22 de diciembre de 2016

El "Artesano del Miedo", nació en una pensión de Sama de Langreo (Asturias)

El langreano accidental
Narciso Ibáñez Menta
El actor Narciso Ibáñez Menta nació en Sama en 1912, cuando su madre, también dedicada a la interpretación, iba a actuar en el teatro de la localidad
Ilustración de Alfonso Zapico
Edgar Allan Poe siempre ha sido mi escritor de cabecera. Vuelvo a sus cuentos una y otra vez desde la adolescencia y es el culpable de la afición por las cosas del más allá, el gusto por las historias cercanas y hasta la idea que tengo sobre la muerte. No puedo negar que esta circunstancia personal se debe en gran medida a las series de terror basadas en su obra, que emitió nuestra televisión cuando el color todavía era una fantasía. Algunas se convirtieron en fenómenos tan populares como las actuales finales de fútbol; la intriga se prolongaba varias semanas, provocando el interés del espectador y cuando se anunciaba el último capítulo donde el caso se solucionaba y se revelaba la identidad del asesino, las calles se quedaban vacías.
El maestro que supo elevar al punto máximo esta tensión fue Narciso Ibáñez Menta, un todoterreno capaz de adaptar a los clásicos, escribir sus propios argumentos, dirigir la puesta en escena y meterse en la piel de los personajes más extremos como actor de una manera admirable.

Narciso Ibáñez Menda con su madre
Narciso fue un animal de teatro, pero además un excelente fabulador. Su padre, Narciso Ibáñez Cotanda, había nacido en Pozo Estrecho, un pueblo cercano a Cartagena, y su madre Consuelo Menta, era de San Sebastián, por lo que ninguno de los dos llevaba sangre asturiana. Ambos estuvieron vinculados a los escenarios: él había abandonado la carrera de Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos para ser actor y llegó a compartir tablas con algunos grandes de la época; ella, soprano, fue cambiando de género, para llegar desde la ópera al teatro, después de haber pasado por la zarzuela. Ya casados, después de recorrer juntos los escenarios españoles, emprendieron la aventura americana en 1919 y acabaron asentándose definitivamente en Buenos Aires en 1931 dónde los dos fallecieron años más tarde.
Imagen antigua de Sama de Langreo, Plaza de Alejandro Pidál y Ayuntamiento  
Dicen las biografías que Narciso Ibáñez Menta nació accidentalmente en la habitación de una casa de la calle de la Feria, en Sama de Langreo un 25 de agosto de 1912, a las tres de la tarde. El dato es cierto, pero parece que los detalles que lo adornan no lo son tanto.
Se ha escrito que sus padres se encontraban trabajando por separado, él actuando en el Teatro Campos Elíseos de Bilbao y ella en el Teatro Vital Aza de Ribadesella desempeñando un papel en la zarzuela "Molinos de Viento", cuando sintió en plena función los dolores de parto. Siguiendo esta versión, con un gran esfuerzo logró llegar hasta el final y cuando cayó el telón hubo que trasladarla hasta la habitación donde se hospedaba en Sama y allí dio a luz unas horas más tarde.
Ahora bien, cualquier asturiano conoce la distancia entre Ribadesella y Sama de Langreo y no se le escapa la dificultad y el absurdo que habría supuesto transportar a una parturienta desde la costa hasta la cuenca minera por las infames carreteras de 1912, como tampoco se encuentran razones para que la interprete hubiese buscado allí su alojamiento.
Narciso Ibáñez Menta, leyendo el pregón de Santiago (Sama de Langreo)
Pero para resolver cualquier duda, además deben saber que en Ribadesella no hubo ningún Teatro Vital Aza y el escenario por el que pasaban las compañías que incluían a la villa costera en sus giras por el norte era el Teatro Divino Argüelles, inaugurado el 16 de julio de 1911 con un aforo de 355 plazas, suficiente para satisfacer a la pequeña burguesía local y a los veraneantes que querían disfrutar de los mismos espectáculos que se veían en las grandes capitales.
El Vital Aza estaba en Sama de Langreo, lo que lo explica todo, y allí se encontraba la compañía, aunque dudamos que hubiese llegado a actuar aquel día porque el nacimiento de Narciso se produjo en medio de una dura huelga siderúrgica y minera que entonces traía en vilo a toda la región.
¿Por qué entonces lo de Ribadesella? La familia nunca volvió por aquí y seguramente Narciso aliñó las confusas informaciones que le proporcionó su madre con otros datos que a cualquier actor le gustaría tener en su biografía. Según parece, Consuelo Menta, como las grandes divas, viajaba acompañada, en este caso por su suegra Carmen Cotanda, y a los tres días del nacimiento las dos mujeres hicieron el petate y se fueron con el bebé hasta Bilbao.
Narciso Ibáñez Menta
Allí, cuando aún no había pasado una semana, el pequeño subió por primera vez a un escenario, en brazos de la actriz cómica Carola Ferrando reemplazando a un muñeco para una escena de la zarzuela "La Zarina", pero desempeñó mal su papel, puesto que en vez de llorar, como se esperaba, se quedó dormido y el público salió convencido de que al muñeco le había fallado el resorte que provocaba el llanto.
La anécdota también nos parece exagerada, pero así se cuenta. Más tarde, con solo tres años cumplidos, debutó en Granada imitando a los miembros de la compañía de sus padres y con cinco ya le dieron un papel en la obra "Los Granujas" de Carlos Arniches, que la familia Ibáñez representó en Melilla, Tetuán y otras ciudades del Marruecos español antes de trasladarse a América.
Narciso Ibáñez Menta alcanzó muy pronto la popularidad en la Argentina. Según parece, su primera actuación en un festival benéfico que se celebró en el Teatro San Martín de Buenos Aires le abrió todas las puertas cuando un empresario se percató de su talento y le ofreció presentarse en el Teatro de La Comedia con un contrato en firme. Poco después entraba a formar parte de la Compañía Hispano-Argentina y con ella cruzó otra vez el océano para presentarse en 1923 en el Teatro El Dorado de Madrid.
Una escena del Corralón
Luego pasó unos años recorriendo todos los países de habla hispana y logró el renombre internacional sobre todo por su interpretación de personajes siniestros en obras que el mismo dirigió como "El Doctor Jekyll y Mister Hyde", "El Fantasma de la ópera o Fausto", y también triunfó en el cine. Estando en Chile conoció a la actriz Pepita Serrador con la que tuvo a su único hijo, Narciso Ibáñez Serrador, quien continuó la saga y fue aún más conocido que su padre, sobre todo por sus programas en la Televisión Española donde dirigió aquel "Un, dos, tres, responda otra vez", que se convirtió en el concurso más popular en la historia de la pequeña pantalla.
Él también tuvo pasión por los argumentos terroríficos y, por supuesto por Allan Poe. Con mucho ingenio y medios para mostrarlo no dudó en colaborar a menudo con su padre, pero se empeñó en hacer de sí mismo un personaje teatral y, para mi gusto, la parodia acabó devorando al hombre que la había creado.
Apoyado en la popularidad y la bonanza económica que le proporcionaba aquella España que se estaba abriendo al mundo tras la muerte de Franco, Narciso Ibáñez Menta regresó definitivamente y eligió para su última actuación en 1986, en el Teatro Alcázar de Madrid, al lado de María Fernanda D´Ocón en la adaptación teatral de "La hoja roja" de Miguel Delibes.
Caricatura de Narciso Ibáñez Menta
Seguramente lo hizo como un guiño a los espectadores, porque ya saben ustedes que ese era color que llevaban hace años las últimas hojas de los libritos de papel para fumar, señalando así que su final estaba próximo, pero se equivocó y su vida aún se prolongó casi dos décadas. Narciso Ibáñez Menta fue un actor integral, del que se contaron anécdotas tan increíbles como aquella que explica como en 1970 antes de interpretar a su personaje en la obra "El precio", de Arthur Miller, en el Teatro Fígaro, debía pasarse siete horas de maquillaje ante el espejo, y que él nunca desmintió.
Cuando falleció en Madrid el 25 de mayo de 2004, a los 91 años, había conocido los teatros de medio mundo representando cientos de obras de todos los géneros. Su cuerpo fue incinerado en el cementerio de La Almudena. Una forma de dejar este mundo que Edgar Allan Poe no permitió a ninguno de sus personajes.
Narciso Ibáñez Menta falleció el 15 de mayo de 2004 en Madrid (España), a la edad de 91 años
FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR


Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.
Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón.



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Biografía de Narciso Ibáñez Menta
Textos extraídos de http://nim.cinefania.com
IBÁÑEZ MENTA, NARCISO. Actor. Nació en Sama de Langreo, Asturias (España), el 25 de agosto de 1912. Hijo del actor Narciso Ibáñez y de la tiple cantante Consuelo Menta, a los tres años demostró su precocidad histriónica cuando en una gira de sus padres por Granada, subió al escenario e improvisó en un fin de fiesta, ante el asombro de todos los espectadores.
Pocos meses más tarde ya se lo anunciaba como "Narcisín, un niño prodigio que canta, baila, recita e interpreta" y al año, prestigiosos autores escribían comedias para su especial lucimiento.
Luego de realizar giras por España y Portugal, debutó en Buenos Aires con la zarzuela "Los granujas" de Carlos Arniches, el 25 de agosto de 1919 -justamente el día en que cumplía siete años- en el hoy desaparecido Teatro Comedia, en cuya azotea además, filmó una prueba cinematográfica para un proyecto que no llegó a concretarse. Desde esa fecha hasta 1923 actuó en nuestro país; luego, la "Compañía Hispano-Argentina Narcisín" continuó con una larga gira por el continente europeo y americano, hasta que en 1928, el actor protagonizó en Nueva York su primera película: Amor y deporte, producida por la Rialto Motion Picture. La empresa volvió a contratarlo para dos filmes más que no se concretaron porque la familia Ibáñez ya había cumplido tres años de radicación en los Estados Unidos y la entonces presidencia de Herbert Hoover, no permitía más prórrogas de estancia a los extranjeros.
Fue precisamente en ese país, donde tomó conciencia de la próxima muerte de "Narcisín", debido al inexorable paso del tiempo. Gran admirador de Lon Chaney, el hombre de las mil caras, decidió como él, recurrir al maquillaje para dar una nueva vertiente a su carrera y lograr composiciones totalmente disímiles a las que había encarnado en sus actuaciones infantiles. Vale la pena recordar aquí los conceptos emitidos por su hijo Narciso Ibáñez Serrador, a su biógrafo Jaime Serrats Ollé, respecto de este paso trascendental en la vida de su padre: "Debió crear monstruos para matar al niño y convertirse progresivamente en un actor normal. Aprendió a caracterizarse con tanta precisión, que quizás es el último de los actores que dominan a fondo este arte. Al igual que también es uno de los pocos niños-prodigio que ha tenido después una brillante carrera profesional. Los demás han desaparecido; han tenido que abandonar. Mi padre, en cambio, ha conseguido ser el gran actor que hoy es y el único que ha podido vencer esa gran barrera que para todo niño-prodigio significan los dieciséis y diecisiete años".
A partir de enero de 1931 y hasta diciembre de 1963, se radicó en la Argentina, dando así comienzo a "...la etapa más importante de mi vida artística y personal. No sólo me siento un actor argentino, sino que me siento un hombre argentino", asegura en carta fechada en Madrid el 19 de agosto de 1992 y dirigida al responsable de estas líneas.
Su amplia trayectoria teatral en nuestro país abarca significativos títulos de la dramaturgia universal, entre los que cabe destacar: "El jorobado de Notre Dame" (1934); "Cruza" (1939) de Claudio Martínez Payva, "Arsénico y encaje antiguo" de Joseph Kesselring y "Fausto" de Goethe (las tres en 1941; de esta última era la primera versión en castellano y fue la primera vez que se representó teatro en el estadio Luna Park); "Mis amadas hijas" de Catherine Turney y Jerry Horwin (1944); "Sangre negra" de Richard Wright & Paul Green y "Luz de gas" de Patrick Hamilton (1945); "El fabricante de piolín" de Carlos Gorostiza (1950); "F.B." y "El carro de la basura" de Enrique Suárez de Deza (1951 y 1953, respectivamente); "Culpable" de Eduardo Borrás y "Un tal Judas" de Claude André Puget y Pierre Bost (1955); "Jacowosky y el coronel" de Franz Werfel, "Ornifle" de Jean Anouilh y "Así en la tierra como en el cielo" de Fritz Hochwalder (1957); "Los huevos del avestruz" de André Roussin (con la que, en 1969 festejó en el Liceo los cincuenta años de su debut teatral en Buenos Aires) y fundamentalmente "La muerte de un viajante" de Arthur Miller (1950) y "Manos sucias" de Jean Paul Sartre (1956), ora como actor, ora como director, cuando no aunó ambas funciones.
Su primer contacto con nuestro cine se produjo en 1939 con Nuestra tierra de paz (Arturo S. Mom), donde realizó el maquillaje del actor Pedro Tocci, que personificó al Gral. José de San Martín. Posteriormente, rechazó varios ofrecimientos por considerar que se lo convocaba para trabajos menores y faltos de relieve, hasta que en 1942 aceptó una propuesta para filmar dos películas: Una luz en la ventana e Historias de crímenes, ambas bajo la dirección de Manuel Romero. De su filmografía argentina, se destacan sus excelentes trabajos en El que recibe las bofetadas (Boris H. Hardy, 1947) -al que considera uno de los mejores filmes de su carrera-; Corazón (Carlos Borcosque, 1947); su amenazante, sutil e inquietante composición de Norberto Imbert para Los muchachos de antes no usaban arsénico (José A. Martínez Suárez, 1976) y las biografías de William Morris, Pedro B. Palacios y Evaristo Carriego, plasmadas en Cuando en el cielo pasen lista (Borcosque, 1945), Almafuerte (Luis César Amadori, 1949) y La calle junto a la luna (Román Viñoly Barreto, 1951), respectivamente. Su labor fílmica en nuestro país se completa con: Mi novia es un fantasma (Francisco Mugica, colaboración especial -como él mismo- sin figurar en títulos) -1944-; Vidalita (Luis Saslavsky) -1949-; Piantadino (Francisco Mugica; colaboración especial -como él mismo- sin figurar en títulos), La muerte está mintiendo (Borcosque) -1950-; Derecho viejo (Romero) -1951-; La bestia debe morir (Viñoly Barreto, con quien, además, hizo la adaptación de la novela policial de Nicholas Blake) -1952-; Fin de mes (Enrique Cahen Salaberry) -1953-; Un hombre cualquiera (Carlos Rinaldi), Maleficio (filme en tres episodios y en coproducción con México y España, interviniendo en el correspondiente a nuestro país, dirigido por León Klimovsky) -1954-; Cinco gallinas y el cielo (Rubén W. Cavallotti) -1957-; Procesado 1040 (Cavallotti) -1958-; Obras maestras del terror (Enrique Carreras), Río abajo (Enrique Dawi; relator) -1960-; La cigarra no es un bicho (Daniel Tinayre) -1963-; Kuma-Ching (Tinayre) -1969-.
Fue pionero de nuestra televisión, medio en el que alcanzó su primer gran éxito con "Teatro Universal en un acto", a base de adaptaciones de piezas teatrales de Oscar Wilde, Arthur Miller y Oduvaldo Viana, entre otros autores (1955). A partir de allí, su labor fue casi ininterrumpida y sus programas lograron muy altos niveles de audiencia: "Novelas de terror", "Arsenio Lupin", "El fantasma de la ópera", "El muñeco maldito", "Sátiro", "El monstruo no ha muerto", "Hay que matar a Drácula", "El hombre que volvió de la muerte", "El pulpo negro" y "Herederos del poder".
En 1963, estuvo a punto de cumplir su más caro sueño artístico: fue convocado por el Teatro Municipal Gral San Martín para interpretar y dirigir "Ricardo III" de Shakespeare, en la sala Casacuberta. Después de que se le garantizaran ciertas condiciones que hacían a la jerarquía del espectáculo (entre ellas la inclusión de figuras como María Rosa Gallo en el elenco y que fuera Mario Vanarelli el responsable de la escenografía), tras algunas jornadas de ensayos, comenzó a advertir inconvenientes y obstáculos en el desarrollo del trabajo. Al solicitar explicaciones en más de una oportunidad y sin obtener respuestas válidas a sus requerimientos, optó por rescindir su contrato, no sin antes asegurarse que sí se cumpliera el de los compañeros a los que él había convocado.
Lo que años después calificó como "una traición", fue determinante para que, desilusionado y dolorido, optara por viajar a España, donde desde entonces fijó su residencia. Ha retornado a la Argentina esporádicamente, para cumplir trabajos en cine y T.V. Por entonces, su hijo comenzaba a forjarse un nombre en la televisión española, y bajo su dirección protagonizó "Historia de la frivolidad", "El último reloj", "El asfalto", "N.N. 23" e "Historias para no dormir", entre otros ciclos que obtuvieron diversos galardones internacionales.
Narciso y María Eva Duarte (Evita) durante una función de radioteatro.
Su trayectoria cinematográfica en España dio comienzo con Pasto de fieras (Amando de Ossorio, 1966) y continuó con: Dos veces Judas (Nando Cicero) -1968-; La saga de los Drácula (Klimovsky) -1972-; Odio mi cuerpo (Klimovsky) -1974-; ¡Sábado, chica y motel, qué lío aquel! (José Luis Merino) -1975-; Lucecita (José Luis Madrid) Tres días de noviembre (Klimovsky) -1976- Préstamela esta noche (Tulio Demicheli) -1977-; Yo hice a Roque III (Mariano Ozores), El retorno del hombre lobo (Jacinto Molina), Viaje al más allá (Sebastián D’Arbó) -1980-; Los líos de Stefanía (Augusto Fenollar), El ser (Sebastián D’Arbó) -1982-; Sal gorda (Fernando Trueba) -1983-; Más allá de la muerte (Sebastián D’Arbó) -1986-; Sólo se muere dos veces (Esteban Ibarretxe) -1997-.
Así como su labor en el cine de nuestro país registra la frustración de no haber logrado concretar un filme sobre la vida del Perito Moreno -debido a diferencias contractuales con los directivos de Argentina Sono Film-, en su filmografía española se consigna una película inconclusa: Riata (Sam Fuller, 1973). Después de algunas semanas de rodaje en Almería, con libro del propio director y la actuación de Richard Harris y Alfonso Arau, la filmación se interrumpió ante la insistencia de un funcionario de la Warner por imponerle a Fuller a una ex modelo en el principal rol femenino. Fuller abandonó el proyecto cuando ya se llevaban invertidos en él, varios millones de dólares. Al momento de suspenderse la filmación, su trabajo -encarnando a un viejo campesino mexicano- ya estaba totalmente concluido. Con el mismo libro de Fuller, casi inmediatamente se filmó en México The Deadly Trackers (Barry Shear) y del elenco original sólo se mantuvo la presencia de Richard Harris.
Su labor en España también incluyó el teatro, al que se sumó en 1964 representando "La zorra y las uvas" de Guilherme Figueiredo, en el Teatro Club. Sus restantes presentaciones escénicas fueron: "Los físicos" de Friedrich Dürrenmatt (Teatro Valle Inclán, 1965); "El sol en el hormiguero" de Antonio Gala (Teatro María Guerrero, 1966); "El precio" de Miller (Teatro Fígaro, 1970); "Atrévete Susana" (Teatro Valle Inclán, 1972); "Los frescos" de Arniches (Teatro Fígaro, 1975); "...Y de Cachemira, chales" de Ana Diosdado (Teatro Valle Inclán, 1977); "Drácula" (Teatro de la Comedia, 1978) y "La hoja roja" de Miguel Delibes (Teatro Alcázar, 1986).
Entre las numerosas distinciones que jalonan su trayectoria artística, caben consignarse en la Argentina: Premio al Mejor Actor Protagónico de 1945 por Cuando en el cielo pasen lista, otorgado por la Asociación de Cronistas Cinematográficos; doblemente laureado en 1949 por Cronistas y por la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas por Almafuerte; Premio de la Asociación de Críticos de Teatro al Mejor Director de 1957 por "Así en la tierra como en el cielo"; Premio Martín Fierro al Mejor Director de escena en T.V. por "Ceremonia secreta" y Mejor Ciclo de teleteatro episódico, 1961 y 1969, respectivamente. En 1992, el Honorable Concejo Deliberante lo nombró "Visitante Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires" (en ocasión de viajar a nuestro país a celebrar su cumpleaños número ochenta, especialmente invitado por el programa televisivo "Almorzando con Mirtha Legrand"); en 1993, recibió el Premio Podestá en mérito a su honorable trayectoria, de manos de la Asociación Argentina de Actores; en 1997, fue homenajeado dentro del marco del XIII Festival de Cine Internacional de Mar del Plata; en 1999, se designó con su nombre a una de las salas del Complejo Teatral Broadway, de Buenos Aires y en 2002, se le otorgó el Premio Cóndor de Plata a la trayectoria (Asociación de Cronistas Cinematográficos de la Argentina).
España, por su parte, también le testimonió su reconocimiento con el Premio al Mejor Actor, por Almafuerte en el II Certamen-Hispanoamericano de Cinematografía de Madrid; Premio Larra al Mejor Actor de 1964 por "La zorra y las uvas", otorgado por la revista Primer acto, de Madrid; Premio Nacional 1967; Cruz Oficial al Mérito Civil 1967; Diploma al Asturiano del año 1967 (Nueva España, Oviedo); el 22 de mayo de 1992 se impuso su nombre a una calle de la localidad de Pozo Estrecho, Cartagena, Prov. de Murcia, y en 1993 fue invitado de honor al Festival Cinematográfico de Gijón (Asturias), donde en su homenaje y a su pedido se exhibió Los muchachos de antes no usaban arsénico, a la sazón, calificada por el diario ABC, de Madrid como "lo mejor de la velada, al menos desde un punto de vista cinematográfico; una deliciosa comedia en el más puro estilo de humor negro".
Falleció en Madrid, el 15 de mayo de 2004.
FUENTE: Fuente: De Gardel a Norma Aleandro. Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior de Mario Gallina (Editorial Corregidor, Bs. As., 2000), gentileza Mario Gallina. http://nim.cinefania.com
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