23 de junio de 2014

La última aventura del bandido madrileño Luis Candelas en Asturias

Luis Candelas, en Asturias

Antonio Espina (1894-1972)
http://ignaciogracianoriega.net
Con motivo del centenario de Antonio Espina (1894-1972), releemos su biografía «Luis Candelas, el bandido de Madrid», uno de los pocos libros suyos que lo recuerdan. Espina era un escritor menor, pero sin escritores «menores» no hay literatura grande. Madrileño, nacido en una familia intelectual y burguesa, abandonó los estudios de Medicina para dedicarse a la literatura y el periodismo; posteriormente intervino también en política. Redactor de «El Sol» y colaborador de «Revista de Occidente», escribió poesía («Umbrales», «Signado»), ensayos («Lo cómico contemporáneo», «El nuevo diantre»), biografías («Romea el comediante») y dos novelas, «Pájaro pinto» y «Luna de copas», no sólo «deshumanizadas» a la manera orteguiana, sino también descarnadas y sin vitaminas. En sus últimos años sobrevivió malamente como traductor y colaborador periodístico. «En su crítica predomina el escéptico; la sátira se torna caricatura por medio de la parodia; su humorismo es agrio», escribió Consuelo Burell. Recientemente se ha publicado una selección de su obra crítica con el título de «Ensayos sobre literatura».

 Escritor que, como señala Rafael Conte, evolucionó «de un modernismo escéptico en sus primeros poemas hacia un formalismo radical y hasta un vanguardismo exacerbado», se embarcó, como muchos otros colegas, en una República que en realidad era una revolución. Su caso representa todo el patetismo de los burgueses que se vuelven «compañeros de viaje» del socialismo. En su tiempo, los burgueses occidentales se hacían revolucionarios por coquetería o fascistas por instinto de supervivencia. Espina llegó a ser gobernador civil de Avila y de Mallorca, donde le sorprende -nunca mejor dicho- la guerra civil. Condenado a muerte, indultado por trastorno mental, protegido por Sánchez Mazas y frustrado exiliado a México -de donde regresó en 1955-, todavía le tocó recibir, en los primeros años sesenta, brutales ataques desde un planfeto universitario clandestino, en realidad dirigidos contra «Revista de Occidente», probablemente obra de algún marxista-leninista que en la actualidad acaso ocupa alto cargo.
La biografía de Luis Candelas es menos desdichada, por más coherente. Nacido en el barrio de Lavapiés dé Madrid en 1805, fue ajusticiado cerca de la Puerta de Toledo en 1837. Poco sospechaba Espina, cuando publicó esta biografía, en 1929, que él también conocería las angustias del condenado a muerte. Poco sabía también Candelas cuando emprendió su viaje en dirección a Asturias que iniciaba su última aventura.
Grabado de Luis Candelas. Autor desconocido.
El episodio asturiano de Luis Candelas es breve y poco conocido. El 12 de febrero de 1837 roba a Vicenta Mormín, modista de la reina. Por aquel entonces Candelas se hacía pasar por Álvarez de Cobos, indiano del Perú, y como tal enamoró a una joven ingenua (según Espina) llamada Clara María. El bandido tenía el propósito de huir a Inglaterra desde un puerto del Cantábrico que no estuviera amenazado por los facciosos, Gijón o Santander; entre sus planes futuros figuraba visitar Japón, algo realmente singular en aquella época. Haciéndose pasar por León Cañida, mercader de Madrid, y acompañado de Clara, se dirige a Asturias en un carruaje, con el pretexto de recoger una herencia en Gijón. Pero «al cruzar los riscos verdes y húmedos de las épicas montañas astures, (Clara) no experimenta la emoción tónica y serenísima de la Naturaleza», según escribe Espina, sino que le invade la melancolía. Llegan a Oviedo el 25 de marzo y en Gijón se hospedan en la fonda El Águila de Oro, la misma donde murió el marqués de las Marismas años más tarde. Pero Clara no se adapta; mucho menos quiere oír hablar de Inglaterra. Tal vez la niebla asturiana (y la que le aguarda en Inglaterra) influyen en su ánimo. Verdadero enamorado, Candelas decide dar vuelta atrás y es detenido en la venta de Alcazaren, cerca de Olmedo. Su visita a Asturias fue corta, y su destino final, el garrote en Madrid.
Con obras como ésta, el RIDEA corre el riesgo de convertirse en una sucursal del departamento de publicaciones de la Universidad. No porque carezca de interés, que lo tiene; pero de tan académica resulta espesa, por lo que su difusión sería más adecuada en otro ámbito más restringido.

Escena tomada durante el rodaje de la película "Luis Candelas. El ladrón de Madrid" http://www.sasua.net

Publicado por La Nueva España el 22 septiembre 1994 
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Luis Candelas


http://www.verkami.com
Luis Candelas Cajigal (Madrid, 9 de febrero de 1804 – Madrid, 6 de noviembre de 1837) fue uno de los bandoleros más famosos de la primera mitad del siglo XIX.
Nacido en el barrio de Lavapiés, de familia acomodada, cursó estudios en el colegio de San Isidro siendo aquí donde comienza la leyenda. Se cuenta que, estando en clase, un clérigo le dio una bofetada, a la que Candelas respondió dándole dos.
Fue expulsado del colegio, aunque no por ello dejó de estudiar por su cuenta y de leer todo libro que caía en sus manos.
Entre sus amigos de juventud se encontraban los golfos del barrio, algo que su padre no veía con buenos ojos. Sus intentos para lograr que su hijo cambiara de amistades fueron inútiles. Candelas empezó a meterse en líos en plena adolescencia. Con 15 años fue procesado por robo pero fue puesto en libertad.
A los 19 años muere su padre y por un momento decide encauzar su vida, dedicándose a ser librero. Pero ésta vida no estaba hecha para Candelas por lo que decide volver a la delincuencia, siendo apresado y condenado en 1821 a 6 años de cárcel por robo de dos caballos y una mula.
Formó una cuadrilla de bandoleros en 1835, reuniéndose en varias tabernas del centro de Madrid para planificar sus robos y, en caso de necesidad, ofrecer una guarida segura tras cada atraco.
Realizó diversas fechorías, cada vez más arriesgadas y con mayor botín, aunque nunca hirió a nadie ni gustaba de usar la fuerza bruta.

Hubo tres mujeres que marcaron su vida: Manuela Sánchez, viuda, con quien casó en 1827 y a la cual abandonó en las navidades de ese mismo año.
Lola La Naranjera, amante favorita del Rey Fernando VII, la cual ayudó en varias ocasiones a Candelas a escapar de la cárcel gracias a sus múltiples contactos.
Pero fue Clara, la última de las mujeres de su vida, la que le llevo finalmente al garrote.
Es en esta época, alrededor de 1834, con el rey muerto, la Primera Guerra Carlista en auge y con los liberales tomando el control del país cuando Luis Candelas comete el error que le llevaría a la muerte.
Organiza y ejecuta dos atracos importantes, asaltando a la modista de la Reina Isabel II en su taller, y al embajador de Francia y su esposa en una diligencia.
Perseguido por la justicia, huye con Clara hacia Inglaterra, pero cuando llegan a Gijón, Clara se hecha atrás, con lo que deciden volver a Madrid. Es detenido el 18 de julio de 1837 en la posada de Alcazarén, cerca de la Villa de Olmedo, desde donde le trasladan a la Cárcel de la Corte.
Acusado por más de 40 robos constatados, fue juzgado el 2 de noviembre, siendo condenado a morir por garrote vil. Pidió clemencia a María Cristina de Borbón, pero le fue denegada.
Murió el 6 de noviembre de 1837 con 33 años de edad. Se le ha adjudicado, cuando estaba al pie del garrote, la frase: «¡Patria mía, sé feliz!».

La figura de Luis Candelas ha inspirado múltiples coplas populares y también es uno de los protagonistas de la obra del escritor y periodista Nicolás González Ruiz
La muerte de Luis Candelas en el garrote Vil
 FUENTE:  http://www.verkami.com
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Espina, Antonio (1894-1972).

A Espina le tocó la misma suerte que a muchos escritores óptimos de esa generación: ser famoso y al mismo tiempo mal conocido. Su muerte, acaecida en Madrid un día cualquiera de febrero de 1972, no encontró el eco que otros decesos, menos ilustres, han encontrado. Para ser justos, hay que decir que don Antonio Espina murió injustamente olvidado.
http://www.mcnbiografias.com
Novelista, poeta y crítico literario madrileño. Escribió también numerosos artículos para publicaciones como El Sol, Crisol, Luz, España, Revista de Occidente, La Pluma y La Gaceta Literaria. Dirigió, además, Nueva España en colaboración con José Díaz Fernández y, en los meses anteriores a la guerra, el periódico Política, órgano de Izquierda Republicana. Tras la guerra, se exilió a México, aunque se vio obligado a regresar a España en 1955 al no haber encontrado allí un lugar adecuado a sus inquietudes.
Su obra poética se incluye dentro de la Vanguardia, aunque sin adscribirse a ningún movimiento concreto. Sus poemarios (Umbrales, de 1918, y Signario, de 1923) merecieron el elogio de Juan Ramón Jiménez. Su obra narrativa se divide en dos grupos: las obras de ficción, poco conocidas e incluidas dentro de la literatura "deshumanizada" (Divagaciones. Desdén, de 1919, mezcla de ensayo y cuento y Pájaro pinto, de 1927, Lo cómico contemporáneo, de 1928 y Luna de copas, de 1929.); por otro lado, sus excelentes biografías, a las que debió su fama en los años anteriores a la Guerra Civil, entre las que encontramos Luis Candelas, el bandido de Madrid (1929) y Romea o el comediante (1935). Después de la guerra, continuó cultivando este género con títulos como Cervantes (1943), Quevedo (1945) y Audaces y extravagantes (1959), colección de semblanzas. Destacó también por su agudeza como crítico literario.

Bibliografía:G. Gullón, ed., Poesía de la vanguardia española. Antología, Madrid, 1983.
 
Autor: GFSE. 

FUENTE: "Texto extraído de  http://www.mcnbiografias.com
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