1 de julio de 2013

La guerra de la sidra en Gijón

El pueblo, unido contra los impuestos

El rechazo a la subida de tasas sobre los alimentos contribuyó a cohesionar a las clases más populares

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Tras los sucesos de 1907 en demanda de mejor trato fiscal para la sidra, poco tiempo se iba a mantener la situación de relativa tranquilidad. En agosto de 1908 el diario gijonés «El Popular» daba la voz de alarma publicando la noticia de que los representantes del poderoso sector vitivinícola de Cataluña demandaban del Gobierno central la reforma de la ley de Alcoholes y solicitaban la desgravación de los vinos en todos los municipios del país por pequeños que éstos fuesen. Así pues, si la primera desgravación sólo afectaba a Gijón y Oviedo, con esta nueva propuesta se conseguiría, de confirmarse, la depreciación de la manzana en todos los municipios, lo que supondría la ruina del sector y la de muchos labradores e industriales de la región. Hasta cierto punto ponía freno a estas preocupaciones la decisión de la Junta Municipal de Gijón de que, para la próxima tarifa de Consumos, pagase la pipa de sidra 12,50 pesetas en vez de las 25 que hasta el momento se venía abonando.

En la sesión celebrada el día 30 de septiembre de 1908 en el Ayuntamiento de Gijón, no obstante, el secretario daba lectura al informe de la Comisión de Hacienda sobre los proyectos de presupuestos presentados por algunos concejales en el que proponían gravar todos los artículos de consumo, salvo la leche y el pescado menudo, aumentando los recargos que en el ejercicio de 1907 pagaba la sidra. Había varios partidarios de gravarla al no constituir alimento de primera necesidad; sobre todo si se pretendía como alternativa imponer una desgravación parecida a la leche. Finalmente, el recargo del caldo acabaría implantándose por quince votos frente a dos, decidiéndose también gravar el vino.
En este escenario el malestar de los agricultores se hará patente, e irá en aumento cuando se proponga contemplar, pese a todo, el recargo de la leche; con lo que iban a ser afectados por un evidente sobreprecio los dos principales productos de la vida agraria del municipio. Al efecto, una comisión de expendedores de sidra visitaba al alcalde Menéndez Acebal con motivo de exponerle su preocupación de que llegase a faltar sidra en sus establecimientos, de mantenerse esta situación, y que urgía, por tanto, tomar alguna medida paliativa.


Si era ésta la situación que se arrastraba iniciado ya 1909, lo cierto es que desde ese momento se iba a abrir un ciclo de especial conflictividad; a una protesta por cuestión de impuestos siguió toda una serie de desórdenes sin relación aparente entre sí, incluyendo un considerable número de huelgas a lo largo de 1910. Durante este período, una combinación de grupos muy diversos consiguió mantener un alto nivel de movilización que incluyó una notable cooperación mutua entre propietarios de tabernas, pescadores, agricultores, políticos republicanos, consumidores y sindicalistas. Fue entonces cuando salieron por primera vez a la superficie los contornos de una amplia comunidad popular. Las tasas de consumos -en el origen de este ciclo conflictivo- siempre habían sido protestadas y, sin embargo, se habían erigido en ingresos absolutamente necesarios para las siempre precarias haciendas locales; especialmente si se tiene en cuenta la eficaz oposición de los sectores hegemónicos a la subida de los impuestos sobre la propiedad. La tenacidad en su mantenimiento alentó sucesivas oleadas de protestas que establecieron, en realidad, lazos que más tarde se convertirían en una formidable alianza popular.


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