1 de octubre de 2013

La ovetense Carmen Polo odiaba «todo lo izquierdista y republicano

«Carmen Polo apoyaba la represión, la mano dura: tenía un corazón de piedra»

Los autores del libro «Malos de la historia de España» muestran a la esposa de Franco, ovetense, como reina de «la apariencia y la cursilería»

http://www.lne.es.  Goebbels dijo que Franco era «un beato fanático. Permite que España esté prácticamente gobernada no por él, sino por su mujer y su padre confesor». Al menos así lo afirman Gabriel Cardona y Juan Carlos Losada en su reciente libro «Malos de la historia de España», en el que espigan once casos y el último le corresponde a la ovetense Carmen Polo, esposa del anterior jefe del Estado, a la que tratan con gran dureza.Los autores indicados no se andan con chiquitas en ningún momento. Pintan a la que fuera primera dama como una auténtica ave de rapiña -«los actos de caridad a los que asistía eran todos de cartón piedra, pura comedia y de su bolsillo apenas salió ningún donativo, todo salía de los fondos del Estado»-. Y es que no tenía alma, «apoyaba la represión, la mano dura. Sin duda tenía un corazón de piedra». Y es que Carmen odiaba «todo lo izquierdista y republicano. En ese aspecto compartía el odio, no ya político sino personal, con su marido, azuzándole todavía más en su política represiva o, como mínimo, no haciendo nada o casi nada para atenuarla».Todo lo controlaba y en todo se entrometía hasta el punto de que Franco llegó a decirle en alguna ocasión: «Calla, que de eso no sabes». «El esquema mental de Carmen era muy sencillo. Dios estaba interviniendo para salvar a España a través de su marido, Paco. Ella debía velar para que la intercesión divina no fuese alterada por nada ni por nadie». Según esas coordenadas mentales, «Carmen, como nadie, contribuyó a que Franco se acabase viendo a sí mismo como un cruzado, como una especie de reencarnación de Felipe II, creyéndose sus propias mentiras».
La victoria militar dio paso a un ataque de soberbia, según los historiadores; así que «por indicación suya los medios comenzaron a referirse a ella como la Señora, y como tal, dándose tremendos aires de poder, comenzó a comportarse». Un gélido señorío ya que «ante los miles de sentencias de muerte que Franco firmó desde el principio de la guerra, a Carmen no se le conoce más que pasividad, cuando no absoluto respaldo a la cruel carnicería». Un historiador tan prestigioso como Paul Preston indica algo parecido a propósito de la Revolución asturiana de 1934 y de su represión: «La forma especialmente dura con que Franco dirigió la represión desde Madrid reflejó tanto su experiencia en Marruecos como los miedos de la burguesía asturiana que le había transmitido su mujer».
La esposa del general Franco «vivía como una reina y pedía que como tal se la tratase. Iba a los mejores médicos y dentistas, recibía los mejores y más caros tratamientos y, por supuesto, nadie se atrevía a cobrarle», circunstancia que consideraba «normal, estaba por encima de esos asuntos materiales y ni siquiera lo agradecía o, como mucho, enviaba una fotografía dedicada. Si alguien se atrevía a exigir el pago de los servicios, había que hacerlo enviando la factura a El Pardo. Por supuesto, se pagaba con fondos del Estado, claro, pero quien lo hacía se arriesgaba a perder cierta clientela selecta o a sufrir una inspección de Hacienda». En la puesta de largo de Carmen Franco, la hija del general y de Carmen Polo, se celebró un banquete y baile al que asistieron dos mil invitados: «la Señora vestía las mejores galas, pero aunque la mona se vista de seda... lo cierto es que aunque esbelta y delgada, nunca fue guapa, ni su cara agradable ni su figura especialmente atractiva. Ello se puso más en evidencia cuando Eva Perón llegó a España en 1947. Carmen Polo intentó competir inútilmente con ella en belleza, juventud y modelos, lanzándole miradas de odio cuando su marido se inclinaba a besarle la mano». En el otoño de 1950 la ilustre carbayona «logró obtener una audiencia con el papa Pío XII: el colmo del éxtasis religioso. Allí acudió con su hija y su yerno, anunciando que donada dos mil pares de zapatos a los católicos necesitados. Sin embargo, todo era mentira. Los zapatos eran de un fabricante amigo de la familia, no suyos. Era el reino de la apariencia y la cursilería». En las Navidades acumulaba obsequios, incluidos los dedicados a niños que llegaban a El Pardo para los nietos del general. «El ansia acaparadora de doña Carmen no sólo era de juguetes, sino de todo tipo de productos. Cualquier nuevo electrodoméstico, vehículo, coche, motocicleta, utensilio de cocina, vajilla que llegaba a España que era producido por primera vez, se enviaba a El Pardo como regalo y muestra de eterna gratitud». Con los vinos, «cual urraca, la Señora los iba amontonando en sus almacenes, desechando la mayoría y aprovechándolos a su vez cuando debía hacer algún regalo; pero siempre con una mezquindad para su riqueza y para el botín que había acumulado». Carmen Franco Polo, en una entrevista con LA NUEVA ESPAÑA de octubre de 2000, comentó: «A mi madre, cuando hicieron las particiones, le tocó la casa de La Piniella, en San Cucao», dando en términos generales una visión de clase media acomodada y en el caso de su madre alejada de Asturias ya que «mamá, al casarse con un militar, se fue a vivir fuera». La historia oral se ha perdido en relación con una señora que hoy tendría 113 años y que desde los veinte nunca vivió en su Oviedo natal.
Cardona y Losada, tan crítico con la figura de Carmen Polo, indican, no obstante, que «sabía guardar las formas y en sus ocasionales encuentros con la familia real se comportaba como la señorita de Oviedo que era, mostrando reverencia hacia la sagrada institución de la monarquía». Muerto el general, «decenas de camiones partieron del palacio» de El Pardo «cargados hasta los topes sin que nadie supervisara la más que probable acción de saqueo del Patrimonio Nacional que sin duda se produjo. En su nuevo y lujoso piso de Madrid apenas cabían los miles de joyas, por lo que tuvo que alquilar cajas de seguridad en bancos para depositar allí las más valiosas».

Carmen Polo y su marido Francisco Franco
FUENTE:  Javier NEIRA
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Biografía de Carmen Polo.

Doña Carmen Polo, señora de Meirás, a la edad de diecisiete años, cuando conoció al entonces comandante Francisco Franco Bahamonde.

http://es.wikipedia.org
María del Carmen Polo y Martínez-Valdés (Oviedo, 11 de junio de 1900 - Madrid, 6 de febrero de 1988), más conocida como Carmen Polo de Franco y apodada "la collares" por su afición a ellos, fue la esposa del dictador Francisco Franco, jefe de Estado de España entre 1939 y 1975. Tras la muerte de éste, obtuvo el título nobiliario de señora de Meirás con Grandeza de España, que ostentó hasta su muerte.


Primeros años
Carmen Polo nació el 11 de junio de 1900, en el seno de una acomodada familia de Oviedo. Sus padres fueron Felipe Polo y Flórez, abogado natural de Palencia, con propiedades considerables y ascendencia carlista, y Ramona Martínez-Valdés y Martínez-Valdés, perteneciente a una ilustre familia de San Cucao, parroquia del concejo asturiano de Llanera. Su madre falleció el 8 de febrero de 1914 cuando Carmen contaba tan solo trece años de edad. Desde entonces, y junto a sus tres hermanos menores Felipe, Isabel y Zita, pasó al cuidado de su tía, Isabel Polo y Flórez, mujer del abogado Luis de Vereterra, la cual se aseguró de la educación de los niños: primero estudiaron en las Ursulinas y luego en un colegio de las Salesianas. En casa tenían una institutriz francesa, Madame Claverie.

Un noviazgo difícil.
Carmen conoció al comandante Francisco Franco en Tarna, poco después de que le trasladaran a la guarnición de Oviedo, en la primavera de 1917. La familia Polo y Martínez-Valdés no veía con buenos ojos el noviazgo de su primogénita con Franco, a quien consideraban «poca cosa» para su hija, y preferían casarla en el seno de la aristocracia ovetense.
Su padre llegó a pronunciarse calificando al novio de pobre aventurero en busca de una buena dote y en una frase que rezumaba de esnobismo y que circuló entre las altas esferas de Oviedo, Felipe Polo señaló que "permitir casar a su hija con un comandante africanista era como permitir que lo hiciera con un torero". Sin embargo, Carmen consiguió lograr el consentimiento definitivo de su padre y su tía, después de dos años. El noviazgo, marcado por la guerra en el norte de África, no fue fácil y la boda hubo de aplazarse en varias ocasiones. Ella misma llegó a afirmar:
"No fui muy feliz durante mi noviazgo (...) las primeras lágrimas que he derramado en mi vida de mujer fueron por él. Durante el tiempo que estuvo en Marruecos, mi ansiedad crecía enormemente".
Cuando muere el general Valenzuela, sucesor de José Millán-Astray al frente de la Legión, le ofrecen a Franco la jefatura y el ascenso a teniente coronel. Es una gran oportunidad para satisfacer sus ambiciones, así que parte nuevamente hacia Marruecos el 18 de julio de 1923 y le promete a Carmen: "Este mismo año nos casamos por encima de todo. Salvo que muera en combate, volveré a por ti". Franco se había convertido en el militar más prometedor del momento y también en uno de los más condecorados cuando regresa con un permiso de 40 días y la autorización Real para casarse. La boda se celebra el 23 de octubre de 1923, en la Iglesia de San Juan el Real (Oviedo). Fue padrino el rey Alfonso XIII, representado por el general Antonio Losada, gobernador militar de Asturias. La madrina fue una tía de la novia: Pilar Martínez-Valdés, viuda de Ávila, relegando a la madre del novio (el padre no asistió). La boda se convirtió en un acontecimiento para la alta sociedad de Oviedo. Entre los testigos figuraban el Marqués de la Rodriga y el Marqués de la Vega de Anzo. Tras la boda disfrutaron de una breve luna de miel en la finca de La Piniella, casa de campo propiedad de los Martínez-Valdés.

A la sombra de Franco
 Retrato familiar cuando la actual duquesa de Franco, hija del matrimonio, era aún una niña.

Los acontecimientos que se viven en el norte de África exigen el regreso de Franco, quien no quiere que le acompañe su esposa. Esta separación forzosa dura 15 meses. Franco, que tiene entonces 32 años, es ascendido a coronel y confírmado en su cargo al frente de la Legión. Finalmente establece casa en Melilla y decide trasladar allí a su mujer. Un año después es ascendido a general y comienza para Carmen Polo una nueva vida a la que le resulta difícil acostumbrarse debido a los continuos cambios de destino de su marido, llegando incluso a señalar que "se sentía como una auténtica nómada".
Carmen Polo dio a luz a su única hija, María del Carmen, el 14 de septiembre de 1926, a la que se dio el apodo de "Nenuca". Fue bautizada en la Iglesia de San Juan el Real (Oviedo), donde habían contraído matrimonio sus padres.
En julio de 1936 al estallar la Guerra Civil, Doña Carmen y su hija partieron rumbo a Francia, bajo nombres supuestos, pues los padres temían que "Nenuca" pudiera ser secuestrada. Fueron trasladadas por el contralmirante Fernando Balén, futuro director del Instituto Hidrográfico de Cádiz. Allí las esperaba el comandante Antonio Barroso, quien las trasladó a Bayona, donde se refugiaron en casa de su antigua institutriz, Claverie. A finales de septiembre de 1936, Franco envió a buscarlas con su primo, Salgado-Araujo. Cuando Franco es designado Jefe del Estado y comienza a ostentar los títulos de Caudillo y Generalísimo, Carmen Polo se convierte, a su vez, en primera dama. Todos se refieren a ella como "La Señora".
Terminada la Guerra Civil, se plantea el problema de la residencia del jefe del Estado. Franco se inclina por el Palacio Real de Madrid, idea que le quita de la cabeza su cuñado Ramón Serrano Súñer. Finalmente, se opta por el Palacio Real de El Pardo, donde se instalan tras las oportunas obras de restauración, en marzo de 1940. Durante la etapa franquista será famosa la afición de la Señora por los regalos y la bisutería, especialmente los collares. Sobre sus influencias de Carmen Polo en las actividades de su marido, Salgado-Araujo comentaba a propósito de un viaje oficial:
"...Carmen no se pierde nada...No se da cuenta que sería preferible dejar sólo a su marido en estas visitas, pues tienen que asistir las esposas de los ministros y de todos los consejeros, y tienen que alojarse en dependencias de pueblos de escasos recursos..."
Franco Salgado-Araujo (1955)
María del Carmen Martínez-Bordiú Franco, nieta del matrimonio, se casa el 8 de marzo de 1972 con Alfonso de Borbón, hijo del infante don Jaime de Borbón (segundo hijo del rey Alfonso XIII), y de doña Emanuela de Dampierre. Carmen Polo veía con buenos ojos este matrimonio que podía convertir a su nieta en reina de España. Por aquel entonces, Franco estaba ya enfermo y muy disminuido física y mentalmente, pero con todo no pudieron arrancarle la orden para que Alfonso fuera su sucesor en lugar de su primo Juan Carlos. Sin embargo, tras el asesinato del Almirante Carrero Blanco si logró influir en su marido para que Carlos Arias Navarro fuera nombrado nuevo Presidente del Consejo de Ministros:
Nos van a matar a todos como a Carrero. Hace falta un presidente duro. Tiene que ser Arias. No hay otro.
Con la muerte de Franco, las cosas cambiaron radicalmente para la familia. El rey Juan Carlos I le concede, por real decreto, el Señorío de Meirás con la dignidad de Grande de España. A la muerte de su marido, Carmen Polo se encontraba a la cabeza de un gran patrimonio inmobiliario y económico amansado durante la Dictadura franquista.

Últimos años
En los años siguientes a la muerte de Franco, Carmen Polo vivió la desintegración de su propia familia. Desaprobó parte del contenido de la obra póstuma de Francisco Franco Salgado-Araujo (Pacón), primo y colaborador de su esposo, por considerar que tergiversaba aspectos de su personalidad. De hecho, la propia Carmen Polo tampoco salía bien parada en algunos comentarios de Salgado Araujo:
"...hay días que no se aguanta ni a sí misma. Adopta un aire de severidad y empaque absurdo..."
Franco Salgado-Araujo (1954)
El 12 de julio de 1979 fue rescatada junto a parte de su familia del trágico Incendio del Hotel Corona de Aragón de Zaragoza, donde se encontraban alojados para asistir a la graduación militar de su nieto Cristóbal, circunstancia que alentó las sospechas no confirmadas sobre un atentado terrorista.
Falleció el 6 de febrero de 1988, a los 87 años de edad, de una bronconeumonía. Está enterrada en un panteón situado en el Cementerio de Mingorrubio (El Pardo), donde también se encuentran los restos del almirante Luis Carrero Blanco, de Pedro Nieto Antúnez, ministro de Marina y amigo personal de los Franco y de Francisco Fernández Ordóñez, ministro de Exteriores con Felipe González. El gobierno español no envió mensaje ni representante alguno, aunque los reyes Juan Carlos I y Sofía sí asistieron al entierro. 
REVISTA HOLA EN EL ENTIERRO DE CARMEN POLO DE FRANCO Nº 2270 DE 1988 
FUENTE:  http://es.wikipedia.org
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