4 de febrero de 2014

La estación de esquí de Pajares nació el 17 de enero de 1954, con la instalación del primer remonte, el de La Cerra.

Pajares, desde las tres pesetas.

La estación lenense, impulsada en 1954 por Chus Valgrande, convirtió en deporte de masas lo que por entonces suponía una actividad elitista y un medio de transporte para muchos jóvenes.


          




Con los esquíes al hombro, los pioneros en utilizar los montes de Pajares para la práctica del esquí recorrían a pie los cinco kilómetros que separaban el apeadero de tren de Busdongo hasta la montaña lenense. Eran los años cuarenta, y el deporte del esquí aún no estaba tan extendido como ahora en la cordillera Cantábrica, y se consideraba una actividad elitista. Para otros, los vecinos de los pueblos, era, sin embargo, un medio de transporte. Entre aquellos jóvenes entusiastas destacaba uno, Jesús Suárez Valgrande, «Chus Valgrande», que junto con otro grupo de aficionados al mundo de la nieve fue el motor que hizo que el 17 de enero de 1954 naciera la estación de esquí de Pajares, con la instalación del primer remonte, el de La Cerra.

Tres pesetas costaba entonces cada tique para utilizar el remonte, lejos de los ocho euros de hoy. Seis décadas después, al igual que el precio del forfait, la estación ha crecido, y aquellos usuarios que tardaban horas en llegar desde Gijón u Oviedo hasta el parador pueden hoy subir a la estación en apenas 40 minutos y acceder a la montaña sin esfuerzo.

El esquí en Pajares no nació como un deporte, sino como un medio de transporte para todos aquellos habitantes de los pueblos de la zona que tenían que desplazarse para atender al ganado en invierno o simplemente para ir a comprar. Así lo recuerdan Ángel González de Lena, "Gelito", e Isaac García, "Saso", dos de los "Galgos de Pajares", esquiadores que triunfaron en la década de los setenta en competiciones nacionales e internacionales de esquí de fondo. De aquella necesidad surgió entonces una afición.

Cuando estos jóvenes, junto a otros muchos de la zona del puerto, y esquiadores que llegaban de Oviedo y Gijón comenzaban a practicar el deporte blanco en Pajares no había remonte alguno. "Teníamos que subir andando a la montaña y desde ahí nos lanzábamos", recuerdan con nostalgia. Eran tiempos difíciles, en los que en España apenas había cuatro estaciones de esquí.

                            Chus Valgrande, junto al hotel. :: M. ROJAS.

Fue Chus Valgrande, cuyo padre, José María Suárez, había sido el primer propietario de un hotel en Pajares, el que a comienzos de los años cincuenta empezó a gestar la compra del primer remonte. Fundó la Sociedad La Cerra, cuyo objetivo era vender bonos convertibles de 500 pesetas para lograr reunir fondos para la instalación del telesquí. Una cantidad que entonces era muy difícil de reunir, teniendo en cuenta que el sueldo mínimo no llegaba a las 40 pesetas. Entre que llegaba y no el dinero, Valgrande comenzó a escudriñar las posibilidades existentes para la instalación del remonte, hasta que contactó en Grenoble (Francia) con "un ingeniero francés de nombre Jean Pomagalski", cuenta Isaac García.

Este ingeniero había patentando el sistema "Poma", que hoy en día utiliza la gran mayoría de remontes, y había instalado un primer telesquí en el Tourmalet. Era el comienzo de su carrera y junto a Chus Valgrande se trasladó a Pajares para comprobar sobre el terreno las posibilidades de colocar un remonte. Durante el verano del año 1953 se comenzó el montaje del telesquí, por el que la Sociedad La Cerra pagó algo más de 316.000 pesetas, recaudadas en su mayoría a través de los bonos convertibles. El 17 de enero de 1954 el telesilla de La Cerra, que se levantaba justo al lado del actual Parador de Pajares -donde entonces había otro edificio-, transportaba a sus primeros esquiadores.

Aquellos pioneros del deporte blanco rememoran cómo se vivía el esquí por entonces y las peripecias que los más jóvenes del lugar tenían que hacer para subir a esquiar a la estación y para utilizar el remonte de La Cerra. Ángel González de Lena, "Gelito", que hoy es director de la Escuela de Esquí de Pajares, todavía tiene presente el tiempo en que para subir al puerto, a la zona del Parador donde se instaló el telesilla, los jóvenes intentaban coger los autobuses con deportistas de Oviedo o Gijón para que los acercaran a la estación invernal. "Si no, subíamos andando o como buenamente podíamos", asegura. Una vez allí, agrega Isaac García, "Saso", se tenían que buscar la vida para coger el remonte. "Costaba tres pesetas cada viaje, y no teníamos dinero para pagarlo", aseguran los dos esquiadores, que por entonces tenían 14 y 16 años. Su táctica, junto con la de otros jóvenes, era esperar a media subida a que alguno de los esquiadores que sí tenía suficiente dinero disponible para comprar el billete se cayera. "Entonces uno de nosotros cogía el bastón y se remontaba hasta arriba", recuerdan los "Galgos".


Ángel González, "Gelito"; Isaac García, "Saso", y Jesús Pérez, "Chusco", los "Galgos de Pajares", tras una competición en los sesenta.
 
Comenzaron entonces las primeras clases de esquí en la estación. "Fue nuestro contacto inicial con el esquí de forma más seria", explican los veteranos, que recuerdan al austriaco Walter Foeger como el primer gran maestro que les enseñó su técnica. Años más tarde se fundaría oficialmente la Escuela de Esquí. "Casimiro Fernández, Herminio Bayón y Fernando Menéndez fueron los que empezaron con ella", asegura el actual director.

Desde la inauguración de La Cerra pasarían diez años hasta que Pajares tuviera un nuevo telesquí. Fue en 1964, cuando Chus Valgrande ya era delegado provincial de Deportes, cuando la estación estrenaría su segundo remonte, La Picarota, que se consideraba la expansión natural de la estación. Sin embargo, "allí todavía faltaba algo, no había hoteles ni establecimientos", explica Ángel González.

En el imaginario colectivo de todos los esquiadores y, sobre todo, en la cabeza de Chus Valgrande estaba ya definido un plan para desarrollar la estación en el entorno del Brañillín. Y fue en el año 1969 cuando llegó el gran "boom" en Pajares, "quizás hasta la fecha el paso más grande que dieron las instalaciones lenenses", tal y como recuerda Isaac García. Se inauguraba en ese año la carretera al Brañillín, y también los remontes del Cuitu Negro, Valle del Sol y La Hoya, que hoy en día todavía son una parte muy importante del complejo invernal. También comenzó a desarrollarse el plan urbanístico, con la construcción de la cafetería y dos albergues que acogerían a numerosos esquiadores.

Durante los años setenta el desarrollo de la estación de Pajares fue constante, fundamentalmente en lo referente a la expansión inmobiliaria, aunque también con el estreno de algunos remontes como los de los telesquís Arroyo (1973), Dulce la Dueña, Mirador de Valgrande y Los Abedules (1974) o Fuente la Reina (1975). En esta época empezaba a trabajar en la estación la Guardia Civil, cuya unidad de montaña se encargaría del socorro y del orden público en el complejo. Uno de sus primeros agentes fue Bernabé Aguirre, que rememora una de las máximas que por entonces se repetían: "El que esquía en Pajares esquía en todo el mundo".

  Numerosas personas hacen cola para coger el telesquí de La Hoya, en el año 1976.

En el primer lustro de la década de los ochenta llegaría el último gran proyecto de Chus Valgrande. Siempre ligado a la competición, el impulsor de Pajares apostó por la construcción de la pista del Tubo, que se inauguraba en 1984, cuando fue homologada por la Federación Internacional de Esquí. Éste fue para Alfonso González de Lena, presidente de la Federación de Deportes de Invierno, "el momento más relevante" del complejo a nivel deportivo. También veían ese año la luz dos nuevos remontes, el telesilla Les Patines y el telesquí del Tubo, y la zona de servicios donde ahora se ubican las oficinas, la Escuela de Esquí, y la consulta médica se construyó paralelamente.

Hasta el año 1991 no se producirían nuevos cambios importantes en la estación, con la inauguración en esa fecha del telesilla cuatriplaza de Brañillín, uno de los remontes que vertebraría y daría servicio a toda la zona alta de la estación. A finales de la década de los noventa tendría lugar el último gran cambio en el complejo de Pajares, con la llegada del sistema de innivación artificial, que a pesar de levantar ciertas reticencias en su momento se ha mostrado como un elemento fundamental para el funcionamiento de la estación en los últimos años en los que la nieve ha escaseado. También se inauguró el telesilla cuatriplaza del Valle del Sol, último remonte en instalarse en la estación, que ya no sufriría más novedades a gran escala hasta la actualidad.

En los últimos años la ampliación de la cafetería del Cuitu Negro y la modernización de la señalización, así como de las ventas de abonos y forfaits adaptándolas a los nuevos tiempos, han sido las mayores novedades que ha presentado el complejo, lastrado en su desarrollo por la recesión económica que está impidiendo abordar nuevas instalaciones.

Así las cosas, Pajares ha cumplido 60 años como punta de lanza del esquí en Asturias. En el año 2007 a la vetusta estación asturiana le nació una hermana pequeña, Fuentes de Invierno, en el concejo de Aller, que está pujando con fuerza para hacerse un hueco en el siempre complicado mundo de la nieve. Más modesta en lo referente a dimensiones, Fuentes de Invierno aspira a crecer y fusionarse con San Isidro para hacerse con un dominio esquiable que supondría el mayor de la cordillera Cantábrica.
 Vista general del Parador de Pajares en los años 60. :: M. ROJAS.

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