18 de mayo de 2014

Julita Conde, la mierense reconocida por su labor solidaria.

Julita Conde, la primera mujer "Mierense del año"

                                                               Escudo de Mieres.

Reconocida por su labor solidaria, su admiración hacia Estrellita Castro la llevó a peinarse con el mismo rizo.
                                       fotografía dedicada de Estrellita Castro.

Los tiempos cambian y los estilos de vida van perfilando la historia de los humanos, de modo y forma que lo de ayer parece lejano dado los cambios habidos y lo del mañana está por llegar. Sin embargo, los recuerdos irán marcando los pasos y dejando el rastro de cada comportamiento, de cada trayectoria o personalidad. Así se escribe eso, la historia.
Los galardones Mierenses del Año, creados por Laudelino Rodríguez "Tito", en aquel entonces corresponsal del diario Región, movimiento reconocedor de comportamientos y actitudes en favor de la colectividad, han cumplido ya 41 años. Durante este largo caminar nombres y entidades con sello especial han desfilado ante el consenso y el aplauso unánime de un Mieres que deseaba sacudirse las lacras sociales y establecer normas de acción solidaria o defensa de los derechos ciudadanos, así como de los valores colectivos de la cultura, las artes, el deporte o la promoción industrial.
Se puede hablar de que, desde 1972 y en las primeras ediciones, subieron al podio de los elegidos la Escuela de Enfermeras del "Alvarez Buylla", el Centro Cultural y Deportivo Mierense, el Tele-Club de Paxío, la Obra Social y Cultural de Cajastur, la Comunidad Vecinal de San Pelayo de Gallegos, la Peña Ciclista Trapiello, la empresa CEMISA, el Coro Femenino de Mieres y el Club Patín Kiber.
Y llegó 1975 con un tono especial. Hasta entonces ninguna individualidad había escalado los peldaños del escenario en el salón de Cajastur. Lo hizo, acompañada por los representantes de otros dos colectivos, el Jurado de Empresa Ensidesa-Mieres y la Junta de Actividades de la Casa Rectoral de San Juan, una mujer, sencilla mujer del pueblo, vecina del barrio de San Pedro, casada y con hijos. ¿Qué había motivado esa singularidad o mejor novedad cuando las coordenadas del premio se movían por otros lares? El jurado calificador no tuvo más remedio que valorar la postura de esta castiza mierense, guapa ella, muy repeinada, sonriente, desbordante y llena de vitalidad que recorría calles y plazas, visitaba viviendas pudientes en busca de donaciones, principalmente ropas, que ella, en una segunda ronda, ya por hogares humildes y necesitados, o desde su propia vivienda, repartía en acción más que solidaria y con la mente puesta en remediar, tan solo un poco así, los males del prójimo, tal como ocurría también con la obtención de sillas de ruedas para gente con minusvalías que no estaban en condiciones de caminar por sus propios medios.
Y Julita González Alvarez (el apellido Conde correspondía al segundo de su esposo Felipe García, minero inicialmente y más tarde acomodador y demás en el teatro Capitol, y que ella aireaba con orgullo), nacida en Brañanoveles y que cuando vino al mundo, su padre Jonino (diminutivo de Gerardo), partidario de tener un varón "quería tirarla a una parba de cuchu", se erigió, no sólo en la primera mujer, sino en el primer ser humano, domiciliado en la villa del Caudal, que se alzaba con la distinción merced a su aptitud personal.
Los ecos de este reconocimiento solidario, y sobre todo de la labor que lo había desencadenado, llegaron muy dentro y muy lejos, puesto que incluso el recordado presentador de radio y televisión José Luis Péker, entregado a este tipo de causas, tuvo a bien venir a conocerla, mientras que otras agrupaciones y asociaciones de la propia casa, solicitaba la presencia de Julita con el fin de reafirmar sus actividades de carácter solidario.
Pero Julita Conde -como seguiremos llamándola- tenía una especie de "debilidad", traducida en su admiración por la que en sus tiempos era estrella por España y parte del extranjero de la copla y la canción española, es decir, Estrellita Castro. Y ese su sentimiento la llevó incluso a emular un gesto muy de la estrella y fue peinarse a su estilo y forma, a saber, pelo rallado hacia atrás y el famoso rizo sobre la frente.
Puede asegurarse que, con su rostro lozano, amplio y sin arrugas, Julita lucía con todo esplendor y hasta autenticidad el adorno que había aireado por los cuatro vientos la famosa intérprete coplera. Es de añadir que nuestra protagonista no se andaba por las ramas y sabía afinar y entonar canciones con buena voz y fácil estilo.
Lógicamente, por aquello de que los tiempos no pasan en balde y sobre todo dirigido a las nuevas generaciones, quizás sea necesario recordar algunos retazos de la biografía de esta cantante española. Nacida en Madrid allá por 1908 y siendo la menor de once hermanos asistió a la academia de arte escénico de Realito, teniendo que, para pagar sus estudios, realizar las tareas domésticas en dicho centro. A los doce años actuó por primera vez ante los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia, debutando posteriormente en el local Tronío de Sevilla. A partir de ahí sus éxitos se contaron en escenarios de España, Europa, Latinoamérica e incluso Estados Unidos. Sus canciones más populares fueron "María de la O", "La morena de mi copla" o "Mari Cruz". Por la vía del éxito llegó al cine interpretando, entre otros títulos, "Suspiros de España", "El barbero de Sevilla" y "Mariquita Terremoto". Su duende artístico se fue apagando por la paulatina carencia de facultades y falleció en Madrid el 10 de julio de 1983. Por su expresa voluntad fue enterrada con el caracolillo o rizo sobre la frente.
Ocurrió un día en que, dados sus compromisos de gira por todo el territorio nacional, Estrellita Castro recaló en Mieres, para ofrecer su arte y su desparpajo artístico en el magnífico escenario del teatro Capitol. La ocasión para conocerla la pintaban calva y Julita Conde, acompañada por Manolito, uno de los encargados de la instalación, se presentó en el camerino de la artista, siendo recibida estupendamente y con la gracia que caracteriza a los andaluces. Tanta le hizo a Estrellita Castro el buen rollo de la mierense y su alegría desbordante, pero sobre todo el detalle significativo de imitarla con el famoso rizo, que no dudó un momento en dedicarle su fotografía con una hermosa y cariñosa frase.
Hoy Julita está aún ahí, en una residencia de personas mayores del concejo de Mieres, repartiendo sonrisas y, aunque los años siguen su curso, mantiene fresca la mente de muchos episodios de su vida, especialmente aquellos que dejaron huella, como la labor solidaria realizada y su innegable simpatía hacia la figura de la tonadillera Estrellita Castro.


Julita Conde recibe un homenaje de la peña "La Charanga" de Mieres.
FUENTE: AMADEO GANCEDO.
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