que se reunían en su rededor para celebrar sus ceremonias considerando que la tierra que albergaba sus raíces era sagrada. Por eso, si se levantaba allí un templo, solo era cuestión de tiempo que una creencia llevase a la otra y la cruz y el cura recibiesen el mismo respeto que el árbol.

                                            Peregrino

Con algunas fuentes sucedió lo mismo y la de Miravalles es una de ellas, así que lo que tenía que pasar pasó y un día se produjo el inevitable milagro en forma de una virgen de piedra que apareció misteriosamente al lado del manantial. Los vecinos la llevaron hasta la iglesia del pueblo, pero ella, repitiendo una leyenda que también encontramos en otras partes de Asturias, volvió a desplazarse hasta el agua mágica para indicar de esa forma que lo que quería era tener allí su propio templo, y así una y otra vez hasta que lo consiguió. No pudo ser en el lugar exacto de la aparición porque el terreno lo impedía, pero se construyó lo más cerca que fue posible y ella para hacer ver que lo comprendía hizo que creciesen en el mismísimo campanario el avellano y los dos salgueros que siguen allí, aunque ya fueron talados varias veces por orden de quienes respetan las querencias populares sólo cuando nos les molestan.

Hay quien dice que en algún momento no fue la imagen sino la propia Virgen la que se apareció en Miravalles, pero sea como fuese el caso es que la iglesia se edificó. En cuanto a la escultura de piedra, mide unos 80 cm y los que dudan de su procedencia celestial y la estudian como si la hubiese hecho algún mortal, la clasifican como (perdónenme ustedes el cultismo) una virgen galactotrofusa, lo que quiere decir que está dando de mamar al niño, un niño que por otro lado está de espaldas al espectador y en relación con su madre tiene un tamaño desmesurado, pero estas son cosas del arte; también si se fijan en la Piedad de Miguel Ángel verán como madre e hijo parecen de la misma edad y nadie dice nada.

En otros lugares, estas representaciones se llaman vírgenes de la leche o del Buen Parto y son bastante escasas porque el Concilio de Trento ordenó destruirlas al considerar que la exhibición del pecho de la madre y del acto de mamar podía incitar a malos pensamientos. Donde no se hizo caso de la norma se convirtieron en objeto de especial devoción para las embarazadas que buscaban un buen parto, pero en Soto su veneración no se quedó en eso y se convirtió en la más popular de todo el concejo.

En lo que los expertos no se ponen de acuerdo es en su antigüedad: se la data entre el siglo XI y el XIII, sin que falten los que basándose en su estética bizantina la llevan hasta el siglo VI, aunque lo importante para el lugar es que la fama de aquellas apariciones atrajo a numerosos peregrinos que se acercaron hasta el concejo de Aller desde tierras lejanas y como muchos llegaban ya mostrando en sus carnes las penurias del camino recorrido, en la vecina San Ana no tardó en construirse también un pequeño hospital para atenderlos.

Su fundador fue un francés, natural de Feurs, un pequeño pueblo del departamento de Loira, que ronda hoy los ocho mil habitantes y tiene unas características muy similares a las del concejo de Aller, lo que invita a considerar la posibilidad de un hermanamiento. El hombre se llamaba Andrés Boreta y pasó aquí la última parte de su vida hasta que falleció en octubre de 1596 después de haber asegurado en su testamento la permanencia de la institución y de quienes la venían atendiendo junto a él. Fue enterrado en la capilla mayor de la iglesia de Santa Ana anexa al hospital y allí debe seguir su cuerpo, aunque nadie se ha preocuparlo de comprobarlo.

 
                                    Iglesia-hospital de peregrinos

El hospital estaba dedicado a los pobres y allí se les recibía con luz, lumbre, agua limpia y cama por una noche, prolongando hasta tres días la estancia de los que necesitaban reposar; pasado ese tiempo, que era el que podía asumirse con el presupuesto de que disponía el establecimiento, si la gravedad del enfermo obligaba a que siguiese en él se pedía limosna por el concejo para ayudar a su mantenimiento y si llegaba a fallecer se les enterraba cristiana y dignamente dentro del recinto del cementerio.

Curiosamente en el camposanto de Soto se puede ver hoy lo que fue otra capilla levantada entre los siglos XIV y XV y que tuvo las funciones de parroquia hasta 1745, pero luego, cuando el pueblo creció se quedó pequeña y acabó cerrándose al culto a mediados del siglo XIX. En ella una entrada se conocía hasta no hace mucho como "puerta de los franceses", y fue bautizada así seguramente en la época del piadoso Bareta, lo que deja abierta la posibilidad a que en algún momento de su estancia en Soto le hubiese acompañado al menos otro compatriota.

La imagen de piedra se guarda actualmente en la iglesia parroquial de Soto para evitar que alguna noche desaparezca tan misteriosamente como llegó, aunque esta vez con ayuda de los cacos. Hace muchos siglos que no vuelve sola a su santuario pero sus fieles se encargan de llevarla hasta allí en su fiesta, el 8 de septiembre, aunque cualquier otro día si ustedes se acercan hasta la ermita podrán ver una copia exacta y de paso recordar que fue ante ella donde se reunieron el 9 de junio de 1808, los patriotas alleranos para declarar la guerra a Napoleón.

Aquel día prometieron que en el momento de la victoria volverían a agradecer su protección y lo cumplieron cuando se firmó la paz en 1814, y es que dicen sus fieles que la Virgen nunca ha abandonado a sus paisanos y seguramente por eso nadie cuestiona su título de Alcaldesa Perpetua Mayor de Aller concedido con todos los requisitos por el pleno de su Ayuntamiento. Ya lo ven.
                             Ilustración de: Alfonso zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR

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