11 de mayo de 2014

La época de ebullición de las artes escénicas en Mieres.

Tiempo de teatro.

                                      El actor mierense Pedro Civera.
El poeta Nel Amaro, el actor Pedro Civera y el historiador Boni Ortiz contaron sus experiencias y las de quienes les acompañaron en la época de ebullición de las artes escénicas en Mieres.
Nel Amaro, miembro de número de la Academia de la Llingua Asturiana y natural del núcleo mierense de Cantuserrón (1946-2011).

Las décadas de 1960 y 1970, cuando la fiera de la crisis ya lanzaba sus dentelladas mortíferas sobre Mieres, fueron sin embargo una buena época para las actividades culturales. Se multiplicaron las asociaciones de todo tipo y hasta el esperanto o ciertos deportes minoritarios que ahora nadie practica en la Montaña Central, tuvieron aquí su representación y llegaron a ser un referente en toda España. Sería interesante hacer la historia de estas agrupaciones -y seguro que con el tiempo se va a emprender esta labor- pero en esta página no hay espacio para tanto y, puestos a elegir, me he decidido por recordarles algunas anécdotas de la apasionante aventura teatral que emprendieron entonces algunos de nuestros jóvenes.
Afortunadamente hubo quien se ocupó de contar sus experiencias y las de quienes lo acompañaron, publicando pequeños trabajos en la prensa local o artículos de más calado en revistas especializadas o dejó su testimonio a los entrevistadores que se interesaron por su carrera.
Solo tres nombres para basar esta historia: Nel Amaro, poeta y enamorado de la escena, fallecido en plena efervescencia creativa, que fue protagonista de alguna aventura escénica y cronista de todas; Pedro Civera, el mejor actor que ha dado esta tierra, y Boni Ortiz, historiador del teatro y compañero de otras luchas. Basándome en lo que en ellos han escrito, van las líneas que siguen.
Los recuerdos de los tres coinciden en afirmar que el epicentro de aquel mundillo fue el Teatro Español Universitario (TEU), en la Universidad de Oviedo, donde trabajó de una u otra forma la mayor parte de la gente del teatro de la época. En él dirigió "Chus" Quirós "Esquina peligrosa" de J.B. Priestley y "Un sabor a miel", de Selagh Delaney, una obra en la que hacemos la primera parada.
Los jóvenes actores asturianos se atrevieron a presentarse con ella al certamen de Teatro Universitario de 1961 a pesar de que había sido prohibida en Madrid porque en ella aparecían personajes tan indeseables para aquel régimen como una prostituta alcohólica, madre soltera, compañera de un negro y amiga de un homosexual; pero aquel conato de libertad se cortó rápidamente cuando la presión de la prensa del Régimen forzó al Gobernador Civil a impedir sus representaciones en el teatro Filarmónica.
Ellos no se rindieron y decidieron buscar otros escenarios, aunque solo fuese para no tirar a la basura su trabajo de varias semanas. Tras otro intento fallido en el salón de los Dominicos, por fin -según Boni Ortiz- se pudo estrenar a puerta cerrada en los locales del SEU el 18 de marzo de aquel año, aunque solo para el jurado, acompañado de un grupo de amigos y estudiantes. Finalmente, obtuvo tres de los premios de aquel certamen, entre los que estaba el de Jesús Sánchez Quirós a la Mejor Dirección.
"Chus" Quirós acabó convirtiéndose en uno de los decoradores más prestigiosos de España, pero antes de destacar con el interiorismo hizo una buena labor como director de escena teniendo a su cargo actores que luego saltarían a la fama como el ovetense Juan José Otegui y el langreano Carlos Álvarez Novoa, y siguiendo en el mundo de la ficción, prolongó esta actividad en el cine trabajando para directores como Gonzalo Suárez o el "oscarizado" José Luis Garci.
Pero para los mierenses siempre será conocido por haber sido el padre de la movida local que en aquellos años convirtió a la calle La Vega, "la calle del Viciu", en un foco de atracción para los jóvenes de todas Asturias que frecuentaban la villa para beber los mejores cócteles y bailar con la mejor música en los locales ideados por él.
Aquí llevaron su firma, además de establecimientos comerciales y reformas de todo tipo, discotecas ya míticas como Faust y Baby's; cafeterías como El Palau y Capri, por citar unos ejemplos, y sobre todo Il Gattopardo, un local que ya forma parte de las señas de identidad de este pueblo y que guarda tras sus puertas -las mismas que antiguamente dejaron paso a los fieles del antiguo convento de La Villa- miles de historias más mundanas.
Pero sin duda, decir Teatro en Mieres es decir Pedro Civera. En una entrevista, nuestro paisano ha confesado que aquellos años universitarios figuran entre los más felices de su existencia. Cuando Pedro llegó al TEU en Oviedo ya había viajado por las grandes ciudades españolas y asistido como espectador a representaciones en el mismísimo París, lo que lo convertía en un privilegiado ante sus compañeros de afición.
Nel Amaro dejó anotado que Pedro dio sus primeros pasos en el emblemático teatro Capitol, cuando aún era un jovencísimo estudiante de la Academia Lastra, representando uno de los personajes de "El afinador", escrito por el gran patriarca de nuestros autores dramáticos, Vital Aza, y una vez cogido el gusanillo de los aplausos, siguió con otro papel en "La barca sin pescador", de Alejandro Casona, también asturiano; aunque en la memoria de nuestro actor guarda un lugar especial "Diálogo en las nubes", escrita por Paulino Posada, otro mierense, y dirigida de nuevo por "Chus" Quirós, que se estreno -cómo no- en El Capitol y luego pasó por Oviedo y Pola de Lena.
Entre las gentes del TEU citadas por Pedro Civera están Linos Fidalgo, Carlos Álvarez, Juanjo Otegui, Carmen Manzanal, Luis Fernando Amor, Mariano Antolín, Pepe Avello, Pepe Aspiroz, Gonzalo Pizarro, Armando Pedrosa, Fernando Corujedo y Luis Noriega, "En el grupo había pintores, gente que cosía y gente que tocaba la guitarra. Todos hacíamos de todo, sin sentimientos de género. En esto, como en casi todo, éramos muy avanzados".
Y otras dos anécdotas. Ahora contadas por él, llevándonos a aquel ambiente del franquismo, que a los que somos un poco más jóvenes, también nos tocó vivir. La primera es el robo de un banco, lo que dicho así requiere una explicación rápida para no alarmar: no fue de los que sirven para esquilmarnos el dinero sino de los de sentarse. Estaba en el parque de San Francisco y, ante la pobreza de medios, fue necesario "expropiarlo" para el atrezzo de una escena de "El Tintero", siendo devuelto a su pacífico emplazamiento después de la función.
Otro caso, un poco más inquietante fue el asalto que sufrió una tarde de primavera la emisora desde la que aquellos inquietos estudiantes transmitían la revista radiofónica "Fenestra Universitaria", cuando -según palabras de Civera- "unos chicos, o no tanto, de Falange al grito de " Somos los del 36 y los del 63" se llevaron las cintas y se cargaron el programa".
Pedro Civera, guapo y con una perfecta dicción, fue reclamado por la novedosa Televisión Española y presentó informativos y programas como "Panorama de actualidad" entre 1967 y 1970. Finalmente se dedicó por completo a las tablas, sin abandonar su tierra, a la que nunca ha dejado de frecuentar, tanto por motivos familiares como escénicos.
Pero él no fue el único que alcanzó el éxito en Madrid. Sin olvidar a otros triunfadores como el cantante Víctor Manuel, no se si se puede mantener la idea de un lobby teatral de mierenses en la capital, aunque sí es evidente que siempre ha habido una buena relación entre todos ellos. Junto a Pedro Civera, debemos citar otros nombres que llegaron a la primera línea de la escena en el siglo XX: Nacho Martínez, quien falleció en pleno éxito tras una larga enfermedad el 23 de julio de 1996, un mes después de haber leído el pregón de fiestas patronales de San Xuan y Luís San Narciso, que es actualmente uno de los directores de casting más prestigiosos de Europa.
Los dos presentan un historial tan dilatado, que necesitaríamos muchas páginas para resumirlo, pero tienen varios puntos comunes con Civera y uno es su relación con el mismo nombre: Ángel García Moreno.
Él dirigía la compañía Ruiz de Alarcón, en la que se integró Pedro en 1971; gestionaba el Teatro Alfil en el que recaló en sus inicios Nacho Martínez y siempre mantuvo una buena amistad con San Narciso que también dentro de su compañía actuó en el Capitol en 1990. El día 1 de octubre con "Los 80 son nuestros" y el día 5 con "La casa de los siete balcones", que le sirvió para su despedida como actor y su presentación como director.
Con esta obra de Casona se da una curiosa coincidencia (si es que existen las coincidencias) recordada por Nel Amaro: tanto García Moreno, como Civera, "Chus" Quirós y San Narciso, cuentan con ella en su currículo.
Detrás de ellos están llegando otros nombres más jóvenes, que ya figuran en las carteleras y películas madrileñas, pero sin salir de aquí, la escena mierense vive unos momentos afortunados gracias a la fructífera colaboración del escritor Fulgencio Argüelles que completa su brillante carrera como novelista con su trabajo en la adaptación teatral y el director Andrés Presumido. Este último nació en Oviedo, pero está vinculado estrechamente a nuestra villa y como no podía ser de otra manera también montó con éxito a finales de los 80 "La casa de los siete balcones", una obra que por otros motivos más personales acabó cambiando su vida. ¡Qué cosas más curiosas!

                          Ilustración de Alfonso Zapico.

FUENTE: ERNESTO BURGOS-HISTORIADOR
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