19 de julio de 2018

Malos momentos en Moreda (Aller-Asturias)

La Carinsa, 60 años de luto e incógnitas
Ilustración de Alfonso Zapico
Ocho trabajadores perdieron la vida en una explosión de grisú cuyo origen nunca llegó a concretarse, pese a la investigación realizada
El féretro de una de las víctimas del accidente de La Carinsa
Tal día como ayer, pero hace seis décadas, el concejo de Aller vivía uno de tantos funestos momentos en el sector del carbón. Las entrañas de la tierra decidían cobrarse ese tributo en forma de vidas por aquellos que arrancaban de sus paredes el negro mineral que hoy está tan defenestrado y que por entonces suponía un maná energético. El 16 de junio de 1958, al filo del mediodía, una explosión de grisú que tuvo lugar en el grupo minero de La Carinsa, perteneciente a la Sociedad Hullera Española, segaba la vida de ocho trabajadores: Manuel Prado Rodríguez, Secundino Baizán Ordóñez, Benigno Fernández Álvarez, Gerardo García Gutiérrez, Manuel González Castañón, Marcelino Baizán González, Pagerio Méndez Muñiz y José Antonio García Baizán.
Ilustración de Alfonso Zapico
Siete de aquellos mineros morían en el acto, a causa de las explosión. Otro se debatió durante un día entre la vida y la muerte en el sanatorio de Bustiello. Finalmente, la gravedad de las heridas pudieron con su vida. Varios de sus compañeros también resultaron heridos por la explosión y fueron atendidos en los exteriores de la mina allerana por los servicios médicos. Hoy, cuando se cumplen seis décadas de la fatídica fecha, el origen del accidente la mina Coto Bello del grupo La Carinsa, sigue siendo una incógnita. En aquel momento, las investigaciones que llevaron a cago los ingenieros de Jefatura de Minas de Asturias no aportaron un veredicto diáfano y concluyente. Quizá el verdadero origen de la explosión haya quedado sepultado junto a aquellos ocho trabajadores que perdieron la vida en un accidente que sacudió a todo el concejo de Aller, sembrando dolor y dejando huérfanas a varias familias humildes de Bello o Collanzo, entre otras localidades.
Ilustración de Alfonso Zapico
El propio ministro de Trabajo de la época, Fermín Saéz Orrio, se interesó por lo sucedido. Los directivos de la empresa, entre otras pruebas de la catástrofe, mostraron al Ministro la lámpara número 117 que, seccionada en dos partes, daba fiel imagen de la tragedia vivida. La decisión final tras la investigación fue que las posibles irregularidades o negligencias fuesen penadas con quinientas pesetas a la empresa. Las familias afectadas por el fallecimiento de los mineros recibieron 5.000 pesetas, en el caso de las esposas e hijos de los casados. Mientras, los padres de los solteros recibirían 4.000 pesetas. En aquellos años, la minería era casi artesanal. Los medios eran escasos, especialmente en la detección del grisú, un gas que arrebató numerosas vidas en la mina, tanto en las de montaña, como en los pozos subterráneos.
Ilustración de Alfonso Zapico
Los detectores del gas de la época eran ciertamente rudimentarios. Los mineros entraban en los pozos con pájaros enjaulados, que cuando tenían problemas para respirar o morían, eran la señal de que en la zona había grisú y corrían riesgo de explosión o intoxicación. 
Tampoco aportaba la mayor de la seguridades las lámparas de gasolina, ya que aunque salían verificadas de las lampisterías, cualquier pequeño golpe en el tajo o en el camino hacia el mismo podían romper el dispositivo, haciendo que la llama, en contacto con el gas, fuese letal. De hecho, hace tres décadas, tras muchos informes, se decidió prohibir este tipo de lámparas para tratar de minimizar el riesgo de accidentes mineros por explosiones del temido grisú.
Ilustración de Alfonso Zapico
Años después de aquel accidente, el grupo La Carinsa se integró finalmente en Hunosa. Después de aquello, se convirtió en una explotación a cielo abierto de la que durante años se extrajeron miles de toneladas de carbón. Como algunas minas similares,
La esquela publicada entonces
La Carinsa puede disfrutar hoy de una segunda vida. Una vez restaurada, puede convertirse en una superficie susceptible de albergar algún proyecto para el desarrollo turístico y ganadero de Aller.
El ministro Sáez Orrio, en el funeral por una de las víctimas
FUENTE: LEONCIO CAMPORRO
Las ilustraciones del artículo son de Alfonso Zapico
Alfonso Zapico (Blimea, Asturias, 1981). Historietista e ilustrador freelance. Profesional gráfico desde el año 2006. Trabaja en proyectos educativos del Principado de Asturias (Aula Didáctica de los Oficios) e impartido talleres de ilustración en centros educativos de Asturias y Poitou-Charente (Francia).  Realiza ilustraciones, diseños y campañas para diversas agencias de publicidad, editoriales e instituciones. Es ilustrador de prensa en diarios regionales asturianos (La Nueva España, Cuenca del Nalón, Les Noticies…).
Se estrena en 2006 con un álbum de corte histórico para el mercado franco-belga, La guerra del profesor Bertenev (Dolmen, 2009). Su primer trabajo publicado directamente en España es Café Budapest (Astiberri, 2008), donde se mete de lleno en una ficción determinada por los orígenes del todavía no resuelto conflicto palestino-israelí. Acto seguido apuesta por recrear en cómic la vida de James Joyce, Dublinés (Astiberri, 2011), que gana el Premio Nacional del Cómic 2012 y a raíz del cual surge el cuaderno de viaje La ruta Joyce (Astiberri, 2011).
Vive en la localidad francesa de Angouléme, donde, tras realizar El otro mar (Astiberri, 2013) a caballo de su Asturias natal, a la que vuelve con regularidad, se encuentra preparando su nueva y ambiciosa obra, “La balada del norte”, que constará finalmente de tres tomos.
Esta magnífica obra es un autentico tesoro de la novela gráfica española y refleja la negrura de los valles mineros de Asturias de los que surgen personajes luminosos, y bajo el ruido atronador de las minas de carbón se escucha el susurro de una canción antigua. Los viejos y nuevos tiempos chocan brutalmente poniendo a prueba al protagonista, pronto a la Humanidad entera. Éste es el sonido de "La balada del norte".

Sus libros han sido traducidos al inglés, francés, alemán o polaco. (…) http://alfonsozapico.com
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