11 de diciembre de 2016

Las historias de alcoba de la realeza española están llenas de placeres prohibidos

Los secretos de alcoba de los reyes españoles
Retrato de Isabel II con la princesa de Asturias, Isabel, niña, de Franz Xavier Winterhalter (Palacio Real).
Homosexualidad, sadismo, afrodisíacos mortales, noches de bodas terroríficas, adictos al sexo, violaciones… la crónica oculta de la corona española
Ilustracion de Alfonso Zapico para el artículo de Ernesto Burgos "El braguetazo de un guardia de corps"
Isabel II, "La Golfona"
Las historias de alcoba de la realeza española están llenas de placeres prohibidos. Muchos de ellos fueron víctimas de la sociedad de la época, en la que la moral era un barrera para dar rienda suelta a los deseos íntimos.
En el vocabulario de la época, las coplas  describían a Isabel II, como “golfona”. La reina –aunque, en realidad, era la regente, y Francisco de Asís de Borbón ostentaba el título de rey consorte–, acaparó demasiadas atenciones a cuenta de sus interesantes devaneos sexuales.

La reina Isabel II
Tal como cuenta Mado Martínez en la edición de junio de Historia de Iberia Vieja, el de “golfona” es el apelativo más suave que una mujer recibía en la sociedad androcéntrica decimonónica cuando hacía gala de su libertad sexual. Tal vez una de las principales causas por las que la regente buscaba alivio en otros hombres era que su marido era homosexual. Eso es, al menos, lo que pensaba el pueblo llano, que se refería al Borbón como “la Paquita”. Esta es una de las coplas que corrían en la época:
Gran problema es en la Corte,
Averiguar si el Consorte
Cuando acude al escusado
Mea de pie o mea sentado.
Hay quien niega la homosexualidad del marido de Isabel II, porque al parecer fue padre legítimo de doce niños, claro que con su esposa Isabel II es difícil saber quién era realmente el padre de los retoños.
Antes que él, Enrique IV (hermano de Isabel la Católica), apodado “El Impotente”, dio mucho que hablar sobre este tema.
Enrique IV, "apodado el impotente"
Enrique IV, El impotente
Desde la época de las Cruzadas, la homosexualidad era frecuentemente utilizada en el seno de las realezas cristianas como arma arrojadiza, un dardo envenenado con el que acabar con la reputación de un enemigo político. Y puede que, tal vez, fuera esto lo que le pasó a Enrique IV, apodado “El impotente”.
El obispo de Segovia, Luis Vázquez de Acuña, declaró nulo su matrimonio con Blanca I de Navarra, por una impotencia sexual. Lo curioso es que esta impotencia habría sido por culpa de un maleficio, un hechizo en toda regla.
Según desvelamos en nuestro tema del mes, el mismo monarca había intentado sin éxito consumar el acto durante tres años y ¡jamás lo había conseguido!
Su dificultad para procrear, sus numerosos conflictos con la nobleza y el hecho de que se rodeara de válidos, a los que colmó de favores y con los que pudo haber mantenido relaciones sentimentales, convirtieron a Enrique IV en un rey entre sombras que llegó a ser, incluso, despojado de sus cargos.
¿Le gustaban a Enrique IV los hombres, prefería la compañía femenina, o gozaba de unos y otros por igual, participando en tríos? La respuesta en nuestra edición de junio.
Felipe IV
Felipe IV, adicto al sexo
“Un hércules para el placer y un impotente para el gobierno”. Con estas palabras definió el historiador alemán Pfandle, a Felipe IV. Y es que el monarca se ganó la fama a pulso.
Fue el rey que más hijos legítimos tuvo (concretamente, trece) en toda la historia de España, sin contar con los ilegítimos.
Paradójicamente, sólo dejó un heredero (el enfermizo Carlos II). Tenía fama de promiscuo y de ser un auténtico obseso sexual. Por su cama pasaron nobles, plebeyas, ricas, pobres, prostitutas, actrices y hasta monjas.
El Rey Planeta -como se le conocía- gobernó España desde temprana edad, a los 16 años. Pronto mostró una desmedida afición por las mujeres de toda clase social, y asistía también a las representaciones que se celebraban en los teatros populares de Madrid, en el Corral de la Cruz y en el Corral del Príncipe, a donde iba de incógnito en busca de placeres mundanos y aventuras amorosas. En una de aquellas visitas secretas al teatro, el monarca se quedó prendado de la belleza de María Inés Calderón, conocida popularmente como “la Calderona”, quien le daría un hijo, el bastardo don Juan José de Austria, personaje que tendrá un importante papel en la política española años más tarde.
Mientras él disfrutaba de sus devaneos,  el gobierno del país estaba en manos de válidos, el más importante de los cuales sería don Gaspar de Guzmán y Pimentel, el Conde-Duque de Olivares.
Jaime III
Jaime III, el vicioso
Pero no solo en la Corona de Castilla pasaban estas cosas, sino también en la Corona de Aragón, donde los verdaderos motivos de la abdicación de Jaime III fueron escandalosos para la época.
El Infante Jaime de Aragón, que estaba llamado a heredar el reino no llegó a hacerlo de facto jamás.
Intentaron casarle a la desesperada. De hecho, estaba prometido desde la más tierna infancia con la infanta Leonor de Castilla. Se excusó diciendo que no quería ser rey, que lo que verdaderamente deseaba era ingresar a la vida monástica. Al parecer, el consejero de confianza de su padre, Gonzalo García, le dijo que entendía perfectamente que quisiera renunciar a todo por amor a Dios,y que el joven le contestó: “A Dios no, don Gonzalo, sino a otra cosa”. Aún así, lograron casarle, aunque el matrimonio quedó sin consumar, y el infante renunció al trono logrando salirse con la suya.
Los motivos de su renuncia no fueron, ni mucho menos, religiosos. Zurita, en sus Anales de la Historia escribe: “Pareció haber dejado la dignidad que tenía y la que esperaba tener como una pesada y molesta carga, para que con mayor libertad se pudiera entregar a todo género de vicios, según después se conoció, con gran indignidad no solo para su casa y sangre, sino incluso de la religión que había profesado”.
Fernando el Católico
La 'Viagra' que se llevó a la tumba a Fernando el Católico
Dice el refranero español que de lo que se come se cría, así que cuando Fernando el Católico, estando ya viudo de Isabel la Católica, decidió casarse con la lozana Germana de Foix para engendrar un heredero y ocupar así los tronos de Castilla y Aragón, dando esquinazo a su hija Juana, se obsesionó con uno de los placeres culinarios más particulares de la gastronomía española: los testículos de toro.
En la tradición ibérica se creía que la virilidad y fuerza del animal se transmitían a los varones que se las comían.
Esta receta, como decían en la época: “face desfallecerse una muxer debajo del varón”. Son muchos los que creen, erróneamente, que Fernando El Católico murió por un empacho de criadillas, aunque sí murió a causa de la otra pócima afrodisíaca y milagrosa: la cantárida o mosca española (lytta vesicatoria).
El problema que presumiblemente tenía el rey católico es que ya estaba entrado en años y acusaba cierta disfunción eréctil, por lo que la cantaridina (el tóxico obtenido de escarabajo que consumido por vía oral provoca la irritación de las vías urinarias y la erección del pene) se convirtió en su remedio de cabecera a la hora de perseguir el tan ansiado heredero. El tóxico fue envenenándole lentamente hasta hacerle morir de nefritis, según los síntomas mostrados durante sus últimos meses de vida.
Cristóbal TORAL según Francisco de GOYA. Según La Familia de Carlos IV de España, inspirado del cuadro original de Francisco de GOYA (1801), óleo sobre tela, 1974-1975
FUENTE: HISTORIA DE IBERIA VIEJA - http://www.historiadeiberiavieja.com
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1 comentario:

  1. A estas alturas de la historia no encuentro sentido alguno a que siga siendo necesario darles su papel a familias llamadas reales por haber sido reyes sus antepasados, los que en su gran mayoría no nos han dejado precisamente un buen ejemplo a seguir...me parece un completo absurdo pasarles a estos últimos la antorcha que dejan los que se van...No le encuentro sentido a que sigan ahí chupando del bote con más de lo mismo...sabiendo lo que se sabe y viendo lo que se ve...(aparte de los escándalos de índole sexual de todos los tiempos que hemos conocido, en este momento concreto me escandaliza enormemente ver como ciertas princesas y reinas parece que han de estar dedicadas a lucir un sin fin de modelitos y arreglos estéticos en su piel y demás, como si fueran modelos de prestigiosos modistos, o su profesión en el mundo del espectáculo las obligara a mantenerse diez años más jóvenes a la vista del espectador...y especialmente, como no, de los productores y empresarios dedicados al tema para que las tengan en cuenta a la hora de buscar protagonistas para sus películas...(me pone enferma encontrarme en las revistas de la peluquería con tanto despilfarro...por mucho menos pienso que guillotinaron a la reina de Francia, María Antonieta, de la que se dijo que era una despilfarradora) Hay que guardar las formas, claro...pero en nuestro tiempo las princesas y las reinas, solamente para los cuentos de hadas -, que ya no sé si ni tan siquiera interesan a las niñitas "resabidas", adelantadas a su verdadera edad que tenemos hoy, gracias al tan cacareado progreso...

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