20 de mayo de 2014

Terremotos e Incendios en la historia de la comarca avilesina (Aviles-Asturias)

Terremotos en Avilés (Siglos XVI-XX).



                                Antiguo puerto de Avilés, dibujo de Cástor.
http://www.elcomercio.es.
La comarca avilesina se encuentra asentada sobre una zona de incidencia sísmica notable: la falla de Ventaniella, que desde el cañón submarino de Avilés penetra por la ría y continúa hasta el puerto de Ventaniella, en la Cordillera Cantábrica. El primer terremoto importante del que se tiene constancia en Avilés es el del año 1522, que fue recogido por el cronista y canónigo de la Catedral de Oviedo Tirso de Avilés, en su obra "Armas y linajes de Asturias y antigüedades del Principado", escrita hacia 1590: «Miércoles veinte y cinco días del mes de junio, año de mil quinientos veinte y dos tembló la tierra en esta ciudad (Oviedo), estando aquí el Capítulo de los frailes de San Francisco (...) Así mismo fue general este terremoto de temblar la tierra en todo este Principado e Reyno, e cayó en este terremoto mucha parte del monasterio de San Francisco de Avilés, que es de la Orden de San Francisco, e fue general en muchas partes de España, e cayeron muchos edificios».
El siglo XVIII fue pródigo, debido a una conjunción de alteraciones climáticas, en grandes catástrofes naturales, tales como sismos, lluvias torrenciales, tormentas, inundaciones... El 1 de noviembre de 1755 se produjo el devastador terremoto de Lisboa, que tuvo enorme repercusión en Portugal, España y el noroeste de África. Esta sacudida sísmica está considerada como una de las mayores jamás registradas en tiempos históricos, ya que se cree que pudo alcanzar XII grados en la escala de Mercali o 9 en la de Richter. Fue, sin duda, el terremoto más destructivo de todos los conocidos en la península Ibérica. Además, al temblor de tierra siguió un gigantesco tsunami o maremoto que devastó las costas atlánticas. Es difícil precisar la cifra de víctimas, que algunas fuentes sitúan en 90.000 muertos, si bien estudios recientes la reducen a 13.000 fallecidos en Lisboa y algo menos de 2.000 en España. Esta tremenda tragedia dio origen a un debate científico que arrinconó la vieja visión entre supersticiosa y religiosa que se tenía de los terremotos, y fue el inicio de la sismología.
En toda Asturias se sintió este enorme seísmo y Avilés no fue una excepción. Así lo recogió Francisco Fernández Reconco, 'escribano del número de la villa de Avilés, sus concejos y jurisdicción': «En el día de Todos Santos de este año de 1755 que nuestra Madre la Iglesia celebra de precepto, estando el día muy claro, sosegado en calma y sin vientos, siendo entre diez y once de la mañana, se reconoció un temblor de tierra en esta villa, y después por noticias que vinieron fue general en todo el mundo». Describe que las monjas y los frailes abandonaron a toda prisa las iglesias y los conventos, y añade: «En cuya ocasión, yo, Francisco Reconco, estando en la plaza mayor de esta villa, frente a la torre del reloj de ella, no siendo horas de dar campanadas, y con el motivo de este temblor, le oí dar siete campanadas chicas. Y de allí a una hora y media vi que los caños de esta villa, con el motivo de remudarse la tierra en su centro, se puso el agua por espacio de más de cinco horas más revuelta y turbia que el barro colorado, pues algunos decían que era sangre. Muchos vecinos de esta villa se salieron de sus casas, juzgando que caían sobre ellos, dando voces. En cuya ocasión estaba la ría vacía del todo, y en el pozo, junto a la puente, se levantó o vino del mar alta un golfo de agua que obligó a flotar los navíos que allí estaban y se dieron unos con otros y dentro de un cuarto de hora volvió a quedarse en seco toda la ría».
                                  El Avilés amurallado :: DIBUJO DE JUSTO UREÑA
El escribano Reconco fue testigo de excepción de ese y otros terremotos en Avilés, que recogió en su crónica privada de sucesos ocurridos entre los años 1750 y 1781. Así, también recoge que el 31 de marzo de 1761 «y a cosa de las doce y cuarto del día, a tiempo que estaba claro y sin vientos hubo un temblor de tierra bien reconocido en esta villa, y en España y Portugal, como después lo decían las cartas de muchos particulares, pero bendito Dios no hizo en este país ningún estrago. Y en el día 5 de abril de este año, salió en procesión y rogativa el Santísimo Cristo de San Nicolás y Nuestra Señora del Rosario, pidiendo todos, con mucha devoción, suspendiese tales castigos con que nos amenaza y avisa para que nos enmendemos de nuestros vicios. Y le suplicamos nos deje vivir y morir en su divina gracia».
Reconco también recogió en su crónica otro seísmo ocurrido al año siguiente: «El día 18 del mes de febrero de este año de 1762 siendo las siete de la noche, y estando el tiempo en calma, se reconoció en esta villa y en otras varias partes, un temblor de tierra que muchos vecinos salieron de sus casas para la calle dando voces, temerosos si las casas se caían, pero bendito Dios no sucedió ningún agravio en gentes ni en las casas».
Siglo XIX
En el siglo XIX, aun cuando Asturias padeció diversos temblores de tierra, con especial frecuencia en Cudillero y Gijón, no hay noticia de ninguno de cierta importancia en Avilés. Sin embargo, a lo largo del siglo XX sí se vivieron en el concejo avilesino varios terremotos de fuerza notable. El 15 de abril de 1994 un terremoto de 4,2 grados en la escala de Richter con epicentro en los límites de Galicia y Asturias afectó desde Vegadeo a Nava. Hubo gran alarma entre los vecinos de Oviedo, Avilés, Mieres, Pola de Allande y otras localidades asturianas, pero no se registraron heridos ni daños materiales relevantes. El 30 de noviembre de 1995 media Asturias volvió a padecer un terremoto de 4,5 grados en la escala de Richter con epicentro en Triacastela (Lugo). Hubo escenas de pánico, pero no ocasionó víctimas. Finalmente, a las dos menos diez de la madrugada del 22 de mayo de 1997 Asturias vivió el mayor terremoto del siglo XX. Fue un movimiento sísmico de 5,1 grados en la escala de Richter, con epicentro en la comarca de Becerreá (Lugo) y al que siguieron más de 100 réplicas. Se sintió en todo el noroeste español, provocó gran alarma y, en Galicia, una víctima mortal, varios heridos y daños materiales. 
En 1522 un terremoto causó daños al antiguo convento de San Francisco. [ARCHIVO NARDO VILLABOY].

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Incendios devastadores en Avilés.


Algunas de las casas destruidas por el fuego en la calle de San Francisco. :: ARCHIVO NARDO VILLABOY.
Como muchas de las ciudades y villas asturianas, Avilés ha sido víctima de las llamas en varias ocasiones. Hay que tener en cuenta que hasta época reciente la madera constituía un elemento fundamental en las casas, hecho que, unido al almacenaje de leña y paja, propiciaba que el fuego se propagase con extraordinaria violencia. Además, hasta mediados del siglo XIX, en que se empiezan a utilizar las primeras bombas contra incendios, la única y precaria forma de combatir las llamas consistía en el toque de arrebato de las campanas de las iglesias para que los vecinos acudiesen voluntariamente a formar lo que se conocía como la 'cadena de los cubos o de agua'.
El primer gran incendio del que se tiene noticia en Avilés es el que asoló la villa en noviembre de 1478, sin que se pueda precisar el día. Las llamas arrasaron la mayor parte de las casas ubicadas dentro del recinto amurallado y sólo se salvaron los edificios principales construidos en piedra. Se ignora el número de víctimas, que cabe suponer elevado. Para paliar tan desgraciado suceso los Reyes Católicos conceden a Avilés el privilegio de 'mercado franco de alcabala' a celebrar todos los lunes del año, expedido el 15 de enero de 1479, a fin de que la villa se volviese a poblar, ya que la mayoría de los moradores la habían abandonado al quedar reducida a escombros su vivienda. No se sabe exactamente si se trató de un incendio fortuito o intencionado, como sugiere Fermín Canella en el prólogo al libro 'Avilés. Noticias históricas' (1897), de Julián García San Miguel, en el que dice «que debiera ser más esclarecido, porque, a semejanza de lo que pasó en otras villas asturianas, parece ser manifestación del movimiento beltranejo -no bien estudiado todavía- que perturbó a nuestra provincia en los gloriosos años de los Reyes Católicos».
El 14 de diciembre de 1621 la villa avilesina vuelve a sufrir otro voraz incendio, que se inició, según el primer historiador de Avilés (Simón Fernández Perdones), «en las casas de la Rúa Nueva (hoy calle de la Fruta), e impelido de grande y recio viento que luego sobrevino, salió y se pegó de unas casas y de una acera en otra, y pasó a la calle Oscura, que trabas y diligencias sobradas y necesarias hubiesen impedido, y en muy breve espacio se quemaron cuarenta casas, y se arruinaron y demolieron otras muchas para que el fuego no pasase a quemar los templos y más pueblo». Según el mismo autor, las llamas se iniciaron a las tres de la tarde de un lunes, ya que «las casas de concejo, pósito y panera de ella, pesos, medidas, soportales y calles quemadas era donde se hacía un mercado muy populoso al que venían de muchas y diferentes partes a comprar y vender mercaderías y mantenimientos de que era el lugar muy abundante, cercado de murallas, y el dicho incendio fue en la tarde que se hacía el mercado ('Anales de Avilés', 2009). Según Justo Ureña, cronista oficial de Avilés, «sólo sobrevivieron a este nuevo incendio unas 25 casas, lo que supuso un serio contratiempo y quebranto, al quedar otra vez la Villa postrada en la inanición, sin que se tengan noticias de cómo sería la, sin duda, lenta recuperación» ('Avilés y sus calles', 1995). El rey Felipe IV, a 20 de abril de 1622, confirma el privilegio de mercado franco los lunes que habían otorgado los Reyes Católicos a Avilés, con el propósito de ayudar a la reconstrucción de la villa.
No hay constancia de otros incendios importantes hasta finales del siglo XIX, cuando, en fecha que no se puede precisar por haberse perdido los libros correspondientes a 1898 y 1899 del Archivo Municipal, las llamas arrasan varias casas de la calle de la Canal (hoy de San Francisco), frente a la iglesia de San Nicolás de Bari. Estas antiguas viviendas, de escasa altura y con soportales, fueron sustituidas en las dos primeras décadas del siglo XX por los edificios de estilo modernista que hoy ocupan los números 4 al 16, ambos inclusive. Sabemos que de febrero de 1901 es el proyecto de la llamada "casa de la peineta", conocida así por un airoso remate, hoy desaparecido, que tenía en el tejado, obra del arquitecto Manuel del Busto. Antonino Alonso Jorge, arquitecto municipal entre los años 1912 y 1918, proyectó los edificios correspondientes a los números 4, 6 y 8 de la citada calle, en sustitución de los que habían sido pasto de las llamas. También a finales del siglo XIX, casi a continuación del incendio de la calle de San Francisco, se originó otro de considerables proporciones a la entrada de la calle del Rivero, que afectó a los números 10 al 16, ambos inclusive. Los edificios afectados fueron sustituidos por otros nuevos a principios del siglo XX, sin los soportales característicos, tal como hoy se puede apreciar.
Finalmente, en 1909, se produjo otro incendio fortuito en unas dependencias del antiguo convento de San Francisco, que destruyó casi tres cuartas partes del mismo. En agosto de ese mismo año se demolió lo que había quedado en pie del convento para construir las escuelas nacionales, con proyecto del arquitecto Tomás Acha Zulaica, hoy desaparecidas. Por cierto, delante del edificio se alzaban los bustos de los maestros Domingo Álvarez Acebal (recuperado en la plaza que lleva su nombre) y Juan de la Cruz, actualmente en paradero desconocido.
En años posteriores hubo algún otro incendio considerable, pero producto de enfrentamientos o conflictos bélicos, y eso es ya otra historia. Afortunadamente, sólo cabe lamentar algún caso aislado de incendio fortuito que afectó a un único edificio, nunca de proporciones tan considerables como los que aquí hemos descrito.
 Viejas casas desaparecidas en el incendio.. :: ARCHIVO R. BARAGAÑO
 
FUENTE:  RAMÓN BARAGAÑO.
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