16 de octubre de 2013

La "increíble" valentía y resistencia de D. Gutierre González de Quirós.

D. Gutierre "el de los tucos"(artículo actualizado)

             Aljubarrota (Portugal). "Don Gutierre González de Quirós" defiende el pendón real.























































Los españoles no somos ni más buenos ni más malos que el resto de los europeos, pero en nuestro carácter hay algo que nos impide la neutralidad obligándonos a tomar partido en cualquier circunstancia que presente dos alternativas. Actualmente el fútbol canaliza este impulso y -salvo algún caso extremo- las disputas las soluciona aquel que exhibe mayor tono de voz ante el contrario; en la política también hay gresca, pero cada vez menos y sin embargo hasta no hace tanto ésta era una cuestión de sangre.
No se piensen que solo hemos vivido una guerra civil, si algo abunda en nuestra historia son las luchas entre hermanos y la historia de hoy se desarrolla en una de ellas que aunque tiene como escenario el lejano siglo XIV no creo que les resulte aburrida.
El conflicto se vivía en aquella ocasión entre Pedro I y Enrique II de Trastámara, cada uno con sus respectivos apoyos entre los linajes peninsulares. En Asturias los nobles dividieron sus querencias entre ambos y la casa más ilustre de la Montaña central, los Bernaldo de Quirós, apostó firmemente por el bando trastamarista.
La Casa de Quirós ya era fuerte con anterioridad y tenían varias encomiendas de la mitra ovetense, entre ellas la del concejo que les da nombre, pero también Teverga y Riosa, que se vieron reforzadas en 1325 cuando Gutierre González de Quirós se casó con María de Cifuentes y recibió del todopoderoso Rodrigo Álvarez de Las Asturias la villa de Villoria. Aunque fue su hijo Gonzalo, heredero de estos cargos y además la prestigiosa distinción de Caballero de la Banda, el que estuvo más cerca del rey Enrique realizando varias embajadas para él en Castilla y seguramente también en Inglaterra.
Su importancia fue tal que se ha escrito en algunas historias sobre esta familia que fue el fundador del linaje, olvidando a sus antepasados, pero eso ahora no nos interesa. El caso es que Gonzalo Bernaldo de Quirós Cifuentes fue nombrado conde de San Antolín de Sotiello por Enrique II, tomando este título del señorío lenense que ya poseía con anterioridad. Curiosamente, este título es uno de los más antiguos de España que aún están en uso, aunque el desconocimiento de su procedencia ha mudado el noble topónimo de Sotiello en Sotillo, ya ven?
Don Gonzalo, Caballero de la Banda, Ricohombre de Castilla, Señor de Villoria y Valdecarzana y I conde de Sotiello tiene su sepultura en Oviedo, donde varias generaciones han podido leer su epitafio expuesto en el museo arqueológico provincial: «Aquí yace el noble caballero Gonzalo Bernaldo de Quirós el Viejo?criado que fue del señor rey don Enrique y le sirvió en estos reinos y fuera de ellos todo el tiempo que anduvo ausente por temor al rey don Pedro su hermano?».
Y así llegamos a nuestro personaje de hoy, hijo primogénito de Gonzalo y por lo tanto II conde de San Antolín de Sotiello, llamado Gutierre como su abuelo y que pasó al panteón de los héroes asturianos como Gutierre González de Quirós «el de los tucos». Ahora sabrán por qué.
Al finalizar la tarde del 14 de agosto de 1385 se enfrentaron en la batalla de Aljubarrota las tropas portuguesas de Juan I de Portugal y el ejército castellano de su homónimo Juan I de Castilla. El castellano era el segundo monarca de la dinastía de Trastámara tras la muerte de Enrique II y seguía contando con la confianza de los Bernaldo de Quirós, hasta el punto de que concedió a don Gutierre el honor de portar el Pendón Real en el combate.
El conflicto entre las dos coronas venía porque el rey castellano estaba casado con la infanta Beatriz de Portugal y por lo tanto era yerno del rey portugués y como este no había tenido más hijos, reclamó la anexión del territorio vecino e intentó invadirlo ayudado por la caballería francesa. La reacción no se hizo esperar y el general Nuno Álvares Pereira, «el santo condestable», lo detuvo, acompañado en primera línea por aliados ingleses, mientras su rey permanecía en la retaguardia.
El estratega luso, conocedor de su terreno, esperó a los españoles en un lugar que le era propicio, la colina del campo de San Jorge, en las afueras de Aljubarrota, entre Leiria y Alcobaça y allí emplazó a sus tropas frente a la carretera por dónde se esperaba que llegasen los castellanos.
Y no se equivocó, a eso del mediodía aparecieron los 30.000 soldados del rey de Castilla, cansados por la marcha y agotados por el fuerte sol del mediodía, pero en cuanto los oficiales analizaron la situación decidieron demorar el encuentro hasta la caída de la tarde mientras algunas patrullas rodeaban la colina buscando la mejor posición por el ataque.
La hallaron justo en el lado opuesto, en la vertiente sur del altozano donde existía un desnivel más suave que permitía el ataque de la caballería y dirigieron sus tropas hacia allí, mientras los portugueses, que estaban viendo la maniobra desde arriba, hacían lo propio y se apresuraban a cavar una línea de trincheras para impedir el avance de las bestias.
Serían aproximadamente las seis de la tarde cuando comenzó la batalla. Los primeros en lanzarse al galope fueron los franceses que intentaron inútilmente acometer a la infantería portuguesa, puesto que no solo se dieron de cascos con las fosas que habían excavado sino que además recibieron una lluvia de flechas que les lanzaron los arqueros ingleses provocando la desbandada de la mayoría, mientras otros eran capturados ante la pasividad de los castellanos que no supieron reaccionar a tiempo.
Cuando lo hicieron ya era tarde, pero aún así miles de soldados españoles se lanzaron hacia el enemigo seguros de que su número iba a traerles la victoria, aunque fallaron en sus cálculos y quedaron atrapados en una tenaza formada por el avance de la retaguardia lusa hacia el frente, mientras Juan I de Portugal daba la orden de que todo aquel que pudiese sujetar una espada se desplazase hasta el frente. Todos obedecieron y la primera consecuencia fue que nadie podía quedar al cuidado de los presos, por lo que los prisioneros franceses -en una época en la que estas cosas no se tenían en cuenta- fueron ejecutados.
La lucha cuerpo a cuerpo fue terrible y las bajas enormes por ambos lados; se combatió durante horas y fue inevitable que el Pendón Real quedase al alcance del enemigo que intentaba tomarlo a toda costa, pero no contaban con la increíble resistencia de don Gutierre González de Quirós. Todos los que le rodeaban fueron cayendo uno tras otro mientras él se resistía a soltar el mástil; hasta que un tajo certero le arrancó una mano, pero siguió impasible; luego otro le dejó definitivamente sin brazos y ante el asombro de sus enemigos el Pendón siguió enhiesto sostenido por sus muñones? y hubo quien aseguró que hasta mordió el palo con furia para sujetarlo con sus dientes antes de dejárselo arrebatar.
Podemos imaginar la escena, pero debemos saber que fue inútil. Cuando cayó el sol, los castellanos se retiraron sin orden y muchos de los que no murieron en el campo de batalla cayeron a manos de los campesinos portugueses que los asaltaron para saquearlos.
La victoria de Juan I supuso el fin de la crisis portuguesa y el establecimiento de la Casa de Avis, mientras que para los castellanos fue una masacre que tardó en olvidarse. Contaron los cronistas que los cadáveres eran tantos que llegaron a desbordar los ríos que rodeaban el lugar de la batalla y allí, entre los cuerpos fueron rescatados soldados de a pie y muchos hidalgos, entre ellos don Gutierre, su hermano Lope y su primo García de Quirós. Luego, los restos de «el de los tucos» fueron traídos hasta Asturias para reposar para siempre en el panteón familiar, pero su valentía aún sigue impresionándonos.
                                                Ilustración de: Alfonso zapico

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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Después de Dios, la casa de Quirós.


LOS QUIRÓS LLEVAN: En campo de plata, dos llaves de azur cruzadas con sus anillos atados por una cinta de gules. Van acostadas de tres luneles de gules a cada lado, dos flores de lis de azur en jefe y una igual en punta. Orlando el todo, en letras de sable, el lema familiar: DESPUÉS DE DIOS, LA CASA DE QUIRÓS. Bordura de gules con ocho aspas de oro. Un lunel es una figura en forma de flor compuesta por cuatro medias lunas unidas por sus puntas. Las armas de Quirós son la parte superior del escudo de Mieres (Asturias). Quirós es un municipio de Asturias. http://escudosdemontalban.wordpress.com.

Encomenderos de la mitra ovetense, vasallos de don Rodrigo Álvarez, caballeros de la banda, portaestandartes reales, alcaides de Oviedo, señores de Valdecarzana. En resumidas cuentas: la Casa de Quirós.
Ricoshombres asturianos desde, al menos, el s.XII, está casa de lo que sería en principio la baja nobleza comienza su ascenso social desde el primer momento que se tiene noticia de ellas, hasta convertirse, ya en el s.XVI, en la más importante y prestigiosa del solar asturiano, y presenta un buen ejemplo de como una familia de ricoshombres podían escalar en la sociedad de la época moviéndose con firme cautela y arriesgándose solo en el momento decisivo, en su caso la guerra civil entre Pedro I y su hermano Enrique. 
Hasta ese momento las noticias que se tienen de los Bernaldo de Quirós son más bien escasas. Parecen tener origen en un tal Ximeno Bernaldo de Caso que en el siglo XII era señor de Caso, en la montaña oriental asturiana. No sería hasta el reinado de Fernando III el Santo que empezarian a ser conocidos por Bernaldo de Quirós, debido a que el cabeza de linaje Gonzalo Bernaldo de Quirós (habrá muchos con el mismo nombre a partir de entonces) consigue la encomiendo del concejo homónimo, perteneciente a la mitra Ovetense. 
Es de recibo señalar aquí que la leyenda, no obstante, sitúa los orígenes de los Quirós en otro ilustre Bernaldo, el del Carpio, sobrino de Alfonso II "El Casto" y vencedor de la segunda batalla de Roncesvalles, pero, claro, este personaje es semi-mítico, lo mismo que su filiación con los Quirós. Y otro mito sobre el origen de estos nos habla de un tal Constantino hijo de los reyes de Constantinopla que habiendo ganado su escudo defendiendo nada menos que al Papa de Roma (el cual le concede el derecho de portar las llaves se San Pedro en el escudo), se encontraba al servicio del rey don Ramiro de Oviedo, y viendole caer del caballo en el fragor de una batalla le grita para darle ánimos:"¡Is quirós, is quirós!" que en griego viene a ser "teneos fuerte", "aguantad" logrando llegar a la vera del monarca y entregando sus armas y su caballo, con lo cual don Ramiro se salva y, al recordar las palabras de tan buen vasallo, le apellida Quirós y da origen al lema de la casa pues el rey afirma que le debe la vida a Dios y después a la casa de Quirós.
Pero volvamos a la Historia. 
 A principios del siglo XIV, los Quirós se encuentran vinculados a los dos grandes poderes territoriales asturianos, por un lado Rodrigo Álvarez de las Asturias, que con motivo de la boda de don Gutierre Bernaldo de Quirós con María Cifuentes le entrega la villa y coto de Villoria (Laviana), dando muestras ya de la buena consideración que tenían de ellos sus señores. Por otro lado la mitra de Oviedo sigue teniéndoles como importantes encomenderos de sus tierras, ya antes de 1314 tenían en encomienda Teberga, Quirós, Riosa y otros muchos territorios de la mitra. Todavía eran una familia menor, pero ya se les debía tener en cuenta. Por estas fechas el concejo de Avilés pide ayuda a don Rodrigo para poner freno a los desmanes que otro Quirós, don Lope González de Quiros y su hijo Pedro Bernaldo, estaban cometiendo contra ellos. La baja nobleza asturiana siempre en conflicto con los concejos, no con don Rodrigo que, a parte de mediar en el conflicto, acaba nombrando a Lope Gonzalez su testamentario y alférez. La vinculación de los Quirós con el magnate es evidente.
 Y no son estos señores asturianos los únicos que valoran a los Quirós, el mismísimo rey Alfonso XI les nombrara en 1344 Caballeros de la Banda, al menos tres generaciones de la Casa de Quirós recibirán ese honor... con la responsabilidad que conlleva.
        
Don Gonzalo entrega a Don Pedro Suarez de Quiñones las llaves de las fortalezas de Oviedo.

 Sin embargo, pese a que nos encontramos con una familia que en siglo XIV lleva en ascenso casi doscientos años, no será hasta la guerra civil castellana que los Bernaldo de Quirós den realmente un paso de gigante. Desde el principio los Quirós se decanta por la causa del rebelde Trastamara. Era una decisión lógica, don Enrique era el heredero de casi todos los bienes de don Rodrigo Álvarez, e incluso llega a confirmar algunas donaciones que el magnate había ya hecho a los Quirós. Por otro lado, la mitra de Oviedo, también rebelde, era la legitima propietaria de gran parte de las tierras que gestionaban nuestros protagonistas. En resumen, todas sus circunstancias empujaban a los Bernaldo de Quirós, con don Gonzalo a la cabeza, a abrazar la causa rebelde. Y no se andarán con medias tintas.
 En 1353 don Gonzalo es entregado, entre otros caballeros, como rehén al rey don Pedro, para garantizar que don Enrique no haría guerra contra su hermano. No sabemos como salió de está situación pero en 1367 se encontraba en Najera alineado en primera linea de batalla junto con sus hermanos de orden y bajo el mano del Mariscal de Francia, Beltran Duguesclín. Pese a que fueron derrotados, don Gonzalo logró sobrevivir a la debacle y volver a Asturias para cuando la contienda ya había finalizado. Lo que no impidió que leales petristas siguieran en pie de guerra en nuestra región, encargando el obispo de Oviedo el gobierno de la ciudad a don Gonzalo Bernaldo, con orden de entregar las llaves del castillo a aquel que fuera proclamado rey legítimo de Castilla. Fue Pedro Suarez de Quiñones, Adelantado mayor de León y Merino mayor de Asturias, el encargado de recibir las llaves en nombre de don Enrique de Trastamara (el de Quiñones había llegado a Asturias para coger las llaves y para terminar de pacificar la región). Desde ese momento pintan los de Quirós en su escudo dos llaves. 
 Estos servicios eran muchos y muy buenos y don Enrique supo premiar a los suyos, las mercedes enriqueñas, en lo que atañe a la Casa de Quirós consistieron en el señorío de Valdecarzana y en la creación del condado de Sotillo, señorío de Lena que muy posiblemente ya poseyeran los de Quirós con anterioridad, pero ahora lo harían a título de condes. 
 No solo eso sino que en 1372 el obispo de Oviedo don Gutierre de Toledo, entrega a la familia el castillo de Alba de Quirós (en el cual había residido la reina Urraca "La asturiana" última reina privativa de Asturias), que ya había estado antiguamente en manos de los Quirós. Por algún motivo que desconocemos el rey Enrique II devuelve la custodia al obispado pero, tras diversos pleitos y protestas en 1380 vuelve el castillo a nuestros protagonistas, desde donde regirán los destinos de las comunidades rurales que les rodean. 
 Dejemos que pasen algunos años, no muchos, hasta 1385, concretamente hasta 14 de Agosto. Don Enrique II ya ha muerto, Gonzalo Bernaldo de Quirós, llamado ahora "el viejo" se ha reunido también con su creador, aunque no sin antes hacer todavía más servicios a don Enrique, pues se dice que viajó con el a Inglaterra o, al menos, que realizó una embajada a ese país en su nombre... ambos han ya muerto, como digo, han dejado paso a una nueva generación de trastamaras y bernaldos, han dejado paso a nuevas guerras. Y es que en ese día las fuerzas castellanas de Juan I se enfrentan a los portugueses, también de Juan I, pero de Portugal, en Aljubarrota en lo que será una derrota sin paliativos para los de Castilla. Miles de muertos castellanos y portugeses se agolpan en el campo de batalla. Son tantos que el curso de los riachuelos que por allí transcurren se detiene y se estancan. Entre los muertos se encuentra un Quirós. 

 Sembrado de cadáveres quedó el campo de batalla de Aljubarrota. (Portugal)  http://historiavera.com
Gutierre Bernaldo de Quirós, II conde de Sotillo, señor de Valdecarzana, caballero de la banda y portador del pendón real. Es evidente que los reyes Trastamara tenían en gran valía a sus vasallos asturianos pues no dudaron en concederle tal honor en momento tan decisivo de su historia. Y don Gutierre se mostró digno de él. Cuando la batalla se veía perdida y los portugueses se abalanzaron sobre el pendón del rey don Gutierre lo asió con tal fuerza que los lusos hubieron de cortarle las manos para arrebatárselo, lo agarró entonces con los dientes, y dice la leyenda que, cuando los supervivientes recorrieron el campo de batalla buscando heridos o botín o ambas cosas, se encontraron con el cadáver de don Gutierre sin manos y con un trozo de tela del pendón real en la boca. Fiel hasta el final pasó a ser conocido como don Gutierre "el de los tucos", esto es, el de los muñones, por razones obvias.
  Murieron en Aljubarrota otros dos quiroses, don Lope hermando del anterior y don García, su primo.
 Tanta muerte podría haber dado al traste con el linaje, pero no fue así. Los Bernaldo de Quirós eran una estirpe prolífica y sus muertes en combate no dejaban de ser parte de los riesgos a los que se sometían los de su condición. El linaje continuó medrando durante los años finales del s.XIV y principios del XV, estamos en la época de Alfonso Enriquez y sus revueltas, del ascenso de los Quiñones, de la creación del Principado. Durante estos años de turbulencias los Quirós lucharán de nuevo bajo las ordenes de la mitra ovetense, emparentarán con otras casas nobiliarias de la montaña asturiana y del resto de Castilla. Buscan expandir su linaje, fijar alianzas y hacerse fuertes. De los hijos de don Lope, hermano de  don Gutierre "el de los tucos" surgirá otra de las más poderosas y prestigiosas casas de la nobleza asturiana, la casa de Miranda, que tiene su origen en el hijo ilegitimo del tal don Lope (legitimado, eso si), Martín Vazquez de Quirós que se casa con Ines de Miranda y que había recibido de su padre el señorío de Valdecarzana, andado el tiempo y los siglos de este tronco nacerían los Marqueses de Valdecarzana.
Pero estos casamientos no siempre tuvieron el efecto deseado, puede ser que por desacuerdos sobre la dote, puede ser que por rencillas varías, los Quirós se verán inmersos, a medida que avanza el siglo XV en diversas luchas banderizas. Unas veces contra sus parientes los Miranda, otras contra la casa de los Valdes "por ver quién valía más en la tierra". Según avanza el s.XV se enfrentan, sucesivamente con estos últimos, primero en un lugar llamado Parança, saliendo descalabrados los Quirós, que habrían perdido hasta ochenta hombres. Más adelante Juan Bernaldo de Quirós, hijo del de "los tucos", se enfrenta con Melén Suarez de Valdes en el puente de Colloto, dándole muerte a él y a sus hermanos y a sus hijos legítimos, se salva tan solo el hijo ilegítimo de los Valdés, que se escondió debajo del puente y consiguió escapar. Y por último una generación más hasta que Ivan Bernaldo de Quirós, ya casi bajo el reinado de los Reyes Católicos, reúne a su gente y se adentra en Pola de Siero buscando desbaratar a los Valdés, no se atreven éstos a enfrentarle y huyen de la tierra, quedándose el de Quirós con sus tierras y casas fuertes.
 Y esto es solo un ejemplo, porque con sus parientes los Miranda no se llevaban tampoco demasiado bien, posiblemente por problemas a la hora de determinar la dote de la boda que los emparentaba. Parece que sus enfrentamientos fueron de los más graves de finales del siglo XIV, tanto que Gonzalo Bernaldo de Quiros "el mozo" se encuentra en la guerra de Granada redimiendo penas por homicidio...
Y no era el primer Quirós que se bajaba a Granada a hacer la guerra. A las ordenes de Rodrigo Manrique, Juan Bernaldo de Quirós había participado en la conquista de la villa de Huescar, en Granada, en 1434. Los Quirós seguían acudiendo fielmente cuando el rey los llamaba durante el s.XV.
 Pero durante el sXV hay otro Bernaldo de Quirós que llama más la atención que los demás. Se llama también Gonzalo Bernaldo de Quirós (para variar) pero tenía la considerable desventaja de haber nacido bastardo. Y aunque esa condición intentaba ocultarse en la época, o al menos no se hablaba de ella en voz alta, ha pasado a la posteridad como Gonzalo Bernaldo de Quirós "el Bastardo" y fueron sus propios sobrinos, los del linaje "puro" los que se encargaron de que esto fuera así. Veamos porque.
 Juan Bernaldo murió a consecuencia de las heridas recibidas durante la conquista de la villa de Huescar, en algún momento entre 1434-1435. Su hijo legítimo Lope Bernaldo de Quirós se convirtió entonces en cabeza de linaje, cargo que ejerció hasta 1446 cuando murió debido a una caída de caballo. Como en ese momento su heredero era menor de edad la tutoría recayó en su tío, pero no en ninguno de sus tíos legítimos, no, el tutor sería Gonzalo Bernaldo de Quirós "el bastardo" el que ejerciera el cargo. Un hecho que no deja de ser curioso, porque en la época ser hijo bastardo era un inconveniente importante. Sin embargo debía llevarse bastante bien con su finado hermano y por eso fue escogido para el cargo.
 No se sabe cuantos años duró esa tutoría, pero de ella nació una fructífera relación que se mantendría una vez que Ivan Bernaldo de Quirós alcanzara la mayoría de edad. Juntos don Ivan y don Gonzalo harían frente a un formidable enemigo. Los todopoderosos condes de Luna y Merinos Mayores de Asturias: los Quiñones.
Estamos en 1468, el infante don Alfonso se ha rebelado contra su hermano Enrique IV, a la causa del infante se han unido los condes de Luna y toda su clientela asturiana (entra los que se encuentran los Miranda), como recompensa don Alfonso ha otorgado el cargo de Merino de Asturias a Don Diego Fernández de Quiñones. Para contrarrestar la maniobra el rey don Enrique IV nombra su propio Merino de Asturias: Ivan Bernaldo de Quirós. Los cuales permanecen leales al rey legitimo enfrentándose incluso con sus parientes los Miranda (parece que la enemistad entre las dos casas ya se había iniciado con anterioridad, este enfrentamiento bien podría seguir a la lógica del enemigo de mi enemigo es mi amigo). En esta lucha "el Bastardo" apoyará fielmente a su sobrino, pero no podrán impedir que los Quiñones tomen control de una parte importante de la región. Curiosamente parece que el dean de la catedral de Oviedo estuvo del bando de los Quiñones, enfrentándose contra sus propios encomenderos los Quirós.

 Escudo de los Bernaldo de Quirós con las dos llaves de las fortalezas de Oviedo.

Sin embargo los Quirós eran gente muy poderosa en la tierra y más valía tenerlos como amigos. El infante don Alfonso envía a otro asturiano, Gutierre de Hevia, a tratar con ellos y sumarlos a la causa rebelde. Lo conseguirá y será recompensado con 2000 maravedíes. A cambio de renunciar a la Merindad de Asturias los Quirós ven reconocidos varios portazgos en la zona de Mieres, posiblemente entre ellos se encontrará una casa fuerte desde la que Ivan Bernaldo de Quirós instituirá en 1474 el Mayorazgo de la Casa de Quirós.
 Los Quirós y "el Bastardo" entre ellos habían dado un paso decisivo al cambiar de bando y no habría vuelta atrás. Con la muerte de Don Enrique se desata de nuevo la guerra civil, está vez entre Isabel y Juana la Beltraneja. Los Quirós estarán de nuevo en el ejercito real enfrentándose a un ejercito portugués en Zamora. En esta ocasión el día será para los castellanos. Como recompensa por sus servicios en el ejercito varios miembros de la nobleza asturiana quedan redimidos de ciertos delitos cuya naturaleza se desconoce. Uno de ellos es don Gonzalo Bernaldo "el Bastardo". Nos queda imaginarnos que tipo de delito estaba redimiendo a las ordenes de los Reyes Católicos.
 No pudo disfrutar don Ivan del Mayorazgo por él instituido. Murió de lepra el mismo año 1474, dejando bien claro que el mayorazgo de los Quirós pasaría del padre al hijo mayor, con primacía de los hombres sobres las mujeres. El problema era que, de nuevo, el heredero legítimo era menor de edad. Y de nuevo recayó sobre "el Bastardo" la tutoría y el gobierno de la casa. Esta vez la cosa no salió tan bien como esperaban.
 Los sobrino-nietos de don Gonzalo eran menores de edad, pero debían de ser lo bastante mayores como para no gustarles la tutela a las que les sometía su tío bastardo. Era don Gonzalo ya un hombre mayor, posiblemente de más de cincuenta años, se había casado recientemente con su pariente Elvira de Quirós, que pese al apellido, pertenecía a la Casa de Miranda, y su sobrina, doña Isabel de Quirós se caso con el cabeza de linaje de los Miranda, don Diego de Miranda. Todo ello con el beneplácito de don Gonzalo. No con el de los Quirós.
 Posiblemente debido a problemas con las dotes, posiblemente debido a que las viejas enemistades no se habían olvidado del todo, las casas de Miranda y Quirós estaban en este punto más enfrentadas que nunca. Y don Gonzalo "el Bastardo" enemistado también con sus sobrino-nietos se pasa al bando de los Miranda. Desde entonces será considerado un traidor por los suyos.
Y se convertirá en un problema para el Corregidor.
 Don Gonzalo, hay que decirlo, se había hecho el hombre fuerte del concejo de Aller merced de unas donaciones que la reina doña Isabel había tenido a bien concederle. El problema es que el concejo de Aller estaba muy cerca de las posesiones de los demás Quirós, que se habían establecido en el valle del caudal y tenían casa fuerte en Mieres. Estaban los tiempos un poco revueltos (como siempre, en realidad) y los bandidos y malhechores merodeaban por la región asturiana, muy seguramente azuzados por esa nobleza levantisca que era la asturiana.
 El corregidor Luis Mejía venía a poner fin a esa situación. Y eso no gustó a los Miranda, que posiblemente vieran peligrar su influencia en la región. Como era costumbre el Corregidor convocó en Oviedo, en verano de 1483, una Junta General para dar a conocer sus intenciones y las instrucciones de los Reyes Católicos. Y hete aquí que los Miranda, acompañados con don Gonzalo "el Bastardo" aparecen con 150 hombres de armas y se instalan extramuros en el convento de San Francisco, que por cierto era panteón familiar de los Bernaldo de Quirós. La sangre no llegó al río, el escribano Alfonso Álvarez de Oviedo, medió para que los de Miranda retirasen su nutrida escolta. Sin embargo el corregidor tomó nota de quienes se le habían opuesto.
 Ese mismo invierno don Gonzalo, que entremedias había tenido tiempo de secuestrar al escribano y pedir 30.000 maravedíes de rescate, es sorprendido por su sobrino Gonzalo Bernaldo de Quirós "el mozo" y por Juan de Argüelles que acompañados de varios hombres se disponen a matarlo. No lo consiguen, "el Bastardo" se refugia en una de sus casa fuertes. No sobrevivirá mucho más.
 Muy poco tiempo después contrae una enfermedad fulminante que acaba con su vida. No dudando los contemporáneos en decir que esa enfermedad "era de hierbas" es decir: envenenamiento. Se acabó la historia de "el Bastardo" se había ganado demasiados enemigos. Pese a todo fue enterrado junto con el resto de su linaje en el monasterio de San Francisco de Oviedo, donde sus parientes no se olvidaron de dejar muy claro en el epitafio: "Aquí yaze Gonzalo Bernaldo de Quirós, fijo de Juan Bernaldo de Quirós, Bastardo"

Ideas de Aventuras:
1) Uno de los Pj's se he enamorado, y es correspondido, por una hermosa dama de la casa de Quirós. Lo que pasa es que a su padre y a sus hermanos eso no les hace nada de gracia.
2) Uno de los Quirós ha contratado a los PJ's para que ocupen uno de las torres que han conseguido en encomienda en las montañas de Teverga. Lo que no sabe ninguno de ellos es que la torre está embrujada desde hace muchos, muchos años.
3) Gutierre Bernaldo de Quirós ha reclutado a los Pj's para que le acompañen mientras porta el pendón real en su próxima batalla contra los portugueses...

Post scriptum: no he querido extenderme más sobre el linaje de los Quirós para que no resultará más confuso de lo que ya es. En primer lugar los nombres de los cabezas de linaje, excepción hecha de Ivan Bernaldo, se repiten una y otra vez, en segundo lugar, los Miranda, sus parientes y enemigos, muchas veces se apellidaban Quirós también, en tercer lugar, no siempre es fácil precisar en que fecha ocurre cada cosa. Solo me gustaría añadir que los Quirós fueron durante los siguientes 400 años una de las familias más influyentes de Asturias, llegando a tener desde mediados del siglo XVI asiento permanente en la Junta General del Principado, y seguramente este asiento lo tendrían desde bastante tiempo atrás, porque dicen que lo tenían desde antiguo. Imposible ser más preciso.
 Lo que me llamaba la atención delos Bernaldo de Quirós es como encajan perfectamente en nuestra idea arquetípica de una familia de la baja  nobleza medieval. Leales a sus señores, grandes guerreros, pendencieros, ambiciosos, violentos, despiadados... Los Quirós tuvieron suerte en sus apuestas, supieron subirse al caballo ganador, muchos otros no lo hicieron y apenas han dejado huella en la Historia. Ahora toca al DJ y a los jugadores que tipo de caballero o hidalgo quieren ser/dirigir ¿un emulo de los Bernaldo de Quirós? ¿o uno de tantos que fue de derrotado por otros más hábiles y que desaparece como llarimes pente l'orballu?

 Mapa de las posesiones más destacadas de los Quirós a lo largo de los siglos.

FUENTE: 

Batalla de Aljubarrota.

                                     Batalla de Aljubarrota

http://es.wikipedia.org
La Batalla de Aljubarrota aconteció al final de la tarde del 14 de agosto de 1385, entre tropas portuguesas e inglesas mando de Juan I de Portugal y de su condestable San Nuno Álvares Pereira , y el ejército castellano de Juan I de Castilla. La batalla se dio en el campo de San Jorge en los alrededores de la villa de Aljubarrota, entre las localidades de Leiria y Alcobaça en el centro de Portugal. El resultado fue la derrota de los castellanos, el fin de la crisis portuguesa de 1383 a 1385, y la consolidación de Juan I como rey de Portugal, el primero de la dinastía de Avís. La paz definitiva con Castilla se estableció en 1411, con la firma del tratado de Ayllón (Segovia), tras agresiones portuguesas en territorio castellano y acciones como la batalla de Valverde (15 de octubre de 1385), con el triunfo de San Nuno Álvares Pereira sobre los castellanos en Valverde de Mérida.

Introducción.

Al final del siglo XIV, Europa se encontraba en medio de una época de crisis y revolución. La Guerra de los Cien Años devastaba Francia, epidemias de peste negra se llevaban vidas en todo el continente, la inestabilidad política dominaba y Portugal no era una excepción.
Durante la segunda mitad de este siglo XIV era grande la rivalidad y luchas entre Castilla y Portugal: Fernando I de Portugal, había mantenido aspiraciones al trono de Castilla dando lugar desde 1369 a las llamadas tres Guerras Fernandinas. En 1383, dicho rey portugués murió sin hijos varones que heredasen la corona. Su única hija era la infanta doña Beatriz de Portugal, casada con el rey Juan I de Castilla. La burguesía se mostraba insatisfecha con la regencia de la reina doña Leonor Téllez de Meneses y de su favorito, el conde Andeiro, y con el orden de sucesión, ya que eso significaría la anexión de Portugal a Castilla. Las gentes se levantaron en Lisboa, el conde Andeiro fue muerto y el pueblo pidió al maestre de la Orden de Avís, hijo natural de Pedro I de Portugal, que fuese regente y defendiera el país.
El periodo de interregno que siguió se conoce como la crisis de 1383-1385. Finalmente el 6 de abril de 1385, don Juan, maestre de la Orden de Avís, es aclamado rey por las Cortes reunidas en Coímbra. Pero el rey de Castilla no renunció a su derecho a la corona portuguesa, que le venía por su casamiento. En junio invade Portugal al frente de su ejército, auxiliado por un contingente de caballería francesa.

La disposición de las huestes portuguesas.

Cuando llegaron las noticias de la invasión, Juan I de Portugal se encontraba en Tomar, en compañía de Nuno Álvares Pereira, condestable del reino, y de su ejército. La decisión, tomada tras algunas dudas iniciales, fue enfrentarse a los castellanos antes de que pudiesen llegar a Lisboa.
Con sus aliados ingleses, el ejército portugués interceptó al ejército castellano en Leiria. Dada la lentitud con que los castellanos avanzaban, Nuno Álvares Pereira tuvo tiempo para escoger un terreno favorable para la batalla, asistido por los expertos ingleses. La opción recayó sobre una pequeña colina de cima plana rodeada por riachuelos, cerca de Aljubarrota. Hacia las 10 de la mañana del 14 de agosto, el ejército tomó posiciones en la vertiente norte de la colina, de frente a la carretera por dónde los castellanos eran esperados. Siguiendo el mismo plan de otras batallas del siglo XIV (Crécy y Poitiers son buenos ejemplos), las disposiciones portuguesas fueron las siguientes: caballería desmontada e infantería en el centro de la línea rodeadas por los flancos de arqueros ingleses, protegidos por obstáculos naturales (en este caso ríos). En la retaguardia, aguardaban los refuerzos mandados por Juan I de Portugal en persona. En esta posición, altamente defensiva, los portugueses esperaron la llegada del ejército castellano protegidos por la vertiente de la colina.

La llegada de los castellanos.

La vanguardia del ejército castellano llegó al teatro de la batalla al mediodía, bajo el sol inmisericorde de agosto. Al ver la posición defensiva ocupada por lo que ellos consideraban rebeldes, el rey de Castilla tomó la acertada decisión de evitar el combate en estos términos. Lentamente, debido a los 30 000 soldados que constituían sus efectivos, el ejército castellano comenzó a rodear la colina por el camino del lado del sol naciente. Las patrullas castellanas habían verificado que la vertiente sur de la colina tenía un desnivel más suave y era por ahí por donde pretendían atacar.
En respuesta a ese movimiento, el ejército portugués invirtió su disposición y se dirigió a la vertiente sur. Ya que estaban en inferioridad numérica y tenían un camino más corto que recorrer, el contingente portugués alcanzó su posición final al inicio de la tarde. Para evitar nerviosismos y mantener la moral elevada, Nuno Álvares Pereira ordenó la construcción de un conjunto de trincheras y cuevas en frente de la línea de infantería. Esta táctica defensiva, muy típica de los ejércitos ingleses, fue tal vez una sugerencia de los aliados británicos presentes sobre el terreno.
Hacia las seis de la tarde, los castellanos estaban preparados para la batalla. De acuerdo con el registro escrito por el rey de Castilla tras la batalla, sus soldados estaban bastante cansados tras un día de marcha en condiciones de mucho calor. Pero no había tiempo para volver atrás y la batalla comenzó.

La batalla.
 
La batalla de Aljubarrota.  http://www.elgrancapitan.org

La iniciativa de comenzar la batalla partió de Castilla, con una típica carga de la caballería francesa: a toda a brida y con fuerza, para romper la línea de infantería adversaria. Mas, tal como sucedió en la batalla de Crécy, los arqueros ingleses colocados en los flancos y el sistema de trincheras hicieron la mayor parte del trabajo. Mucho antes de ni siquiera entrar en contacto con la infantería portuguesa, la caballería ya se encontraba desorganizada y confusa, dado el miedo de los caballos a avanzar por terreno irregular y la eficacia de la lluvia de flechas que caía sobre ellos. Las bajas de la caballería fueron grandes y el efecto del ataque nulo. La retaguardia castellana demoró en prestar auxilio y en consecuencia, los caballeros que no murieron fueron hechos prisioneros. Tras este percance, la restante, pero substancial parte del ejército castellano entró en la contienda. Su línea era bastante extensa, por el gran número de soldados. Al avanzar en dirección a los portugueses, los castellanos fueron forzados a desorganizar sus propias líneas para caber en el espacio situado entre los dos ríos. En cuanto los castellanos estuvieron desorganizados, los portugueses redispusieron sus fuerzas dividiendo la vanguardia de Nuno Álvares en dos sectores, para afrontar la nueva amenaza. Viendo que lo peor todavía estaba por llegar, Juan I de Portugal ordenó la retirada de los arqueros y el avance de la retaguardia a través del espacio abierto en la línea de frente. Fue en ese momento en que los portugueses tuvieron que llamar a todos los hombres y se tomó la decisión de ejecutar a todos los prisioneros castellanos.
Atrapados entre los flancos portugueses y la retaguardia avanzada, los castellanos lucharon desesperadamente por la victoria. En esta fase de la batalla, las bajas fueron muy grandes por ambos lados, principalmente del lado castellano y en flanco izquierdo portugués, recordado con el nombre Ala de los enamorados. A la puesta del sol, la posición de los castellanos ya era indefendible y con el día perdido, Juan I de Castilla ordenó la retirada. Los castellanos se retiraron en desbandada del campo de batalla. Los soldados y el pueblo de los alrededores seguían el desenlace y no dudaron en matar a los fugitivos.
De la persecución popular surgió una tradición portuguesa en torno a la batalla: una mujer, de nombre Brites de Almeida, recordada como la Panadera de Aljubarrota, muy fuerte y con seis dedos en cada mano, emboscó y mató con sus propias manos a muchos castellanos en fuga. Esta historia no es más que una leyenda popular, pero la masacre que siguió a la batalla es histórica.

El día siguiente.

En la mañana del 15 de agosto, la magnitud de la derrota sufrida por los castellanos quedaba patente: los cadáveres eran tantos que llegaron a interrumpir el curso de los ríos que flanqueaban la colina.
Las pérdidas humanas fueron cuantiosas. Entre los fallecidos en combate en el bando castellano se contaron:
  • Pedro González de Mendoza, señor de Hita y Buitrago,
  • Juan Téllez de Castilla, señor de Aguilar de Campoo y primo hermano del rey,
  • Diego Gómez Manrique de Lara y Leyva, señor de Amusco y Treviño,
  • Juan Fernández de Tovar, Almirante de Castilla y Señor de Berlanga, casado con una sobrina del rey,
  • Diego Gómez Sarmiento, Mariscal de Castilla y I Señor de Salinas,
  • Juan Alfonso Téllez de Meneses, Conde de Barcelos, Almirante de Portugal y hermano de la reina, combatió en el bando castellano,
  • Gutierre González de Quirós, Conde de San Antolín de Sotillo, Señor de Villoria, Alférez Mayor del rey. En la batalla murió también su hermano Lope y su primo García de Quirós,
  • Pedro Boil, Señor de Huete y Señor de Masanasa, aragonés de nacimiento,
  • Juan Alfonso de Ajofrín, del linaje toledano de los ben Furon,
  • Gonzalo Díaz Carrillo, hijo del Señor de Mondéjar.
Todos ellos pertenecían al más alto escalafón social y nobiliario, lo que causó gran luto en Castilla.
La caballería castellana sufrió en Aljubarrota una derrota más en contra de tácticas defensivas de infantería, tras Crécy y Poitiers. La batalla de Azincourt, ya en el siglo XV, mostró que Aljubarrota no fue el último ejemplo.
Con esta victoria, Juan I se convirtió en rey indiscutido de Portugal, el primero de la casa de Avís. Para celebrar la victoria y agradecer el auxilio divino que creía haber recibido, Juan I de Portugal mandó erigir el monasterio de Santa María de la Victoria (monasterio de Batalla) y fundar la villa de Batalla (Batalha).
 Representación de la batalla en la obra Recueil des croniques d’Engleterre, de Jehan de Waurin

Batalla de Aljubarrota
Crisis de 1383-1385



Fecha 14 de agosto de 1385
Lugar Aljubarrota, actual Portugal
Resultado Victoria decisiva de Portugal
Beligerantes
PortugueseFlag1248.svg Reino de Portugal Flag of Castilla y León.svg Corona de Castilla
Comandantes
Juan I de Portugal Juan I de Castilla
Fuerzas en combate
Total: 6.5001 2
  • 4.000 infantes
  • 1.700 lanceros
  • 800 ballesteros
  • 100 arqueros ingleses
Total: 31.0002
  • 15.000 infantes
  • 6.000 lanceros
  • 8.000 ballesteros
  • 2.000 caballeros franceses
  • 15 morteros
Bajas
Menos de 1.000 Total: 10.000 muertos
5.000 en la batalla
5.000 en la retirada

Referencias.

  1. Jump up José Maria Rodrígues & Américo da Costa Ramalho (1979). Fontes dos Lusíadas. Lisboa: Academia das Ciências de Lisboa
  2. Jump up to: a b Edward McMurdo, 2009: 234

Bibliografía.

  • A.H. de Oliveira Marques, Historia de Portugal, vol. 1, Lisboa, Presença, 1997.
  • Fernão Lopes, Crónica de D. João I, vol. 1, s.l., Civilização, imp. 1994.
  • João Gouveia Monteiro, Aljubarrota: 1385: a batalha real, Lisboa, Tribuna da História, imp. 2003.
  • Luís Miguel Duarte, Batalhas da História de Portugal- Guerra pela Independência, Lisboa, QUIDNOVI, imp. 2006.
  • Edward McMurdo, The History of Portugal (2); The History of Portugal from the Reign of D. Diniz to the reign of D. Afonso V. General Books LLC, 2009.
                               

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(Alcobaça, Leiria, Portugal)

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