16 de octubre de 2013

Anselmo Cifuentes Díaz, fundador entre otras empresas de la histórica Fábrica de Cristales de Gijón.

Los humos de Anselmo Cifuentes.

 
 Retrato de Anselmo Cifuentes (Autor: Ignacio Suárez LLanos - 1830 - 1881) ).

Ignacio Suárez Llanos ( 1830-1881)
Este gijonés, discípulo de Madrazo, fue un excelente retratista como lo atestigua el retrato de don Servando Ruiz Gómez, prócer gijonés del siglo XIX.Pintor e ilustrador de Gijón ,fue discipulo de Bernardo Montañes ,haciendo sus estudios de Bellas Artes en la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid se formo tambien en Roma ,asiduo de las esposiciones Nacionales de Bellas Artes ,obtubo segunda medalla en 1860con el Lazarillo de Torresy tercera en 1860 con "La tia fingida",su obra mas célebre "Sor Marcela de san Felix"con esta obra gano la primera medalla en 1862.Buen retratista y ilustrador,coolaboró con"La Revista El Arte de España"
FUENTE: Xuacutorres http://famososdegijon.blogspot.com.es

El emprendedor que puso los cimientos de la ciudad industrial de mediados del siglo XIX y que fundó, entre otras empresas, la histórica Fábrica de Cristales.

http://www.lne.es
Cuando Anselmo Cifuentes nace, -año 1814-, gobernaba constitucionalmente Gijón, como Juez Noble 1º, el vecino Lucas de la Viña Hevia, auxiliado de los Alcaldes 2º y 3º, Pedro Zulaybar y Ramón Antonio Rodríguez, comerciante mayorista el primero, banquero y también comerciante el segundo, con los regidores Alonso Rendueles, Plácido Álvarez Texera, Manuel Sánchez Cifuentes, propietarios y comerciantes. Eran procuradores del Concejo José García Palacios y Francisco de Paula Prendes Hevia, de iguales profesiones. Todo ellos y sus descendientes formaron durante décadas en el privilegiado escalón de los "patricios locales". Ellos gobernaron los negocios y, por "derecho propio", tuvieron silla en la Casa Consistorial, en la que se sucedían las generaciones hasta, lo menos, la implantación del voto universal, por supuesto masculino, a finales del XIX.
Gijón en 1814 se encontraba exhausto por las ingentes contribuciones impuestas por la francesada a navieros y comerciantes. Del comercio, que había ganado importancia con el puerto y las sabias disposiciones del justo Jovino, quedaban, casi como recuerdo, cinco o seis apellidos: Rodríguez, Zulaybar, García Rendueles, Alvargonzález, Toral, Plá y Cifuentes, aunque entre todos apenas reunían el capital que antes del "francés" manejaba uno solo de ellos.
Anselmo vio de niño la instalación de la primera gran fábrica, la de Tabacos, que pronto dio trabajo a centenares de mujeres, con las que el barrio alto adquirió personalidad preindustrial, pues hasta ese momento solo había sido albergue de propietarios y comerciantes, y de pobres pescadores que mal vivían en miserables chabolas...

En 1840, muerto su padre, y vuelto de sus estudios mercantiles en Francia, se asocia Anselmo a los negocios familiares con su madre, Micaela, y juntos aparecen enseguida adquiriendo barcos y acciones de diversas sociedades, como las del Ferrocarril de Langreo, en que participaron con 8.000 reales. Más tarde, contribuyó a la creación de la flota de la comandita de Oscar de Olavarría, e intentó, aunque sin éxito, su unión a la de Melitón González. Dos de los buques de Olavarría y Cª., se bautizaron con su nombre y apellido: "Anselmo" y "Cifuentes", pintados por el más destacado de nuestros "marinistas", el reconocido Martínez Abades.
Y en la dársena local, asociado con su yerno Florencio Valdés, construyeron el "muellín" de la Victoria. Tuvo, también, su casa de banca. Y a la ciudad de Gijón le ofreció los planos de la traída de aguas de Llantones, que había encargado al ingeniero Sanz. Así contribuyó al nacimiento de El Comercio, que años después, pasando de Valdés a Requejo, llegaría a manos de Moriyón... y de Moriyón al conde. Del centroizquierda a la derecha.
Pero la gran aportación de Anselmo Cifuentes a Gijón fue, sin duda, la Fábrica de Cristales, que supuso el primer gran establecimiento industrial levantado en la villa con capitales particulares. En aquella sociedad aparecen todos los hombres de cuenta del Gijón de aquel 1844, los Toral, Pola, Menéndez Morán, Uría Valledor, Prendes Hevia, Ezcurdía, Suárez Llanos, Palacio, Sanz Crespo, García Rendueles... -relación que parece la crónica de un pleno municipal-, que concurrieron a su llamada con el afán de formar una "fábrica vidriera"; incluso aportó el marqués de San Esteban y conde consorte de Revillagigedo...
Años después, con el ingeniero Stoldz, montó la sociedad "Cifuentes, Stoldz y Cª", la famosa fundición, cuya primera instalación estuvo entre la Plaza del Infante, 6 de Agosto, donde luego el acaudalado almacenistas de coloniales José Las Clotas levantó "La Plaza del Sur". De la fundición salió el primer casco de buque de hierro construido en España.
Por los años 60 del XIX, para la ejecución de un contrato de obras del ferrocarril de León a Gijón, entre Gijón y Oviedo, fundó con, entre otros socios, Anacleto Alvargonzález y Julio Kessler, la sociedad "Anselmo Cifuentes y Cª" que, a partir de 1868, sufrió serios apuros económicos por los repetidos impagos del contratista principal, el santanderino José María Ruiz Quevedo, que llegó a adeudar a los gijoneses del orden de treinta millones de reales, cantidad verdaderamente impresionante para aquel tiempo. Para la gestión del cobro de la importante suma, la sociedad mandató al ilustre abogado y político gijonés Faustino Rodríguez San Pedro, que años después, al no ser apoyado por Anselmo Cifuentes en su pretensión de alcanzar plaza de diputado por Gijón por tener comprometido su voto con otro candidato, familiar de su esposa, dio ocasión a un sonadísimo pleito que se sustanció en Madrid, y en el que Faustino reclamó la fabulosa cantidad de 381.730 pesetas., 1.526.960 reales. La Audiencia Provincial, revocó en parte la primera sentencia, que había sido favorable al abogado, quedando la cuestión en manos de notabilidades, nada menos que Pi i Margall, Silvela y Ucelay, propuestas por San Pedro y aceptados por Cifuentes, que hicieron de árbitros, los que solo reconocieron a Rodríguez San Pedro el derecho a cobrar unos miles de pesetas.
A su muerte, el 15 de diciembre de 1892, cuando contaba 78 años, Gijón quedaba plantado de altas chimeneas y en el puerto no cabían más mástiles. En agosto de aquel año, Sagasta, en el desfile oficial de su recepción al llegar su coche descubierto frente a la casa familiar, donde Anselmo consumía sus últimas fuerzas en larga enfermedad, puesto en pie se descubrió ceremoniosamente, momento en que toda la calle guardó impresionante silencio.
No solo dejó Anselmo Cifuentes bien plantadas las altas chimeneas rojas del Gijón industrial, sino que el personal francés y suizo que Truan, director técnico y socio de la fábrica, trajo para la vidriera, sembró en Gijón ideas progresistas y levantó las columnas del primer templo masónico. Fruto de toda la actividad que Anselmo dedicó a Gijón, además del "humo industrial", fueron las "Luces" francesas y los editoriales del primer Comercio, liberal y republicano.
Anselmo Cifuentes fue enterrado en Ceares con gran concurrencia a las seis y media de la madrugada del día 17 de diciembre de 1892. Constancia, su esposa, siguió viviendo, y dirigiendo los negocios, como él dejara ordenado en su testamento, auxiliada por sus cuatro yernos, desde la casa familiar de la calle Corrida, hasta su fallecimiento a los 84 años, el 14 de octubre de 1905.


                      Retrato de Anselmo Cifuentes con su hija.

FUENTE: 

Casa y quinta de Anselmo Cifuentes.

 
Anselmo Cifuentes Díaz

El gran impulsor de la industria gijonesa era de familia añeja dotada de militares y comerciantes.



A pesar de que generalmente se afirma que Anselmo Cifuentes Díaz, el gran impulsor de la industria gijonesa, nació en 1822, en realidad, su nacimiento ocurrió en 1814, y así consta indirectamente en el testamento que otorgó ante el que fue notario de esta villa, Evaristo de Prendes, el 11 de noviembre de 1892, treinta y cuatro días antes de su muerte, donde hace constar que cuenta en ese momento 78 años...
En su testamento dejaba afirmado Anselmo Cifuentes, después de invocar el nombre de Dios, que era Católico, Apostólico Romano, y, por tanto creyente en el misterio de la Santísima Trinidad, en la Concepción inmaculada, y en todo cuanto cree y profesa la Santa Madre Iglesia; que era hijo de Toribio Cifuentes y Micaela Díaz; que estaba casado con Constancia Caveda Zarracina; y que era padre de cuatro hijas casadas: Fredesvinda con Florencio Valdés; Constancia con Vicente Innerárity; María con Anselmo Palacio, y Agapita con Anselmo Cienfuegos; y, además, que le había premuerto su único hijo varon, Félix, que de su matrimonio con Inés Pérez de la Sala, le había dejado dos nietos, llamados Anselmo y Constancia Cifuentes y Pérez de la Sala.
En él, dispuso Anselmo el que los variados negocios de «su casa», quedaran sin partir en manos de su esposa, hasta su muerte, o hasta que ella dispusiera la partición...
La de Cifuentes era familia tan antigua en Gijón, que alguno afirmaba que el león y las cruces que figuran en su escudo se las había mandado pintar el mismísimo D. Pelayo, atendiendo a su valor y a las señales aparecidas durante las guerras del Infante contra el moro. Fueron los Cifuentes unos guerreros y los más, comerciantes, sin olvidar los que fueron jueces, cobradores de impuestos y fiadores de otros cobradores...
El padre de nuestro D. Anselmo fue Toribio Cifuentes y Solís: el «Toribín», tan querido por Jovellanos, que en 1796 iniciara en el Instituto de D. Gaspar los estudios de Náutica; a él se refiere Jovino en uno de sus «Diarios», como «sobresaliente en grado superior, que por haber estudiado los cálculos y tener grande ingenio y aplicación venció a cuantos esta facultad desde la fundación del Instituto». En 1799 terminó Toribio Cifuentes sus estudios de Náutica, y tras casar con María Díaz García, fallecería en 1840, dejando ocho hijos, -cuatro hombres, cuatro mujeres-, entre ellos, D. Anselmo, que tuvo a lo largo de su vida el valor y la constancia del guerrero y la inteligencia y la oportunidad del buen comerciante, aunque, como gustaba a los gijoneses de nota de su tiempo, se calificara tan solo como «propietario», como lo hace en su testamento.
En la calle Corrida, nº 28, tramo de calle que llegaba a la del Carmen y que despareció con la ampliación de la plaza, tuvieron casa D. Anselmo y su esposa Constancia Caveda Zarracina, hija del ilustre José Caveda y Nava, literato, historiador del arte, celebrado poeta en bable, político liberal, si bien moderado, y administrador prudente, que a su muerte dejó una herencia más de medio millón de pesetas, ¡de cuando las pesetas eran oro! Otra de las hijas del célebre Caveda, Luciana, casó con Wenceslao, hermano militar de Anselmo.
En Cabueñes, tuvo Anselmo Cifuentes su gran propiedad de recreo. Posesión de lujo, con la mejor casa de campo del Gijón de su tiempo. Dentro de un gran parque se levantaban edificios auxiliares de toda clase y condición, desde cocheras y cuadras a casa de patos y cisnes..., y hasta un tío vivo movido a vapor para recreo de los críos. En aquella posesión, en la que no faltaba un lago con su cascada, ni ardillas ni conejos, pasaba la familia lo más del verano, durante el cual recibían con gusto a familiares y amigos.
Concepción Arenal, que había sido introducido en la familia por Gumersindo Azcárate, cuñado por su primera esposa de Vicente Innerárity, el yerno republicano de D. Anselmo, y primo hermano de Florencio Valdés, otro de los yernos del protagonista de esta entrega, pasó en la posesión de Cabueñes largas temporadas de verano durante los años en que la humanitaria pensadora permaneció en Gijón junto a su hijo el ingeniero Fernando García, Director técnico de la Junta de Obras del Puerto.
En aquella posesión tuvo lugar, y fue como su inauguración oficial de la quinta, un memorable banquete, a finales de julio de 1868, con el que los miembros de la Corporación gijonesa que encabezaba como Alcalde Marco Costales y en la que figuraba D. Anselmo como Regidor, obsequiaron a su costa, y no a la del presupuesto municipal, al ingeniero Javier Sanz por haber trazado y entregado gratuitamente a Gijón el plano y memoria del «mercado cubierto» que el Ayuntamiento tenía el proyecto de construir.
Aquella comida, en la que D. Anselmo hizo de anfitrión, fue preparada y servida bajo las órdenes de la dueña del «Hotel Francaise», sito en la calle Corrida, la célebre Madame Garreau. Fue total el éxito de la madame, e interminables los elogios con que los comensales, festejando todos y cada de los platos del banquete, que fueron muchos y nada sencillos. Santiago Ruiz Gómez fue el Regidor encargado de elegir y presentar los vinos, mientras que el champagne, los licores y los cigarros fueron dispuestos por el opulento regidor Victoriano García de la Cruz.
Los banquetes de amigos, bien en la villa o en las quintas rurales, más las representaciones teatrales, profesionales y amateurs en el Jovellanos, y los conciertos en los cafés, fueron los pasatiempos preferidos de nuestros burgueses, mayores y menores, mientras que el pueblo fiel, infieles apenas quedaban tras lo de D. Pelayo, gozaban de las espichas en los llagares de las afueras. En muchas, no se cobraba por entrar a beber la sidra del barril, siempre de caprichosos nombres (el Profundo, el Mejor, el Torito, el más Valiente), sino que la «perrona» se ponía por salir a «mexar», necesidad inexcusable, ayer y hoy, en esta tipo de fiestas... «En esta casa no se paga por beber, sino por desbeber, a razón de 10 céntimos la mexada», rezaba un cartel en la Guía.
Entre nuestros conocidos, fueron famosos los banquetes que a sus amigos ofrecía dos o tres veces al año Melitón González en su casa del Humedal. En ellos, fue casi obligatorio el plato de «conejo de monte», bien en ragout, o bien en albóndigas, que con maestría incomparable preparaba la cocinera conocida por «Cheres, la del francés», por ser viuda de un «soplador» francés,de la fábrica de D. Anselmo. Los comensales, y fueron decenas, nunca sospecharon que los famosos guisos de «conejo montés», fueran en realidad de «gato del Humedal», serenado, adobado y cocinado como solo las mujeres del midi francés sabían hacerlo. «Cheres» había aprendido el secreto del camuflaje gatuno en la casa del señor Vincelle, en el callejón de los franceses. El conejo se servía con patas y verduras, procedentes del huerto de «Casquitos», el hortelano carlista, e iba regado siempre con el mejor burdeos de la afamada bodega de D. Melitón. En ninguna ocasión, que se recuerde, faltó el remate de un excelente aguardiente de caña habanera.
En la casa de Oscar Olavarría, por el contrario, los banquetes, generalmente, consistían en suculentos pescados en salsa verde, al gusto vascuence. Antonia Soto, la cocinera oficial de la casa, había aprendido los secretos de aquella cocina, y sus pilpiles, con Fátima, la hermana de Oscar. Y ya, casi al final de la vida del naviero, tuvieron su papel las empanadas. Famosas empanadas, conocidas después como de «las Ritas». Plato, cuyo secreto transmitió Dª. Rita de la Viña, viuda de Margolles, a sus hijas Manuela, Aurora y Elvira, hermanas del célebre D. Celestino. Aquellas empanadas conquistaron todos los comedores de Gijón, desde el encopetado del señor Duque al del humilde y célebre sacristán...


FUENTE: 



Anselmo Cifuentes.
http://es.wikipedia.org
Anselmo Cifuentes Díaz (1814 - 1892) 
Anselmo Cifuentes fue un relevante empresario asturiano pionero y emprendedor de la industria de Gijón en la que participó en la fundación de importantes empresas como la cristalera "La Industria" y la la fundición "Cifuentes, Stoldtz y Cía.", participación en navieras, potenciación del puerto de Gijón y de otros muchos negocios entre los que se encontraba el periodismo, participó en la fundación del periódico "El Comercio" y la banca.
Fue a concejal del ayuntamiento de Gijón y le fue otorgada la Gran Cruz de la Real y Distinguida Orden Americana de Isabel la Católica y fue Comendador de número de la Orden de Carlos III. Una importante calle de Gijón lleva su nombre.

Biografía

Anselmo Cifuentes nació en la ciudad de Gijón en Asturias, España, el año 1822. Vivió en un periodo histórico de gran auge industrial en la tierra asturiana con la explotación de las minas de carbón del valle del Nalón y el comienzo de la metalurgia a gran escala con las instalaciones de los altos hornos en Langreo y Aviles. En este período histórico Anselmo Cifuentes participó activamente creando e impulsando varias industrias y negocios.
Entre las industrias en las que participó activamente destacan la fabrica de vidrios "La Industrial, Cifuentes, Pola y Cia. " fundada en 1844 cuando contaba con 22 años de edad, la fundición "Cifuentes, Stoldtz y Cía." en 1877 en El Humedal que luego también se dedicaría a la construcción y reparación de buques después de haber pasado por una etapa previa de fabricación de bienes de equipo. Esta firma se instala en Natahoyo en 1888. La firma "Cifuentes, Stoldtz y Cía." se integró en 1940 en la empresa siderúrgica Duro Felguera.
Participa en 1871 en la creación del Victoria, conocido como "El Muellin", donde en esa fecha ya disponía de amplios almacenes.
En 1872 fue elegido concejal del ayuntamiento de Gijón y en 1878 junto con Óscar Olavarría, Florencio Valdés, Calixto Alvargonzález y Ángel García Rendueles funda el diario "El Comercio".
Murió el 15 de diciembre de 1892 en su ciudad natal y su cadáver fue conducido al cementerio General a las 6 y media de la mañana del día 16 iluminada la comitiva con hachones de cera. 

3 comentarios:

  1. Me ha encantado encontrar este escrito. Mi marido es tataranieto de Anselmo. De la línea de Constancia Cifuentes y Vicente Innerárity. Gracias.

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  2. ¿Qué es Anselmo Cifuentes y Cª?
    Gracias

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    1. Anselmo Cifuentes participó en la fundación de importantes empresas de Gijón, como la cristalera "La Industria" y la la fundición "Cifuentes, Stoldtz y Cía."

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