30 de abril de 2014

¿qué sucedio con la gran colección de arte atesorada en vida por Jovellanos y en posesión del instituto que lleva su nombre, ubicado desde 1932 en colegio de la Inmaculada de Gijón?,

Simancas: ¿el tesoro está dentro?

           Aspecto del cuartel del Simancas, en llamas, durante el asedio.

El mayor enigma jovellanista podría despejarse con las prospecciones geotécnicas previstas en el subsuelo del Colegio de la Inmaculada.      

  Un grupo de milicianos, durante el asedio al cuartel. | lne
Fue el primero de los grandes y cruentos asedios de la contienda civil española y su célebre grito de guerra ha permanecido esculpido en la historia: «Disparad sobre nosotros, el enemigo está dentro», mensaje que con alto grado de verificabilidad mandó transmitir al crucero «Almirante Cervera» el coronel Antonio Pinilla Barceló, oficial al frente del cuartel de Simancas de Gijón, que el 19 de julio de 1936 se había sublevado de parte del bando nacional contra la II República. El asedio se inició al día siguiente.
Poco más de un mes después, el 21 de agosto, cuando el cuartel, prácticamente destruido, estaba cayendo en manos de los asediadores frentepopulistas, se emitió el citado mensaje y a la vez nacía el gran enigma: ¿qué había sucedido con la gran colección de arte atesorada en vida por Jovellanos y en posesión del instituto que lleva su nombre, ubicado desde 1932 en colegio de la Inmaculada, tras la expulsión republicana de los jesuitas de España, y convertido en 1935 en cuartel del Regimiento Simancas?
¿Permanece aquel riquísimo legado artístico, de valor incalculable, enterrado en el silencioso subsuelo del que después de la guerra volvió a ser colegio de la Compañía de Jesús? El interrogante podría ser despejado en próximas fechas, ya que dicho centro educativo ha conveniado con el Ayuntamiento de Gijón realizar prospecciones geológicas hasta una profundidad de diez metros. La final de dicha ecografía de las entrañas de la Inmaculada es en principio meramente práctica: el centro construirá un estacionamiento subterráneo bajo una porción de sus patios y previamente desea verificar si existen restos de la contienda, como material bélico o construcciones militares, tipo trincheras o refugios antiaéreos. La historia enseña que cada vez que se ha cavado en el antiguo Simancas se han hallado balas, cartuchos, correajes, bayonetas, cascos e incluso cañones y ametralladoras. De hecho, era juego predilecto de sus alumnos en los años cuarenta, cincuenta y sesenta escarbar en zonas de obra para hallar alguna bala perdida. Las prospecciones ahora previstas podrán determinar si existe algún bulto de gran magnitud en el subsuelo, como las cajas de munición en las que supuestamente pudo ser guardado el tesoro artístico, o las piezas de la Virgen de mármol de Carrara, de dos metros de altura, que adornaba el jardín central del edificio y que nunca han sido halladas.
Tres son las hipótesis sobre el tesoro de Jovellanos, fruto de la probada afición al coleccionismo de arte del prócer gijonés. Jovino llegó a reunir cientos de grabados, dibujos y bocetos que tras su muerte en 1811 pasaron, por deseo suyo, al Instituto gijonés que había creado años atrás. Aquel legado serviría de modelo para los alumnos en las clases de dibujo. La colección se engrosó posteriormente con aportaciones de Ceán Bermúdez y de Acisclo Fernández Vallín. El resultado fueron unos 800 ejemplares de pintura española e italiana, fundamentalmente del siglo XVII. La nómina de autores era apabullante: Rafael, Miguel Ángel, Durero, Zurbarán, Velázquez, El Greco, Rembrandt, Carreño Miranda, Goya, Pereda, Vassari, Caravaggio, Herrera «El Viejo», Murillo, Sampieri, Ribalta... El «Catálogo de la Colección de Dibujos del Instituto Jovellanos» -publicado en 1969, a partir de un estudio de Moreno Villa de 1926- fue reeditado en 2003 por el Ayuntamiento de Gijón.
La primera suposición, la más oficial, aunque no totalmente verificada, es que la destrucción del cuartel fue tan brutal, y los últimos días del asedio tan caóticos, que todo ardió de modo irreparable junto con el maderamen de las estructuras del caserón de Simancas, al final del asedio. En tal caso, todo esfuerzo resultaría inútil. En los bajos fondos del Simancas/Inmaculada sólo permanecen las pavesas de lo que en su día fue una colección extraordinaria.
La segunda hipótesis habla de que de algún modo desconocido una o varias personas -de los defensores, o de los asediadores, o simplemente civiles conocedores de lo que allí se guardaba- se hicieran con el tesoro ya que se daba cierta permeabilidad de entradas y salidas nocturnas entre el exterior y el interior del cuartel. Dichas personas, realmente fantasmales, lograron que hasta el presente la colección haya permanecido completamente oculta en uno o varios lugares. De hecho, inmediatamente después de la guerra civil, se escucharon en Gijón rumores de que ciertas familias poseían alguna parte del legado.
Conectada con esta hipótesis, se ha manejado la posibilidad de que el tesoro sobreviviera a la destrucción y las autoridades frentepopulistas del Consejo de Asturias se incautaran de la colección, que inmediatamente salió de la ciudad o incluso del país. Y, como en el supuesto anterior, un profundo silencio y ocultamiento la ha acompañado desde entonces.
A favor de las hipótesis de la destrucción total o de la sustracción/incautación del material artístico se halla el dato de que durante casi ochenta años ninguno de los bocetos u obras del legado jovellanista, que está perfectamente inventariado e incluso fotografiado en gran parte, ha salido a subasta en ninguna casa de arte, ni se ha hallado en manos de ningún marchante. No obstante, alguna de dicha obras si salió a la luz pública, concretamente hace años, en París; pero los conocedores del material consideran que se trata más bien de algún pliego sustraído de la colección antes de la guerra.
Y la tercera hipótesis, que ahora se podría verificar o descartar definitivamente, es que los oficiales del Simancas fueran conscientes del valor de legado jovellanista allí depositado y que lo hubieran preservado desde el primer momento. Después, a medida que el cuartel era cuarteado por la artillería de los asediadores, o que los ataques causaban incendios que afectaban a zonas del inmueble, dichos oficiales, que además preveían resistir hasta un final seguramente trágico, decidieron emplear a un grupo selecto de zapadores (los del cuartel del Coto, también asediado en las mismas fechas y cuyas fuerzas huyeron de allí el 16 de agosto para refugiarse en el Simancas), para cavar una especie de mina, o estructura resistente, y en ella enterrar el tesoro jovellanista y las piezas de la Virgen de mármol de Carrara. La operación habría sido conocida y ejecutada por un círculo restringido de militares, principalmente oficiales, que evitaron que la tropa tuviera conocimiento de ello.
En cualquier caso, no existen testimonios directos con los que verificar ninguna de las tres hipótesis. Nadie ha contado haber visto arder directamente el tesoro de Jovellanos, nadie ha narrado si fue extraído de uno u otro modo y nadie ha dejado dato alguno acerca de un supuesto enterramiento. Simancas, ¿el tesoro está dentro y es momento de los geólogos?
 
                      Así quedó el cuartel de Simancas  en Gijón después del asalto.

FUENTE:  J. MORÁN
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