26 de octubre de 2016

Los sangrientos torneos del Passo Honroso

El Passo Honroso de Suero de Quiñones, una gesta tan legendaria... como real
Don Suero  de Quiñones y las justas
Ver artículo del blog: La gesta del Paso Honroso, en Hospital de Órbigo (León)
El caballero leonés quedó libre de su prisión de amor tras enfrentarse durante 30 días a rivales en el puente de Órbigo (Hospital de Órbigo, León)
Puente romano conocido como Passo Honroso en recuerdo de la batalla que por amor libró el caballero leonés Suero de Quiñones en 1434
«Digan que fueron burlas las justas de Suero de Quiñones, del Passo», pone Miguel de Cervantes en boca de Don Quijote. De todas las gestas que absorbieron el seso de Alonso Quijano, el «fecho de armas» del caballero leonés fue un hecho histórico, aunque cuente con todos los ingredientes de una novela de caballería o una leyenda.
El escribano del rey Juan II de Castilla, Pedro Rodríguez de Lena, documentó el Passo honroso de Suero de Quiñones en un manuscrito del que se conservan 5 copias, una completa en el Monasterio de El Escorial.
Sucedió en el «año del naçimiento de Nuestro Señor Jesuchristo de mil é quatroçientos é trenta é quatro años» cerca del puente de la villa de Hospital de Órbigo, en el camino de Santiago, «que es a seis leguas de la noble çiudad de León, é a tres de la çiudad de Astorga».
Recreación de una justa de Suero de Quiñones 
Allí, entre el 10 de julio y el 9 de agosto de 1434, Suero de Quiñones y otros nueve caballeros se batieron contra todo el que intentara cruzar el puente para librarse de la «prisión de amor» por la que éste llevaba todos los jueves una argolla de hierro al cuello.
«Nos hallamos en tiempos de la épica caballeresca y el amor cortés, la idealización de la mujer, el servicio a la dama, y aquellos aguerridos caballeros ponían sus ojos en el contrapunto de su rudeza: la delicadeza de las féminas, que les correspondían portando orgullosas, incluso manchado de sangre, el jubón o túnica sin mangas que su caballero había lucido sobre la armadura durante el combate», explica Carlos Taranilla de la Varga.
El historiador, autor de la adaptación anotada de «El Passo Honroso de don Suero de Quiñones», aclara que el «Passo» no fue una justa sinoun «fecho» de armas ya que la lucha singular a caballo y con lanza tenía un claro propósito, no era una mera demostración de la destreza con las armas.
La prueba, para la que se fijó un pormenorizado reglamento, estuvo autorizada por el propio monarca y se celebró con el auspicio de don Álvaro de Luna. El Condestable de Castilla, a quien servía don Suero desde los 17 años, «quería dejar en segundo plano la que había protagonizado don Enrique de Aragón -el «Passo de la Fuerteventura, el 18 de mayo de 1428- la cual, a su vez, intentó oscurecer las organizadas por el propio Álvaro de Luna para festejar la estancia en Valladolid de doña Leonor, hermana de la reina doña María de Castilla, en su camino hacia Portugal para casarse con el infante don Duarte».
Imagen de Torneo Medieval
«Había una rivalidad entre los dos principales reinos cristianos de la península, que se manifestaba a todos los niveles», continúa Taranilla de la Varga. Hubo por tanto «una doble motivación: en primer lugar, política; en segundo plano, caballeresca».
Según el manuscrito original, los jueces del Paso le libraron a don Suero de su argolla al darle su rescate por cumplido tras permanecer durante 15 días antes y 15 días después del apóstol Santiago esperando caballeros en el puente de Órbigo. Era la segunda de las condiciones de la prueba. Los diez «mantenedores» del Passo, que se enfrentaron a 68 aventureros, no llegaron a partir las 300 lanzas en las que don Suero había concertado su liberación.
El franciscano Juan de Pineda, que resumió y adaptó el manuscrito original para la imprenta en 1588, relata que don Suero y su cortejo se trasladaron a la ciudad de León, donde dieron gracias en la Catedral y se celebraron grandes fiestas. Don Suero se desplazó de León al castillo de Laguna de Negrillos, donde vivían sus padres, para sanar las heridas que traía del Passo. Una vez curado, peregrinó hasta Santiago de Compostela («era año santo», recuerda Taranilla de la Varga) y dejó un brazalete de oro al cuello del relicario de Santiago Alfeo que aún hoy ostenta.
La Justa o torneo de Suero de Quiñones.ferminlopetegui.blogspot.com
Nada de esto recoge el manuscrito original. Carlos Taranilla cree que Juan de Pineda, cautivado por el personaje y la historia, «entró en ella quitando y añadiendo» ya que «hay numerosas expresiones e incisos superpuestos, incluso algún epígrafe, que parecen de su propia cosecha, yendo en aumento a medida que avanza el texto». De ser así, el franciscano habría alargado un siglo después la historia, «aunque queda la incógnita de si existió otro manuscrito o "Libro de mano" que aún desconocemos», apunta.
Al año siguiente, don Suero se casó con Doña Leonor de Tovar, «a quien por conjeturas se supone la dama "cuyo yo soy", o sea, de la que estaba enamorado», continúa Taranilla.
El caballero leonés tuvo un trágico final. Fue asesinado en 1458 en Barcial de la Loma (entre León y Valladolid) por los escuderos de Gutierre de Quijada, «quien no le había perdonado odios del Passo honroso».
Las Justas medievales del Passo honroso en Hospital de Órbigo están declaradas de Interés Turístico Regional - abc
FUENTE: MÓNICA ARRIZABALAGA (ABC - Cultura)
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Los sangrientos torneos del Passo Honroso
El Puente de Órbigo preparado para la justa
El Passo Honroso del caballero don Suero de Quiñones consistía en el reto de romper una lanza a cada caballero que, acompañado de su dama, pretendiera cruzar el puente de peregrinos sobre el río Órbigo en León
Imagen de una justa
En aquel juego de amor y de sangre en el otoño medieval, hubo muertos y lisiados de por vida. Don Álvaro de Luna tuvo que tomar cartas en el asunto para impedir la celebración de estas sangrientas justas, y hasta el obispo de León se negó a enterrar en sagrado a quienes perecieran en tales encuentros.
 En 1434, coincidiendo con el Jubileo del Año Santo Compostelano, en tiempos de Juan II, un caballero de ilustre familia leonesa, don Suero de Quiñones, protagonizó un hecho histórico que ha quedado grabado en los anales del otoño medieval hispano.
Hijo de Diego Fernández I de Quiñones, merino mayor de Asturias, y de María Álvarez de Toledo, su padre, en testamento otorgado el 3 de febrero de 1442, fundó un mayorazgo en favor de su hijo mayor, Pedro, mientras que a Suero le dejó la población de Villanueva de Jamuz (León). Nacido en esta ciudad en 1409, Suero fue un renombrado poeta, vinculado a la Corte del monarca Juan II, y criado personal de su temible condestable, el nigromante don Álvaro de Luna. La vida de Suero de Quiñones cambió radicalmente al enamorarse locamente de una dama y, al ser rechazado por ella, decidió mostrarle su amor de una forma muy especial: esto es, convocando una justa de torneos, en la que él exhibiese su valor al medirse con los mejores caballeros de la Cristiandad.
passo honroso
Mas tenía que recibir el consentimiento del rey; y Juan II se encontraba entonces en Medina del Campo. Acudió, pues, a su fortaleza para parlamentar con el monarca castellano, quien no halló ningún impedimento, pensando que las justas le darían un mayor renombre al peregrinaje a Compostela. De este modo, le concedió de inmediato el privilegio de convocar unos torneos en campo abierto para medir a los más valientes y fuertes jinetes y caballeros de la Europa cristiana, tanto hispanos como de cualquier otro país occidental, en aquel memorable Año Santo. Las justas se desarrollarían durante un mes, exactamente quince días antes de la festividad de Santiago el Mayor (25 de julio) y quince días después; es decir, desde el 10 de julio hasta el mismo día del mes de agosto.
Atraídos por aquella singular convocatoria, los caballeros aprovecharon para desempolvar los olvidados trajes nobiliarios que guardaban en el fondo de los arcones. El precio al rescate lo estimó el caballero leonés en 300 lanzas “rompidas por el asta con fierros ‘de Milán’”, según estableció en las Ordenanzas del Passo. Lucharían él y nueve mantenedores más, familiares o amigos suyos, contra todos los caballeros del mundo. Tres lanzas rotas por cada caballero.
El lugar fue minuciosamente escogido, eligiendo la amplia explanada que se abría delante del puente medieval de piedra que salva las frescas y cristalinas aguas del sinuoso curso del río Órbigo, siguiendo la legendaria calzada romana que enlaza la ciudad de Astorga con Burdeos (Aquitania), a través del Camino Francés o de los Peregrinos a Compostela. Hospital de Órbigo se encuentra exactamente a 30 kilómetros al oeste de la ciudad de León y a 18 al este de Astorga, capital de la Maragatería, y es una encrucijada entre el Camino de Santiago y la Vía de la Plata, las dos arterias de comunicación más transitadas de la España medieval. Su puente, construido por los templarios a mediados del siglo XIII, es uno de los más largos y armoniosos de la España medieval.
Puente del Paso Honroso en Hospital de Órbigo León)
Puente de Órbigo, en el extremo oriental de la mágica y “maldita” tierra de la Maragatería, se convirtió, pues, en el escenario de aquel evento. Sus espectadores de excepción fueron los peregrinos que en Año Santo iban a visitar la tumba del Apóstol, en Santiago de Compostela. Con el “Passo Honroso”, además, se demostró que los Caballeros Andantes seguían cabalgando, que eran personas de carne y hueso, y no seres surgidos de los incunables y mitológicos libros de caballería. Además de portar lanza, llevaban un escudo con las armas de su linaje, casco –en forma de dragón, en muchos casos– y montaban un rápido y fuerte corcel.
Suero de Quiñones procuró que la antigua capital castellana, al menos durante un mes, recuperara su esplendor pasado. Además del collar de hierro que portaba en su cuello, Suero era reconocido por sus armas: escudo jaquelado de quince jaqueles, ocho de gules y siete de veros; bordura de gules cargada de ocho aspas de oro. Los más altos linajes de caballeros andantes que acudieron al Passo Honroso también exhibieron con el mayor orgullo sus nobles armas; pero hubo participantes que ocultaron su condición, siendo únicamente reconocidos al caer heridos o muertos. Unos eran nobles de alta alcurnia, y otros, sangrientos asesinos, sicarios a sueldo, personas sin escrúpulos ni condición, ocultos bajo una metalizada armadura y con nombres falsos. Los caballeros que ignoraban las leyes del torneo eran obligados a bajarse del caballo y vadear a pie la corriente del río, a modo de humillación social.
Toda clase de actos tenían lugar al final de la jornada en el escenario de la contienda caballeresca: desfiles, bufones saltarines, músicos, trompetistas que competían entre ellos para demostrar quién soplaba más fuerte, etc. Entonces, el caballero mantenedor abría su tienda al aventurero oponente con el que había combatido ese día para agasajarlo en un banquete final en donde no faltaban los más sabrosos yantares y vinos del cercano Bierzo… si es que estaba vivo, o podía moverse, porque se dieron muchos casos de caballeros que quedaron mutilados de por vida.
MURAL DE LA HISTORIA DE SUERO DE QUIÑONES SITUADO EN EL HOTEL CONDE LUNA DE LEÓN. httplegadohistoria.blogspot.com.es
FUENTE: JESÚS ÁVILA GRANADOS (HISTORIA MEDIEVAL)
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