6 de octubre de 2013

La historia del Sporting de Gijón (Asturias)

Historia del Sporting de Gijón.

1905-1928

http://sporting.elcomercio.es

Los orígenes.

Corría el año 1905. En el domicilio de Anselmo López se produce una reunión de jóvenes entusiastas del fútbol.  Sobre las hojas de un cuaderno de  notas se escriben unas palabras que certifican, oficiosamente, la aparación de un nuevo equipo en la ciudad. Su nombre era Sporting Gijonés.
Los  primeros entrenamientos y partidos se disputaron en la arena de la playa de San Lorenzo. Justo enfrente, en los antiguos locales del Ateneo,  estaba la primera sede social del club. No es difícil imaginar la escena: acodados en la barandilla de un muro que por entonces sólo llegaba hasta  el martillo de Capua, los gijoneses animaban, comentaban y seguramente criticaban ya las acciones de los primeros jugadores de un equipo que  acabaría convirtiéndose en el más importante símbolo de Gijón.

El football llega a Gijón
Sin embargo, el Sporting no fue el pionero de los equipos de fútbol en la ciudad. A finales del siglo XIX, algunos hijos de la burguesía local habían hecho sus estudios en el extranjero, principalmente en Inglaterra. Allí habían practicado un nuevo juego que consistía en hacer entrar una pelota entre tres postes colocados en forma de puerta ayudándose sólo con los pies. Formaban once jugadores por equipo y había que correr y saltar, empujar y caer, y cuando el balón entraba en la portería se gritaba goal. Aquel deporte que arrasaba en las islas británicas recibía el nombre de football y los jóvenes estudiantes gijoneses empezaron a ponerlo en práctica cuando volvían a su ciudad durante el verano. La playa de San Lorenzo fue el primer estadio de fútbol de Gijón.
Desde finales del siglo XIX la moda del football se extiende rápidamente entre los jóvenes de la burguesía gijonesa, como estaba ocurriendo en otros lugares de Asturias y de España; ellos eran los únicos que por aquel entonces podían disponer no sólo del material necesario para la práctica de este deporte (botas apropiadas, camisetas, un balón...), sino también del tiempo para realizar entrenamientos y disputar los primeros partidos. El fútbol eraun deporte burgués y en buena medida elitista.
En 1902 aparece el primer equipo de fútbol organizado del que se tiene constancia: el Gijón Sport Club. Su impulsor y primer presidente fue Luis Adaro, quien había tomado contacto con el fútbol durante su etapa de estudiante en Suiza y Alemania. Celebraban sus partidos en El Bibio, y allí se disputó el primer derbi regional, en 1903, contra el Ovetense, que finalizó con el resultado de empate a cero. Empiezan a surgir sociedades deportivas por toda la ciudad, pero en aquellos primeros momentos estas no se dedicaban sólo a actividades deportivas: reuniones lúdicas, fiestas o celebraciones de diversa índole veían aparecer a los jóvenes sportman, vestidos ya con uniformes en los que aparecen las primeras iniciales y escudos. Alvargonzález, Prendes, Adaro, Hartasánchez, Figaredo... eran los apellidos de unos jóvenes que se entregaban al nuevo deporte como un acto más de distinción social.
Al año siguiente de la fundación del Sport Club, surge otro equipo en la ciudad: la Sportiva Gijonesa. Se producen los primeros enfrentamientos entre clubes organizados y la prensa, que va dando cada vez más relevancia al nuevo fenómeno, los describe como auténticos retos en los que se juega el honor de los contendientes. Tan rápido es el auge del fútbol, que ese mismo año se crea en Madrid una primera versión de la Federación Asturiana de Fútbol. Gijón, Oviedo, Avilés tienen varios equipos y se organizan partidos a nivel regional. Los clubes viven gracias a las aportaciones económicas de sus directivos y jugadores, todo dentro del más puro amateurismo: el fútbol era cosa de caballeros. Sin embargo, pronto se observa que el fútbol no es un deporte más y que puede adquirir un alto grado de representatividad social. Los encuentros que disputa en 1903 el Gijón Sport Club con el Ovetense Football Club reciben un tratamiento inusitado en la prensa, con crónicas firmadas por los primeros periodistas especializados en deportes, que cargan las tintas contra el equipo rival. Todos los encuentros se disputan, en todo caso, «ante distinguido público» ydentro de un ambiente festivo.

Anselmo López, padre del Sporting
Es en este ambiente de efervescencia futbolística cuando irrumpe con fuerza la figura de Anselmo López, el fundador, el impulsor y el alma del Sporting. En 1956, el presidente Eustaquio Campomanes, ex directivos y ex jugadores como Julio Bernaldo de Quirós o Florentino García Sordo dan testimonio ante el notario Tomás Albi de que el Sporting de Gijón es continuación de la sociedad Sporting Gijonés, que esta se había fundado en 1905 y que su primera junta directiva estaba presidida por Anselmo López. Comienza aquí, por tanto, la historia oficial del Sporting y comienza gracias a Anselmo López. Él mismo un adolescente, Anselmo López dirigía los entrenamientos de los jóvenes jugadores del nuevo equipo en la playa de San Lorenzo y también por toda la región. Se eligieron pronto los colores del club: para la camiseta, rojo y blanco, como los del Real Sporting de Vigo y otros equipos del norte peninsular; en los primeros tiempos no parecía existir uniformidad para el color de los pantalones y, como muestran algunas fotografías de la época, a veces no había más de tres jugadores con el pantalón del mismo color; en todo caso, como atestiguan asimismo muchos documentos gráficos, desde muy pronto empezó a preponderar el color azul para los pantalones del Sporting, colorque se convierte en único desde los años diez.
El Sporting, quizá por la arrolladora personalidad de Anselmo López, quizá porque no tenía un carácter tan marcadamente burgués como otros clubes de la ciudad, empezó a congregar tras de sí un numeroso público. Tanto para los jugadores como para los espectadores se hacía necesario un terreno de juego apropiado. Así, la primera hierba que pisó el Sporting fue la del llamado Prau Redondu, en la zona de El Humedal, un campo comunal que podían usar todos los equipos. Prueba de la gran afición que existía ya en torno al fútbol es que en 1906 se cobraba para presenciar un partido en este campo (la entrada costaba una perrona). Aquel primer campo de juego fue pronto abandonado y se buscaron nuevos terrenos en La Guía: La Matona (cuyo alquiler durante tres meses costó 100 pesetas) y La Flor de Valencia eran fincas que ocupó el equipo, pero que tampoco reunían las condiciones deseadas para la práctica del fútbol. Se necesitaba una sede fija y apta y se oyó por primera vez en ese momento el nombre de unos terrenos, a la vera del Piles, donde existía un viejo molino de maíz. La finca se llamaba El Molinón. Por fin tenía el Sporting un campo propio y esto ayudó notablemente a su consolidación como club y a mantener el apoyo de susaficionados.
Mientras se buscaba un terreno del juego, el Sporting Gijonés no dejaba de disputar encuentros. En agosto de 1907 tiene lugar el primer derbi entre el Sporting y un equipo de Oviedo, el Sport Ovetense. La prensa informa de la disputa del match y nos proporciona la primera alineación conocida del club: Anselmo López, Oscar, Manuel Muñiz, Constantino Palacio, Conrado Pineda, Félix Alonso, Loyola Pineda, José Morilla, Laureano Antuña, Ramón Muñiz y Eduardo García.
La implantación y el desarrollo del fútbol en la ciudad es vertiginoso y los dirigentes del Sporting se muestran más vivos que los de otros clubes. En 1908 Anselmo López lleva al Sporting por primera vez fuera de Asturias: primero Santander y, más tarde, La Coruña o Madrid verán aparecer a los jugadores de un equipo que no quiere parar de crecer. El Sporting viaja y se promociona pero, al mismo tiempo, inicia una política que le dará muy buenos frutos a lo largo de su historia: la cantera. En 1910, sólo cinco años después de su fundación, el Sporting tiene ya tres equipos, uno de adultos, otro infantil y otro mixto y se proclama campeónregional juvenil en 1911 y 1912.

El equipo de Gijón y de Asturias
Los otros dos equipos de la ciudad, el Gijón Sport Club y la Sportiva Gijonesa, no consiguen una estabilidad definitiva y, a pesar de la rivalidad existente, se empieza a hablar de una fusión entre ambos. En junio de 1911, un restaurante de Somió acoge una comida con integrantes de los dos equipos en la que se sella su fusión. Una nueva indumentaria (camiseta blanca con cuellos rojos y pantalón blanco), una foto de estudio y sólo un partido disputado como nuevo equipo son las únicas acciones que logran tomar juntos el Sport Club y la Sportiva. La fusión es un fracaso. En el Sporting de estos años diez, además del mencionado Anselmo López, jugaba el que fue la primera gran estrella del equipo: Fernando Villaverde. Fetato ocupaba el puesto de interior izquierdo y su juego, su entrega y su gran deportividad lo convirtieron en una figura que la cada vez más numerosa afición del Sporting aclamaba con gran entusiasmo.
El Sporting se va haciendo grande (en jugadores y afición) y la frustrada fusión del Sport Club y la Sportiva no hace más que allanarle el camino para alzarse con la hegemonía local. En la prensa se viven animadas polémicas entre los clubes y en 1912 se disputa un torneo triangular entre los tres equipos para dilucidar quién ostenta la primacía del fútbol gijonés. El Sporting vence a la Sportiva (6-2), pero pierde ante el Sport Club (7-1), que perdería a su vez, un mes después, con la Sportiva (6-1), aunque esta alinea a varios jugadores del Sporting (entre ellos Fernando Villaverde), lo que enciende los ánimos y las protestasdel Sport Club.
En el río revuelto del fútbol gijonés, la ganancia se la lleva el Sporting: en 1912 Alfonso XIII acepta la presidencia honorífica del club, que pasa a denominarse Real Sporting Gijonés; un año después recibe en El Molinón la también honrosa visita del Madrid Football Club y del Athletic de Bilbao. El fútbol asturiano también se consolida. En 1914 se organiza, oficiosamente, un primer Campeonato de Asturias, cuyos reglamentos había promulgado Anselmo López. Esta edición la vence el Sporting y lo mismo ocurrirá en las ocho primeras ediciones del campeonato ya oficial, iniciado en 1916. El Sporting estaba sentando las bases para convertirse en el mejor equipo de Asturias.

El fútbol crece
Los tiempos estaban cambiando: la práctica del fútbol empezaba a tener poco que ver con el altruismo idealista de los pioneros, aunque seguía siendo un deporte amateur. Se organizaban encuentros singulares entre equipos de toda España, aparecían las federaciones de fútbol y se comenzaban a disputar los primeros campeonatos regionales. Hacían falta equipos fuertes y el Sporting se contaba entre ellos. El Sport Club y la Sportiva languidecieron en estos años hasta que se produjo su desaparición, pasando muchos jugadores a formar parte del Sporting, que era ya el equipo más representativo de Gijón. Se produce entonces, el 2 de abril de 1916, una reunión de la junta directiva del Sporting (que ya había abandonado Anselmo López) en el Club de Regatas donde se toman dos importantes decisiones: una, el club abandonará el nombre de Real Club Sporting Gijonés y se pasará a llamar Real Sporting de Gijón; otra, se decide el inicio de las gestiones para comprar El Molinón.
Estaba a punto de iniciarse el primer Campeonato de España y el Sporting afrontaba esta nueva etapa como primer equipo de Gijón, con un estadio listo para estrenar y una afición entregada y fiel.
En agosto de 1917, bajo el impulso de Enrique Guisasola, llega por fin la inauguración oficial de El Molinón. Una nueva tribuna, vallas de madera alrededor del campo, vestuarios y servicios convierten El Molinón en un estadio totalmente adaptado a los nuevos tiempos futbolísticos. El acto de inauguración supone un gran acontecimiento en la ciudad, que refleja de forma definitiva hasta qué punto el fútbol se había convertido ya en un fenómeno social: se adorna El Molinón con imágenes de la Inmaculada, de Pelayo y de la Cruz de la Victoria; actúan la Banda de Gijón y un coro de 150 niños del Colegio Covadonga; el párroco de San Pedro celebra una misa y bendice las instalaciones y la bandera del club; finalmente, se disputa un partido entre el equipo titular y el reserva. Hayun lleno absoluto en El Molinón.

Los inicios del profesionalismo
Ese mismo año da comienzo la primera competición oficial de ámbito nacional, el Campeonato de España, a la que el Sporting, como campeón del torneo asturiano, tenía acceso directo. El Sporting se cruza en la primera eliminatoria con el Arenas de Guecho, un fuerte equipo que llegaría a formar parte de la Primera División de la Liga cuando esta se inauguró en 1929. La eliminatoria acaba con la victoria de los vascos (0-1 en el partido de ida y 7-0 en el de vuelta). La alineación del Sporting en su debut en el Campeonato estuvo formada por Soto, Ituarte, Campo, Conrado, Morán, Riera, Senén Villaverde, Trapote, Moré, Argüelles y Fernando Villaverde.
La competición nacional permitía al Sporting enfrentarse con importantes equipos y medir su propio potencial. La afición acudía en masa a estos encuentros y su pasión era tal que no tardaron en llegar los primeros incidentes. En 1919 el Racing de Santander cae ante el Sporting en la primera ronda del Campeonato de España. El siguiente rival es el Sporting de Vigo. El resultado del partido de ida es empate a dos. En El Molinón se repite el resultado, pero el colegiado anula un gol a los gijoneses. La afición, indignada, invade el campo. Al club se le impone una multa de 1500 pesetas más la clausura del estadio, que se consigueevitar. La figura del árbitro «embarcador» seguirá apareciendo, desgraciadamente, en otros momentos de la historia del Sporting.
El Vigo volvería a cruzarse poco después con el Sporting, esta vez de manera más dolorosa. Una dura entrada del internacional Otero le rompe la pierna a Fernando Villaverde, lo que le obliga a retirarse del fútbol. El Sporting, sin embargo, tenían un buen recambio para sustituir a su gran figura: Manolo Meana. Capitán, entrenador y líder indiscutible de un equipo en el que había debutado con tan sólo 16 años, Meana fue el primer asturiano que llegó a convertirse en internacional absoluto con la Selección española.
A El Molinón acudían habitualmente unos tres mil espectadores, pero esta cantidad se doblaba cuando el partido era de especial interés. El paso por taquilla de tantos espectadores dejaba buenos ingresos en las arcas del club, pero los gastos que se debían afrontar para pagar la compra del estadio no le permitían lograr un desahogo económico. A principios de los años veinte se empiezan a oír por primera vez los susurros del profesionalismo, que acabarían siendo al final de la década un gran estruendo. Fútbol y dinero comienzan a ser vistos por algunos como términos incompatibles. Así, la Federación Asturiana llega a acusar de «profesionalismo» al Sporting por haber comprado, supuestamente, a Bericua, portero del Racing de Mieres. No se pudo demostrar tal compra, pero la polémica sobre el profesionalismo encubierto ya había estallado.
El Sporting sigue disputando y ganando el Campeonato regional y organiza partidos amistosos como preparación para sus participaciones en el Campeonato de España. En 1921 tiene lugar el primer partido internacional que se celebra en El Molinón. El rival es el Sporting de Portugal, que cae derrotado ante el cuadro local en los tres encuentros que se disputan. Otros equipos extranjeros llegarán posteriormente a Gijón. El Fussball Club Bern, de Suiza, el británico Middlesex Wanderers FCA o el yugoslavo Gradjanski eran recibidos por un Sporting en alza, dispuesto siempre a marcarse nuevos retos.
La prueba más evidente del poderío regional mantenido por el Sporting es su aportación a la Selección asturiana. En 1923, seis de los jugadorestitulares de la Selección (Meana, Germán, Bango, Corsino, Bolado y Argüelles) son del Sporting y esa Selección, el 23 de febrero de este mismo año, logra alzarse con el Campeonato de España, venciendo en la final a Galicia en el campo vigués de Coya por 3 a 1. A su vuelta a Asturias, los campeones son recibidos por una multitud en las calles de Gijón.
Los partidos de preparación y el gran trabajo que se estaba realizando a nivel regional dan sus frutos en el Campeonato de España cuando el Sporting alcanza las semifinales en 1922. El rival es el poderoso Barcelona, que empata a uno en El Molinón y vence en su estadio por 7 a 2. Al año siguiente, la historia se repite: se alcanzan las semifinales, el rival vuelve a ser un equipo de Barcelona, esta vez el Europa, y el Sporting vuelve a quedar eliminado. Sin embargo, el desarrollo de los acontecimientos es distinto en esta ocasión. En la ida, el Europa venció por 2 a 0, resultado que igualó el Sporting en El Molinón. Como era costumbre en la época, se tuvo que jugar un partido de desempate en campo neutral. En el Metropolitano de Madrid, el Sporting sufrió un arbitraje «ultrajante » que benefició durante todo el partido al equipo barcelonés. Con 1-2 en contra en el marcador, Meana consigue batir al portero rival, pero el colegiado (que era además presidente del Colegio Nacional de Árbitros) anula el gol. A los pocos minutos, los catalanes sentencian el partido con un nuevo gol, que viene precedido de una clara falta sobre el portero Amadeo. Ante tal «robo», los jugadores del Sporting deciden abandonar el campo, con lo que se da por vencedor al Europa. El árbitro fue castigado con un mes de inhabilitación.
La supremacía en el fútbol asturiano se vuelve a poner en juego en la final del Campeonato regional de 1924. Tras ocho victorias consecutivas, el Sporting pierde en la final de este año frente al Stadium Ovetense, que acaba con la racha rojiblanca y venga la humillante derrota que había sufrido el Club Deportivo Oviedo ante los gijoneses por 17 a 0 pocos años antes. A pesar de las últimas derrotas, el Sporting mantiene su gran nivel y sigue aprovechando la inagotable cantera gijonesa. Así, en la temporada 1924-25 se produce el debut de una figura inolvidable para el sportinguismo, Ramón Herrera,apodado el Sabio.

Un cambio radical
El Sporting lo tiene todo para dar el salto definitivo como club: un estadio, una cantera que no deja de proporcionar valiosos jugadores y una entregada afición. Sin embargo, le falta visión de futuro. En unos momentos históricos en los que la llegada del profesionalismo y el cambio radical que esto conllevaba para el mundo del fútbol era ya inminente, el Sporting seguía aferrado a los principios morales y «filosóficos» del amateurismo. Ahogado de manera progresiva por las deudas, el Sporting no se decidía sin embargo a aceptar el nuevo rumbo que había tomado el fútbol. Ya no eran los tiempos de las «pachangas» en la playa, de los matchs entre caballeros y de las distinguidas damas de la burguesía alejando el calor del verano con sus abanicos mientras presenciaban una fiesta deportiva, heroica e idealista. Desde luego que entre el público que asistía a El Molinón y que leía las crónicas deportivas de los periódicos (Trensor, el popular cronista deportivo de El Comercio, hablaba ya en 1918, refiriéndose a los cambios que se intuían, de la «decadencia del fútbol») había muchas personas que mantenían una visión del fútbol de los «pioneros», pero era evidente que el Sporting, comotodos los equipos españoles, era «algo más que un club» deportivo y no podía aislarse en el amateurismo si no quería quedarse atrás. Sin embargo, así ocurrió, y el primer beneficiado de la falta de visión del Sporting fue el Oviedo. Con su fichaje por 30.000 pesetas del pequeño de los Herrera (Eduardo Herrera, Herrerita), el club carbayón comenzó a forjar su etapa más gloriosa en el fútbol nacional, mientras abandonaban el Sporting jugadores como Tronchín, Pena, Adolfo... aceptando ofertas de otros clubes.
Cuando todos los equipos se refuerzan, invirtiendo buenas cantidades de dinero, el Sporting pierde a jugadores que harán grandes a otros clubes. Se empieza a oír hablar de una nueva competición, la Liga, a finales de los años veinte. La mala adaptación del Sporting a la llegada del profesionalismo condicionará negativamente su primera andadura en la más importante competición nacional.





1943-1959-Del primer ascenso al Matagigantes.
Como ocurre con la fama, en el fútbol lo importante no es tanto llegar como mantenerse. El Sporting de los años cuarenta y cincuenta no logra  asentarse en la Primera División y alterna éxitos históricos con sonados fracasos, ascensos y descensos de categoría que se suceden paralelamente  a los vaivenes de una situación económica siempre dependiente de la marcha deportiva del equipo. Tras las celebraciones por el ascenso, el  Sporting recibió a un gran número de nuevos abonados para la primera temporada en la máxima categoría.
El equipo seguía siendo entrenado por  Amadeo Sánchez, quien en el partido de debut del Sporting en Primera, contra el Español en Sarriá, alineó a Lerín, Ceballos, Luis, Sión, Tamayo,  Tamargo, Cervigón, Cholo Dindurra, Gundemaro, Adolfo, Domingo y Liz. El partido terminó con empate a cero. El primer gol del Sporting en Primera  lo marcó Gundemaro a la semana siguiente en El Molinón contra el Deportivo de la Coruña.
Ya iniciada la competición, Amadeo Sánchez decide incorporar a dos jóvenes jugadores del Olimpia, Luciano Castañón (Chano) y Manuel Rodríguez Torre (Molinucu), un jugador ejemplar en la historia del Sporting que en sus trece años como rojiblanco nunca fue expulsado ni amonestado. Hasta la sexta jornada no llegó la primera victoria sportinguista, un 2 a 0 al Atlético de Aviación. El momento más esperado de toda la temporada fue la disputa del primer derbi entre el Sporting y el Oviedo en la división de honor. En la ida, vencieron los ovetenses en Buenavista por 2 a 1, pero en la segunda vuelta, con un Molinón entregado, el Sporting venció 6 a 0 el 13 de mayo de 1945,con goles de Pío (tres), Molinucu, Cervigón y Tamayo.
El equipo terminó su primer año en Primera en un tranquilo séptimo puesto, justo en la mitad de la tabla. Menos tranquilizantes eran las cuentas del club, que arrojaban un déficit de 260.000 pesetas a final de temporada, con lo que la deuda total ascendía a más de 800.000.

Al cuarto año, descenso
Para las siguientes campañas el equipo recibe pocas incorporaciones; hay un bloque experto pero quizá demasiado veterano. El equipo se mantiene en sus números habituales: más derrotas que victorias y más goles recibidos que marcados. En la temporada 1945-46 termina noveno y un año después décimo. Se estaba produciendo un claro desgaste en el equipo al que no se supo poner remedio y que concluyó al año siguiente con el descenso a Segunda División.
En la temporada 1947-48 el Sporting, entrenado por el austriaco Carlos Rumbold, fue el equipo más goleado y terminó decimocuarto y último. La triste temporada desanima a muchos aficionados y enciende los ánimos de otros tantos, que temen ver al equipo hundido durante años otra vez en el pozo de laSegunda División. Para la temporada 1948-49 se vuelven a solicitar los servicios de Manolo Meana como entrenador, pero la mala marcha del equipo y las críticas de la afición provocan su destitución a mitad de la campaña, siendo sustituido temporalmente en sus tareas por el jugador Cervigón. En la directiva tampoco bajan tranquilas las aguas: entre 1947 y 1949 hay cuatro presidentes distintos en el club. El Sporting acaba la temporada en sexta posición.

Con Amadeo Sánchez, vuelta a Primera
La siguiente campaña (1949-1950) supone una clara mejoría del equipo. Con una ayuda de 50.000 pesetas por parte del Ayuntamiento y 10.000 de la Diputación Provincial, el Sporting consigue coger aire en lo económico. En lo deportivo, Amadeo Sánchez se hace cargo nuevamente de un equipo que logra espectaculares goleadas (un 9 a 0, por ejemplo,al Numancia, el 20 de noviembre de 1949) y que termina la Liga en tercer puesto a sólo dos puntos del Lérida. Marca 89 goles y vence en 17 partidos, aunque no es suficiente para colocar al equipo en los puestos de ascenso directo, en una Segunda que no tenía entonces promoción. La afición vuelve a creer en su equipo y la noticia del descenso a Segunda del Oviedo le hace encarar con gran optimismo lapróxima temporada.
Con un equipo titular formado por Sión, Tamayo, Cástulo, Germán, Cabal, Molinucu, Cholo, Ortiz, Prendes, Campos y Sánchez, en 1950-51 el Sporting es imparable. Marca 100 goles, aventaja en 6 puntos al segundo clasificado y logra el ascenso a lo grande. Los dos enfrentamientos con el Oviedo terminan además con victorias rojiblancas: 0-3 en la primera vuelta (con dos goles de Prendes y uno de Campos) y 3-0 en El Molinón (con goles otra vez de Prendes, Ortiz y Molinucu). En este partido el estadio gijonés estaba abarrotado y llegó a caerse una balaustrada. Para la nueva etapa en Primera se imponía una ampliación de El Molinón,que se afrontó durante el verano de 1951.
La consecución del ascenso y la manera en que se logró supusieron un significativo aumento del número de socios, alcanzándose para la temporada 1951- 52 el récord de abonados hasta ese momento: 7.500 socios que compartirían estadio en las grandes ocasiones con más del triple de aficionados.
El debut en Primera se produce ante el Athletic en Bilbao, donde el equipo integrado por Sión, Iruretagoyena, Cástulo, Germán, Cabal, Molinucu, Cholo, Luis Suárez, Prendes, Areitio y Sánchez pierde 4 a 2. La temporada es irregular y se alternan emocionantes victorias (3-2 al Barcelona en El Molinón) con sonoras derrotas (9-0, también del Barcelona, con siete goles de Kubala). El Sporting termina decimotercero, de dieciséis equipos. Este año, en lugar de promoción hay una liguilla en la que se deberán enfrentar los dos equipos de Primera que no han descendido automáticamente (Sporting y Racing) con cuatro candidatos de los dos grupos que tenía Segunda (Logroñés, Racing de Ferrol, Alcoyano y Mestalla). Antes del partido decisivo contra el Racing de Ferrol, los jugadores del Sporting iniciaron una costumbre que ya empezaba a ser habitual en el fútbol español: Salinas fue el lugar elegido para que el equipo realizara su primera concentración. Al final, la estancia y la concentración dieron resultado. El Sporting sufrió, ganó y terminó segundo, por detrás del Mestalla, lo que lepermitió matenerse otro año en Primera.
El Sporting vuelve a ver de cerca los colmillos de la Segunda que, en el caso del equipo gijonés, son el aviso de una cercana mordedura. Para evitarlo se contrata como entrenador a José Nogués quien, con la misma plantilla de la temporada anterior, logra en la 1952-53 una meritoria séptima posición. En los enfrentamientos con el Oviedo, el Sporting pierde 1-3 en El Molinón, pero se resarce en Buenavista con un 2 a 4. Al final de la temporada, el Oviedo queda dos puestos por debajode los rojiblancos.

La gira americana
Como premio por la exitosa temporada, en junio de 1953, directiva y jugadores iniciaron una gira por México y Cuba. El primer destino fue La Habana, donde el Sporting vence 1 a 0 al equipo del Centro Gallego de la capital cubana. Luego se traslada a México, con partidos ante el Guadalajara, Atlas y la Selección nacional mexicana. La colonia española recibe con enorme afecto al equipo gijonés que, de vuelta a Gijón, es recibido a su vez por sus paisanosde manera espectacular.
Tanto éxito y agasajo, sin embargo, no podía traer nada bueno. La falta de descanso y de preparación para la temporada siguiente (1953-54) tuvo efectos desastrosos. Tan sólo 16 puntos en 30 partidos, con 81 goles encajados, dejaron al Sporting a final de la temporada como farolillo rojo, a nada menos que 12 puntos del penúltimo clasificado, un Oviedo cuyo descenso no pudo paliar la decepción del sportinguismo por el retorno a Segunda División. El Sporting era agasajado en Cuba y México como un «grande», disputando partidos en magníficas tardes soleadas ante un público que abarrotaba los estadios para ver a «los asturianos» y, pocos meses después, el equipo debía hacer frente otra vez a una Segunda División de tardes lluviosas, campos embarrados y crispación en el ambiente.
Además, como es norma en el Sporting, a una mala situación deportiva le corresponde una inestabilidad en la directiva y en las cuentas. La dimisión de Paulino Antón como presidente deja un vacío que la Federación Asturiana intenta cubrir temporalmente con una gestora y, más tarde, con un consejo directivo provisional, presidido por Eustaquio Campomanes. Mientras, el Ayuntamiento decide la venta de El Molinón (que estaba en obras desde hacía tres años) a la Fundación José Antonio Girón por nueve millones de pesetas, con el compromiso, no cumplido, de que debía encargarse del pago y finalización de las obras del estadio (durante años se mantuvo el esqueleto de la grada oestede El Molinón).

Del jorobu al Matagigantes
A mitad de temporada, tras unas declaraciones del entrenador Nogués, se decide su destitución. Lo sustituirá Francisco Campos. La temporada 1954-55, a pesar de los inconvenientes, no fue del todo negativa: el Sporting acabó cuarto, a un punto de la promoción (que jugó y perdió el Oviedo) y a dos del ascenso directo (logrado por la Cultural Leonesa).
Para la siguiente campaña (la 1955-56), se vuelve a contratar a Amadeo Sánchez, artífice de los dos ascenso anteriores del equipo; sin embargo, en esta nueva etapa no se consiguen los resultados esperados. El Sporting es séptimo, muy distanciado de los puestos de cabeza. Sufre además el equipo una humillante derrota en El Molinón ante el eterno rival por 0 a 6. El déficit del clubronda las 16.000 pesetas.
Amadeo Sánchez deja su puesto y para la temporada 1956-57 se vuelve a contar con un técnico «de casa», en este caso Jesús Barrio. Al cambio en el banquillo se le suman dos importantísimas incorporaciones en la plantilla: Biempica, uno de los mejores frutos de la cantera gijonesa, y Ricardo Alós, que vino cedido durante un año por el Valencia y acabó siendo el Pichichi de Segunda. Un equipo titular de este año lo formaban Sión, Garbayo, Altisent, Pellicer, Medina, Bolinches, Sánchez, Biempica, Ortiz, Ricardo y Armengol. La temporada es, sencillamente, espectacular y supera en records a la del ascenso anterior de 1950- 51: marca el Sporting 107 goles, recibe 22, pierde sólo 4 partidos y aventaja en 12 puntos al segundo clasificado. Ricardo marcó 46 goles. Las goleadas (por ejemplo, 11-0 al Lérida) eran tan frecuentes que la afición exigía cada domingo en El Molinón primero la tasa, es decir, cuatro goles, y después eljorobu, cinco goles, como los que encajó el Oviedo el 27 de enero de 1957 en un estadio a rebosar. El ascenso llegaba en un momento perfecto, pues en 1957 se celebran, aunque con dos años de retraso, las bodas de oro del club, tras la certificación ante notario de que la fundación del Sporting se remonta a 1905. Se felicita con cenas, homenajes y trofeos, misas y bendiciones a un club que vuelvea Primera División por la puerta grande.
La temporada 1957-58 pone al Sporting en la primer página del fútbol español. En una Liga dominada por el Madrid de Di Stéfano, el Sporting cuenta con una plantilla de «desconocidos» pero que está muy unida y que es sabiamente dirigida por Jesús Barrio: Sión, García, Sorarraín, Santiago; Armendáriz, Altisent, Pellicer, Norniella, Castiller, Barragán; Cabal, Medina, Nino, Bolinches; Antonín, Sánchez, Ortiz, Alvaré, Pla, Basora, Biempica, Díaz, Gago y Enguídanos. La campaña empieza con malos resultados en las primeras jornadas, debido, como recuerda Jesús Barrio, a la falta de experiencia de los jugadores y a la necesidad de «coger el ritmo de la nueva categoría». Poco a poco tomó el Sporting un camino ascendente que culminaría en la primera vuelta con dos sonadas victorias ante el Barcelona (3-2) y el Madrid (3-0), en un partido en que los rojiblancos «bailaron» al equipo de Di Stéfano entre los «olés» de la parroquia gijonesa. La prensa deportiva, más en concreto el popular Rienzi, bautizó al Sporting tras estos dos triunfoscon el sobrenombre de Matagigantes. A pesar del exagerado calificativo, el Sporting termina duodécimo, a cuatro puntos del descenso, después de un flojo final de temporada. Como en el viaje a América, parece que los halagos desmesurados no beneficiaban a los gijoneses.
La temporada, en todo caso, se podía considerar buena, más aun cuando las arcas del club ofrecen por primera vez desde hace años un resultado positivo, más de 760.000 pesetas de superávit.

Un nuevo fracaso
Vuelve a enfrentarse el Sporting en este momento con un reto deportivo: el equipo está en Primera, donde se ha sabido defender, conjuga experiencia y juventud en una plantilla bien dirigida tácticamente y, además, tiene por fin dinero. Hay que asentar al equipo en Primera. Las cosas, sin embargo, tomaron un rumbo muy distinto. En primer lugar, para la siguiente temporada (la 1958-59) se prescinde de Jesús Barrio, con el que no se llega a un acuerdo en el contrato por pequeñas diferencias económicas. Edmundo Sánchez, Mundo, se hace cargo del equipo. La directiva se deja llevar por la euforia que se vive en la ciudad tras la ilusionante campaña anterior y dilapida todo su presupuesto en una serie de fichajes que no aportaron nada al equipo. La temporada fue otro gran desastre: el Sporting recibe 70 goles y, tras ganar sólo siete partidos, termina penúltimo y desciende directamente a Segunda División.
El Sporting desaprovechó en varias ocasiones su estancia en Primera; no se establecieron objetivos claros y asimilables para las arcas del club y se pasó, sin ton ni son, de la gloria al desastre de una temporada a otra. Mientras tanto el fútbol era ya un fenómeno social de máxima importancia en un país que no se podía conceder muchas alegrías, y empezaban a manejarse altísimas cantidades de dinero para fichajes y plantillas; habían comenzado las primeras competiciones europeas de clubes, el mundo descubría a Pelé y estaba a punto de comenzar en España una década de mejora económica, turismo y desarrollismo. Para el Sporting, sin embargo, se inició una de las peores décadas de toda su historia, en la que llegó a estar en juego la propia supervivencia del club.


1959-1970 - Una larga etapa en Segunda.
En los últimos quince años el Sporting había alternado etapas en Primera y Segunda en periodos de alrededor de tres años. Cuando, tras el descenso  que siguió a la euforia del Matagigantes, se vio al club de nuevo en Segunda, pocos imaginaban que le esperaba al Sporting un particular calvario,  una travesía del desierto larga y penosa de la que se tardó mucho tiempo en salir: once años hubo que esperar en Gijón para ver al equipo otra vez  en Primera.
Antes de que esto ocurriera, se produjeron algunos de los momentos más críticos de la historia del Sporting.
Los problemas económicos que se venían arrastrando durante la década anterior, y que se habían podido sobrellevar gracias a las estancias en Primera, se agravaron peligrosamente tras el descenso. La deuda del club ronda los seis millones de pesetas, los cambios presidenciales son frecuentes y los jugadores no cobran. Además, y como era predecible, la marcha del equipo en la Liga no es buena en la temporada 1959-60, con un ambiente lleno de crispación y fuertes críticas de los aficionados. El entrenador para esta nueva etapa era Abel Picabea, que ya en diciembre se vio obligado a dimitir ante las críticas de la afición. Le sustituye Amadeo Sánchez, quien tampoco finaliza la temporada al aceptar una oferta del Recreativo de Huelva. El club, con la gran crisis económica que padece, no puede preparar un equipo solvente y las incorporaciones para esta temporada son casi todas de jugadores de la cantera, el único de los cuales empezaría a destacar poco a poco fue Pocholo. El Sporting acaba en quinta posición, alejado del ascenso y con una creciente desmoralización, a la que colabora la decisión de la directiva en julio de 1960 de declarar transferibles a todos los jugadores.

A un paso del abismo
El Sporting entra en barrena. Desquiciado en lo económico y en lo deportivo, el equipo se abrasa en el infierno de la Segunda en la temporada 1960-61, la peor de toda su historia. Después de treinta partidos, el Sporting es el decimotercero de dieciséis equipos, por lo que tiene que jugar la promoción para evitar el descenso a Tercera. El rival es el Burgos. El partido de ida se jugó en El Molinón y el Sporting alineó a Barea, César, Emilio, Castañer, Cerrillo, Medina, Antonín, Biempica, Pocholo, Silvestre y Arbáizar. Un Sporting sin rumbo pierde 2 a 3, lo que no auguraba nadabueno para el partido de vuelta. En Burgos se daba por ganada la eliminatoria, un burro adornado con los colores rojiblancos era paseado por el entorno de la catedral y la alineación del Sporting sufre un cambio total en hombres y posiciones. La victoria final es para el Burgos por 2 a 1: el Sporting está en Tercera División. La situación es desesperada, ya que el club no tiene en estos momentos ni dinero con el que hacer frente a las deudas, ni un equipo del que se puedan esperar grandes logros, ni apoyo social, porque la tenebrosa marcha del equipo ha puesto a la afición en estado de máxima rebeldía.
Sin embargo, la historia le dio una segunda oportunidad al Sporting. El Condal de Barcelona, que había ascendido a Segunda, renuncia a su plaza por problemas económicos. El Sporting pretende hacer valer ante la Federación Española sus derechos sobre esa plaza libre, pero la Federación no accede y decide organizar un torneo en Palma de Mallorca, en agosto, con todos los equipos implicados en descensos y promociones. Los equipos que tomarán parte en el torneo son, además del Sporting, Sestao, Castellón, Ferrol, Atlético de Sevilla, Badalona y Amistad de Zaragoza. Sólo el vencedor obtendrá la plaza en Segunda. Debido a la falta de dinero, el Sporting se ve obligado a instalarse en un convento. A los gijoneses les correspondenen su grupo Sestao y Castellón, pero los primeros renuncian también por problemas económicos. Llega entonces el partido contra el Castellón, cuyo vencedor llegará a la final que decide la permanencia en Segunda. El partido es angustioso. Transcurridos los noventa minutos, el marcador refleja un empate a dos. En la prórroga marca el Castellón y el Sporting parece ya condenado. Pero en el último minuto de la prórroga, Montes entra en el área y es derribado. Hay que tirar el penalti, los jugadores bajan la vista al suelo, nadie se atreve y Jesús Barrio señala a Castañer. Flojo, lento y por el centro, el balón entra sufriendo en la portería, lo que supone el empate a tres. No hay tiempo para más, acaba el partido. Todavía no estaba extendida la práctica del lanzamiento de penaltis para decidir un partido, así que el finalista se conocerá tras lanzar una moneda al aire. Ante el árbitro se presentan los capitanes y delegados de ambos equipos. En la decisión de Ortiz, capitán sportinguista, está el futuro del club. Elige cruz, como había hecho para el sorteo de campos en el inicio del partido y también en el inicio de la prórroga. En ambas ocasiones había acertado. La moneda cayó en la mano del árbitro y mostró una cruz que llevaba al Sporting a la final del torneo. Madriles, Martínez, Altisent, Castañer, Medina, Emilio, Lastra, Pocholo, Montes, Ortiz y Granados jugaron contra el Sevilla Atlético, ganaron 2-1 y salvaron al club de la Tercera División. El Sporting había tocado fondo en sus dolencias económicas y deportivas y ahora debía hacer frente a un largo proceso de recuperación. Sin embargo, el momento más grave de su enfermedad ya había pasado.

Luz al final del túnel
La siguiente temporada es casi un calco de la anterior. El Sporting es decimotercero y consigue igualmente 25 puntos, con el mismo número de victorias, empates y derrotas (10, 5 y 15, respectivamente).Estos resultados vuelven a llevar al equipo a la promoción, pero otra vez tuvo suerte, ya que el San Sebastián se vio obligado a renunciar a su plaza en Segunda tras el descenso de la Real Sociedad, del que era filial.
De la presidencia se hace cargo Víctor Manuel Felgueroso, quien da un giro a la política directiva del club, reorientándola hacia la olvidada cantera, cuyo desprecio nunca trae nada bueno para el Sporting. Florín, Loza, Alvaré o Novoa fueron algunos de los jóvenes jugadores que se incorporaron a la primera plantilla, a la que se sumaron las incorporaciones de Puente y Eraña, en la temporada 1962-63, a partir de la cual se producirá una clara mejoría del equipo. Entrenado por Molinuevo, el Sporting terminó quinto, a siete puntosdel campeón.
La renovación de la plantilla se continúa al año siguiente, conjugando cantera con incorporaciones foráneas, como los vascos Solabarrieta y Uribesalgo, por ejemplo. La nueva política deportiva da resultados positivos rápidamente. El Sporting de la temporada 1963-64 es segundo por detrás del Deportivo y jugará la promoción de ascenso. Como veinte años antes, el rival es el Español, en el que militaba Kubala, y el resultado final vuelve a ser el mismo. En El Molinón, los rojiblancos vencen por 1 a 0, un buen marcador para el siguiente partido que sin embargo no fue suficiente. El Español pasó por encima (3-0) de un Sporting que alineó a Cobo, Medina, Alonso, Uribe, Puente, Eraña, Montes,Biempica, Pocholo, Félix y Amengual.
A pesar de la lógica decepción por no haber logrado el ascenso, se mantenía la confianza en el equipo. Se estaban dando los paso necesarios para devolver al Sporting a Primera y eso, después de los malos momentos vividos, exigía tiempo y un poco de suerte. En la temporada 1964- 65 la suerte en forma de un solo punto fue la que separó al Sporting del segundo clasificado, el Sabadell, para jugar la promoción. Los gijoneses vieron escaparse sus posibilidades de ascenso en el último partido del campeonato. El Osasuna llegó a El Molinón con una gran necesidad de puntuar y acabó con las ilusiones sportinguistas con un claro 0-3.
Muy parecido fue el desarrollo de la siguiente campaña (1965-66), aunque en esta ocasión fueron tres los puntos que separaron al Sporting del segundo clasificado. Para esta nueva temporada llegó del Caudal de Mieres un joven jugador cuyo nombre estaría ligado durante muchos años a la historia del Sporting: Crisanto García Valdés. El club sigue dirigiendo su trabajo principal hacia la cantera, un trabajo de futuro que en 1966 se concretó en un acuerdo de colaboración con el Ensidesa, un equipo de Llaranes donde se empezarían a formar algunos de los más grandes jugadoresdel Sporting de todos los tiempos. La paciente labor realizada en los últimos años estuvo a punto de dar sus frutos en la temporada 1966-67. Vuelve el Sporting a hacer una gran campaña y sólo un punto le separa del campeón, la Real Sociedad. Como segundo, el Sporting jugará una nueva promoción, esta vez contra el Sevilla. En el partido de ida, el resultado acabó con derrota sportinguista por 1 a 0. En El Molinón jugaron García Cuervo, Cárdenas, Alonso, Uribe, Puente, Valdés, Montes, Pocholo, Solabarrieta, Alberto y Amengual. Sin embargo, parece que al Sporting no le estaba permitido ascender a Primera a través de una promoción. En Gijón volvió a ganar el Sevilla por 0 a 1 y otro año se quedó el Sporting a las puertas del ascenso.
Confianza en la cantera, paciencia y constancia fueron las premisas de la política deportiva del club durante el mandato de Víctor Manuel Felgueroso, quien hubo de renunciar en el verano de 1967 por problemas de salud. Antonio Roibás ocupará su puesto hasta el año siguiente, 1968, en que se hace cargo del club Carlos Méndez Cuervo, quien, continuando con la política de su predecesor, trató de llevarla a metas más altas.

Los cimientos del éxito En la temporada 1967-68 se producen tres hechos que tendrán gran relevancia en la historia futura del Sporting. Jesús Castro, un joven portero fichado la temporada anterior, debuta con el primer equipo en Vigo; procedente del Ensidesa, se incorpora a la plantilla un extremo muy prometedor, IgnacioChurruca; y en mayo se decide el fichaje de un delantero, también jugador del Ensidesa, donde permanecerá cedido hasta diciembre: Enrique Castro. Los tres formarán la base de un equipo que iba a lograr éxitos insospechados sólo pocos años más tarde. El Sporting estaba preparando el terreno; los frutos no tardarían en llegar.
Antes de eso, el Sporting tenía que subir a Primera y lejos estuvo de conseguirlo durante esta campaña: acabó en quinto lugar. En la misma posición acabó la temporada siguiente (1968-69), en la que se estrenaban presidente (Carlos Méndez Cuervo) y entrenador (Luis Cid, Carriega). Al contrario de lo que había sucedido en otras ocasiones, desde la directiva del club no se actuó con precipitación y se confió en los profesionales del equipo para la próxima campaña. Se mantiene en su puesto al entrenador, Carriega, y se confía totalmente en una plantilla compenetrada, de jóvenes y veteranos. En la histórica temporada 1969-70 esa plantilla está formada por Herrero I, Herrero II, José Manuel, Martínez, Marañón, Miera, Castro, Puente, Del Cueto, Salazar, Florín, Tejada, Quini, Churruca,García Cuervo, De la Fuente, Echevarría, Paquito, Alonso, Lavandera, Eraña y Valdés. El Sporting hace una campaña espectacular y asciende a Primera como campeón, a cinco puntos del segundo clasificado. Quini logra su primer trofeo Pichichi y en febrero de 1970 Churruca debuta como internacional absoluto con la Selección española. Después de once largas temporadas el Sporting vuelve a Primera y lo hace como lo había hecho en la otras ocasiones, siendo campeón y arrasando a sus rivales. Además, y como muestra de la profunda relación existente entre lo económico y lo deportivo, en esta temporada el club tiene un superávit de más de 800.000 pesetas.
El Sporting está otra vez en Primera. Ha formado un equipo joven que ha dominado completamente la Segunda División y tiene por delante el reto de asentarse en la máxima categoría, algo que nunca antes había conseguido. La paciencia y la confianza volverán a ser decisivas para no echar a perder a esta gran generación de futbolistas que tardó en aclimatarse a la nueva categoría, pero que cuando por fin lo hizo, fue capaz de firmar las páginas más gloriosas del fútbol asturiano.

1970-1987 - La época dorada.
En 1970 GIjón cuenta con alrededor de 180.000 habitantes. Desde la década anterior se estaba produciendo un intenso proceso de industrialización,  abanderado por la creación de Uninsa y por el auge del sector naval, que provocará un nuevo y vertiginoso aumento de la población y también el  Sporting vivirá un crecimiento deportivo y económico.
Con un estadio que acaba de estrenar iluminación artifical y está a punto de completar la  cubrición de todas sus gradas, con una política deportiva que ha primado el impulso de la cantera y con un equipo lleno de jóvenes promesas, el  Sporting ha plantado unos firmes cimientos para convertirse en los próximos años en un gran club. Además, desde la asamblea celebrada el 22 de  julio de 1970, el club recupera oficialmente el nombre de Sporting.

Al principio, apuros
Tras los duros años sesenta, el equipo inicia su nueva etapa en Primera con esta plantilla para la temporada 1970-71: Castro, García Cuervo, Miera, Alonso, Herrero I, Echevarría, Hernández, Pascual, Fabián, Puente, José Manuel, Valdés, Juan, Fanjul, Herrero II, Quini, Paquito, Lavandera, Churruca, Salazar y Mortera. Entrenado por Carriega, este Sporting acaba duodécimo de dieciséis equipos, asegurándose la permanencia con relativa tranquilidad. También duodécimos, pero de dieciocho equipos, acaban los rojiblancos en la temporada 1971-72, en la que Carriega es sustituido por Jesús Barrio tras un partido en El Molinón en que el Celta consiguió empatar un 2-0 en contra en los últimos minutos. En Copa, después de muchos años de mediocres participaciones, se llega a los cuartos de final contra la Real Sociedad: el 0-0 de Gijón dio muchas posibilidades a los guipuzcoanos, que en la vuelta vencieron 3 a 1.
Además de organizar el Trofeo Costa Verde, el Sporting, como equipo de Primera, es invitado a participar en distintos torneos veraniegos. En junio de 1972 disputa y vence el Trofeo Ibérico, en Badajoz, tras ganar al Corinthians de São Paulo (2-0) y al Vitória de Setúbal (1-0). Siete años después, también contra rivales internacionales, el Sporting volvería a ganar este trofeo.
En la temporada siguiente, 1972-73, se sube un peldaño más en la Copa. En octavos de final el rival fue un Madrid que perdió 1 a 0 en Gijón y no pudo pasar del empate a uno en Chamartín. En cuartos, el Sporting eliminó al Granada, tras un 1 a 1 en Los Cármenes y ganar con un claro 3 a 0 en El Molinón. En las semifinales, el cruce deparó un rival que parecía asequible, el Castellón. Si embargo, los valencianos fueron muy superiores y ganaron los dos partidos de la eliminatoria, logrando clasificarse para la final en un año en queacabarían quintos en la Liga.
La buena marcha del equipo en Copa se vio ensombrecida por los apuros que tuvo que pasar para mantener la categoría en esta campaña 1972-73. Hasta la última jornada no se logró la permanencia y fue gracias a una victoria angustiosa en El Molinón contra el Oviedo con un gol de Quini.
Al término de la temporada se produce un relevo en la presidencia del club, que abandona Carlos Méndez Cuervo. Tras una apretada votación sale elegido Ángel Viejo Feliú, quien seguirá una política similar a la llevada a cabo por su predecesor e impulsará, poco más tarde, la creación de una escuela de fútbol para el Sporting.
La temporada 1973-74 comienza con malos resultados y se decide la destitución del entrenador, Mariano Moreno, sustituido temporalmente por Jesús Barrio hasta la llegada de Bernardino Pérez Elizarán, Pasieguito. La cantera vuelve a proporcionar interesantes jugadores, que son directamente incorporados al primer equipo, como Morán y Cundi. Los otros valores del club (Quini y Churruca, especialmente) reciben continuas ofertas de otros equipos, dispuestos a efectuar grandes desembolsos de dinero para incorporarlos. La política del club consistirá en retener lo más posible a sus figuras, no dejándose tentar por las importantes sumas de dinero que se le ofrecían y pensando sobre todo en la consolidación de un buen equipo. Los resultados positivos de esta política no tardan en llegar, pero es a costa de una creciente tensión entre jugadores y club, en una época en la que no existía la cláusula de rescisión en los contratos y en la que los sueldos de los futbolistas eran cada vez mayores. A la plantilla se unen dos argentinos, Doria y Landucci, con suerte desigual en el Sporting. Al final del año, otra vez hubo nervios para mantener la categoría, que se volvió a conseguir en el último partido. Ante un Real Madrid que no se jugaba nada pero que luchó hasta el final, el Sporting venció 4 a 3 con goles de Ciriaco, Leal y dos de Quini.
La permanencia del equipo en Primera, así como la ampliación y mejora de las gradas de El Molinón atraen cada vez más a una afición que había sufrido durante mucho tiempo. En la temporada 1974-75 el Sporting contará con el apoyo incondicional de casi 14.000 socios, que deben aguantar la respiración de nuevo hasta el último partido para ver a su equipo otro año en la Primera División. También contra el Real Madrid, ya campeón, el Sporting consiguió la permanencia en un partido dramático en el que marcaron DeDiego y Quini.
Con el objetivo de evitar los apuros de las últimas temporadas, se decide la incorporación de varios jugadores para reforzar el equipo. Del mercado nacional llegaron Mesa y Maceda; del internacional, dos argentinos, Mario Killer y Enzo Ferrero. Pasieguito empezó la temporada, pero iniciada esta, fue sustituido por el que había sido entrenador de la Unión Deportiva Las Palmas, Pierre Sinibaldi. Resulta difícil de comprender, pero el Sporting de la temporada 1975-76, con una alineación titular formada por Castro, Cundi,Redondo, Landucci, Fanjul, Killer, Ciriaco, Churruca, Quini (que fue Pichichi), Valdés y Ferrero, se fue directamente a Segunda División como último clasificado, tras ganar sólo siete partidos. Quizá la mala labor del entrenador o la falta de adaptación de los últimos fichajes influyeron para que se realizara una campaña tan desastrosa. El Sporting estaba otra vez en Segunda, pero, al contrario que en otras ocasiones, ni cundió el desánimo ni se tomaron decisiones precipitadas. La plantilla del Sporting sólo necesitaría un año para demostrar que podía conseguir importantes éxitos.

El mejor Sporting de todos los tiempos
La idea de dotar al Sporting con una escuela de fútbol, surgida durante el mandato de Carlos Méndez Cuervo, se empieza a hacer realidad bajo la presidencia de Ángel Viejo Feliú. Desde 1974 se habían empezado las obras en la zona de Mareo, pero su financiación resultaba problemática. En el verano de 1976 se producirá un hecho inusitado en la historia del club, cuyo resultado beneficiará definitivamente a la futura ciudad deportiva. Las ofertas de los grandes equipos por jugadores del Sporting eran continuas desde hacía tiempo, pero se hicieron más presentes cuando el club descendió a Segunda División. Los más solicitados eran Quini y Churruca; por el primero, el Barcelona llegó a ofrecer 45 millones de pesetas en el verano de 1976 y el Athletic de Bilbao ofreció más de 50 millones por Churruca. El presidente, Viejo Feliú, no quería deshacerse de sus dos mejores jugadores, pero al mismo tiempo sabía que era necesario el ingreso de efectivos para poder culminar la construcción de Mareo. La decisión se dejó en manos de una asamblea de compromisarios. Tras la votación, se rechazó la oferta del Barça por Quini, pero fue aceptada la del Athletic por Churruca. Con ese dinero la financiación paraterminar la escuela de fútbol estaba asegurada.
El verano previo a la temporada 1976-77 aportó también otra novedad, esta vez en el banquillo, que pasó a estar ocupado por Vicente Miera, ex jugador del Sporting y que había entrenado en los dos últimos años al Oviedo. Del Deportivo Gijón llegó al centro del campo sportinguista Joaquín. La plantilla del Sporting era muy superior a la de otros equipos; sin embargo, el ascenso no se consiguió fácilmente ya que hubo que esperar hasta la penúltima jornada. Una victoria del Sporting aseguraría el ascenso matemáticamente, el problema era que el partido decisivo se jugaba en Oviedo y los locales tenían también posibilidades de subir. Con una lluvia persistente durante los noventa minutos, se adelantaron los ovetenses con un gol de Alarcón. Todavía en la primera parte, con un cabezazo picado que se le escapó de las manos al portero, Quini logró el empate. Este resultado no le servía al Sporting, que se veía obligado a conseguir el gol del triunfo. A falta de pocos minutos para el final, Ferrero monta un rápido contraataque por la banda izquierda, ensaya una pared que despeja la defensa azul, pero el balón le llega otra vez al argentino en el interior del área y, sin dejarlo caer, remata a la escuadra carbayona con una espectacular volea. El Sporting vuelve a Primera y, como siempre en su historia, lo hace como campeón de la categoría. El Oviedo tendrá queesperar.
Ángel Viejo Feliú da por finalizada su etapa en la presidencia del Sporting en el verano de 1977. Deja al equipo colocado de nuevo en la Primera División, al club con un superávit de 23 millones de pesetas y con una magnífica escuela de fútbol a punto de ser terminada. Su sucesor en la presidencia será Manuel Vega-Arango Alvaré. Se daban unas condiciones óptimas para que el Sporting consiguiera superar sus miedos y complejos pasados y diera el salto definitivo como club. La temporada 1977-78 confirmó finalmente que el Sporting, como Gijón, como su industria, había crecido: fue quinto en la Liga, logrando la primera clasificación de un equipo asturiano para la Copa de la Uefa; llegó a las semifinales de la Copa, donde fue eliminado por la UD Las Palmas (3-0 en la ida y un insuficiente 3-1 favorable al Sporting en El Molinón), y, en marzo de 1978, pudo presenciar la inauguración de la Escuela de Fútbol de Mareo, una de las pocas que existían en España en esa época y que se convertiría con los años en el sostén deportivo, económico y «moral» del club. Como si quisiera colaborar a la alegría del sportinguismo, en esta temporada 1977-78 el Oviedo consumó su descenso a Segunda B. Parece que, históricamente, en la rivalidad entre ambos equipos, los éxitos de uno suponen casisiempre los fracasos del otro.
El Sporting cogió fuerzas en la concentración de Cervera de Pisuerga durante el verano de 1978, y se preparó para realizar la que sería la mejor temporada de toda su historia. Nunca como ahora se hace más necesario recordar los nombres de los jugadores que formaron parte de la plantilla en aquella campaña: Castro, Rivero, Redondo, Rezza, Doria, Cundi, González, Ciriaco, Joaquín, Uría, Maceda, Morán, Quini, Ferrero, Mesa, Abel, Andrés, Valdés, Urbano, Gonzalo, Oscar Ferrero, Javiy David.
El juego del Sporting durante esta campaña es espectacular: rápido y directo, siempre buscando el gol, el Sporting representa un «fútbol norteño » que, apoyado por el empuje de la afición, supera a todos sus rivales y encarama al equipo a la cabeza de la clasificación. No es una utopía pensar en obtener el título de Liga. Sólo por su forma de jugar, lo merecía el Sporting. Enfrente, sin embargo, tenía a un Real Madrid que, a falta de ocho jornadas para que concluyera el campeonato, llegó a El Molinón para disputar un partido que aclararía casi definitivamente la identidad del campeón de Liga. Doria y Ferrero no pudieron jugar aquel encuentro por sanción. Estas bajas, unidas a la enorme responsabilidad que suponía el partido para un equipo no acostumbrado a vivir este tipo de situaciones, condicionaron el juego del Sporting, que sin embargo dispuso de muchas posibilidades de marcar. Santillana logró el gol para el Madrid y el Sporting no pudo reaccionar. Al término del campeonato, el Madrid fue líder y el Sporting consiguió la mejor clasificación de un equipo asturiano en la historia de la Liga, un segundo puesto que le dio nuevamente acceso a la Copa de la Uefa.
Pero la temporada 1978-79 no sólo deparó éxitos en la Liga. Por primera vez jugaba el Sporting la Uefa, y el primer rival fue el Torino, que saltó al césped de El Molinón el 13 de septiembre de 1978. En uno de los partidos que más orgullo y satisfacción causó entre los aficionados, el Sporting ganó 3 a 0 con dos goles de Morán y uno de Ferrero. El Eurosporting empezaba su carrera europea de la mejor manera posible. En el partido de vuelta, el equipo logró aguantar el 1 a 0 a favor de los italianos, que le dio acceso a la segunda ronda. Allí le esperaba el Estrella Roja de Belgrado, que sorprendió a los rojiblancos con un 0 a 1 en El Molinón, el 17 de octubre de 1978, y no permitió al Sporting pasar del empate a uno en Belgrado.
El Sporting fue el primer equipo que le disputó a los grandes un campeonato de Liga en los tiempos modernos del fútbol. Más tarde, la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao (y recientemente el Deportivo de la Coruña) siguieron con más suerte los pasos del Sporting y demostraron que no sólo los privilegiados podían ganar títulos. Sólo ciertas dosis de mala suerte y de inexperiencia evitaron que el Sporting lograra aquella Liga. En Gijón y en el resto de España, sin embargo, siempre se consideró al Sporting como «campeón moral» de la temporada 1978-79.
La rivalidad con el Madrid se extendió más allá del campeonato liguero. En agosto, el Sporting disputó por primera vez el trofeo Teresa Herrera, al que merecidamente había sido invitado tras su espectacular temporada. La final fue un calco de la campaña liguera: ganó el Madrid 1 a 0, con gol de Juanito. La historia se repitió al año siguiente. Sporting y Madrid se disputaron el Teresa Herrera y vencieron los madrileños 3 a 1. Dos años después, el Madrid volvería a ser verdugo de los rojiblancos en una final, esta muchomás importante.
El Sporting no fue flor de un día. Se mantuvieron el bloque y la filosofía del equipo para la temporada 1979-80, pero se produjo un cambio de entrenador. José Manuel Novoa, hasta entonces entrenador del filial, pasaría a tomar la responsabilidad del primer equipo. El inicio de la temporada vuelve a ser espectacular, con siete victorias seguidas que colocan al Sporting como candidato otra vez a hacerse con el campeonato de Liga. Sin embargo, a medida que avanza el campeonato, el equipo va perdiendo fuelle y se aleja de la lucha por el título. Acaba tercero y por tercera vez consecutiva consigue clasificarse para la Uefa. Son jornadas gloriosas para un club como el Sporting que, a pesar de haber sufrido largas estancias en Segunda, no deja de sentirse decepcionado al quedarse a las puertas de un título. Eso ocurrió esta temporada en la Copa del Rey, donde otra vez el Sporting cae eliminado en semifinales. Esta ocasión fue quizá la más dolorosa, por la poca entidad, a priori, del rival, y por la forma en que se desarrollaron los acontecimientos. El Castilla, filial del Real Madrid, era el líder de Segunda y llegó al Molinón sin nada que perder. El Sporting ganó 2 a 0 y ya se veía en la final. El equipo se dejó llevar por un exceso de confianza y perdió 4 a 1 en Madrid. Es una decepción histórica delsportinguismo.
En la Uefa no se pudo repetir la clasificación para la segunda ronda, al caer el Sporting eliminado por el PSV Eindhoven, que empató a cero en Gijóny remató en la vuelta con un 1 a 0.

Quini se va
Después de muchas polémicas, declaraciones en la prensa, ofertas millonarias, tiras y aflojas económicos, pero, sobre todo, después de haberle dado al Sporting y a su afición los momentos más inolvidables de su historia, por fin, en el verano de 1980, Quini es traspasado al Barcelona. Desde muy pronto se había interesado el club catalán por el goleador sportinguista y a punto estuvo de lograr su fichaje en 1976. Los ochenta millones que ofreció por él en esta ocasión no se podían rechazar. Con ese dinero se buscó un delantero efectivo para reemplazar al Brujo y llegó a Gijón Fernando Gomes, que no respondió a las expectativas. Una lesión le apartó largamente del equipo y se perdió la confianza en él. De vuelta a su Portugal natal, fue dos veces bota de oro conel Oporto.
El sportinguismo estaba viviendo sus días más felices y para la temporada 1980-81 se alcanzó el récord histórico de abonados: 22.000 socios poblaron las gradas de El Molinón para acompañar al equipo de moda del fútbol español. Para engrandecer aún más aquel momento, el Sporting celebró en 1980 los actos de su 75 aniversario.
Con Miera otra vez en el banquillo, la marcha del equipo en Liga no es del todo buena. El Sporting terminó séptimo, a siete puntos de la Real Sociedad, que logró precisamente el título de Liga en la última jornada en El Molinón, empatando a dos afalta de pocos segundos para el final del partido.
En la Copa, sin embargo, se pudo resarcir el Sporting de su campaña liguera. Eliminó a la Ponferradina y al Levante en las dos primeras rondas y en cuartos de final se enfrentó con el Madrid. Esta vez, el Sporting le tenía tomada la medida. En El Molinón, terminó el partido con empate a uno. Lo que parecía que iba a ser una victoria segura del Madrid en su campo, se convirtió en un recital de Abel que consiguió tres goles y metió al Sporting nuevamente en semi- finales. El rival fue el Sevilla, que no logró en su campo remontar el 2-0 de El Molinón. Por fin después de muchos intentos, se lograba clasi- ficar el Sporting para la final de Copa. La cita tiene lugar el 18 de junio de 1981 en el estadio Vicente Calderón, al que acudirán en masa los aficionados sportinguistas para ver a su equipo enfrentarse al FC Barcelona, donde juega Quini. La alineación del Sporting en aquella recordada fecha estuvo formada por Rivero, Redondo, Jiménez, Cundi, Maceda, Uría, Abel, Joaquín, Mesa, Ciriaco y Ferrero. Precisamente en la primera fi- nal copera de su historia, ante la posibilidad de ganar por primera vez un título importante, en una situación tan singular el Sporting se la tiene que jugar ante el máximo goleador de la Liga, aquel chaval que llegó del Ensidesa para levantar el ánimo del sportinguismo. El Brujo hizo su trabajo en la final: marcó dos goles que dejaron sin opciones a un Sporting que había logrado el empate con gol de Maceda. Al final, el partidoterminó 3 a 1 a favor del Barcelona.
En la Uefa, se encontró el Sporting en la primera ronda con el Bohemians de Praga, que venció en su campo por 3 a 1, un resultado excesivamente amplio para sus merecimientos, pero suficiente, en todo caso, para eliminar al Sporting que en El Molinón a punto estuvo de remontar la eliminatoriacon el 2 a 1 definitivo.
El Sporting jugaba tres competiciones al máximo nivel: Liga, Copa y Uefa y en todas ellas daba la cara. El nivel de exigencia cada vez era mayor, en todos los aspectos: los jugadores pedían mayores sueldos, la directiva pedía mejores resultados y la afición no se cansaba de pedir más y más goles, todo lo cual condujo a un cansancio físico y deportivo en el equipo. En la Liga 1981-82, el Sporting tuvo que luchar hasta el final para salvar la categoría. La negativa marcha liguera le costó el puesto a Vicente Miera, que vuelve a ser sustituido por Novoa. El Sporting, sin embargo, no había dejado de ser un gran equipo, como demuestra el hecho de que, por segundo año consecutivo, se clasifica para jugar la final de la Copa del Rey. El Valencia en octavos de final (que encajó un 6 a 1 en El Molinón), el Deportivo de la Coruña en cuartos y en semifinales el Rayo Vallecano(0 a 1 y 3 a 0 a favor de los gijoneses) fueron cayendo a manos de un Sporting titubeante en la Liga, pero imparable en el torneo del KO. La historia, el frío y el viento, los nervios, la seguridad del rival... un sinfín de condicionantes impidieron que el 13 de abril de 1982, en el estadio vallisoletano de Zorrilla y ante el Real Madrid, pudiera el Sporting ganar la Copa. Jugaron aquella fría tarde Rivero, Redondo, Jiménez, Maceda, Pereda, Uría, Mesa, Andrés, Joaquín, Abel y Ferrero. El partido no pudo empezar de manera más desafortunada para los rojiblancos: en el minuto 4, Jiménez marca en propia puerta. Todavía en la primera parte, tras un penalti sobre Joaquín, logra Ferrero el empate a uno. En el segundo tiempo poco hizo el Madrid para merecer el gol, pero este llegó con un afortunado disparo de Ángel en el minuto 56. Quedaba tiempo por delante, pero el Sporting no fue capaz de inquietar la portería de Agustín.

Un equipo de moda
Dos finales de Copa seguidas y dos derrotas. El Sporting tuvo en su mano la posibilidad de alzarse con dos títulos que lo habrían convertido en un club grande y no sólo en un club modesto que ha tenido la fortuna de hacer un par de buenas campañas. La Liga de 1979 y las dos finales de Copa habrían supuesto la entrada del Sporting en la historia del fútbol nacional, pero no pudo ser. Hoy, cuando competiciones como la Copa o la Uefa están profundamente devaluadas, porque son poco rentables para los grandes clubes y a ellas acceden equipos más que humildes con grandes posibilidades de éxito, quizá no se aprecie suficientemente el enorme éxito que suponía para un equipo como el Sporting estar luchando al máximo nivel con los grandes clubes de España. Un equipo que jugaba alegre y desenfadado, que basaba gran parte de su potencial en jóvenes de la cantera y que, además, «caía bien», fue capaz de poner en serios aprietos durante varios años a los mejores. Para haberse convertido definitivamente en uno deellos, al Sporting sólo le faltó conseguir un título.
Con el final de la temporada, llegó a Gijón el Mundial de fútbol de 1982, para lo que fue necesario reformar y ampliar El Molinón. De 25.000 localidades se pasó a cerca de 45.000. Con todas ellas ocupadas tuvo lugar uno de los espectáculos más bochornosos de la historia de los mundiales, la pactada victoria de Alemania frente a Austria queclasificó a ambas para la siguiente ronda.
Con vistas a la temporada 1982-83, se contrata a Vujadin Boskov, un singular entrenador que impuso un sistema de juego poco favorecedor del espectáculo. Su famoso lema «Punto es punto» convirtió al Sporting en el rey del empate (quince en todo el año) y dejó al equipo en octava posición. Lo mejor de aquella temporada fue la llegada al primer equipo, por primera vez, de dos jugadores formados en la Escuela de Fútbol de Mareo. La visión de Carlos Méndez Cuervo, el impulso de Viejo Feliú y la puesta en funcionamiento de la escuela por parte de Manuel Vega-Arango dieron sus primeros resultados sólo cuatro años después de la inauguración de las instalaciones de Mareo. Los jugadores que se estrenaron con el Sporting en aquella temporada justifican las ilusiones puestas en la Escuela: sus nombres eranJuan Carlos Ablanedo y Eloy Olaya.
Boskov sigue ocupando el banquillo en la temporada 1983-84, pero el decimotercer puesto del equipo en la clasificación, además del pobre juego realizado, forzaron su destitución finalizada la campaña. Le sustituye Novoa, que retoma el banquillo al tiempo que se producen dos importantes acontecimientos. Uno tiene lugar en Cádiz, y es la victoria del Trofeo Carranza, tras ganar al Barcelona 1 a 0 y vencer en la final al Athletic por el mismo resultado. El otro es la vuelta al Sporting de Quini, iniciada ya la temporada 1984-85, trassu etapa barcelonista.
Si Quini había logrado el trofeo Pichichi en siete ocasiones, coincidirá en esta temporada con un joven portero, Ablanedo, que lograría a su vez su primer trofeo Zamora, repitiendo el éxito en otras dos ocasiones. Sólo 23 goles recibe el Sporting en esta temporada, lo que, unido a una buena renta de victorias, le dejan cuarto en la Liga, obteniendo una nueva clasificación para la Copa de la Uefa. Pero, como en las últimas ocasiones, el Sporting no es capaz de superar la primera eliminatoria. El Colonia, que llegaría ese año a jugar la final del torneo, eliminó a los rojiblancos tras un 0 a 0 en tierras alemanas y un 1 a 2 en El Molinón. La Uefa era un premio por haber realizado una buena campaña, pero el Sporting nunca pudohacer de esta competición un objetivo de éxito.
El bloque de futbolistas que desde finales de los años setenta había puesto al Sporting en la primer línea del fútbol español empieza a debilitarse poco a poco. La vuelta de Quini no puede contrarrestar dos importantes bajas que sufrirá en el equipo en la temporada 1985-86: Ferrero, tras diez años en el club, abandona la práctica del fútbol; Maceda, el pilar defensivo del equipo, es fichado por el Real Madrid. Se mantiene a Novoa como entrenador, pero en la plantilla hay muchos cambios, sobre todo con una nueva hornada de jugadores de la cantera: Marcelino, Zurdi, Mino... Los aires del cambio llegan también a la presidencia. Manuel Vega-Arango abandona su cargo, en el que le sustituirá Ramón Muñoz. Aunque el Sporting ya no es el que era, hace una buena temporada y queda clasificado en sexta posición, a un punto de las plazas de Uefa.
Al año siguiente (temporada 1986-87) tras una novedosa (y fracasada), remodelación de la Liga que organizó cuatro playoffs, el Sporting fue nuevamente cuarto clasificado (más lejos esta vez del campeón) y consiguió unnuevo pase para la Copa de la Uefa. La categoría del rival que correspondió al Sporting en la primer eliminatoria se advierte repasando alguno de los nombres de los jugadores que saltaron a El Molinón el 16 de septiembre de 1987: Tassotti, Gullit, Donadoni, Massaro, Van Basten, Ancelotti (quien sería entrenador del equipo años más tarde)... El entrenador era Arrigo Sacchi y el presidente del club, Silvio Berlusconi. Aquel gran Milan tuvo que luchar más de lo previsto contra el Sporting en aquella eliminatoria. En Gijón, jugaron Pedro, Espinosa, Jiménez, Ablanedo I, Tati, Jaime, Joaquín, Emilio, Zurdi (Marcelino), Wilmar Cabrera (Juanma) y Eloy. Con una volea desde fuera del área, Jaime marcó un golazo que supuso la victoria sportinguista. San Siro estaba clausurado por sanción, así que el partido de vuelta se jugó en el estadio Via del Mare, de Lecce. El Milan ganó 3 a 0, con dos dudosos penaltis, que llevaron a Novoa a decir que «este arbitraje no lo habría mejorado ni el presidente del Milan». Los árbitros, la inexperiencia ante las grandes citas... los mismos problemas que habían impedido al Sporting ganara la Liga del 79 o las dos finales de Copa volvieron a hacerse presentesen esta eliminatoria.

La despedida de una época
Un mes antes de este encuentro, se celebró en El Molinón, el 21 de agosto de 1987, un homenaje a Quini con motivo de su despedida de la práctica del fútbol. Sus siete Pichichis, sus goles, su entrega y su enorme valía humana fueron homenajeados en un partido que disputó el Sporting contra el Real Madrid. Aquel día significaba muchas cosas: no sólo era la despedida de Quini, era el final de una época. Con Quini se empezó a ir una generación de futbolistas que llevó al Sporting a lo más alto y dio inolvidables alegrías a la afición y a la ciudad entera. El partido de homenaje a Quini marca simbólicamente el fin de una época, la más gloriosa de la historia rojiblanca.

1987-2003 - Del último Eurosporting a la gran crisis.
Del gran equipo que, diez años antes, había iniciado un brillante ascenso desde la Segunda División hasta la disputa de un título de Liga, dos  Copas del Rey y varias participaciones en la UEFA, pocos jugadores permanecían en activo en 1987. La renovación de la plantilla se había ido  completando poco a poco con la retirada de algunos futbolistas (Quini, Ferrero), el traspaso de otros (Maceda) y sobre todo la llegada de un  número cada vez mayor de jóvenes procedentes de la Escuela de Mareo (Ablanedo, Eloy).
En la presidencia del club también se habían producido  cambios, con la marcha de Vega-Arango y la llegada de Ramón Muñoz. Las altas fichas de los jugadores y los crecientes gastos de un club que estaba  en lo más alto del fútbol nacional dispararon en los últimos años las pérdidas económicas del Sporting, que volvió a encontrarse con un déficit  millonario.
Novoa, tras cuatro temporadas consecutivas en el banquillo, abandona el club finalizada la campaña 1987-88, tras aceptar una oferta del Celta. Le sustituye el ex jugador del Athletic de Bilbao Jesús Aranguren, que no logrará repetir los éxitos de su antecesor. El fichaje internacional de la temporada fue el defensa irlandés Kevin Moran, que mostró poco interés por integrarse en el equipo, hasta el punto de que fue el único jugador de la plantilla que no adquirió las participaciones de la Peña Jiménez agraciadas en la lotería de Navidadde 1988.
El equipo se sostenía principalmente sobre tres pilares: Ablanedo en la portería, Jiménez en la defensa y Joaquín en el centro del campo; para la delantera subieron de los equipos inferiores Monchu y Felipe, formando un equipo que no dio muchas alegrías en esta temporada, pero que dejó partidos espectaculares. Quizás el más recordado sea el encuentro de vuelta de la eliminatoria de Copa que enfrentó a Sporting y Real Madrid. En el Bernabéu, un Madrid que ganaría en 1989 la cuarta de sus cinco Ligas consecutivas sentenció la eliminatoria con un 5 a 2. En El Molinón, el 15 de febrero de 1989, se adelantaron de nuevo con un 2 a 5; sin embargo, el Sporting, dolido en su orgullo, luchó hasta el final y logró una histórica remontada que terminó con un empate a 5 que bien merecía el pase a la siguiente ronda. El final de Liga deja al Sporting decimotercero y, además, por detrás del Oviedo que, en su reestreno en Primera, venció en los derbis regionales, ganando 1 a 0 en el Tartiere y empatando a cero en Gijón.

El éxito de Mareo
Al año siguiente, las cosas no marchan bien en el equipo: de los siete primeros partidos de Liga sólo se consigue empatar uno, perdiendo todos los demás. Esta mala racha provoca la destitución de Aranguren y la convocatoria de elecciones presidenciales por parte de Ramón Muñoz, a las que renuncia a presentarse. El entrenador que se hará cargo del equipo es Carlos García Cuervo, hasta entonces preparador del filial. En noviembre se celebran elecciones para la presidencia, de las que sale elegido Plácido Rodríguez Guerrero. Banquillo y directiva deben enfrentarse a una situación complicada: el equipo no termina de funcionar y el que prometía ser su gran estrella, Felipe Miñambres, ha abandonado el club pagando la famosa cláusula 1006, por la que se desvincula del Sporting para fichar por el Tenerife; las cuentas del club, además, arrojan resultados negativos, por lo que no se puede pensar en fichajes de renombre. La solución para ambos responsables del club vendrá, como siempre, de la cantera. En la temporada 1989-90 debutan en el primer equipo tres jóvenes que llegarían a convertirse en la élite del fútbol nacional: Abelardo, Luis Enrique y Manjarín. Otro delantero se incorporaría al equipo a final de temporada, el checo Luhovy. Ablanedo vuelve a realizar un magnífico campeonato y consigue por tercera vez ser el portero menos goleado de la Liga. El Sporting acabó la temporada nuevamente en decimotercera posición.
Se confía en el entrenador para la próxima campaña, la 1990-91, y se producen los fichajes de varios jugadores extranjeros: el sueco Nilsson, muy habilidoso en el regate pero que poco demostró durante su etapa como rojiblanco; y el búlgaro Iordanov, cuya peculiar manera de arremangarse el pantalón no le impidió convertirse en una referencia para el centro del campo del Sporting. Se produce además una importante incorporación desde los equipos inferiores, un delantero de habilidad inigualable, Juan Castaño Quirós, Juanele.
La plantilla la completaban, entre otros, Arturo, Luis Sierra, Jiménez, Ablanedo I, Tati, Alcázar, Juanma, Oscar, Monchu... Era sin duda un buen equipo, pero, como en campañas anteriores, tuvo un mal comienzo de Liga, lo que le costó el puesto a García Cuervo en el mes de noviembre. Ciriaco Cano, hasta el momento secretario técnico del club, pasará a ocupar el banquillo. Con ciertas polémicas con las alineaciones, con algún jugador e incluso con la prensa, Ciriaco se asentó en un banquillo desde el que supo dirigir a un equipo de gran calidad pero muy joven, en todos los aspectos, juventud que supo controlar hasta el punto de hacer de aquel Sporting de la temporada 1990-91 un nuevo Eurosporting.
El equipo de esta temporada realizó un gran torneo de Copa. Después de eliminar al Zaragoza y a la Real Sociedad, en cuartos de final se cruzó con el Logroñés, que venció en Las Gaunas por 2 a 0. En El Molinón el Sporting hizo un partidazo: marcó en la primera parte el 1 a 0 y, en la segunda, un tiro de Alcázar empató la eliminatoria. Se jugó la prórroga y allí apareció la «conexión Mareo»: tras una jugada, regates incluidos, de Juanele,Luis Enrique remata y marca el gol del triunfo.
Toda la euforia de la temporada y de esa eliminatoria se esfumó poco después en las semifinales, donde, por enésima vez, se quedó el Sporting. Un Mallorca bastante mediocre y que a punto estuvo de jugar la promoción ese año ganó en El Molinón 0-1 y remató la eliminatoria en su estadio con el mismo resultado. El Sporting volvió a quedarse alas puertas de la final de Copa.
En la Liga, El Molinón disfrutó de una de las mejores campañas de los últimos tiempos. Al Barcelona de Stoichkov, Laudrup y Cruyff, un joven Sporting le ganó 1 a 0 con un recordado gol de Luis Enrique, desde fuera del área. Las plazas europeas estuvieron en manos del Sporting durante toda la temporada, pero hubo que esperar hasta la última jornada para asegurar el sexto pase a la Uefa. A los rojiblancos les tocó en suerte jugarse esta plaza con un equipo que también estaba en la lucha europea y además fuera de casa. En Mestalla, ante el Valencia, el 9 de junio, el Sporting dio una lección de madurez y se impuso por 1 a 0 con gol de Luis Enrique a pase de Luhovy. Estos dos delanteros se colocaron entre los cinco mejores goleadores de la Liga, con 16 goles el primero y 15 el segundo.
La temporada 1990-91 significó muchas cosas: en primer lugar dio la razón, una vez más, a quienes confiaron en Mareo como escuela que proporcionaría al Sporting sus mejores jugadores; confirmó que un equipo con numerosos jugadores de la cantera, compensado con la experiencia de otros más veteranos y apuntalado por algún fichaje verdaderamente necesario, era capaz de lograr importantes éxitos. Frente al creciente y excesivo gasto que, desde finales de los años ochenta, empiezan a realizar la mayor parte de los clubes en jugadores estrella y cracks (muy pocos de los cuales respondieron a las expectativas), el Sporting de 1990-91, quinto clasificado en Liga y semifinalista de Copa, con Manjarín, Abelardo, Joaquín, Ablanedo, Luis Enrique, Luhovy... demostró que más importante que el derroche era la planificación, la paciencia para que cuaje un proyecto y la ilusión por unos colores. Pocos supieron sacar estas conclusiones ese año en España y, desgraciadamente, tampoco en el Sporting.
La gran temporada de Luis Enrique no pasó desapercibida para los grandes clubes y así, tras haber disfrutado de su fútbol poco más de un año, Luis Enrique es fichado por el Real Madrid. Aunque no era la primera vez, la fuga de talentos formados en el Sporting se empezó a convertir en habitual desde entonces. Casi sin tiempo para rendir en el Sporting, durante los próximos años abandonarán el club jóvenes jugadores de gran calidad que madurarán en otros equipos. Contrariamente a la política de retención de jugadores llevada a cabo en los años setenta y que tan buenos resultados había dado, los años noventa (y siguientes) significan un éxodo de futbolistas de Mareo, que no terminan de ser aprovechados del todo por el Sporting, ni deportiva ni económicamente, cuando ya son traspasados a otros clubes.
La Uefa depara al Sporting, que ha sustituido en su indumentaria el color azul del pantalón por el blanco, al Partizán de Belgrado, donde juega un joven Mijatovic. Las cosas empiezan bien en el partido de ida, en Gijón, donde el Sporting vence 2-0. Un exceso de confianza por parte de los rojiblancos lo aprovecha el Partizán para igualar la eliminatoria en el segundo partido, disputado en Estambul a causa de los enfrentamientos bélicos en Yugoslavia. El marcador no se mueve en la prórroga, por lo que todo habrá de decidirse en los penaltis. Emilio Isierte, al que Ciriaco, no sin polémicas, prefirió durante la temporada antes que a Ablanedo, paró dos penaltis y metió por fin al Sporting en la segunda ronda de la Uefa, algo que sólo había logrado en su primera participación, en 1978. Como en aquella ocasión, ese fue el techo del Sporting. El Steaua de Bucarest se llevó de El Molinón un valioso empate a dos, que remató en la vuelta con un 1 a 0.
Si conocida es la historia del Sporting en la Uefa, la de sus participaciones en Copa debería convertirse casi en ley: en la temporada 1991-92 vuelve a caer el Sporting en semifinales, esta vez frente al Real Madrid, que remontó el 2-1 de El Molinón con un contundente 5 a 2. En Liga, a punto estuvo el equipo de lograr nuevamente un puesto para Europa, aunque el bajón sufrido en las últimas jornadas le impidió lograrlo.
Finalizada la temporada, Joaquín, de quien un joven jugador de la plantilla llegó a decir que «le tenía más respeto a Juaco que al entrenador », después de haber jugado 479 partidos en Primera División durante 18 años como rojiblanco, abandonó la práctica del fútbol. Tan difícil fue de sustituir, que aún hoy, en las gradas del Molinón, cuando el equipo no funciona, se oye a alguien decir: «Aquí falta un Joaquín».

Sporting, Sociedad Anónima Deportiva
La marcha de Joaquín coincide con una reestructuración total en el fútbol español, una reestructuración económica, pero también deportiva, que cambiará todos los conceptos existentes sobre el fútbol, incluido el propio concepto del fútbol como deporte. Salvando las diferencias, nos encontramos ante un paso similar al que por los años veinte tuvo lugar con la llegada del profesionalismo. Si el profesionalismo había afectado principalmente a los jugadores y sus sueldos, en 1992 afectará directamente a los propios clubes, que pasarán a convertirse en sociedades anónimas deportivas. La gran mayoría de los equipos de fútbol españoles están endeudados, en mayor o menor medida; con la ley del Deporte de 1992, el Estado obliga a los clubes a transformarse en sociedades anónimas, para lo que se les asigna un capital social (600 millones de pesetas, en el caso del Sporting) y se convoca una suscripción de acciones. Quien no pueda alcanzar estos requisitos se verá descendido a Segunda B. De la noche a la mañana, los clubes, que habían manejado de forma descontrolada importantes sumas de dinero durante años, y que están fuertemente endeudados, se ven obligados a buscar accionistas, salvadores y mecenas a contrarreloj. Las acciones del Sporting salen a la venta a un precio de 10.000 pesetas y son adquiridas por unas 4000 personas; sin embargo, esto no es suficiente y se hace necesaria una fuerte inversión, para lo que se busca, desde las autoridades locales, un apoyo empresarial firme, al que se hubo de sumar la participación directa en el proceso delpropio Ayuntamiento, que adquirió el porcentaje de acciones necesario para culminar la conversión del club en sociedad anónima. El Sporting quedó convertido oficialmente en sociedad anónima deportiva en junio de 1992; tres meses después, el primer consejo de administración fue presidido por el empresario Eloy Calvo Capellín, que se mantendría dos años en el cargo.
El Sporting, si bien con apuros, había podido superar el reto de convertirse en sociedad anónima y, aunque sin una ilusión desbordada, se esperaba en Gijón que los cambios beneficiarían al equipo. En lo deportivo, la temporada 1992-93 supone la llegada al Sporting del entrenador holandés Bert Jacobs. Con uno de los equipos más jóvenes de la categoría y el único refuerzo del argentino Scotto, el Sporting tuvo un esperanzador inicio de temporada, con un fútbol ofensivo y de toque, en la línea del que estaba imponiendo Cruyff en el Barcelona, que llevó al Sporting a ascender puestos en la clasificación. El Sporting de Bert Jacobs realizó el mejor fútbol que se había visto en El Molinón en muchos años. Sin embargo, una serie de malos resultados ponen en entredicho la labor del entrenador, que es acusado de no saber imponer suficiente disciplina en el vestuario. Finalmente, y sin haberle dado quizás el tiempo suficiente para que lograra asentar al grupo, Jacobs es destituido y se hace cargo del equipo García Cuervo, con quien el Sporting finaliza la campaña en el puestoduodécimo.
Manjarín, Iván Iglesias, Iordanov, Nilsson y Scotto abandonan el club antes del inicio de la temporada 1993-94, y llegan Sabou, Stanic, Saric y Escaich. Mariano García Remón, que había defendido la portería del Madrid frente al Sporting en los años en que ambos equipos se disputaron más de un título, ocupa el banquillo. Esta temporada fue una de las más extrañas que se le recuerdan al Sporting: después de unos comienzos mediocres, a mitad de temporada se produce una espectacular remontada del equipo que llega a situarse durante cinco jornadas en el tercer puesto, la última de las cuales tras un 7 a 1 en El Molinón frente al Osasuna, con cuatro goles de Escaich, dos de Stanic y uno de Abelardo. La Uefa se volvía a hacer presente en las ilusiones de la afición, pero estos anhelos se convirtieron, unas jornadas después, en angustia por evitar el descenso. Un grave bajón del equipo a punto estuvo de costarle caro: terminó la Liga decimocuarto, a cuatropuntos de la salvación.

Los primeros síntomas
Lejos de ser una anécdota, esta irregular temporada y los apuros finales para mantener la categoría indicaban que algo estaba fallando en el equipo: poca solidez del grupo, jugadores excesivamente jóvenes, fichajes caros pero poco rentables, poca continuidad en los proyectos (los entrenadores conseguían a duras penas finalizar la temporada)... muchas razones pueden explicar la imparable decadencia que vivió el Sporting durante los años noventa y de la que esta temporada fue el primer aviso.
El segundo aviso llega al año siguiente, un año en que hay cambios importantes: la presidencia del club es ocupada desde octubre por José Fernández; del equipo se van Abelardo y Juanele y llegan dos jugadores de características totalmente opuestas que dejan, cada uno a su manera, su sello en el Sporting. Uno es el argentino Hugo Pérez, fuerte personalidad y entrega y las dosis de mando que necesitaba el equipo; el otro es Igor Ledhiakov, un magnífico jugador que, como Cholo Dindurra cuarenta años antes, era capaz de encrespar a cierta parte del público por su aparente indolencia para ganarse luego una atronadora ovación tras una de sus brillantes jugadas. Ninguno de los dos, sin embargo, fue capaz de poner remedio a algo que ya estaba seriamentedañado. García Remón en las primeras jornadas, García Cuervo buena parte de la Liga, y el ex sportinguista Ricardo Rezza en el tramo final del campeonato ocuparon el banquillo de un Sporting que vivió la mayor parte de la temporada en posiciones de descenso y promoción. Tras ganar sólo ocho partidos, el Sporting de 1994-95 terminó a tres puntos del descenso directo y tuvo que jugar la promoción. Allí le esperaba el Lleida, en cuyo estadio terminó el primer partido con empate a dos. Para el partido de vuelta Gijón entero vive en un estado de máxima excitación. Aquel día de verano El Molinón registró un lleno histórico. El Sporting se adelantó con un 3 a 1, pero en los minutos finales el Lleida acortó distancias y a punto estuvo de empatar el partido, lo que habría supuesto el descenso del Sporting. Con el pitido final, las gradas de El Molinón se quedaron vacías y el terreno de juego fue invadido por una afición que abrazaba a Hugo Pérez, a Pier, a Sabou y celebraba la permanencia con un júbilo desbordado. Fue un partido inolvidable.
Este fue el segundo aviso serio que recibió el Sporting, su consejo de administración, su cuerpo técnico, sus jugadores y su afición. En una Liga cada vez más reñida y más poblada de «estrellas», el Sporting se encontraba con dificultades para mantener la categoría y no acertaba a descubrir el modelo deportivo y económico que le permitiera vivir sin apuros. Las medidas que se tomaron después del aviso de la promoción no impidieron la caída en picadodel equipo.
Para las siguientes temporadas se intenta reforzar la plantilla con jugadores veteranos y curtidos. Giner, Bango, Villarroya, Liaño, Julio Salinas aportaron su sabiduría, pero poco más pudieron hacer en un equipo en el que empezaban a aparecer una serie de fichajes incomprensibles, deportiva y económicamente, excentricidades de técnicos y entrenadores que resultaron totalmente ineficaces: Yekini, Ronald Gómez, Oliete, Luna, Souza... Sólo Cherishev y Nikiforov lograron hacerse con el respeto de una afición que volvió a sufrir en la temporada 1995-96, en la que se terminó a dos puntos de la promoción. La llegada de Benito Floro para la siguiente campaña parecía aportar seriedad al equipo. Sin embargo, el verbo seco del ex entrenador del Albacete y del Real Madrid no consiguió explicar ni las razones de los fichajes que había traído ni el juego tristón del equipo. La etapa Floro llegó a su fin a falta de ocho jornadas para el final de Liga. Miguel Montes, ex jugador del Sporting y director de la Escuela de Fútbol de Mareo, se hizo cargo del equipo. Gracias a un triunfo en el Villamarín por 0 a 1 (con gol de Cherishev) contra un Betis inusualmente apático se aseguró la permanencia. Montes fue subido a hombros y coreado su nombre en El Molinón en el último partido de Liga. Nadie podía imaginar en Gijón que aquel sería el último día de sonrisas y aplausosen El Molinón durante años.

El desastre
Mala planificación, decisiones tomadas atropelladamente, fichajes millonarios cuya razón nadie explicó nunca, precipitación... todos los vicios que se habían ido apuntando en el Sporting de los últimos tiempos llegaron a su máxima expresión en la temporada 1997-98, quizá la más decadente y humillante para todo el sportinguismo. Kucharski, Kosolapov, Trotta, Rodrigao, Popovic o Lekovic llegaron al Sporting este año de la mano de una secretaría técnica que parecía empeñada en superar los límites del ridículo. Montes, tras su emotivo paseo en hombros por El Molinón, siguió al mando del equipo, que realizó una parte de la pretemporadaen Saldaña, y que no prometía nada bueno.
El primer partido de Liga lo jugó el Sporting en Compostela con esta alineación: Ablanedo, Velasco, Acebal, Nikiforov, Sergio Fernández, Villarroya, David Cano, Poyatos, Ledhiakov, Tomás y Cherishev. Aquel partido se perdió 2 a 0, igual que el siguiente, en casa contra el Tenerife. El 15 de septiembre el Sporting recibe un escandaloso 6-2 en Mallorca: tres partidos, tres derrotas y, a falta aún de 35 jornadas, se puede decir que el Sporting es carne de Segunda. Montes aguanta esta goleada, pero la derrota 1 a 4 ante el Barça (con dos goles de LuisEnrique) provoca su destitución. Antonio Maceda vuelve a su antiguo equipo, ahora como entrenador (puesto en el que durará quince partidos). Se estrena, cómo no, con derrota (Racing, 4 - Sporting, 1), pero consigue el primer punto del Sporting tras siete jornadas, un empate a uno con gol de penalti de Ledhiakov en Valladolid. Pero no hay recuperación posible: el Sporting ha perdido definitivamente el rumbo y deambula noqueado por los campos españoles como un boxeador borracho a punto de estrellarse contra la lona del ring. Por su parte, la afi- ción, que no ha dejado de acudir a El Molinón, vivirá toda la temporada entre dos extremos: el apoyo a su equipo y la más amarga expresión de rabia. El 0-3 con el que ganaba el Zaragoza, el 16 de noviembre, en la jornada 12.ª, significó la ruptura definitiva entre afición y jugadores, técnicos y directiva. La ola, los «olés» a los pases de los jugadores zaragocistas, la retirada masiva de aficionados de la grada a falta de más de veinte minutos para el final del partido...: quienes aquel día estuvieron en El Molinón nunca olvidarán la sensación de amargura, humillación y rabia con la que vivieron el encuentro. Los que se quedaron hasta el final a punto estuvieron de ver laremontada rojiblanca, con goles de Luna y Tomás.
A partir de aquel partido, el Sporting, como equipo y como club, perdió el apoyo de sus aficionados, lo único que le podía asegurar cierta dignidad en este tenebroso año. El Sporting siguió perdiendo partidos, empatando alguno, Maceda se fue y llegó Novoa para gestionar el desastre, con el que se ganó el primer partido de la temporada, el 8 de febrero de 1998, en la jornada número 24, un 2 a 1 al Racing con goles de Rodrigao y Tomás. Poco más de un mes más tarde, el Sporting fue matemáticamente equipo de Segunda División, Novoa se fue y José Antonio Redondo dirigió los últimos siete encuentros, en los que aún hubo tiempo de arrancar un empate (en Zaragoza) y la segunda victoria (1 a 0 ante el Español, el 5 de abril, con gol de Cherishev).
De 38 partidos el Sporting perdió 29, empató siete y ganó 2, logrando la cifra récord en Europa de 13 puntos. La herida que se produjo en el sportinguismo durante esta fúnebre temporada se mantuvo abierta y sangrando durante años.

Años tristes
Con el descenso, los problemas económicos arrastrados por el club se multiplicaron y vinieron a dificultar la ya de por sí torpe planificación deportiva para la nueva etapa en Segunda. Antonio López, desconocido entrenador que había dirigido a la selección de Bolivia, es el encargado de tratar de devolver al equipo a Primera, o ese era al menos el objetivo que habían transmitido los dirigentes del club. Durante la presentación de la plantilla, Ángel García Flórez, presidente de la entidad por delegación del máximo accionista, José Fernández, es abucheado por la grada durante su discurso. Nadie, puede que ni siquiera él mismo, oyó aquellas palabras. Las buenas intenciones que presumiblemente prometían no se cumplieron.
Antonio López fracasó, llegó Aad de Moss, el Sporting pareció remontar, pero pinchó. Pedro Braojos, segundo entrenador del holandés, se hizo cargo del equipo hasta final de temporada, en que acabó noveno, a 14 puntos del ascenso. En 1999-2000, segunda temporada en Segunda, Braojos en el banquillo, el Sporting que llega a situarse muy cerca del ascenso, y nuevo pinchazo, nuevo cambio de entrenador (Ciriaco) y novenopuesto final, esta vez a seis puntos del ascenso. En lo económico, mientras tanto, las cosas no pueden ir peor y la inestabilidad se traslada al consejo de administración. Tras la dimisión del presidente, Ángel García Flórez, la junta general de accionistas elige a Germán Ojeda para dirigir la entidad. Polémicas de todo tipo rodean su mandato; la quiebra económica de la entidad y la posible desaparición de la sociedad anónima sobrevuelan como buitres famélicos alrededor de un moribundo Sporting. En julio, Juan Pérez Arango se convierte en presidente del club y negociará, la temporada siguiente, la única solución posible que se le encuentra a la desesperada situación económica de la entidad: el Ayuntamiento compra la Escuela de Fútbol de Mareo y la marca Sporting, lo que permite al club tomar algo de aire.
En lo deportivo, la temporada 2000-2001 vuelve a ofrecer más de lo mismo: proyecto frustrado de entrenador (Vicente Cantatore), sustitución por un hombre de la casa (Pepe Acebal) y posición final alejada de la lucha por el ascenso. Mientras, en estas temporadas han ido surgiendo valores de Mareo, como Sergio Fernández, Sergio Sánchez o Pablo Amo, que irán siendo traspasados tan pronto como el Sporting recibeuna oferta por ellos.
Acebal sigue en la temporada 2001-2002 y tiene como mínimo el mérito de haber ascendido del segundo equipo a un joven jugador que, por primera vez en mucho tiempo, se convertirá en ídolo de la afición sportinguista: David Villa marca 19 goles y ayuda a una remontada del equipo que vuelve a amagar, pero no termina de rematar. Las victorias al Oviedo en Copa (4-2 en la primera eliminatoria, a partido único) y en Liga (0-2 con goles de Lozano y Villa y un empate a cero en El Molinón con gol anulado a los rojiblancos en el último minuto) no hacen olvidar la realidad de que el Sporting permanecerá un año más en Segunda División.
Para la siguiente temporada llegan Bauzá y Cristian Díaz, pero se va al Deportivo de la Coruña uno de los mejores defensas que ha dado el Sporting en los últimos años, Pablo Amo. Con Villa como referencia, Acebal sigue en el banquillo, pero es destituido a las pocas jornadas. La vuelta de Maceda no logrará mejorar el rumbo. Se consigue una buena racha de victorias, pero poco a poco se vuelven a esfumar las posibilidades de ascenso. Finalizada la temporada, la venta de Villa al Zaragoza, la inestabilidad económica y la mediocre marcha del equipo provocan una desilusión mayúscula en la afición, sólo en parte mitigada por la debacle que sufre este año el equipo rival. Poco bueno cabía esperar para la siguiente temporada.

FUENTE:  http://sporting.elcomercio.es
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De fútbol gijones, un poco de historia.



El Sport Club. De pie, de izquierda a derecha, José Suárez, M. Hartasánchez, E. Prendes, A. Suárez y P. Sánchez. En la fila intermedia, A. de la Riva, V. Sánchez, y Miguel González. Abajo, M. Díaz, José Moré, Luis Adaro, Romualdo Alvargonzález y J. Luis Alvargonzález.

  

El 15 de agosto de 1924 (hizo el 15/08/2013, 89 años), en el diario «El Noroeste» se publicó un artículo, firmado por el cronista deportivo Refala (Rafael González), en el que relata los inicios del fútbol en Gijón. Por su interés histórico reproducimos íntegramente el artículo, que lleva por título «De fútbol, un poco de historia».


La Sportiva. De pie, por la izquierda, Vicente Piñole, Rafael Reyes, Luis del Campo, Bernardo Puente, Freixa, Jaime Sánchez, Amador Vigil y Pedro Coto. Sentados, Federico Trabanco, Saturno Villaverde, Edmundo Morán, Fernando Quirós y Ramón Prendes.
 
La historia del fútbol gijonés. Qué corta y, sin embargo, qué lejos aquellos tiempos en que se celebraron los primeros partidos de fútbol.
Corrían los primeros años del siglo, cuando un grupo de jóvenes fundó el Sport Club, sociedad la primera que practicó el fútbol en Gijón. El campo de sus hazañas era el llamado «Prao Redondo», y los futbolistas que recordamos se llamaban Luis Adaro, Adolfo Suárez, Pepe Luis Alvargonzález, Vicente Sánchez, Miguel Suárez, Demetrio Castrillón, Eduardo Prendes, Rionda. Estos fueron los que nos trajeron el deporte que hoy priva en nuestra región.
Ya entonces apuntaba la disposición de los jugadores gijoneses para la práctica del fútbol, y el Sport Club tuvo un equipo magnífico para aquellos tiempos. La excursión más importante que realizó deportivamente, fue a Bilbao, para medir sus fuerzas con el Athlétic; con él jugó dos partidos. En el primero hizo un papel brillantísimo, y, si no recordamos mal, logró el empate; pero ya en el segundo no estuvo a la altura del anterior. Los gijoneses, el primer día, entusiasmados por el éxito obtenido, no supieron contener la alegría, y hubo su poco de francachela; la consecuencia fue el palizón del segundo partido, y Eduardo Prendes, el portero entonces famoso, vio cómo la pelota traspasaba sus dominios repetidamente.
El Sport Club vivió dos, tres, cuatro años. Diluyó sus actividades juveniles en cosas ajenas al fútbol, y a consecuencia de un festejo carnavalino, sucumbió. Pero la semilla estaba sembrada y había de dar sus frutos. Al afición al fútbol cundió, empezaron a formarse equipos callejeros y surgió la Sportiva Gijonesa, de grata recordación, que también tuvo su asiento en el «Prao Redondo». A la Sportiva pertenecieron, entre otros, Indalecio Quirós, Trabanco, Edmundo Morán, Francisco Alonso, Reyes, Puente, Amador Vigil, Bascarán y Senén y Saturno Villaverde.
Más tarde se creó otra sociedad, que tomó el nombre del primitivo Sport Club, y pronto nació la rivalidad entre él y la Sportiva. Pertenecieron a este club jugadores tan notables como los Belaúnde, Jenaro Palacios, Luis del Campo, Fernando Quirós, Pedro Prendes, Jaime Sánchez, Mariano Merediz.
El Sport Club fue quien primero usufructuó El Molinón, pues si bien jugaron antes en él el Foot Bail Club Gijonés y la Sportiva, fue el Sport el primero que nos ofreció allí grandes partidos, contendiendo con dos equipos de Barcelona y Coruña, que en tres partidos le marcaron 34 goals, dando lugar a que sus rivales de la Sportiva se mofaran de ellos en un cantar que decía: «Treinta y cuatro goals -son los que metieron- a los del Sport -Que no jueguen más, -porque no jugando- no quedarán mal».
El apasionamiento con que se combatieron el Sport y la Sportiva fue exagerado, empleándose en ocasiones medios no muy deportivos; al fin, esta rivalidad fue fatal para el Sport Club, que murió tras una derrota decisiva que le infligió la Sportiva en el campo de La Guía, si bien es verdad que el equipo vencedor estaba reforzado con elementos del Sporting, que entonces empezaba, tales como Fernando Villaverde, que después había de ser el jugador más grande de Asturias.
Las buenas relaciones de la Sportiva y el Sporting continuaron, jugando juntos muchas veces, y al fin se fundieron el uno en el otro, pasando todos los elementos de la Sportiva, con armas y bagajes, al Sporting, el club que había de ser tantos años campeón de su región y a la que había de dar tantos días de gloria.
Por entonces regentaba el Sporting su fundador, el malogrado Anselmo López, y su campo de deportes era La Matona; después fue ascendiendo en categoría. Vinieron directivas de iniciativas y se llegó a realizar las obras de El Molinón.
Lo ocurrido de entonces acá, ¿a qué mentarlo? Bernardo de la Puente, de llorada memoria, fundó la Federación Regional de Fútbol, y el Sporting, como campeón, empezó a jugar sus eliminatorias del campeonato de España. Paso a paso, contendiendo en partidos de campeonato y en partidos amistosos con los principales equipos españoles, fue el Sporting creándose un nombre, hasta llegar a lo que es hoy: uno de los primeros «once» de España.
Por sus filas pasaron jugadores notables, y en ellas quedaron otros que no lo son menos. Entre aquéllos estaban Fernando Villaverde, al que corresponde siempre el puesto de honor; sus hermanos Saturno y Senén, Edmundo Morán, Puente, Pepito Riera, Beleño, Cuno Felgueroso, Román Soto, Trapote, y hoy luchan y defienden sus colores Argüelles, Meana, Corsino, Amadeo, Domingo, Palacios, Germán, Morilla, Bango, Arcadio, Bolado, Jesús y Virgilio, entre los que figuran en primera línea.
El Sporting tuvo, en su relativa larga vida, serios rivales. En Gijón, al Unión Deportivo Racing, cuya figura principal fue y es el gran Aquilino Corugedo; en Oviedo, el Real Stadium y el Club Deportivo; en sus tiempos, el Stadium Avilesino, y más recientemente, el Racing Langreano; pero el club campeón de Asturias ha sabido en todo momento mantener su prestigio y su superioridad.
Hoy, el Real Sporting está más fuerte que nunca, y no se vislumbra al equipo que pueda, por ahora, arrebatarle el título de campeón.
Las nubes que se ciernen hoy sobre el Sporting, están en el campo de juego. El Molinón, que fue un día uno de los mejores campos de fútbol de España, ya es hoy raquítico para la importancia deportiva de Gijón y del Sporting, y, además, está amenazado de desaparecer, tragado por el horrible canal que llevará al río Piles desde La Guía al mar. El fútbol ha adquirido innegable importancia, y Gijón y el Sporting necesitan de un estadio digno de ellos. A esto tienen que tender todas las actividades, absolutamente todas. Es el problema capital, y hay que resolverlo.

El Sporting. De pie, de izquierda a derecha, Amador Vigil, Próspero, P. Costales, Reyes, Puente, Bascarán, Zuazua y Quirós. Sentados, Trabanco, S. Villaverde, Fernando Villaverde, J. Quirós y Argüelles.

FUENTE:  http://www.lne.es

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