19 de diciembre de 2016

El duelo literario del poeta mierense Teodoro Cuesta

Una polémica de actualidad. (Artículo actualizado)
                                                      El poeta mierense Teodoro Cuesta






Recordemos un capítulo amable de nuestra propia historia y traigamos a estas historias la sana pelea literaria que sostuvieron a finales del siglo XIX Diego Terrero y Teodoro Cuesta y que tan buen recuerdo sigue dejando todavía a sus lectores. Vamos a ello
Teodoro Cuesta García-Ruiz

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Ambos eran amigos y socios del Círculo Mercantil de Oviedo, donde se reunían cada quince noches con otros aficionados para escuchar música y poesía. De Teodoro, natural de La Pasera, vecino de Oviedo y mierense de ejercicio, hay tanto que contar que necesitaríamos otro espacio, pero para situarnos es preciso decir que desde 1858 se ganaba la vida como director de la Banda de Música del Hospicio de la capital y ocupaba la mayor parte de su tiempo en la música, componiendo y dedicado a su famosa flauta, actividades que en su conjunto apenas le daba para que su familia fuese tirando con lo justo.
Por su parte, de Diego Terrero sabemos que había nacido en Cádiz en 1830 y que después de pasar por la Escuela Normal de Filosofía se licenció en ciencias físico-matemáticas; en setiembre de 1851 obtuvo una sustitución como profesor de álgebra y al poco tiempo su prestigio como matemático le convirtió en catedrático propietario en el Instituto de Oviedo. Aunque completaba este trabajo con la preparación especial de alumnos para carreras militares y facultativas en la «Escuela polimática» o colegio hispano-americano, que él mismo fundó en 1862. También era poeta, por supuesto, y además figura en la historia de la imagen como el introductor en Asturias de la fotografía estereoscópica, precisamente hacia 1870, el año de su polémica con el de Mieres.

Teodoro Cuesta
Pues bien, Terrero presidía la sección literaria en el Círculo Mercantil e Industrial de Oviedo y quiso poner a prueba el ingenio de su amigo, que entonces ya gozaba de gran fama como versificador, retándole con una carta en la que enumeraba las bondades de su tierra y se mofaba a la vez de las tradiciones, las costumbres e incluso el paisanaje asturiano. Lógicamente Teodoro Cuesta no tardó en responder, y lo hizo con tal acierto que su contestación fue premiada con un reloj de oro que le concedió como galardón aquella institución.
El éxito de aquel duelo fue tal que aquel mismo 1870 hubo que imprimirlo en el álbum literario del Círculo Mercantil y los socios más animosos incluso llegaron a aprenderse las estrofas de memoria para recitarlas en las celebraciones familiares. Cuando habían pasado diez años, los versos seguían tan vivos como el primer día y la prestigiosa Ilustración Gallega y Asturiana volvió a publicar la parte escrita en asturiano por Teodoro.
Seguramente aquello espoleó al matemático que en 1881 cogió otra vez la pluma para escribir desde su tierra una continuación llena de ingenio. Como era de esperar, fue nuevamente apostillado por «el cantor d'Asturies» y finalmente todo se publicó en un librito: «Andalucía y Asturias (polémica en los dialectos andaluz y bable)», acompañado de otras pequeñas composiciones también en asturiano. No hace falta contarles la evolución que desde entonces ha seguido nuestra lengua, pero deben saber que el andaluz, aunque en menor medida, también es reivindicado como idioma propio por algún sector del nacionalismo de aquella región -que haberlos, haylos-, y que la profusión de zetas y de yes, como se llaman ahora estas letras, que Diego Terrero empleó en su texto festivo, se defienden también como seña de identidad de nuestros hermanos del sur.
ANDALUCÍA Y ASTURIAS POLÉMICA EN ANDALUZ Y BABLE POR DIEGO TERRERO Y TEODORO CUESTA
Lo que debemos buscar es la clave de la tremenda popularidad de estas estrofas, que han vuelto a ser reeditadas en varias ocasiones y cuyos versos vienen salpicando los álbumes de fiestas de nuestros pueblos desde hace más de dos siglos.
Los dos autores confrontaron con habilidad todo aquello de lo que presumen sus respectivas regiones: les fabes contra el gazpacho, el vino de Jerez contra la sidra? el folclore, los paisajes, la historia, incluso la vestimenta. Así definió Diego Terrero a las monteras piconas en su defensa del sombrero cordobés: «eza ezpecie e candiles / que yevan en la cabeza, / y que tendrán mucha gracia, / pero que mí me revientan.»
Y no dudó en criticar hasta el aspecto físico de las asturianas que tanto ponderaba Teodoro: «¿Zon ezas que tiene bocio / y que hay por Mieres y Lena, / toitaz yenaz e collares / pa taparze laz paperaz?»
Seguramente si se escribiese esta broma en nuestros días, tan equilibrados y tan tristes, sería criticada, tanto por incluir a las mujeres en el escaparate del tipismo de los pueblos, como por sumar a la chanza los síntomas de una enfermedad, que entonces abundaba realmente en nuestras aldeas, pero entonces nadie reparaba en estas cuestiones. Por el contrario otras partes del librito resultan más fáciles de asociar con la ironía y de momento no creo que nadie se sienta ofendido por estos versos, aunque algunos se empeñen en tensar esta cuerda: «Cuando jizo dios er mundo / dicen que puzo ezta tierra / en er sitio preferente / jácia su mano erecha / y a Aztúriaz la colocó / como ez naturá a la izquierda, / por ezo la probesiya / ziempre z´encuentra entre niebla / y el jermoso azul der cielo / muy rara vez ze presenta / dos años estuve ahí y zi no zargo m´entierran.»
Aunque la contestación del gran Teodoro a esta cuestión puso las cosas en su sitio:«Guapa to tierra ye, mas a la mía / por muncho qu´espatuxe Andalucía / ¡Ay mialma! Non i allega, y diez Españes / non valen lo qu´escuenden sos montañes.»
La calle Teodoro Cuesta (La Pasera), en Mieres a principios del siglo XX
No se conoce el caso de que nadie, andaluz o asturiano, tomase a mal estos versos, al contrario, su publicación ayudó en su día a que los dos pueblos se conociesen mejor y aunque hoy la antropología reniega de los tópicos y las simplificaciones a la hora de comprender al «otro», sea éste español de otra región o inmigrante de quién sabe qué país, les aseguro que cuando estas cosas se abordan con humor sirven para romper el hielo y romper la distancia con alguien que la mayor parte de la veces lo va a agradecer. Y se lo digo desde mi trabajo en un instituto en el que conviven alumnos de 15 nacionalidades.
Por su parte Teodoro Cuesta y Diego Terrero mantuvieron su relación hasta el final de sus días. El gaditano falleció primero y el de Mieres le despidió con un poema dedicado a su memoria del que no me resisto a copiar otros 4 versos, porque pocas veces he visto resumido de una forma tan bella el deseo de recordar para siempre al que se va: «Y mientres aliende n'aquisti desiertu / que lluegu dexamus al soplu de Dios / barrúntote vivu, pa mí nun tas muertu, / pos dientro del alma vivimos los dos».
En 1895, la dama negra vino a llevárselo también a él. A pesar de que en aquel momento ya era reconocido como el más grande de los poetas asturianos y de que su entierro fue acompañado por una multitud en la que abundaron los ilustres de la época, pasó sus últimos meses casi en la miseria y se cuenta que antes de morir tuvo que deshacerse de su querida flauta de plata.
Allá donde esté, espero que me perdone por cogerle prestados dos versos para dedicárselos al impresentable personaje con el que empezaba esta página?aunque como seguramente nunca lo va a leer, se va a ahorrar el traductor, ¡Qué suerte tiene!:«y fales por falar, pos en sustancia / cuando falta razón sobra falancia».
 Ilustración de Alfonso Zapico
FUENTE: ERNESTO BURGOS - HISTORIADOR


Ernesto Burgos Fernández nació en Mieres (Asturias) el 7 de julio de 1957.

Licenciado en Geografía e Historia por la Universidad de Oviedo (1979). Diploma de Estudios Avanzados en Arqueología Histórica («La romanización en las cuencas mineras del sur de Asturias» 2006).Profesor de Educación Secundaria, ha trabajado en los institutos «Juan de Herrera» (Valladolid), «Sánchez Lastra» (Mieres), «Camino de La Miranda» (Palencia), «Valle de Aller» (Moreda) y desde 2006 en el IES «Mata Jove» de Gijón.


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Teodoro Cuesta (Asturies, 1829-1895)
 Estatua de Teodoro Cuesta: delante del Ilmo Ayto de Mieres. El monumento al poeta mierense Teodoro Cuesta, realizado por el escultor Arturo Sordo fue trasladado varias veces de sitio hasta la actualidad, cerca de la casa natal del poeta en La Pasera.

http://epdlp.com
El más popular de los poetas asturianos nació en La Pasera (Mieres) y fallecido en 1895 tras una vida llena de apuros económicos pero también de optimismo y buen humor. Huérfano de padre, a los quince años abandona los estudios y comienza a trabajar como cajista. Entre las muchas actividades mal pagadas que desempeñó estuvieron las de impresor, gacetillero y periodista en Gijón, maestro de música en Mieres, tocador de xiblata, y empleado de beneficencia en Oviedo. A los dieciséis años lee en el Liceo ovetense su primer poema La mendiga y a continuación comienza los estudios de música, a los que se dedicó mayormente hasta que, en 1876, se hace cargo de la administración del Hospicio. Desde entonces se entregó a la literatura, contando siempre con el fervor del público que lo seguía entusiasta a todas las fiestas, tanto populares como de la alta sociedad, que lo trataba paternalmente, y donde acostumbraban a invitarlo para leer sus poemas. Teodoro Cuesta llevó una vida muy pobre hasta el punto que, sólo unos meses antes de fallecer, se vio obligado a vender la prenda que más quería y que pensaba dejar como herencia a sus hijos: la xiblata de plata. Sin la profundidad cultural de su contemporáneo Acebal, más centrado en lo cómico y colorista, Teodoro Cuesta fue un autor fundamental en la vida cultural de los asturianos a los que les enseñó a querer y creer en su lengua con un espíritu amable y optimista, que lo hace permanecer vivo en la memoria popular como ningún otro escritor ni artista de este país. En 1990 el Principado dedicó a Teodoro Cuesta la Semana de les Lletres Asturianes; con este motivo se publicó la Poesía completa de Cuesta conocida hasta ese momento; cinco años después la Academia de la Llingua Asturiana publicó Dellos poemes más.

El monumento en su actual emplazamiento de La Pasera
FUENTE: http://epdlp.com
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 ÁNGELES LÓPEZ CUESTA (La nieta de D. Teodoro Cuesta), "Texto en bable"
 
Ángeles López Cuesta
Nieta de Teodoro Cuesta, nació en Cangues en 1892. Con dos años treslládase cola familia a vivir a Uviéu y ellí va pasar tola so mocedá. De 1904, de la qu’Angeles López Cuesta tenía namás doce años, daten los sos primeros escritos: versos y obrines de teatru infantiles. Casó en 1914 col inxenieru Ramón Morán, col que tuvo dos fíos; cuatro años depués, el so home muerre y ella queda vilba. En 1922 volvió a casar col médicu Luis Laredo, col que va tener otros tres fíos. Republicanu del partíu d’Azaña, Laredo ye’l primer alcalde d’Uviéu del nuevu réxime ente 1931 y 1932; nes elecciones del 36 sal elexíu diputáu a Cortes. Por mor de la derrota republicana na Guerra Civil el matrimoniu Lopez Cuesta–Laredo tien de colar pal esiliu. Residen primero nel País Vascu francés y más tarde en México. En 1943 muerre Luis Laredo; tres años depués, Ángeles vuelve a España y vive ende unos venti años a caballu de Madrid y Santiago de Compostela. A finales de los años sesenta va a vivir cola so fía María Luisa, casada con un diplomáticu, y pasará per Portugal, Bélxica, Madrid y Washington, p’acabar residiendo a la fin en México cola mayor de les fíes. En México diba D.F. fallecer la escritora asturiana n’ochobre de 1989.
Ángeles López Cuesta, pertenez, xunta Matías Conde, Emilio Palacios o Celso Amieva, a la xeneración d’escritores que tuvieron d’esiliase al términu de la Guerra Civil. Ye tamién la única autora qu’escribe sobre episodios d’esa traxedia (na edición que fixo Antón García de les sos poesíes, hai delles composiciones sobre la guerra y la represión de los vencedores, personificao nel asesinatu d’un amigu) y sobre les consecuencies del desarraigu del esiliu. Talo y como señala Antón García na introducción al únicu llibru estampáu de López Cuesta, Cartes a la catredal d’Uviéu (1995) nun s’escribieron los sos versos cola intención de publicase, sinón a modu de cartes a amistaes d’Asturies y del esiliu o como propiu desfuegue íntimu de l’autora. López Cuesta practica un tipu de poesía qu’entronca cola lliteratura popular asturiana (nótase abondo la influyencia del so güelu Teodoro) y qu’alcuando dexa entever rellumos lorquianos, como nel so poema “A Pepe Prida na so muerte” (publicáu por Celso Peyroux na so antoloxía Sombra del camino en 1990.) (v. Antoloxía): “Lluna, llunina querida / ¡Ai, lluna, llunina maxa / la qu’en mio tierra llucía / dengue y mandilín de plata”.
Escultura de Teodoro Cuesta en (Mieres). Ana Belén Rodríguez. Asociación Semeya
FUENTE:  http://www.araz.net
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