1 de mayo de 2014

La Casa Rectoral de San Juan es todo un símbolo del reciente pasado de Mieres.

Una "casa rectoral" con mucha vida.

                  El cura Nicanor López Brugos, visto por dibujante Alfonso zapico.
El antiguo edificio de vivienda de la parroquia de San Juan, al servicio del pueblo.
                                           Nicanor López Brugos
Es difícil, por no decir imposible, erigirse en defensor de un simple inmueble como algo de auténtica personalidad, es decir, con mucha vida en su interior y "dispuesto" al servicio del pueblo. Pues, dicho sea de paso, Mieres lo tuvo durante bastantes años y lo tiene actualmente en manos de ese extraordinario movimiento redentor de la nefasta drogodependencia, concretamente de "Proyecto Hombre". Se trató y se trata de la Casa Rectoral de la parroquia de San Juan Bautista, principal del concejo de Mieres.
Pero no se crean ustedes que toda esta realidad vino rodada como un camino de rosas. Ni mucho menos. Para ello fue indispensable el relevo, en la titularidad parroquial, del sacerdote correspondiente. A saber, hasta Mieres llegó, en 1962, Nicanor López Brugos, de apellido más o menos conocido en Asturias y poco en esta santa plaza, pero con una terrible carga de inquietud solidaria en sus entretelas, lo que quedó demostrado, posteriormente, de forma concluyente y clara, siempre a favor de los movimientos reivindicativos del pueblo, hasta desembocar, contra sus criterios y deseos, en la declaración unánime de "Hijo Adoptivo de la Villa", y también de "Mierense del año".
Pero tampoco vayan a pensar nuestro lectores que el cura Nicanor, como se le conoce por estos lares, llegó sentando cátedra y estableciendo criterios totalitarios, con respecto a las instalaciones donde tradicionalmente residía el máximo responsable parroquial. Ni mucho menos. Curiosamente su afán de aperturismo y servicio comenzó con un singular movimiento juvenil plagado de innata rebeldía, de algo así, en aquellos tiempos de principio de los sesenta, como querer poner puertas al desierto. Allí, en sus sótanos, sentó sus bases de acción incontenible y de marchamo libertario de cara al futuro, la Peña Juvenil "La Cucaracha", jóvenes y adolescentes que hoy, por pura lógica del tiempo, muchos de ellos, los supervivientes, peinan buenas canas, entre ellos el popular cantautor de la tierra, Víctor Manuel. Precisamente al encontrarse este apéndice histórico del devenir de Mieres, en la disyuntiva de las bodas de oro de aquel nacimiento, llegan noticias de que se prepara la celebración del evento con interés y solemnidad. De ello se ocupará este espacio de LA NUEVA ESPAÑA cuando llegué el momento oportuno.

                                                                       Ilustración de: Alfonso Zapico.
Mientras tanto sigamos con la viveza y la prestancia de la Casa Rectoral (con primera letra mayúscula, porque lo merece), cuya imagen y parcela anexa, sirvió de gancho para algún "especialista" adelantado de la gran tormenta inmobiliaria que vio, con ojo de lince, la posibilidad de convertirla en una especie de colmena con vista a su ocupación masiva y por lo tanto el correspondiente negocio lucrativo. Pero alguien dijo no. Se puede uno imaginar quién fue.
Que también la Casa Rectoral de San Juan mereció la distinción de "Mierense del Año" 1975, a través de su Junta de Actividades, se veía venir. Y es que aquello comenzó a funcionar, como sede de acción variada, recogiendo a cuantos movimientos culturales, sociales y deportivos, demandaba una facilidad de ubicación, visto que su ciudad no respondía a esas expectativas y no era fácil encontrar donde aposentarse con una buena carga de inquietudes e iniciativas. El cura Nicanor tuvo la idea clarividente de "fichar" para tan extraordinaria obra, de forma desinteresada y generosa, a un mierense de pura cepa que ya había dejado señales de su línea de actuación en el Caudal Deportivo.
Y entró en juego José Luis Solas Díaz, tesorero del Club, alto empleado de Banesto y hombre cuya imagen a distancia quizás no reflejaba la autenticidad de su disposición, pero que en los espacios cortos se le descubría y afortunadamente aún se le descubre unos sentimientos enormes de colaboración y participación, sin duda no reconocidos convenientemente por la ciudadanía. Él se puso al frente del tren redentor que se movía entre las aguas de una incipiente corriente democrática, y sobre todo plena de inquietud colectiva por desmontar primero, y luego volver a montar el tinglado de un sistema participativo en el cual la ciudadanía era su protagonista.

                            Ilustración de "curas" de Alfonso zapico.
Sin más, y a través de su Junta de Actividades, la Casa Rectoral de San Juan comenzó a pasar, de un edificio antiguo y con aires de singular pero vacío de contenido, a ser un hervidero de acción colectiva que lo convirtió en un ejemplo único a nivel de calle. Allí se estableció ANA (asociación de defensa de la naturaleza), Caudal Deportivo, Asociación de Viudas de la República, y también la propia de Asociación de Viudas de Mieres, la de Pescadores en defensa de los Ríos, la Comisión de Festejos Mierense (COFEMI), el Centro Cultural y Deportivo, el Club Kayak de Piragüismo, los talleres de pintura de Hyto Posada y Vital Puciloski. - incluso se puede hablar de algún movimiento político en tiempos de la clandestinidad, eso sí, debidamente disimulado. Y por supuesto, el ofrecimiento se extendió a un proyecto hecho realidad, que iniciaba su andadura en la comarca con gran fuerza, "Amigos de Mieres". No fue necesaria la oferta porque pronto encontró acomodo propio. Es muy posible que aún se escape algún "inquilino" de la casona. Por ello vayan las lógicas disculpas.
En definitiva que, este artístico edificio enclavado en el mismo enlace de las calles hoy denominadas Jerónimo Ibrán y Carreño Miranda, se convirtió en todo un eje de actividad, de puesta en marcha de ideas contenidas y de rol ciudadano, precisamente en una época cuando las disponibilidades de espacio para este tipo de proyecto humanos muy propios de la época, puesto que renacían a la sombra de los inminentes cambios políticos y sociales que se avecinaban, eran muy escasas. Precisamente todo comenzaba con un auténtico amago de rebeldía juvenil -"La Cucaracha"- que era síntoma de virginidad asociativa.
A la vista de hoy, en plena primavera del 2014, cuando Mieres respira todo un viciado ambiente de inactividad, de tendencia al desánimo, de apatía supina, la imagen de la Casa Rectoral de San Juan es todo un símbolo del reciente pasado cuando el deseo colectivo de participación volaba libremente por los caminos del asociacionismo, con el vigor y la realidad de unos ánimos vigorosos.
Y como, lo que bien nace o bien sigue su curso o continúa despertando interés, es el magno inmueble de la principal parroquia de Mieres, que ahí está, con todos los ingredientes favorables, prestando un servicio a la colectividad, en base al grave problema que representan las consecuencias del uso y abuso de drogas en la sociedad actual. El aplauso a este hecho innegable, debe ser unánime y decidido.                          
                   
 Imagen de la calle Martinez de Vega hoy C/Carreño Miranda (la casa rectoral, en el centro de la instantanea). (Mieres) 1929.


FUENTE: AMADEO GANCEDO.
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