13 de julio de 2016

La contestación obrera al régimen franquista en 1962

La huelgona
Dibujo de Pablo Picasso 
Veinticinco  años después de del fin de la guerra civil en Asturias, la gran huelga de 1962 constituye el signo más claro de recuperación en la sociedad asturiana tras una depresión posbélica prolongada por los desastrosos efectos de la política antártica de los primeros años de la dictadura
Ilustración de Alfonso Zapico
Las penalidades de los años cuarenta  correspondieron en el mundo rural a una parálisis en los movimientos que se habían iniciado  en las primeras décadas del siglo XX, y sólo  a partir de los cincuenta se consolida la tendencia hacia la especialización ganadera orientada al abastecimiento de los núcleos urbanos del centro de la región.
Los años centrales del franquismo constituyeron una profunda alteración merced al aumento de las praderías en perjuicio de las tierras de labor, cambio que contribuiría poderosamente la política de repoblación forestal fomentada por la necesidad de las minas y las industrias papeleras y que hicieron que pinos y eucaliptos llegaran a ocupar el 30% de la superficie arbolada de la región en 1960.
En todo caso, lo que si se produjo en aquellos años fue un notable acceso a la propiedad de la tierra por parte de los campesinos, gracias a la concurrencia de las posibilidades económicas abiertas por las industrias lácteas y al creciente desinterés  en la misma por parte de los tradicionales propietarios rentistas.
Tales progresos en la economía campesina  no hicieron más que sellar la crisis definitiva de la sociedad agraria tradicional.
Los años 50 y sobre todo los 60 contemplan el inicio de la mecanización y en definitiva la inserción del campo asturiano en una economía abierta de mercado, coinciden y se relaciona con un progresivo envejecimiento de la mano de obra y un creciente movimiento migratorio de las franjas de población más jóvenes, que se dirigieron hacia las industrias regionales o bien optaron por salir fuera del país, prefiriendo las naciones de Europa occidental en detrimento de las tradicionales migraciones transoceánicas.

Ilustración de Alfonso Zapico
La situación en la posguerra sería mucho más dura en las áreas urbanas e industriales donde las penalidades del racionamiento y la inflación resultaba mayor ante la imposibilidad de recurrir a cultivos a cultivos propios que garantizasen la subsistencia (las cartillas de racionamiento de mantuvieron hasta el año 1951), la escasez llegó al extremo de revitalizar crisis de subsistencias que llegaron a ser tan intensas como la de 1941.
Del mismo modo el activo y combativo papel desempeñado por la población de las cuencas mineras frente al avance de los ejércitos de Franco condiciono en las mismas una muy dura posguerra, marcada por una brutal y sangrienta represión.
 A pesar de la dura represión el sector minero no fue abandonado ni aislado por el régimen, todo lo contrario, las necesidades de abastecimiento de combustible impuestas por la política autárquica (soberana) del régimen de Franco y el hecho de ser las explotaciones mineras asturianas el principal recurso energético del país antes de la apertura a las importaciones de derivados del petróleo y a la puesta en marcha de una red de centrales hidroeléctricas, estimularon la creación de una Comisión para la Distribución del carbón en 1941, en aquellos mismos años también hubo una seria de medidas encaminadas a favorecer la emigración a las cuencas mineras de otras partes del Estado dado el desarrollo que se estaba dando en las explotaciones mineras gracias al balón de oxígeno proporcionado por la política autárquica del régimen y ofrecer a la minería la exclusiva del mercado nacional. Se dio a los propietarios ventajas fiscales y facilidades para le inversión, los trabajadores también se vieron beneficiados con la exención del servicio militar, pluses de productividad, economatos y viviendas baratas.
Poema de Rafael Alberti a los mineros
Con todo esto no mejoro la situación, solo logro mantenerse y esos mismos años, paralelamente al crecimiento de la producción disminuía la productividad, de modo que el sector definitivamente solo podía mantenerse vivo gracias a las ayudas estatales que culminaron con el nacimiento de la empresa estatal HUNOSA en 1967, creada por la nula disposición de los propietarios a modernizar las explotaciones.
Más problemática resulto la posguerra para las factorías siderúrgicas, donde el fatal parón productivo de  los años de conflicto vino a sumarse una carencia tecnológica impuesta por la imposibilidad de importar maquinaria que determinaba la política autárquica y la evidente incapacidad nacional para fabricarla, así pues, y al contrario que la minería, su desarrollo centrado en la comarca de Avilés tuvo que esperar la creación de la empresa estatal ENSIDESA, fundada en 1950 y cuya apertura siete años más tarde que HUNOSA iba a provocar importantes movimientos económicos y transversales de población en Asturias, estos, afectaron de manera trascendentalmente hasta los años 70 del pasado siglo XX a la ciudad de Mieres donde estaba instalada Fábrica de Mieres.
Las consecuencias de esas transformaciones para las asociaciones obreras que habían demostrado (durante la Republica y la Guerra), ser las más organizadas y reivindicativas del país fueron extraordinarias: el encarcelamiento, muerte o exilio de sus dirigentes dejaron a las bases desprovistas de directrices claras de acción y los intentos de recomponer sus esquemas organizativos sobre  cuadros clandestinos u agrupaciones emplazadas fuera del país, generalmente fracasaron, la acción de la guerrilla multiplico la represión sobre las cuencas mineras asturianas.
Las clases trabajadoras fueron encuadradas en el Sindicato Vertical, aunque la población de las cuencas mineras se mostró muy rebelde a su labor de adoctrinamiento:
Ilustración de Alfonso Zapico

“ASTURIAS TUVO LA MÁS ALTA ABSTENCIÓN Y EL MENOR PORCENTAJE DE SUFRAGIOS POSITIVOS DEL PAÍS EN EL REFERÉNDUN DE 1947 SOBRE LA LEY DE SUCESIÓN”.
La necesidad de amoldar el régimen franquista al contexto internacional de la guerra fría obligó a cierta apertura y esa oposición va desarrollar formas múltiples de resistencia, ya sea cultural, sindical o puramente política. A partir de 1952 se registra el nacimiento de un pequeño movimiento de oposición tolerada de carácter democristiano, la Universidad comienza a manifestar una cierta inquietud y se admite algún regreso del exilio, como Prieto Bances (había sido ministro de Instrucción Pública por breve plazo en tiempos de la República), o Granell, y a lo largo de la década de los años 50, el ámbito sindical se manifestó como la vía más propicia  para la expresión del descontento, En su seno socialistas y comunistas siguen caminos dispares: mientras el SOMA se reorganiza clandestinamente en 1946 ponía en práctica una estrategia de retraimiento y rechazo a cualquier contacto  con los organismos de la dictadura, el PCE trata de aprovechar las estructuras existentes  para conseguir sus objetivos. Inguanzo lo llamaba “dialéctica de la libertad”, consistía en:
Meterse por los sindicatos utilizando la demagogia sindical oficial: aprovechándose de esa demagogia para meter gente de verdad de verdad honrada y esas brechas abrirlas para romperlas.
El mantenimiento de un estado policial contra la amenaza que suponía el  bandolerismo de los guerrilleros hizo que no tuvieran eco en Asturias movimientos sociales como los del País Vasco en 1947, Cataluña en1951 y Madrid en1956. Sin embargo en 1957 y 1958 se encienden sendas huelgas mineras en el Pozo María Luisa, su inspiración era básicamente económica  y fueron sofocadas de forma contundente
El Pozo María Luisa
La lucha contra la dictadura iba a continuar pero desde supuestos distintos; las generaciones más jóvenes de los que participarían en los movimientos huelguísticos no habían conocido las organizaciones sindicales anteriores a la Guerra Civil y el carácter predominante de los mismos a partir  de ese momento seria la unidad de comunistas, socialistas, anarquistas, católicos o simplemente trabajadores (obreros) sin inclinación política definida, pero con reivindicaciones económicas y anti-dictatoriales claras. Dentro de la iglesia dos organizaciones  de base nacidas a mediados de la década de los 40, “La hermandad Obrera de Acción Católica” (HOAC) y la “Juventud Obrera Católica” (JOC), adquieren a finales de los años 50 un talante cada vez más reivindicativo ante la dureza de las condiciones de vida de los trabajadores industriales.
El año 1962 fue sin duda uno de los momentos de mayor rechazo a que se enfrentó el Régimen de Franco. La libertad arancelaria que establecía el Plan de Estabilidad expuso al carbón asturiano a la competencia externa sumiéndolo en una grave crisis que luego resultaría definitiva, la huelgas de los mineros comenzaron en el Pozo Nicolasa por divergencias en la aplicación del convenio colectivo, pero pronto se extendieron a toda la industria asturiana y recababan  apoyos en el resto del país.
La reacción gubernamental, aunque no excluyó la negociación, término recurriendo a los conocidos métodos represivos; se declaró el estado de excepción en Asturias, Vizcaya y Guipúzcoa. Fueron muchos los despedidos a raíz de la huelga, o incluso expulsados de la región, sin embargo el giro era definitivo, la oposición se atrevía a salir a la calle reclamando mejoras y derechos, a la lucha económica  se sumaba la política. La contestación social mitigada por el auge económico de los años 60, hacia entrar al franquismo en un lento declive que sólo concluiría a la muerte del dictador.
Número 1 del Mundo Obrero de mayo de 1962
FUENTE: “HISTORIA ILUSTRADA DE ASTURIAS”
 DE JUAN IGNACIO RUIZ DE LA PEÑA
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