4 de octubre de 2013

El investigador autodidacta Aurelio de Llano Roza de Ampudia (1868-1936)

Aurelio de Llano y Roza de Ampudia.

Aurelio de Llano Roza de Ampudia (1868-1936), entrevista a un aldeano de las montañas de Quirós en octubre de 1921. A lo largo de varias décadas, este investigador autodidacta recogió una buena parte del patrimonio cultural asturiano.  (Fuente: Asturias. El siglo XX en imágenes, crónica visual).

http://www.vivirasturias.com
Escritor y folclorista asturiano nacido en Valle (casería de Caravia la Baja, parroquia ésta del concejo/municipio de Caravia) el 19 de marzo de 1868.
Cursa en Mieres estudios de facultativo de Minas y Fábricas metalúrgicas, vinculándose desde la juventud al ejercicio de actividades técnicas en varios centros industriales de la región. Llano alterna el desempeño de sus tareas profesionales con el estudio de la historia y del folklore asturiano, aunque tuviesen que pasar años antes de que diese fruto la vocación asturianista. Los primeros trabajos salidos de su pluma —colaboraciones en la prensa local ovetense y el libro Hogar y Patria. Estudios de Casas para los obreros (1906)— se refieren a temas propios de su profesión o bien recogen impresiones de los viajes por el extranjero, como la serie de artículos aparecidos entre 1905 y 1908 en los periódicos de El Carbayón. En 1916 comienza una serie de excavaciones con la finalidad de reconstruir el trazado de la primera planta de la iglesia ramirense de San Miguel de Lillo; al año siguiente publica el resultado de sus excavaciones en el libro monográfico La Iglesia de San Miguel de Lillo, con muy buena acogida entre los medios de nuestra patria. Animado por el éxito de esa primera empresa, Llano decide realizar un trayecto muy pensado desde tiempo atrás: el estudio detenido de la historia y el folclore de Caravia. Al cabo de dos años de trabajo publica El Libro de Caravia (1919); en esta obra ofrece, entre otras cosas, valiosas noticias sobre los yacimientos del Picu'l Cuetu, excavados por él, abriendo con sus hallazgos innovadores orientaciones para el conocimiento de la cultura castreña en el noroeste de la Península. En los años siguientes Aurelio del Llano se consagra con renovado entusiasmo al acopio y estudio del riquísimo material folclórico regional. En 1922 publica la obra que iba a suponer su definitiva consagración como folclorista: Del folklore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres. La abundante documentación reunida en este libro, recogida directamente por el autor sin adherencias literarias, se encuentra dividida en tres partes, que contienen estudios descriptivos de la mitología, supersticiones, cuadros de costumbres tradicionales de Asturias. 
La obra, precedida de un extenso y alabador prólogo de Ramón Menéndez Pidal, constituye sin duda una de las que podríamos considerar como “clásica” en el dilatado repertorio de la bibliografía folclórica regional y nacional. La publicación de este libro fue seguida de otros: en 1924, Esfoyaza de cantares asturianos recogidos directamente de boca del pueblo, obra en la que se recopilan 1.272 canciones y rimas populares agrupadas temáticamente, incluyéndose al final un apéndice de refranes y comparaciones populares. En aquel mismo año el Centro de Estudios Históricos publica otra importante aportación de Llano, Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral, con la que se iniciaba la sección de publicaciones del Archivo de Tradiciones Populares. En el primer número del Boletín del Centro de Estudios Asturianos (1924), entidad en la que intervino activamente, ve la luz otro trabajo: Vocabulario de la tixileira. Dialecto jergal asturiano, que venía a completar, en cierto modo, el aparecido tres años antes (1921) con el título Dialectos jergales asturianos. Vocabularios de la xíriga y el bron; en ambos registra un amplio repertorio de voces de les jergas de los conqueiros, teyeros, canteros, caldereros y goxeros de varios puntos de Asturias. En 1927 la Diputación Provincial acuerda costear la publicación de Bellezas de Asturias de Oriente a Occidente. Este libro, presentado a modo de guía turística, es una síntesis logradísima del amor que tenía por Asturias. Tras un prolongado silencio de siete años, vuelve Llano a escribir, esta vez para ofrecernos una crónica de alto valor documental sobre los días revolucionarios que vivió Asturias en el mes de octubre de 1934, Pequeños anales de quince días. La Revolución en Asturias. A poco de iniciarse la Guerra Civil —2 de noviembre de 1936— muere en Madrid Aurelio de Llano. Estaba en posesión de varias condecoraciones y títulos honoríficos: era miembro correspondiente de las Academias de la Historia, de la Lengua y de Bellas Artes y de otras varias instituciones culturales nacionales y extranjeras.

 Casa de Aurelio de Llano situada en Valle (Caravia Baja) 

 Algunas de sus publicaciones:
  • «Hogar y Patria»
  • «Casas para los obreros» (1906)
  • «La Iglesia de San Miguel de Lillo»
  • «El Libro de Caravia » (1919)
  • «Dialectos jergales asturianos» (1921)
  • «Del folclore asturiano: mitos, supersticiones, costumbres» (1922)
  • «Esfoyaza de cantares asturianos recogidos directamente de boca del pueblo» (1924)
  • «Cuentos asturianos recogidos de la tradición oral» (1924), este libro no es completo de él pero tiene grandes aportaciones por su parte
  • «Vocabulario de la tixileira» (1924)
  • «Bellezas de Asturias de Oriente a Occidente» (1927)
  • «Pequeños anales de quince días»

Aurelio de Llano Roza de Ampudia con una guapa moza llanisca intérprete del baile romancístico de "El pericote".

Por todos estos hechos en vida fue galardonado con diferentes reconocimientos y distinciones, de las que podríamos destacar:

  • Miembro de la Academia de Historia
  • Miembro de la Academia de la Lengua
  • Miembor de la Academia de Bellas Artes
así como innumerables distinciones tanto nacionales como extranjeras. (http://es.wikipedia.org)

FUENTE: Consejería de Cultura del Principado de Asturias — www.VivirAsturias.com.

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Aurelio de Llano en Avilés.

Destacado asturianista, Aurelio de Llano es uno de los más importantes investigadores del folklore y de la historia de nuestra región. En la década de 1920 estuvo en varias ocasiones en Avilés recogiendo material folklórico y visitando detenidamente la villa para su guía turística 'Bellezas de Asturias de oriente a occidente'. También visitó Miranda, donde recogió el vocabulario del 'bron' de los caldereros. Algunas de sus obras son auténticos clásicos y constituyen una referencia imprescindible para el conocimiento del riquísimo folklore asturiano.

Aurelio de Llano Roza de Ampudia y de Valle nació en Caravia el 19 de marzo de 1868. Siguió en Mieres los estudios de ayudante facultativo de Minas y Fábricas Metalúrgicas, oficio que ejerció en diversos centros industriales de la región. Los primeros trabajos que publicó están relacionados con su actividad profesional, como los artículos que aparecieron en los diarios 'El Carbayón' y 'El Correo de Asturias' y el libro 'Hogar y patria. Estudios de casas para obreros' (1906). Sin embargo, Aurelio de Llano alternó a partir de entonces su trabajo con la investigación de la historia y del folklore asturianos. Fruto de su decidida vocación asturianista, en 1916 inició unas excavaciones con el ánimo de reconstruir la primitiva planta de la iglesia prerrománica de San Miguel de Lillo, en Oviedo, y al año siguiente publicó el fruto de sus trabajos en una obra que fue bien recibida por los expertos.

Sin duda animado por este éxito, inició una serie de publicaciones de enorme interés: 'El libro de Caravia' (1919), en el que estudia su concejo natal y ofrece noticias de sus excavaciones en el castro del Pico del Cueto; 'Dialectos jergales asturianos. Vocabulario de la xíriga y el bron' (1921); 'Del folklore asturiano: mitos supersticiones, costumbres' (1922), importante obra, con extenso y elogioso prólogo de Ramón Menéndez Pidal, que constituye sin duda el mejor trabajo para conocer el valioso acerbo tradicional de nuestra región.

En 1924 Aurelio de Llano, que había contribuido activamente a la creación del Centro de Estudios Asturianos, publicó las obras 'Esfoyaza de cantares asturianos, recogidos de boca del pueblo', que recoge 1.272 canciones y rimas agrupadas temáticamente, más un apéndice de refranes, y 'Vocabulario de la tixileira. Dialecto jergal asturiano'. Al año siguiente aparecieron sus 'Cuentos asturianos, recogidos de la tradición oral', y en 1928, editada por la Diputación Provincial, la obra 'Bellezas de Asturias de oriente a occidente', guía turística que sigue siendo, ochenta años más tarde, la mejor de cuantas se hayan escrito sobre la región asturiana. El último libro de Aurelio de Llano data de 1935: 'Pequeños anales de quince días. La revolución en Asturias', crónica rigurosa del levantamiento revolucionario de octubre de 1934, que él vivió como testigo en Oviedo.

A pesar de su formación autodidacta y de su modestia, la meritoria labor de Aurelio de Llano obtuvo numerosos reconocimientos. Fue académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia, de la Española de la Lengua y de la de Bellas Artes de San Fernando, además de la de San Luis de Zaragoza, de la de Ciencias Históricas de Toledo, de la de Ciencias y Artes de Cádiz y de la Sevillana de Buenas Letras. Socio de número de la Sociedad Española de Antropología, Etnografía y Prehistoria; caballero y comendador de la Orden Civil de Alfonso XII y comendador con placa de la Real Orden de Isabel la Católica. Miembro correspondiente de la Real Academia de Arqueología de Bélgica, de la Academia Nacional de Ciencias, Bellas Letras y Artes de Burdeos, del Instituto Arqueológico del Imperio Germánico y del Museum Für Volkskunde de Viena. Y delegado regio de Bellas Artes de Asturias. El 2 de noviembre de 1936 falleció en Madrid.

'Bellezas de Asturias'

El 15 de abril de 1921, en el puente sobre el río Deva que une Asturias con Cantabria, inició Aurelio de Llano su recorrido por «esta divina región, cuna de la nacionalidad española», que se prolongó hasta principios de 1928, año en que recogió sus impresiones del viaje en la obra titulada 'Bellezas de Asturias de oriente a occidente'.

En este libro, de 544 páginas, magníficamente ilustrado con numerosas fotografías, el autor realiza un exhaustivo recorrido por la región asturiana, a pie, en caballerías y en automóvil, que refleja mucho más que una magnífica guía turística, ya que se detallan minuciosamente las bellezas paisajísticas y artísticas de la región, enriquecidas además con datos folklóricos y etnográficos de enorme interés. Es un libro absolutamente imprescindible para el conocimiento de Asturias, escrito con rigor y amor por un auténtico asturianista. En 1977 se realizó una edición facsimilar con un apéndice a cargo de Modesto González Cobas que intenta actualizar la obra.

En las páginas 203 a 226 Aurelio de Llano recoge una detallada descripción de Avilés y Castrillón, acompañada con interesante material fotográfico de Muñiz, Fortunato de Selgas y J. Espolita. El autor da noticias históricas, describe acertadamente los monumentos del casco histórico avilesino, destaca los soportales como una seña de identidad de la villa y refiere cómo descubrió, en 1920, la existencia del bron, la jerga de los caldereros de Miranda que al año siguiente recogió en una publicación.

Algunas de las magníficas fotografías que aparecen en la obra tienen gran interés, porque recogen piezas ya desaparecidas de gran valor artístico, como el retablo en alabastro de la capilla de los Alas, y el aspecto de algunos monumentos muy diferente a cómo los podemos ver hoy día, como es el caso del templo de los padres franciscanos (sin el horroroso adosado del convento y con porche), del palacio de Valdecarzana (con sus fachadas laterales) o de la iglesia vieja de Sabugo (con un pórtico que hoy afortunadamente ha desaparecido).
 Iglesia de los padres franciscanos antes de 1928. / FOTO MUÑIZ
 FUENTE: http://www.elcomercio.es
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12. AURELIO DE LLANO Y EL CONOCIMIENTO DEL ROMANCERO ASTURIANO, 1919-1925.   III. EL ROMANCERO HISPÁNICO Y LA JUNTA PARA AMPLIACIÓN DE ESTUDIOS.

Importante para el Romancero asturiano fue que, en 1919, entrara en relación con Ramón Menéndez Pidal Aurelio de Llano Roza de Ampudia, Ayudante facultativo de Minas y Fábricas Metalúrgicas y folklorista. Aunque amparado por el título de "Delegado regio de Bellas Artes de la provincia de Oviedo", Llano fue siempre un "aficionado", en que la pasión por su tierra y por sus hallazgos compensaba su débil formación científica en las áreas de conocimiento que tanto le atraían; pero gracias al apoyo y a los consejos que obtuvo de Menéndez Pidal, su labor, tanto en la cuentística tradicional, como en el romancero, fue muy productiva178. Durante los años 1918 a 1925 Aurelio de Llano anduvo "corriendo por los pueblos [de Asturias] detrás del fol­klore"179. Los romances que anotó "fueron recogidos en las mismas excursiones y encuestas que le proporcionaron sus materiales para sus otros libros de temas folklóricos asturianos"180; pero desde muy pronto los destinó al "Romancero General Español" que preparaba Menéndez Pidal. Aunque ya había reunido algunos romances con anterioridad181, fue en 1920 cuando recibió de Menéndez Pidal una "hoja con desiderata de romances" y, después, el sobretiro de los "Roman­ces que deben buscarse en la tradición oral" de María Goyri182 y comenzó verdaderamente a in­teresarse en su recogida.
Llano, inseguro en sus primeras encuestas sobre romances, consultaba constantemente a Me­néndez Pidal y le transmitía, con viveza, sus experiencias. El 11 de Julio de 1920 le contaba, por ejemplo:


    "Le pregunté que si sabía romances, y me contestó:
— ¡Qué sé yo qué son romances! Y le recité uno.
— ¿Eso son romances? ¡Madre! ¡Cuántos sé yo de esos!
— Pues esta tarde me los recitará usted, ¿verdad?
— Veremos..., si me acuerdo, sí.
    Por la tarde, mandé a un chico a casa de la mujer para ver si quería ir a la tienda donde yo estaba, y contestó que no podía ahora. Le pasé otro recado y dijo:
— Tengo una cerda mala y tengo que da’i malves; ¡el diablu del señor, que venga acá si quier!
    Y delante del animalito copié los romances; la vieja recitaba y al mismo tiempo revolvía el agua en el duernu para que las malvas no posaran..."

Pronto se entusiasmó con las experiencias y recorrió, incansable, tanto el Oriente:

    "No fui a los Picos de Europa, cambié de idea y exploré el concejo de Ponga. Fui a las ma­jadas y dormí en las cabañas con los pastores183. Un pastorcico me recitó más de seis roman­ces y algunos cuentos. En una majada encontré como unos 25 pastores y pastoras leyendo el Quijote, Gil Blas de Santillana y Hernán Cortés. Anduve hasta seis horas por los montes para ir de un pueblo a otro. No hay nada más grande que estas montañas vírgenes, pobladas de ár­boles, lobos, osos, ardillas, águilas y buitres (...). Encontré más romances que cuentos (...) to­tal unos 14 ó 16 romances" (12-IX-1920),

como el Occidente:

    "Acabo de regresar del Occidente astur. Estuve por allá cerca de un mes. Recorrí desde los Oscos, siguiendo la cuenca del Navia y la del Ibias para salir por la montaña de Rañadoiru a Cangas de Tineo. Por aquellos montes, me alimenté con nabos y pan de centeno. Hice el re­corrido a pie; hubo día que anduve 10 horas de camino; vine deshecho. Pero tengo cosas in­teresantísimas" (14-XII-1921).

      Aurelio de Llano, era, vitalmente, el encuestador perfecto. Lejos de quejarse, como los filólo­gos, de sus penurias en el curso de las excursiones, gozaba con ellas:

    "Me divierto en grande; voy de pueblo en pueblo como los probes, no llevo conmigo ni si­quiera un palo; solamente llevo por equipaje dos lapiceros y los cuadernos. El otro día me co­gió una gran nube en una cabaña y tuve miedo; me resguardé del agua en la cobicha de un castaño" (30-III-1921).

      A través de múltiples envíos, Aurelio de Llano fue enriqueciendo el Archivo de Menéndez Pidal, con 62 versiones en 1920 (principalmente del Oriente de Asturias) y con 85 en 1921 (de muy diversos concejos); en años sucesivos, 1922, 1923, 1924, 1925, sus contribuciones fueron ya muy limitadas184, con excepción de 18 romances que obtuvo en Zureda (Lena), en 1924185. De hecho en 1923 creía haber concluido la exploración, ya que escribía a Menéndez Pidal el 24 de abril:

    "Acabo de llegar de los Picos de Europa; me faltaban por explorar los cuatro pueblos de aquellas montañas (...) En Bulnes hay una vieya que sabe romances; no los pude recojer por que era la hora de regresar cuando topé con ella; vuelvo allá en Junio y los recojeré. En Are­nas encontré una gran recitadora, María Fernández Díaz; me dijo que sabía un cestu de ro­mances; no tuvo tiempo para recitarme más que los adjuntos, pero como yo he de volver allá, haré que vuelque el cestu. Y con esto creo que está explorada toda la provincia; es más creo que no habrá provincia en España más explorada que ésta, ¿será así?"

     La euforia de Llano no le permitía intuir que el cestu de los romances asturianos tenía mu­cho más fondo que el que su impaciencia de viajero podía hacer volcar186.


Diego Catalán: "El archivo del Romancero, patrimonio de la humanidad. Historia documentada de un siglo de historia" (2001).
NOTAS
178  Para una valoración de conjunto de la personali­dad y obra de Aurelio de Llano véase J. A. Cid, "El romancero tradicional de Asturias" (1991), I, pp. 62-92, y "Folkloristas asturianos: Aurelio de Llano", RDyTP, XLVI (1991), 39-62.

179  Carta a R. Menéndez Pidal del 18-X-1928.

180 Según hace notar J. A. Cid, "El romancero tra­dicional de Asturias" (1991), p. 72.

181 J. A. Cid, obra cit., p. 72 y n. 94 recoge la re­ferencia a la pequeña colección que don Aurelio heredó de su padre,  Pedro de Llano, y algunos tex­tos romancísticos anotados antes de 1917 y en 1918.

182 Cartas a R. Menéndez Pidal de 21-VIII-1920 y 12-IX-1920. En RTLH, VI (1975), frente a la p. 113, puede verse reproducida una carta de Aurelio de Llano escrita sobre una tabla en el molino de Obaya, 13-VIII-1920, en que le adjunta romances dichos por la molinera y por su hija, entre ellos una curiosa versión de Gerineldo.

183 Una muestra de las cabañas de pastores don­de don Aurelio encontraba albergue puede verse en su libro Bellezas de Asturias de Oriente a Occi­dente, Oviedo, 1928, fotografía en p. 66 ("cabaña donde me hospedo cuando subo a Tordín. En ella recogí de boca de los pastores, preciosos romances").

184 Lo recogido por A. de Llano en cada una de sus encuestas, según puede reconstruirse a través de las versiones remitidas a Menéndez Pidal, se halla cuida­dosamente inventariado en las pp. 272-292 de la te­sis doctoral de J. A. Cid, "El romancero tradicional en Asturias" (1991), I.

185 En RTLH, IV (1970), frente a la p. 32 se repro­duce el texto autógrafo de Aurelio de Llano de una de las versiones allí y entonces recogidas.

186 Por ello no comprendió que el Centro de Estu­dios Históricos promoviera otras campañas de reco­lección en Asturias. Pero nadie pudo quitarle el en­tusiasmo con que rubricó la copia personal de su romancero: "Pasé horas agradabilísimas recogiendo romances y cantares en las majadas de los pastores, en los valles floridos y en las poéticas quintanas ¡Cuánta poesía popular recogí! ¡Qué satisfecho estoy de mi obra!". Cfr. M. C. García Alvarez, "Romances asturianos recogidos de la tradición oral. Manuscrito de Aurelio de Llano", Archivum (Oviedo), XXXIII (1983), 421-435: p. 423.


 "Cabaña donde me hospedo cuando subo a Tordín. En ella recogí... preciosos romances". "A las tres de la tarde del ocho de Agosto de 1923 salí de Arenas..., a las seis y media llegué a la majada de Tordín, hermosa vega semidividida en dos (llamadas Calinosa y Grayera) por un cueto que avanza como un cabo por el exten­so campo dentro del cual pernoctaban más de mil cabezas de ganado... Las cabanas son de piedra cubiertas con tejas; están divididas en cuatro departamentos: la cocina, el horru, la cabritera y la cama. ..A las siete de la tarde comienzan a llegar centenares de cabras y ovejas. Las pastoras gritan... ¡Chicha, joool ¡A la igüera mía!... Las zagalas cantan canciones pastoriles... Y Aurora Díaz, zagala de 17 años, flor de la montaña, me dice... ", Bellezas de Asturias (Oviedo, 1928) pp. 63-67.

FUENTE: Diego Catalán (enlace permanente). ** EL ARCHIVO DEL ROMANCERO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.

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