17 de mayo de 2014

El general asturiano Álvaro Suárez Valdés y el político británico Winston Leonard Spencer Churchill.

El gijonés que condecoró a Churchill

                       El general Álvaro Suárez Valdés y Rodríguez San Pedro

La primera medalla concedida al militar y político británico fue por mediación del general de división asturiano Álvaro Suárez Valdés por un combate librado en Cuba en 1895.
                                             Portada del libro de Lourdes María Méndez

A las cuatro de la madrugada del día 4 de marzo (domingo) de 1917 falleció, en su finca rural de los altos de El Coto de San Nicolás (entonces parroquia de Ceares), el teniente general Álvaro Suárez Valdés y Rodríguez San Pedro. Tenía 76 años de edad y, aunque había nacido en Grado en 1841, se consideraba gijonés. "Tenía entre nosotros grandes simpatías, a las que el finado se hizo acreedor por el interés y el cariño que demostró siempre por nuestro pueblo, hasta el punto de adquirir aquí la bonita posesión donde acabó sus días, y en la que residió constantemente todo el tiempo que le permitieron los altos cargos que ha desempeñado en su brillante vida militar", publicó el diario "El Noroeste", en el obituario del militar, el lunes 5 de marzo de hizo noventa y siete años.
Veintidós años antes, en 1895, el militar gijonés fue quien recomendó que un joven oficial de la caballería británica fuera condecorado con la cruz del Mérito Militar (con distintivo rojo) por su participación, bajo fuego enemigo, en un encuentro de las tropas españolas con el ejército mambí en la guerra de independencia de Cuba. El oficial era Winston Leonard Spencer Churchill (1874-1965), quien luego, en su larga trayectoria política, recibió numerosas condecoraciones y hasta el premio Nobel de Literatura, en 1953.

                  El oficial Winston Leonard Spencer Churchill.
 
Hace unas semanas la breve historia cubana del joven Winston volvió a la actualidad a través del libro titulado "Arroyo Blanco, la ruta cubana de Churchill. Un episodio de la Guerra del 95", escrito por Lourdes María Méndez Vargas, nacida en 1959 en la provincia de Sancti Spíritus, situada en el centro de Cuba, y licenciada en Relaciones Internacionales.
Relata en su libro la autora cubana que el 30 de noviembre de 1895, día en que Winston Churchill cumplió 21 años de edad, participó en un combate con "la mayor reunión de las armas cubanas hasta esa fecha: casi 5.000 hombres listos a defender el despegue de la invasión a Occidente".
Frente a las tropas mambises que luchaban por la independencia de Cuba se encontraba una columna móvil española compuesta por unos 1.700 hombres, cuyo mando ostentaba el general de división Álvaro Suárez Valdés y Rodríguez San Pedro.
El militar gijonés ya tenía entonces una extensa hoja de servicios en campaña. Había estudiado en el Colegio de Infantería de Toledo, del que salió en 1857. Luego fue destinado a Cuba, a México y a Santo Domingo. Regresó a España y luchó en la Tercera Guerra Carlista (en el bando liberal), en la que fue ascendido a comandante, antes de ser destinado otra vez a las provincias españolas de ultramar, sirviendo en Puerto Rico y Cuba.
En la Gran Antilla participó en varios combates contra los independentistas y fue gobernador militar y también civil de Santiago de Cuba. De vuelta en España fue gobernador militar de Oviedo. En 1893 ascendió al empleo de general de división y en 1895, cuando comenzó la última etapa de la guerra de independencia cubana, fue otra vez destinado a la Gran Antilla. Al año siguiente fue ascendido a teniente general.
Por su parte, Winston Churchill estudió en el Real Colegio Militar de Sandhurst y en el año 1895, tras completar su formación militar, fue destinado al prestigioso 4.º Regimiento de Húsares. A punto de cumplir los 21 años, y en un viaje privado junto a su colega Reginald Barnes, se marchó a Cuba, que ardía en guerra. A finales de noviembre los dos jóvenes británicos ya cabalgaban en la columna que mandaba el general Suárez Valdés, "empotrados" en el Estado Mayor del militar asturiano.
Tres años y medio de investigación histórica sobre lo que el propio Churchill escribió de sus andanzas antillanas y de las fuentes cubanas de la época permiten a Lourdes María Méndez concluir que la habilidad táctica del general Suárez Valdés evitó que su columna se enfrentara con el grueso del ejército rebelde cubano que preparaba la invasión del Occidente de la isla, librando así a la tropa española de ser aniquilada y quién sabe si evitando también de morir en combate al joven Winston.
Lo cierto es que Churchill y su amigo, tras escuchar el zumbido de las balas en Arroyo Blanco (Sancti Spíritus), retornaron pronto a La Habana y desde allí a los Estados Unidos, antes de regresar a Inglaterra.
El general Suárez Valdés, seguramente como muestra de cortesía por el bautismo de fuego de un descendiente directo del general John Churchill, el primer Duque de Marlborough, recomendó al joven Winston para la concesión de la cruz del Mérito Militar con distintivo rojo, que se otorga "a aquellas personas que, con valor, hayan realizado acciones, hechos o servicios eficaces en el transcurso de un conflicto armado o de operaciones militares que impliquen o puedan implicar el uso de fuerza armada, y que conlleven unas dotes militares o de mando significativas".
Posteriormente, el Gobierno español concedió a Winston Churchill la medalla de la Campaña de Cuba (1895-1898), en cuyo anverso presenta los bustos del rey Alfonso XIII (niño) y de su madre, la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena.
Winston Churchill, en su primera etapa como primer lord del Almirantazgo, con sus condecoraciones españolas (dos de las seis que luce).

Durante su primera etapa como ministro de Marina del Reino Unido (primer lord del Almirantazgo, de 1911 a 1915), Winston Churchill fue fotografiado luciendo en la pechera seis condecoraciones, entre ellas la cruz del Mérito Militar y la Medalla de la Campaña de Cuba.
El político inglés falleció también un domingo, el 24 de enero de 1965. Una semana después al "viejo león" de Britannia se le despidió en Londres con un funeral de Estado en la catedral de San Pablo, joya del barroco inglés, con toda la pompa y la circunstancia tan británicas. Está enterrado en el cementerio de Bladon, situado en las tierras del palacio de Blenheim, solar de los Marlborough, en Oxfordshire.
Volvemos ahora a la edición de "El Noroeste" del 5 de marzo de 1917 para saber, leyendo el obituario de Álvaro Suárez Valdés, que "la modestia, que siempre fue norma de conducta del general Suárez Valdés, no lo abandonó ni en sus últimos momentos, pues según puede verse en la orden de la plaza que publicamos más abajo, por orden expresa del finado, no se tributarán al cadáver los honores que corresponden a su alta jerarquía".
Así fue. A las cuatro de la tarde del 5 de marzo de 1917 tuvo lugar "el acto de conducir a la última morada los restos mortales del excelentísimo señor teniente general D. Álvaro Suárez Valdés y Rodríguez San Pedro (...) El entierro fue sencillísimo, y el féretro era conducido en una carroza, de la que tiraban cuatro caballos, no llevando coronas ni insignia alguna, a fin de que a su cadáver no se le concedieran los honores correspondientes a su elevado cargo (...) Por expresa disposición del ilustre muerto" ("El Noroeste", 6 de marzo de 1917). Sus restos fueron inhumados en el nicho número 29, serie quinta izquierda, del cementerio municipal de El Suco (Ceares).
                        Lápida del nicho del teniente general Suárez Valdés.
 
FUENTE: 



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