4 de junio de 2014

Silverio Cerra, de Valdecuna (Mieres), era profesor de antropología en el seminario de Oviedo y relató la historia del «exilio» y retorno de la Santina de Covadonga.

Un trabajo de Silverio Cerra

                            El sacerdote Silverio Cerra.

El sacerdote mierense, recientemente fallecido, narró el traslado de la imagen de la Santina desde París hasta el santuario de Covadonga.

                          Silverio Cerra en 2011. | Luisma Murias

Invitación al homenaje que el domingo 18 de mayo de 2014, iba a protagonizar el sacerdote Silverio Cerra. / E. C




El día 18 de mayo, justo al celebrarse sus 50 años como cura con una misa en la iglesia de Valdecuna, apareció muerto el sacerdote mierense Silverio Cerra Suárez, a quien se había dado por desaparecido unas horas antes. La culpa la tuvo un desgraciado accidente cuando estaba visitando por enésima vez las capillas del Monsacro. El fallecido era profesor en el Seminario de Oviedo y se había dedicado a la investigación de temas religiosos relacionados con Asturias. Tenía 76 años y siempre mantuvo una estrecha vinculación con el valle de Cuna, especialmente con el santuario de los Mártires Cosme y Damián de cuya fiesta fue pregonero y sobre el que editó en 1992 un libro con el subtítulo "Una fiesta tradicional. Una historia memorable. Unos santos admirables".
No recuerdo haber hablado nunca con él, así que ni puedo ni debo añadir otros datos a estos que he citado y que se pueden obtener en las biografías que ya están publicadas; sin embargo sí me gustaría decir que siempre me gustó leer sus escritos porque, al margen de sus inevitables comentarios religiosos -lógicos y respetables-, abordan con rigor y profundidad temas que otros historiadores solo han tratado de manera superficial.
Hoy quiero resumir en esta página una de sus investigaciones más interesantes y que él abordó alejado de cualquier prejuicio ideológico: el "exilio" de la imagen de la Virgen de Covadonga durante la Guerra Civil, protegida por conocidos personajes del bando republicano.
Esta historia curiosa que está recogida en las publicaciones del Foro Covadonga se inició en el momento del golpe militar, cuando la Santina fue escondida en un armario ropero del hotel Pelayo para evitar que sufriese algún daño. Allí estuvo custodiada por una joven socialista, hija del mecánico "Julio el de los Ingleses", que era la responsable del departamento de lencería del establecimiento. Muy pocas personas conocían el secreto, entre ellas el médico y diputado de Izquierda Republicana Luis Laredo y su esposa Ángeles López-Cuesta. Ésta, que era católica, acudía a menudo a rezar a la habitación que guardaba la imagen hasta que en diciembre de 1936, cuando se creó el Consejo Interprovincial de Asturias y León, el control del santuario pasó a otras manos con lo que la familia del político republicano decidió llevar a la Virgen hasta Gijón. El traslado fue responsabilidad del consejero de Propaganda Antonio Ortega, amigo de Luis Laredo y del escultor Antonio Goicoechea Aguirre quien se encargó de depositarla en el Ateneo Obrero.
En Gijón, fue exhibida en abril y mayo de 1937 en sendas exposiciones organizadas por Ortega, quien pretendía crear un Museo Popular de Arte, pero ante la evidencia de que Asturias estaba apunto de caer en poder de los franquistas, se acordó en septiembre de 1937 el traslado a Valencia. La misión le fue encargada al anarcosindicalista Eleuterio Quintanilla, un hombre ponderado y de toda garantía que debía conducirla a su destino vía Burdeos, pero los acontecimientos bélicos hicieron que los planes se torcieran y finalmente la Virgen acabó en la embajada española de París.
Siempre según Silverio Cerra, allí permaneció mientras los católicos españoles desconocían su paradero y casi todos la daban por perdida para siempre, hasta que en marzo de 1939, el franquismo reemplazó con sus nuevos diplomáticos a las autoridades republicanas en las delegaciones extranjeras y se hizo cargo de las oficinas de París. Al parecer, días antes, un joven comunista asturiano que prestaba allí sus servicios, había avisado a un fraile claretiano para que la imagen no pudiese perderse con la evacuación de la Embajada. Una vez localizada se informó a Franco y el 25 de marzo este ordenó al Gobernador Cívico-Militar de Asturias, coronel José Ceano Vivas, que se dispusiese su vuelta al Santuario.
El hallazgo no tardó en ser utilizado como arma de propaganda por el Régimen: el 28 de abril de 1939 la Jefatura del Estado concedió los máximos honores militares a la imagen de Nuestra Señora de Covadonga y fue un general, el Vicepresidente del Gobierno Francisco Gómez Jordana, y no un obispo, el encargado de trasladarla a España en un largo periplo que se inició el día 10 de junio con la salida de la capital francesa escoltada por una caravana de 20 coches. Aquella misma noche llegó hasta la iglesia parroquial de Hendaya, donde la esperaba el comité de recepción encargada de llevarla a las montañas asturianas.
A partir de este momento, el buen trabajo de Silverio Cerra se limita ya a ir relatando el viaje de la imagen en un automóvil, transformado en capilla, que había sido enviado por el general Aranda; pero su labor de investigación ya está cerrada y solo refleja la información que proporcionaron en su día los diarios y lo que le contaron quienes lo vivieron de cerca. Por ello preferimos ir directamente a las fuentes y traer aquí un resumen del paso de la imagen por la Montaña Central obtenido del periódico "Voluntad", que se subtitulaba "diario de la revolución nacionalsindicalista de Falange Española Tradicionalista y de las JONS", empleando el lenguaje triunfalista y grandilocuente que el nuevo régimen hizo habitual,.
La Virgen entró en Asturias a las cuatro y media de la tarde del día 13 de junio de 1939 seguida por una multitud, que se había desplazado hasta el puerto en autocares y trenes especiales. Iba sobre unas andas de bronce dorado, fabricadas expresamente para la ocasión y con las que iba a ser paseada en hombros por los principales núcleos de la región en una ceremonia que nos recuerda inevitablemente el traslado del cuerpo de José Antonio, también llevado de esa forma por sus seguidores desde Alicante hasta el Valle de los Caídos.
Según Voluntad "No había modo de contener al público que se agrupaba en torno a la imagen por lo cual tardó en organizarse la procesión. Después de grandes esfuerzos se consiguió poner el cortejo en marcha. En primer lugar iban las banderas portadas por cadetes de Falange. A continuación, un gran gentío entre el que figuraban los estandartes pertenecientes a diversas cofradías. Luego una sección integrada por asturianos del Tercio de Nuestra Señora de Covadonga precedidos de la imagen, la que iba escoltada por un pelotón de requetés de la misma unidad y otro de carabineros".
Aún viven muchos testigos que pueden recordar lo que ocurrió en los días siguientes a su paso por los valles mineros. Seguimos con el diario falangista: "El traslado de la Virgen de Covadonga desde Pola de Lena hasta Mieres alcanzó proporciones apoteósicas inconcebibles. Por los pueblos del tránsito se levantaron arcos triunfales, hubo disparos de cohetes y muchos mineros acudieron a presenciar el desfile llevando cartuchos de dinamita que hacían explotar en honor a la Virgen de las batallas".
También en Turón. "La llegada a Turón fue algo de emoción singular. Millares de personas se agolpaban al paso de la imagen besándola el manto con unción fervorosa". Y por supuesto en el valle del Nalón, donde se produjo la curiosidad de que debido a los destrozos que había sufrido la Iglesia durante la contienda, se habilitó en el parque Dorado una cueva que intentaba reproducir la que alberga a la imagen en su santuario, "En Langreo con gran entusiasmo se celebró en esta villa el recibimiento de la Santina. El pueblo en masa se echó a la calle a la hora de la llegada y con gran fervor religioso la acompañó procesionalmente".
Luego, la comitiva pasó por Oviedo y siguió su zigzag por las principales parroquias hasta que el día 6 de julio de 1939 concluyó la última etapa, entre Cangas de Onís y Covadonga con una marcha a pie de más de 10.000 personas, que pusieron el punto final a la aventura de la patrona de Asturias. Un episodio que hoy podemos conocer en sus detalles gracias al empeño de Silverio Cerra. Nuestro pésame a quienes lo quisieron.


                      Ilustración de Alfonso Zapico.
 
FUENTE: ERNESTO BURGOS.
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La Santina republicana. (Miercoles 2 de junio de 2007).
                Antigua foto del camarín de la Cueva de Covadonga, sin la imagen de la Santina.
Hace 70 años, la Virgen de Covadonga salió del real sitio hacia Gijón y después fue llevada a París, bajo protección de las autoridades frentepopulistas.
           La Santina en Arriondas al regreso del exilio en París en 1939. http://www.arriondas.com


http://www.lne.es.
Lo recogía sucintamente una copla popular entonada durante la guerra civil en Asturias: «La Virgen de Covadonga / ye pequeñina y galana / marchóse con Quintanilla / porque ye republicana». En efecto, a comienzos de 1937, hace ahora 70 años, la imagen de la Santina abandonaba el real sitio camino de Gijón, de donde partiría después hacia Francia.
Respetada en varios momentos de ese periplo por los mandatarios frentepopulistas de la Asturias republicana, la venerada imagen de la Virgen sobreviviría excepcionalmente a lo que el obispo Antonio Montero denominó -en su estudio «Historia de la persecución religiosa en España (1936-1939)»- «el martirio» de los bienes eclesiásticos.
Según dicha obra, serían 354 los templos totalmente destruidos en Asturias y 287 los parcialmente dañados. Los ajuares litúrgicos correrían la misma suerte y, en un país tan particularmente cultivador de la imagenería religiosa como España, las efigies de vírgenes, santos y otras figuras de piedad serían arrasadas. Un botón de muestra: la fotografía de unos milicianos fusilando al Sagrado Corazón del Cerro de los Ángeles daría la vuelta al mundo.
La destrucción de bienes inmuebles, muebles y artísticos alcanzó una tasación de 900 millones de pesetas, según cálculo que el ministro de Gobernación, Ramón Serrano Suñer, realizó al final de la guerra.
En medio de ese panorama, la excepción de la Virgen de Covadonga contiene elementos interesantes. La Santina fue republicana, o mejor dicho, propiedad republicana. Y, como tal, sufrió exilio, aunque retornaría, en junio-julio de 1939, en loor de multitudes y a hombros de los asturianos, en actos concurridísimos programados por la Iglesia y el nuevo régimen para reafirmación religiosa y nacional.
Pero antes los «rojos» la habían custodiado. Incluso una mano comunista nunca identificada la protegió del pillaje en la Embajada de París, donde permaneció encajonada cerca de dos años.
La historia del «exilio» y retorno de la Santina ha sido estudiada minuciosamente por el sacerdote Silverio Cerra, profesor de Filosofía, y sus últimas aportaciones están siendo recogidas en las publicaciones del Foro Covadonga, de reciente creación.
Relata Cerra que la guerra civil llegó a Covadonga el 6 de agosto de 1936, cuando jóvenes milicianos de Cangas de Onís acceden al santuario al atardecer. A partir de ese momento, los miembros del cabildo son detenidos y encarcelados, y la basílica, las dependencias capitulares y la cueva son clausuradas. La Santina permanece en su altar del camarín, el diseñado por Roberto Frassinelli -el «alemán de Corao»-, y bloqueada por las verjas de la santa cueva. A finales de septiembre se detecta que han sido robadas su corona de plata, la rosa de oro de su mano y las vestiduras de filigrana. Días después desaparece la imagen. Los robos se habían sucedido en Covadonga. Las provisiones de los hoteles, los muebles y objetos de las viviendas capitulares, las joyas donadas como ex votos al santuario y la biblioteca de la colegiata fueron objeto de rapiña. Las vestiduras sagradas y las cortinas acabaron en sastrerías de la zona, de manera que «en Cangas se comentaba de qué ornamento o cortina habrían salido ciertas cazadoras o faldas», relata Cerra.
Para entonces, la basílica de Covadonga había sido utilizada como cinematógrafo y salón de baile, y el conjunto del real sitio, como centro hospitalario. El hotel Pelayo sería clínica de infecciosos tifoideos.
No se sabe quién, pero alguien había sacado la Santina de la cueva y la había escondido en un armario ropero de dicho hotel, donde era tutelada por Marina, hija de un mecánico de Covadonga, «Julio el de los Ingleses», y responsable del departamento de lencería, detalla Silverio Cerra
Marina y su novio eran socialistas, lo que no impidió una estrecha vigilancia de la imagen. Ante el armario acude a rezar frecuentemente Ángeles López-Cuesta, esposa de Luis Laredo, médico y diputado de Izquierda Republicana, que residía en las casas de los canónigos, vivienda entonces para políticos de la República. Ángeles López-Cuesta era mujer piadosa y de las pocas personas que conocían el paradero de la Santina. Cuando visitaba la imagen con sus hijas pequeñas, rezaba manteniendo cerradas las puertas del armario, para que las niñas no se fueran después de la lengua. Un día, una de sus hijas preguntó: «¿Por qué venimos a rezar a este armario del Pelayo si tenemos tantos armarios en casa?», según recoge Cerra en sus investigaciones.
Según explica el sacerdote, la suerte de la Santina cambiará en diciembre de 1936, cuando se crea el Consejo Interprovincial de Asturias y León, bajo Belarmino Tomás, y la Consejería de Sanidad -de la que dependía Covadonga- deja de estar dirigida por miembros de Izquierda Republicana, moderados, y pasa a Ramón Fernández Posada, de las Juventudes Libertarias. Será nombrado director de Covadonga Agapito González, fontanero de Las Caldas y presidente de las Juventudes Libertarias, quien expulsa del real sitio a Laredo y familia. Ante este hecho, Ángeles López-Cuesta, temerosa por el destino de la Santina, manda aviso a Gijón al consejero de Propaganda, el profesor y escritor Antonio Ortega, conocido suyo.
Ortega encarga al escultor Goico-Aguirre -Antonio Goicoechea Aguirre- que recoja la imagen de Covadonga y la traslade a Gijón. Ortega y Goico-Aguirre se distinguirán durante la guerra civil por una decidida campaña de salvación del patrimonio artístico asturiano.
Les amparaba una disposición de la Consejería de Instrucción Pública -regida por el comunista Juan Ambou- que prohibía la apropiación o destrucción de objetos artísticos. Dicha norma establecía «la concepción materialista del arte y la extensión de la cultura, hasta hoy monopolizada, a todo el pueblo».
Goico-Aguirre viaja a Covadonga en un Ford negro. Recoge un gran paquete y lo lleva a Gijón, donde es guardado en un armario del Ateneo Obrero. Silverio Cerra juzga en este punto que no es cierta la historia de que Indalecio Prieto pidió el traslado de la Santina a la Embajada de París.
La imagen de la Virgen y otros bienes artísticos serán objeto de sendas exposiciones populares de arte en el Ateneo Obrero, en abril y mayo de 1937, organizadas por el departamento de Propaganda que dirigía Ortega. La idea ulterior era la de crear un Museo Popular de Arte acorde con los antiguos proyectos de Jovellanos.
Pero un nuevo giro iba a producirse en el destino de la Santina a medida que el frente Norte ahogaba a la Asturias frentepopulista. El Gobierno republicano de Valencia pide salvar los tesoros artísticos, y el Consejo de Asturias y León acuerda el traslado. Lo encarga a Eleuterio Quintanilla, anarcosindicalista, profesor y «santo laico» para los cenetistas, según recuerda Cerra.
En septiembre de 1937, Quintanilla sale en un barco inglés del puerto de Gijón, El Musel, con el cargamento de objetos artísticos de Asturias, Santander y parte de León. La intención era trasladarlo al territorio republicano, a Valencia, a través de Burdeos. Pero la Santina y otros objetos nunca llegarán a ese destino, sino que acabarán en la Embajada española de París.
El 1 de octubre de 1937, el IV Tabor de Regulares de Alhucemas, las Brigadas de Castilla y la V Brigada de Navarra toman Covadonga. Franco dice desde Burgos: «En este día, aniversario de mi exaltación a la Jefatura del Estado..., ha sido clavada nuestra bandera junto a la cruz de Covadonga». El real sitio comienza a recomponerse católicamente, pero la imagen de la Santina no aparece.
Pasa año y medio y la guerra civil toca a su fin. En la Ciudad de las Luces, según relato de Silverio Cerra, un hombre se dirige al claretiano Joaquín Aller, director de la Misión Española en París, y le dice: «Yo soy un comunista asturiano... Es el caso que la Santina asturiana, patrona de mi tierra, está, entre otros tesoros artísticos, almacenada en la Embajada. Ésta va a ser evacuada y yo no quiero que esta imagen tan querida sufra más ultrajes».
El claretiano le pide a aquel hombre que la esconda y éste la oculta en un pequeño hueco, junto al ascensor. Cuando en marzo de 1939 las nuevas autoridades del franquismo entran en la Embajada hallan, en medio de cajas saqueadas, una sin abrir con el letrero «Virgen de Covadonga». Nuevamente, una mano izquierdosa había intervenido en la suerte de la Santina.
Según texto recogido por Cerra, el anarquista Ramón Álvarez Palomo (Gijón, 1913-2003) dejó escrito: «Ese símbolo de la cristiandad, al margen de toda creencia y desmintiendo la ferocidad que se nos atribuye, fue puesto a salvo... por los "rojos" y custodiado por el hombre más representativo del fondo humanista del anarquismo: Eleuterio Quintanilla».

Ya lo decía la copla: «Marchóse con Quintanilla / porque ye republicana».


FUENTE: J. Morán

Publicado en: La Nueva España, el miercoles 2 de junio de 2007.
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Imagenes de Covadonga sacadas de:  http://www.arriondas.com.


                  Antigua capilla y camarín de la Cueva, según proyecto de Roberto Frassinelli.


                Covadonga sobre el año 1925.



Obras en la Cueva en 1938.
Vista general de Covadonga a comienzos del siglo XX.

Coronas donadas por los asturianos para la coronación canónica de la Virgen el 8-IX-1918)


Himno oficial a la Virgen de Covadonga.
-I-
Bendita la Reina de nuestra montaña
que tiene por trono la cuna de España
y brilla en la altura más bella que el sol.
Es Madre y es Reina, venid peregrinos
que ante ella se aspiran amores divinos
y en ella está el alma del pueblo español.

-II-
Dios te salve Reina y Madre
del pueblo que te corona
y entre cánticos que entona
te da el alma y corazón.
Causa de nuestra alegría,
vida y esperanza nuestra,
bendice a la patria y muestra
que sus hijos tuyos son.

-III-
Como la estrella del alba
brilla anunciando la gloria
y es el pórtico tu gruta
del templo de nuestra historia.
Ella es el cielo y la patria,
y el heroísmo y la fe.
Y besa el alma de España
quien llega a besar su pie.

-IV-
¡Virgen de Covadonga, virgen gloriosa!
Flor del cielo, que aromas nuestra montaña,
tú eres la más amante, la más hermosa.
¡Reina de los que triunfan, Reina de España!
Nuestros padres sus ojos a ti volvieron,
y una patria adivinó.
Con tu nombre en los labios, por ti lucharon,
Con tu amor en las almas, por ti vencieron.

¡Virgen de Covadonga, virgen gloriosa!

(Este himno oficial a la Virgen de Covadonga fue el ganador entre los que se presentaron al concurso con motivo de la coronación canónica de la imagen el 8 de septiembre de 1918, de modo que cumple ya 96 años. La partitura premiada fue de Ignacio Busca de Sagastizábal, sobre letra del religioso agustino Restituto del Valle).

Francisco José Rozada Martínez
-Cronista oficial de Parres-

FUENTE: http://www.arriondas.com
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1 comentario:

  1. Muchas gracias por algo tan completo. Me gustaría conseguir la partitura de la canción "Bendita la reina de nuestra montaña...", pero no sé cómo encontrarla.
    Un saludo,
    Charo.

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